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CUBA, siempre un paso adelante...
05 abr 2007
Nunca ha sido propio de la Revolución cubana reaccionar de manera complaciente ante los embates de sus enemigos, o de la naturaleza, o ante sus propios tropiezos, siempre ha contraatacado...
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Siempre un paso adelante

MANUEL E. YEPE *

La revolución que llegó al poder en Cuba el primero de enero de 1959, así como la lucha insurreccional, guerrillera y clandestina, que la antecedió y la llevó a la victoria, se han distinguido siempre por un rasgo que todos identificamos como característico de su máximo conductor, Fidel Castro, y que el Che Guevara describió así: "Cuando se lucha en forma tan dura y no se quiere dar un paso atrás, cada vez que lo golpean a uno, tiene que dar un paso adelante".
Nunca ha sido propio de la Revolución cubana reaccionar de manera complaciente ante los embates de sus enemigos, o de la naturaleza, o ante sus propios tropiezos, siempre ha contraatacado.
Desde los días iniciales de la Revolución gobernante enfrentada a los albores de la virtual guerra estadounidense contra su existencia, hasta ante la presente circunstancia del alejamiento de la jefatura del Gobierno de su máximo líder, cuando al frente de la superpotencia agresora rige el sector mas obcecado y ofensivo de la ultraderecha, Cuba siempre ha tenido una respuesta activa, con frecuencia sorprendente, a la adversidad.
Así ha sido en la historia más reciente, algunas de las principales medidas del paquete puesto en práctica por Cuba para hacer frente en el campo económico al derrumbe de la Unión Soviética y el grupo de sus aliados europeos, seguramente no habrían sido tomadas en otras circunstancias. Nadie ignora que ellas contenían elementos que implicaban un costo en términos políticos y sociales, pero de ninguna manera representaron concesiones en materia de defensa de la independencia y de la soberanía de la nación. Ellas constituían un riesgo que se asumía conscientemente para salvar al país y los avances fundamentales alcanzados hasta entonces, pero para nada indicaban una involución del sistema.
Al desintegrarse el sistema socialista europeo en 1989, el gobierno de Estados Unidos recrudeció el bloqueo contra Cuba, que ya había cumplido casi tres décadas. Nacieron nuevas leyes y prácticas que acentuaron las acciones restrictivas para aprovechar el quebranto de la estrategia de desarrollo de nuestro país e intentar un golpe mortal contra el proceso revolucionario, pretendiendo obligar al pueblo a rendirse por hambre y enfermedades.
Cuba había experimentado una abrupta reducción de sus importaciones, más del 80% de las cuales provenía de la URSS y los demás países europeos integrantes del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
El 98% de los combustibles y el 86% de las materias primas importadas por Cuba, provenían de ese grupo de naciones con el que nuestro país comerciaba sobre bases de negociación distintas a las capitalistas, caracterizadas estas últimas por el deterioro incesante de los términos de intercambio en beneficio de los más ricos.
Las importaciones cubanas procedentes de los países del CAME, que en 1988 sobrepasaron los 10 000 millones de dólares, en el año siguiente apenas llegaron a 2 000 millones. El Producto Interno Bruto cubano se redujo más de un 35% de un año al otro.
El desorden que generara la Perestroika para introducir en la URSS una economía de mercado según modelos existentes en los países de Europa occidental y en los Estados Unidos, hizo presagiable la debacle.
En un discurso pronunciado el 26 de julio de 1989, el presidente Fidel Castro predijo la desaparición de la Unión Soviética, la fragmentación de este país y la conversión de los países socialistas europeos al capitalismo.
En enero de 1990, en una sesión del CAME celebrada en Sofía, Bulgaria, se acordó que a partir del siguiente año, los pagos entre los países miembros se harían en moneda libremente convertible y a precios del mercado mundial, lo que de hecho decretó la expiración del carácter solidario de esa asociación de países y su próxima disolución.
Muchos pensaron —y algunos de ellos siguen soñando— que aquello era el inicio de una magna rendición del proyecto socialista cubano a la "realidad" de un mundo dominado ampliamente por las reglas del neoliberalismo.
Fue entonces que Cuba puso en práctica el conjunto de medidas para el periodo especial que, en lo interno, convirtió al país en escenario de angustiosas rupturas individuales y sociales, pero lo mantuvo apegado a los ideales básicos del proyecto revolucionario para hacer realidad el milagro de la supervivencia.
