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Xerrada amb important dirigent social veneçola
09 mai 2006
Veneçuela: Revolució en Marxa
En el marc de la IV Trobada Estatal de Solidaritat amb Veneçuela, l´Assemblea Bolivariana de Catalunya et convida a participar en la xerrada inaugural âVeneçuela, Revolució en Marxaâ? a càrrec de Roland Denis, ex Viceministre de Planificació i Desenvolupament i important dirigent social veneçolà amb una llarga trajectòria en els moviments socials. La intervenció estarà complementada per Jaume Botey, activista social amb àmplia experiència en les lluites socials a Catalunya .

Data: Divendres, 12 de maig de 2006
Hora: 20 h.
Lloc: Casa de la Reconciliació.
Av Can Serra s/n
L'Hospitalet de Llobregat
Metro L1 - Can Serra.

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Venezuela: Revolución en Marcha

En el marco del IV Encuentro Estatal de Solidaridad con Venezuela, la Assemblea Bolivariana de Catalunya le invita a participar en la charla inaugural Venezuela, Revolución en Marcha a cargo de Roland Denis, ex -Viceministro de Planificación y Desarrollo e importante dirigente social venezolano con una larga trayectoria en los movimientos sociales. La intervención estará complementada por Jaume Botey,
activista social con amplia experiencia en las luchas sociales en Catalunya .

Fecha: Viernes, 12 de mayo de 2006.
Hora: 20 h.
Lugar: Casa de la Reconciliación.
Av Can Serra s/n
L´Hospitalet de Llobregat
Metro L1 - Can Serra.
Mira també:
http://www.node50.org/bolivariana/

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Comentaris

Re: Xerrada amb important dirigent social veneçola
09 mai 2006
Consejos Comunales⦠Victoria Popular!
Febrero de 2006

VICTORIA POPULARâ¦VICTORIA DEL PODER CONSTITUYENTE⦠Y NUEVA PROPUESTAâ? NOMADAâ? A TODOS A TODAS Y AL COMPAÃERO PRESIDENTE

Al fin reinan los consejos comunales como tesis aceptada por el gobierno, con una dinámica germinal pero generalizada dentro de los procesos populares. El poder constituyente vuelve a levantar cabeza y a imponer su dinámica sobre el enorme monstruo burocrático que representa el poder constituido aquí en Venezuela.

Comienza entonces un nuevo capítulo dentro de esta ârebelión en procesoâ? donde la autodeterminación social, el poder de los mas sencillos, del mas pobre, del más humillado, cada vez más alzado frente al viejo orden que aún impera por todos los pasillos del Estado, hegemoniza al menos una parte de de la gobernabilidad revolucionaria naciente en Venezuela. Un aplauso merecido a Hugo Chávez, un aplauso secreto a los que seguramente le estuvieron susurrando a los oídos âmuy cercanos a él en los últimos tiempos- de que eso de los Consejos Locales (los consejos de planificación a un nivel Municipal) eran una entelequia absurda y sin viabilidad alguna desde el punto de vista de la âdemocracia revolucionariaâ?, y por supuesto, un aplauso a los que terminaron convirtiendo en victoria lo que parecía una quijotada; la de los Consejos Comunales con todo el poder y recursos que el mismo presidente reivindica hoy para ellos.

¿Prioridad en estos momentos?, cambiar esa ley inútil de los Consejos Locales (y por ende todas las ordenanzas municipales que le siguieron) por una ley que reconozca el mando primario de los Consejos Comunales, levantado hacia arriba (parroquias, municipios, estados) sistemas de planificación participativa más bien federativos, de delegación directa de los mismos Consejos Comunales y sobretodo de las asambleas populares que los constituyen formalmente.

Lo de los Consejos Comunales es victoria además en un detalle que muchas veces no se distingue. Al fin la âterritorialidadâ? nacional, la división político-territorial, en nuestro país pasa al mando y el diseño de la base social, deja de ser un privilegio de caudillos (aquellos que en el siglo XIX dividieron el territorio nacional según sus apetencias y poder específico en ese momento) o de las tecnocracias de estado, para pasar a la realidad y decisión del colectivo que es la única inteligencia que le da vida. Baja a un nivel donde la misma división territorial pasa a ser un atributo de la democracia directa y asamblearia. Eso, si se extiende en todas sus consecuencias hacia todos los planos horizontales y verticales de la administración y planificación de estado: del desarrollo endógeno, de la industria recuperada y pública, de los mercados autogestionarios, de los sistemas de servicios, tendrá una implicación fabulosa en lo que podría ser una verdadera ârevolución de la planificaciónâ? y por tanto de lo que han llamado âdesarrolloâ?; una gran innovación en la historia política universalâ¦el comienzo al fin de la paulatina construcción del âno estadoâ?.

Todo esto comenzó con el aporte de los CTU y la delimitación de âpoligonalesâ? en los barrios; creación que sólo podía salir del genio y el esfuerzo colectivo y colectivizado. Pero además de los propios CTU originalmente nace la idea âde la carta del barrioâ?, una suerte de marco constituyente multiplicado por miles ligado a un proyecto de desarrollo comunitario, que si bien se han quedado limitados en muchos casos a aspectos muy primarios del ârediseño del barrioâ?, no obstante son una lección inmensa para la democracia revolucionaria, un avance extraordinario en el proceso popular constituyente. Pero podríamos decir también que los Consejos Comunales son hijos directos de aquellas bellas experiencias de la âAsamblea de Barriosâ? organizada en Caracas a comienzo de los años noventa, creadora de las âasambleas del aguaâ? paridoras directas de las hoy âmesas técnicas del aguaâ?, y donde se comenzó a poner práctica una nueva cultura política inserta en lo que llamamos la âdemocracia de la calleâ?

¿Qué viene a continuación?. No es por âaguarle el guarapoâ? a nadie, pero apuesto lo que quieran de que ya todo el aparato maquiavélico del MVR, la partidocracia, parte de los alcaldes y gobernadores, por decir lo menos ây que perdonen los buenos-, ya están maquinando todas las formas de chuparse y cooptar esta bellísima figura del protagonismo popular. Ya han nombrado y seguramente siguen y seguirán nombrado a dedo cantidad de âdirectoresâ? de Consejos Comunales (los cuentos que van desde Miranda, Charallave hasta la gobernación de Falcón ya empiezan a colarse por toda la chismografía democrática), sujetando a su voluntad su convocatoria, planes, ejecutoria, contratistas, etc. Y más allá aún, ya deben estar construyendo vía laberintos de sus respectivas burocracias, todos los laboratorios necesarios para meterse en el bolsillo buena parte de los inmensos recursos que el ejecutivo âo el presidente para decirlo como es- ha destinado para estos consejos, por supuesto en conchupancia con los directores nombrados.

