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Inauguració Nou Ateneu candela (5+0)
24 mar 2006
Els propers dies 31 de març, 1 i 2 d´abril el nou Ateneu Candela obre les seves portes.
1_cartellA2.pdf
cartellA2.pdf (477,17 KiB)
Després d´un any d´obres, la setmana que ve tornem a obrir les portes del Candela. Volem fer una inauguració plena d´activitats per a tots el gustos.
Us esperem!! La Candela torna a calentar i de quina manera!!!

Podeu veure tota la programació al cartell.

Salut
Mira també:
http://www.ateneucandela.org

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Personalismos, "traiciones" y zancadillas en los movimientos sociales
24 mar 2006
Interesante artículo sobre relaciones entre diferentes grupos de la âIzquierdaâ?


¿QUIÃN SALE GANANDO CON NUESTROS ENFRENTAMIENTOS?

Es normal que se den discrepancias ideológicas, estratégicas o metodológicas con personas o colectivos que participan a nuestro lado. Pero llama la atención la crudeza y reiteración con que en ocasiones se hacen estas críticas o descalificaciones.

Esto no tendría más importancia que cualquier discusión de patio de colegio si no fuera porque en estas rencillas se malgasta mucho del tiempo, energía e ilusión de las personas más activas y comprometidas socialmente.

Y entre crítica y crítica la casa sin barrer, nuestra alternativa sin fraguar y haciéndole el juego a quienes pretenden silenciar o adormecer cualquier disidencia social dividiéndonos y enfrentándonos.

De esta forma reproducimos el mismo modelo de relaciones que decimos rechazar del sistema (competitivas, sin aceptar las diferencias...). Limitamos la complicidad y la confianza sólo a nuestro círculo más próximo, pero esto también lo hacen quienes promueven el miedo y el enfrentamiento como base del orden social ¿Quién sale beneficiado de todo esto?

NO HAY PERSONAS CONFLICTIVAS SINO RELACIONES CONFLICTIVAS: NOS TOCA ASUMIR NUESTRO GRADO DE RESPONSABILIDAD

Cuando nos sentimos víctimas de ciertos ataques solemos desahogarnos autoengañándonos pensando que siempre son las otras personas las âmalasâ? de la película. Pero esta actitud no nos ayuda a buscar soluciones porque la responsabilidad en una relación conflictiva está repartida siempre entre las partes aunque, es cierto, en diferente medida. Para mejorar una relación no sirve de nada señalar al supuesto culpable, como deberían saber jueces y directores de prisiones (fulanito empezó primero ¿Y?). Tampoco sirve el decirle a la otra parte lo que debería hacer (la realidad no es un cuento de hadas). Tampoco la pasividad del victimismo (queremos mejorar, no dar pena).

Sólo podremos incidir activamente en cualquier conflicto actuando sobre nuestro nivel de responsabilidad en el mismo. Si la responasbilidad sólo recae en âlos otrosâ? nada podremos hacer, pero si nos reconocemos como parte del problema (aunque sea en pequeña medida) sabremos que en nuestro âhacerâ? o âdejar de hacerâ? podemos convertirnos en parte de la solución. Si al leer este artículo te limitas a pensar que son otras las personas que se deberían sentir aludidas, no habremos cubierto el objetivo que nos propusimos al escribirlo.

RIVALIDAD CONTRA CIERTOS âCOMPAÃEROS DE VIAJEâ?

Si la coordinación deseada no llega a hacerse posible pues no tendría por qué asustarnos el continuar caminos en paralelo, cada quién por su lado, a su forma... sumando fuerzas. Sin embargo esto a veces nos genera rabia y agresividad contra nuestros compas âdescarriadosâ? y caemos en la espiral del desgaste mutuo. Aquí lanzamos algunas ideas para provocar el debate y facilitar la reflexión. Unas afectan al plano de lo personal, otras al funcionamiento de nuestros colectivos.

Inseguridad y necesidad de âlos míosâ?



El término seguridad está muy desgastado por el uso interesado que lo relaciona con tanques y policías. Sin embargo la seguridad personal es una necesidad humana, la necesitamos, la buscamos durante toda la vida. Cuando las personas nos sentimos emocionalmente estables y seguras nos mostramos más abiertas, respetuosas y receptivas a nuestro entorno. Hasta entendemos mejor al vecino del quinto. Cuanto más aceptamos nuestras propias limitaciones, mejor aceptamos las de las demás personas.


Sin embargo cuando nos sentimos débiles, vulnerables, bajo amenaza... (que suele ser lo más habitual en la actual cultura del miedo) necesitamos buscar esa seguridad que nos falta identificándonos con algo externo (familia, amistades, colegas, colectivo...) o con ciertos comportamientos (hiper activismo, necesidad de protagonismo, nuestra visión política...) que pasan a formar parte de nuestra identidad personal.