Era evidente que la intensificación del desarrollo del turismo y de la inversión extranjera, así como otras medidas en el campo de las finanzas, destinadas a proporcionarle al país recursos financieros para hacer frente a la hecatombe en nuestros intercambios con el exterior, tendrían un costo político y social, pero se trataba de un riesgo imprescindible para alcanzar el objetivo mayor de salvar la Revolución.
Las medidas del período especial significaron una adaptación del curso de la revolución al conjunto de acontecimientos adversos que amenazaban su continuidad, pero encerraban un contraataque. En apenas un decenio, tanto los indicadores económicos como la realidad política y social de su vida cotidiana, son expresión de la recuperación del proceso.
Perdidas prácticamente las ilusiones de un "cambio de rumbo" de la Revolución socialista de los cubanos, el resquebrajamiento de la salud de su principal dirigente reabrió las esperanzas enemigas acerca de una transición al capitalismo en Cuba, a partir de su eventual desaparición física.
Tomando elementos de lo acontecido en Rusia y Europa del Este, así como de los programas diseñados para la ocupación de Iraq, Washington trazó planes para una Cuba retrotraída al capitalismo. Lo primero y esencial sería, por supuesto, la adopción por nuestro país de una economía de mercado y la celebración de elecciones multipartidistas.
¿Cómo negar que con la aplicación de diversas reglas propias de las economías de mercado, la economía cubana pudiera haber encontrado solución para algunos de los graves problemas coyunturales que ha afrontado y para aquellos que aún afronta? Pero, ¿a qué costo?
Cuba aspira al desarrollo de una sociedad socialista, movida por la conciencia y la solidaridad, no por el mercado y la competencia. Nuestro proyecto de de-sarrollo económico, dadas las características del contexto internacional en que se inserta, hace uso táctico —unas veces con más éxito que otras— de elementos propios de las economías de mercado, así como de métodos competitivos y otros valores que son propios del capitalismo, pero solo hasta el límite en que estos no perjudiquen, sino que contribuyan, al objetivo esencial socialista. La mayoría de los cubanos entiende esto.
Para que se cumpliera el empeño estadounidense de que Cuba instale un sistema electoral multipartidista, la nación cubana tendría que faltar a un mandato martiano que ha sido la razón de su fuerza desde la guerra de independencia de España y en la lucha por evitar, con la unidad del pueblo, que el Norte "revuelto y brutal" se extienda sobre el continente con la fuerza adicional que le daría la absorción de nuestro país.
Cuba conoció el multipartidismo. Los cubanos lo padecieron y lo ven actuar en otros países del continente, incluyendo a los Estados Unidos, como instrumento de las oligarquías y fuente de corrupción. Las continuadas victorias de candidatos populares en este contexto agrega mérito a la lucha que libran los pueblos dentro de las reglas del juego impuestas por las oligarquías.
La apariencia de ejercicio democrático por el pueblo dividido en partidos cada cierto número de años, no puede compararse con la democracia participativa que nos hemos dado los cubanos, con elecciones limpias sin candidatos impuestos por partidos sino propuestos directamente por la ciudadanía.
El alejamiento a mediados del 2006 del Jefe histórico de la Revolución —gestor y símbolo de la unidad del pueblo— de su función dirigente conmovió al pueblo de la Isla, pero acabó por convertirse en una nueva victoria de contragolpe.
En primer lugar, porque demostró a los propios cubanos, de manera a la vez institucional y democrática, la capacidad del sistema para mantenerse y seguir desarrollándose en cualquier circunstancia, incluso sin su Comandante en Jefe.
Además, porque —por mucho que pretendan negarlo— hizo añicos la falacia, tan reiterada a lo largo de casi medio siglo en la campaña propagandística contra la Revolución, de que su vigencia depende de un caudillo.
La esperada reincorporación de Fidel Castro a la dirigencia efectiva del proceso revolucionario tendrá lugar en un escenario cualitativamente superior a aquel en que se viera obligado a dedicarse a su recuperación.
No son buenas noticias para la reacción a nivel mundial. Sí lo son para los humildes, los explotados, los que luchan —siempre contraatacando— por un mundo mejor y más justo.

