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Notícies :: sexualitats
Homosexuales 'peligrosos'
27 des 2006
La ley franquista de vagos y maleantes les envió a prisión. Hoy recuerdan su pesadilla y esperan indemnizaciones del Gobierno. NATALIA JUNQUERA - Madrid - 27/12/2006
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La primera vez que Rampova fue a la cárcel, en 1970, tenía 14 años. Ingresó en prisión "por maricón", según le oyó decir a los policías que le detuvieron en Valencia al sorprenderle en las rocas de la playa con un hombre casado. La segunda vez tenía 15 años y estaba en Barcelona. Le detuvo un policía "de la secreta" que le había esperado a la salida del cine, después de haberle pedido dentro relaciones sexuales. La tercera y última fue con 17 años. Nunca tuvo un juicio.
Es uno de los cerca de 100 homosexuales represaliados por el franquismo que podrían acogerse a la indemnización que reclaman al Gobierno. Rampova forma parte de la Asociación Ex Presos Sociales, que lleva diez años luchando por el reconocimiento social y económico de los gays que fueron torturados durante la dictadura. Antonio Ruiz, su presidente, asegura que cuenta con el apoyo de todos los grupos políticos, excepto del PP, que no ha respondido a sus llamamientos, y confía en que las indemnizaciones lleguen pronto. "Estamos muy satisfechos por el apoyo de los partidos, pero, al mismo tiempo, nos pesa que haya muchos compañeros que también sufrieron mucho y ya han muerto y no van a poder disfrutarlo".

Rampova representa a la segunda generación de presos homosexuales de la dictadura franquista, la que había que "rehabilitar". En 1970, la Ley de Vagos y Maleantes, que declaraba "en estado peligroso" al homosexual, cambió su nombre por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Seguían siendo "peligrosos", pero el régimen planteó la cárcel como una rehabilitación. Había que "curar" a los gays en la cárcel.

"En la prisión de Barcelona me enviaron a un pabellón de invertidos para menores. Los presos pagaban a los vigilantes para colarse y violarnos. Luego nos pegaban palizas para demostrar que ellos no eran gays. Venían cinco, seis veces al día. A veces hasta ocho". Rampova hace recuento, a punto de cumplir 50 años: "He tenido más violaciones que relaciones consentidas", afirma. "Cuando le confesé al cura de la cárcel lo que nos hacían allí, se chivó al jefe de prisiones y me castigaron toda la noche contando los adoquines del patio. Me tuvieron así hasta que se hizo de día", recuerda.

Según los cálculos de la Asociación de Ex Presos Sociales, cerca de 4.000 personas fueron a la cárcel por ser homosexuales durante el franquismo. La cifra es sólo una aproximación, porque los historiales están repartidos por instituciones penitenciarias y policiales y, en muchos casos, la condena alegaba delitos de prostitución en lugar de homosexualidad.

A Antonio Ruiz le denunció una vecina monja en 1976. Franco ya había muerto y él tenía 17 años. A las seis de la mañana fueron a buscarle a su casa cuatro secretas. Pasó tres meses en el penal de Badajoz, una de las cárceles que el régimen había preparado para "curar" a los gays. A Badajoz iban los llamados "pasivos" y al penal de Huelva, los "activos". Las lesbianas eran enviadas al manicomio. "Era la época del electrochoque y las terapias aversivas, que consistían en secuenciar imágenes con hombres y mujeres, propinando descargas eléctricas al homosexual cuando aparecían hombres", relata Ruiz.

"Cuando salí de la cárcel la última vez", relata Rampova, "me resultaba imposible relacionarme con hombres porque me recordaban las violaciones. Tuve varias novias y una hija, que ahora cumplirá 30 años".

Después de la cárcel, llegaba el destierro. De uno a dos años. Los presos no podían volver a sus antiguos domicilios y nadie quería darles trabajo. Rampova comenzó en los años 80 a trabajar en el mundo del espectáculo, haciendo cabaré- teatro y en grupos como Ploma-2, hasta que tuvo un infarto y lo tuvo que dejar. "El pánico escénico y el infarto no eran compatibles", afirma. Hoy vive de una pensión de incapacidad.

"No me interesa mucho la indemnización. Se habla de 12.000 euros, ¿a cuánto toca eso por violación? Si al final nos lo dan, creo que lo donaré a alguna organización de defensa de los derechos de los homosexuales. No cometimos ningún delito. Lo que me gustaría de verdad es que los que nos hicieron esto pidieran perdón", asegura Rampova.

