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Anàlisi :: especulació i okupació
El problema de la vivienda
13 jun 2006
El problema de la vivienda golpea duramente tanto a los jóvenes que no pueden tener una vivienda por los precios desorbitados y la precariedad como a parejas de 40-50 años ahogadas por la hipoteca. ¿Cómo luchar? ¿Qué alternativas?
En los últimos meses las movilizaciones y los debates sobre el problema de la vivienda en España han tomado una notable dimensión (ver por ejemplos los hilos abiertos en este Foro). Obviamente el problema no es nuevo, ni siquiera, cabría decir, âcontemporáneoâ?. No obstante, las movilizaciones de los jóvenes obreros en Francia hace unos meses han puesto sobre la mesa, quieran o no los Gobiernos, los problemas relativos al empleo, la vivienda y en general todo lo relativo a las condiciones de vida de una nueva generación de trabajadores y los muchos interrogantes planteados hoy en día al respecto (http://es.internationalism.org/ccionline/2006_tesis ). Estos problemas de los jóvenes obreros no son diferentes en sustancia âpese a tener sus lógicas especificidades- de los problemas de las anteriores generaciones obreras (despidos, jubilaciones miserables, hipotecas cada vez más difíciles de pagar, cómo mantener a hijos desempleados o subempleados). Los problemas de todas las generaciones obreras giran alrededor de qué futuro nos depara esta sociedad, lo que es ,cada vez más, tema de discusión. Para contribuir a esos debates, en particular sobre las causas del problema de la vivienda y sus verdaderas soluciones, publicamos extractos de un artículo que resume los debates de unas âJornadas de discusión sobre el problema de la viviendaâ? que tuvieron lugar el 24 de Abril de 2.004 en Madrid (http://es.internationalism.org/ap/2004/176)
Hace 130 años, Federico Engels escribió la âContribución al problema de la viviendaâ?, adonde se denunciaba la escasez de viviendas para alojar a las familias obreras, el estado anticuado e insalubre de la mayoría de ellas, el hacinamiento terrible que sufrían, la ausencia de servicios básicos en las barriadas obreras (agua, alcantarillado, pavimento etc.) (http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/vivienda).
En los años 50 se padeció en la Europa de posguerra una tremenda escasez de viviendas. Muchos obreros que hoy tienen 50-60 años nacieron en casas donde sus padres vivían realquilados o se hacinaban varios matrimonios pertenecientes a una misma familia.
Hoy, en Europa o en USA (¡no hablemos de países como Japón donde las viviendas de 50-60 metros cuadrados constituyen un lujo!) los hijos de esa generación vuelven a padecer el problema de la vivienda: sus altos precios, los empleos precarios, los salarios indignos, les obligan a permanecer en casa de los padres. Vuelve a repetirse el que varias familias tengan que hacinarse en pisos de 3-4 habitaciones (â¦) El problema alcanza cotas de espanto en el resto del mundo: en numerosos países con grandes concentraciones obreras (como China, Rusia, Brasil, México, Argentina.) el âtechoâ? de la inmensa mayoría de familias obreras (así como de otras capas no explotadoras de la población) se reduce a chabolas realizadas con materiales precarios hacinadas en gigantescas villas miseria que carecen de las más mínimas condiciones de higiene, urbanismo y servicios. ¡No hablemos de la situación dramática en Ã?frica, numerosos países de Asia o de América Latina!
130 años después de la aparición del libro de Federico Engels el capitalismo no solo no ha resuelto el problema de la vivienda sino que lo ha agravado hasta extremos de pesadilla. Como dice Engels «para acabar con esta penuria de la vivienda no hay más que un medio: abolir la explotación y la opresión de las clases laboriosas por la clase dominante (â¦) La cuestión de la vivienda no podrá resolverse hasta que la sociedad esté lo suficientemente transformada para emprender la supresión de la oposición entre la ciudad y el campo, oposición que ha llegado al extremo en la sociedad capitalista. Lejos por remediar esta oposición la sociedad capitalista tiende a aumentarla cada día más» (Obras Escogidas de Marx y Engels Tomo 2º edición española páginas 324 y 353)
