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Bolivia batalla por el comercio justo
16 mar 2007
El gobierno quiere asegurar mercados y un trato preferente en cuatro frentes, con andinos, europeos, Mercosur y Washington. Intenta cambiar, o al menos suavizar, el libre comercio, diseñado en favor de los países industrializados y las grandes empresas extranjeras y nacionales y en contra de los países pobres, como Bolivia, que sigue en su suicida rol de exportador de materias primas.
Bolivia batalla por el comercio justo

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Gabriel Tabera Soliz.- La Paz, marzo 2007.- A pesar del âboomâ? de las exportaciones, Bolivia confronta millonarias pérdidas cada año por su precaria inserción en el comercio internacional, que casi siempre castiga con extremo rigor a los países productores de materias primas.
En el último cuarto de siglo, la relación comercial del país con el mundo se ha deteriorado y los productos nacionales de exportación se han desvalorizado en casi un 50 por ciento, por lo que ahora Bolivia debe vender el doble de productos para comprar lo mismo que hace 25 años.
Los informes del Banco Central de Bolivia establecen que los precios promedio de los productos que vende Bolivia al exterior han disminuido en casi la mitad con relación a los precios promedios de los productos que el país compra del mundo.
Así, por ejemplo, si hace 25 años Bolivia tenía que vender 6 toneladas de estaño para comprar un tractor nuevo de 160 HP, hoy debe destinar 12 toneladas de estaño para adquirir ese mismo tractor.
Según datos del Banco Central, entre 1980 y 1990 se produjo un deterioro en los términos de intercambio comercial del orden del 30,2 por ciento, en tanto que en el periodo entre 1990 y 2005 la pérdida para el país fue de otro 26,5 por ciento adicional, lo que demuestra que Bolivia está vendiendo cada vez más barato y comprando cada vez más caro.
Los resultados de esta nociva relación comercial con el mundo se traducen en pérdidas millonarias para el país más pobre de Sudamérica: 1.081,1 millones de dólares en el periodo 1980-1990 y otros 1.482,1 millones de dólares en el periodo 1990-2005. Estos recursos, a través del intercambio comercial, son transferidos gratuitamente en favor de los países desarrollados, que se benefician al comprar materias primas baratas y vender productos manufacturados mucho más caros.

Un comercio para ricos
âLas normas que rigen el comercio internacional están elaboradas a favor de los ricosâ?, dice sin ambajes la organización internacional Oxfam, que advierte que âel coste humano de un comercio injusto es inmenso. Si Ã?frica, el este y sur de Asia y América Latina vieran incrementado en uno por ciento respectivamente su participación en las exportaciones mundiales, el aumento resultante de sus ingresos podría liberar a 128 millones de personas de la pobrezaâ?.
âEl comercio está intensificando la pobreza y la desigualdad en el mundo, debido a la forma en que éste se gestionaâ?, agrega la Oxfam, que al igual que muchas organizaciones internacionales y países, especialmente pobres, intentan cambiar las reglas y normas que rigen el comercio internacional.
En Bolivia, el gobierno del presidente Evo Morales también plantea una profunda transformación en la relación comercial entre países, pueblos y productores. âHay que apostar por un comercio que permita resolver y frenar la profundización de esas asimetrías entre pueblos, entre Estados y entre familias".
El gobernante reiteró en un reciente encuentro con diplomáticos europeos su demanda de "comercio justo para los pueblos", para evitar la permanente migración de latinoamericanos hacia Europa y Estados Unidos.
"No quisiera que los latinoamericanos entren a Europa, sino nuestros productos", dijo en el encuentro en el que demandó la apertura de los mercados extranjeros en condiciones preferentes para los productos nacionales.