Es lo que ocurre cuando a veces perdemos los nervios si nos cuestionan asuntos aparentemente banales como ânuestraâ? música, estética, pose, bandera, virgen preferida, equipo de fútbol... Nuestra inseguridad los eleva a la categoría de señas de identidad, sin ello no nos sentimos âyoâ? o ânosotrosâ?. Cualquier duda o cuestionamiento sobre ellos los sentimos como ataques directos a nuestra persona.


Pasar de la admiración a la traición


A veces pasa que personas a las que hemos valorado mucho pasen en poco tiempo a ser el centro de nuestros desprecios y críticas. Algunas parejas saben mucho de lo fácil que se pasa del amor (¿o habría que decir dependencia?) al odio.


Cuando nos sentimos débiles en lo personal solemos identificarnos o proyectarnos en las personas que valoramos. Nos cuesta que se âdesvíenâ? de nuestro camino porque lo vivimos como âalta traiciónâ? a nuestra causa, a nuestra persona y nos asusta no seguir pudiendo contar con su colaboración.


Debilidad de los colectivos sociales: el desprestigio como seña de identidad


Lo mismo es aplicable a los colectivos sociales. Un colectivo fuerte y con capacidad de incidencia social basaría su razón de ser en su propia actividad, sin necesidad de sentirse tan pendiente (ni dependiente) de juzgar o desprestigiar a los demás.

Pero cuando un colectivo se siente débil respecto a la realidad que desea transformar, tiende a hacer del enfrentamiento y del marcar diferencias con los colectivos considerados más cercanos su principal fuente de identidad.

El esquema es muy destructivo: âsoyâ? en cuanto el otro âno esâ?. âSoy másâ? en cuanto el otro âes menosâ?. El enfrentamiento se convierte en necesario y el desprestigio de lo cercano se convierte en arma de identidad grupal.

La crítica y reflexión interna en las movidas sociales es un proceso duro y no suele estar valorado, por eso recurrimos a camuflarla de diferencias políticas hacia âlos otrosâ?.

La coordinación forzada es foco de conflictos


Una mayor unidad de acción es deseable, pero las condiciones en las que normalmente nos solemos coordinar a veces lo dificulta:

Generalmente es nuestra debilidad la que nos âobliga a unirnosâ? y no un sincero deseo de coordinación desde el apoyo mutuo.

Vivimos la coordinación como una carga a sumar a nuestro trabajo cotidiano en lugar de vivirla como un ahorro de tiempo y esfuerzos: la coordinación surgida desde las prisas para contrarrestrar alguna iniciativa gubernamental nos fuerza a abandonar o relajar lo que estábamos trabajando previamente

Normalmente no planteamos trabajos conjuntos con quienes más afinidad sentimos, sino que solemos hacerlo al revés: se propone cierto tema que nos interesa, y es posteriormente que se unen los colectivos interesados en trabajarlo, de modo que nos vemos obligados a coordinarnos con quien ni hemos elegido ni nos ha elegido. Complicado ¿No?

Campañas muy puntuales, limitadas en el tiempo y marcadas por las prisas suelen dar lugar a protagonismos, personalismos, juegos de poder y enfrentamientos. Sobre todo cuando planteamos objetivos imposibles de conseguir en las habituales âCampañas del NOâ? a medidas que ya han sido tomadas o que se sabe que se acabarán imponiendo. Esto alienta a ciertas personas o colectivos a priorizar sus intereses particulares: darse a conocer, imponer sus tesis, conseguir adeptos a su causa, desprestigiar o marcar diferencias respecto a otras personas o colectivos que les puedan hacer sombra...

El enfrentamiento como herramienta política

En ciertos partidos está muy enraizado un modelo de actuación política basado en el enfrentamiento y la descalificación del adversario, incluso dentro de su propia organización. Se busca la lucha por el poder y ello requiere âcurtirseâ? en el enfrentamiento para resistir críticas, hacerse oír... La lucha es dura y el fin justifica los medios.


Este enfrentamiento premeditado forma parte de su estrategia política para desprestigiar e infravalorar al contrincante, interiorizando la idea militar de âenemigoâ? a destruir. Son funcionamientos y formas de entender las relaciones humanas completamente diferentes a los que planteamos.


