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Lo que Posada Carriles pretende ocultar...
19 mai 2007
Las sospechas del extinto Robert Kennedy sobre el asesinato de su hermano Jonh, arrojan hoy nueva luz en Cuba sobre los vínculos de la familia Bush con el terrorista Luis Posada Carriles...
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Nueva luz sobre vínculos Bush-Posada Carriles

La Habana, 19 may (PL) Las sospechas del extinto Robert Kennedy sobre el asesinato de su hermano Jonh, arrojan hoy nueva luz en Cuba sobre los vínculos de la familia Bush con el terrorista Luis Posada Carriles.
Se presume que ahora Posada Carriles, quien estaba en Dallas el día del crimen del entonces presidente de Estados Unidos, en 1963, podría chantajear a Bush-hijo para evitar ser enjuiciado por sus causas pendientes, según un artículo publicado en Cuba.
El asesino confeso podría conocer detalles sobre el trabajo sucio hecho por el padre del actual mandatario norteamericano, en su época de oficial al frente del tema Cuba en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), cuando ocurrió el crimen de Kennedy.
El nombre de Posada Carriles, ahora protegido de Bush, está incluido en el informe del Congreso que investigó el magnicidio del entonces presidente norteamericano.
Robert Kennedy, según un libro publicado recientemente en ese país norteño, valoró la posible participación en la muerte de su hermano de pandillas de origen cubano e italiano al servicio de la CIA, lo cual también pudo costarle la vida.
El texto publicado en el diario Granma señala que en el siniestro mundo de espías, pandilleros y terroristas de origen cubano de Miami, fue donde Robert acumuló sus dudas sobre quiénes habrían asesinado al presidente.
El escritor David Talbot, autor de un nuevo libro sobre el tema, pudo reunir un impresionante cuerpo de evidencias que sustentan por qué Robert se sintió obligado a sospechar el vínculo entre las mafias con ese homicidio.
La más reciente prueba al respecto la encontró Talbot en el espía E. Howard Hunt, fallecido hace apenas cuatro meses, y quien admitió en testimonios escritos y grabados que el magnicidio del presidente fue planeado.
Incluso, se conoce que el día del crimen Robert confesó a un amigo y veterano de la invasión por Playa Girón (Bahía de Cochinos) que uno de los colegas de éste había cometido aquel acto contra su hermano, lo cual investigó él mismo en privado hasta su asesinato, en 1968.

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Robert Kennedy sospechaba de la pandilla
cubana, la CIA y la Mafia


GABRIEL MOLINA

Las sospechas de Robert Kennedy recién reveladas sobre la participación de las pandillas de origen cubano e italiano al servicio de la CIA en el magnicidio de su hermano, arrojan nueva luz sobre la protección de la familia Bush al terrorista Luis Posada Carriles.
El diario Chicago Tribune reveló el domingo último que Robert F. Kennedy sospechó —y comenzó a investigar desde el primer momento—, el 22 de noviembre de 1963, que el asesinato del Presidente fue una conspiración de esos grupos, pues él conocía mejor que nadie las motivaciones que los movían, por haber estado trabajando con ellos para derrocar a Fidel Castro y ahogar a la Revolución cubana, después del fiasco de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos.

