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Mas alla de nuestras narices -Un acercamiento a la estrategia-
20 mar 2006
Más allá de nuestras narices
Un acercamiento a la estrategia





1.     Introducción

Esto es un saqueo al arsenal del enemigo y al nuestro propio. Necesitamos hacernos con algunas herramientas. Necesitamos tomar, de nuestro campo y del campo contrario, aquello que nos servirá para avanzar.
Hay que hacer del vandalismo una amenaza real contra el modelo de sociedad que nos toca sufrir. Hay que hacer del vandalismo, y de todo el resto de expresiones de rechazo al sistema capitalista, algo peligroso. Ese es nuestro objetivo y, para conseguirlo, tenemos que ser capaces de ver más allá de nuestras narices. Hay que recuperar la capacidad para pensar estratégicamente y para convertir cada acción en una porción de un todo más amplio.
Con este texto se pretende hacer un primer acercamiento al mundo de la estrategia. Ser capaces de construir nuestra propia estrategia nos permitirá no tener que depender de los socialdemócratas ni de los iluminados que, a menudo, se cruzan en nuestro camino. Pensar estratégicamente será el primer paso para constituir una inteligencia colectiva que nos ayude a ser más incisivas.
En la lucha contra quienes nos explotan y nos oprimen no podemos renunciar a ninguno de nuestros recursos. Pensar, sentir y actuar de forma sintonizada son nuestras mejores armas. Nuestra pasión por la vida exige odio por quien trata de quitárnosla de manera rápida o lenta. Esa rabia debe ponerse en práctica en la calle para tener efectos reales. La práctica, para hacer daño de verdad, necesita de la inteligencia que sepa conducirla hacia los puntos flacos del enemigo. La estrategia debe incluir estos tres aspectos de nuestra vida que, unidos, nos hacen peligrosos para el sistema.
El camino que nos lleva a la estrategia no es ni recto ni llano. Está lleno de irregularidades y unas partes están más trabajadas que otras. De conocer los mecanismos de la estrategia se han preocupado mucho nuestros enemigos: los politicos, las empresarias, los militares, etc. por eso el saqueo ha sido mayor en su arsenal. Del botín conseguido se ha tratado de eliminar la basura militarista que no nos servía para nada. Tampoco se ha querido caer en el tufillo militante: la mentalidad militante hace que nos olvidemos que somos personas, por eso tampoco sirve. La mentalidad militante es la réplica izquierdista de la mentalidad militar. Esta mentalidad hace que no tengamos en cuenta nuestros deseos ni nuestros miedos, hace que la gente se crea especial y proteja su actividad y conocimientos como si fuesen su tesoro. A quien piensa como un militante le cuesta relacionarse con gente de fuera de su âselectoâ? círculo, a la vez menosprecia actividades llevadas a cabo por otras gentes y observa la realidad de manera miope. Pensar como una militante no tiene nada que ver con luchar más o mejor, tiene que ver con pensar de manera alienada.
La estrategia consiste en planificar nuestras actividades de manera inteligente. Planificar sirve para llevar una dirección y no perdernos. Sirve también para examinar, analizar y discutir sobre las distintas opciones posibles. Planificar ayuda a tomar decisiones posteriores, reduce riesgos y nos aporta ventaja sobre el enemigo.
Este texto no es un manual por eso no incluye ejemplos, tampoco es una biblia ni unos estatutos confederales por eso no hay versículos. Este texto no es, definitivamente, un manifiesto difuso sobre la espiritualidad del movimiento antagonista por eso el lenguaje trata de ser lo más directo posible. Este texto pretende ser una provocación para que, quienes se han reconocido en el bando proletario de esta guerra social, tomen en cuenta la estrategia. Prepararse para las amenazas que vienen o explotar las oportunidades que se presentarán depende de que conozcamos y nos aprovechemos bien de los mecanismos de la estrategia.

El profeta lapidado por la sociedad muere triunfante,
el kamikaze patriota que se espachurra contra el enemigo se convierte en un mártir,
el revolucionario lapidado por la sociedad ha equivocado su manera de actuar,
el revolucionario kamikaze no aporta más que una nueva lápida o celda a la guerra social.

2. Psicomotricidad

âEl movimiento es indisociable del pensamiento que lo produce y, en ocasiones, el movimiento es pensamiento en acción (â¦) El movimiento aparece antes que el pensamiento y, para nosotros es aquel quien origina este. El pensamiento se construye con la experiencia del movimiento y la acción. Podríamos incluso decir que el pensamiento es el movimiento sin acción (â¦) El pensamiento tiene mucho que ver con la inhibición, control, preparación o anticipación al movimiento (â¦) El movimiento también es inseparable del aspecto relacional que tiene la conducta. Mediante la acción el individuo se relaciona con el ambiente, tanto físico como social.
Capacidades psíquicas como la sensación, la percepción, la representación, la memoria, la atención, el razonamiento, la orientación, la simbolización o el lenguaje dependen de la relación de nuestro cuerpo consigo mismo y con el mundo a través del movimientoâ? (Psicomotricidad y educación infantil- J.A.. García y P. Berruezo).

A medida que va pasando el tiempo, nuestra manera de ver las cosas, nuestra actividad, los temas que tratamos y las herramientas que usamos han ido cambiando. En esta sucesión de cambios se echa de menos, sin embargo que salgan a la luz capacidades individuales y colectivas que permanecen desaprovechadas. Esta evolución encubre un encasquillamiento en el desarrollo de nuestras habilidades y un desaprovechamiento de las posibilidades de cada momento. Es imprescindible que haya un desarrollo en la calidad de lo que hacemos así, además de ser más eficaces, podríamos aprender de los errores y no simplemente dejarnos llevar por las circunstancias. La aparición de cambios no garantiza que haya aprendizaje. Nuestra profundización tanto teórica como práctica esta bastante bloqueada y las razones son variadas; aquí trataremos de localizar algunas.
A la hora de hacer algo lo primero que debería plantearse es qué es lo que se anda buscando, el fin o los fines. El paso siguiente es decidir cual es la mejor manera de avanzar hacia el o los mismos, el modo. Por último hay que elegir las herramientas más adecuadas para llevarlo adelante. Este proceso, que se basa en el âsentido comúnâ?, pocas veces se hace prestando la atención suficiente a cada paso.
Muchas veces la costumbre de usar determinadas herramientas o prácticas hace que se acaben buscando excusas o imaginando realidades que no existen para justificar una actividad no adaptada a nuestras posibilidades, al entorno o a nuestros objetivos. Otras veces es al contrario, se critica el uso de prácticas concretas o se usa cualquier otra excusa para mantenerse a salvo en el mundo de las cavilaciones, los debates y las pajas mentales.
En ambos casos los resultados acaban siendo más bien tristes. La fijación irracional con ciertas prácticas lleva a un activismo mecánico que, tarde o temprano, se acaba estampando con la realidad que se empeña en ignorar. Por otro lado atrincherarse en el mundo de los deseos y las elucubraciones acaba degenerando en una visión tan complicada del mundo que impide intervenir en la realidad y acaba limitando la propia actividad a opinar o juzgar aspectos de un mundo que, en el fondo, no se comprende. Algunas veces se combinan los deseos y la práctica. Inocentemente se cree que, deseando con muchas ganas algo y repitiendo compulsivamente una misma actividad, se logrará lo que se busca. La decepción espera, pacientemente, a la vuelta de la esquina.
El problema de fondo es que se deja de lado el paso intermedio: la elección del modo de conducir la lucha. Se pasa de los deseos a la práctica o de la práctica a los deseos directamente. La capacidad de pensar desaparece en una dinámica de la que o bien se apoderan los sentimientos y el activismo o bien toman las cavilaciones y los deseos. La coherencia del proceso depende sobre todo de la elección de los modos que es dónde interviene nuestra inteligencia. La elección de los modos no es otra cosa que la estrategia. Esta se encuentra a medio camino entre los objetivos y las herramientas.
La psicomotricidad trata de relacionar dos elementos de un mismo proceso: el desarrollo motor (la movilidad) y el psíquico. El conocimiento y el control de la propia actividad corporal son los que permiten el desarrollo de las capacidades mentales.
De manera paralela, la estrategia trata de relacionar dos elementos de un mismo proceso: el mundo de los fines y el mundo de los medios y lo hace prestando atención a los modos. La estrategia conecta la práctica diaria con la teoría. Trata de que actuemos como hombres y mujeres de pensamiento y que pensemos como gente de acción. Busca hacer del camino del aprendizaje y del camino de la lucha uno solo.
El proceso que permite hacer las cosas cada vez mejor y aprender requiere unos pasos básicos. Los pasos son: plantearse qué es lo que se busca (los objetivos que perseguimos en relación con la realidad que vivimos), preguntarse cuál es la mejor manera de conseguirlos (aquí estaría el pensamiento estratégico), cuestionarse cuales son las herramientas que vamos a usar y cómo lo vamos a hacer (la táctica) y, por último, comprobar en la realidad la necesidad o no de corregir nuestra manera de funcionar.

