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Gases, carreras y elecciones en Grenoble
07 mai 2007
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6 de mayo, a las nueve de la noche los medios de comunicación revelaban lo que ya se esperaba, triunfaba Sarkozy, y en las caras de los jóvenes se percibía un aire de profunda desilusión, âVive la France!â?, decía resignada una chica... Era difícil predecir cual iba a ser la reacción de la ciudad, tradicionalmente de izquierdas, sobretodo en los banlieue. Decidimos dar una vuelta por el centro para ver como estaba el ambiente, al llegar a la rue Félix Poulant escuchamos dos disparos, eran los antidisturbios, que empezaban a lanzar sus gases lacrimógenos, en medio de la calle un joven tumbado en el suelo era atendido por los bomberos, que fueron los únicos que anoche se llevaron aplausos. Un centenar de jóvenes observaba la escena y una señora nos recomendaba que nos fuéramos, por que cuando se fueran los bomberos empezarían las cargas de los antidisturbios. El ambiente era muy tenso, de repente un grito, por el otro lado de la calle se acercaban una veintena de antidisturbios, todos de negro, cascos negros, porras negras, botas negras. Empezamos a correr, pero era una falsa alarma, los antidisturbios abandonan la calle, de momento. De nuevo en Félix Poulant el ambiente se iba caldeando, la calle se iba llenando, ya éramos unos 500, de vez en cuando se escuchaba el sonido de las sirenas de bomberos, ambulancias y coches de policía en dirección sur, hacia los banlieue, el tranvía estaba cortado en el centro, algo iba a estallar. Y la chispa se encendió, dos jóvenes, solo dos jóvenes fueron suficiente para encenderla, aparecieron en la calle, con los puños en alto y ganas de guerra, gritando alguna consigna que en un momento se alzo como un clamor entre la multitud, ya estaba echo. La gran masa empezó a moverse, cruzando la plaza Victor Hugo en dirección al Boulevar Gambetta al grito de âSarko facho le peuple aura ta peau!â? (Sarkozy, fascista el pueblo tendrá tu piel). La marcha la formaban jóvenes con actitudes muy diferentes, mientras unos tiraban contenedores al suelo, llenando las calles de basura, otros los volvían a levantar metiendo la basura dentro, âlos barrenderos no tienen la culpaâ? decía una chica. De repente, al llegar a un cruce, la marcha se paró, nadie sabia muy bien lo que pasaba ni lo que iba a pasar, pero empezaron a quemar contenedores en medio de la calle para intentar hacer una barricada. En efecto, a unos cincuenta metros de donde nos encontrábamos los antidisturbios nos esperaban, lanzaron gases lacrimógenos y la masa se dispersó. De pronto ruido de tambores, pam, pam, pam... eren los antidisturbios que golpeaban las porras contra sus grandes escudos, pam, pam, pam... avanzaron hasta quedarse en la esquina del cruce, empujando a la gente hacia atrás o hacia los lados. Todo el mundo se quedó quieto, nadie sabia hacia donde ir. Cuando parecía que la concentración continuaría por la calle lateral nos dimos cuenta que otro grupo de antidisturbios se acercaba por detrás, corrimos otra vez hacia el cruce de Boulevar Gambetta, donde descubrimos que también al otro lado de la calle nos esperaban, reinó la confusión y una lluvia de gases lacrimógenos sobrevoló nuestras cabezas, que hacer? Donde ir? Decidimos alejarnos, ya habíamos visto suficiente, pero al entrar por una calle lateral un grupo de antidisturbios nos siguió, nos tocaban las espaldas, no nos dejaban caminar detrás de ellos y gritaban âallez! allez!â? con la cara enrojecida por el sudor y la adrenalina; nos condujeron hacia un callejón y se pusieron a correr, nos dejaron atrás. Intentamos salir de la zona por callejones, hasta que llegamos al cruce entre Gambetta y cours Berriat, un chico nos advirtió mientras se frotaba las costillas que si veíamos a un âflikâ? (policía en argot francés) no nos quedáramos quietos, que lo mejor era echar a correr, por que él por esa razón se había ganado un buen porrazo. Otros jóvenes intentaban apagar una caja de cartón que alguien había prendido para evitar que el trozo de calle en el que nos encontrábamos llamara la atención, pero sirvió de poco, otra vez carrera. Un chico gritaba que había que reagruparse en rue Félix Poulant, en frente de la Fnac, pero allí ya no quedaba mucha gente. Un par de bombas de gas lacrimógeno más fue suficiente para dispersar a la poca gente que todavía quedaba. Decidimos alejarnos por las calles peatonales del centro. Todo estaba patas arriba, lleno de basura y se podían ver los tapones de las bombas de gas lacrimógeno que poco tiempo antes habían usado los antidisturbios. Reinaba el silencio, nos dirigimos a Notre Dame, allí, sentados, había un grupo de amigos españoles, nos unimos a ellos para tomar una cerveza. Por la calle pasó la comitiva policial, un coche se paró, âNo podéis estar aquí, marcharos a vuestra casaâ? dijo un oficial, y mientras recogíamos nuestras cosas pensábamos, nosotros nos vamos en junio, pero a ellos todavía les quedan cinco años.

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