EN SILENCIO HA TENIDO QUE SER

Las revelaciones aparecen en un artículo en ese diario el domingo 13 de mayo, del escritor David Talbot, sobre su libro Brothers: The Hidden History of the Kennedy Years, editado en estos días por la afamada firma Simon and Schuster.
Robert Kennedy había aprendido que en Washington lo mejor era guardar secreto cuando se trabajaba en algo importante. Por eso desinformó durante varios años, diciendo en público que ninguna investigación traería a su hermano de regreso. Pero, en realidad, desde esa misma tarde del magnicidio, es posible seguir la pista de su investigación, ya que comenzó enseguida a utilizar frenéticamente el teléfono desde su casa en Hickory Hill, y a convocar allí a sus ayudantes principales, para reconstruir los hilos del crimen.
El entonces Secretario de Justicia concluyó que la senda del atentado estaba bien lejos del ex marino Lee Harvey Oswald, quien ya había sido arrestado. Así se convirtió secretamente en el primer —y más importante— teórico de la conspiración asesina.
Fuentes de la CIA comenzaron a diseminar su propia visión conspirativa, desde las primeras horas del crimen, enfocándolo en la defección de Oswald hacia la Unión Soviética y su supuesto apoyo a Fidel Castro, que predicaba un grupo secretamente organizado por la Compañía con el código secreto AMSPEL, relató Talbot.
Ese llamado Directorio Estudiantil difundió una grabación que decían habían hecho a Oswald, defendiendo al líder cubano en Nueva Orleans. Alegaban que el supuesto asesino tenía lazos con el Comité de Justo Trato para Cuba.
Pero Robert Kennedy nunca creyó que el asesinato fue un complot comunista. Él miraba en dirección opuesta, enfocándolo en sus sospechas sobre las secretas operaciones anti-Castro de la CIA en el turbio bajo mundo en que él había navegado como hombre puntero de su hermano sobre el tema de Cuba. Irónicamente, las sospechas de Robert nacieron por hacer él la parte del trabajo que le correspondía: provocar el derrocamiento de Fidel Castro.
En esas tareas que le asignó el presidente Kennedy después de la fracasada invasión, conoció la cloaca de intrigas constituida por los elementos que participaban en los complots para asesinar al Presidente de Cuba. Especialmente le chocó el plan organizado por la CIA con los pandilleros cubanos y los capos mafiosos italo-americanos John Rossellli, Sam Giancana y Santos Trafficante.
A estos y otros padrinos había perseguido con saña Robert Kennedy en los primeros años de los cincuenta, como consejero del Comité especial del Congreso que investigaba a los raqueteros y en sus años como Secretario de Justicia en el Gobierno de su hermano. También sabía cómo los tres grupos odiaban y calificaban de traidores a los Kennedy, por el desenlace de Bahía de Cochinos en 1961 y la Crisis de los Cohetes en 1962.

EL SOSPECHOSO MUNDO SINIESTRO DE MIAMI

En el siniestro mundo de espías, pandilleros y terroristas cubanos de Miami, fue donde Robert Kennedy rápidamente acumuló sus sospechas el mismo 22 de noviembre. En los años sucesivos y hasta su propio asesinato, el 5 de junio de 1968, pudo reunir un impresionante cuerpo de evidencias que sustentan por qué Robert se sintió obligado a mirar en esa dirección.
La más reciente evidencia aparecida, además de los testimonios en el Congreso, los documentos gubernamentales desclasificados y hasta las veladas confesiones, ha sido la revelación del reputado espía fallecido en enero, hace solo cuatro meses, E. Howard Hunt. El organizador de los plomeros de Watergate admite en su libro póstumo "American Spy", que la Compañía pudo haber estado involucrada en el magnicidio. En notas manuscritas y una grabación dejada al morir, fue más lejos, pues admite que en 1963 él participó en una reunión de miembros de la CIA, en una casa de seguridad en Miami, donde se discutió sobre un atentado contra el Presidente.