*Abogado, economista y politólogo. Se desempeña como profesor en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana.

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Sobre los hombros de los jóvenes ha descansado también la heroica resistencia de una nación...

Discurso del compañero Carlos Lage Dávila en el 45 Aniversario de la UJC

Querido Raúl

Compañeras y compañeros:

No vengo a hablar hoy aquí con la nostalgia de quien fue un dirigente de la juventud comunista, ni a contar lo que entonces fuimos, ni a dar consejos de cómo debe ser un joven revolucionario.
Cuando supe que había sido designado para hablar en este acto entendí que era mi deber pensar, meditar en los problemas de la juventud de hoy, en sus responsabilidades y desafíos y provocar con estas palabras que también hoy ustedes piensen y mediten.
Los que son ahora jóvenes nacieron o crecieron en el Período Especial. No conocieron el grado de bienestar, justicia social y equidad que conquistó la Revolución después del primero de enero de 1959. No idealizamos la sociedad que ya disfrutábamos en los 80, porque sabemos bien que toda obra humana es imperfecta e incompleta, pero al finalizar esa década en ningún otro lugar del planeta la noción de socialismo era tan real como en esta pequeña Isla del Caribe. La historia lo ha demostrado.
Siempre supimos que el reto mayor del socialismo es forjar en los jóvenes una conciencia comunista y rechazar el capitalismo sin haber vivido en él y sin haber podido sentir cuánto daño moral produce, cuánto lastra la felicidad y cuánto lacera la dignidad humana una sociedad basada en el egoísmo, el individualismo, la vanidad y el ánimo de lucro.
Pero más allá de ese reto, nuestros jóvenes han de comprender que la sociedad socialista en la que vivimos, amenazada militarmente, agredida económicamente y retada política y moralmente, es mucho menos ideal de lo que quisiéramos y de lo que ya habían alcanzado años antes para todos los cubanos Fidel, Raúl, el Che, y los jóvenes rebeldes, para quienes el Granma fue un gran acorazado, el Moncada un minúsculo cuartel y un ejército de 80 mil soldados, un obstáculo menor ante los sueños de libertad y de justicia que los inspiraban.
Lo que no debió suceder, lo que pudo ser evitado, la desaparición de la URSS y el campo socialista dejó a Cuba —digámoslo tal como fue— sola frente al imperio.
Desaparecieron nuestros mercados, las fuentes de créditos y de inversión y el gobierno norteamericano se dispuso, sin ocultarlo, a rendir por hambre y enfermedades a nuestro pueblo y recrudeció el bloqueo, la guerra económica, las campañas de mentiras y calumnias e intensificó los actos terroristas.
Ustedes nacieron o crecieron cuando se interrumpía el servicio eléctrico 10 o más horas al día, faltaban los medicamentos, escaseaban dramáticamente los alimentos, y apenas circulaban transportes por las calles, incluso de la capital.
Esas circunstancias modificaron sustancialmente la vida de nuestro pueblo, engendraron amargas contradicciones, propiciaron la expansión de vicios y privilegios que habían sido superados por la propia obra revolucionaria, resintieron la equidad social, el salario dejó de ser la retribución justa con el que podían resolverse las necesidades de la vida cotidiana.
Fue imprescindible hacer concesiones tácticas cuyas consecuencias no hemos logrado superar aún. Algunos cambios sin la adecuada preparación generaron descontrol y pérdida de eficiencia, y otros también necesarios, condujeron a situaciones indeseadas.
Los jóvenes de hoy no conocieron el capitalismo ni tampoco el socialismo que ya habíamos alcanzado y han vivido años en que han visto crecer deformaciones y desigualdades. Pero los jóvenes de hoy han conocido también de la tenaz y admirable resistencia de nuestro pueblo, que en medio de duras carencias, fue capaz de defender, ya entonces, más un sueño que una realidad, más una quimera que una hazaña posible, y ante el asombro del mundo salvó su Revolución que ahora se yergue con más fuerza y orgullo que nunca.
Aún conscientes de nuestras justificadas insatisfacciones, nuestro pueblo disfruta hoy de derechos que para miles de millones en el planeta no son siquiera imaginables: tiene acceso gratuito a la salud y a la educación de un extremo a otro de la Isla, nadie sobra en nuestro país, un puesto de estudio o de trabajo, una forma de ser útil no le está impedida a un solo cubano, nadie tiene que dormir en las calles ni está abandonado a su suerte. Vivimos en una sociedad de justicia, solidaria, digna, que será cada vez mejor porque nuestros recursos no son propiedad de las transnacionales, nuestras leyes no las impone el mercado, nuestra política no la dicta una potencia extranjera.