3. Guerra, paz y seguridad

Aunque casi todos tengamos una idea aproximada de lo que es la guerra basta echar un ojo a las publicaciones que se definen como anticapitalistas, antiautoritarias o revolucionarias para darse cuenta de la fuerte influencia que tienen los medios de manipulación de masas sobre nuestra concepción de âlo bélicoâ?. Conviene pararse un momento para ver lo que la guerra es y lo que no es y así evitar las trampas que nos tiende la propaganda institucional.
Por su origen del latín guerra se relaciona con âpolesâ? (polemología es la ciencia que estudia las guerras) que significaba âgran númeroâ?. También se relaciona con âbellumâ? (la actividad bélica es la guerra) que es una evolución tardía de la palabra âduellumâ? y se usaba para nombrar a las guerras en la época del imperio romano. Tenemos pues dos elementos fundamentales: la multitud y el duelo o enfrentamiento.
No todos los enfrentamientos son guerras. Para serlo deben tener unas características concretas. La guerra implica:
-Un fenómeno colectivo,
-determinado por la naturaleza de los grupos y los objetivos que persiguen,
-en el que hay una hostilidad recíproca y voluntaria,
-que busca imponerse por la fuerza al contrario,
-esta hostilidad es metódica y organizada, los impulsos hostiles se refrenan para liberarlos en el momento más adecuado.
La guerra es, según Clausewitz, la âcontinuación de la política por otros mediosâ?. Habría que añadir que es, también, la continuación de la economía por otros medios. Otros la definen como una âdialéctica de voluntadesâ?, un enfrentamiento que busca imponerse al contrario por la coacción. En la guerra el uso de la fuerza (efectiva o como amenaza) sirve para imponer objetivos propios al adversario y forzarle a ejecutar nuestra voluntad.
La supervivencia del sistema capitalista exige mecanismos que, por la amenaza o el uso de la fuerza, consigan extender el miedo entre quienes se quiere mantener bajo control. La extensión del miedo entre las explotadas busca paralizar las ganas de cambiar la realidad que vivimos. El miedo cotiza en bolsa en todos los lados y sus componentes son el beneficio y la sumisión: el beneficio económico que implica la explotación capitalista y la sumisión de quienes la sufrimos que sirve para perpetuarla. Nuestro miedo es su victoria. A la vez el miedo que fabrica el Poder facilita la aceptación de cualquier maniobra que se ejecute para garantizar âla seguridadâ?. Por ejemplo, apoyandose en el miedo y la necesidad de seguridad de la sociedad, desde las instituciones se señala como âuna amenaza socialâ? a quienes nos enfrentamos con la explotación y la represión. Esta maniobra, que es capaz de presentar la realidad al revés de cómo es, se sustenta sobre el miedo y deja ver la naturaleza bélica de las relaciones entre dominadores y dominadas, explotadoras y explotados.
La guerra es la esencia del capitalismo que no solo necesita producir para perpetuarse sino también destruir. La guerra no nació con el capitalismo, pero el capitalismo si nació con guerras. Desde los medios de comunicación se da una versión de lo que es la guerra muy reducida. Según los medios un conflicto bélico es tal solo si se da entre estados (existentes o potenciales) y si está ordenado jurídicamente por sus leyes (resoluciones internacionales, declaraciones de guerra, bloqueos, etc.). Así lo que ellos llaman guerras se limita en realidad al reflejo de la competencia entre distintas facciones de la burguesía por el reparto del pastel en forma de poder, acceso a recursos o mercados, control sobre comunicaciones, etc.
El objetivo que se busca con esta reducción del concepto de guerra es: 1) Ocultar la existencia de un enfrentamiento de nivel variable pero permanente en el interior de cada país, un enfrentamiento de clase y; 2) Evitar que este conflicto se asocie con el término bélico que mejor lo define, la guerra social, y con sus consiguientes implicaciones.
No existen estados en paz ni tampoco a favor de la paz. El Estado es el instrumento de guerra del Capital: decir Estado es decir guerra. Las instituciones estatales son las encargadas de aplicar las técnicas de guerra para la perpetuación de la explotación capitalista. A lo largo de la historia la guerra y el trabajo asalariado han caminado siempre muy unidos. La manera en que se desarrolla la guerra ha sido un reflejo de la manera en que se desarrolla el trabajo. A su vez el mundo laboral ha importado técnicas procedentes del campo militar para âmejorar sus rendimientosâ?. El intercambio es continuo y permanente entre la industria militar y la civil, de hecho tienden a fundirse la una con la otra.
La situación real de guerra que vivimos no se corresponde con las situaciones de guerra y paz oficial que nos tratan de vender desde los medios de comunicación. La idea de paz no es más que una figura jurídica que tiene sólo un par de siglos de vida.
Tanto el concepto de paz que se nos inculca como las propias instituciones, el Estado y sus ejércitos provienen de la Francia del siglo XVIII. En esa época la burguesía fue excluida del servicio al ejército con el objetivo de ser formada para sustituir a la cada vez más indigente aristocracia. Este distanciamiento de los asuntos militares hizo que, tanto la burguesía como sus intelectuales, identificasen, en principio, la guerra como algo propio de los monarcas y aristócratas, por y para su propio beneficio. Simbolizaba para aquellos intelectuales el mundo con el que querían acabar y empezaron a elaborar sus teorías acerca de la paz. Cuando la burguesía toma finalmente el poder completa definitivamente su idea de paz y transforma la guerra ârománticaâ? del Antiguo Régimen en una ciencia positiva.
El nuevo poder burgués interpreta desde ese momento la paz como la conservación del equilibrio entre poderes. Un equilibrio que debía someterse a constantes regulaciones mediante guerras. Estas guerras se llevarán adelante por medio de ejércitos multitudinarios reclutados por una institución de reciente creación: el Estado. La paz que se nos presenta desde los medios de comunicación es heredera de esta idea. Consiste en períodos en los que la guerra legal entre facciones de la burguesía se interrumpe para que éstas, continuando con la explotación y la represión, se rearmen productiva, organizativa y militarmente.
La paz capitalista es un concepto que oculta la realidad bélica que vivimos a diario. Hay muertos en el mundo laboral (accidentes de trabajo o en el camino hacia el tajo, las enfermedades laborales, etc.), hay muertos a causa del sistema sanitario y del envenenamiento de todo lo que comemos (incluídas las medicinas), hay muertos a manos de la policía, los guardias jurados, los grupos parapoliciales y los fascistas. Hay campos de concentración en forma de cárceles, psiquiátricos y reformatorios que se extienden más allá de los muros e inundan el territorio âexteriorâ? de fronteras infranqueables, de cámaras de videovigilancia y de multitud de sistemas de control tecnológico. Los estrategas e intelectuales al servicio del sistema tienen como herramientas para difundir su propaganda a los medios de comunicación. El sistema penal se apoya en leyes cada vez más represivas diseñadas por políticos, utilizadas por jueces y fiscales y aplicadas por policías y carceleros.
En los últimos tiempos cada vez que se habla de guerra se escucha también hablar de seguridad. Son dos palabras que están asociadas. La seguridad implica ausencia de amenazas y, por tanto, lucha contra las amenazas. Pero ¿de quién se busca la seguridad? y ¿cómo se administra? En realidad esta seguridad se refiere solo a quienes se encuentran del lado del poder y se benefician de su posición.
La seguridad de la que se habla en los medios abarca aspectos bélicos que, desde el Poder, no se quieren llamar guerra. Se usa la palabra seguridad para hablar de la guerra interior que libra el Estado para controlar a la sociedad, de la guerra que libran los explotadores para controlar a sus trabajadores. Los estrategas político-militares europeos definen la Seguridad Cooperativa como un sistema de anillos que, de afuera a dentro, implica: 1) âPromoción de la estabilidadâ?, de los países europeos hacia otros; 2) âDefensa Colectivaâ?, los asociados acuerdan defenderse de cualquier agresión exterior; 3) âSeguridad Colectivaâ?, implica la defensa y apoyo entre los países europeos ante cualquier amenaza interior; 4) âSeguridad Individualâ?, del Estado hacia el individuo y la población.
Podemos ver así como los propios estrategas del sistema no hacen diferencias entre lo que habitualmente se llama guerra (que enfrenta a estados y está amparada por leyes) de lo que implica realmente la guerra en âtiempos de pazâ? contra los explotados. La única variación es que usan el término âseguridadâ? como sustituto, menos agresivo y más ambiguo, de âguerraâ?. Siguiendo a los teóricos institucionales, la seguridad abarca, a parte de al sector militar, al político, al social y al medioambiental, pues de todos ellos depende la continuidad del modelo capitalista.
Cada época es distinta respecto a la forma de librar las guerras. Hoy estamos en un momento en el que el modo de combatir está cambiando de forma importante. De manera paralela a como se está transformando la estructura productiva se transforma el modelo destructivo. Aunque no están a la vista todos sus detalles sí hay características que podemos señalar de cara a saber adaptarnos a las nuevas formas de enfrentamiento y sacar la mayor ventaja de las mismas.
Según algunos analistas al servicio del sistema las guerras del futuro se distinguirán por características que ya se están dando en el mundo empresarial:
1)-El conocimiento se convierte en un factor muy importante que multiplica la capacidad destructiva y reduce la exigencia de otras aportaciones.
2)-Si antes lo que definía a un ejército potente era, sobre todo el número, la cantidad, ahora la capacidad militar se mide más por valores que no son fáciles de medir como son: la iniciativa, la información, la capacidad de comunicación, la preparación individual y colectiva, la motivación, etc.
3)-Crece la importancia de la información y el papel de las nuevas tecnologías en detrimento del volumen de fuego: menos cantidad y más calidad.
4)-Hay cada vez menos militares pero más preparados.
5)-La innovación y la iniciativa adaptadas a las circunstancias cobran progresivamente importancia.
6)-Se cuenta con mayor potencia de fuego a pesar de que las dotaciones son más reducidas y flexibles.
7)-Se fomenta la capacidad de respuesta flexible, se promociona la autonomía local y se relaja el mando gracias al perfeccionamiento de los sistemas de control y comunicación.
8)-La estructura se hace cada vez más compleja y por ello necesita de una gestión-coordinación que haga que no se pierdan fuerzas inútilmente.
9)-La vasta y ramificada estructura necesita de una compleja red de comunicaciones y enlaces que hagan posible el contacto continuo.
10)-Se aceleran los acontecimientos y aumenta la importancia de la velocidad en la toma de decisiones y su puesta en práctica con respecto a la del enemigo.
Estos aspectos pueden ser más o menos discutibles y se pueden dar en mayor o menor medida en cada caso particular. Pero, en general, es una tendencia que, proveniente del sistema empresarial, se irá extendiendo progresivamente a todos los campos: el militar, el policial, el carcelario, etc. En nuestras manos esta sacar conclusiones sobre los mismos y extraer de ellas pistas para saber como funcionar de la mejor manera posible de acuerdo con nuestros objetivos.
Hay que recordar que âLa guerra no es un acto extremo que libera tensión en una sola descarga; es la acción de fuerzas que no se desarrollan en todos los casos y en la misma proporción, pero que en un momento dado se elevan hasta un extremo suficiente como para vencer la resistencia que les oponen la inercia y la fricción; mientras que en otro son demasiado débiles como para producir efecto algunoâ? Clausewitz.

