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Notícies :: especulació i okupació
Els barris es revolten contra l'especulació
28 set 2006
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Des de Nou Barris, L’Eixample, Gràcia i Sants s’ha engegat la iniciativa de baixar en marxa cap a la manifestació per un habitatge digne del dia 30 de setembre. El recorregut començarà a les 15.30 a la parada de metro Llucmajor i acabarà a la mateixa Plaça Catalunya, passant per barris com l’Eixample o Gràcia en els quals hi ha diversos punts de trobada que podeu veure al cartell. Des de Sants sortirà també una marxa (que no surt al cartell) convocada a les 17h a la Plaça de Sants per l’Assemblea de Barri de la Vila.
Vine amb bici, patins, skate, porta quelcom que faci soroll, fes el tros que vulguis i sigues puntual, que l’especulació no s’atura!

Davant l’especulació i la violència immobiliària et conformes o t’hi apuntes?

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Comentaris

Re: Els barris es revolten contra l'especulació
28 set 2006
Si ja veuras la revolta, quants serem aquesta vegada 100 personas 150.
Ojalá que esto acabe como en Francia
28 set 2006
Cuando los suburbios arden, se escucha la revolución que crepita
(Francia, noviembre 2005)
* * *
No neguemos el placer que nos provocan esos alegres fuegos que se encendieron por doquier en Francia e incluso más allá de las fronteras del hexágono. Ellos le dan alegría a nuestros corazones y probaron, a quien quiera comprenderlo, que cuando la revuelta vuelve a retumbar, ella puede extenderse como un reguero de pólvora. A quienes piensan que la revolución pertenece al pasado, que el proletariado está resignado, alienado, que es impotente o que ya no existe, la extensión misma del movimiento y su potencia les probó lo contrario: el proletariado puede volver a levantar cabeza. Claro que nosotros no nos hacemos ilusiones acerca de la situación general del proletariado, las separaciones y divisiones que la sociedad le ha impuesto, no podían permitir que esa ruptura fuese suficiente para destruir tanto el aislamiento nacional como internacional. No podía esperarse que esa explosión condujera a todo el planeta a una insurrección generalizada, dado que la burguesía tiene una gran capacidad para circunscribir la revuelta a un solo sector del proletariado, para evitar que la misma desborde demasiado de las fronteras y para ahogarla en lo inmediato. Pero no nos sorprendamos de que la revolución mundial pueda surgir tan súbitamente y extenderse con esa rapidez. Las explosiones están ineluctablemente ligadas a la catástrofe cotidiana del capital, el proletariado se encuentra forzado a defenderse contra las agresiones cada vez más provocadoras de este modo de producción inhumano.
A contracorriente del pesimismo ambiente en cuanto a la capacidad del proletariado de volver a ser sujeto de la historia, a contracorriente de todas las falsificaciones y divisiones que el estado y sus servidores de todo tipo tienden a imponer al movimiento para descalificarlo y debilitarlo, nosotros vemos objetivamente la potencialidad revolucionaria detrás de ese movimiento porque consideramos su naturaleza profundamente proletaria. Afirmamos, de manera clara y fuerte, que dicha revuelta expresa el rechazo, por parte de nuestra clase, contra todo lo que el sistema pretende hacerle soportar. Reconocer a nuestros hermanos de clase en lucha, implica también asumir la crítica del movimiento. Los límites que constatamos en este movimiento, no podemos imputarlos únicamente a la represión, al armamento de las fuerzas de mantenimiento del orden, sino que debemos también criticar los propios límites del proletariado, la supeditación y la credulidad frente a un conjunto de ideologías que traban nuestra fuerza. Muchos proletarios, por diversas razones que analizaremos brevemente, no se reconocieron en esos cócteles molotov que hicieron temblar el orden burgués, impidiendo de esta manera la mayor generalización del movimiento.