Esta es si no toda al menos parte de toda esa historia oscura que aún nos aplasta y que tiene esta revolución en vilo, y que viene repitiéndose desde todas las prácticas y figuras creadas de la participación popular.; es el poder popular que ha quedado siendo administrado desde arriba. Pero volviendo a los lenguajes de la luz, este es un mundo asqueroso frente al cual se le está alzando un especie de guerrilla social, sin mucho rumbo y orgánica, pero dispuesta a volverlo trizas. La ârebelión antiburocráticaâ?, todavía chiquita e inocente, sigue su camino de crecimiento lento y silencioso pero sin pausa. Las contralorías sociales autónomas, las redes de inteligencia social, son solo una expresión de ello. ¿Qué va a pasar entonces?, que el acicate contrarrevolucionario de los âadministradores y explotadores de la plusvalía política del poder popularâ?, serán en dialéctica multitudinaria y montonera, enfrentados con cada vez mayor fuerza por esa rebelión. Cuídense amigos que la vaina por lo que se oye va en serio.

NUEVA PROPUESTA NOMADA A TODOS Y TODAS, Y AL PRESIDENTE QUE NUEVAMENTE TOMA LA VANGUARDIA

Corto porque después tendremos que externos mucho más en esto, la experiencia apenas se visibiliza, falta que miles de más le pongan cabeza y músculo. Una de las grandes trabas que tenemos para ir creando contextos de economía socializada, o al menos de una âeconomía de resistenciaâ? (no acaba con el capital y la mercancía pero al menos lo resiste y lo niega) es el contexto del mercado, sobretodo para toda una red de comunidades autogestionarias y cogestionarias nacientes cuyos productos son simples y muy variados, pero sin mercado. La circulación y el mercadeo monopólico siguen reinando a sus anchas, destrozando muchas veces estas experiencias, y ante eso solo se han hecho propuestas demasiado vagas e inútilmente exquisitas, por ejemplo, la de la âruta del cacao, de la empanadaâ?, o más espontáneas como mercados populares esporádicos en uno que otro barrio. Pues bien, no habiendo quien le ponga el cascabel al gato, antes de pasar a la expropiación a nivel de mercadeo âcosa que será ineludible en próximas etapas si queremos seguir hablando de socialismo-, es necesario mirar con detalle esas inmensas redes de la economía informal, cadenas interminables del mercadeo hecho desde la creatividad del excluido pero individualizado, anarquizado a mal, y convertido en pieza de otra cadena interminable de mafias , matraquería, droga, maquiladoras clandestinas, infiltración hasta paramilitar, etc, etc. Todo un universo nunca bien reconocido -más bien despreciado y humillado incluso desde la izquierda- de la peor explotación y la vida indignante, pero que tiene, como todo contexto entre capital y trabajo, la mano del pobre que lo ejecuta y hasta cierto punto aún lo administra allí donde no se lo han chupado estas bestias, y que todavía es muy amplio. Con todas las debilidades e inconvenientes que se quiera, pero al fin y al cabo una creación más de las dinámicas de sobrevivencia a las que nos obligó el capitalismo colonial, y que además absorbe cerca del 50% de la fuerza de trabajo en nuestro país.

Mundo nómada por excelencia, receptorio de todo tipo de inmigraciones e interminables movilidades internas, que choca con la visión por lo general muy sedentaria y únicamente vecinal que tenemos y practicamos del y en el âmundo popularâ?. Pues bien, la propuesta concreta no es otra cosa que incentivar la organización autogestionaria (que ya existe embrionariamente en este universo) dentro de algunos territorios específicos de este mercado-calle, y ayudar a generar desde esa subjetividad nómada, una visión apropiativa, colectiva y autogobernante de la calle (lo mismo que pasa con los consejos comunales pero ahora adscrito a la territorialidad nómada del trabajo de calle y de las calles en general).

¿A qué serviría esto?, servirá y se desarrollará sólo en la medida en que esta organización autogestionaria de la calle se integre con los nichos de producción co y autogestionaria ya en desarrollo, con todas las industrias pequeñas y medianas en ese campo, con todo el cooperativismo agrícola naciente, dándole además un flujo de mercado permanente y con una gran circularidad de dinero y demanda a todas estas industrias, ayudado además por el lado de la distribución con muchas cooperativas de servicios que ya tienen al menos alguna infraestructura de transporte, pero que se quedan girando dentro de los límites que le imponen, por ejemplo las cooperativas de la basura. Industrias con potencial de producción y distribución hoy no tienen y no hay nada en proyecto que las ayude, ni siquiera Mercal cuyas âsolidaridadesâ? más bien se desplazan cada vez más hacia la agroindustria y los monopolios de importación. Viéndolo en grande esto podría integrar el comienzo de cadenas y relaciones de producción que al menos huelan a socialistas.

La izquierda en nuestro conocimiento nunca ha visto esta posibilidad. Mucho menos nuestros alcaldes y alcaldías que siguen viendo el problema de la buhonería y en general de toda la economía informal, como diría el filósofo, desde el âpanóptico burguésâ?. Esos lentes polivalentes y policromáticos desde los cuales el burgués y el burócrata miran al mundo hacia todos los lados para administrarlo, controlarlo, planificarlo y por supuesto explotarlo desde el cómodo trono unidimensional de sus oficinas. No compañeros, aunque no haya pasado por muchas mentes sólo una con cara de chino e idéntico a Evo Morales, esta es una propuesta que tiene una enorme potencia propia y escondida, véanla nacer en pequeñito desde La Hoyada y su âConsejo Autogestionario- Comunidad Nómadaâ?. Y a la mente más militarizada o si se quiere estratégica, vean esto también desde el punto de vista de una reapropiación de las calles y columnas vertebrales de nuestras principales ciudades, que por nuestro burocratismo y falta de militancia directa, inmediata, de calle, en cualquier momento terminamos de perderla y ponérsela en bandeja de plata al enemigo. Proceso Popular Constituyente que sigue su camino-¡Todo el Poder para el Pueblo!.

Roland Denis
PNA-M.13A
CTR Gonzalo Jaurena
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La revolución desde la izquierda
09 mai 2006
El pecado original del chavismo

Ni el chavismo ni la ârevolución bolivarianaâ? son fenómenos políticos nacidos desde un lugar de izquierda, ese es su pecado original. Nacen en la rebelión de las calles, en las insurrecciones de los cuarteles y no desde la decisión racional de una vanguardia o bloque político de izquierda que empuja un proceso revolucionario hacia su victoria. Estamos hablando entonces de un fenómeno cargado de un barroquismo originario tremendamente complejo que se fue alimentando afortunadamente de los insumos más libertarios y radicales que en una época de nuestra historia empezaron a regarse por múltiples rincones de la sociedad y del movimiento popular, hasta llegar actualmente a enarbolar las banderas del anticapitalismo y el socialismo.

