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Bolivia: Se agrava la explotación laboral
07 mai 2007
El neoliberalismo sigue haciendo de las suyas. De poco o nada sirve, para los de abajo, que desde hace año y medio el presidente de la República sea un indígena
Bolivia: SE AGRAVA LA EXPLOTACIÓN LABORAL

Gabriel Tabera Soliz, Econoticiasbolivia.com
La Paz, mayo 4, 2007.- La fuerza laboral boliviana vive su mala hora, con empleos precarios, salarios de hambre y una creciente explotación laboral. Son cuatro millones y medio de hombres y mujeres, muchos de ellos muy jóvenes, casi niños, que trabajan en el campo y las ciudades, tratando de conseguir el sustento diario de sus familias.
300 mil de ellos tienen ingreso cero, están desempleados y deambulan buscando emplearse en lo que sea, para ganar lo que se pueda, aunque sin ningún éxito.
Otros tres millones trabajan en la economía informal, con ingresos raquíticos y condiciones miserables, sin seguridad social ni beneficios, al margen de la legislación laboral protectiva y, muchos de ellos, en el submundo de la sobrevivencia y la sobreexplotación. Casi siempre ganan muy poco, aunque a veces la fortuna les sonríe y obtienen un buen ingreso, en otras ocasiones no reciben nada, ni siquiera una moneda.
Este ejército laboral se completa con otros 900 mil trabajadores de la economía formal, 600 mil en el sector empresarial privado y 300 mil como empleados del Estado. Ellos, aunque cuentan con un empleo un poco más seguro y con prestaciones sociales y laborales parciales (aguinaldo, bonos, vacaciones), también cargan su cruz, con la disminución de su capacidad de compra y las siempre crecientes exigencias de la patronal, señala un amplio reportaje difundido en La Época.

Deterioro general
Las cifras oficiales, casi siempre mezquinas para explicar la real situación laboral, muestran que en Bolivia hay un paulatino proceso de depauperación de la fuerza de trabajo, tanto por las malas condiciones de trabajo como por la caída en el ingreso real.
En los últimos dos años, por ejemplo, la capacidad de compra de gran parte de los trabajadores bolivianos disminuyó en casi 10 por ciento, producto de los míseros incrementos salariales otorgados al principio de cada gestión anual, que se esfumaron casi de inmediato con el alza de precios de los principales productos de consumo.
La lucha sindical para que los trabajadores tuvieran un par de billetes más en el bolsillo tuvo un impacto positivo pero efímero, que se diluyó en un par de meses, por lo que los obreros y empleados concluían cada gestión con un menor poder adquisitivo de sus salarios, agravando su crítica situación.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el salario real (poder adquisitivo) de los trabajadores del sector empresarial privado disminuyó en 9,26 por ciento y el de los trabajadores del sector público en 4 por ciento, en lo que va del 2005 y 2006. Esta misma tendencia se habría dado entre los trabajadores del sector informal, que tienen un ingreso que apenas alcanza a la mitad o un poquito más de los asalariados.

Salarios de hambre
A principios del 2006, el ingreso promedio mensual de los trabajadores de todo el país era, según el INE, de 874 bolivianos (110 dólares), cifra que convierte el trabajo en pobreza permanente y de por vida.
Entre los trabajadores de servicios y comercio, el ingreso promedio era de 890 bolivianos, mientras que en los trabajadores de la industria extractiva, la manufactura y la construcción el promedio mensual era sólo de 957. En la agricultura este promedio era apenas de 199 bolivianos, ni más ni menos.
Los datos oficiales muestran que el ingreso promedio mensual que reciben los obreros de todo el país alcanza apenas a 967 bolivianos, el de los empleados a 1.722, y el de los trabajadores por cuenta propia a sólo 699.
Con estos salarios, los trabajadores bolivianos están encadenados a la pobreza.

Explotación de menores
Estas cifras, que no alcanzan para cubrir el costo de la canasta familiar (estimado en la Central Obrera en 6.700 bolivianos para una familia de cinco miembros), muestran a las claras que un trabajador promedio no está en condiciones de sostener económicamente a su familia. Por ello, estas familias se hunden en la pobreza y envían a más miembros del hogar (mujeres y niños) a buscar el sustento diario.
Así, según las proyecciones del INE, cerca un tercio de toda la población laboral boliviana es menor de 25 años, la mayor parte de ellos insertos en ocupaciones sin calificación y mal remuneradas. En este caso, es particularmente crítica la situación de 450 mil trabajadores jóvenes y adolescentes que tienen entre 15 y 19 años, que dejan la escuela y los estudios para trabajar en cientos de oficios y actividades, muchos de ellos por encima de las 48 horas laborales, con salarios muy bajos y en condiciones de sobreexplotación. Son mano de obra barata, fácil de domesticar y dispuesta a todo a cambio de muy poco.
Mucho peor están otros 300 mil infantes de 7 a 14 años, que conforman el ejército infantil laboral, sometidos a diversos grados de explotación laboral y familiar, sin derechos sociales y vulnerables a todos los peligros de trabajar en calle, en condiciones muy precarias y sin derecho a gozar de su infancia. Ellos virtualmente están condenados a vivir en la pobreza y a perpetuar este mal social en sus hijos.
Aunque la ley prohíbe el trabajo hasta los 14 años, muchos de ellos trabajan en negro, con bajísimos ingresos, largas jornadas, sin protección legal ni industrial, ausencia de contratos laborales y en muchos casos violencia física y sexual en el lugar de trabajo, según los informes de las organizaciones de Naciones Unidas como la Unicef y el PNUD.

Hambruna y pobreza
Con salarios tan bajos, no es de extrañar que en un tercio de los hogares bolivianos se pase hambre y se viva en los rigores propios de la extrema pobreza, lo que provoca la desintegración de la unidad familiar, la pérdida de dignidad y, en muchos casos, la prostitución infantil y la delincuencia. Son familias que están a un paso de la indigencia y rumbo a la autodestrucción.
En otro tercio de los hogares apenas se tiene lo necesario para cubrir los costos de la alimentación y la norma diaria es la pobreza y la permanente insatisfacción. De ahí emergen los migrantes a la Argentina y Europa.
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