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Anàlisi :: sense clasificar
Aprendiendo a desobedecer
27 mar 2006
Colectivo de Educación âAbraâ?

Publicado en www.grupotortuga.org

PODER, MIEDO Y DESOBEDIENCIA

Toda imposición basa su fuerza en la violencia y sobre todo en la amenaza de la misma. Para instaurar esta amenaza se ha afianzado la industria del miedo. De hecho en los países enriquecidos el sistema no se sustenta en una fuerza brutal y despiadada sino en la colaboración ciudadana, el conformismo aprendido, el miedo a posibles represalias si no obedecemos.

Es más sutil, mejor aceptado y lo que es más importante: más eficaz.

Los ciudadanos domesticados no temen a la policia, si no a la precariedad laboral, a quedarse sin subvención, a la exclusión, al âqué diránâ?...

El control va ganadole paso a la represión. Para evitar el tener que pegarnos si protestamos, tratan de quitarnos las ganas de movilizarnos e interiorizamos pensamientos como: ¿Para qué luchar si no se consigue nada?â?, ¿Por qué me quejo si otras personas están peor?â?, âYo lo haría, pero la gente es tan pasiva...â?

Pero este recurso al miedo indica también un punto débil de las democracias formales, ya que lo hacen porque ni les interesa ni están preparadas para reprimir con violencia una desobediencia generalizada. Reservan la fuerza bruta tan sólo contra los elementos más díscolos de la sociedad o contra rebeldías puntuales.

ADAPTAR LA DESOBEDIENCIA A NUESTRAS VIDAS, NO VICEVERSA

Tomar la iniciativa: El sistema se apoya sobre varios pilares: el control económico, informativo, represivo, cultural y educativo... Tradicionalmente, nos hemos empeñado en luchar contra estos pilares desde nuestros raquíticos medios en una lucha tan desigual como frustrante ¿Pueden nuestros panfletos compensar la información del grupo Prisa? Además, al luchar contra lo que no nos gusta, siempre estamos otorgando la iniciativa al poder. Ellos llevan la iniciativa con sus guerras, leyes represivas.. y posteriormente nosotras nos manifestamos en contra... hasta que nos pasan por encima.

La iniciativa debemos llevarla al desarrollar cotidianamente nuestras alternativas (aunque sean a pequeña escala o de forma parcial) Respondemos con desobedienciacuando nos impiden desarrollarlas con sus obligaciones.
¿Para qué luchamos?: A veces nos dejamos caer en discursiones estériles sobre si romper el cristal de un banco es violencia o no lo es. Lo que nos importa a nosotras no es si hay motivos para romper ese cristal (evidentemente, los hay y muchos) sino para qué lo rompemos, qué adelantamos, en que sale ganando nuestra lucha, a quien justificamos...

Más importante que los motivos y el âpor quéâ? hacemos las cosas es el âpara quéâ? las hacemos, que tiene proyección en el futuro.

Partir de nuestra realidad: Mucha gente se ha quemado al comprobar cómo tras una vida de implicación y compromiso, a la hora de evaluar resultados, tan sólo veían los palos recibidos.
La queja siempre ha sido que si somo pocos, que si siempre somos las mismas, que si no tenemos medios.... Todo esto es cierto...¿y?
âSer mayoríaâ? o contar con muchos medios no pueden ser los puntos de partidade una lucha que se pretenda de base. Entre otras cosas porque ni somo mayoría, ni estamos suficientemente sensibilizadas para la lucha ni nadienos ha enseñado a cómo hacerlo. El poder no representa a la sociedad, pero nosotras tampoco, ni debiéramos pretenderlo.

Más importante que tener claro qué queremos o que no queremos (como objetivos a conseguir) es el enraizar la lucha en nuestra realidad actual, con todas sus carencias. Partir de nuestras limitaciones es imprescindible para tratar de ir superándolas o cuanto menos aceptándolas. Para ello debemos seguir investigando, probando y equivocándonos para poder responder a la pregunta clave:¿Qué herramientas de lucha son las apropiadas aquí y ahora para nuestras necesidades y reivindicaciones? Nos parece que la desobediencia es una herramienta políticay educativa al alcance de cualquier colectivo humano y que ha demostrado su eficacia en diferentes reivindicaciones cotidianas (Insumisión, Okupas, boikots..) y puede aportar una metodología favorecedora de la concienciación, sensibilización y acción colectiva.