El populismo âantiimperialistaâ?, como siempre a favor del estado y contra la lucha del proletariado.
Ayer Chávez en medio de sus declaraciones antiimperialistas, en plena huelga del sector petrolero, entregaba en condiciones favorables petróleo a Ecuador para cumplir con sus obligaciones con Estados Unidos, jugando así un claro papel contra la lucha proletaria en aquel país.
Coherente con ello y frente al movimiento de los suburbios franceses Chávez declara el 10 de noviembre de 2005: âNosotros condenamos (el movimiento) y expresamos nuestra solidaridad al pueblo francés y al gobierno francés, que es un gobierno hermano, un amigoâ?.

1- Algunos consideraron que sus condiciones de supervivencia son más envidiables que los habitantes de los HLM (1), aunque tarde o temprano serán también tirados a la basura del capital. Otros se reconocieron pero no hicieron gran cosa para contribuir a la revuelta, tal vez por miedo a perder el poquito de confort que la burguesía les concede para encadenarlos mejor, pero esto pende de un hilito porque nuestros dueños se encuentran forzados, por la loca competencia que se libran en plena catástrofe del capital, a arrancarnos las zanahorias que nos tendieron ayer y se verán forzados a utilizar cada vez más el garrote cuando intentemos impedírselo. Los salarios bajan, la estabilidad de empleo ya es parte de un pasado mítico, el horror de las medidas coercitivas y de los mecanismos de enajenación se amplifican: el absurdo de este mundo revienta un poco por todas partes. Pocos trabajadores, incluso algunos que hoy se encuentran en lucha en Francia o en otras partes, percibieron la identidad de su lucha con la que se desarrollaba frente a sus propios ojos.
2. Otros no se reconocieron en esta lucha porque sus principales actores eran muy jóvenes. No comprendieron que esos jóvenes proletarios eran la expresión en palabras, en hechos, en bronca, en desesperación,... de lo que sienten todos los otros: los mayores (o menores todavía), las hermanas,... sin dudas mucho más bloqueados por roles y responsabilidades más apremiantes. ¿Cómo no imaginarse que muchos apoyaban, participaban en la revuelta e incluso la organizaban a diferentes niveles sin aparecer en el fuego de la acción? Mantener la confusión haciendo de la revuelta una simple cuestión de jóvenes perdidos, fue el principal argumento utilizado por la burguesía para confinar el movimiento. A nosotros nos importa un bledo la edad de los actores de primera línea: en la calle se trataba de un enfrentamiento entre proletarios y el estado.

3. El estado promocionó la representación de la revuelta de âinmigrantesâ? y muchos proletarios crédulos reproducen el abanico de clichés utilizados para distinguirse de esa âescoriaâ?. Recordemos que la sociedad capitalista es fundamentalmente racista, que no hay fracción burguesa, incluida la socialdemocracia, que sea realmente antirracista. Quienes hoy se dicen
antirracistas son quienes pretenden que el capitalismo pudiese no ser racista, que podría reproducirse sin reproducir simultáneamente las condiciones del racismo al interior mismo del proletariado empujándolo a la competencia frente a sus explotadores. Lo vimos en el mismo momento de la revuelta, los burgueses solo discuten de cómo domar a los revoltosos, en el mismo momento en que montan el espectáculo acerca de la proporción de la ciudadanía patriótica y de âintegraciónâ? a la cual tendrían derecho los diferentes detentadores de los permisos de estadía o de otros documentos definitivamente provisorios. La división mundial y racista del trabajo es una realidad objetiva, determinada por las diferencias históricas en la sumisión a la explotación y a las ideologías que la justifican. Todo proletario porta en sí su âorigenâ? y eso lo diferencia en el mercado de fuerza de trabajo, para conseguir un alojamiento o frente a los milicos. Sabemos que los suburbios que se levantaron poseen un gran número de proletarios de origen inmigrado. También sabemos que el sistema social ha desarrollado las condiciones de putrefacción social, apiñando los proletarios en condiciones invivibles y que el estado utiliza esa misma putrefacción contra las luchas que inevitablemente estallan, denunciando a los âextranjerosâ? culpables de los disturbios. Sabemos que el movimiento mismo drena a los proletarios hacia el mismo, independientemente de los diferentes âorígenesâ? de ellos y recuerda brutalmente al capital, que de hecho, sigue unificando a los esclavos en su miseria. Evidentemente que con esta comprensión es totalmente lógico que nos situemos a total contra corriente con respecto a los que se dedican a falsificar esos movimientos considerándolos como simples agudizaciones de la putrefacción social típica de esas âcitésâ? (2) , cuyos habitantes no serían lo suficientemente âobrerosâ? por lo que se les retira ideológicamente el calificativo social de âproletariosâ?.