Pero también estamos hablando de una sociedad traumatizada por la miseria acumulada y los grados de corrupción sembrados en un modelo acumulativo basado en una âeconomía de extracciónâ?, es decir, una economía nacional dependiente de un estado que vive fundamentalmente de la renta petrolera y una estructura capitalista que se reproduce gracias al subsidio la tasa de ganancia por vía del acuerdo distributivo (muy poco legal y abierto por cierto, de allí es âestado de impunidadâ? permanente en que vivimos) entre clases dominantes y elites políticas al mando. Esta base estructural dentro de nuestra formación social, teniendo ya casi un siglo de existencia, ha ido creando no solo una sociedad tremendamente desigual (los que participan del botín petrolero y los que están excluidos de sus frutos) sino al mismo tiempo genera las bases de un movimiento popular y de resistencia que como cualquiera denuncia esta realidad y lucha por las revindicaciones populares más urgentes y muchas veces elementales (agua, luz, vivienda, tierra, trabajo, educación, salud, etc), llevando consigo la debilidad de ser un movimiento de los márgenes (de la âmarginalidadâ?), un movimiento que en su mayoría está excluido del debate central de la producción y la distribución de la riqueza creada.

Si hay entonces una âbase clasistaâ? en este movimiento esta se generó con la ayuda sin duda de ciertos núcleos combativos del movimiento obrero y marxista, pero sobretodo de un tipo de debate e influencia de corrientes históricas de lucha completamente heterodoxas y diversas (las resistencias culturales, el cristianismo liberador, el cimarronismo, la democracia de la calle reivindicada desde los barrios, movimientos sociales de todo tipo muchas veces inesperados, la lucha estudiantil, las sublevaciones populares espontáneas, los movimientos de liberación nacional, el bolivarianismo revolucionario, la lucha armada, el marxismo crítico latinoamericano, el indigenismo, etc). E allí el segundo pecado original del âmovimiento bolivarianoâ?, su insólita diversidad y heterodoxia, hoy representado en la figura de Hugo Chávez.

Los errores de cierta crítica de izquierda

Los âsectores revolucionariosâ?, es decir, los que creemos estar dentro de la lucha política y social buscando las coherencias necesarias entre teoría y praxis, estamos sumidos por tanto a un inmenso reto de comprensión y diseño de acción que pueda ser congruente con la compleja realidad que vivimos y la responsabilidad histórica que tenemos. Evidentemente que no ha sido fácil y aún hoy por hoy sería muy difícil identificar a un polo dentro de esa izquierda revolucionaria que haya podido despejar por completo sus dudas y vacíos. Sin embargo, desde nuestra perspectiva hay errores evidentes que siguen reproduciéndose quizás por la propia necesidad de refugiarse en un campo de certeza que le permita a tal o cual organización, grupo o tendencia, blindarse del propio caos de la realidad y de la crisis âsin salida ciertaâ? del orden de dominación en nuestro país.

Por un lado hay una izquierda que radicaliza su discurso a partir de la valoración del âcarácter de claseâ? de este gobierno (burgués, pequeño burgués), y de los visos âpopulistasâ?, âreformistasâ?, ânacionalistasâ? que corren en su seno por razones de clase, siendo por tanto un gobierno condenado, más allá de cualquier discurso, a defender los intereses del capital nacional e imperialista (nos referimos a la mayoría de las corrientes trotskistas, hoy muy activas en algunos sectores obreros). Esto puede ser totalmente cierto si nos atenemos a un parámetro de comprensión totalmente formal y sociológico donde se contraponga en nuestra imaginación política este gobierno (de pequeños burgueses, campesinos o marginales de origen) a un eventual gobierno dominado por delegados de los trabajadores y de las clases explotadas en general, organizados e identificados como tal. Una pregunta un poco estúpida quizás: ¿Después de Comuna de París y el primer gobierno soviético (el espacio efectivo de gobernabilidad democrática de los soviets) -1917-1919- ha habido un solo gobierno en la historia que cumpla con ese parámetro y haya perdurado más de dos meses en âel poderâ??. Si lo hubo manden la información, en todo caso preferimos en este caso admitir que este parámetro de compresión y acción la historia le ha demostrado que adolece de inmensas carencias e impotencia política. ¿No será más bien que alguna razón tenemos que darle a los buenos anarquistas, los autonomistas, los consejistas, los libertarios, los camaradas de Durriti, los zapatistas, respecto a la inviabilidad de la liberación del trabajo utilizando como herramienta el partido de vanguardia y la forma estado?, ¿es que en esa âforma-estadoâ? (cual sea su asignación ideológica) no está condensada en sí misma todas las reglas, la cultura, las formalidades, las relaciones, que hacen viable históricamente el dominio capitalista?.

El problema de la caracterización ortodoxamente clasista centrada en la tradición leninista tiende a ser su inmenso desprecio tanto de la situación social (su diversidad, las relaciones que allí se desarrollan, el entrelazamiento entre estos sujetos sociales) sobre la cual se soporta el orden de dominación, como de los acontecimientos que se han sucedido y que han permitido generar nuevos valores políticos, nuevos modos de resistencia, nuevos espacios de interacción entre las clases explotadas, nuevos planteamientos programáticos, fuera de los cuales no hay revolución posible que no sea desde las cabezas y la mistificación de las vanguardias. No queremos decir con esto que debemos despreciar el papel de la clase obrera tradicional, el acto cardinal de la toma y control de los medios de producción y el avance en formas muy concretas de constitución de poderes donde el papel de este sector es clave. El problema es sacarnos de la cabeza el prurito sociológico de la âclaseâ? y ver en todas estas dinámicas obreras una expresión más tanto de la totalidad de la lucha de clases como de la experiencia de rebeldía y constitución de nuevos órdenes de sociedad que emergen de la insurgencia conjunta de los explotados. No es más importante por sí misma una toma de inmuebles, una toma de tierra o una toma de fábrica, lo importante es como se multiplican estos fenómenos de expropiación al capital, su masificación, su creatividad política y capacidad de defensa ante el ataque del estado capitalista.

Otra crítica de izquierda muy difundida es la que llamaríamos radical-nacionalista. Su centro crítico ya no se centra en la ascendencia de clase del gobierno sino en el problema de soberanía, más concretamente, en el problema de la ambigüedad demostrada por el gobierno ante su posición âantiimperialistaâ?. Se critica que por un lado el gobierno enfrente declarativamente el dominio imperial norteamericano y por otro se establezca una alianza privatizadora con el capital transnacional petrolero (extendido ahora hacia la esfera de la explotación del gas) a través de las âempresas mixtasâ?. Se rechaza por igual el abandono de la âorimulsiónâ? (energético creado en Venezuela hecho de una combinación entre agua y bitumen o petróleo extrapesado) como alternativa energética. A ello se anexan todo un conjunto de denuncias que cubren el problema del âmodelo productivoâ? en su conjunto; se critica que es una simple reproducción del capitalismo desarrollista, dependiente y depredador, los planes de minería, el plan carbonífero, el gasoducto del sur (red única gasífera de Venezuela hasta Argentina), la anexión de Venezuela al IIRSA (otra cara del ALCA desde el ángulo de las inversiones continentales en infraestructura), el pago de la deuda externa etc. Se dice, desde las versiones más extremas de este ânacionalismo radicalâ? que en definitiva Chávez no es más que un âmonigoteâ? del neoliberalismo vestido de socialista.