4. Estrategia y táctica

Con estos, como con el concepto de guerra, pasa que todos tenemos una idea aproximada de lo que son pero, como se usan demasiadas veces fuera de contexto, su significado no siempre está claro. Definir la estrategia no es fácil porque está a caballo entre dos mundos: el de la teoría y el de la práctica, entre los deseos y las herramientas. Según desde donde nos acerquemos a la estrategia veremos unos aspectos y no otros. Lo mejor es hacerlo por partes.
El objeto de la estrategia es âel decir de un hacerâ?: es un conocimiento que busca la mejor manera de conseguir unos fines usando los medios a nuestro alcance. Esta relación dialéctica entre fines y medios desemboca en una intención o en una decisión. Trata de iluminar un escenario donde se unen los objetivos y las herramientas. Es un conocimiento dirigido hacia una práctica.
La forma de la estrategia consiste en âla lógica de la acciónâ?. La estrategia es una lógica que se planta frente a otra lógica (la del enemigo) para componer una dialéctica de voluntades. En este enfrentamiento la estrategia trata de introducir actos donde el adversario se ve forzado a padecer sucesos. La previsión, la anticipación, el adelantamiento y la iniciativa son las que identifican una estrategia como mejor que otra.
La materia de la estrategia es âel arte de la distanciaâ?. Para conducir las propias acciones la estrategia necesita tener suficiente libertad de acción. Por eso la distancia respecto a los acontecimientos es importante y debe aumentar o disminuir según las necesidades.
La estructura de la estrategia está presente en âla concepción de planesâ?. Lo que hace de puente entre los objetivos y la práctica diaria son los planes construidos por la estrategia, planes que desembocarán en actividades concretas.
El contenido de la estrategia es âla conducciónâ? de los propios movimientos hacia objetivos concretos. Así cada plan trata de ofrecer una respuesta nueva a cada situación que se da. La eficacia de los planes depende de la práctica y no hay un plan perfecto derivado de principios eternos. La estrategia es una manera de pensar ante situaciones de conflicto.
Según algunos autores la estrategia es, de forma muy general, la selección y organización de actividades futuras que, partiendo de los medios que tenemos y del entorno que nos rodea, se estructuran armónicamente para conseguir unos objetivos concretos.
El objetivo de la estrategia sería, alcanzar el punto decisivo que se anda buscando gracias a la libertad de acción conseguida por una buena economía de fuerzas. Ese punto decisivo podría ser, en lo físico incidir en la línea de menor resistencia del enemigo y, en el plano psicológico, la que menos se espere. Solo cuando ambos planos (físico y psicológico) se combinan se puede, de verdad, dislocar el equilibrio del enemigo.
La estrategia reúne conocimientos de cómo se puede hacer esto o lo otro, este saber procede de un pensamiento práctico, no teórico. Viene de un deseo o voluntad, basado en la realidad que nos rodea, y va hacia algo que puede y debe hacer él o los que piensan. La estrategia describe y explica hechos cumplidos para acabar ofreciendo indicaciones sobre lo que hacer. En definitiva decide ¿qué debemos hacer? A partir de ¿qué debemos saber? En la atmósfera del ¿qué va a pasar? En la estrategia hay distintos niveles. Según se esté trabajando más cerca de los deseos o de las herramientas la estrategia será más general o más operativa.
La planificación estratégica debe hacerse sobre la base de un conjunto coherente de previsiones que lleven a una decisión. Debe combinar factores psicológicos, datos materiales, información sobre el entorno, etc. mediante una operación mental que analice los elementos separados y los sintetice para conseguir llegar a una elección. El proceso debería ser ¿dónde estamos? ¿qué estamos haciendo? ¿qué estrategia estamos aplicando? ¿qué posibilidades no estamos teniendo en cuenta? ¿dónde llegaremos si seguimos por aquí? Comparándolo con ¿dónde realmente queremos ir?
Si la estrategia es, sobre todo, planificación la táctica es ejecución: es el modo práctico de llevar a cabo los planes estratégicos. Se puede definir la táctica como la habilidad de usar las herramientas que tenemos de manera que nos den el mejor resultado posible. Es la parte más técnica de todo el proceso. Para elegir estas herramientas hay que contrastar las vulnerabilidades del enemigo con nuestras posibilidades. Herramientas pueden ser debates, acciones, publicaciones, etc.
En la táctica es fácil entusiasmarse con rapidez, el ritmo acelerado de los acontecimientos hace que desaparezcan las dudas y nos lancemos hacia delante. El ritmo de la estrategia, sin embargo, es más lento hay más sitio para las dudas, propias y ajenas, para las objeciones y rectificaciones. Ambas tienen ritmos distintos debido a la distancia que mantienen respecto a los acontecimientos diarios. Los errores en estrategia son mucho más difíciles de subsanar que los errores en táctica. En esta última la parte técnica es la principal y, por ello, es más fácilmente corregible una vez se localizan los errores.
Estrategia y táctica mantienen vínculos que las unen necesariamente. De la buena sintonía entre ambas depende nuestra capacidad para avanzar.

5. Elementos de la estrategia

En la estrategia intervienen distintos elementos que, combinados, son los que definen la manera como se va a desarrollar la lucha. Estos elementos son un reflejo de los objetivos que se buscan, de quién los busca y en qué momento o contexto lo hace. Es importante conocerlos, no solo para construir nuestra propia estrategia, también para comprender la de otros.

