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Notícies :: antifeixisme
La revolución social, poesía de futuro (Una respuesta a Gustavo Roig y a quién pueda interesar)
17 nov 2006
Me he tomado la libertad de parafrasear a Marx en este, modesto, intento de respuesta al artículo del compañero Gustavo Roig, que tiene la intención de intentar desemponzoñar un debate que, me parece, ha tomado unos derroteros nada positivos.
En mi opinión, todos los debates entre gentes que vamos en el mismo barco, al menos eso creo, deben estar presididos por la vieja, y muy vigente aún en nuestros días, máxima enunciada en el Manifiesto Comunista: Los comunistas mantienen ante todo siempre el interés del desarrollo del movimiento en su conjunto.

En primer lugar, detecto en el texto de Gustavo una cuestión que me viene llamando la atención y preocupando en los últimos tiempos: cada vez más, estamos observando dentro de posiciones pretendidamente antivanguardistas o autónomas una clara tendencia a, perdonad por la palabreja, “vanguardizar? los distintos movimientos. Esta cuestión ya quedó bastante clara con el movimiento antiguerra en Madrid. La cosa terminó, como no podía ser de otro modo, en un rotundo fracaso. Lo más grave de estos antivanguardistas en las palabras, pero ultravanguardistas en los hechos, es que ciertamente han conseguido un “importante? cambio: se ha pasado de vanguardias colectivas a vanguardias más restringidas numéricamente, casi de carácter individual.

Hay una segunda cuestión que me ha parecido aún más peligrosa: en mi opinión, se trata de un texto plagado de demasiados juicios a priori, llámelos prejuicios quién así lo prefiera. Ese tono de “por fin os habéis quitado la careta?, “yo ya sabía que clase de gente sois? o “sois unos leninistas ignorantes y dogmáticos? demuestra que la falta de capacidad de comprensión y de convivencia con alguien diferente en el conjunto del movimiento también afecta a los que dicen apostar por la autonomía y por la pluralidad. Lo siento, para ser completamente sincero, me parece de una audacia difícilmente superable ser capaz de descalificar a personas y organizaciones a las que no se conoce en profundidad. No me parece un modo de debatir constructivo, y es, además, profundamente injusto.

De todos modos, se agradece la incitación a la formación que Gustavo plantea en su texto. Estoy completamente de acuerdo en la interpretación que hace de la figura de Lenin y, tal como afirma un filósofo tan discutible como Zizek, existe seguramente otra historia de Lenin, una historia distinta a la que nos han querido contar las diversas tradiciones que han pretendido atribuirse el ser los firmes herederos de su legado. ¿Repetir Lenin? No, precisamente, tal como dice Gustavo en su artículo, fue lo más importante e innovador, su capacidad de romper con un modelo de partido y de interpretación del marxismo -en este sentido creo que coincidiré con Gustavo en recomendar el magnífico trabajo de Montserrat Galcerán La invención del marxismo-, y crear una experiencia ajustada a las necesidades de su pueblo y de la historia. Una mente brillante como la de Gramsci –al que Gustavo también menciona- fue, muy tempranamente, capaz de comprenderlo cuando escribió su artículo La revolución contra El Capital.

Gramsci, las lúcidas aportaciones de Lukacs, con esa genial definición sobre el marxismo como ciencia: “el marxismo solo es ciencia en cuanto al método?, las de otros considerados heterodoxos como Karl Korsch, o Arthur Rosenberg y sus reflexiones sobre socialismo y democracia, la interesantísima interpretación en clave libertaria de los textos de Marx de uno de su más grandes conocedores como fue Maximilien Rubel, la extraordinaria experiencia de los primeros años de la autonomía obrera italiana, de una plasticidad y una pujanza difícilmente superables, con proyectos tan interesantes como los Quaderni Rossi, y con militantes tan apreciables como Raniero Panzieri, Mario Tronti, Sergio Bologna o Toni Negri, la aventura, que aún perdura en nuestros días en modo de diario, del grupo Il Manifesto, con las más recientes reflexiones sobre comunismo y aparatos coacción de Rossana Rossanda y Pietro Ingrao, los análisis de André Gorz que plantea la posibilidad de aprovechar la potencia del capitalismo para socavarlo desde su interior, la aportación de Terry Eagleton sobre la postmodernidad o de David Harvey sobre el nuevo imperialismo, los estudios sobre el postfordismo de autores tan interesantes como el propio Sergio Bologna o Marco Revelli, la impagable aportación de los historiadores marxistas británicos: E.P.Thompson, introduciendo conceptos tan didácticos como el de la “economía moral de la multitud?, y su incomparable descripción de la génesis de la clase obrera, o George Rude, Hobsbawm, Rodney Hilton o Christopher Hill entre otros, y, citando uno de los de “casa?, el muy valioso, y muy poco considerado trabajo, de Manuel Sacristán, constituyen un legado con el que debemos trabajar todos los que pretendemos refundar un proyecto socialista para el siglo XXI. Al fin y al cabo de todo lo que dijo el viejo Marx, una de las cosas que me parece más acertada, fue aquello de que el educador debe ser educado, pero de esto debemos tomar nota todos y todas, no lo olvidemos.

