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Anàlisi :: sexualitats
Magia Sexual: Cositas sobre la iglesia y la liberación de la mujer
07 mar 2006
De occulta philosophia

XXVIII. - Magia sexual
Vamos a entender aquí por magia sexual la ascesis que algunos se impusieron para obtener éxtasis o poderes cósmicos, aunque incluyamos la obtenida mediante orgías; pues en muchos filósofos de lo oculto encontramos recomendaciones de castidad tan severas como las de los Padres de la Iglesia. Abramelín el Mago, por ejemplo, tolera a sus discípulos la "obligación matrimonial" con el fin de tener hijos, pero no el coito como placer. El médico ocultista Adrien Péladan hijo afirma que el "polo cerebral y genital" dependen de la misma energía vital, y por tanto la castidad beneficia al cerebro. La retención de las secreciones es un estimulante creador que está en todas las obras maestras de la literatura mística, y la castidad fue exigencia también de la magia blanca o teurgia; pues la sexualidad dirigida se convierte en medio de acción al servicio del espíritu, en lugar de dejarla como impulso ciego del instinto. En Grecia la encráteia (continencia) fue un valor raramente apreciado, salvo en los órficos y pitonisas, que debían ser vírgenes para poder recibir los oráculos. (Sin embargo éstos no eran más que fraudes de los sacerdotes del templo, y si perdían la virginidad sería a cargo de ellos). El Occidente cristiano ha hecho de la continencia una virtud moral, pero es bien sabido que no todo clérigo la cumple.

La castidad de los místicos cristianos y de algunos gnósticos se fundaba en el horror de la carne, vista y juzgada como tentación, aunque San Agustín, nada casto en su juventud, afirmara que el cuerpo humano es un vaso de impurezas, concebido en la cloaca del vientre materno. La mujer parecía particularmente impura debido a su ciclo menstrual, flujo misterioso cuya periodicidad se comparaba a las órbitas de la Luna, por lo que los médicos lo llamaban "purgaciones lunares", o "flores rojas" del sexo femenino: mas a pesar de estas metáforas se tenía por suciedad, consecuencia del pecado original. Y ya hemos visto cómo E. C. Agrippa recoge numerosas supersticiones al respecto, teniendo al flujo menstrual por tan venenoso que "la ceniza de los trapos donde ha habido sangre de ésa hace cambiar el color el púrpura y quita el color a las flores".

La teoría de las poluciones, establecida por casuistas como Liguori, consideraba igualmente venenoso e impuro el ciclo espermático del varón, dividiendo las poluciones en nocturnas y diurnas, involuntarias y voluntarias, distinguiendo también la destilación (emisión uretral) de los movimientos desordenados (semierección del pene). Complacerse en la destilación y en los movimientos desordenados era pecar tan mortalmente como con el onanismo. Por otra parte el cristianismo ha elaborado un catálogo tan estricto de placeres culpables, que los monjes necesitaban oración, ayuno, autoflagelación, cilicio, rechazo de malos pensamientos, leer vidas de santos, meditar sobre las penas infernales, abstenerse del vino y carnes calientes y evitar la compañía de mujeres si querían ser castos. Pero es bien sabido que durante toda la edad media tampoco lo fueron, pues fue de dominio público los embarazos y abortos de las monjas, a cargo de sus confesores; y durante muchísimo más tiempo fueron numerosos también los hijos de padres desconocidos, por haberlo sido clérigos.

En teoría existe sin embargo un erotismo esotérico cristiano, toda la magia sexual occidental proviene de él, y los ocultistas se adhirieron a sus creencias, aunque corrigieron ciertos datos referentes a misterios paganos. Y este erotismo animó tanto a la continencia como a la incontinencia, pues si los encratitas (secta fundada por Taciano en el 172 d. C. ) por ejemplo se desprendían de lo material hasta el punto de considerar al matrimonio invención diabólica, los mesalianos del siglo IV, con Adelfo y Lampecio a la cabeza, se permitieron toda clase de desórdenes sexuales, a condición de alcanzar previamente la apatheia (insensibilidad), al cabo de tres años de ascesis. El mesaliano pasaba por tanto su tiempo rezando, pero no creía que pecaba haciendo el amor apathos, sin sentir placer, como Adán y Eva antes del pecado.

Por otra parte existe cierta magia natural en el amor, pues el deseo incluye fenómenos del magnetismo animal, la mirada y caricias provocan hechizo, y la posesión y orgasmo son formas de éxtasis; la separación pone en juego la telepatía, y exalta en los amantes posibilidades mediúmnicas. Como consecuencia la magia sexual occidental es resultado de 1)la mística erótica, que continúa la tradición de las religiones primitivas que rindieron culto al falo, y 2)la mística cristiana, que glorifica al alma en detrimento del cuerpo, y reprime los impulsos sensuales.

Teólogos y médicos elaboraron pues, entre la edad media y el siglo XVII, una concepción del acto sexual que sirvió de base a la filosofía oculta.