SI NADIE OBEDECE NADIE MANDA

Toda obediencia implica dos conceptos complementarios pero claramente diferenciados: Imposición y sumisión. Se podrá discutir sobre cuál de los dos es la causa de la obediencia, pero lo que está claro es que el poder se sustenta en quien obedece. Si nadie obedece, nadie manda. Ante un creciente número de insumisos se cae por su propio peso la obligación del Servicio Militar.

Si asumimos que con nuestra colaboración activa o pasiva somos en parte responsables (no culpables, que no ews lo mismo) de la situación actual, estará en nuestra mano el ser parte de la solución modificando nuestra forma de actuar desde lio colectivo. Pasarnos la vida denunciando los abusos del poder puede reconfortarnos, pero no ayuda a crear alternativas.

La desobediencia no se extiende simplemente por lanzar proclamas insumisas, sino poniendo las bases que la facilitan.

LA DESOBEDIENCIA COMO HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÃN

Para nostras, la desobediencia es una herramienta, y como todas las herramientas ni es única, ni sirve para todo, ni tiene por qué ser universalmente aceptada.

Hay desobediencia cuando actuamos en contra de cualquier obligación existente, pero esta definición tan amplia y ambigua le hace perder parte de su valor transformador y revolucionario: ¿Practica desobediencia el empresario que se niega a cotizar a la seguridad social por una persona trabajadora? ¿y el nazi que apalea a alguien en la calle? ¿Y un golpe de estado militar?... todos vulneran la legalidad, pero esa no es nuestra desobediencia.

Nosotras hablamos de desobediencia es una doble vertiente: educativa (como valor a recuperar) y política (como herramnienta de lucha).

Esducación para la desobediencia: Del mismo modo que en el contexto social actual la obediencia tiene connotaciones positivas (un niño obediente, un padre de familia cumplidor de sus obligaciones, un ciudadano que respeta y cumple las leyes...) nosotras consideramos que el aprender a desobedecer es la mejor defensa ante las normas o leyes injustas y una garantía de autonomía personal.

Al obedecer nos despreocupamos, delegamos, dejamos que otros decidan. Y al escaquearnos del miedo a equivocarnos, renunciamos a la posibilidad de aprender.

A más obediencia, más debilitamos nuestra responsabilidad de decisión.

Toda convivencia implica unas normas que son el marco en el que vamos creciendo, pero sólo podermos decir que nos hemos desarrollado cuando nos sintamos con la capacidad de saber que podemos saltarnos esas mismas normas si así lo consideramos conveniente.

Herramienta política: Toda acción desopbediente puede ser muy válida, pero no siempre puede catalogarse como inspiradora de transformación social. Nosotras apostamos por la Desobediencia Civil, y sin pretender dar aquí n inguna definición que siente cátedra de nada, si queremos enumerar una serie de características que nos parece importante que tenga en cuenta toda campaña de desobediencia Civil: colectica, Asamblearia, Política,Pedagógica, Noviolenta (como estrategia a la violencia estructural), Cotidiana y basada en el Apoyo Mutuo.

LA MORAL ALTERNATIVA DEL REBAÃO DESOBEDIENTE

Las personas no somos tontas. Si nos cuesta tanto desobedecer es por razones de peso que debemos valorar y respetar si es que nos planteamos superarlas.

Muchas veces se nos olvida reconocer que âobedecerâ? nos aporta grandes ventajas como son: afianzar nuestro anonimato para no llamar la atención, librarnos del peso de toma de decisiones comprometidas, aportar seguridad personal, afianzar nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo, nos libra de cierta represión, nos facilita ciertas ventajas sociales (ayudas, subvenciones, trabajo...) Por eso nos cuesta tanto desobedecer. Hoy por hoy, el âobedecerâ? aporta a la mayoría de las personas más seguridad que el âdesobedecerâ?.