Bajo el capitalismo ây particularmente en su situación histórica actual que calificamos de periodo de descomposición- se extreman y se hacen irresolubles una cantidad creciente de problemas que agobian a la humanidad causando sufrimientos interminables. Sin embargo, éstos tampoco se puede siquiera mitigar mediante luchas parciales concentradas monográficamente en cada uno de ellos, ya que, luchas parciales:
- atacan los efectos pero no las causas y al dejar estas intactas aquellos se reproducen una y otra vez cada vez con mayor amplitud y virulencia.
- se basan en el interclasismo: no constituyen una lucha de clase contra clase sino una movilización de âciudadanosâ? (es decir, obreros, pequeño burgueses, políticos, curas etc.) todos juntos y revueltos âcontraâ? un âenemigoâ? indeterminado y vago (oligarquías, multinacionales, especuladores etc., presentados como chivos expiatorios de los males de la sociedad).
- son propiciadas por las organizaciones âmás radicalesâ? de la burguesía (Izquierda y Extrema Izquierda, sindicatos, ONGâs) que procuran darle un aspecto de âmovimiento de baseâ?. Sin embargo, políticamente no tienen nada de independientes ni de espontáneas sino que vienen muy bien a la defensa de la dominación burguesa y gozan del apoyo discreto de los sectores más inteligentes del Capital.
El problema de la vivienda es igualmente un efecto y no una causa de la explotación capitalista: «La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. No es una consecuencia directa de la explotación del obrero como tal obrero por el capitalista» (Engels, op. Cit., página 325). El problema de la vivienda no puede ser abordado de forma positiva a través de una lucha parcial la cual solo conduce a disolver el proletariado en el pantano del interclasismo. Este punto estuvo en el centro del debate habido en el Encuentro de Madrid. Había compañeros que defendían las acciones específicas sobre el problema como contribución al desarrollo de la lucha y la conciencia obreras. Frente a ello defendimos âapoyados por una minoría de los asistentes- que semejante terreno solo servía para fomentar en nuestra clase actitudes individualistas, disolvía a los obreros en categorías interclasistas como âlos vecinosâ? o âlos ocupantes de viviendasâ? y los apartaban de una auténtica lucha de clase (â¦)
El otro punto crucial de discusión fue el de las okupaciones de viviendas. Había compañeros que decían que tal método constituía una solución al problema de la vivienda: como hay muchos pisos vacíos (en España hay más de 2 millones) lo que debe hacerse es ocuparlos âsin permiso de la autoridadâ? mediante acciones colectivas de grupos de jóvenes. Frente al legalismo y el reformismo de sindicatos y partidos de izquierda (exigir a las autoridades la construcción de viviendas sociales, organizar cooperativas de viviendas, pedir alquileres más baratos o, simplemente, aumentar el parque de viviendas en alquiler) que, efectivamente, no sirven para nada, estos métodos de acción directa serían más radicales y combativos.¿No aspira el proletariado a expropiar a la burguesía? Pues empecemos de una vez haciendo expropiaciones de vivienda. Este punto de vista era apoyado por un asistente que decía que las ocupaciones no resolvían nada pero podían servir para que los obreros se unan y empiecen a tomar conciencia de clase.
Nuestra respuesta âque apoyó una minoría de asistentes- se centró en los puntos siguientes:
Las okupaciones sólo se diferencian de los métodos propugnados por sindicatos y partidos de izquierda en el âradicalismoâ? superficial de su carácter ilegal pero su planteamiento es idéntico: el reformismo de atacar los efectos sin abordar las causas. Si la okupación tiene éxito, el Estado burgués la legalizará como ha sucedido con la ocupaciones masivas en las ciudades de Brasil que Lula les ha dado escritura y las ha vinculado a hipotecas[1].
Las okupaciones se basan en el individualismo más extremo lo cual es la negación del carácter colectivo y social de la lucha del proletariado, germen de la liberación comunista de la humanidad. Ese individualismo de raíz no se remedia con el âexpedienteâ? de las âacciones colectivasâ?. Por muy âcolectivasâ? que sean las acciones, la meta de la okupación es que cada individuo obrero se convierta en âpropietarioâ? (legal o ilegal) de una vivienda. Se trata de una âexpropiaciónâ? pero totalmente individualista y de cada cual a la suya. La expropiación que el proletariado ejecutará sobre el Capital nada tiene que ver como semejantes métodos: es una expropiación colectiva, es decir, se toma el poder sobre los medios de producción como clase y no a través de una suma de propiedades de individuo o de grupo; es una expropiación social pues se trata de resolver los problemas de la sociedad y no los de un grupo más o menos grande de individuos; es una expropiación de la clase enemiga y no de propiedades particulares de individuos o entidades.