5.1. El tipo de conflicto

La naturaleza del conflicto al que nos estamos refiriendo, la guerra social, hace que sea interesante prestar atención a cuatro elementos básicos: la estrategia indirecta, el papel de la psicología, la sintonía entre lucha y vida cotidiana y la conexión entre nuestra lucha y nuestro entorno.

a.-La estrategia indirecta

Surge de la comprensión de que en todo enfrentamiento se debe tener en cuenta a la otra parte, sus proyectos, sus fuerzas, etc. Ante una situación de debilidad respecto del contrario la estrategia indirecta busca variar la relación de fuerzas a nuestro favor. Es el arte de explotar lo mejor posible el estrecho margen de libertad de acción consiguiendo éxitos a pesar de la limitación, a veces extrema, de medios.
La práctica de la estrategia indirecta consiste en invertir, por medio de una serie de maniobras, la relación de fuerzas en una situación concreta evitando el enfrentamiento directo con el núcleo más fuerte del contrario. La estrategia indirecta es a la directa (caracterizada por el enfrentamiento frontal y la concentración de fuerzas contra el punto más poderoso del enemigo) lo que la medicina a la cirugía. El objetivo que se busca, usándola, es disminuir la posibilidad de resistencia del oponente y conseguir una situación ventajosa que nos facilite lograr objetivos concretos. Para ello la estrategia indirecta se sirve de dos herramientas básicas: dislocar y explotar.
Dislocar el equilibrio del enemigo es la consecuencia de un movimiento que: 1) trastorna los dispositivos de defensa del contrario y, forzando un repentino âcambio de frentesâ?, disloca la distribución y organización de sus fuerzas; 2) dispersa sus energías; 3) pone en peligro alguno de sus puntos más sensibles, sus articulaciones y centros nerviosos y; 4) amenaza los mecanismos con los que se puede recuperar. La estrategia indirecta debe, por tanto, poner al enemigo en un dilema no dejando claras las propias intenciones.
Explotar los fallos, los puntos flacos y las derrotas del oponente a la vez que se saca provecho de los puntos fuertes y las victorias propias es otro pilar de la estrategia indirecta. Se trata de, prestando mucha atención al entorno, sacar el mayor provecho posible de las situaciones para, economizando al máximo las propias fuerzas, colocarnos en una posición de ventaja respecto a la parte contraria.
Un plan, como un árbol, debe estar enraizado en la realidad y debe tener ramificaciones si quiere dar frutos. Debe contener alternativas que se adapten a la evolución de las circunstancias. Un plan con un método único es como un palitroque inútil.

b.-La psicología

Tiene un papel importante en el desarrollo de las guerras. Todo el mundo rehuye el tema. Nadie acepta que otros la tengan en cuenta ni quiere reconocer que la utiliza. Es por esto que no se suele hablar de ella mas que para echarle en cara al otro que la usa. Es por ésto que le prestaremos especial atención. Las guerras las hacen las personas y en ellas el elemento psicológico es, al menos, tan importante como el físico; le queramos prestar más o menos atención vamos a âsufrirâ? sus consecuencias.
La creciente importancia que toman los medios de manipulación de masas demuestra el interés que tienen las instituciones en controlar psicológicamente a la población. A sueldo del Capital intervienen en la propaganda de guerra psicólogos, sociólogos, expertos en comunicación y políticos, cada uno aporta sus conocimientos a la causa.
La psicología en la guerra interviene en la comunicación, impulsando ideas, sentimientos, motivando y potenciando actitudes que contribuyen a avanzar hacia los objetivos que persigue quien la utiliza. El hecho de que la psicología tenga importancia en el desarrollo de los conflictos desmonta todas las teorías mecanicistas y deterministas sobre la lucha de clases y la revolución. Sin embargo las teorías psicologicistas que defienden que todo gira en torno a lo que pasa dentro de nuestras cabezas (por ejemplo algunos textos de los situacionistas y de sus fans más despistados) son todavía más imperfectas.
La psicología en la guerra no es una varita mágica pero hay que prestarle atención porque es un instrumento muy útil. De la misma manera que se puede avanzar en el plano físico se puede avanzar en lo psicológico por medio de la lucha. Además, aunque no sea decisivo, el elemento psicológico sirve para economizar fuerzas y medios.
El poder utiliza continua y machaconamente la psicología como arma al servicio de su propaganda de guerra. Esta propaganda invade todos los ámbitos de nuestra vida: la educación, los medios de comunicación, la publicidad, el ámbito laboral, etc. A través de ellos, las instituciones tratan de inculcar los valores y opiniones que les son útiles en cada momento.
El individualismo adaptado a los intereses del Capital ha sido el tema estrella que pretendía acabar con la solidaridad de clase. Fomentándolo se ha pretendido conseguir que los explotados y las explotadas, aislados entre sí, buscasen protección en los brazos del capital o sus subalternos. Actualmente ésto se sigue dando y se hace visible cuando, por ejemplo, se nos empuja a afirmar nuestra autonomía y singularidad entregándonos sin límite a los estímulos de la vida mercantilizada, a sus sensaciones âlistas para vivirâ? y a sus productos de distracción frenética. El consumo de determinados productos, dicen, es lo que nos distingue de los demás. Se han ido destruyendo muchos de los componentes del carácter que, al estructurar el propio mundo, ayudaban a defenderse de las alucinaciones que crea el Capital. La autonomía individual construida en base a la experiencia, la comunicación directa, la firmeza, la constancia, la determinación, etc. es sustituida por un narcisismo basado en ideas provenientes de la publicidad y apoyado por la idea de que âtodo valeâ?, todo es relativo, todo es opinable. La subjetividad queda elevada a principio supremo, de estupidización publicitaria. El escepticismo ante los acontecimientos que se desarrollan a nuestro alrededor se extiende como una forma cobarde de indiferencia. Todo esto unido a una capacidad cada vez más precaria para comunicarnos hace que nos encontremos en una posición muy vulnerable frente a las ofensivas propagandísticas del Capital.
La propaganda capitalista vende también libertad. Una libertad vacía, reivindicada con gran despliegue de eslóganes animosos, libertad para elegir cualquier tipo de vida (de las que hay en el escaparate) pero con la condición de que sea vaciada de todo sentido. Una vida liberada del esfuerzo de vivir, en la que úno se deje llevar de un parque temático a otro sin preguntarse si lo están tomando el pelo. Ser una maleta, esto es lo que le queda al âindividuo libreâ? cuando le han arrebatado sus condiciones de vida digna y su capacidad para aliarse con sus iguales para luchar contra quienes ostentan el poder.
A la vez que trata de vendernos esta forma falsificada de libertad el Capital necesita, cada vez más, hacer de cada uno de nosotros un policía. La reestructuración de la producción y sus efectos colaterales sobre el funcionamiento de la sociedad hacen que las instituciones necesiten introducir en nuestra conducta, principalmente por medio de la propaganda y la psicología, un vigilante. Se trata de convertirnos en ciudadanos. Con el apoyo imprescindible de la socialdemocracia, el poder trata de hacer de nosotras ciudadanas respetuosas y moderadamente críticas con el sistema. Hay quien ha descrito incluso la creación de una nueva ideología de recambio para embobar al personal: el ciudadanismo.
Para compensar lo hueco de la vida que nos venden se fomenta la búsqueda de estímulos cada vez más intensos, pasiones que dejan un regusto insípido, sensaciones a toda pastilla que, al sostenerse sobre la nada de una vida sin consistencia, se convierten en la antesala perfecta para entrar con fuerza en el maravilloso mundo de la ansiedad y la depresión. La búsqueda de placer se convierte en una táctica defensiva frente a la angustia de vivir. Una búsqueda que nos hará todavía más dependientes, todavía más vulnerables.
A pesar de todo esto el individuo y el grupo, sea del tipo que sea, tienen mecanismos para defenderse del bombardeo publicitario. Lo que habitualmente define la capacidad de defensa del individuo frente a esta propaganda del poder es: 1) la preparación a nivel personal y las experiencias vividas, ambas sirven para ser contrastadas con lo que el enemigo trata de colarnos; 2) las condiciones y el clima social en que se desarrolla la propia vida (y la lucha); 3) la potencia de la propaganda enemiga y la de los medios propios que se ponen en marcha para contrarrestarla y; 4) la seguridad y confianza en uno mismo y en las personas cercanas y los vínculos afectivos que mantenemos con ellas.
A nivel colectivo las herramientas de autodefensa contra su propaganda de guerra son: 1) la capacidad de interacción del grupo, las relaciones y la comunicación entre las personas más cercanas; 2) las expectativas colectivas y su relación con las individuales; 3) los logros colectivos, la conciencia de pertenencia a un mismo grupo, colectividad, clase, etc. y el aumento de la confianza del grupo en sus propias capacidades.
Las condiciones de vida que se nos imponen hoy conducen directamente al desequilibrio mental. Si a esto añadimos cualquier tipo de implicación personal en alguna lucha el esfuerzo por mantenerse en buenas condiciones psicológicas debe ser todavía mayor. Como se ha dicho antes la preparación a nivel individual y la comunicación interpersonal son herramientas básicas para defenderse de los ataques del poder y mantenerse frente al desgaste que produce la lucha. El objetivo de la preparación individual y colectiva debe ser por tanto vivir bien bajo condiciones de dureza y sobrevivir al caos.
El primer paso en esta preparación es aclarar las propias ideas: saber lo que se quiere teniendo en cuenta a dónde nos pueden llevar nuestras acciones, esto nos permitirá explorar cualquier camino con la certeza de que sabremos cuando corregir nuestra dirección. Hay que tener en cuenta que el poder nos bombardea con propaganda contra toda forma de desobediencia continuamente.
Si el optimismo ciego lleva al acomodamiento y la sumisión, el estado de ánimo deprimido es el camino directo a la prisión mental y física. La lucha contra lo que nos oprime, la lucha por la propia liberación exige que hagamos un esfuerzo por mantenernos equilibrados independientemente de nuestro carácter. No se trata de ser ilusos o imaginar situaciones que no existen sino de practicar el sano ejercicio de ver las cosas de manera proporcionada, pisando tierra firme. Revolcarse en las penas, compadecerse de uno mismo, lamentarse continuamente esperando que la situación cambie como por arte de magia, es una actitud infantil que solo contribuye a construir una cáscara a nuestro alrededor que nos va a impedir actuar. Nadie nos va a sacar de las situaciones difíciles, nadie va a hacer el trabajo por nosotros. Hay que ser capaces de, con ciertas dosis de autodisciplina, superar los elementos adversos obligándonos a seguir adelante.
El desgaste, el queme es algo habitual entre quienes mantienen una actitud combativa en su vida. El agotamiento gradual de la capacidad física y de la voluntad lo provoca sobretodo la fricción. El roce continuo con las miles de circunstancias insignificantes que no se pueden prever y que entorpecen nuestro avance hacen que nos parezca que nada se mueve y nos desanimemos. Una voluntad decidida es capaz de superar esos obstáculos pero eso no quita para que la quemazón llegue tarde o temprano. El hábito de luchar da fuerza contra las fricciones, acostumbra al cuerpo y la cabeza a este desgaste. El método, es decir, la aplicación de algunos mecanismos que se repiten, consigue rapidez, precisión y sobretodo contribuye a que la âmáquinaâ? se mueva con más suavidad o sea reduce la fricción.
Nuestra actuación en el campo psicológico puede dirigirse a nuestro propio bando, al sector de población que simpatiza de alguna manera con nuestros planteamientos, al sector de población más o menos afín al enemigo o directamente hacia los protagonistas del campo contrario. El tipo de actividad en el plano psicológico puede consistir en: 1.- informar para dar a conocer lo que pasa y porqué; 2.- motivar, cohesionar y mejorar el ánimo o la seguridad de nuestro lado (todo lo contrario si va dirigido al bando opuesto); 3.- vacunar, es decir, impedir que las actividades del Estado-Capital consigan sus objetivos y defendernos públicamente de sus agresiones; 4.- contrarrestar la actividad de nuestros enemigos de clase a todos los niveles.
A nivel general podemos distinguir cuatro áreas sobre las que se puede intervenir, a nivel colectivo, para tratar de limitar los efectos de la propaganda capitalista:
1.-Contra la falta de confianza en nosotros mismos y en nuestras propias capacidades: mejorar la preparación individual y colectiva, fomentar la búsqueda e intercambio de información acerca del enemigo, de asuntos legales y técnicos, reafirmar nuestros avances y triunfos y los de compañeros de otros sitios.
2.-Contra la mitificación del enemigo: conocerle a fondo incluyendo sus puntos débiles, señalarle públicamente, dañar la imagen que trata de dar de perfección y mostrar públicamente su vulnerabilidad.
3.-Contra nuestra exagerada sensación de vulnerabilidad: dejar de lado las alucinaciones sobre que esto sea un enfrentamiento particular entre una minoría revolucionaria (nosotros) y las instituciones (ellos) y potenciar la comunicación con gente que lucha otros ámbitos u otros lugares geográficos.
4.-Contra el funcionamiento a la deriva: se hace necesario un análisis de nuestro entorno, una planificación estratégica, fomentar el debate y la crítica acerca de nuestros propios métodos y corregir los posibles errores en los que hayamos caído.