Muchas veces, pese a pretender desarrollar ideas y experiencias autogestionadas y desobedientes , desde los movimientos sociales nos dejamos seducir por la obediencia pero esta vez, a una supuesta âmoral alternativaâ?. No sabermos quién ha redactado esta nueva moral, pero a nadie se le escapa que cuando en ciertos círculos tendremos menos problemas si vamos con rastas o con pantalones gastados que si nos presentamos con pajarita o zapatos de charol.

Cambiar de ideas o de gustos estéticos es relativamente fácil, pero cambiar las actitudes aprendidas y la moral que nos han impuestoes m ucho más jodido.

Más que revelarnos contra una moral uniformada, lo que solemos hacer, sin darnos cuenta, es cambiarle el contenido a esa misma moral, de forma que si antes los curas nos decian que había que permanecer virgenes hasta el matrimomio, ahora la nueva moral alternativa nos sermonea con que si eres virgen eres un amargado o una reprimida.

Lo peor del pensamiento único es que ha dado lugar a este âcontra-pensamiento unicoâ?, olvidando que hay tantas rebeldías y alternativas como personas en el planeta.
Reivindicamos un mundo donde quepa todo el mundo cuando nos referimos a los pueblos indígenas, pero nos cuesta aplicarlo al respeto a los gustos , formas de vida y de relacionarse de nuestra gente más cercana. âEsta nueva moralina impone lo que âhabría que hacerâ? sin respetar ni valorar los condicionantes sociales y personales que nos impulsan a actuar de un modo u otro.

LA MODA DE LA âDESOBEDIENCIA OBLIGATORIAâ?

En lugar de facilitarnos desde el Apoyo Mutuo el aprendizaje colectivo para impulsar en nuestras vidas los cambios que cada quien considere dar , lo que hacemos es machacarnos y criticar al compa porque reconoce que le gusta âOperación Triunfoâ?.

En este contexto de contra-pensamiento único uniformador de pensamientos plurales , se impone la moda (¿cuánto durará?) de la desobediencia como valor universal, como panacea, como mandamiento único y verdadero que sirve de arma arrojadiza contra los âviles gusanos colaboracionistasâ? que no la practican.
Tenemos que estar atentas para no reproducir en nuestras reivindicaciones , sin pretenderlo, los mismos valores aprendidos que tratamos de superar.

La desobediencia por sí sola, es sólo una mera resistencia a una imposición previa que no compartimos . Pero si deseamos integrarla en nuestra alternativa constructiva debemos entenderla como una harramienta válida de transformación y no como un âvalor divinoâ?.

La desobediencia por sistema, como la obediencia por sistema , relegan la iniciativa al poder, al ponerlo como referente de nuestra lucha y quedar la desobediencia relegada a ser mera respuesta.
Tan ausencia de sentido crítico es dejarse llevar por la corriente de los valores sociales, como el mantener dogmas de fe teóricos y antisistema, dejándonos arrastrar por la corriente del contra-pensamiento único sin una reflexión personal.

La desobediencia, si es obligatoria, deja de ser desobediencia.

Las personas críticas no son quienes desobedecen, sino quienes analizan su realidad , se la cuestionan y optan por la opción que consideran más ajustada a sus necesidades personales y colectivas.

Es importante desarrollar la desobediencia para sabernos capaces de aplicarla cuando lo consideremos conveniente, pero en ocasiones, lo más inteligente puede ser obedecer. De aquí, que si deseamos impulsar la desobediencia, tenemos que empezar por analizar y reconocer cuáles son nuestras propias carencia personales que nos llevan a obedecer y partiendo de ahí, tratar de aportar las seguridades colectivas desde el apoyo mutuo que nos posibiliten la opción de la desobediencia.