Además de todos estos militantes que supieron pensar el que hacer, también –fueron legión- los que se pusieron manos a la obra y quisieron hacer realidad las promesas de la filosofía, que diría nuestro viejo amigo Robespierre, sin llegar al grado de capacidad analítica de los teóricos. Todos esos militantes, y los que hoy en día se dejan la piel, militando en organizaciones o a través de la acción directa no encuadrada bajo ningunas siglas, merecen todo nuestro respeto y tienen mucho que enseñar a lo que hemos dado en llamar “el educador?. Tenemos mucho que aprender, también, de la historia, Marx en el 18 Brumario decía que la revolución social del siglo XIX no podía sacar su poesía del pasado, sino solamente por el porvenir. No podría comenzar su propia tarea sin despojarse toda veneración supersticiosa por el pasado. En mi opinión la construcción del socialismo del siglo XXI, o socialismos del siglo XXI, como bien puntualizaba el filósofo Domenico Losurdo, debe despojarse también de toda veneración supersticiosa, cosa que no quiere decir romper el hilo rojo de la historia sino todo lo contrario, retomarlo críticamente y aprender de los errores.

En el caso del Estado en el que nos ha tocado nacer y vivir, hay nudos argumentales y reivindicaciones que son clave para que ese hilo rojo no se vea para siempre cercenado. Algo tan natural y vacío de contenido en otras latitudes como la república, en nuestro país alcanza un estatus de verdadera consigna revolucionaria. El período de la Segunda República, sin nostalgias que pretendan algo tan imposible como repetir la historia, supuso, con todos sus desencuentros, el ejemplo de unidad popular más grande hasta entonces visto. La defensa de las conquistas arrancadas por la lucha del pueblo español y su oposición firme a la agresión fascista fueron el fermento en el que comenzó a crecer y a desarrollarse una cultura popular que se extendió por toda Europa y que marcó el devenir de la historia de muchos de sus pueblos. La aportación de la cultura antifascista y su espíritu unitario, fue, según mi parecer, el más grande logro del movimiento comunista en el siglo XX, esa cultura antifascista en nuestro país se vio encarnada en la lucha por la defensa del régimen republicano.

¿Por qué república, autodeterminación y socialismo? Entre otras cosas por lo que digo en el párrafo de más arriba: la república fue el elemento histórico que fue capaz de crear mayor grado de unidad en el movimiento popular, porque la república fue capaz de crear el embrión de una cultura popular alternativa que fue cercenada por la bestia fascista, y sobre todo, porque una gran cantidad de jóvenes, en la calle, expresan hoy su rabia, ante una sociedad que les condena a la explotación, con banderas republicanas y manifestándose por la III República. No estamos de ningún modo por mimetizar o repetir la Primera o la Segunda, queremos que la Tercera sea mejor, más democrática, más social, más liberadora.

En cuanto al derecho de autodeterminación, me remitiría al magnífico artículo de Alberto Arana. Las naciones que conviven en el Estado Español, principalmente Euskal Herria, son las que han sido capaces de resistir de un modo más firme a la dominación. En este sentido al resto de las izquierdas del Estado no nos queda más que la admiración y la sana envidia hacia los que han conseguido mantener una firme resistencia popular y una cultura no integrada en los cánones del Estado burgués. Toda nuestro respeto y homenaje para los luchadores que eligieron el lado duro de la trinchera. La cuestión nacional sigue siendo algo que hace mucho daño a la estabilidad de un Estado que debemos derribar, no podemos dejar pasar la oportunidad de asumir nuestra responsabilidad histórica y de darles todo nuestro apoyo.

Pensamos que el movimiento antifascista, como todo el movimiento que pretende cambiar el orden establecido, debe dar pasos adelante y, partiendo de la base del enorme potencial constituyente de la negación, ir planteando propuestas concretas. Creemos, que, en este sentido, la Coordinadora Antifascista ha ido avanzando en los últimos años en un sentido muy positivo ya que ha ido llenando poco a poco de contenidos sus movilizaciones. Escenificar la rabia y la oposición al sistema en la calle es muy importante, pero lo es más aún, y les hace más daño, ser capaces de construir una alternativa. Nosotros pensamos que esa alternativa debe irse edificando en el día a día de cada uno de nosotros y nosotras, pero es imprescindible, también, un proyecto capaz de conseguir la liberación de todos y todas.

Defendemos el socialismo porqué sabemos que en cada lucha concreta, en cada microrelato rebelde, se halla el potencial de la emancipación humana. Durante muchos años los comunistas hemos ninguneado o ignorado lo que denominábamos luchas parciales mientras que asumíamos una concepción demasiado idealista del momento revolucionario. El socialismo en el que debemos empeñar nuestros esfuerzos en construir debe contar con todas las experiencias que se opongan al estado y sean capaces de crear “espacios liberados?. Somos marxistas y comunistas, no lo negamos, y por lo tanto tenemos una visión global y un proyecto para la liberación del ser humano. El comunismo es, para nosotros, poesía liberadora. Esta nueva poesía revolucionaria, junto con toda la experiencia y el caudal teórico de la experiencia del movimiento deberá servir para que el nuevo Prometeo que acabe con el Estado y que libere a la humanidad, sea distinto, sea un titán cada vez menos individualista. Que el titán sea la voluntad y el poder del pueblo.

Pienso que el compañero Gustavo, y otros compañeros y compañeras libertarios y autónomos, forman parte, y continuarán formando, de ese movimiento que quiere cambiar las cosas, que no quiere que le hagan la autocrítica desde el exterior, que aspira una sociedad mejor, a mayores espacios de libertad y de igualdad. Nosotros lo llamamos socialismo, en la lucha nos continuaremos encontrando.

Un saludo fraternal.
Mira també:
http://www.lahaine.org/index.php?p=18568

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