Nuevamente pasa lo mismo, estamos totalmente de acuerdo respecto a la âdualidadâ? estratégica que atraviesa al gobierno y sus políticas económicas (apertura a nuevas relaciones de producción-alianza con el capital transnacional). Lo de las empresas mixtas es sin duda una concesión bestial al capital petrolero inaceptable. Por otro lado, planes como los del desarrollo carbonífero en el Zulia, la penetración transnacional en los territorios dedicados a la minería (oro, diamante, fundamentalmente), los modelos de desarrollo que se plantean, la misma visión de integración continental, el papel privilegiado concedido al capital financiero, nos deja bien claro que al menos âtransición hacia el socialismoâ? es todavía muy dudosa y contradictoria. Ahora bien: ¿esto quiere decir que Hugo Chávez y su gobierno no son más que una pieza clave del imperialismo? Nuevamente se impone un pensamiento formal, vacío de hechos, completamente abstracto e impotente políticamente como en efecto lo han demostrado muchas de estas tendencias del ultranacionalismo. Lo que pasa es que en ellas aunque en algunos se habla de âenfrentamiento civilizatorioâ? (Douglas Bravo), de enfrentamiento al capitalismo de estado incluso, y esto se les agradece a los compañeros por su nítida posición ideológica y de izquierda, sin embargo no superan nunca la denuncia y la ideología.

Efectivamente desde estas posiciones no hay alternativa que no sea mistificando o el poder político o una suerte de comunidad originaria y virgen más allá de la historia que se reivindica como salvadora de la humanidad. Nunca hay âpueblo, movimiento, acción transformadora, colectivo real y actualâ?. Sus discursos dejan subyacente que en realidad todo tiende a resolverse desde el conspirativismo cerrado y de cúpulas, o en todo caso de un programa donde eventualmente se imponga de nuevo el Leviatán de estado. Un estado dueño de todo y enemigo de cualquier imperialismo. ¿Qué otra salida puede haber más allá de cualquier mistificación?. Lo más radical regresa objetivamente a los viejos programas de gran parte de la izquierda latinoamericana de los años treinta y cuarenta, de donde nacieron partidos como el APRA (Perú) y Acción Democrática (Venezuela), y ya se sabe donde terminaron. Si el problema es Chávez y su gobierno, eso quiere decir que el verdadero gobierno revolucionario, como divinidad venida del olimpo, y a punta de decretos y órdenes haría realidad desde su fuerza divina un estado nacional de soberanía absoluta inmerso en una nueva racionalidad civilizatoria. En el fondo es una de las locuras âahora reelaboradas- en que quedó atrapada la vieja izquierda radical (al menos sus elites más consecuentes) hija tanto del marxismo soviético, de los programas de liberación nacional, como del voluntarismo propio de las tierras nuestramericanas.

La buena crítica

Obviamente existen otros campos âde izquierdaâ? que exponen su punto de vista crítico, todos âantichavistasâ? (la nueva izquierda liberal ââantiborbónicaâ? como dice Petkoff- anexada al campo de la oposición de derecha). El problema es entonces el âtirano-déspotaâ?, el âpopulistaâ? y âantidemocráticoâ? de Hugo Chávez, su âprecámbricaâ? o âcastristaâ? ideología política. O ciertos núcleos anarquistas (ejemplo: periódico âEl Libertarioâ?, muy de salón desgraciadamente, donde más o menos el problema es el mismo: Chávez el militarista, Chávez el autoritario, etc). De verdad, con todo el respeto, pero no es nuestro interés entrar en un debate con estas tendencias porque o somos enemigos políticamente o simplemente porque no aportan nada.

Lo que si nos interesa, y es allí donde nos quedamos más pegados y atentos a su evolución, es a otra crítica muy de izquierda también pero que es quizás la más ingenua. Y decimos âingenuaâ? desde la posición de aquel que ha tenido la suerte de hacerse de un arsenal teórico-político mínimo que le permite evidenciar esta debilidad. Pero esto es un privilegio intelectual personal irrelevante en los hechos. Desde ese privilegio nos damos el derecho de llamarla quizás de manera impropia: la crítica âpopular-moralistaâ?. Como postura política y como crítica es muy sencilla. Se dice que Chávez es un hombre honesto, un verdadero revolucionario, un hombre del pueblo comprometido con sus ideales, pero rodeado de una cuerda de traidores, de gente falsa, de corruptos que se aprovechan de su liderazgo, organizados principalmente en los partidos oficialistas (básicamente MVR, Podemos y PPT) que a su vez los utilizan como instrumentos principales de apropiación de los puestos de gobierno y de los mandos en general tanto del estado como una buena parte del espacio popular organizado. Se dice entonces que el problema fundamental de la revolución bolivariana es la corrupción y el burocratismo, reiterando su apoyo total al presidente, pero alejándose cada vez más de las nuevas elites que monopolizan la representatividad política del proceso revolucionario.

Lo más importante de esta crítica no es su acertividad de análisis o profundidad teórica (debilidad evidente: la idealización de Chávez, la personalización del poder), lo más importante es que se trata de la única crítica que ha tomado un rango masivo, se ha hecho âpopularâ? en todo el sentido de la palabra, y que poco a poco se va exigiendo a ella misma dar saltos cualitativos que la obligan a pasar del comentario al hecho político y la construcción de estrategias de acción colectiva que le permitan destruir el enemigo odiado de la corrupción y el burocratismo. Es la crítica posible y necesaria desde la fase actual de la lucha de clases para hablar en decente lenguaje marxista. Esto es lo que llamamos desde el Proyecto Nuestra América, la construcción de una ârazón de todosâ?. No es la ârazónâ? iluminada de la autoconciencia hegeliana, es simplemente un campo concreto del raciocinio colectivo donde se expresa el proceso revolucionario en su matriz social más productiva y transformadora. De hecho ya salen a partir de ella bellísimos procesos de movilización, de irreverencia social, de radicalización del espíritu libertario e igualitario, de autoorganización, que es en definitiva el nudo esencial que en el campo ideológico ha construido la revolución bolivariana. Y a la vez el espacio donde se refugian todas nuestras esperanzas ya no como vanguardias arrogantes sino como luchadores revolucionarios que en su condición material y afectiva somos idénticos a ese pueblo.