4. El movimiento se desencadenó en los suburbios y a causa de ello muchos proletarios tampoco se sintieron concernidos. Algunos porque ya lograron escapar de esos suburbios y viven en lugares un poco menos podridos, otros porque todavía no fueron obligados a vivir en ellos y se sienten al abrigo de la ignominia de la política pública de las viviendas sociales. Pero que importancia puede tener que se nos encierre en un gallinero, que paguemos un alquiler exorbitante o que laburemos hasta sangrar para pagar las cuotas de una casa. Esas diferencias son las zanahorias con las que hacen marchar, con las que nos quieren hacer marchar, como esclavos. Pero mientras no logremos abolir las relaciones sociales capitalistas seguiremos en la prehistoria humana y nuestro cotidiano será siempre el de pagar el derecho a existir, a quienes y para quienes, se estableció e instauró el âestado de derechoâ?. Y si la burguesía no tiene ningún escrúpulo en encerrar a nuestros hermanos de clase en esas inmundas torres, no nos ilusionemos con la posibilidad de que algunos de nosotros saldremos adelante y que no nos dejaría reventar si no tuviésemos los medios para servirla. De la boca del ministro del interior salió la palabra que ilustra la alta estima que ella nos reserva y que es válida para cada uno de nosotros, incluso si dicho ministro intentó limitar el significado de la misma únicamente a los causantes de los desórdenes: todos nosotros somos escoria, porque todos nosotros somos potencialmente peligrosos para la supervivencia de este mundo.

5. La clave de la longevidad de la clase dominante es la detención del monopolio de la violencia y la utilización de una parte de la clase explotada para defender la explotación. Cuando en los suburbios el proletariado no se expresa pacíficamente en marchas ovejunas y portando carteles consensúales, es lógico que otros proletarios se desorienten. Estos no ven la violencia histórica que consiste a hacernos laburar todos los días para engordar el capital, ni la violencia sutil y permanente para mantener nuestra sumisión y cierran los ojos frente a la represión que se desencadena contra quienes manifiestan no aceptar más sus condiciones de supervivencia. Olvidan, que es esa misma burguesía que no duda en utilizar la violencia para enviarnos a reventar en la guerra si sus intereses lo imponen. Olvidan la violencia cotidiana de la catástrofe del modo de producción capitalista que cada vez hace más estragos en los cuatro rincones del planeta y que esconden detrás supuestas catástrofes naturales, conflictos âinterétnicosâ? o de cuestiones de gestión. No solo no ven en esta violencia el terrorismo que ejerce la burguesía en permanencia contra nosotros, sino que la apoyan condenando toda respuesta de sus hermanos de clase, respuesta proletaria necesariamente violenta. Solo el terror revolucionario podrá parir una sociedad sin violencia: el comunismo.

6. La fuerza principal del movimiento fue sin duda la de no reivindicar nada. Habituados a reivindicar de una manera constructiva, razonable, ciudadana, tanto las alzas de salario, las bajas de impuestos o los cambios en la política socioeconómica o política⦠para muchos proletarios, ese movimiento de los suburbios no tenía objetivo claro y aparece así como sin perspectiva o incluso autodestructivo. Nuestra perspectiva es sin duda la de no reivindicar nada, en el sentido reformista del término, es decir no pedirle nada a la burguesía sino de retomar aquello de lo que ella se apropió, los medios de reproducción de la vida. Nosotros no reivindicamos nada en particular, reivindicamos todo. Por eso vemos perspectivas revolucionarias ahí donde muchos esconden y trafican la realidad detrás de la apología permanente del cuadro limitado a las reivindicaciones parciales, de las respuestas âpositivasâ? a los deseos sociales: un trabajito, un alojamiento, un salario y algo para distraernos de nuestros verdaderos deseos humanos. En el movimiento de los suburbios franceses nosotros vemos una determinación de cambio radical, que aunque no sea claramente verbalizado, se expresa en los actos. En el mismo vemos una neta tendencia a atacar todo lo que nos destruye, de lo cual hacemos un breve inventario en nuestro volante. Claro que toda la prensa burguesa se movilizó para presentarnos un espectáculo catástrofe nihilista, de violencia ciega, de juego mórbido y de manipulación. Así los pocos proletarios que fueron identificados como tales solo lo fueron en la medida en que eran propietarios de los autos incendiados, clarísima tentativa de hacernos creer que los proletarios y los burgueses tienen que defender lo mismo. Para ilustrar esto, ardemos de deseo de hacer público este textito anónimo producto del movimiento mismo:

Quemar simplemente el decorado de lo que no queremos ver nunca más, el de la miseria que oprime, el de la ciudad hormigón que encierra, que asfixia.

Quemar los medios de transporte que humillan todos los días la imposibilidad de salir de ese gris.

Quemar las escuelas de âla repúblicaâ? que son los primeros lugares de exclusión, de selección, de clasificación, de aprendizaje a la obediencia incondicional.

Quemar los ayuntamientos que gestionan la miseria, y las comisarías, sinónimos de humillación, prepotencia y golpizas.

Quemar el estado que gestiona esas prisiones a cielo abierto.

Quemar los locales de los partidos políticos, Quemar a los políticos despreciativos (3). Quemar a la élite.

Quemar los depósitos de mercancías, los concesionarias automotrices, los bancos, los videoclubs, los supermercados, los centros comerciales, los canales de televisión.

Quemar y no robar (4), solo para transformar en humo esta mercancía por la cual debemos reventar laburando y que debemos ânormalmenteâ? codiciar, consumir, acumular.

Quemar porque parecería que es la única forma de hacerse oír, de no ser invisible.

Quemar con el espíritu evidente de hacer cambiar las cosas.

7. Como es costumbre y ya hemos evocado, los medios repitieron ampliamente la falsificación, según la cual, con total seguridad ese tipo de movimiento solo podría ser dirigido por un hampa inescrupulosa o por los âislamistas radicalesâ?. Es un elemento normal del arsenal utilizado, para evitar lo peor, por parte del estado. Sin embargo este mismo estado se vio forzado, con posterioridad, a reconocer, principalmente por la boca de los Servicios de Inteligencia de la represión, que todo esto era mentira, pero que la duda, acerca de las motivaciones de los insurgentes, había tenido el impacto deseado: negar y ocultar su carácter esencialmente proletario. Evidentemente que la trampa de la recuperación se encuentra presente, como en todo movimiento, pero tanto por parte de los gurús islamistas como por la izquierda tradicional, es decir tanto por la socialdemocracia religiosa como por la laica, todos actúan juntos para enterrar nuestra lucha. Los llamados a la calma se escucharon por todas partes. No pudiendo negar la violencia estatal, ni la putrefacción social, la mayoría de las organizaciones de izquierda se atrincheraron detrás de la repugnante consigna: âhay que sustituir el estado de urgencia policial por un estado de urgencia socialâ?. Lo que significa más milicos de proximidad, más contralores y asistentes sociales, más animadores bomberos, más negreros para los ânuevos mercados de trabajoâ?. El estado social es siempre un estado policial. ¡Represión y reformismo están del mismo lado!

¡A la violencia del estado, opongamos la violencia proletaria!
Salgamos de los suburbios, organicémonos para defendernos contra el capital y su estado.

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Notas
1. Canalla, etimológicamente fue un término que se utilizó para designar a la gente que se consideraba despreciable, al populacho, peyorativamente al âbajo puebloâ?. Actualmente se utiliza para designar a personas calificadas de mal honestas, despreciables.
2. âRacailleâ? es un término francés que en castellano puede traducirse por: chusma, infame, escoria, ruin, basura desechable, gentuza, hampa, gente que se desprecia
3. Se refiere al ministro del interior francés, Sarkozy que lanzó una campaña de represión contra los proletarios en lucha, calificándolos de âracailleâ?.
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