El capitalismo se basa en la concurrencia y el todos contra todos, eso quiere decir que cada cual debe expropiar al otro sin ningún escrúpulo. Individualmente, los capitalistas se âexpropianâ? entre si los unos a los otros, si pueden con métodos legales y si eso no es posible saltándose la ley. El capitalismo se basa históricamente en la expropiación individual de millones de campesinos y artesanos que despojados âlegal o ilegalmente- de sus medios de producción y vida se transformaron en proletarios. Todos los días, a todas horas, el capitalismo roba a la gran mayoría de la población: «el reparto de la plusvalía producida por los obreros y que se les arranca sin retribución, se efectúa entre las clases ociosas en medio de las más edificantes disputas y engaños recíprocos. Como este reparto se hace por medio de la compra y de la venta, uno de sus principales resortes es el engaño del comprador por el vendedor, engaño que, en el comercio al por menor, y principalmente en las ciudades grandes, se ha convertido en una necesidad vital para el vendedor. Pero cuando el obrero es engañado por el panadero o su tendero en el precio o la calidad de la mercancía, esto no le ocurre en su calidad específica de obrero» (Engels, op cit, página 325).
Nada hay de ârevolucionarioâ? ni de âliberadorâ? en que individuos obreros âaislada o incluso colectivamente- realicen actos de venganza oponiendo a la expropiación histórica y social sufrida por su clase una expropiación individual y particular que únicamente tiene como resultado meterles en el engranaje de las costumbres sociales del capitalismo del todos contra todos, el engaño mutuo, el robar todo lo que se pueda a amigos o enemigos. Si semejantes políticas se popularizaran en la clase obrera ésta se vería atrapada en el ambiente de corrupción, degradación moral y caos, que impera en la actual fase de descomposición de la sociedad capitalista. De tal forma, la clase obrera no sería capaz de plantear una alternativa revolucionaria al desorden capitalista sino que se vería arrastrado por él (â¦)
Los actos de âexpropiaciónâ? o de rebeldía individuales (o de grupos de individuos) participa âpese a las buenas intenciones que se tengan que nadie niega- plenamente del sinfín de ilegalidades grandes o pequeñas que forman parte del funcionamiento de la sociedad capitalista. Como antes señalaba Engels, la compra venta de mercancías lleva incluida el timo y el robo de tal forma que las grandes superficies y los grandes almacenes aumentan los precios en función de un porcentaje de los robos que sufren. En toda sociedad dividida en clases, la ley incluye la ilegalidad, las normas morales su violación, de la misma forma que la riqueza necesita la pobreza como condición misma de su existencia (â¦.)
Una lucha efectiva contra el capitalismo y contra la cantidad infinita de âdaños colateralesâ? que genera en todos los órdenes de la vida humana y social (entre ellos el cada vez más acuciante problema de la vivienda) solo puede ser eficaz si se concentra en desarrollar la lucha unitaria, autónoma y revolucionaria de la clase obrera. Esta lucha âen contra del tópico imperante y que un asistente nos reprochó- no es únicamente económica. Engels defendió que la lucha del proletariado tiene 3 dimensiones inseparables: lucha económica, lucha ideológica y lucha política, las 3 forman un todo unido que es la lucha histórica del proletariado por emancipar a la humanidad del yugo destructor del capitalismo. Es esa lucha en 3 dimensiones a la que hay que contribuir con un esfuerzo de actividad, reflexión, organización, por parte de jóvenes y veteranos de nuestra clase (â¦)
NOTAS:
[1] Estos âéxitosâ? son más bien la excepción. El destino de la mayor parte de ocupaciones es el fracaso y el desalojo. Con ello se queman muchas energías revolucionarias como apuntó claramente un asistente en su intervención muy crítica contra tales acciones
CCI (Mayo-Julio 2.004)
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Comentaris

