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Comentari :: antifeixisme
Bueno denigra a los emigrados asturianos
16 abr 2006
Defenderse del españolismo.
Pelayo Rojo Sierra.

Asturias lleva décadas padeciendo a sus políticos y líderes sindicales. Toda la izquierda no colaboracionista con el lento proceso de desahucio y exterminio de la identidad astur lo sabe. El PSOE, salvo algún intervalo en que perdió su mandato, ha ido cerrando la red asturiana de empresa pública, su tejido industrial y su estructura ancestral de explotación ganadera. Todo lo han hecho en nombre de la competitividad y la convergencia europea. Actualmente, una red mafiosa de empresarios subsidiados y subsidiarios, líderes sindicales convertidos en altos gestores de fondos, y políticos profesionales de la mafia socialista, son los que llevan las riendas de un país que para todos ellos sigue siendo âregiónâ?. Y como tal región, dentro de una Sagrada España y dentro de una Inamovible Constitución, debe especializarse en otras cosas. Léase el turismo, háblese, en vez de Asturias, de un âParque Temáticoâ?. La especialización, tal y como la conciben nuestros líderes y gestores, es similar a un proceso biológico: determinadas células individuales deben simplificarse y perder funciones autónomas en orden a servir subalternamente con mayor eficiencia a un Todo del que dependen. El Todo es España. La autosuficiencia de Asturias ya se ha perdido desde tiempos franquistas, y más allá, desde la época de la Revolución Industrial. Los sacrificios a que nos obligó el PSOE en todos estos años se enmarcan en ese contexto histórico de dependencia de larga duración. Pero si cabe, el esfuerzo en favor especialización es ahora mayor que nunca. Hasta convertirnos en un mero municipio âCiudad Astur- rodeado de un parque temático, esto es, convertirnos apenas en nada, en ciudad de vacaciones para madrileños, bilbaínos, etc. El empeño socialista (y de sus cómplices) consiste en reducirnos literalmente a nada.

En la única prensa libre que, prácticamente, queda en este estado, el periodismo alternativo en internet, se suceden las críticas y las quejas que, por el contrario, la oficialista âPrensa regionalâ? sofoca y reprime, salvo ocasionales cartas al director, publicadas previa censura. Por el contrario, a modo de corifeos, en diarios como La Nueva España, El Comercio, etc., suelen aparecer editoriales y artículos a cargo de catedráticos, economistas, intelectuales, etc., que alaban todo este proceso de âreconversiónâ? inacabable, este recorte de autocompetencia económica, e instan, además, a los muchos asturianos sin futuro en su patria a âsalirâ?, a âver mundoâ?, esto es, les instan a buscar un trabajo fuera de su país, Asturias, haciéndoles ver cuán positivo y enriquecedor es esta experiencia. Como reseña José Carlos Loredo Narciandi en un artículo reciente aparecido en Glayíu, âSobre la nueva emigración asturiana y la nostalgiaâ?, miles de asturianos (muchos, jóvenes bien formados en F.P. o estudios universitarios) salen cada año de Asturias, sin necesidad de que nadie les invite. El paro, la falta de expectativas de su tierra natal, les fuerza a ello. Para colmo, âdestacados intelectualesâ? como el riojano Gustavo Bueno, cómodamente instalado él y su familia en el país que le abrió los brazos, niega a todos estos emigrados asturianos hasta el derecho a sentir nostalgia (señaldá). Escribe J. C. Loredo:

âEl caso es que con frecuencia se ve como ridícula no ya la nostalgia, sino incluso el propio sentimiento de emigrados que tenemos la mayoría de quienes hemos salido a trabajar fuera de Asturias. Gustavo Bueno, a quien se le podrán achacar muchas cosas excepto los pelos en la lengua, lo dijo con claridad no hace mucho tiempo: âsi alguien se desplaza a Sevilla y se siente desterrado lo mejor es que acuda al psiquiatra [...]. La morriña es un fenómeno absolutamente artificial; la civilización está por encima de limitaciones geográficasâ? (La Nueva España, 17/04/05). Lo curioso es que un filósofo como este, tan despectivo con todo lo que suene a psicológico, a subjetivo, no dude en figurar como patrono de honor de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, en cuya presentación, disponible en Internet, leemos frases tan alejadas de lo psicológico como las siguientes: â[el patriotismo español es] un sentimiento natural y sano - sólo equiparable a un sentir tan noble como el amor a la propia familia -â?; âla actitud patriótica se funda en la conciencia de pertenecer a una gran Naciónâ?.

Es revelador que suelan respetarse y hasta tenerse por patrióticos los sentimientos de añoranza cuando se refieren a España y no a la âpatria chicaâ?. Pensemos, por ejemplo, en la expresión popular de esos sentimientos en las canciones interpretadas por Antonio Molina (âcomo en España, ni hablarâ?)â?.

En otras palabras, no ya el nacionalismo asturiano, sino el más ligero sentimiento de identificación con el país de Asturias, está prohibido según dice este patriarca del españolismo. Al menos, el desprecio y el aborrecimiento hacia tal sentimiento están servidos. Pero éste y otros miembros de la Fundación para la Defensa de la Nación Española están dispuestos a llevar a los tribunales a todos aquellos que pretendan humillar el sentimiento de pertenencia a una Gran Nación.

Sabemos que esta Gran Nación española no es Una, ni tan Grande, ni tan Libre como pretenden sus defensores. Estamos un poco hartos de tantos defensores. El asturianismo y el nacionalismo astur deberían mirar con lupa todas estas estrategias de anulación de una identidad. Sus publicaciones y sus foros de debate se mueven en una atmósfera muy cándida, para con sus reales enemigos y cainita sin embargo para los compañeros de viaje o potenciales aliados. Están los asturianistas mucho más dispuestos a aporrear a un autor que apostrofa mal al escribir en bable, que a defenderse con inteligencia de los enemigos de Asturias. El âfilologismoâ? de los asturianistas es más patético precisamente en un momento en el que la nación astur está a punto de ser liquidada por un centenar (no muchos más) de âdestacadosâ? genocidas. Genocidio es la expresión que sin ambigüedad y sin exageración viene utilizando en los últimos años el filósofo marxista asturiano Carlos X. Blanco. El asturiano emigrado asiste atónito a un espectáculo masoquista en el que sólo hay, aparentemente, un bando que golpea: el de los apologistas de la emigración y el del españolismo âsin complejosâ? (como le gustaba decir a Aznar). ¿Qué hacen tantos poetas y filólogos para defender Asturias y defenderse ellos mismos? Uno puede hojear el semanario Les Noticies y constatar un aroma de posibilismo, de mendicidad en lo que respecta a lograr pequeñas cuotas âlingüísticasâ? y regionalistas. Esto es poco. Revela impotencia. Hace falta crear un frente común nacional, que ponga a raya al españolismo del PSOE y a las demás agresiones âintelectualesâ? de signo fascista.
¡Puxa Asturies!.

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