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Notícies :: corrupció i poder
PGS nº 9 :: KirCHner: el BoNaparTismo PosModerno
06 jul 2006
Hoy la burguesía siente la necesidad de acabar con los republicanos pequeños burgueses, como en el 2002 había comprendido la necesidad de acabar con los trabajadores posfordistas revolucionarios.

El burgués inteligente se pregunta: ¿por qué no hacemos permanentes las vacaciones parlamentarias?... Es que Kirchner ya ha clausurado el Congreso hace rato.
Kirchner: el bonapartismo posmoderno
Partes de la Guerra Social (PGS) nº 9



Los PGS son esbozos que terminan alimentando otros materiales del colectivo.
Son fragmentos, Partes sobre la Guerra Social entre el capital y el trabajo.
Ataques de la multitud a la economía política mercantil y a sus sirvientes.
Fragmentos que pueden ser tomados y recombinados por cada uno y una, y ser usados
para fabricar colectivamente la crítica a la sociedad Capital-Parlamentarista


Un Bonaparte posmoderno:

Kirchner es un socialista nacional, anti-liberal, antimarxista pero plenamente posfordista. El peronismo implica el reconocimiento de la perennidad del capitalismo. Su "Dama de Hierro", como la ultraliberal Adelina de Viola en los '90 ("¡Socialismo las pelotas!"), repite que "el comunismo fue vencido por el capitalismo porque se corresponde con lo que la gente quiere, que es consumir". Ciudadanía es consumo, consumo es inclusión.

Como en una repetición de tópicos mussolinianos oxidados, se destaca que la reconstrucción Patria grande se orientará en aumentar la productividad. La teoría del productivismo se constituye como una antítesis retórica al marxismo. Aunque se usa "trabajadores", el eufemismo populista es "productores": sujetos que proceden de todas las clases sociales, se presentan en todas las capas y representan a la Argentina nueva.

La renovación, "Queremos una Patria para todos, queremos una Patria para todos los argentinos y argentinas", exige la colaboración de clases, elemento clave del neocorporativismo. El neocorporativismo, la desconfianza histórica del populismo por la democracia liberal, lleva al bonapartismo (o como dice la derecha: "hiperpresidencialismo"): Duhalde ha gobernado a fuerza de decretos (¡10 por mes!) y Kirchner está segundo, con 5 decretos por mes. Pero si hacemos un análisis más fino, el cesarismo posmoderno es brutal: entre mayo de 2005 y mayo de 2006 el Presidente envió al Congreso 57 proyectos de ley, de los cuales sólo 35 se refieren a políticas públicas, mientras que los otros 22 son meras ratificaciones de acuerdos y tratados internacionales. En cambio, en el mismo período firmó 61 decretos de necesidad y urgencia (DNU).

Es decir que cuando el Presidente estimó que era necesario dictar una ley para llevar adelante una política de gobierno, en 61 casos decidió actuar solo (mediante los DNU) y nada más que en 35 oportunidades recurrió al Congreso, haciendo uso de su facultad de proponer proyectos de ley.

Si se excluyen los proyectos de ratificación de tratados y acuerdos internacionales, que deben ser enviados al Congreso como parte del trámite parlamentario obligatorio para su vigencia, en su primer año de gestión el Presidente firmó 67 DNU y envió al Parlamento 56 proyectos de ley. Un campeón a lo Luis Bonaparte. Al año siguiente la diferencia se amplió: dictó 73 decretos y mandó 45 iniciativas al Congreso. Y esa tendencia se ratificó en este último año, con 61 DNU contra 35 proyectos de ley.

"Aun controlando cómodamente la mayoría en ambas cámaras del Congreso, Kirchner prefiere, en materia legislativa, gobernar por decreto", concluye la investigación académica. Cuando dicta un DNU, el Presidente asume facultades que son propias del Congreso; es decir que modifica o deroga leyes o dicta normas con rango de ley. No importa ya las apariencias de legalidad.