c.-La sintonía entre lucha y vida cotidiana

Es otro de los elementos propios de la guerra social. Luchamos por vivir dignamente, por conseguir unas condiciones de vida que nos permitan una existencia digna. Son las condiciones de vida que se nos imponen las que nos empujan a luchar. Vida y lucha son inseparables, no se trata de confundir una con la otra sino de comprender que en la vida hay que mantener una actitud luchadora y que la lucha debe alimentarse de nuestras experiencias en la vida cotidiana.
Es porque nos gusta vivir, porque tenemos pasión por la vida por lo que luchamos. Luchamos contra el capitalismo y las instituciones estatales porque ambas son generadoras de muerte tanto física como mental. Es por eso mismo por lo que no nos podemos permitir caer en el nihilismo. Hay que aprender a temer lo que es temible. La fuerza bruta del kamikaze no es más que un juego de niños. El auténtico valor del revolucionario consiste en realizar su actividad cuidando de su vida y de su seguridad. El arte de la guerra social y el arte de vivir deben ser uno solo. Ser un individuo rígido y beligerante que se enfrenta âal mundoâ? es solo una pataleta infantil sin consecuencias reales en el entorno. En cambio la flexibilidad, la reflexión y la determinación ayudan a avanzar en nuestro camino hacia la destrucción de la sociedad de clases y el capitalismo.
La lucha (y la vida) implican esfuerzo, incertidumbre, riesgo y azar. Para avanzar hacer falta:
1.-Energía: No conformarse con menos que con la implicación de todas nuestras capacidades. Si tenemos claro lo que queremos utilicemos todos nuestros recursos para contribuir a lograrlo. Que los resultados sean o no los esperados se convertirá en algo secundario pues esa parte no depende ya de nosotros. No se podrá achacar el desenlace a que no se ha puesto suficiente empeño; 2.- Firmeza: manterse y resistir frente a las situaciones difíciles fortalece la conciencia y la autoconfianza. Saber superar las dificultades conduce a una autoestima capaz de sobrepasar los momentos duros cuando aparecen; 3.- Perseverancia: una vez elegido el camino hay que recorrerlo hasta sus últimas consecuencias. La mayoría de las impresiones que nos causa lo que nos rodea son desalentadoras, si cedemos a esas sensaciones nunca llevaremos a término ninguno de nuestros proyectos. Cada vez que confiamos en la perseverancia ella nos premia con un poco más de seguridad y de claridad de visión independientemente de los resultados. A veces detrás del âsolo un poco másâ? se esconde el conseguir algo o no conseguirlo; 4.- Determinación: si tenemos claro como hay que actuar debemos hacerlo con decisión, dejando de lado las vacilaciones e inseguridades. La determinación surge de un análisis de la situación que pone encima de la mesa la necesidad de la audacia y que determina la voluntad de la persona. A veces actuar sin pensar puede aparentar lo mismo pero el asunto sólo saldrá bien, si lo hace, por casualidad.
Hay que saber escuchar a los órganos internos de nuestro cuerpo, pero también hay que educar nuestro instinto, acompañarlo de una reflexión que sirva para afilar nuestras armas. Una reflexión que provenga de la práctica y vuelva a ella misma, en oposición a la cavilación que en vez de comprender, sólo nos hace perdernos intelectualizando lo observado.
Si luchamos por vivir dignamente, por acabar con el Estado y el Capital, no tiene sentido lloriquear por âlo que debería serâ?, no podemos basar nuestra vida en un mundo imaginario. Hay que abrir los ojos y permanecer atentos a lo que pasa alrededor. Hay que prestar atención a los asuntos vitales tanto como a los aparentemente triviales, porque ambos nos darán las claves para intervenir de manera incisiva aquí y ahora.
El camino del aprendizaje, el de la vida y el de la lucha deberían ser uno solo. Por esto hay que aprender, también, a volver de vez en cuando a uno mismo. Salirse de la vorágine de los acontecimientos para encontrarnos con nosotros mismos, sosegadamente y dialogar con nuestros deseos, dudas, miedos, etc. esto vale tanto a nivel individual como colectivo.