Re: El problema de la vivienda
13 jun 2006
Las okupaciones como desokupaciones del orden

    Los hechos son sobradamente conocidos y no hace falta extenderse en ellos. Un grupo de okupas hace suyo el Cine Princesa y durante un tiempo desarrolla en su interior diversas actividades. El 28 de Octubre de 1996 tiene lugar un violento desalojo por parte de la policía que se salda con numerosos detenidos. La misma noche se produce una gran y valiente manifestación de respuesta. Posteriormente se realiza una acampada en medio de la calle prolongando así el enfrentamiento. Al cabo de una semana otra manifestación "reconquista" simbólicamente el Cine. Entre tanto, el acontecimiento de resistencia al poder más importante de los últimos años se convierte en la noticia por excelencia. Y de igual modo, el fenómeno okupa pasa a recibir una atención preferente tanto por parte de los medios de comunicación de masas como por parte de los organismos de gestión política.
    La cuestión que debemos plantearnos - por su trascendencia política - es si realmente el 28 de Octubre señala un antes y después para los movimientos de crítica radical, o si tan solo constituye un acontecimiento excepcional en una ciudad dominada casi completamente mediante una compleja ingeniería social. Si admitimos que exista algo que pueda llamarse movimiento de okupación vinculado a un conjunto de prácticas diversas y a la vez difusas, no hay que olvidar que dichas prácticas eran, por lo general, marginales, y que en la misma medida que deseaban romper el ghetto, se hundían en un posibilismo que les llevaba a establecer alianzas al modo de la vieja Izquierda (vecinos, AAVV, etc. ) y a un garantismo (Derecho a una vivienda etc.) que acababa reafirmando la Ley que la propia práctica okupa conculcaba. Es en este sentido que la pregunta ¿Hay un antes o después ? adquiere toda su importancia y que la respuesta debe ser necesariamente afirmativa.
    Ciertamente el 28 de Octubre es una fecha a recordar. Y lo es por cuanto el movimiento de okupación aparece como fuerza social no política, lo que evidentemente no significa apolítica. Fuerza social no política porque se hace presente por sí misma y a la vez impide su representación que se hace inencontrable, porque aparece separada de la Izquierda clásica y habiendo cortado, por tanto, con sus fracasos y con su práctica de la reivindicación. Pero, sobre todo, fuerza social no política porque es capaz de plantear directamente la cuestión de la legitimación. En pocos días hemos visto como el subsistema jurídico se mostraba incapaz de resolver los problemas que crea la aplicación del propio Derecho, como el Estado de los Partidos, a su vez, quedaba paralizado discutiendo sobre el grado de violencia empleado durante el desalojo, y finalmente, como el Presidente de la Generalitat tenía que salir a la palestra y - cual antiguo soberano que decide en la situación excepcional - marcar la distinción que separa a los que defienden el orden de quienes lo atacan. Decisión que, por otro lado, justificaría perfectamente cuando declaró, que aquellos políticos que no están a la altura de la situación y dudan son "estrategas de café".
    Con todo el "antes y después" que venimos analizando no está definido tanto en función de la respuesta del poder, como de la evolución del propio movimiento. Más en concreto. El que ahora se pueda afirmar sin que suene a algo totalmente absurdo y gratuito "Todos somos okupas" es precisamente la señalización del límite superado. Está claro que en el "Todos somos okupas" que las movilizaciones han expresado confluían desde discursos simplemente solidarios hasta a otros antirepresivos. Pero, independientemente de ello, el "Todos somos okupa" muestra el comienzo de una tendencia material hacia la desocupación de la identidad okupa. Dicho en otras palabras. En el mismo momento en que el movimiento de okupación surge como fuerza social no política, empiezan a establecerse las condiciones para un desbordamiento de la identidad okupa. Esta tendencia material que se ha manifestado en cambios en la composición del movimiento, en algunos escritos etc. ¿ implica la apertura de un espacio para la crítica? O lo que es lo mismo: el "Todos somos okupas" ¿fue válido solamente durante unos instantes o puede constituir realmente una tendencia material, es decir, puede llevarse a la práctica?
    Analizar las condiciones de su realización significa profundizar en el significado de la okupación como práctica. Esta práctica involucra una verdadera fenomenología de comportamientos que podría encerrarse provisionalmente en el arco que los dos polos ("vivir en" y "vivir para") definen. Es decir, en la okupación confluyen desde la respuesta a una necesidad - necesidad de techo, necesidad de espacio para actividades libres etc - hasta un querer vivir insumiso que apunta críticamente a toda la sociedad y para el que la okupación es un simple instrumento. Esta aproximación que constata la diversidad de planteamientos como un enriquecedor juego de diferencias debe ser llevada más lejos. De lo contrario nunca seremos capaces de contestar a la pregunta que nos hacíamos. Una reflexión más sistemática podría distinguir tres determinaciones generales.