Qué decir y qué hacer entonces desde la izquierda

Más allá de las interpretaciones dentro de las esferas de vanguardia o en el espacio popular, en nuestro juicio importante en estos momentos percibir lo que es el desarrollo de un movimiento social que aunque muchas veces fue estimulado a crearse desde las esferas burocráticas de las direcciones de gobierno (Comités de Tierra, Consejos Comunales, Comités de salud, de energía, de agua), sin embargo comienza a tomar distancia de estas formas de dirección y establecer sus propias políticas y estrategias, desarrollando una actitud crítica ante el estado en su conjunto que se radicaliza todos los días más. Junto a los movimientos sociales autónomos más importantes (campesinos, empresas recuperadas, populares, estudiantiles, indígenas) esta base organizada del movimiento popular es la matriz de clase imprescindible para la profundización de la revolución. Si ella no encuentra un teatro común de acción política y construcción societal, lo más probable es que la revolución bolivariana comience en los próximos años un declive de tal magnitud que desaparezca como fenómeno real de ejercicio de justicia, libertad y construcción de soberanía, independientemente de Chávez.

Hoy en día nos encontramos en un momento de âmáxima confusiónâ? ya que por un lado la ofensiva imperialista sobre Venezuela, la evolución del âPlan Balboaâ? junto al âPlan Colombiaâ?, en tanto diseños militares de ataque a Venezuela, y la presión de la campaña electoral (la campaña por los diez millones de votos), ayudan a cohesionar las bases populares sobre la figura de Chávez y la posición de gobierno. Pero al mismo tiempo la descomposición institucional que se vive, siendo cada vez más patente dentro de los gobiernos municipales y estatales (alcaldías, gobernaciones, en una inmensa mayoría en manos del âbloque del cambioâ?) produce una impotencia colectiva que raya o en la desesperación o muchas veces en la desesperanza. Por otro lado, los mismos mandos institucionales se inquietan, generando por su lado una tendencia cada vez más agresiva de control tanto de los procesos sociales de organización, de autogobierno, como de experiencias productivas y obreras tanto en la esfera cooperativa como dentro de las empresas recuperadas. Una situación de âmáxima confusiónâ? ante la cual las dirigencias de base tienden a repetir el mismo esquema aprendido desde hace al menos 4 años: callar, esperar, seguir organizando, no confundir el enemigo, pero esto también ya empieza a hacerse corto. Se necesita dar un paso adelante conjunto. Hasta ahora los intentos han sido interesantes pero no suficientes (la movilización emprendida por sectores de los movimientos indígena, minero, campesino, obrero, sobretodo). Además tenemos el problema que el estado como âmáquina de captaciónâ? y ordenamiento del conjunto rebelde. El aparato de estado al ver el surgimiento de estos fenómenos si no puede reprimirlos como es el caso a los mineros, los neutraliza convirtiéndolos en centros de administración de fondos que el estado les da para su desarrollo. Dicha âcaptaciónâ? resta en ellos toda beligerancia generado una tendencia a la âdespolitizaciónâ? de su accionar, incrementando la unidad corporativa ây no de clase- de sus bases (caso de una buena parte de los espacios de comunicación alternativa).

Esta situación nos obliga a dar un salto cualitativo conjunto que nos coloque al límite de una nueva situación donde la relación entre gobierno y movimiento popular âno administradoâ? cambie de manera radical. Hoy en día han surgido por toda la geografía nacional núcleos críticos y de lucha que prácticamente inundan todo el conjunto del espacio organizado de base. Son luchas dispersas que defienden la revolución bolivariana, pero al mismo tiempo constituyen un fiel testimonio del agotamiento del esquema institucional de estado como palanca central del proceso transformador. Hemos propuesto avanzar en una campaña que cabalgue sobre las venideras elecciones presidenciales (diciembre 2006) generando dentro de ella una dinámica alternativa centrada en la síntesis de todo estos programas mediante el diálogo, la movilización, el encuentro de muchos, levantando las banderas del antiburocratismo, la lucha contra la corrupción, el capitalismo y la agresión imperialista. âDiez millones de voluntades para profundizar la revoluciónâ?, proponemos como una de sus consignas.

Esta campaña la hemos denominado âPor todas nuestras luchasâ?. Una âotraâ? campaña dentro del territorio venezolano donde respiren las luchas reales, se encuentren las palabras, se organicen núcleos de base, nos acompañemos en la movilización necesaria, y podamos poner las bases de un âprograma autónomo de transiciónâ? común a todas las comunidades de lucha. La idea no es agotar esta campaña con el acto electoral. Lo ideal sería trascenderlo pudiendo para el próximo 27 de Febrero (fecha del levantamiento popular del 89) tener entre manos las bases de un programa y un plan común que permita la profundización efectiva del proceso revolucionario. Se habla incluso de construir una tarjeta electoral común a todos los movimientos que se sumen a la campaña como marco de contrapeso frente a los partidos oficialistas. Una decisión importante pero que siempre estará en un segundo plano frente a los objetivos prioritarios de la movilización, el encuentro, el oírnos, el hacer juntos, el construir un programa âde los pobresâ?, con el fin de iniciar a partir del año que viene una nueva etapa del proceso revolucionario caracterizada por la autonomía y la radicalización unitaria de las luchas populares. Esta campaña debe comenzar en uno o dos meses, desde el momento en que logremos en una conferencia conjunta conformar el âcomando por todas nuestras luchasâ?. Nuestra creatividad y voluntad política va a ser determinante para su desarrollo, esperando poder encontrarnos desde un terreno totalmente distinto donde la igualdad y la dignificación del otro sea lo prioritario y no la instrumentación política del colectivo.
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El nuevo Estado en Venezuela y los movimientos populares

Raúl Zelik
Entrevista realizada en 2003.

Roland Denis militaba en los años 80 en la corriente de izquierda Desobediencia Popular. Siempre ha estado vinculado a los movimientos populares y es autor de un libro sobre el caracazo, La rebelión de masas, en 1989. De 2002 a 2003 fue viceministro de Planificación y Desarrollo. Acaba de publicar Rebelión en proceso. Forma parte de la organización Proyecto Nuestra América - Movimiento 13 de Abril.

Raúl Zelik: Tu jefe Felipe Pérez y tú han salido hace poco del Ministerio. Ustedes promovieron una política que trataba al desarrollo como un problema de proceso social y organizativo. En este sentido, fortalecieron el poder local y la autogestión. Los cambios de ministros no son raros en la administración de Chávez. Pocos ministros se han mantenido más de 10 meses. Sin embargo, en el caso de ustedes uno se pregunta si su salida significa un cambio de dirección del gobierno.

Roland Denis: Mas que un cambio de dirección diría que vemos la ausencia de una dirección. Hay unos principios generales de la revolución bolivariana: democracia participativa, lucha por un mundo multipolar, resistencia contra los imperios económicos, construcción de una economía solidaria y alternativa. Felipe Pérez y yo intentamos interpretar estos principios de una manera radical. âRadicalâ? no en el sentido de âextremistaâ?, sino de consecuente, de âir a las raícesâ?. Tratamos de profundizar el control social, es decir de darles a las comunidades este poder que se necesita para desarrollar nuevas relaciones con el Estado. Relaciones de co-gobierno y co-gestión.
Esta práctica provocó la resistencia de las instituciones existentes, del âviejo Estadoâ que sigue existiendo en Venezuela a pesar de los cambios. No hay una visión concreta del gobierno Chávez como se podrían eliminar los intereses burocráticos y económicos vigentes para transformar profundamente al Estado. Por ello, nuestra política provocó fuertes conflictos.

