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“Siempre la lengua fue compañera del Imperio"
03 gen 2007
Nuevamente se abrió la veda imperial âIberoamericanaâ?. La XVI Cumbre Iberoamericana. Intervención imperial de baja intensidad. Acoso y, si se puede, derribo. A por ellos, los âhispanosâ?.
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âSiempre la lengua fue compañera del Imperio"
(Antonio de Nebrija- S. XV-XVI )





A propósito de la XVI Cumbre Iberoamericana






Los plenarios son el espectáculo. Las ovejas del redil posando eufóricas bajo el cayado del pastor. Naturalmente, a distancia alguna oveja negra, díscola. Paralelamente al escenario de la fiesta, entre bambalinas, ocultos, los feriantes intercambian en secreto soberanía nacional por inversiones âproductivasâ?. Ese, el escenario real.


Como siempre, presidida por âlos latidos del universo lingüístico del españolâ?, en expresión del II Congreso de la Lengua en octubre de 2001.También ahora precedida de un pomposo Seminario, realizado en las vísperas, en la misma sede de la Cumbre, en Montevideo, con el ostentoso epígrafe de â el valor económico del españolâ?, apoyado, como no podía ser de otra manera, por la Fundación Telefónica y con asistencia de expertos en Bolsa, mercado, lengua y filología. Natural y ejemplar hermanamiento. Hermanos gemelos. Culta manera de los cultos expertos âhispanosâ? de cooperar, con los artificios idiomático-económicos elaborados, al acto seguido de la depredación económicaâ?. En nombre de la âhispanidadâ?.


José María Sanguinetti, ex presidente de Uruguay, al parecer miembro honorario de la corte del reino de España, no podía ocultar su satisfacción al comprobar que el idioma español podía revestirse también de formas económicas. Lo cual no tiene nada de extraño. Se trata de los múltiples ropajes del idioma, que como el diablo asume variopintas fisonomías, para seducir o intimidar, según las circunstancias. Y alborozado, comenzaba su artículo titulado âEl Español, ¿Activo o Hipoteca?â? (1) âHasta hace muy pocos años, a nadie se le ocurría pensar en una lengua en términos económicos. La cuestión idiomática era el privilegio exclusivo de los filólogos, unos misteriosos especialistas que sabían la vida y milagro de cada palabra, pero muy pocos advertían que más allá de su valor literario, un idioma poseía un valor económico y políticoâ?(2). Así hablaba Zaratustra. Claro que a renglón seguido corrige, para decir que â en realidad, era olvido de nuestra generación, porque ya Antonio de Nebrija (Lebrija. 1444-Alcalá de Henares,1522) cuando presentó a la reina Isabel de Castilla la primera gramática de la lengua castellana, le decía: âSiempre la lengua fue compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que justamente comenzaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caída de ambos...â? (3). Así quedamos, querido ex presidente: juntas lengua e imperio, o imperio y lengua, según el orden en que cabalguen... Nada hay pues nuevo bajo el sol, menos en el imperio donde el sol no llegaba a ocultarse.


Nada puede quedar sin comprobación. O mejor, valga una comprobación más: âSe comprobó con hechos -continúa el ilustre articulistaâ que el español estimula las transacciones comerciales entre los miembros de la comunidad iberoamericana, aportando reducción de costes y una mayor confianza en las relaciones empresarialesâ?. (4) Obvia y lúcida comprobación innecesaria, aún cuando aparezca contradictorio decirlo, por ser aquello de notoriedad pública entre los gobiernos, los políticos y las oligarquías de las naciones âiberoamericanasâ?, que se aprovechan del jugoso mecanismo de intercambio, en nombre de sus pueblos, para sus propios y personalísimos beneficios.


Sus palabras son de una sinceridad conmovedora. Y son rigurosamente verdad. Sólo que frente a esa âcomprobaciónâ? del papel del idioma en las relaciones económicas del imperio con los âmiembros de la comunidad iberoamericanaâ?, embellecidas con dosis de lacayo por el autor del escrito, se ignora o descarta conscientemente que éstas contienen una realidad salpicada de atentados a sus soberanías, de expoliación, de corrupción y latrocinio, inaceptables para naciones soberanas y dignas que las padecen. Verdad que ocultan los filólogos, los lingüistas, los juristas, los intelectuales, los periodistas escribanos, del reino.


Nada más cierto que el idioma ha sido siempre un instrumento eficaz de avasallamiento económico de las primigenias âindias orientalesâ? por los imperios, justificado ahora en la âmodernidadâ?, con la expresión inocente de âencuentro de culturasâ?. Y ello, tanto más abominable en cuanto llegó a representar el aniquilamiento de lenguas y culturas espléndidas en pleno desarrollo, el despojo violento a los indígenas de su territorio y la esclavitud, sin que haya aún pedido el reino perdón a los descendientes de las naciones y pueblos indígenas inmolados.


Otro escritor suramericano, peruano, burgués y antiindigenista, canta sin otra reflexión, al triunfo de la cultura imperial y colonial sobre la incaica, glosando la figura del Inca Garcilaso de la Vega, Gómez Suárez de Figueroa, hijo de un conquistador español y de una princesa inca, que hace cuatro siglos âtomó posesión del español, la lengua del conquistador, y haciéndola suya la hizo de todosâ?(5). Razón de más que explica por qué cuatro siglos después, el ilustre académico del reino no haya podido escribir jamás en el lenguaje de los indígenas de México, Guatemala, Perú o Bolivia. Y explica por qué un sucesor literario de Garcilaso de la Vega en el reino de España pueda estar en las alturas económicas y sociales del reino, mientras sus compatriotas indígenas son víctimas de la más despiadada pobreza. Que la lengua es compañera del Imperio, a nadie le cabe la menor duda..