La okupación como reapropiación de la riqueza.

El espacio que habitamos viene definido por dos vectores distintos: 1) El paro como muerte social 2) La reacción de miedo frente a la propia fuerza del anonimato. Así se configura un espacio del miedo que se caracteriza porque en él todo debe ser constantemente renegociado: el habitaje, el trabajo ... incluso la misma subsistencia. Esta renegociación - que está totalmente desplazada hacia un lado pues la reivindicación ha sido vaciada de contenido - tiene lugar en el mercado que así se convierte en omnipresente. La centralidad del mercado pone directamente en un primer plano la cuestión del dinero. Por esa razón, la demanda de tiempo libre no tiene ya mucho sentido cuando la precariedad se convierte en forma de existencia. La devaluación del tiempo coincide pues con la monetarización generalizada. La cuestión entonces no es arrancar tiempo libre sino tener dinero, puesto que toda relación social está más o menos mediatizada por la moneda. Ante el problema central que es la necesidad del dinero - o mejor dicho, la falta de dinero - la okupación aparece como una respuesta no capitalista, como verdadera forma de reapropiación de la riqueza utilizando el espacio como palanca. Lo que, por supuesto, no significa concebir el territorio como propiedad privada ganada y a conservar. Muy al contrario, la okupación no tiene como finalidad autoconservarse sino ser superada en y por el movimiento que ella misma desencadena.


La okupación como resistencia al poder.

Las concepciones del poder en términos, de "algo que se tiene", de propiedad, concebían la integración en la sociedad de un modo necesariamente exterior. La integración , en última instancia, consistía en una activación del objeto, en un "ser participado" dentro del espectáculo. Hoy día hay numerosísimos fenómenos (voluntarios...) que ponen en crisis estas concepciones y también sus análisis. El poder aparece directamente en tanto que política de la relación y la participación - lo que no sería más que el constituirse en sujeto centro de relaciones - como su necesaria efectuación. Es decir, en la metrópoli la participación deja de ser una activación exterior para transformarse en proyecto social. Proyecto social que se despliega y formula a dos niveles. A nivel macropolítico: como proyecto de inserción social que es, al mismo tiempo, autoproducción de la sociedad frente a su disolución, frente a la emergencia de las fuerzas sociales no políticas. A nivel micropolítico: como proyecto individual de existencia que pasa esencialmente por la autoconstrucción de la autonomía. La okupación choca de frente contra este nuevo modelo de participación. Por un lado, el espacio okupado que es, por encima de todo, un espacio desokupado de relaciones capitalistas (por lo menos tendencialmente) deja de funcionar como matriz reproductora de las relaciones sociales existentes. Por otro lado, esta misma desokupación del orden abre a una situación provisional sin futuro. Pues bien, es precisamente esta movilización del no futuro la que desconstruyendo toda forma de proyecto, convierte a la okupación en resistencia al poder. Vivir es resistirse al poder sin esperar nada. Dicho más claramente. Es la ilegalidad más o menos masificada asociada a la situación provisional y sin futuro la que proyectada socava las formas actuales de ejercicio del poder.


La okupación como creación vital de un mundo.

