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La prensa burguesa escribe astutamente del poder de la religión
20 abr 2006
En este interesante artículo de opinión publicado por La Vanguardia, si se lee bien, se manifiesta con tda crudeza el eufemismo de la palabra "religión", que en realidad significa guerra y dominación.
ESPEJISMOS DE ORIENTE

El poder de la religión en el siglo XXI

TOMÃ?S ALCOVERRO - 18/04/2006 - 17.24 horas

Es remoto aquel tiempo en que Nietsche sentenció "Dios ha muerto" y se repetía, aquí y allí que "la religión es el opio del pueblo". El magnífico ensayista libanés Georges Corm acaba de publicar un libro fundamental titulado "La question religieuse au XXI siècle" en el que desentraña un fenómeno mundial tan importante como la extensión del dominio religioso, básicamente en el ámbito de las tres doctrinas monoteistas.

Georges Corm es uno de los grandes intelectuales árabes contemporáneos, autor de obras sobre la sociedad multiconfesional, el estallido y troceamiento de Oriente Medio, o las relaciones entre Oriente y Occidente, que narra su historia y la interpreta desde dentro, no cayendo en las habituales interpretaciones neocolonialistas tan al alcance de la mano.

"La civilización americana convertida en la dominante -escribe- proyecta sobre el mundo esta doble imagen, muy atractiva, de una hirviente modernidad técnica en armonía con este valor totalitario y eterno en que consiste la religión, tomada en un sentido literal y conservador".

Quien ojease un álbum de fotografías de los paises árabes del Oriente Medio de hace unas décadas encontraría muy pocas barbas islámicas y mucho menos velos femeninos islámicos. El autor se percata de que las sucesivas derrotas militares árabes desacreditaron sus diversos regímenes de ideología nacionalista, fomentando las reacciones terroristas que, sobre todo a partir de la ocupación soviética de Afganistán, van cobrando un carácter cada vez más islámico.

Hay un año decisivo en el que aparecen los indicios de este poderoso movimiento de "retorno a la religión", y es el de 1979, con la fundación de la República Islámica de Irán, la invasión soviética de Afganistán, la constitución de una comisión norteamericana para eregir el Monumento a la memoria del Holocausto judío en los EE.UU.

Como en otros excelentes libros del ensayista y economista libanés, se ponen de relive no sólo las diversas tramas históricas locales e internacionales para explicar los acontecimietnos del Oriente Medio, sino también las líneas directrices del pensamiento y de la ideología occidentales dominantes. Así, por ejemplo, Corm cita la publicación del polémico ensayo del escritor francés François Furet en 1978, que desmistifica y critica la Revolución Francesa arrebatándole sus valores sobre los que se habían fundado la democracia y el humanismo modernos.

De golpe, cualquier forma de pensamiento marxista, los escritos de Sartre y de todos los grandes intelectuales que habían creído en las "verdades" del marxismo, quedan relegados al olvido. Es entonces cuando, enterrada la memoria revolucionaria, nacionalista y humanista, se abona el terreno al retorno de lo religioso.

El gran acierto de Corm es que, ante el escándalo del terrorrismo desencadenado por grupos extremistas islámicos, evoca la arqueología de las violencias modernas de las guerras europeas, las accciones subversivas de la Rusia prerevolucionaria, o los atentados llevados a cabo por los judíos en Palestina durante el mandato británico.

En la "Guerra fría", los EE.UU. explotaron a fondo la instrumentalización de la religión para derrotar al totalitarismo soviético. En Israel, el culto del "Holocausto" ha sido, también, un elemento fundamental en el camino de la hegemonía religiosa. Pero el recurso de la religión refleja, a menudo, una crisis de legitimidad del poder político y, en cambio, lo que no se pone suficientemente de relive es que es la crisis religiosa la que impulsa a su poder a recurrir a la autoridad política, con la esperanza de superarla.

Denunciando con virulencia los mitos revolucionarios y progresistas se erigen con la misma virulencia los nuevos mitos del retorno a lo religioso y a la tradición. De acuerdo con esta teoría, con el estilo anglosajón del nuevo orden de la globalización multicultural, el conflicto más grave del siglo XXI no es el del enfrentamiento de los grandes nacionalismos, ni el de las grandes ideologías laicas, el capitalismo liberal y el socialismo, sino el que opone "un mundo judeocristiano, tolerante, abierto, portador de la antorcha del progreso y el mundo del Islam considerados atrasado, autoritario, violento, ensimismado".

Corm desenmascara la idea preconcebida de que los países árabes y musulmanes constituyen un bloque homogéneo y hostil al Occidente, recordando su numerosos conflictos mortíferos internos. En cambio es verdad que para muchos pueblos musulmanes, el Occidente es percibido como un bloque agresivo que despliega ejércitos en su geografía, ayuda a las colonias judías de poblamiento en Palestina, aplica, selectivamente, las normas del derecho internacional en los conflictos del Oriente Medio. La expresión fundamentalista islámica es el espejo de su geopolítica troceada y de sus fracasos en el desenvolvimiento interior.

En medio de la inmensa confusión ideológica reinante, el escritor contempla cómo la crisis de la modernidad política se refleja en un recurso generalizado al monoteismo en sus grandes tres religiones, provocando en su seno inquietantes convulsiones que abonan la tesis de la guerra de las civilizaciones. "La religión -advierte Corm- no es hoy más que un elemento entre tantos otros elementos diferenciales de una civilizacion".

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