Hoy mientras avanzamos vemos retroceder al neoliberalismo, desaparecer el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, desacreditarse a los gobiernos de Europa, adictos a la hipocresía de la democracia y los derechos humanos, vemos al imperio en franca decadencia, ética, moral y sistémica.
Más convencidos que nunca de nuestro camino socialista y de la justicia de nuestras ideas tenemos que estar conscientes de las contradicciones que ha heredado nuestra sociedad del Período Especial y de que nuestro trabajo con los jóvenes requiere en profundidad y en extensión un alcance mucho mayor. Sería un error estar conformes con lo que hacemos, imaginar que siempre llegamos al corazón y a la mente de los jóvenes, que es adecuado nuestro trabajo ideológico, que lo comprendemos bien, no como la simple reiteración de ideas, sino como el arte de despertar los sentimientos y forjar la conciencia.
Resulta imprescindible apropiarse de una sólida cultura para ser capaz de vislumbrar las esencias y confiar en la capacidad de construir una sociedad cada vez más justa en un mundo injusto y amenazado de existir, no solo por peligros de guerra.
La cultura nos brinda la lucidez "para cambiar todo cuanto deba ser cambiado", para conquistar cuanto nos propongamos. Nada hay tan propio de la juventud como el cambio, como las altas metas, y por eso es un privilegio ser joven en tiempos de Revolución.
Conquistar lo mejor para nuestras vidas, para nuestras familias, para nuestros semejantes y para las nuevas generaciones, solo puede hacerse de la mano de la cultura. Sin cultura no hay libertad posible nos ha dicho Fidel.
Y en fecha tan significativa como la de hoy debemos continuar meditando en el discurso de nuestro Comandante en Jefe en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y preguntarnos: ¿Estamos satisfechos con los niveles de información, con el desarrollo de los intereses y con la interiorización de valores, que se logra sembrar en las nuevas generaciones?
¿La militancia de la UJC se corresponde con la vanguardia de nuestra juventud con su condición de relevo del Partido, garante indiscutible de la Revolución?
Una respuesta negativa o en parte negativa a esas preguntas no negaría los avances ni la existencia de una organización juvenil fuerte y prestigiosa como es la UJC, ni las incuestionables virtudes de una juventud sana y revolucionaria como la nuestra. Se trata de tener conciencia de la alta responsabilidad que asumen los jóvenes de un país que ha sabido defender las banderas del socialismo en las más difíciles circunstancias, un país que ha sido guía y esperanza para millones, cientos de millones de seres humanos en el mundo.
Nuestra juventud es disciplinada, organizada, responsable, participa activamente de la vida política y esas cualidades pueden ser fácilmente apreciadas, pero ello no es siempre reflejo, en todos y cada uno de los jóvenes, de una sólida convicción revolucionaria y nuestro deber es llegar a conocer cuán profundamente revolucionario es cada joven y lograr que se proponga serlo cada vez más.
Es necesario garantizar la participación real y efectiva de los jóvenes en todas las esferas de la vida social; en cualquier campo en que actúe un joven debe hacerse sentir, brindar su contribución. Necesitamos de su espíritu crítico, de su natural rebeldía, de su apego a la justicia, de su intransigencia ante lo mal hecho.
La Revolución requiere del ejercicio de pensar, y de pensar con cabeza propia y esto debe fomentarse en las edades en que se forja el carácter, en que cristalizan las convicciones y se instalan los valores que han de guiar nuestra conducta toda la vida. Una organización de vanguardia debe analizar, debatir, proponer.
Cuando el debate y los análisis de los temas y asuntos que más atañen e interesan a los jóvenes, tienen lugar al margen de las organizaciones de base de la UJC estas devienen elementos formales alejados de la vida real.
Este no es un problema solo de la UJC, pero nada más razonable que enfrentarlo primero con los jóvenes.
La Batalla de Ideas nacida del pensamiento revolucionario de Fidel y a la que con tanta dedicación y pasión se han consagrado la UJC, la Organización de Pioneros, la FEU y la FEEM, y que tanta esperanza y justificada confianza despierta en nuestro pueblo, abrió nuevas e infinitas posibilidades para los jóvenes, pero solo ha comenzado y debe tener ahora una necesaria continuidad en un trabajo de mayor profundidad, joven a joven. No basta con reaccionar a coyunturas, y emprender con acierto importantes tareas, hay que dejar una huella en cada joven, con cada acto, con cada actividad, con cada tarea. El trabajo diario no pueden ser las actas y las reuniones, que son imprescindibles, el trabajo diario tiene que ser la generación de una intensa actividad política y de una genuina vida cultural en cada rincón de la Patria que regale a la Revolución, generaciones de jóvenes inmunes a los cantos de sirena del capitalismo, a las vidrieras de las sociedades de consumo y a las banalidades del sistema cuyos valores rechazamos.