Antes lo hemos dicho: obedecer tiene sus ventajas y nigún ser humano se esforzará para realizar un cambio a peor. Sólo dejaremos de ser ârespetables ciudadanos obedientesâ? cuando seamos capaces de vivenciar más ventajas y seguridades (personales o colectivas) en la desobediencia que en la obediencia.

La desobediencia promueve un n uevo concepto de ciudadanía que reclama su protagonismo en la realidad que quiere vivir.

PODER, SUMISIÃN Y DESOBEDIENCIA

Nuestra reflexión global sobre el mundo que nos reodea debería no sólo comcretarse, sino partir de nuestra actividad concreta en barios y pueblos. Si queremos incidir en los conflictos sociales debemos tener en cuenta su readaptación a los nuevos tiempos. Lo que antes nos servía quizá ahora no. Los mecanismos de dominación se hacen más sutiles, el miedo nos bloquea más que la propia represión, influyendo en los deseos y en la conciencia colectiva para favorecer que sea cada persona quien reclame, financie y sustente su propio control.

Esta es la gran victoria de esta fase del capitalismo: nos hace creer protagonistas (y responsables) de la actual situación de injusticia. Ya nos parece hasta normal que cualquier persona (sea excluída, disidente...) compita a codazos para alcanzar las migajas de cualquier empleo precario; reclame más cárcel y policía contra la violencia doméstica; adquiera aspiraciones consumistas, hábitos contaminantes, actitudes machistas o racistas pese a compartir ideas feministas e integradoras.

Hay a gente a la que le agobia esta situación (âCielos, tenemos el monstruo dentroâ?). Nosotras preferimos darle la vuelta al razonamiento: si el sistema depende cada vez más de nuestra actividad o pasividad, nuestras alternativas de lucha deberían incidir cada vez más en ir modificando nuestros hábitos, comportamientos y actitudes. Así, a la vez que vamos desenganchándonos de colaborar con el poder, vamos paulatinamente descubriendo, investigando, viviendo e interiorizando alternativas cotidianas en nuestra vida afectiva, laboral, cultural...

Tendemos a repetir ciertos errores porque se nos olvida que:

1) Al poder no le preocupa que nos concienciemos. Que falte mucha información no significa que ésa sea la causa de la apatía social. La historia y la experiencia nos demuestran que el tomar conciencia de lo mal que está todo no tiene por qué movilizarnos automáticamente en su contra. Necesitamos alternativas posibles, no que nos recuerden una vez más lo mal que está todo.

2) Al poder no le preocupa que critiquemos sus medidas. Cierta dosis de inconformismo es incluso necesario para hacer ver la âpluralidadâ? de opciones y legitimar el sistema actual. A veces somos la excepción que confirma la regla. Que opinemos distinto no importa; que lo expresemos apenas incomoda, pero que vivamos y disfrutemos nuestras alternativas les socava su pensamiento único.

3) Al poder no le preocupa que tengamos claro cómo deberían ser las cosas. ¿qué más da que lo tengamos claro si no podemos llevarlo a cabo ni sabemos qué pasos dar para ir haciéndolas realidad? Por eso difunden desesperanza. Y por eso es importante darnos a conocer y demostrar que nos sirve y nos sentimos mejor en lo que hacemos, que es posible inventar nuevas alternativas...

4) Al poder no le preocupa que vivamos de forma diferente de puertas adentro. Limitarnos a utilzar papel reciclado, comer pan integral, hacer yoga y oir alguna radio libre puede servirnos a veces de excusa para pasar de las reivindicaciones sociales con la conciencia tranquila. Quueremos cotidianizar y humanizar la política, y hacer política de nuestras opciones personales. Esto pasar por actuar desde lo colectivo.

Lo que les preocupa es que actuemos coordinadamente vivenciando alternativas reales. Ninguna transformacion social real puede ser patrimonio de una minoría concienciada (además, ¿quién decide quién está concienciado y quien no?)

A nuestro modo de ver la desobediencia, la no-colaboración y la acción directa no-violenta aportan alternativas válidas y coherentes en el actual contexto social al plantear una alternativa horizontal (sin élites, al alcance de cualquier ser humano), colectiva, respetuosa con las personas pero contundente con la función o personaje antisocial que representan, pedagógica, desenmascaradora de conflictos sociales latentes y de la violencia institucional...