LA MAFIA DE CHICAGO Y LA DE MIAMI

La noche del magnicidio, Robert Kennedy telefoneó en Chicago a Julius Draznin, quien es un experto en corrupción en los sindicatos, para preguntarle sobre una posible conexión en Dallas de la Mafia. También llamó a su investigador estrella en la Secretaría de Justicia, Walter Sheridan, quien se encontraba en Nashville esperando por el juicio del antiguo némesis de Robert, el dirigente de los camioneros, Jimmy Hoffa.
Si Kennedy tenía algunas dudas sobre la participación de la Mafia en el magnicidio, las disipó dos días después, cuando Jack Ruby disparó contra Oswald en el sótano de la estación de policía donde estaba preso el presunto asesino de su hermano.
Sheridan le suministró rápida evidencia de que Ruby había sido pagado en Chicago por un cercano asociado de Hoffa, Allen M. Dorfman, consejero jefe del Fondo de Retiro de los Camioneros e hijastro de Paul Dorfman, dirigente laboral y vínculo principal con la Mafia de Chicago. Días después, Draznin, hombre de Kennedy en el antiguo feudo de Al Capone, proveyó más evidencias con un informe completo acerca de los lazos de Ruby con la Mafia. Cuando le llevaron la lista de las llamadas que Ruby había hecho en los días del asesinato, dijo a su ayudante Frank Mankiewicz que la lista era como un duplicado de la gente que yo llamaba a testificar ante el Comité que investigaba a los raqueteros.
Respecto a la CIA, Robert sabía que el director, John McCone, no la controlaba. Richard Helms es quien está a cargo de la Agencia, comentó con otro ayudante, John Seigenthaler.
El propio día 22 tuvo una reveladora conversación con Enrique Ruiz Williams, un amigo, veterano de la invasión de Bahía de Cochinos, a quien dejó estupefacto cuando le dijo: Uno de tus colegas lo hizo.
La CIA y los grupos cubanos enemigos de Castro trataban de conectar al alegado asesino con el régimen de La Habana. Pero para Williams quedó claro que Robert Kennedy no compraba la versión. Evidencias recientes sugieren —anota Talbot—, que Robert había escuchado el nombre de Oswald largo tiempo antes de que irrumpiera en las noticias alrededor del mundo, y que conectaba a ese hombre con la guerra subterránea del Gobierno norteamericano contra Cuba. Con su arresto en Dallas, Kennedy aparentemente comprendió que la campaña clandestina contra Castro se había convertido en un bumerán contra su hermano.
Miembros de la familia y también íntimos amigos dicen que ese fin de semana del atentado, Robert, desvelado, andaba cavilando solo sobre la muerte de su hermano. Dijo ese día que John había sido víctima de un poderoso complot que creció al margen de una de las operaciones anti-Castro secretas. No había nada que se podía hacer sobre ese punto, agregó. La Justicia tendría que esperar hasta que pudiera retomar la Casa Blanca.
A través de los años, Kennedy ofrecería rutinarios endosos al Informe Warren y su teoría del tirador único. Pero en privado, continuó trabajando asiduamente para esclarecer la muerte de su hermano, en preparación para reabrirlo si en algún momento obtenía el poder para hacerlo.
Después que dejó el Departamento de Justicia en 1964 y fue elegido para el Senado por Nueva York, Kennedy viajó a México, donde buscó información sobre el misterioso viaje de Oswald en septiembre de 1963, dos meses antes del crimen. Mankiewicz y él llegaron a la conclusión de que probablemente era un complot que envolvió a la Mafia, a los exiliados cubanos y oficiales de la CIA. En marzo del 68, durante su campaña para candidato a la presidencia, se dirigió a un tumultuoso mitin de estudiantes en Nortridge, California, quienes le gritaron que querían saber quién mató al Presidente, que abrieran los archivos.
Robert sabía que si se refería a ello, el tema iba a dominar la campaña en vez de otros candentes asuntos, como la guerra en Viet Nam y la segregación racial en el país. Pero él se dirigía siempre a los estudiantes con sorprendente sinceridad y dejó en una pieza a Mankiewicz cuando después de alguna duda, respondió: Pueden estar seguros de que no hay nadie más interesado que yo. Sí, yo reabriré el caso.