d.-La sintonía entre nuestra lucha y nuestro entorno

Los grupos e individualidades que luchamos por transformar el actual estado de cosas en un sentido revolucionario somos una minoría. Una minoría que actúa en el seno de la sociedad porque ha tomado conciencia de lo que es, de las relaciones socio-económicas que se dan en su entorno y porque tiene la voluntad de cambiarlas. Somos un proyecto de intervención social proletario, anticapitalista, antiestatal, clasista, autónomo e internacionalista.
Como minoría activa pretendemos romper el espejismo de la paz social con el que pretenden ocultar la realidad conflictiva que se da actualmente. Queremos señalar al enemigo y sus compinches y mostrar públicamente como funcionan. Queremos demostrar teórica y prácticamente que podemos (todos y todas) enfrentarnos a nuestros opresores. Queremos desenmascarar a la socialdemocracia y su función de control social. Queremos extender la revuelta en el espacio y en el tiempo. Queremos hacer todas estas cosas y, para ello, debemos sintonizar nuestra lucha con la situación de nuestro entorno, con la realidad conflictiva que nos rodea.
Analizar las condiciones en que se esta dando el conflicto, sea a un nivel más general o más concreto, es un paso imprescindible a la hora de intervenir en lo social. Cuando el nivel del enfrentamiento es bajo nuestra prioridad debe ser aclarar las relaciones que se dan, hacer visibles situaciones que no lo son y fortalecer el movimiento (o su germen). Cuando el nivel del conflicto sube conviene ser más incisivos, profundizar en el carácter anticapitalista de la lucha e integrarla en el contexto de la guerra social del que forma parte. Sin embargo estos dos tipos de actividades no son incompatibles, pueden solaparse o darse a la vez, son complementarias. No queremos montar una organización de multitudes despistadas buscamos el crecimiento cualitativo, la autoorganización de personas conscientes y cansadas de aguantar y esperar.
Para enriquecer nuestra percepción del entorno hace falta conectar tambien con gentes que luchan en otros ámbitos o lugares geográficos para intercambiar experiencias y ampliar nuestro arsenal. Los distintos métodos que ponemos en marcha para luchar necesitan de la estrategia para poder ser usados de manera coordinada. La estrategia es necesaria tambien para, al implicarnos en conflictos parciales, no perder de vista nuestro objetivo fundamental: la destrucción de la sociedad de clases, el Capitalismo y el Estado.
Lo que más teme el Poder es que un población en conflicto y una minoría revolucionaria conecten y sintonicen su actividad. Para impedirlo tratarán de dividir, sembrar temores, estimular prejuicios, criminalizar, chantajear y lo que haga falta con tal de obstaculizar la comunicación entre ambas partes. De nuestra habilidad tambien depende que lo consigan o no.

5.2. El momento del conflicto

El escenario en el que nos movemos está cambiando. Las condiciones actuales en las que se desarrolla la lucha hacen que debamos fijarnos en elementos que están cobrando cada vez más importancia a la hora de avanzar como son: la guerra de profundidad, el papel del conocimiento y la percepción, la utilización de la flexibilidad, el valor de la iniciativa y la sorpresa, la forma que toman la comunicación y la organización y el proceso de desmasificación.

a.-La guerra de profundidad

A menudo se habla de afilar nuestras herramientas para incidir en la realidad. Sin embargo, habitualmente, apenas conseguimos arañar los escaparates del capital. No es que sea inútil expresar nuestra rabia contra la parte más visible de la explotación y el consumo, al contrario, es positivo y hace público nuestro rechazo a las condiciones de supervivencia que se nos imponen. Sin embargo es necesario ir más allá, atravesar el escaparate y explorar los puntos débiles del enemigo. Nuestra falta de medios nos obliga a averiguar- exactamente donde hay que golpear para hacer daño.
La herramienta fundamental para avanzar en este sentido es el conocimiento. Conocimiento como la suma de información acerca del enemigo, el entorno y las condiciones en que nos movemos junto con datos concretos y cierto aprendizaje sobre cuestiones más técnicas (economía, medios de control social, métodos de lucha, etc.). Estos conocimientos combinados con una planificación estratégica coherente con nuestros objetivos servirán realmente para golpear donde duele.
Debemos ser capaces de sortear las primeras líneas de defensa del Estado y el Capital e incidir sobre sus partes más vulnerables. De poco sirve darnos cabezazos contra la represión y las expresiones más espectaculares de la explotación capitalista si no sabemos actuar tambien sobre sus puntos sensibles. Las experiencias de luchas que se dan en otros ámbitos, en otros sitios o en otros momentos nos pueden servir de ayuda a la hora de elegir como actuar.
En cada circunstancia los puntos sobre los que conviene ejercer nuestra actividad varían. Cada conflicto tiene los suyos propios, cada empresa, cada institución flojea de una parte distinta (su imagen, su organización, su división interna, sus comunicaciones, sus suministros, etc.). A pesar de esta variabilidad hay aspectos que son importantes en el funcionamiento del capitalismo y de casi cualquiera de sus porciones: sus medios de propaganda, su sistema de comunicaciones (interno y externo), el suministro de energía y materiales, sus infraestructuras tecnológicas, etc. La llave para abrirse paso en esta exploración es el conocimiento.

b.-El conocimiento y la percepción

Son herramientas que nos permiten orientarnos, evitan que vagabundeemos dando palos de ciego, nos ayudan a tomar y mantener la iniciativa y son la base para el uso de otras herramientas.
El conocimiento, como ya hemos apuntado, incluye información, datos y aprendizaje técnico. La información acerca del contexto y el enemigo es lo que nos va a permitir trazar nuestros planes y actividades, también nos va a ayudar a descubrir lo que oculta el enemigo para así anticiparnos a él.
El conocimiento hace que nuestra capacidad se multiplique y que necesitemos menos recursos. Examinando las condiciones podemos conocer los puntos fuertes y puntos flacos del adversario, valorar la situación y aprovechar los momentos en que nuestra actividad puede ser más eficaz.
La percepción (ver) consiste en concentrarse en aspectos fundamentales del entorno y, en su caso, del enemigo. La observación (mirar) consiste, sin embargo, en fijar nuestra atención en las condiciones en que se desarrolla la lucha, en la evolución del conflicto y en los cambios que se van produciendo, así conseguimos hacernos una idea del proceso como tal. Observar con exactitud el potencial de las situaciones prestando atención a la dinámica de cada proceso de lucha nos sirve para adaptar nuestra actividad al contexto que nos rodea. Adaptación y flexibilidad son muy importantes a la hora de intervenir en luchas cuyas circunstancias cambian cada día.

c.-La flexibilidad

Las circunstancias en que se desarrolla la lucha ni se eligen ni, en la mayor parte de los casos, son fáciles de predecir. La realidad cambia y para desarrollar nuestra actividad de manera eficaz debemos adaptar nuestros planes a ella.
La flexibilidad nos aporta la libertad de movimientos y pensamiento que nos permite adaptarnos, de la mejor manera, a las circunstancias. Mantenerse en la rigidez solo aporta frustración por verse impotente frente a los cambios que se producen a nuestro alrededor. El empleo flexible de nuestras fuerzas es el medio más eficaz para cambiar la situación existente y ganar la iniciativa.
Al dirigirnos hacia un objetivo deberíamos tener objetivos alternativos que, por un lado sirvan para distraer la atención del enemigo y por otro nos permitan hacer variaciones según se desarrollen los acontecimientos.
Las consecuencias de la rigidez (la mental sobre todo) son importantes porque se tiende a tener fe en ideas fijas creyendo que nos aportan seguridad. Sin embargo esta búsqueda de seguridad se convierte en una trampa que nos aprisiona y nos va a impedir desenvolvernos libremente en un entorno cambiante.
La adaptabilidad es la ley que gobierna la supervivencia, toda fuerza duradera es flexible. Lo rígido y estancado tiende a atrofiarse y pudrirse con el tiempo. La flexibilidad es otro de los elementos que nos van a ayudar a llevar la iniciativa. Adaptando nuestros planes a la realidad que nos rodea podemos conseguir, también sorprender al enemigo.