Hemos intentado ir definiendo el estatuto de la okupación acercándolo a una forma de reapropiación y a una forma de resistencia. Parece claro, por todo lo anterior, que la okupación se sitúa más allá de la reivindicación pero también de lo que podría ser un mero gesto ejemplar. Adelantemos nuestra tesis: la okupación es un propuesta política crítica y radical adecuada a la forma actual de producción autoreferencial que ha hecho de la realidad algo cada vez más evanescente. ¿Cómo debe ser pues pensado el estatuto de la okupación? Simplemente a partir del gesto dadaísta. Es conocido que el gesto dadaísta por excelencia consistía en afirmar "esto es arte" ante un urinario o ante una rueda de bicicleta. De esta manera, la creación artística se desvelaba solamente como una estrategia de neutralización mediante la cual se liberaba un objeto de toda referencia a su valor de uso. Las consecuencias subversivas de este acto sobre la institución arte eran evidentes. Todo el mundo podía ser artista y además, todo era arte. Esto no impediría, sin embargo, que la emancipación de la mercancía al convertirse en ready-made fuese verdaderamente definitiva. Como es bien sabido el urinario y la bicicleta acabarían dentro de un museo. Si la frase que abre a la subversión artística se resume en "esto es arte", la frase "esto es un espacio de vida" sería la que dicha colectivamente abriría hoy a la subversión política. En el devenir evanescente de la realidad con la compresión creciente del espacio-tiempo, en la completa circularidad y coincidencia del proceso de producción de mercancías y del proceso de producción y reproducción de la vida, la afirmación "esto es un espacio de vida (o liberado)" constituye una estrategia de neutralización de todos los códigos del sistema. Evidentemente el camino que abre esta vía no es garantía de nada, como tampoco nada evitaría la recuperación del gesto dadaísta. Lo que es indudable es que dicha vía de neutralización debe ser retomada en la actualidad, y que la unilateralización - entendida simplemente como un operador que interrumpe y, a la vez, multiplica las dimensiones de la realidad - podría ser una buena reformulación. La okupación no dualiza lo real porque no despliega antagonismo. Estamos más allá de la dialéctica. La okupación es el resultado de la unilateralización de una situación: la interrupción de las relaciones de poder, explotación y sentido mediante la desocupación activa y, en el mismo instante, la apertura y anclaje de un mundo. Por eso puede decirse que la okupación es la creación de un mundo. Porque con ella se abre la posibilidad de una crítica efectiva de la vida cotidiana. Y no tanto por el hecho de que el tiempo se recoja en el instante y todo parezca intensificarse, sino porque en este mundo que tiene la ilegalidad en su centro es factible vivir las vidas paralelas no vividas.

Como conclusión digamos que no tiene sentido alguno buscar cuál es el sujeto del movimiento de okupación, y que pensar en estos términos está abocado al fracaso. Como unos compañeros de Madrid afirman: " Cualquier colectivo, grupo de afinidad, plataforma... puede desobedecer el mando y entrar en líneas de actuación que quiebran la legalidad desde la legitimidad y las ganas de libertad: pueden okupar, ser insumiso/as, hacer objeción fiscal, abstenerse en el trabajo, participar en huelgas salvajes, hurtar en los supermercados, colarse en el metro... como formas de apropiación del tiempo de vida." Si la okupación deja a un lado el tradicional problema del sujeto - el sujeto sólo puede ser ya un sujeto imposible, es decir, insoportable para el poder y respecto a sí mismo - también pone las condiciones de posibilidad para la superación de las conocidas aporías en las que el Movimiento Obrero se había encerrado: 1) La existencia o no ya ahora de una cultura otra que la dominante. 2) La posibilidad de hacer permanente o no la resistencia al poder. 3) La relación entre la práctica y el discurso político, es decir, la unidad de teoría y práctica. Es seguramente, en este sentido, que el movimiento de okupación puede abrir un espacio para la crítica radical.
Re: El problema de la vivienda
13 jun 2006
Yastamos.

Si seguis mezclando marxismo con reivindicaciones políticas importantes, vais a conseguir que no se os junte ni los nietos de Carrillo.

Más que nada porque pueden suceder dos cosas:
·Que sonéis trasnochados
·Que os crean y empiecen a seguiros, como si realmente un historicista viera el futuro.

"pequeña burguesía"!!! Pero de qué hablas!! Creía que el término correcto era pijerío...
Re: El problema de la vivienda
13 jun 2006
Y para los okupas:

Sin sociedad de consumo y capitalismo no hay edificios abandonados, vivis como los demás del sistema, de caracter ilegal o alegalmente, pero como nosotros, los oprimidos alienados, nos alimentamos y consumimos el mismo producto.

Si no, estaríamos en la Edad Media, metidos entre murallas, rezando para que no pasara una banda de mercenarios pagados por el rey vecino, a capitalizarnos...
Sindicat