R.Z.: Se comenta que ustedes pidieron también que Chávez asumiera medidas mas consecuentes contra la corrupción.

R.D.: No sólo contra la corrupción. Respecto al Banco Mundial, al FMI, al poder bancario en general, al problema fiscal⦠En todos los aspectos, donde pasamos del discurso general a la política concreta, hubo choques dentro del aparato del Estado. Ãsto por lo menos es mi impresión.

R.Z.: ¿Cómo hay que imaginarse los conflictos en el Estado venezolano? ¿Es así como dice la oposición que Chávez saca y pone âa dedoâ?, hay conflictos políticos entra la izquierda y la derecha dentro de los partidos gubernamentales o simplemente son equipos que pelean por puestos?

R.D.: La esencia de los Estados, no sólo del Estado venezolano sino de todos los Estados, es que son arenas de lucha por la hegemonía. Los poderes fácticos tratan permanentemente de hacer valer sus intereses. En este sentido, no se trata de una lucha entre izquierda y derecha. El Estado venezolano está atascado desde el intento de golpe el 11 de abril de 2002. Mientras que el movimiento revolucionario dio un salto impresionante en aquellos días -no olvidemos que fueron los movimientos populares que vencieron a la dictadura de 24 horas de Pedro Carmona-, el Estado asumió una posición mas conservadora. Chávez buscó, lo que para mí era uno de sus errores más grandes, el diálogo con la oposición golpista y les cedió en varios puntos. Durante el golpe petrolero en diciembre del 2002, el gobierno tuvo que radicalizarse nuevamente. Pero no en base de una decisión propia, sino como consecuencia de la presión de afuera, porque también este intento de golpe fue vencido por las organizaciones de base.
Esto es lo que llamo el âatasco del Estadoâ?. No hay una política concreta frente a problemas como la agricultura, las relaciones internacionales, el desarrollo, la industrialización. Se manejan discursos generales; ahora por ejemplo todos hablan del desarrollo endógeno y reivindican la economía solidaria. Pero cuando se trata de convertir esta política en práctica, hay mucho temor, ya que se sabe que una política económica alternativa transformaría profundamente a la sociedad.

R.Z.: ¿No es comprensible esta actitud? La pregunta que muchos se hacen, es ¿por qué hay contrarrevolución si no ha habido revolución? La presión es fuerte. EE UU y España han apoyado abiertamente al golpe en 2002. ¿Qué pasaría si se profundizara la transformación?

R.D.: La intervención ya es un hecho. En el marco internacional más que todo se lucha por políticas generales. EE UU nos quieren imponer el ALCA sea como sea, lo que perpetuaría las relaciones de poder existentes entre América del Norte y los países latinoamericanos. Si Venezuela rechaza esta propuesta, desde el punto de vista de Washington ya se convierte en enemigo de EE UU.

Por esto, no creo que la actitud ambigua del gobierno Chávez tenga que ver con temores por la intervención. Más bien es consecuencia de una falta de claridad, de debates y de confianza en el pueblo; una falta de confianza en la capacidad de autogobierno del pueblo. Los pobladores de barrio apoyaron incondicionalmente al gobierno durante los golpes, arriesgaron sus vidas. Pero el Estado va muy poco a los barrios. Hay una concepción demasiado cerrada, casi cuartelaria del poder.

R.Z.: ¿Este fenómeno, a qué se debe? ¿A las viejas burocracias que todavía ocupan al 98% del aparato estatal, a los conceptos de la vieja izquierda que está en el gobierno, o a la influencia de los militares?

R.D.: Allí se mezclan las cosas. Está la cultura del Estado venezolano y su sistema de partidos, están los militares, está la vieja izquierda con sus conceptos leninistas de poder estatal, vanguardia y control vertical. Nuestra constitución habla de la democracia participativa, una democracia en la cual las comunidades tienen el papel protagónico. Y si para mí algo ha quedado claro en este año de viceministro, es la experiencia que sí son posibles el autogobierno, el nuevo Estado, otras relaciones entre gobierno y comunidades. Ha habido discusiones horizontales impresionantes sobre la utilización del presupuesto y el desarrollo de proyectos concretos. El problema sólo era que en el aparato estatal hubo gran miedo de estos cambios. Miedo o desinterés.

R.Z.: Para extranjeros, el panorama político en Venezuela es bastante confuso. En Colombia hay puntos de referencia históricos: las organizaciones políticas e insurgentes tienen, de una u otra manera, una influencia sobre los movimientos sociales. En Venezuela, mientras tanto, no parece haber estructuras orgánicas de la izquierda.

R.D.: En este sentido, uno no puede comparar Venezuela con Colombia. Aquí desaparecieron todas las organizaciones políticas tradicionales, tanto de la izquierda como de la derecha. Los grupos guerrilleros de los años 60 y 70 fueron vencidos. Por el otro lado, también los partidos de referencia de la derecha, la Acción Democrática (miembro de la Internacional Socialista) y COPEI (miembro de la Internacional demócratacristiana), se desmoronaron.

En los otros países latinoamericanos, el Estado es un instrumento de la burguesía para garantizar la acumulación de capital. A diferencia de esto, el Estado venezolano se convirtió en el sitio de la acumulación capitalista privada. La única fuente de riquezas en este país es la renta de petróleo. Todas las estructuras que se movían dentro de este Estado, sindicatos, partidos políticos de la derecha, la izquierda reformista, se hundieron. Se convirtieron en una parte del mecanismo de acumulación.

Por esto, empezamos a discutir en los años 70 sobre nuevos caminos de transformación. Abandonamos los conceptos de las vanguardias armadas. La única salida viable pareció ser una insurrección masiva que tenía que ser apoyada por estas partes del sistema que podían cambiar sustancialmente la correlación de fuerzas. Esto fueron los militares. Conformamos así una alianza con actores dentro del Estado que quisieron destruir al Estado. Este concepto finalmente se materializó con la rebelión popular del caracazo en febrero de 1989 y las dos insurrecciones militares en febrero y noviembre del 1992. Las subjetividades que surgieron en esta fase no tienen nada en común con los actores políticos que uno conoce en las sociedades formadas occidentales: no son partidos, organizaciones o sindicatos. Tienes que ir muy a la base, a las comunidades o los pueblos, para encontrar los nuevos actores. Nosotros llamamos esta dinámica el Proceso Popular Constituyente. Es decir, no enfocamos hacia la construcción de organizaciones, sino hacia la conformación de un nuevo Estado. Por ello, no puedes describir el proceso venezolano con las categorías políticas tradicionales que parten de minorías organizadas de izquierda y de derecha que luchan por el poder.