En ocasiones esta actuación puede no ser consciente. Muchas personas de los movimientos sociales provienen de esta escuela del âenfrentamientoâ? y aunque compartan sinceramente el discurso de la necesidad de coordinación y del trabajo en red desde la valoración de la diversidad, sus actitudes configuradas a lo largo de años les impulsan a la inercia de la descalificación, dejándose llevar por lo que han hecho siempre. Pero que no haya mala intención no evita que se pueda estar haciendo daño y desgastando a otras personas. El primer paso para una buena coordinación es clarificar el con quién queremos coordinarnos.


Miedos y enfrentamientos ante diferentes formas de funcionar


¿Votación o Consenso? ¿Comisiones decisorias o que todo pase por la asamblea? ¿Creamos cierta estructura para organizar mejor el movimiento o funcionamos en red desde la total descentralización? Cuestiones que favorecen tensiones y más si no se aclaran desde un principio, visualizándose en forma de acusaciones de âmanipulaciónâ?, âpérdida de eficaciaâ?...


Acostumbrarnos a funcionar de una determinada forma nos da seguridad, confianza, pues controlamos el método y sus variables. Funcionar de otra forma descoloca. A veces vemos manipulaciones o intentos de control cuando lo que hay es simplemente inseguridad ante lo diferente, dudas sinceras a que la fórmula propuesta no sea la mejor.

Pero si a esto le sumamos la desconfianza que nos puedan merecer ciertas personas o colectivos (por experiencias previas, por lo que nos han dicho, por envidias...) es cuando percibimos los fantasmas, reales o imaginados, de los intentos de control, de protagonismos exagerados... La desconfianza desmotiva toda iniciativa cooperativa.

La âPlataformitisâ? como tribuna partidista


Las grandes plataformas surgidas ante temas muy puntuales representan tanta pluralidad de sensibilidades que sólo pueden ser operativas desde planteamientos muy unitarios.


Es conveniente y necesario superar esos planteamientos âlightâ?, pero esto debe hacerse desde cada colectivo o colectivos más afines y no tratar de impulsarlo en la macroplataforma pues cada quien trataría de imponer sus contenidos, su mayor organización, su estructura... provocando luchas de poder.


¿Y si nuestro colectivo no tiene fuerza por sí sólo para profundizar en estas ideas? Las limitaciones de cada colectivo no deben repercutir en estos espacios unitarios porque son espacios, objetivos, sensibilidades diferentes. Una cosa es sumar esfuerzos en lo que se tiene en común desde esa diversidad, y otra tratar de imponerse.


Confundir lo urgente con lo importante


Arrastrados por las prisas, la inercia, la rentabilidad a corto plazo, el protagonismo de ciertos colectivos... solemos olvidar lo que consideramos más necesario y básico en cualquier actividad social y política: favorecer la confianza en las relaciones personales, buscar nuevas formas de comunicación y conocimiento como base del apoyo mutuo. Se suelen infravalorar estos aspectos en detrimento de los ideológicos pensando que éstos están por encima de los anteriores. Pero según nuestra experiencia, lo que facilita el trabajo colectivo no es tanto la afinidad ideológica como algo considerado tan âpoco políticoâ? como la confianza, el respeto, el sentirnos a gusto trabajando en común. Las diferencias ideológicas no debería impedirnos el tratar de confluir en aquellos asuntos puntuales en los que pensemos que estamos de acuerdo. Sin embargo la desconfianza o las actitudes hostiles nos condicionan mucho más pues afectan transversalmente a todo lo que hacemos.


Por no dedicar atención a estos temas (âporque siempre hay cosas más importantes que hacerâ?) suponemos que ante la próxima mani habrá quien discutirá más sobre quién va en cabecera que de cómo llegar mejor a la gente para fomentar su participación e implicación política. No se trata de elegir entre âbuen rollitoâ? o lucha social, sino en darnos cuenta que las relaciones humanas son la principal base y herramienta con las que contamos para luchar por nuestras alternativas. Consideramos un error y una victoria más del sistema el marcar diferencia entre âlo políticoâ? y âlo personalâ?. Tenemos que cotidianizar y humanizar nuestra política.


La globalización capitalista deshumaniza las relaciones entre las personas. Nuestro reto es no dejarnos arrastrar por lo mismo. Profundizar en nuevas formas de lucha e intervención social implica desarrollar la imaginación, la ternura y el mirarnos a los ojos. En todas nuestras reivindicaciones y vivencias hay personas que sienten, disfrutan, sufren, luchan, lloran... Que no lo olvidemos. Por cierto ¿Cómo estás?

Colectivo de Educación âAbraâ?. Colectivo.abra (at) wanadoo.es Artículo para la
Lletra A; 3-05.
Re: Inauguració Nou Ateneu candela (5+0)
03 abr 2006
CONDECITO I SU BUFON
Sindicat