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Notícies :: amèrica llatina
La revolución desde la izquierda
05 mai 2006
Por: Roland Denis / Proyecto Nuestramérica- Movimiento 13 de Abril
Publicado el Viernes, 05/05/06 02:08pm

La revolución desde la izquierda
Por: Roland Denis / Proyecto Nuestramérica- Movimiento 13 de Abril
Publicado el Viernes, 05/05/06 02:08pm

El pecado original del chavismo

Ni el chavismo ni la ârevolución bolivarianaâ? son fenómenos políticos nacidos desde un lugar de izquierda, ese es su pecado original. Nacen en la rebelión de las calles, en las insurrecciones de los cuarteles y no desde la decisión racional de una vanguardia o bloque político de izquierda que empuja un proceso revolucionario hacia su victoria. Estamos hablando entonces de un fenómeno cargado de un barroquismo originario tremendamente complejo que se fue alimentando afortunadamente de los insumos más libertarios y radicales que en una época de nuestra historia empezaron a regarse por múltiples rincones de la sociedad y del movimiento popular, hasta llegar actualmente a enarbolar las banderas del anticapitalismo y el socialismo.

Pero también estamos hablando de una sociedad traumatizada por la miseria acumulada y los grados de corrupción sembrados en un modelo acumulativo basado en una âeconomía de extracciónâ?, es decir, una economía nacional dependiente de un estado que vive fundamentalmente de la renta petrolera y una estructura capitalista que se reproduce gracias al subsidio la tasa de ganancia por vía del acuerdo distributivo (muy poco legal y abierto por cierto, de allí es âestado de impunidadâ? permanente en que vivimos) entre clases dominantes y elites políticas al mando. Esta base estructural dentro de nuestra formación social, teniendo ya casi un siglo de existencia, ha ido creando no solo una sociedad tremendamente desigual (los que participan del botín petrolero y los que están excluidos de sus frutos) sino al mismo tiempo genera las bases de un movimiento popular y de resistencia que como cualquiera denuncia esta realidad y lucha por las revindicaciones populares más urgentes y muchas veces elementales (agua, luz, vivienda, tierra, trabajo, educación, salud, etc), llevando consigo la debilidad de ser un movimiento de los márgenes (de la âmarginalidadâ?), un movimiento que en su mayoría está excluido del debate central de la producción y la distribución de la riqueza creada.

Si hay entonces una âbase clasistaâ? en este movimiento esta se generó con la ayuda sin duda de ciertos núcleos combativos del movimiento obrero y marxista, pero sobretodo de un tipo de debate e influencia de corrientes históricas de lucha completamente heterodoxas y diversas (las resistencias culturales, el cristianismo liberador, el cimarronismo, la democracia de la calle reivindicada desde los barrios, movimientos sociales de todo tipo muchas veces inesperados, la lucha estudiantil, las sublevaciones populares espontáneas, los movimientos de liberación nacional, el bolivarianismo revolucionario, la lucha armada, el marxismo crítico latinoamericano, el indigenismo, etc). E allí el segundo pecado original del âmovimiento bolivarianoâ?, su insólita diversidad y heterodoxia, hoy representado en la figura de Hugo Chávez.

Los errores de cierta crítica de izquierda

Los âsectores revolucionariosâ?, es decir, los que creemos estar dentro de la lucha política y social buscando las coherencias necesarias entre teoría y praxis, estamos sumidos por tanto a un inmenso reto de comprensión y diseño de acción que pueda ser congruente con la compleja realidad que vivimos y la responsabilidad histórica que tenemos. Evidentemente que no ha sido fácil y aún hoy por hoy sería muy difícil identificar a un polo dentro de esa izquierda revolucionaria que haya podido despejar por completo sus dudas y vacíos. Sin embargo, desde nuestra perspectiva hay errores evidentes que siguen reproduciéndose quizás por la propia necesidad de refugiarse en un campo de certeza que le permita a tal o cual organización, grupo o tendencia, blindarse del propio caos de la realidad y de la crisis âsin salida ciertaâ? del orden de dominación en nuestro país.