R.Z.: ¿Los partidos del Polo Patriótico, es decir el Movimiento Quinta República (chavista), Patria Para Todos (comparable quizás con un PT brasileño pequeño) y Podemos (socialdemócrata), entonces no juegan un papel mayor?

R.D.: Como aparatos de movilización quizás. Pero exactamente esta falta de una línea política es parte del dilema. Estos grupos no presentan proyectos políticos claros. Chávez sí ha intentado asumir las reivindicaciones de los movimientos populares y a la vez tener en cuenta las condiciones reales en el Estado. En este sentido, hay que aplaudirle ya que hubiera podido jugar otra carta y alejarse de las bases.

Pero por el otro lado también hay que señalar que el Estado venezolano sigue siendo el viejo Estado. Es un espacio de acumulación privada donde los partidos políticos no luchan por la hegemonía ideológica, sino por puestos. Los partidos del Polo Patriótico siguen siendo parte de este juego, lo que evidentemente está en contradicción con los principios del proceso revolucionario. Muchas veces se malinterpreta la realidad venezolana. Aquí hay tres mundos: hay un proceso revolucionario que no está representado principalmente por el gobierno sino por los movimientos populares. Está el gobierno que muchas veces no asume posiciones definidas. Y finalmente está la oposición de la oligarquía y las clases medias controladas ideológicamente por ésta.

R.Z.: ¿Qué quiere decir? ¿Hay un proceso de transformación o no?

R.D.: Sí, claro. Hay un proceso de organización desde abajo que es inédito en el mundo. Se están construyendo bases para una economía alternativa y de cooperativas. En muchos espacios, se está conformando una democracia participativa y protagónica. Todo esto no lo ha habido en otras revoluciones o proyectos de reformas. ¿Por qué es diferente nuestra realidad? Por que se trata de un proceso constituyente. El gobierno no es la vanguardia del proyecto y por eso el proceso va más allá del gobierno de Chávez.

R.Z.: ¿Qué habría que hacer para radicalizar al proceso? ¿Qué pasos tendría que asumir el gobierno? ¿O son sólo los movimientos que pueden profundizar al proceso?

R.D.: No le exijo mucho al Estado. En principio sólo dos cosas: primero que garantice la eficencia de su gestión y asuma medidas contra la corrupción y segundo que siga funcionando como un muro de contención contra las fuerzas fascistas. El resto lo podemos hacer nosotros mismos. Al final, no se puede construir una sociedad nueva a través de decretos. El papel de un gobierno es de posibilitar el protagonismo de las masas sin imponerle una dirección.

Hemos defendido al gobierno y a la persona Chávez y seguiremos defendiéndolos porque son un muro de contención. Pero esto no quiere decir que estemos completamente identificados con ellos. El gobierno no sólo frenó a la derecha sino en muchas ocasiones también a los movimientos populares y al proceso social. Para mí âla revolución dentro de la revoluciónâ? se daría si el Estado empezara a gobernar con las masas. No entregando ministerios, sino cambiando los mecanismos de decisión. Hasta que el gobierno haya aprendido esto, sin embargo, habrá todavía muchos conflictos y muchos choques.

R.Z.: ¿Qué habría que socializar primero? ¿El acceso a los medios?

R.D.: El acceso a los medios, a la tierra, a la producción, los créditos, la tecnología y la planificación. La política de desarrollo tendría que definirse en base de aquello que discuten las redes de autogestión. Habría que descentralizar la entrega de recursos. Para todo aquello hay propuestas concretas. Hay planes que han sido desarrollados independientemente por las comunidades, incluso contra la resistencia de partes del Estado, programas agrarios como âTodas las manos por la siembraâ? por ejemplo. Estos proyectos arrancaron por que los movimientos sociales lucharon por ellos.

R.Z.: La corriente de la cual provienes, Desobediencia Popular, discutía mucho con la organización política colombiana A Luchar durante la década de los 80. Hubo un debate intenso sobre nuevas relaciónes entre población y organizaciones y se planteó el concepto del Poder Popular. ¿Dirías que Venezuela es la prueba que las vanguardias políticas son innecesarias, que pueden ser remplazadas por redes?

R.D.: Sí creo que las vanguardias colectivas son necesarias. Vanguardias sociales que no se definen en base de una posición de poder. Siempre hay vanguardias porque siempre alguien es el primero. Pero el hecho que tu hagas un paso primero, no significa que todos luego te seguirán. Tú eres vanguardia siempre cuando otros tengan tus acciones y pasos como un punto de referencia. Pero no porque dirijas, sino por que otros te consideran una referencia. Si un grupo establece una asamblea de barrio en una vecindad y si este modelo es copiado en otras vecindades, el grupo se convierte en vanguardia. El ejemplo se multiplica porque funciona y por que le ayuda al barrio a articularse. Pero aquí se trata de iniciativa y no de control.

R.Z.: Estructuras asamblearias no pueden remplazar completamente a la organización política. En Venezuela no existen tales organizaciones. Hay grupos pero no hay proyectos nacionales.

R.D.: Es verdad. Pero hay un elemento que logra cohesionar a estos movimientos dispersos y difusos: la persona de Chávez. Ãl no representa la vanguardia, sino el carácter de masas de estos movimientos. Nosotros, es decir varias corrientes, empezamos a decir a principios de los 90 que no se trata de construir organizaciones políticas, sino campos de hegemonía. Campos en los que ciertos conceptos se hacen hegemónicos. Con esta propuesta muchos han trabajado, sin estructura orgánica, pero sí con criterios comunes, en diferentes áreas: en los movimientos campesinos y obreros, en las redes pedagógicas y socioculturales, en la construcción de una economía solidaria. En Venezuela, se han configurado campos enteros que reflejan estas posiciones hegemónicas: los medios alternativos por ejemplo. No son centralizados pero sí se extienden. Claro que hay aspectos que deberíamos centralizar, que mejor podríamos administrar centralmente. Ahí nos falta a veces madurez.

Pero sin embargo, el campo hegemónico sigue creciendo con mucha dinámica. O las redes pedagógicas. El problema no sólo consiste en las ideas buenas. En Colombia, hubo muchísimas publicaciones importantes sobre el trabajo popular, de barrio y de conciencia. En cuanto a la concepción de Poder Popular le debemos mucho al aporte de los colombianos(as). Pero en Venezuela se logró masificar estos conceptos. Se han convertido en una parte de la práctica política y Hugo Chávez en su locutor. Creo que Chávez no sabe demasiado sobre los conceptos de pedagogía popular. Pero los movimientos populares han propuesto estos conceptos y ya que Chávez sabe que tiene que convivir con esta nueva hegemonía, con este sueño de un mundo diferente, la difunde.

Para mí, todo esto es un gran triunfo civilizador y cultural. En Venezuela, se ha demostrado que un proceso social puede arrancar sin vanguardias orgánicas, e incluso a veces puede arrancar mucho mejor sin estas vanguardias. Se ha vista que redes y movimientos en condiciones concretas pueden remplazar a los partidos y organizaciones clásicos.