Todos afirmaban que el fin del acto sexual es la procreación; el orgasmo sólo cebo. El matrimonio servía para satisfacer de manera decente el placer sexual, aunque dando incluso consejos para "hacer bien" ese deber conyugal. No me detengo, por ejemplo, en los consejos que al respecto da el cirujano Paré, pues incluían incluso las pócimas que la mujer debía usar para compensar con anterioridad cualquier prisa del hombre inexperto o poco complaciente.

Y dado que la procreación era el objetivo capital del matrimonio cristiano, se tenían en cuenta los medios de hacerla efectiva. Tampoco resumo lo que dice el profesor Pietro Pomponazzi al respecto, pero ya en el 1488 afirmaba que una pareja puede predeterminar el sexo: si quieren varón, pensar en un niño; si hembra, pensar en niña. En forma alguna estos pensamientos surtirían sus efectos, como tampoco la eugenesia que recomendaba Jean Liébault: unirse solamente el día y hora que les indique un astrólogo, a fin de estar seguros de concebir bajo astro favorable. O la de Laurent Joubertara tener hijo sano, relaciones al alba, después de un buen sueño.

Entonces se creía que la fecundación provenía de la mezcla del semen femenino (elaborado en testículos internos) y el masculino. Por eso Germain Courtain, profesor de cirugía en París, pensaba que la masturbación femenina "expulsaba esperma por los cuernos dentro de la matriz". Mientras Lazare Rivière, decano de la facultad de medicina de Montpellier, recetaba contra la frigidez "ungir la matriz con aceite de hormigas voladoras"; o tragarse, con un poco de vino, "un opiata que contuviera ámbar gris, hormigas voladoras, corteza de naranja confitada con miel, y raíz de satirión".

Jean Liébault prescribía contra la impotencia beber leche de mujer o de oveja, y comer lengua de ganso, testículos de zorro, y verga de toro disecada, pulverizada y mezclada con un huevo, y punta de cola de lagarto. O, al menos, sazonar las comidas con sal de lagarto, entendiendo por tal sal seca obtenida de cabeza vacía de lagarto quitada en verano, rellena de sal, y guardada a la sombra hasta que esté seca. Contra el apetito sexual: semillas de jaramago con vino; o jugo de jaramago seco. Contra excesivo deseo sexual: lavarse el dedo gordo del pie derecho con agua. Si se sufre de eyaculación precoz: cuatro onzas de leche de oveja, y dos dracmas de pelo de liebre quemado, finamente pulverizado, mezclado y tomado por la noche y por la mañana antes de comer. Para devolver deseo a esposos que se odian: masticar granos de culeba, con medio grano de almizcle o de ámbar. Para la fidelidad conyugal: quemar cabellos de la esposa obtenidos al peinarse, mezclar ese polvo con grasa de macho cabrío y hiel de gallina, y ungirse con esa pomada.

Como ya entonces las mujeres embarazadas tenían "antojos", que dejaban huellas en el embrión o feto si no se cumplían, a estas últimas Laurent Joubert, médico de la reina Margarita de Navarra, recomendaba "ponerse la mano en el c*l*, para que la marca del embrión o feto quedase oculta". Pero al marido que resista las ganas de una parturienta le saldrá un orzuelo en un párpado.

Los cuidados dedicados a las parturientas incluían procedimientos mágicos y médicos: sentarlas sobre un caldero retirado hacía poco del fuego; poner el gorro o sombrero del marido sobre el vientre de la mujer. Para evitar que entre aire en la matriziel de cordero negro, desollado vivo en verano, y aplicada caliente sobre el vientre y riñones de la mujer. Contra arrugas de vientre: ungüento hecho con una libra de caracoles rojos, picados con romero, y puestos en un cacharro que se enterrará en estiércol de caballo durante 40 días.

No se aceptaba el aborto, aunque Aristóteles lo permitió con tal de que "el alma no estuviera aún presente en el cuerpo del feto". En estos tiempos, sin embargo, los varones recibíamos el alma a los 40 días de concebidos, y las hembras a los 50, porque el varón es más caluroso y de mayor vigor. Sin embargo parece ser que Germain Courtin homologó ya la adquisición del alma en varones y hembras a los 45 días, y autorizó el aborto antes.

La histeria era llamada "sofoco de la matriz", atribuido a la hinchazón del útero al ser empujado hacia arriba por movimientos convulsivos, efecto de la retención del menstruo, o de la corrupción del semen. Por eso la curaban acostando a la enferma de espaldas, desatándola las ropas, gritándole su nombre al oído, y tirando de los pelos del pubis.