d.-Iniciativa y sorpresa

Queremos conducir la lucha y los acontecimientos que la rodean. Para ello debemos arrebatar las riendas de la iniciativa al enemigo y mantenerlas en nuestras manos. No tiene sentido que luchemos a la defensiva, estaríamos condenados a perder de antemano. La conflictividad permanente y la actitud ofensiva no se pueden llevar adelante a ciegas. La estrategia es la que, en base a nuestros objetivos y las condiciones internas y externas, debe trazar los planes que lleven a decisiones y acciones concretas. Decisiones y acciones dirigidas a avanzar en la lucha, debilitar la posición del enemigo de clase y fortalecer la nuestra. Pero decisiones y acciones dirigidas también a adelantarnos a los movimientos de la otra parte sirviéndonos para ello de la información y de nuestra flexibilidad a la hora de trazar planes de forma ágil y ajustados a cada situación.
La iniciativa y la sorpresa buscan, entre otras cosas reducir la libertad de acción del contrario obligándole a adaptarse a nuestros movimientos, a reaccionar y obstaculizando así su capacidad de maniobra.
La sorpresa a nivel general implica golpear en el momento, en el lugar y/o en la manera que no se lo espere el contrario. A nivel estratégico requiere recopilación de información y agilidad en la actuación. A nivel táctico es, en la mayoría de los casos, lo que decide como saldrá el asunto.
La capacidad para recopilar información, la habilidad para adaptarse a las circunstancias, la flexibilidad para variar los métodos de intervención, el apoyo de gente que se sienta identificada con la lucha que se lleva adelante, el empleo de la astucia, de los cambios de ritmo y de las estratagemas para confundir al enemigo y la discreción, son los factores que describirán nuestra capacidad de sorprender.

e.-Comunicación y organización

Ambas son herramientas imprescindibles para conseguir nuestros objetivos pero en el momento actual de disgregación de las luchas, de debilidad de nuestro lado y de intensificación de la agresividad del capital cobran, si cabe, más importancia.
La comunicación es la herramienta que nos permite conectar con otras realidades y otras luchas, es lo que nos puede servir para extender el enfrentamiento, elevar su nivel y, en definitiva, avanzar en sentido revolucionario. Por el medio empleado y por la forma del mensaje la comunicación que usamos puede ser verbal (y escrita) o no verbal (en forma de actividades). La comunicación verbal es más precisa y detallada, es más útil para informar, analizar, debatir, comparar, etc. La comunicación no verbal es más eficaz a la hora de transmitir deseos, odio, para motivar, para señalar a los culpables de nuestra situación, etc. Además la comunicación no verbal tiene más fuerza a la hora de conectar con las emociones de de quien recibe el mensaje pero es menos exacta que la verbal y se puede prestar más fácil a interpretaciones erroneas.
La comunicación puede sernos útil en distintos aspectos, los tres más importantes son: 1) la coordinación entre nosotros y con otros grupos o sectores en lucha; 2)el de información y apoyo, información tanto a nivel cercano como a distancia y apoyo a las luchas que se están desarrollando; 3)de alarma y seguridad ante amenazas que se ciernan sobre nosotros y otros compañeros con el fin de limitar los riesgos y prepararnos con anticipación a los movimientos de las instituciones políticas o económicas.
La organización es la base para toda lucha colectiva y es un arma insustituible para la guerra social. Organizarnos nos permite unir nuestras fuerzas y multiplicar nuestra capacidad de intervención.
La estrategia es la fuerza conductora de la organización. En función de nuestros objetivos y de como queramos dirigirnos a ellos deberemos adoptar una forma organizativa a la medida de nuestras necesidades. De la manera como nos organicemos depende, en gran parte, como vamos a desarrollar nuestra lucha. La organización debe ser una herramienta para intervenir en la realidad, por eso nuestra atención debe estar puesta principalmente en nuestro entorno. Teniendo en cuenta que somos una minoría activa en el seno del proletariado y desechada la tradicional obsesión por el crecimiento númerico, tenemos que dotarnos de medios organizativos ágiles, capaces de actuar rápidamente, de corregir sobre la marcha y de adaptarse a las circunstancias. Hay que evitar que el centro de nuestra actividad lo constituyan acontencimientos âinternosâ?, ahogarnos en papelería, en el excesivo delegacionismo, la especialización y el funcionamiento lento y pesado.
En cualquier caso tanto el tema de la comunicación como el de la organización son demasiado amplios como para tratarlos aquí. Son asuntos sobre los que se debate habitualmente y que requieren una dedicación más amplia. De momento aquí lo dejamos, sólo apuntaremos un tema que se conecta directamente con la organización y la guerra profunda ya tratados: la desmasificación.

f.-La desmasificación

Es un elemento relacionado con la organización y con la forma que toman las luchas actualmente. La antigua concentración productiva, la verticalización de la producción y la consiguiente acumulación de multitudes de trabajadores en espacios limitados hacía útiles formas de organización tipo ejército, es decir, multitudes encuadradas en una estructura organizativa copiada de la institucional. El enfrentamiento se desarrollaba frente a frente y era más consistente cuanto mayor era la acumulación de trabajadores en un menor espacio. El frente de agresividad era conocido para ambos bandos y los métodos se adaptaban a la estructura productiva propia de las grandes concentraciones industriales.
Hoy el desparramamiento de la producción en pequeñas unidades dispersas e interconectadas entre sí ha cambiado el escenario en que nos movemos. El control social y laboral depende cada vez menos de la vigilancia directa del antiguo âjefe de líneaâ? y más de insertar policías en nuestras cabezas, de las nuevas tecnologías y de nuestra división en distintas categorías (salariales sobre todo) de explotados.
Los militares definen el concepto de âmasaâ? como la concentración en espacio y tiempo del enfrentamiento. Hoy lo que se da son pequeños conflictos dispersos en los que tiene más importancia la actitud de los trabajadores y su capacidad para hacer presión sobre los puntos sensibles del proceso productivo que su simple número. El conocimiento de los entresijos de la empresa y del entramado productivo del que forma parte y la habilidad para poner en jaque su normal funcionamiento es lo que determina el nivel del conflicto. El peligro real para las empresas está, hoy, en la potencial extensión de pequeños conflictos puntuales a otros centros, a otras empresas, a otros sectores, etc. Otro factor importante que marcará las características del conflicto será el distanciamiento de los trabajadores con respecto a la empresa, la ruptura de vínculos sobre todo mentales con la misma, y su acercamiento a planeamientos anti-capitalistas más globales que sirvan para contextualizar la propia situación de explotación dentro del sistema productivo.
En el consumo se completa el ciclo de explotación al que nos somete el Capital. La dispersión productiva, la eventualidad y el desempleo hacen que, en ocasiones, sean los centros de ocio-consumo los únicos sitios donde el proletariado coincide físicamente. De ahí que otra consecuencia sea que, en ocasiones, sea en estos sitios donde quede reflejada su rabia, su frustración y su silenciosa desesperación en forma de robos, saqueos, destrozos, etc.

5.3 Elementos comunes

Hay elementos que interesa prestarles atención y que son comunes a todo enfrentamiento. Son la libertad de acción, la economía de fuerzas, la seguridad y la sencillez.

a.-La libertad de acción

Es un elemento que nos sirve para colocarnos con ventaja respecto al contrario. Depende en gran parte de sabernos asegurar la iniciativa y de mantenerla. En el ámbito de la estrategia, la libertad de acción, implica: 1) flexibilidad, que tengamos un criterio abierto de planes y actividades en el que se puedan introducir modificaciones si hace falta; 2) movilidad, para poder reaccionar ágil y velozmente ante una oportunidad o una necesidad; 3) capacidad de maniobra, para poder enfocar nuestras fuerzas hacia los puntos débiles que el enemigo deja a la vista. En táctica implica sobretodo explotar los éxitos y saber adelantarnos a las intenciones del enemigo. La libertad de acción en el contexto de la táctica contribuye a reducir nuestra vulnerabilidad.
Así a nivel general, para asegurarnos la duración en el tiempo es necesario impulsar el debate y de esta manera tener una línea de actuación clara, organizarnos para llevar adelante esa actividad de forma eficaz y mantener unos niveles aceptables de seguridad. Para arrebatarle al contrario la libertad de acción así como para mantenerla o recuperarla hace falta extender la lucha, adelantarse a los planes del enemigo y saber explotar el elemento sorpresa.

b.-La economía de fuerzas

Nos permite mejorar el aprovechamiento de los escasos recursos que tenemos e impide ahogarnos en la escasez o el agotamiento. Requiere una selección de las áreas a las que se dirigirán nuestros esfuerzos. Esto implica que hay que dejar de lado ciertas otras áreas con lo cual asumimos algunos riesgos. Estos riesgos los podemos limitar con un análisis previo que aclare cuáles son los puntos donde nuestra actividad puede ser más eficaz.
Siguiendo el estudio que hemos hecho previamente hay que conseguir que cada movimiento que hagamos esté relacionado con el plan en conjunto. Hay que intentar que nuestras actividades convergan hacia un mismo objetivo siguiendo una estrategia concreta, con esto conseguiremos no desperdiciar inútilmente energías y recursos.
Es el dominio de la estrategia y de la táctica lo que va a permitirnos economizar fuerzas. Mantener la mente abierta a las posibilidades que se presentan sobre la marcha y tener conocimientos de distintos tipos nos puede ser útil para compensar la falta de medios o sencillamente para multiplicar el efecto de nuestra actividad.