"Estoy muy contento porque España va a ser el primer país que indemnice a los homosexuales de la dictadura. Va a ser un momento histórico. En las conversaciones con los grupos políticos barajamos unas indemnizaciones de 12.000 euros y pensiones vitalicias de unos 750 euros. Después, seguiremos trabajando para defender los derechos humanos de los homosexuales en otras partes del mundo", afirma Ruiz.

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Comentaris

Re: Homosexuales 'peligrosos'
27 des 2006
Afegeixo un article molt pertinent: http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/283960/index.php
Re: Homosexuales 'peligrosos'
27 des 2006
Molt bé aquesta conquesta. Felicitats.

L'unica cosa que hi ha perillosa en aquest mon noste, és el tema queer i la seva autocelebracio de la derrota.

Per qui em segueixi: quan no queda subjecte, només queda cos.

Mort al estereotip postmodern i altres acolits de Foucault.
Re: Homosexuales 'peligrosos'
28 des 2006
Salma, embaucada por los islamistas
Los integristas celebran bodas sin valor legal para aprovecharse sexualmente de las mujeres
IGNACIO CEMBRERO - Casablanca - 27/12/2006



"Te tomo como esposa ante Alá". Al escuchar estas palabras, hace ya siete años, Salma contestó "acepto" y se consideró casada con Abderramán. Este le agarraba la mano mientras pronunciaba el versículo del Corán. A la pequeña ceremonia, en el modesto domicilio de la novia, asistían la madre de Salma y los dos testigos preceptivos, amigos del novio.



"Te tomo como esposa ante Alá". Al escuchar estas palabras, hace ya siete años, Salma contestó "acepto" y se consideró casada con Abderramán. Este le agarraba la mano mientras pronunciaba el versículo del Corán. A la pequeña ceremonia, en el modesto domicilio de la novia, asistían la madre de Salma y los dos testigos preceptivos, amigos del novio.

Salma, nombre supuesto, que tenía entonces 26 años, estaba sinceramente enamorada de Abderramán, un barbudo corpulento que se había autoproclamado emir de una barriada popular de Safi, en el sur de Marruecos, y que ejercía gran predicamento sobre algunos jóvenes del entorno.

Ella misma contribuyó a acrecentar la influencia de Abderramán. Vestida con ropas que cubrían todo su cuerpo excepto su rostro -"siempre me negué a taparlo pese a su insistencia", recuerda- recorría por las mañanas las calles del arrabal. Con un Corán en la mano llamaba a la puerta de las casas para convertir a las mujeres, solas a esa hora del día, al islamismo radical.

"Les hablaba del Corán y de cómo había que interpretarlo, les invitaba a acudir a algunas charlas para mujeres", rememora Salma en un despacho de la sede en Casablanca de Solidaridad Femenina, una asociación de apoyo a las madres solteras. "Eran receptivas con tanta más razón cuanto que se les hacía entrever que si se sumaban al grupo podrían recibir ayuda económica". "El emir manejaba dinero, pero ignoro su procedencia".

Salma se comportaba como una musulmana ultra ortodoxa y no sólo en su forma de vestir. "No me subía al autobús porque era mixto y sólo cogía un taxi, que en Marruecos son colectivos, si en el asiento trasero no viajaba un hombre", rememora. Cumplía con su deber conyugal y Abderramán, antes de mantener relaciones sexuales, hacía siempre alguna oración.

El único pero en la vida de Salma, que la daba algún que otro quebradero de cabeza, era la no inscripción de su matrimonio, la carencia de un libro de familia. Cuando le insistía a Abderramán en la necesidad de oficializar su boda, éste le contestaba que efectuarlo era haram (pecado), que el hombre no tiene porque legalizar aquello que Alá bendice.

Al cabo de tres años Salma se quedó embarazada. Urgió entonces a Abderramán a inscribir el matrimonio. Este le respondió: "¡Quítatelo de encima!". "¿Por qué hacerlo si estábamos casados?", le preguntó la joven. Además, el islam prohíbe el aborto. El mundo de Salma se vino entonces abajo. Quiso refugiarse en casa de su madre, pero ésta también la echó.

"El caso de Salma no es un único", interviene Aicha Echenna, 65 años, presidenta de Solidaridad Femenina. "A veces estos barbudos las embaucan convenciéndolas de que se casan ante Dios, mantienen relaciones, pero cuando se quedan embarazadas no quieren saber nada".

A su asociación, prosigue Echenna, han llegado otras jóvenes engañadas por los islamistas, pero Salma es la única que superó su miedo y acepta hablar con un periodista aunque pide que no se le hagan fotos ni que se publique su nombre. "Lo hago para que otras no caigan en la trampa", asegura.