El estado soy yo:

Un total de 34 de los 61 decretos emitidos en el último año de Kirchner se refieren a variaciones en sueldos, jubilaciones, subsidios, asignaciones familiares e indemnizaciones. El resto de los decretos presidenciales están relacionados con la ley de presupuesto, los fondos fiduciarios y la deuda pública, entre otros temas. La reforma constitucional de 1994, en su artículo 99, incorporó esta herramienta, pero la autoriza sólo "cuando circunstancias excepcionales hicieren imposible seguir los trámites ordinarios previstos por la Constitución" para el dictado de leyes. Para Goretti y Ferreira Rubio, el uso de los DNU sólo se justifica en caso de que en el país exista una situación de crisis extrema, la necesidad de sancionar un tema resistido por la ciudadanía o un Congreso cerrado o con el oficialismo en minoría, condiciones que no se cumplen en esta gestión, bendecida por la bonanza económica y con mayoría absoluta en el Parlamento.

A pesar de estas ventajas, Kirchner dictó durante su tercer año de gobierno 61 decretos de necesidad y urgencia, con lo que sumó un total de 201 decretos en toda su gestión, con un promedio de 67 DNU por año. Estas cifras superan las de Carlos Menem, que con un total de 545 DNU en sus 10 años de gobierno ostentaba un promedio de 54,5 DNU por año, muy superior a otros presidentes.

Pero para Ferreira Rubio el tema de los DNU no debe verse como un fenómeno aislado, sino como parte de "una estrategia general del Gobierno, que tiende a concentrar poder en el Ejecutivo y a relegar al Congreso a un papel secundario", según explicó. Para la experta en partidos políticos, "en esa misma política de devaluación del Congreso se inscribe el proyecto del Ejecutivo de otorgar superpoderes permanentes al jefe de Gabinete en materia presupuestaria, y la iniciativa oficialista de regulación de los decretos de necesidad y urgencia" que el Senado tratará esta semana.


El fin de una ficción: el Congreso nacional:

El "Capital-Parlamentarismo" y todo su sistema de representación y obligación política, el "juego de los poderes republicanos", quebrado en la médula por el proceso revolucionario de 2001, es enterrado sin pompa y a medianoche. "Capital-parlamentaristas" y neopopulistas son los dos componentes del "Partido del Orden", pero: ¿qué hacían que estas fracciones se mantuviesen separadas desde el 2001? ¿Serían las boinas blancas, el martillo y la pluma, la "V" de Churchill, el gorro frigio rojo, las camperas de cuero, los comités y las unidades básicas, Gramsci o Jauretche? No, lo que los separa es que son, cada vez menos, expresión política de la dominación de diferentes sectores burgueses.

Cuando Kirchner convoca a una Argentina plural, está hablando a sus "inter pares" de que si insulta, viola, vacía de sentido a la República burguesa modelo 1994, esta limitada democracia representativa socava la base social, ya que la cesura del 2001 hace que la elite dominante se enfrente con las clases sojuzgadas.

Y que esta lucha es sin ningún tipo de mediación, tal la potencia revolucionaria de las nuevas subjetividades posfordistas, que el capital ya no se puede ocultar detrás de la máscara del bipartidismo, sin poder desviar el interés general mediante sus luchas subalternas intestinas.

El neopopulismo es un sentimiento de debilidad del capital, que los hace retroceder temblando ante las condiciones modernas, puras, capitalparlamentarias de su dominación de clase y suspirar por las formas más incompletas, menos desarrolladas, más burdas y brutales.

Pero por ello, y momentáneamente, menos peligrosas de su dominación. Una dominación que en lo que hace a la desigualdad, es la más alta de la historia de la Patria Grande. Como informa el INDEC, treinta años atrás, el 10% más rico tenía 13 veces el ingreso del 10% más pobre y hoy la relación es de 40 veces, habiendo aumentado fuertemente la desigualdad.

Pero si al 10% más rico de la Argentina se le suman los depósitos que tienen en el exterior, cuya renta gastan en el país, resulta que la relación puede ser de 120 ó 140 veces. Existen pocos países en el mundo con semejante desigualdad institucionalizada.

Hoy la burguesía siente la necesidad de acabar con los republicanos pequeños burgueses, como en el 2002 había comprendido la necesidad de acabar con los trabajadores posfordistas revolucionarios.

El burgués inteligente se pregunta: ¿por qué no hacemos permanentes las vacaciones parlamentarias?... Es que Kirchner ya ha clausurado el Congreso hace rato.

3 de julio de 2006

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