No desobedecemos para fardar ante nuestros/as colegas ni para enfrentarnos al poder en un suicida duelo desigual, sino para abrir posibilidades de acción colectivatratando de hacerla útil y adaptable a cada realidad
COMO NOS INCULCARON EL VALOR OBEDIENCIA
Cuando obedecemos por temor a las represalias pero cnservamos la conciencia clara de saber dónde estamos y que pretende quien nos obliga, nuestra obediencia se limita a ser una mera práctica ingrata.
Pero la obediencia nos aporta también seguridad y bienestar, por lo que es un valor que estamos especialmente propensos/as a interiorizar en este mundo de precariedad económica, afectiva, política...

Interiorizamos obediencia cuando colaboramos con el esquema imposición/sumisión, aunque sea inconscientemente.

Desde pequeños mamamos un sistema de normas impuestas que debemos cumplir. Hemos jugado, estudiado, trabajado, estudiado, vivido en la pedagogía del premio/castigo. Es lo que conocemos, nos da seguridad. Siendo obedientes, nos hemos ganado el cariño de nuestra familia, la aprobación del profesorado, el ascenso laboral... La desobediencia nos ha reportado disgustos más que otra cosa.

Interiorizamos la obediencia porque nos ha hecho vivir más experiencia en positivo. Es nuestra propia vivencia la que se enfrenta a nuestra ideología desobediente. No interiorizaremos la desobediencia hasta que no disfrutemos vivencialmente de ella y no deamos capaces de analizar todas las consecuencias de nuestra sumisión.

OBEDIENCIA O RESPONSABILIDAD

Cuando educamos desde la imposición (sea porque oensamos que en ciertas ocasiones es necesaria, o porque no sepamos hacerlo de otra manera, o porque perdamos los nervios,..) estamos cerrando el paso a la responsabilidad al no dejar espacios para poder elegir. Desde el colectivo âAbraâ? pensamos que niños/niñas y jóvenes son actualmente muy poco libres porque apenas les dejamos que asuman sus responsabilidades, sea desde la hiperprotección (decidiendo todo por ellos sin dejarles experimentar), desde la permisividad (que les hace caprichsos/as y sin referentes) o desde el abandono (físico o emocional).

La obediencia nos convierte en cómplices de aquel que nos manda, pero nos lo invisibilizan repartiendo esa responsabilidad entre múltiples pequeñas colaboraciones ciudadadanas.

La mayoría de las personas que nos manifestamos contra las guerras no tenemos mayor problema en pagar impuestos (con los que mantienen ejércitos y fabrican armas), ingresar nuestro dinero en bancos (que invierten en armamento con nuestros ahorros y planes de pensions), repostar en gasolineras (el petroleo causante de las guerras), regalar juguetes y videojuegos (cuyos heroes lo solucionan todo a golpes).. Cada acto individualmente pasa desapercibido, pero la suma de todos ellos es lo que da lugar al negocio de la muerte.

Todas las personas participamos de ciertas manipulacines que no vemos o no queremos ver. Normas basadas en premios y castigos, relaciones personales basadas en la dependencia y en los chantajes afectivos más que en el respeto, el funcionamiento vertical de nuestro propio colectivo... Es necesario sacar a la luz esa realidad invisibilizada de la obediencia, pero también puede ser un proceso muy duro.

Desobedecer puede provocarnos sentimientos de culpa (al reconocer nuestra sumisión anterior) por lo que a vaces optamos por continuar obedeciendo en una huída hacia delante para no llamar la altención o para autojustificarnos en lo que estamos haciendo.

Ser conscientes de nuetra colaboración sumisa no tiene por qué implicar un cambio (si deseo desobedecer y no lo hago es porque tengo condicionamientos externos que me imposibilitan hacerlo hasta que me vea con fuerzas para ello), pero es el primer paso imprescindible para cualquier proceso de cambio.