âCumbre Iberoamericanaâ?. Latinoamericana no, ni Suramericana. Es, pues, otra manera de expresar en castellano o español la realización práctica de la connotación económica del idioma, de ânuestra cultura comúnâ?.


Es el peso del Imperio. Cela, premio Nobel, otro celoso de la lengua y del Imperio, se quejaba en un simposio lingüista, de las âinexplicables vergüenzasâ? que llevan a algunos a âutilizar âcastellano en vez de español, y latinoamericano en vez de hispanoamericanoâ?, para luego afirmar que: âla lengua es la más eficaz de las armasâ? y la âmás rentable de todas las inversionesâ?. (6)


Así, que dicho y hecho: âCumbre iberoamericanaâ?. La línea de construcción del âImperio iberoamericanoâ?, o âHispanoamericanoâ?, ha de llevar aparejado en su âsegundo desembarcoâ? en las Indias el remozamiento del lenguaje, con sus empostamientos necesarios, para que no quede dudas de quien es el conquistador y el conquistado. Y van XVI, 16, diez y seis. Nueva ronda oficial del turismo imperial, acompañado del séquito de siempre: empresarios, economistas, políticos, intelectuales y periodistas. No pueden faltar los académicos, los filólogos, los lingüistas y juristas. Pues todo debe ser bien dicho, esto es, de manera que los âderechos de conquistaâ? encuentren la traducción idiomática-económica-jurídica exacta. Seguridad jurídica, o sea seguridad en el dominio económico imperial de una parcela territorial o de mercado, o de un país. Dominio garantizado por la más ajustada expresión idiomático-jurídica escrita en el acuerdo de compra-venta, en la que el vocablo, término u oración escogidos recojan la inequívoca voluntad del conquistador, suficientemente claros, diáfanos para él, pero que han de estar posesos de sombras y matices ocultos al conquistado, de manera que el idioma cobra su más alto valor teórico y práctico cuando surja la controversia entre los derechos del conquistador y el conquistado, prestando sus instrumentos filológico-lingüístico-semántico-jurídicos al Tribunal burgués o al comando de intervención rápida, del país desarrollado. A éstos les corresponderá extraer de las profundidades del idioma las acepciones varias o los sentidos equívocos y ambiguos del Acuerdo, Pacto o Convenio, ocultos, que les permitan definir âel derechoâ?, que es otra palabra, a imponer la voluntad del soberano imperial, esa sí incontrastable. Prueba inequívoca de la riqueza del idioma.


Pero puede suceder que sea el conquistado quien agraviado esgrima desafiante una particular lectura-idiomática del acuerdo, pacto o convenio, valga decir, una interpretación de su voluntad que quiso, cuando descubra las trampas idiomáticas que están haciendo imposible en derecho al aprovechamiento económico buscado; entonces las palabras en que están expresados los acuerdos, convenios o pactos pueden despertar a otros signos o vocablos terribles, impresos de manera intangible, estratégicamente escondidos en la redacción de aquellos, también con nombre español o castellano: terrorista, bloqueo, intervención, invasión, guerra, bombardeo. El tiempo lo dirá. El lenguaje, como el diablo, cambia sus ropajes.


Por lo pronto, los súbditos âescribidoresâ? de la Gran Prensa, falsimedia, están muy preocupados con la pobreza de Sur América, mejor por quienes la administran. âLas elecciones recientes en algunos de estos países están despejando quienes gobernarán en América Latina en los próximos años, que deben aprovecharse para crecer y reducir la pobreza y la desigualdad, los grandes males de la zonaâ?. (7) Y la encargada de las colonias, en castellano o español âsecretaria de Estado para Iberoaméricaâ?, junto al monarca han volado a âIberoaméricaâ?, para ver de qué manera logran desarrollar a los subdesarrollados âhispanoamericanosâ?.


La Cumbre ha escogido una denominación: âMigraciones y Desarrolloâ?. Una potencia europea mediana que busca crecer haciendo estiramientos, ejercicios económicos de expoliación de los recursos naturales y humanos de los pueblos suramericanos y que llaman eufemísticamente inversión para el desarrollo. Lo que existe en el continente suramericano es fuerza esclava irredenta que ha de permanecer disponible, por voluntad de las potencias imperialistas, en sus propios laberintos de hambre, discriminación y descomposición social, para explotarlas. Nuevamente el idioma presta sus ropajes al diablo. Les estará vedado emigrar, impedidos con toda clase de instrumentos legales y policíacos, pactados entre los gobiernos cipayos y el monarca, salvo concesión de visado generoso para arrimar el lomo como mulas en las tareas de esfuerzo físico o extenuante que ya no soportan los bien vivientes europeos, o limpiar el culo sedoso del anciano europeo satisfecho, o la mierda que dejan los burdeles callejeros de una juventud perdida en el caos cultural del Imperio.


Corolario: Una pregunta al Monarca: ¿Cómo se dice en el idioma del indio colonizado esclavitud, para no olvidar su historia?




(1) (2) (3) (4) El País â viernes 3 de noviembre de 2006
(5) (6) El País- 17 de octubre de 2001
(7) El País- Editorial: Cita en Montevideo- 3 de noviembre de 2006

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