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walter chavez protegido de Evo Morales
23 feb 2007
Quien se mete en el chiquero, termina embarrado. No hay otra. Por eso, no probablemente sino con seguridad que esta nota tendrá consecuencias sobre todo en las tantas páginas de Internet donde Wálter y sus amigos/hermanos siameses han venido construyendo un espacio perfecto no sólo por las ventajas que el anonimato les permite, sino porque todo lo que allí se publica, se multiplica ad infinitum y sin vuelta atrás. Y esa es una fuente de referencia a la que acude el mundo entero sin pedir demasiada explicación. Por lo tanto, si al señor Chávez y sus amigos se les ocurre decir barbaridad y media de quien se les antoje porque sí, no hay vuelta atrás. ¿Qué hacemos entonces no sólo como personas individuales, sino como sociedad? ¿Acaso el hecho de que a un señor Chávez o Zabala, el señor Bajo o Indymedia o Bolpress (que da exactamente igual porque el dueño es Chávez)
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Pobre angelito

Por: CECILIA LANZA

Tardé -o tardaron- años en convencerme de que los malos tipos existen. Hoy no sólo creo que lamentablemente es así, sino que lo vivo cotidianamente como tantas mujeres en este país, peleando la asistencia familiar. Ese derecho mínimo irrenunciable, tan venido a menos en el discurso machista y en la cultura misma de un país en el que los derechos tienen tan poco valor. Un derecho y un reclamo incluso socialmente censurado, que condena a la mujer capaz de mirar de frente y decir sí fui golpeada, sí peleo todos los días por los derechos de mis hijos, contra un sistema que parece más bien amparar al abusador. Es, digamos, una cuestión ética. Porque no creo en el estoicismo de esa madre soltera que se la banca sola porque teme o porque es una supermujer. No. Porque así se alimenta al parásito. Así se le hace más fácil a ese sujeto que por lo general carga una larga historia de abusos -y poder-. Ésa es la primera constatación, como baldazo de agua fría.

La segunda se mueve en el terreno público y viene en línea directa porque el abuso es como el cáncer, crece y avanza sin pedir permiso. Digamos entonces que la segunda certeza es la extensión de ese abuso "privado" hacia el ámbito colectivo como una conducta socialmente aceptada. Eso es lo que sucede ahora con el ex asesor del Presidente, Wálter Chávez, que por fortuna finalmente abre una olla maloliente cuyas consecuencias venimos soportando y callando hace demasiado tiempo.

Quien se mete en el chiquero, termina embarrado. No hay otra. Por eso, no probablemente sino con seguridad que esta nota tendrá consecuencias sobre todo en las tantas páginas de Internet donde Wálter y sus amigos/hermanos siameses han venido construyendo un espacio perfecto no sólo por las ventajas que el anonimato les permite, sino porque todo lo que allí se publica, se multiplica ad infinitum y sin vuelta atrás. Y esa es una fuente de referencia a la que acude el mundo entero sin pedir demasiada explicación. Por lo tanto, si al señor Chávez y sus amigos se les ocurre decir barbaridad y media de quien se les antoje porque sí, no hay vuelta atrás. ¿Qué hacemos entonces no sólo como personas individuales, sino como sociedad? ¿Acaso el hecho de que a un señor Chávez o Zabala, el señor Bajo o Indymedia o Bolpress (que da exactamente igual porque el dueño es Chávez) le permitan publicar insultos, calumnias, mentiras, sapos y culebras, envueltos en formato periodístico, no daña a la sociedad misma? Porque lo que sucede en esa guerra permanente en Internet contra cualquier personaje circunstancial es manipulación. Y eso quiere decir estafa a la sociedad, Indymedia por delante, porque ése es en principio un Centro de Medios Independientes a nivel global, creado con las mejores intenciones reivindicativas y revolucionarias, basadas en principios éticos de libertad plena. Pero en (o desde) Bolivia Indymedia -y su modo más sutil Bolpress- es la trinchera de los Wálter Chávez. Y ése es, finalmente, un abuso colectivo.

Estoy preparada. El discurso será el mismo que Wálter ha construido para el Gobierno: estás conmigo o estás contra mí. Ahora, todos quienes cuestionan a este personaje tienen colados todos los adjetivos conocidos: derechista, oligarca, burgués, blancoide, clasemediero, corrupto, gonista y otros más ingeniosos o peores. Y es que hace rato que vengo cuestionando eso de dejar pasar la calumnia o la agresión porque terminas embarrado. Por eso no creo en el silencio. Es más, creo que es el camino más cómodo y probablemente sea el más aconsejable para la salud emocional, pero no es el más responsable.

Como no fue fácil entender que hay malos tipos, el parásito como metáfora sirvió. Porque parásito es ese organismo que vive a costa de otro, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo. Simplemente abuso. Y como ya me conozco el cuento, más allá de todas las versiones, lo claro es que ningún parásito es un pobre angelito.

La autora es comunicadora

cingalesa ARROBA hotmail.com

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