OTRA VEZ LA CIA

Tal vez estaba firmando su sentencia de muerte. Dos meses después, también caería asesinado.
Recientemente fue descubierto que el grupo de oficiales CIA sospechoso del asesinato del Presidente, estaba presente, más allá de sus funciones, en el hotel donde fue asesinado Robert, el candidato seguro a ganar la presidencia.
Cuando se recuerda que el oficial del caso del trabajo sucio contra Cuba fue largo tiempo George Bush padre; cuando se recuerda que Bush padre era el vicepresidente durante la época del escándaloso tráfico de armas por drogas en Centroamérica, de lo que sabe y tiene todo el terrorista y prófugo de la justicia confeso; cuando se recuerdan tantos otros inconfesables crímenes de la pandilla del CIA-GATE, se comprende mejor que Luis Posada Carriles, también sospechoso en el asesinato de Kennedy, que estaba ese día en Dallas y es señalado por el Informe del Congreso que lo investigó, pueda chantajear a George Bush hijo.

http://www.granma.cubasi.cu/2007/05/19/nacional/artic03.html

Visitar:

http://www.antiterroristas.cu

http://www.freethefive.org/

http://www.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB153/

http://www.gwu.edu/~nsarchiv

http://bellaciao.org/en/article.php3?id_article=7055
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This work is in the public domain

Comentaris

Re: Lo que Posada Carriles pretende ocultar...
21 mai 2007
Europa y Posada Carriles

Koldo Campos Sagaseta

http://www.rebelion.org

Decía Luis Posada Carriles, experto terrorista cubano a sueldo de los Estados Unidos, que Fabio Di Celmo, turista italiano muerto en La Habana tras la explosión de una bomba puesta por el "disidente", (El periódico El País le llama âmilicianoâ?) se encontraba en "el lugar equivocado".
Quien no se equivoca de lugar, obviamente, es el delincuente cubano nacido en Cienfuegos quien, no obstante las espectaculares medidas de seguridad colocadas en los aeropuertos de Estados Unidos para prevenir la entrada de "terroristas", no tuvo inconveniente en superar todos los controles y volver a establecerse en Miami, luego de que la presidenta panameña Moscoso, la víspera de entregar el poder, lo pusiera en libertad.
Posada había sido detenido por preparar un atentado en ese país contra el jefe de Estado cubano, pero ni ese atentado frustrado ni sus amplios y graves antecedentes en el mundo del crimen que harían palidecer de envidia al más avezado terrorista, fueron suficientes para mantenerlo preso en Panamá.
Tampoco era la primera vez que Posada Carriles salía airoso de la cárcel.
Años antes había logrado escapar de una cárcel venezolana a donde había ido a parar por haber volado con explosivos en 1976 un avión de Cubana de Aviación, provocando la muerte de 73 deportistas cubanos y la tripulación.
Pronto, el agente de la CIA, encontraría trabajo y destino en El Salvador como asesor de seguridad del presidente Napoleón Duarte, al tiempo que hacía horas extras junto al mayor D'Abuisson, responsable del asesinato de Arnulfo Romero, los cinco padres jesuítas y miles de salvadoreños. Más tarde, junto al coronel estadounidense Oliver North, se involucraba en el tráfico de cocaína por armas durante la guerra sucia contra el gobierno sandinista de Nicaragua.
Posada, a quien también se acusaba del asesinato del hijo del general venezolano García Berríos, presidente de la corte marcial que lo enjuiciara en Venezuela, completó a finales de los noventa su disidente alegato por la democracia con la colocación de varias bombas en hoteles y centros turísticos cubanos que, "por estar en el lugar equivocado" le costaron la vida al ciudadano europeo.
Nada ha dicho Europa en estos días en que la justicia estadounidense que juzgaba a Posada Carriles por haber entrado ilegalmente al país, lo devolvía a la calle.
Nada ninguno de esos partidos europeos que se dicen comprometidos en la lucha contra el terrorismo y la violencia.
Nada, ni una palabra, ni un respingo, ni un balbuceo, ni una tos nerviosa, nada, como si Guantánamo no fuera un campo de concentración, como si no supieran de torturas, de vuelos clandestinos, de secuestros, de cárceles secretas, de terroristas como el referido Posada.
Y cuando Europa, finalmente, frunce el ceño, aprieta el puño y se decide a abrir la boca, entonces censura a Cuba por su irrespeto a los derechos humanos.
Europa también está en el lugar equivocado... y no hay agua en el baño.

(koldocs ARROBA hotmail.com)
Sindicat