La juventud de hoy son los internacionalistas, los universitarios en cada municipio del país, los maestros emergentes, los trabajadores sociales, los instructores de arte, los estudiosos de las ciencias informáticas, los estudiantes, los trabajadores, los combatientes, nunca la Revolución contó con una masa de jóvenes tan instruida y aguerrida.
La UJC no ha de esperar que los jóvenes acudan, ha de ir por ellos y contribuir a formar una juventud cada vez más revolucionaria que ha de serlo y puede serlo porque las ideas que defendemos son las más nobles y justas por las que se haya luchado jamás.
Es cierto que todo no puede ser trabajo, estudio y actividades políticas y que a la UJC le corresponde un papel importante en la promoción de espacios y condiciones para la recreación, que nuestras limitaciones materiales y la existencia de dos monedas y dos mercados, más la falta de imaginación y empeño entre otros factores, impiden el pleno acceso de los jóvenes. Serían impagables los costos de una juventud con tiempo inútil, generador de vicios, de alcoholismo, de consumos pseudoculturales, donde se fomenta la apatía, la vulgaridad, la insensibilidad, que son manifestaciones del comportamiento humano incompatibles con la sociedad que construimos.
Mucho más puede hacer la UJC y mucho más puede exigir la UJC a los organismos e instituciones que tienen responsabilidades en este frente, pero también todos sabemos que mientras más culto es un joven, mientras más intereses y motivaciones le hayamos sembrado, más fácil encontrará opciones para su tiempo libre, para vivir una vida capaz de enriquecerlo como ser humano, de disfrutar mejor lo que le viene legado por la creación del hombre.
Compañeras y compañeros:
Felicitamos a la Unión de Jóvenes Comunistas y a la Organización de Pioneros José Martí por su Aniversario y ratificamos la confianza en los cubanos que tienen hoy la edad de sentir que todo es posible.
Vivimos en un mundo con 900 millones de hambrientos y más de 1 000 millones de analfabetos, en el cual se gasta un millón de millones de dólares en guerra o en preparar guerras, donde los cambios climáticos son ya ostensibles y el consumo de combustibles crece sin control, donde el gobierno del país que ha alcanzado el mayor poder económico y militar de la historia se comporta de manera irracional, egoísta y criminal.
Como nunca antes los problemas del mundo son problemas de cada nación y ningún país aisladamente podrá enfrentar los inmensos desafíos que tiene a la vista la especie humana. Este es el mundo en que les ha correspondido vivir y por salvarlo, deberán luchar nuestros jóvenes. Tenemos razones para confiar en ustedes.
La historia de nuestra Patria la han forjado generaciones de cubanos desde las edades más tempranas. Al estallar la lucha iluminadora del 68, muchos jóvenes partieron a la manigua y a esas filas se uniría un campesino de 23 años llamado, Antonio Maceo. También un joven, Ignacio Agramonte, derrotó con su arrojo las tesis que planteaban abandonar la lucha.
Los ocho estudiantes de medicina, inocentes del acto de profanación que se les imputaba, no lo eran de simpatizar con la causa de la independencia.
Durante aquella guerra José Martí con solo 16 años por amar a su Patria, fue a dar al presidio de La Habana. Desde entonces ni un solo día dejó de soñar y luchar por la independencia. A la Guerra Necesaria que organizó y encabezó en 1895 se unirían miles de jóvenes. En ella, por defender el cuerpo ya sin vida de su jefe, cayó casi adolescente, Panchito Gómez Toro.
Al paso de los años, cuando un sátrapa se hizo del poder, un joven, Julio Antonio Mella, combatió con denuedo y, también, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente, Antonio Guiteras y muchos otros.
La dictadura que se implantó el 10 de marzo, fue combatida y vencida por la Juventud del Centenario, comandada por Fidel. Fueron jóvenes los guerrilleros de la Sierra Maestra, los luchadores clandestinos, los artilleros y combatientes de Playa Girón, los alfabetizadores, una gran parte de los soldados y de los maestros y médicos internacionalistas y nuestros Cinco Héroes erguidos frente a la crueldad y la perfidia.
A lo largo de estos 48 años sobre los hombros de los jóvenes ha descansado también la heroica resistencia de una nación, frente a las pretensiones del enemigo imperialista de reapoderarse de Cuba y sobre los hombros de los jóvenes está el futuro Socialista de la Patria, que es el destino mejor, el único posible para nuestro pueblo y la contribución esencial de los cubanos a un mundo de paz y de justicia.