R.Z.: Me parece que otro aspecto es muy importante. En algunas partes aquí se ha logrado reconciliar movimientos de base inspirados por el anarquismo con una concepción diferente del Estado. Así se está diseñando una respuesta al conflicto histórico entre el poder local y la sociedad en su conjunto. Hay proyectos en Venezuela que muestran que sí es posible superar la contradicción entre autogobierno y Estado. Por el otro lado, me pregunto cómo se podría generalizar esta experiencia. En fin, el 98 por ciento del aparato estatal consiste en viejas élites, el 1,9% es gente que quisiera convertirse en éstas.

R.D.: El proceso popular constituyente tiene que seguir. Con este Estado no vamos a lograr nada. No se trata simplemente de remplazar algunos funcionarios. A este Estado hay que destruir y reconstruirlo. Y esta reconstrucción tiene que partir de nuevas bases y generar nuevas formas de centralización de poder mas locales y participativos. Nadie puede decir si realmente vamos a lograrlo. En nuestros análisis, un poco fantásticos, hablamos de un proceso que durará 20, 30 años. Y claro que podemos ser derrotados y eliminados en este camino. La pregunta decisiva es si lograremos a cambiar las correlaciones de poder. De hecho, podemos observar procesos en esta dirección.

En las fuerzas armadas, por ejemplo, se están conformando nuevas actitudes y prácticas que no tienen nada que ver con fuerzas armadas tradicionales. Lo que sí es seguro es que no vamos a hacerlo solos. Si esta lucha no se continentaliza, podemos irnos a casa. La revolución bolivariana es totalmente diferente del proceso cubano. Aquí no se trata de un socialismo de Estado que se puede encerrar en si mismo. Nuestro proyecto se filtra por todas partes. Sólo puede sobrevivir si no se aísla. Si emitimos luz para otras partes y recibimos luz de estos otros lados.

R.Z.: En Alemania muchos términos que ustedes utilizan, no se entienden bien: âsoberanía nacionalâ, âconducciónâ, âalianza cívico-militarâ. No podemos discutirlos todos. Pero sobre un punto quisiera preguntar más: sobre la Constitución. Yo diría que una constitución siempre es papel muerto, una mezcla entre garantía de propiedad privada y promesa incumplida de libertad. Para ustedes la Constitución es el centro del proyecto revolucionario ¿Por qué?

R.D.: Aquí no hubo una organización revolucionaria que asumiera el papel de conducción. Aquí sólo hubo movimientos insurreccionales, primero de masas, luego de militares. Estos movimientos fueron heterogéneos, dispersos, fragmentados. Lo que los unió fue el proyecto de desarrollar un fundamento común, es decir la Constitución. Nadie hubiera sido capaz de centralizar este movimiento alrededor de un programa, ni siquiera Chávez. Su conducción es indiscutible pero sus ideas no eran suficientes para cohesionar al movimiento. La Constitución llenó este vacío. Es un programa político y un marco para el proceso futuro a la vez. Por esto, la Constitución no es un texto muerto. En ella se reflejan muchos valores y principios.

Y es una constitución profundamente libertaria y igualitaria. Quizá no lo suficiente. Quizá tendremos que reformarla, quizá no será necesaria en algún momento. Pero en este momento juega el papel de un libro rojo. Refleja las reivindicaciones y los objetivos de los movimientos populares.

R.Z.: ¿Pero en qué consiste su importancia concreta? ¿Realmente define el contenido progresista de nuevas leyes o es al revés: el movimiento político que reivindica a la Constitución como símbolo o programa, decide sobre el carácter de las nuevas leyes?

R.D.: Las dos cosas. Claro, la Constitución también puede ser útil para la derecha en un momento concreto. Pero para mí, sobre todo, es didáctica. Piensa en los millones de personas que nunca antes habían discutido políticamente y que ahora leen la Constitución. No son la mayoría de la población pero si son una minoría grande. Y esta gente estudia con la Constitución también una forma de pensamiento político por que es una Constitución muy influenciada por las ideas de igualdad y justicia social. Además, la Constitución es un instrumento de lucha. El Estado burgués gira, por definición, alrededor de su Constitución. Así, ésta se convierte en un marco en el que podemos actuar.

Claro que podríamos discutir abstractamente sobre la genealogía de las constituciones burguesas. Pero en esta situación concreta juega un papel muy, muy grande. Como momento concientizador, como programa, como marco para actuar. Sin Constitución no hubiéramos hecho nada. Chávez no es el centro de este proceso. Es el comunicador. El centro consiste en las ideas y ésto es en nuestro caso, la Constitución.

R.Z.: Entonces ¿qué es más importante: la Constitución como libro o el proceso como se desarrolló?

R.D.: El libro da continuidad al proceso. Todos los reglamentos sobre la socialización de la política de planificación y del control social de los presupuestos públicos están ya definidas en la Constitución. Lo mismo podemos decir sobre la economía solidaria y alternativa, la política endógena de desarrollo y el rechazo al neoliberalismo.

R.Z.: ¿Cómo seguirá el proceso en Venezuela? ¿Habrá nuevos golpes? ¿Se extenderán los paramilitares que ya están actuando en las regiones fronterizas con Colombia?

R.D.: Lo más probable es que el conflicto se agudizará. Si las fuerzas imperiales sufren una derrota decisiva en su reconformación mundial pronto, para lo cual lamentablemente no hay muchos indicios, la revolución bolivariano en Venezuela podrá sobrevivir un tiempo. Pero en este sentido soy muy pesimista. El nuevo poder del Imperio no es eterno, pero por lo menos los próximos diez años serán terribles.

Si el proceso bolivariano entonces no desmorona por su propia degradación y si se mantiene la relación difícil, pero productiva entre gobierno y movimientos populares, se dará un choque fuerte. Con la excepción de Cuba y algunos otros países, Venezuela es la gran anomalía en el mundo de hoy. Una anomalía que quieren borrar del mapa. O para expresarlo en las palabras de la oposición: âhay que exterminar la enfermedad chavistaâ?. Para ellos, esto no significa exterminar unas ideas o derrotar un proyecto en las urnas, sino eliminar físicamente a sus protagonistas.

Desafortunadamente, los medios de comunicación han creado una subjetividad política en las clases medias que no sólo saludaría a la eliminación del movimiento chavista, sino que también participaría activamente en ella. Esta campaña ya empezó. Grupos paramilitares asesinaron más de 70 líderes campesinos en los últimos tres años. Casi todos los asesinatos políticos de los cuatro años se han dirigido contra partidarios del gobierno. Paradójicamente, hasta la mayoría de los asesinatos contra la oposición fue cometida por la ultra derecha.

La pregunta es si podremos parar esta política de exterminio. En los últimos 18 meses el movimiento popular ha derrotado dos veces a la derecha y en las fuerzas armadas por lo menos hay un sector considerable que resistiría a una ofensiva ultraderechista.
Sindicat Terrassa