DESOBEDIENCIA COMO CUESTIONAMIENTO DEL SISTEMA NORMATIVO.

Compartimos la idea de desobediencia tal y como la entiende el movimiento antimilitarista: como valor colectivo (acción política) y personal (actitud) que cuestiona no solamente una determinada norma que consideramos injusta, sino el propio sistema normativo imperante. ¿Por qué hay que aceptar por pricipio las normas, instituciones, costumbres, autoridades, liderazgos...?

Así entendida, la desobediencia es:

1ª: Un valor: presupone la asunción de la responsabilidad de nuestra propia vida.

2º. Una herramienta de acción política y de reivindicación cotidiana.

3º. Pedagogía popular: abre debate social visibilizando conflictos latentes.

4º. Una forma diferente de organización y participación ciudadana.

Cualquier poder mediático, económico... puede manipular a la mayoría âdemocráticaâ?, respetuosa con el orden imperante, pero mucho más difícil lo tendrá si se enfrente a una ciudadanía que reclama su identidad desde la desobediencia. Sólo mediante la violencia es posible que una minoría imponga sus privilegios sobre la mayoría. La desobediencia es democracia directa, sólo conseguirá incidencia social si es respaldada y asumida por un número considerable de ciudadanas y ciudadanos.

¿Y COMO SE HACE ESO DE DESOBEDECER?

En una educación popular no es necesario que nadie nos enseñe para que podamos aprender e ir transformando la sumisión en responsabilidad. Unas ideas para abrir debate podrían ser:
¿Sabemos dónde estamos realmente? Suena cursi, pero es el punto de partida de cualquier proceso de cambio personal y colectivo. Sólo podemos avanzar si nos aoyamos en nuestros deseos, necesidades, miedos reales (no en donde queremos o creemos estar). Las ideas podemos tenerlas más o menos claras, pero sinceramente... ¿qué me aporta personalmente estar en este colectivo y no en otro? ¿qué se me remueve cuando obedezco o desobedezco?

Actuar en nuestros colectivos desde la horizontalidad, confianza, respeto y apoto mutuo supondrá una gran ayuda y complicidad en nuestro proceso personal, a la vez que nuestro crecimiento personal irá enriquieciendo el colectivo.

Nuestros errores: principal laboratorio de aprendizaje. Nos educan en el miedo a nuestras equivocaciones, a no experimentar cosas nuevas, a delegar en expertos/as que supuestamentesaben más de nuestras vidas que nosotros/as mismos/as...

Pero los errores son parte inherente de nuestra vida, tenemos que reconciliarnos con ellos.
A desobedecer se aprende desobedeciendo y aprendiendo de la propia práctica, reflexionando sobre nuestros errores y aciertos. Si te dicen que vas por el mal camino, posiblemente signifique que les asusta que vas por tu camino (o al menos por uno que no es el suyo).

Clarificar los pasos a ir dando. No confundamos nuestros deseos con nuestra realidad. Lanzar llamamientos a la gente para que desobedezca sin analizar los pasos a dar es tan inútil como exigir sol en invierno. Un objetivo ideal requiere personas ideales que no existen, así que nos frustraremos por nuestra incoherencia, por la falta de compromiso de los demás, por la debilidad de nuestro colectivo...

Pero tampoco avanzaremos si sólo nos centramos en la urgencia del día a día porque necesitamos referentes ilusionantes hacia los que dirigirnos.
Si quiero subir a lo alto de una escalera, tan necesario es saber dónde está el último peldaño como el primero. Por eso el reto es descubrir qué pasos podemos ir empezando a dar aquí y ahora, desde nuestras limitaciones, en dirección a nuestro ideal.