Por un lado hay una izquierda que radicaliza su discurso a partir de la valoración del âcarácter de claseâ? de este gobierno (burgués, pequeño burgués), y de los visos âpopulistasâ?, âreformistasâ?, ânacionalistasâ? que corren en su seno por razones de clase, siendo por tanto un gobierno condenado, más allá de cualquier discurso, a defender los intereses del capital nacional e imperialista (nos referimos a la mayoría de las corrientes trotskistas, hoy muy activas en algunos sectores obreros). Esto puede ser totalmente cierto si nos atenemos a un parámetro de comprensión totalmente formal y sociológico donde se contraponga en nuestra imaginación política este gobierno (de pequeños burgueses, campesinos o marginales de origen) a un eventual gobierno dominado por delegados de los trabajadores y de las clases explotadas en general, organizados e identificados como tal. Una pregunta un poco estúpida quizás: ¿Después de Comuna de París y el primer gobierno soviético (el espacio efectivo de gobernabilidad democrática de los soviets) -1917-1919- ha habido un solo gobierno en la historia que cumpla con ese parámetro y haya perdurado más de dos meses en âel poderâ??. Si lo hubo manden la información, en todo caso preferimos en este caso admitir que este parámetro de compresión y acción la historia le ha demostrado que adolece de inmensas carencias e impotencia política. ¿No será más bien que alguna razón tenemos que darle a los buenos anarquistas, los autonomistas, los consejistas, los libertarios, los camaradas de Durriti, los zapatistas, respecto a la inviabilidad de la liberación del trabajo utilizando como herramienta el partido de vanguardia y la forma estado?, ¿es que en esa âforma-estadoâ? (cual sea su asignación ideológica) no está condensada en sí misma todas las reglas, la cultura, las formalidades, las relaciones, que hacen viable históricamente el dominio capitalista?.

El problema de la caracterización ortodoxamente clasista centrada en la tradición leninista tiende a ser su inmenso desprecio tanto de la situación social (su diversidad, las relaciones que allí se desarrollan, el entrelazamiento entre estos sujetos sociales) sobre la cual se soporta el orden de dominación, como de los acontecimientos que se han sucedido y que han permitido generar nuevos valores políticos, nuevos modos de resistencia, nuevos espacios de interacción entre las clases explotadas, nuevos planteamientos programáticos, fuera de los cuales no hay revolución posible que no sea desde las cabezas y la mistificación de las vanguardias. No queremos decir con esto que debemos despreciar el papel de la clase obrera tradicional, el acto cardinal de la toma y control de los medios de producción y el avance en formas muy concretas de constitución de poderes donde el papel de este sector es clave. El problema es sacarnos de la cabeza el prurito sociológico de la âclaseâ? y ver en todas estas dinámicas obreras una expresión más tanto de la totalidad de la lucha de clases como de la experiencia de rebeldía y constitución de nuevos órdenes de sociedad que emergen de la insurgencia conjunta de los explotados. No es más importante por sí misma una toma de inmuebles, una toma de tierra o una toma de fábrica, lo importante es como se multiplican estos fenómenos de expropiación al capital, su masificación, su creatividad política y capacidad de defensa ante el ataque del estado capitalista.

Otra crítica de izquierda muy difundida es la que llamaríamos radical-nacionalista. Su centro crítico ya no se centra en la ascendencia de clase del gobierno sino en el problema de soberanía, más concretamente, en el problema de la ambigüedad demostrada por el gobierno ante su posición âantiimperialistaâ?. Se critica que por un lado el gobierno enfrente declarativamente el dominio imperial norteamericano y por otro se establezca una alianza privatizadora con el capital transnacional petrolero (extendido ahora hacia la esfera de la explotación del gas) a través de las âempresas mixtasâ?. Se rechaza por igual el abandono de la âorimulsiónâ? (energético creado en Venezuela hecho de una combinación entre agua y bitumen o petróleo extrapesado) como alternativa energética. A ello se anexan todo un conjunto de denuncias que cubren el problema del âmodelo productivoâ? en su conjunto; se critica que es una simple reproducción del capitalismo desarrollista, dependiente y depredador, los planes de minería, el plan carbonífero, el gasoducto del sur (red única gasífera de Venezuela hasta Argentina), la anexión de Venezuela al IIRSA (otra cara del ALCA desde el ángulo de las inversiones continentales en infraestructura), el pago de la deuda externa etc. Se dice, desde las versiones más extremas de este ânacionalismo radicalâ? que en definitiva Chávez no es más que un âmonigoteâ? del neoliberalismo vestido de socialista.