Alguna que otra vez los abusos saltan a la palestra y la prensa marroquí los recoge. Un barbudo vestido a la afgana fue, por ejemplo, detenido en Kenitra, en agosto de 2005, por haber mantenido relaciones sexuales con al menos una decena de chicas después de haberlas persuadido de la validez de un supuesto matrimonio ante Alá.

Salma no se achantó. Decidió tener a su hija, Amina, que hoy en día tiene tres años. En Safi, una ciudad pequeña, se le hacía demasiado cuesta arriba. Cogió un autobús de línea hasta Casablanca y desembarcó en la estación. No conocía a nadie y se sentó a llorar en un banco. Se le acercaron varios transeúntes. Una familia la alojó unos días, otra la orientó para encontrar un centro donde dar a luz. Salma llamó a la puerta de las Misioneras de la Caridad, más conocidas como las monjas de la congregación de la Madre Teresa de Calcuta, una de las tres instituciones que ayudan a parir a las madres solteras marroquíes.

Después da dar a luz, Salma acudió a Solidaridad Femenina, la asociación fundada hace 20 años por Echenna. "Cuando llegó aquí en 2003", recuerda esta ex enfermera, "Salma iba aún muy tapada y no decía ni palabra de su historia". "Sólo cuando se dio cuenta de que otras mujeres habían vivido experiencias similares con barbudos se atrevió a narrar la suya".

Salma, como las otras 57 chicas, permaneció tres años, el máximo permitido, en un coqueto chalet que la institución posee en el barrio de Palmiers. Cuidan a sus hijos, aprenden un oficio y, sin son analfabetas, a leer y escribir. Ahora, con 33 años, lleva una falda de cuadros, unas botas negras, un jersey de marca Diesel y ningún hijab (pañuelo islámico) cubre su cabello recogido con una coleta. "Al quitármelo tuve la sensación de acabar con una hipocresía y de ser más libre", asegura la ex islamista.

En el hamán (baño turco) para mujeres que gestiona la asociación se inició a dar masajes y hoy en día se gana la vida como ayudante de fisioterapeuta en una clínica de Casablanca. "Cobro lo suficiente como para poder enviar a mi hija a una guardería privada", recalca con orgullo.

Se encontró incluso con suficientes fuerzas para regresar de visita a su ciudad con Amina. "La mostré a su padre y me dijo con une mueca despectiva que ésta no era su hija", afirma. "Mi madre sí que está encantada con su nieta".


Reproches y amenazas
Salma ha superado en buena medida su miedo, pero la presidenta de Solidaridad Femenina, Aicha Echenna, vive con él a diario. Además de antiguas islamistas, una minoría entre sus pensionistas, acoge en su centro a algunas estudiantes, preñadas por profesores y compañeros de carrera, y sobre todo a chicas del servicio doméstico, generalmente muy jóvenes, a las que el padre de familia o sus hijos han dejado encintas.

Una estimación, dada a conocer el año pasado por Human Rights Watch, una asociación norteamericana de defensa de los derechos humanos, calcula en 600.000 los menores marroquíes, de entre 6 y 14 años, que trabajan. El 11% (66.000) son niñas empleadas en el servicio doméstico, la mayoría (23.000) en Casablanca, una ciudad que ronda los cinco millones de habitantes.

"En cuanto a la sirvienta se le empieza a hinchar la tripa la familia la suele echar a la calle", se lamenta Echenna. "No regresan con sus padres porque se avergüenzan". "Antes las madres solteras acababan todas como mendigas". "Desde que existimos nosotros, y otras asociaciones similares, son pocas ya las que corren esa suerte".

Su restaurante, su hamán, su pastelería que sirve a domicilio permiten a Solidaridad Femenina autofinanciarse al 44%. El resto lo aportan varias ONG, como la española Intermón, el Estado marroquí y alguna donación real. "El rey Mohamed VI me ha recibido en palacio, me ha llamado por teléfono y me ha dicho: "Si me necesita sabe que puede contar conmigo", afirma Echenna. "Su respaldo no tiene precio".

Falta le hace. Algún que otro imán ha aprovechado el sermón de los viernes para arremeter contra la asociación a la que los islamistas acusan de fomentar la prostitución dando cobijo a mujeres que han pecado. Incluso una funcionaria del Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos formuló esa misma denuncia contra Echenna ante las cámaras de la cadena Iqraa.También recibe amenazas telefónicas, algunas de muerte.
Re: Homosexuales 'peligrosos'
30 des 2006
La llei de Vagos y Maleantes és de la II República, de l'any 32, feta per el PSOE
Sindicat