Para ello es importante plantearnos unos objetivos intermedios que puedan cumplirse en un tiempo marcado y que no nos harán alcanzar ese ideal, pero sí avanzar hacia nuestro referente.
Desobediencia cotidiana para interiorizar la desobediencia política. No queremos esperar a la revolución futura sino ir construyendo alternativas que nos den respuestas en el día a día. Preferimos ir ganando pequeños espacios de libertad que pasarnos la vida deseando la âLibertad Plenaâ?. Es importante el proceso, cuidarnos, empezar por desobedecer aquello que nos motive más, sea porque no nos supone grandes consecuencias (dar de mamar a nuestros bebés en espacios públicos para ir normalizando esta práctica), o porque nos cubra una necesidad fundamental en nuestra vida (ocupar la vivienda que necesitamos para vivir), o sumarnos a campañas de muchas personas desobedientes para minimizar posibles represalias (como ocurrió con la Insumisión)...

EDUCACION PARA LA DESOBEDIENCIA: ¿Y SI NOS DESOBEDECEN?

Cuando una situación nos desborda, el saber que podemos mandar y que nos obedecerán nos puede dar la sensación de seguridad, mientras que la capacidad de desobediencia de un grupo aumenta nuestra inseguridad. Nadie trata de favorecer valores que atenten contra su estabilidad; sin embargo, la única forma de fomentar un valr es con nuestro ejemplo (no podemos dar azotes a un niño mientras le decimos âno tienes que pegar nunca a nadieâ?), por lo que para fomentar el auténtico sentido crítico (tan de moda en las programaciones educativas) tenemos que favorecerlo contra nuestra forma de funcionar.

Nos desborda que no nos hagan caso porque se nos olvida que niños y niñas necesitan desobedecer como proceso natural en la búsqueda de su identidad personal. De peques los vestimos, alimentamos, peinamos... a los 40 ya no hacemos ese tipo de cosas y, entre medias, hay un proceso constante de cambio, de ir adquiriendo identidad individualizada. Este crecimiento personal se desarrolla muchas veces desde el enfrentamiento con la autoridad que le impide ser como quiere ser.

Es importante que no lo olvidemos para desculpabilizarnos de su desobediencia: generalmente no están pretendiendo agredirnos, sino que se están descubriendo , investigando, afianzando...y debemos respetar esa búsqueda.
De modo que tan normal es que tratemos en ocasiones de imponernos desde nuestra inseguridad (aunque tenemos que ser consciente de la reacción que genera en los demás) como natural es que experimentemos desde la desobediencia nuestro lugar en el mundo.

Si impedimos que nos desobedezcan sólo les estaremos dejando dos salidas para que nos expresen su malestar: la violencia (si no la dirigen contra nuestra autoridad la desviarán contra otros/as más débiles) o el pasotismo (la vía de disidencia más tolerada socialmente)
Facilitar que nos desobedezcan no significa que hagamos siempre lo que nos planteen (el derecho a desobedecer no evita su posibilidad de equivocación ni nuestra necesidad de seguridad), pero sí implica tratar de entender por qué y para qué lo hacen. Abrir el diálogo con quien desobedece significa reconocer que pueden llevar razón en su crítica, valorar si propone alternativas como propuestas de mejora, conocer una realidad que no percibimos anteriormente (puede haber motivos personales o externos que lo justifiquen), salir de la inercia de castigar su desobediencia por sistema... Toda desobediencia es una llamada de atención apara saber que algo no anda bien con quien nos desobedece y que debemos mejorar nuestra comunicación: ¿la nrma desobedecida no le aporta seguridad? ¿cómo y con qué criterios y participación se elaboró la norma? ¿estaré, con mis actitudes, transmitiendo mensajes que no deseo? ¿por qué pretende llamar la atención?...Deseducarnos de valores aprendidos y descubrir e nteriorizar aquellos que deseamos es un proceso difícil (y por lo tanto posible) y apasionante que implica, a su vez, un proceso de conocimiento y aceptación personal y colectivo. âEl no perder nunca los nerviosâ?, âla plena seguridadâ?, âlas ideas clarasâ?... son escudos para esconder carenciascuando no queremos o no podemos afrontarlos. Nosotros/as nos quedamos con la fortaleza de nuestras lágrimas, la convicción de nuestras dudas como espacios de búsqueda, y la certeza de nuestros errores como herramientas de aprendizaje. Serán errores, pero son nuestros.

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