¡VIVA LA UNIÓN DE JÓVENES COMUNISTAS!
¡VIVA RAÚL!
¡VIVA FIDEL!
¡PATRIA O MUERTE!
¡VENCEREMOS!

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Hoy, en la Mesa Redonda, Cambio climático, biocombustibles y guerra

A propósito de La internacionalización del genocidio, denunciada en las Reflexiones del Comandante en Jefe, este 4 de abril...

Correo: digital ARROBA jrebelde.cip.cu

05 de abril de 2007

El cambio climático, los biocombustibles y las guerras son algunas de las caras ocultas del poliedro en la fórmula que Bush intenta aplicar al mundo internacionalizando el genocidio. Sobre estos cruciales temas, en los que ha insistido el Comandante en Jefe en sus Reflexiones de este 4 de abril, se centrará el análisis de expertos y periodistas, en la Mesa Redonda que hoy, desde las 6 y 30 de la tarde (hora de CUBA), transmitirán Cubavisión, Cubavisión Internacional, el Canal Educativo, Radio Rebelde y Radio Habana Cuba.

Sintonizar en:

http://www.rrebelde.cu

http://www.radioprogreso.cu

http://www.radiohc.cu

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Comentaris

Re: CUBA, siempre un paso adelante...
07 abr 2007
Ey parece la Plaza de Oriente de Madrid en los 70.
Re: CUBA, siempre un paso adelante...
07 abr 2007
que es donde tú estabas, saludando a tu caudillo, caballerito pijo, aprendiz de gusanito
Sindicat