Nuevamente pasa lo mismo, estamos totalmente de acuerdo respecto a la âdualidadâ? estratégica que atraviesa al gobierno y sus políticas económicas (apertura a nuevas relaciones de producción-alianza con el capital transnacional). Lo de las empresas mixtas es sin duda una concesión bestial al capital petrolero inaceptable. Por otro lado, planes como los del desarrollo carbonífero en el Zulia, la penetración transnacional en los territorios dedicados a la minería (oro, diamante, fundamentalmente), los modelos de desarrollo que se plantean, la misma visión de integración continental, el papel privilegiado concedido al capital financiero, nos deja bien claro que al menos âtransición hacia el socialismoâ? es todavía muy dudosa y contradictoria. Ahora bien: ¿esto quiere decir que Hugo Chávez y su gobierno no son más que una pieza clave del imperialismo? Nuevamente se impone un pensamiento formal, vacío de hechos, completamente abstracto e impotente políticamente como en efecto lo han demostrado muchas de estas tendencias del ultranacionalismo. Lo que pasa es que en ellas aunque en algunos se habla de âenfrentamiento civilizatorioâ? (Douglas Bravo), de enfrentamiento al capitalismo de estado incluso, y esto se les agradece a los compañeros por su nítida posición ideológica y de izquierda, sin embargo no superan nunca la denuncia y la ideología.

Efectivamente desde estas posiciones no hay alternativa que no sea mistificando o el poder político o una suerte de comunidad originaria y virgen más allá de la historia que se reivindica como salvadora de la humanidad. Nunca hay âpueblo, movimiento, acción transformadora, colectivo real y actualâ?. Sus discursos dejan subyacente que en realidad todo tiende a resolverse desde el conspirativismo cerrado y de cúpulas, o en todo caso de un programa donde eventualmente se imponga de nuevo el Leviatán de estado. Un estado dueño de todo y enemigo de cualquier imperialismo. ¿Qué otra salida puede haber más allá de cualquier mistificación?. Lo más radical regresa objetivamente a los viejos programas de gran parte de la izquierda latinoamericana de los años treinta y cuarenta, de donde nacieron partidos como el APRA (Perú) y Acción Democrática (Venezuela), y ya se sabe donde terminaron. Si el problema es Chávez y su gobierno, eso quiere decir que el verdadero gobierno revolucionario, como divinidad venida del olimpo, y a punta de decretos y órdenes haría realidad desde su fuerza divina un estado nacional de soberanía absoluta inmerso en una nueva racionalidad civilizatoria. En el fondo es una de las locuras âahora reelaboradas- en que quedó atrapada la vieja izquierda radical (al menos sus elites más consecuentes) hija tanto del marxismo soviético, de los programas de liberación nacional, como del voluntarismo propio de las tierras nuestramericanas.

La buena crítica

Obviamente existen otros campos âde izquierdaâ? que exponen su punto de vista crítico, todos âantichavistasâ? (la nueva izquierda liberal ââantiborbónicaâ? como dice Petkoff- anexada al campo de la oposición de derecha). El problema es entonces el âtirano-despotaâ?, el âpopulistaâ? y âantidemocráticoâ? de Hugo Chávez, su âprecambricaâ? o âcastristaâ? ideología política. O ciertos núcleos anarquistas (ejemplo: periódico âEl Libertarioâ?, muy de salón desgraciadamente, donde más o menos el problema es el mismo: Chávez el militarista, Chávez el autoritario, etc). De verdad, con todo el respeto, pero no es nuestro interés entrar en un debate con estas tendencias porque o somos enemigos políticamente o simplemente porque no aportan nada.