c.-La seguridad

Es lo que nos va a permitir durar en el tiempo y hacer más difícil la labor controladora y represiva del enemigo. El sitio donde el revolucionario debe desarrollar su actividad es la calle, y con la mayor movilidad posible, de ahí que cuidar de nuestra seguridad no es solo una cuestión de sentido común como personas sino también una responsabilidad para con nuestros proyectos y la gente con la que los compartimos.
La lucha es dura y el objetivo del enemigo es sacarnos del terreno de juego sea por medio del miedo, tratando de aislarnos, limitando nuestra capacidad de actuación, encarcelándonos o incluso eliminándonos físicamente. A nivel general cuidar de nuestra seguridad implica no permitir q

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Comentaris


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(continuacion) Mas alla de nuestras narices -Un acercamiento a la estrategia-
20 mar 2006
c.-La seguridad

Es lo que nos va a permitir durar en el tiempo y hacer más difícil la labor controladora y represiva del enemigo. El sitio donde el revolucionario debe desarrollar su actividad es la calle, y con la mayor movilidad posible, de ahí que cuidar de nuestra seguridad no es solo una cuestión de sentido común como personas sino también una responsabilidad para con nuestros proyectos y la gente con la que los compartimos.
La lucha es dura y el objetivo del enemigo es sacarnos del terreno de juego sea por medio del miedo, tratando de aislarnos, limitando nuestra capacidad de actuación, encarcelándonos o incluso eliminándonos físicamente. A nivel general cuidar de nuestra seguridad implica no permitir que el enemigo nos coja demasiada ventaja en ningún aspecto. Mas concretamente podemos dividirla en seguridad pasiva y activa.
La seguridad pasiva consiste en recolectar información acerca de los métodos de control social del enemigo y poner los medios para limitarlos, prepararnos individual y colectivamente para afrontar momentos represivos, protegernos de los bocazas, los chivatos y los informadores, etc. La seguridad activa implica llevar la iniciativa, adelantarnos a los movimientos del contrario y así no dejar que desarrolle sus planes de control de manera cómoda sobre nosotros.

d.-La sencillez

Aplicada a la confección de planes es un elemento que, en estrategia, ayuda a conseguir la implicación y el apoyo de otras gentes. En táctica es un aspecto imprescindible para que los planes salgan bien. Aunque el proceso de estudio y planificación sea complejo el esfuerzo debe desembocar en un resultado claro, sencillo y conciso: los planes tienen que ser fácilmente comprensibles.
La planificación debe ser una actividad que: 1) analice en que punto estamos explorando los factores que influyen sobre nuestra vida y nuestra lucha y que; 2) sintetice en planes concretos nuestros proyectos teniendo en cuenta los objetivos que buscamos y las circunstancias que nos rodean.
Precisamente al no ser fácil llevar adelante nuestros proyectos, los planes deben ser estar formulados de la forma más sencilla posible para así poder luego localizar y corregir los fallos de manera más fácil.

6. Los estudios estratégicos

En la guerra social, en la que estamos implicados lo queramos o no, hace falta actualizar cada cierto tiempo nuestras reflexiones. Cada decisión que tomamos trae consecuencias sobre la lucha y sobre nuestras vidas. Por eso se hace necesario un esfuerzo de análisis que nos coloque en la mejor situación de cara a afrontar los retos que tenemos por delante.
Distintos estrategas, teóricos, escuelas y movimientos en lucha han aportado su visión de la realidad con fines estratégicos. Aquí nos limitaremos a señalar los tipos de estudios estratégicos que se pueden elaborar de cara a incidir de la mejor manera en la realidad que nos rodea. Son de tres tipos:

a.-Los estudios de estrategia que se enfocan hacia lo que debemos conocer: En estos se hace una aproximación al fenómeno de la guerra social. Se aclara el tipo de conflicto concreto en el que estamos implicados, se aclaran conceptos y definiciones. Se sitúa el conflicto en el contexto en que se desarrolla para, a partir de ahí, podernos situar en relación al mismo y actuar.
b.-Los estudios estratégicos que tratan sobre lo que va a pasar (ejercicios de prospectiva): En ellos se trata de anticipar, en la medida de lo posible, como va a evolucionar la realidad conflictiva en la que nos movemos. Analizan aspectos del enfrentamiento que nos aportan información sobre cuales serán los puntos de mayor agresividad próximamente, apuntan alternativas estratégicas que se pueden dar, llaman la atención sobre qué acontecimientos venideros pueden ser potenciados o evitados, etc. Consisten, en definitiva, en mirar mas allá de nuestras narices para anticiparnos, en lo posible, a las situaciones que se van a dar y tomar las decisiones más apropiadas.
c.-Los estudios de estrategia sobre lo que vamos a hacer (también se llaman de planificación estratégica): Son los que definen objetivos a conseguir a corto y medio plazo, los que contribuyen a elaborar planes concretos, actividades que converjan hacia la consecución de los objetivos planteados. Son los que determinan las conductas recomendadas en cada situación de cara a avanzar en la lucha contra la sociedad de clases, el Estado y el Capital.

7. ¡Alehop!

Con este pequeño recorrido hemos tratado de acercarnos a los aspectos fundamentales que integran la estrategia. Una vez conocidos éstos debemos seguir adelante para reencontrarnos con la realidad. Este reencuentro deberíamos hacerlo habiendo incorporado a nuestro equipaje unas cuantas herramientas útiles para la lucha.
El momento en que nos encontramos está marcado por unas condiciones de supervivencia cada vez más duras. Se impone la fragmentación laboral, la flexibilización del mercado laboral, la reducción del Estado asistencial, el aumento del control y la represión en el ámbito del trabajo y la subida de precios contrasta con el estancamiento de los salarios.
Al mismo tiempo se intensifica nuestra condición de oprimidos y controladas con leyes cada vez más represivas, con la cada vez más agresiva propaganda de guerra que protagonizan los medios de comunicación, la promoción de la ideología de la seguridad y de la imagen del policía-militar-amigo, el aumento del control invisible por medio de las nuevas tecnologías y la extensión del control psicológico por medio del voluntariado y el trabajo social.
En fin el percal no es muy prometedor a simple vista. Sin embargo algunos gestos esporádicos, ciertas muestras de complicidad que se dejan ver y la extensión silenciosa de un cierto ambiente de rencor hacia quien controla el cotarro hacen que podamos afrontar el momento con energías.
Hay una guerra en marcha en la que todos y todas estamos implicados lo queramos o no. Anímense, tomen parte activa, nuestros enemigos ya lo hicieron hace tiempo.

F. Drein, febrero 2004


BIBLIOGRAFIA


La revolución es un asunto fundamentalmente social y humano, ahí están las claves de nuestra actividad. La estrategia es una herramienta, pero no tiene sentido prestarle atención si no se habla antes de temas como la explotación, la lucha de clases, la lucha contra las jerarquías, la violencia, etc. Sin embargo dejar de lado el tema de la estrategia es renunciar a una herramienta fundamental así que, por si alguien quiere profundizar más en el tema, se incluye una lista de los libros que se han consultado para hacer este texto.

-     El arte de la guerra – Sun Tzu
-     De la guerra – C. von Clausewitz
-     Temas militares – F. Engels
-     ¿Qué es la estrategia? – M.A. Baquer
-     Introducción a la estrategia – A. Beaufre
-     Estrategia de la acción – A. Beaufre
-     Estrategia. La aproximación indirecta – B.H. Liddell Hart
-     Tratado de polemología – G. Bouthoul
-     La invención de la paz – M. Howard
-     Estrategias para la acción psicológica – A. Gosalbez
-     Las guerras del futuro – H. y A. Toffler
-     La guerra de baja intensidad – L. Bermudez
-     Las enseñanzas de un guerrero – M. Boillat de Courgemont
-     El arte japonés de la guerra – T. Cleary
-     El libro de los cinco anillos – M. Musashi
-     Estrategia básica del marketing – ed. Diaz de Santos
-     Orientaciones, lucha de guerrillas y contra-guerrillas – E.M.E.
-     La guerra de guerrillas – Lenin
-     La guerra revolucionaria – C. Marighela
-     Guerrilla (I) – VV.AA.
-     El abismo se repuebla – J. Semprún
-     Psicomotricidad y educación infantil – J.A. García y P. Berruezo

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Re: Mas alla de nuestras narices -Un acercamiento a la estrategia-
20 mar 2006
Friki

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Re: Mas alla de nuestras narices -Un acercamiento a la estrategia-
21 mar 2006
tu si que eres friki nen. un opinador de las 7 de la mañana.
Sindicato Sindicat