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Anàlisi :: dones
A Leo Bassi: El paganismo no ha liberado nunca a nadie
10 mar 2006
Se cargan las tintas con la presunta misoginia cristiana y nada se dice de las condiciones peculiarísimas que hacen de esta religión un baluarte seguro para la feminidad. El anticlerical cree, en su ignorancia, que como el Dios católico creó primero al varón según el Génesis, se encarnó además en hombre y, para mayor ultraje, se hace llamar Padre, el fiel de esta religión debe en su fuero interno rechazar o despreciar a la mujer. Eso es una solemne estupidez.

Los griegos clásicos, tan avanzados, tenían diosas en su panteón: no más que idealizaciones de las virtudes paradigmáticas de la consorte, como Hera (la maternidad), Atenea (la prudencia), Venus (la seducción) o Diana (la pureza). Ahora bien, ello no fue óbice para que las mujeres de carne y hueso permanecieran por muchos siglos en el gineceo marginadas de la vida pública. Incluso las heroínas de la tradición literaria helena son por lo general pasivas y abnegadas ante el destino (Alcestes), hasta el punto de que, cuando el despecho y la pasión las empujan a ir más allá, sucumben (Antígona, Fedra) o se convierten en trágicas parricidas (Medea, Electra). Compárense con una Judith, por ejemplo.

Se abre la inevitable pregunta: ¿Qué pensaba el griego de la mujer como individuo? Salvo excepciones asexualizantes (verbigracia, la Diotima de Platón), la tenía por un ser disminuido. Es cierto que la figura de la sacerdotisa estuvo presente en algunas culturas mediterráneas, pero fue como reminiscencia primitivista del matriarcado, por asociación de la mujer con la naturaleza y sus secretos. Es decir, precisamente por su falta de espíritu, plasmado en la sibila en trance, instrumento de los démones.

Tan poca confianza había hacia la doncella que, a diferencia de lo que sucede en el cristianismo, no se le permitía una ascesis absoluta, sino a lo sumo subordinada y forzosa, al modo de las vestales romanas consagradas a la familia. Otro dato a tener en cuenta es que el voto de castidad femenino ya existía mucho antes de la propagación del Evangelio. Si de algo fue precursora la Virgen resultó ser, curiosamente, de la castidad masculina, contra el tópico del discurso falocéntrico y triunfante.

En fin, frente al socialismo, que estima a la mujer tomando en cuenta su capacidad para el trabajo remunerado y considera que ésta obtiene sus derechos o su dignidad sólo por ser explotada, la Iglesia católica hace cabeza suya a una de ellas por su mera condición conjunta de madre y fiel, ajena a circunstancias externas con base en la fortuna o en extracción social. Y frente a la sociedad "feminista" que valora a la mujer por su belleza, su falta de escrúpulos (neolenguaje: "independencia"), su nivel de ingresos o sus meros atributos sexuales, el cristianismo le reconoce por primera vez en la historia una potencia activa y superior a cualquier sino, además de un honor equiparable al de los profetas. ¿Qué es al lado de eso el tardío (también para los hombres) y simbólico derecho de voto de los liberales? Nada, concesión graciable: polvo y paja.

¿Y qué hay del Islam? Dejando de lado las condiciones económicas de su ámbito de influencia habitual (pueblos de tradición nómada o con predominio agrario), que confinan a las esposas a la tarea de paridoras, sobresale como un monolito la desigualdad intrínseca de la poligamia y el repudio, en oposición al matrimonio cristiano, monógamo e indisoluble.

No concluyen ahí las discrepancias. La ausencia de una autoridad unitaria que determine cuál es la interpretación correcta de los textos sagrados propicia que ésta queda mucho más sujeta a los condicionamientos sociales mencionados más arriba.

Por último, la purga explícita de la doctrina sobre el pecado original hace que la causa del mal permanezca fuera del hombre o santo típico, cifrándose en los ataques de la carne (a cargo de las mujeres tentadoras) y del espíritu (perpetrados por Satán, el adversario). Es un acto de piedad, pues, reprimir a la mujer, como al hereje, en lugar de educarla, ya que la educación es en este caso demasiado débil para modificar la inercia de su cuerpo lascivo.

Finalmente hemos hallado el punto, la raíz filosófica donde feminismo, socialismo e Islam coinciden: el ninguneo del alma femenina.


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Comentaris

Re: A Leo Bassi: El paganismo no ha liberado nunca a nadie
11 mar 2006
Eso es una parida, ahora resultará ke el cristianismo es lo mejor para la liberación dela mujer...
Por cierto, las mujeres tuareg son más poderosas ke sus hombres... y son musulmanes, ellos y ellas.
Re: A Leo Bassi: El paganismo no ha liberado nunca a nadie
11 mar 2006
Las mujeres a la cocina.
Re: A Leo Bassi: El paganismo no ha liberado nunca a nadie
11 mar 2006
más que Leo Bassi, tu debes ser Leo ImBessi!

Las mujeres son alegría, vivan las mujeres y su dignidad! Viva la libertad y la justicia rebelde!

POr cierto, resulta ya claro que este Vicente es un repelente, amén de e-cristiano o algo asín.
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