Lo que si nos interesa, y es allí donde nos quedamos más pegados y atentos a su evolución, es a otra crítica muy de izquierda también pero que es quizás la más ingenua. Y decimos âingenuaâ? desde la posición de aquel que ha tenido la suerte de hacerse de un arsenal teórico-político mínimo que le permite evidenciar esta debilidad. Pero esto es un privilegio intelectual personal irrelevante en los hechos. Desde ese privilegio nos damos el derecho de llamarla quizás de manera impropia: la crítica âpopular-moralistaâ?. Como postura política y como crítica es muy sencilla. Se dice que Chávez es un hombre honesto, un verdadero revolucionario, un hombre del pueblo comprometido con sus ideales, pero rodeado de una cuerda de traidores, de gente falsa, de corruptos que se aprovechan de su liderazgo, organizados principalmente en los partidos oficialistas (básicamente MVR, Podemos y PPT) que a su vez los utilizan como instrumentos principales de apropiación de los puestos de gobierno y de los mandos en general tanto del estado como una buena parte del espacio popular organizado. Se dice entonces que el problema fundamental de la revolución bolivariana es la corrupción y el burocratismo, reiterando su apoyo total al presidente, pero alejándose cada vez más de las nuevas elites que monopolizan la representatividad política del proceso revolucionario.

Lo más importante de esta crítica no es su acertividad de análisis o profundidad teórica (debilidad evidente: la idealización de Chávez, la personalización del poder), lo más importante es que se trata de la única crítica que ha tomado un rango masivo, se ha hecho âpopularâ? en todo el sentido de la palabra, y que poco a poco se va exigiendo a ella misma dar saltos cualitativos que la obligan a pasar del comentario al hecho político y la construcción de estrategias de acción colectiva que le permitan destruir el enemigo odiado de la corrupción y el burocratismo. Es la crítica posible y necesaria desde la fase actual de la lucha de clases para hablar en decente lenguaje marxista. Esto es lo que llamamos desde el Proyecto Nuestra América, la construcción de una ârazón de todosâ?. No es la ârazónâ? iluminada de la autoconciencia hegeliana, es simplemente un campo concreto del raciocinio colectivo donde se expresa el proceso revolucionario en su matriz social más productiva y transformadora. De hecho ya salen a partir de ella bellísimos procesos de movilización, de irreverencia social, de radicalización del espíritu libertario e igualitario, de autoorganización, que es en definitiva el nudo esencial que en el campo ideológico ha construido la revolución bolivariana. Y a la vez el espacio donde se refugian todas nuestras esperanzas ya no como vanguardias arrogantes sino como luchadores revolucionarios que en su condición material y afectiva somos idénticos a ese pueblo.

Qué decir y qué hacer entonces desde la izquierda

Más allá de las interpretaciones dentro de las esferas de vanguardia o en el espacio popular, en nuestro juicio importante en estos momentos percibir lo que es el desarrollo de un movimiento social que aunque muchas veces fue estimulado a crearse desde las esferas burocráticas de las direcciones de gobierno (Comités de Tierra, Consejos Comunales, Comités de salud, de energía, de agua), sin embargo comienza a tomar distancia de estas formas de dirección y establecer sus propias políticas y estrategias, desarrollando una actitud crítica ante el estado en su conjunto que se radicaliza todos los días más. Junto a los movimientos sociales autónomos más importantes (campesinos, empresas recuperadas, populares, estudiantiles, indígenas) esta base organizada del movimiento popular es la matriz de clase imprescindible para la profundización de la revolución. Si ella no encuentra un teatro común de acción política y construcción societal, lo más probable es que la revolución bolivariana comience en los próximos años un declive de tal magnitud que desaparezca como fenómeno real de ejercicio de justicia, libertad y construcción de soberanía, independientemente de Chávez.