Comercio justo y libre comercio
La intención gubernamental es asegurar mercados y un trato preferente en cuatro frentes, con la Comunidad Andina, la Unión Europea, el Mercado Común del Sur (Mercosur) y los Estados Unidos. Su propósito mayor es cambiar, o al menos suavizar, el libre comercio, diseñado en favor de los países industrializados y las grandes empresas extranjeras y nacionales y en contra de los países pobres, como Bolivia, que sigue en su suicida rol de exportador de materias primas.
A pesar de su diminuta oferta exportadora, que es en extremo débil, vulnerable y poco diversificada, Bolivia quiere replicar el denominado Tratado Comercial de los Pueblos (TCP), suscritos ya con Venezuela y Cuba, y ampliar lo más que pueda la Alternativa Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA). En estos acuerdos se garantiza que los países más desarrollados compren productos de los pequeños productores de los países más pobres, se otorga cooperación económica y financiera sin condicionamientos, se ejecutan proyectos conjuntos y complementarios de desarrollo económico y se acrecienta el comercio dando un trato preferente y especial para los países más pobres.
Este esquema, sin embargo, tiene enormes dificultades para amplificarse en la región y continente, por la orientación económica y política de los gobiernos que se inclinan más hacia el lado del libre comercio, como es el caso de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y otros.

Sueños y realidades
En el caso de la relación comercial con los países andinos y europeos, la intención es avanzar hacia un acuerdo de asociación que se asemeje lo más posible a un TCP, con mercados y compras garantizadas y aseguradas, sin imposiciones europeas y con respeto a las políticas internas de cada nación. Acá la gran dificultad radica, sin embargo, en la orientación liberal que prima en la Unión Europea y la extrema debilidad y contradicciones en la que están sumidos los andinos, lo que puede frenar una mejora comercial para el país.
En el caso del Mercosur, hay la promesa formal de Brasil de eliminar los aranceles para los productos bolivianos, preferencia que se extendería a los otros mercados vecinos. Lo malo, empero, es que subsisten otras políticas proteccionistas que frenan el ingreso de los productos nacionales, además de la evidente debilidad de la oferta exportadora de las empresas que operan en territorio nacional.
Con los Estados Unidos, la debilidad es mayor y Bolivia trata de mantener las preferencias arancelarias para los productos nacionales. En todo caso, el gobierno boliviano ya prometió pagar, a cuenta de los exportadores, los impuestos que vaya a cobrar el gobierno estadounidense, si decide retirar estas preferencias. En este caso, la decisión casi total sobre el rumbo de la relación comercial bilateral está en manos de Washington.

Un gran perdedor del comercio
En el país hay sobradas razones para lograr un comercio más justo, incluso ahora que hay un âboomâ? de las exportaciones, pero que no se siente en el bolsillo de los bolivianos. El Estado recibe poco y los pequeños productores casi nada de este millonario negocio que, hasta ahora, no ha servido ni para modernizar ni integrar el aparato productivo nacional y mucho menos para reducir la extendida pobreza.
El auge exportador se ha concentrado en el 2006, como en las últimas dos décadas, en no más de 20 grandes empresas que cosechan millonarios réditos al exportar al mercado internacional que, por ahora y mientras dure la expansión de la economía mundial, se muestra complaciente con los productores de materias primas y productos sin industrializar.
En el 2006, según los informes del Instituto Nacional de Estadística (INE), las exportaciones bolivianas superaron la cifra récord de 4.000 millones de dólares, cosechados en pocos mercados y generados en la venta de pocos productos primarios, como gas natural, petróleo, minerales y soya.
Según el INE, tres cuartas partes de todo lo que vendió Bolivia al exterior se generó en la industria extractiva (minerales y combustibles), mientras que los mercados de Brasil, Argentina, Japón y Estados Unidos concentraban dos terceras partes de todas las ventas.
La oferta exportadora del país es poco diversificada, concentrada en productos de la industria extractiva y con ínfimos niveles de industrialización, es excesivamente vulnerable a shocks externos por lo que los ingresos son altamente volátiles y es muy dependiente de las preferencias arancelarias y exenciones comerciales. Su capacidad para aprovechar los acuerdos comerciales también es mínima y alcanza apenas al 8 por ciento en la CAN y sólo al 4 % de las preferencias abiertas en el Mercosur.
En contrapartida, tres cuartas partes de lo que compra Bolivia del exterior son bienes de consumo e industrializados, que en el tiempo siempre se han valorizado más que las materias primas y productos primarios que vende el país.
Así, el persistente deterioro de los términos intercambio es el testimonio de un comercio internacional que beneficia más a los países industrializados que a los países pobres y que genera, como es el caso boliviano, beneficios para un reducido grupo de empresas exportadoras y deja a la mayor parte de la población en la pobreza y en el atraso a los sectores de la economía que no están integrados a la exportación.
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