Hoy en día nos encontramos en un momento de âmáxima confusiónâ? ya que por un lado la ofensiva imperialista sobre Venezuela, la evolución del âPlan Balboaâ? junto al âPlan Colombiaâ?, en tanto diseños militares de ataque a Venezuela, y la presión de la campaña electoral (la campaña por los diez millones de votos), ayudan a cohesionar las bases populares sobre la figura de Chávez y la posición de gobierno. Pero al mismo tiempo la descomposición institucional que se vive, siendo cada vez más patente dentro de los gobiernos municipales y estatales (alcaldías, gobernaciones, en una inmensa mayoría en manos del âbloque del cambioâ?) produce una impotencia colectiva que raya o en la desesperación o muchas veces en la desesperanza. Por otro lado, los mismos mandos institucionales se inquietan, generando por su lado una tendencia cada vez más agresiva de control tanto de los procesos sociales de organización, de autogobierno, como de experiencias productivas y obreras tanto en la esfera cooperativa como dentro de las empresas recuperadas. Una situación de âmáxima confusiónâ? ante la cual las dirigencias de base tienden a repetir el mismo esquema aprendido desde hace al menos 4 años: callar, esperar, seguir organizando, no confundir el enemigo, pero esto también ya empieza a hacerse corto. Se necesita dar un paso adelante conjunto. Hasta ahora los intentos han sido interesantes pero no suficientes (la movilización emprendida por sectores de los movimientos indígena, minero, campesino, obrero, sobretodo). Además tenemos el problema que el estado como âmáquina de captaciónâ? y ordenamiento del conjunto rebelde. El aparato de estado al ver el surgimiento de estos fenómenos si no puede reprimirlos como es el caso a los mineros, los neutraliza convirtiéndolos en centros de administración de fondos que el estado les da para su desarrollo. Dicha âcaptaciónâ? resta en ellos toda beligerancia generado una tendencia a la âdespolitizaciónâ? de su accionar, incrementando la unidad corporativa ây no de clase- de sus bases (caso de una buena parte de los espacios de comunicación alternativa).

Esta situación nos obliga a dar un salto cualitativo conjunto que nos coloque al límite de una nueva situación donde la relación entre gobierno y movimiento popular âno administradoâ? cambie de manera radical. Hoy en día han surgido por toda la geografía nacional núcleos críticos y de lucha que prácticamente inundan todo el conjunto del espacio organizado de base. Son luchas dispersas que defienden la revolución bolivariana, pero al mismo tiempo constituyen un fiel testimonio del agotamiento del esquema institucional de estado como palanca central del proceso transformador. Hemos propuesto avanzar en una campaña que cabalgue sobre las venideras elecciones presidenciales (diciembre 2006) generando dentro de ella una dinámica alternativa centrada en la síntesis de todo estos programas mediante el diálogo, la movilización, el encuentro de muchos, levantando las banderas del antiburocratismo, la lucha contra la corrupción, el capitalismo y la agresión imperialista. âDiez millones de voluntades para profundizar la revoluciónâ?, proponemos como una de sus consignas.

Esta campaña la hemos denominado âPor todas nuestras luchasâ?. Una âotraâ? campaña dentro del territorio venezolano donde respiren las luchas reales, se encuentren las palabras, se organicen núcleos de base, nos acompañemos en la movilización necesaria, y podamos poner las bases de un âprograma autónomo de transiciónâ? común a todas las comunidades de lucha. La idea no es agotar esta campaña con el acto electoral. Lo ideal sería trascenderlo pudiendo para el próximo 27 de Febrero (fecha del levantamiento popular del 89) tener entre manos las bases de un programa y un plan común que permita la profundización efectiva del proceso revolucionario. Se habla incluso de construir una tarjeta electoral común a todos los movimientos que se sumen a la campaña como marco de contrapeso frente a los partidos oficialistas. Una decisión importante pero que siempre estará en un segundo plano frente a los objetivos prioritarios de la movilización, el encuentro, el oírnos, el hacer juntos, el construir un programa âde los pobresâ?, con el fin de iniciar a partir del año que viene una nueva etapa del proceso revolucionario caracterizada por la autonomía y la radicalización unitaria de las luchas populares. Esta campaña debe comenzar en uno o dos meses, desde el momento en que logremos en una conferencia conjunta conformar el âcomando por todas nuestras luchasâ?. Nuestra creatividad y voluntad política va a ser determinante para su desarrollo, esperando poder encontrarnos desde un terreno totalmente distinto donde la igualdad y la dignificación del otro sea lo prioritario y no la instrumentación política del colectivo.

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Comentaris

Re: La revolución desde la izquierda
17 mai 2006
Bueno espero que este revolucionario que se crío entre la mejoras cunas de la clase burguesa de un lección de moralidad y ética revolucionaria...Que se el primero en entregar la fortuna personal y de su familia una de la más ricas del pais..por si la izquierda de barcelona no lo sabe esta revolucionarios clasista es de los Boulton que han saquedo al país y que se arriman al mejor postor por mantener su posicion social... que asco me da si hablamos de lucha de clases a este tipo sería el primero en salir...
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