Incluso en medicina era reprobada la libertad sexual de las mujeres, porque producía infertilidad. La sensualidad demasiado ardiente se imputaba al furor uterino, que se disminuía llevando la mujer constantemente una hoja de plomo perforada sobre los riñones, e inyectando en la vagina suero o cicuta. Mas si era joven se prescribía más bien un marido vigoroso, y se la aliviaba hasta tanto con masajes íntimos: hechos por comadrona hábil en sus "partes pudendas". O frotándola la matriz mientras se bañaba con agua tibia. Contra la suspensión de la regla: fumigaciones internas de perfumes, con "tubo largo que llegue al cuello de la matriz".

La moequialogía fue una rama de la literatura cristiana dedicada a la discusión de las transgresiones del sexto y noveno mandamiento. Las diez clases de lujuria eran: fornicación, adulterio, incesto, estupro (depravación de virgen), rapto (seducción por rapto), sacrilegio, polución voluntaria, sodomía, bestialidad y exceso de "deber conyugal". Había siete grados de lujuria, incesto y sacrilegio si sacerdote o clérigo, y adulterio y sacrilegio si monja. Entre los excesos del débito conyugal, cinco pecados veniales (coito por placer en días festivos), y el resto mortalesensar en otros durante el acto conyugal, posturas contra natura, etc.

Los primeros teóricos del erotismo diabólico fueron los inquisidores alemanes, españoles, italianos y franceses: Jacob Sprenger, Paulo Grillando, Giovanni Anania, Henry Boguet, Martín del Río, Pierre de Lancre, etc. Y sus discípulos activos fueron los brujos a los que tenían que juzgar. La mayoría de los brujos eran campesinos que no sabían leer ni escribir, y las brujas analfabetas a veces muy jóvenes. Lancre dice por eso que brujos y brujas se instruyeron con los procesos inquisitoriales, que los dividían en íncubos (demonios disfrazados de hombre) o súcubos (demonios femeninos que extraían semen humano) canónicos.

La gran persecución de brujas y brujos se inició en la Alta Alemania a consecuencia de la bula Summis desiderantes effectibus de Inocencio VIII, en 1584, cuando la Reforma y guerras de la Liga hicieron temer la descristianización del campo. Antes se quemaba a nobles e intelectuales acusados de heréticos, no a pastores, labriegos o mendigos. La sentencia de París de 1282, que hizo jurisprudencia, condenó a tres mujeres acusadas de brujería a ser enviadas solamente al obispo de París, para que fuesen exorcizadas. Pero cuando se temió que el cisma de los hugonotes llevase a la irreligión de la población rural, la represión se concentró en la gente del pueblo, sobre todo la campesina, si bien el terror de la Inquisición fue defensivo más que ofensivo.

Y el pueblo fue cómplice de esta persecución, porque los procesos inquisitoriales partían de denuncias, que eran muy frecuentes. Tras indicios suficientes el acusado comparecía ante el juez, y si negaba los hechos se decretaba que un hechizo lo obligaba a callar, por lo que se le rapaba la cabeza y pubis para obligarlo a hablar; si persistía en no decir nada, se le conducía a la cámara de tortura, y le aplicaban suplicios como la prueba del hierro al rojo, o el estiramiento de los miembros con poleas. La Iglesia católica al menos sigue recordando a los mártires de las catacumbas romanos, con olvido total de sus crímenes, pues el tormento inhumano terminaba en el fuego, con personas totalmente conscientes, y los insultos colectivos de la multitud, tras escarnio oficial. Aunque hubo castigos menores, como látigos, la picota, el destierro o cadena perpetua. Pero en estos procesos no sólo se persiguió la brujería, sino si había existido también sodomía: abrazos del demonio, cuando ni existen siquiera, y un abrazo no es sodomía, pues se exige para haberla "penetración". Sólo brujas italianas aceptaron esta irreal sodomía, probablemente por preferir ser quemadas, antes que seguir en los calabozos de la Inquisición.

Y estas condenas se practicaban a pesar de saber muy bien los Inquisidores que los demonios no tienen sexo, pero creyendo que sí tomaban el de algún difunto, o se confeccionaban cuerpo a base de aire denso. �ncubos eran precisamente los demonios disfrazados de hombres, y se aceptaba como brujería yacer con íncubo sin saberlo la mujer.

Es así como campesinas histéricas confesaron que durante el acto sexual experimentaban enfriamiento de las vías genitales, y la Santa y Sabia Madre Iglesia sabía por prescripción canónica que era por semen de íncubo, incluso tras aceptación voluntaria de la mujer, pues canónicamente 1)"cuando la bruja no sabe que es un demonio, y cree tener relación con un hombre, el íncubo le inyecta semen caliente", y 2)"cuando no ignora quién es, el íncubo expulsa semen imaginario y frío". Sabia de nuevo la Iglesia, pues dice canónicamente que lo imaginario es frío.

Los relatos de brujería inquisitorial superan todo relato pornográfico actual, como el de Jean Hervillier, de 50 años, quemada en abril de 1579, porque había aojado ganado, y a un hombre que contrajo lumbago crónico. Pero lo históricamente importante es su confesión inquisitorial: "A la edad de doce años su madre la ofreció al diablo, en forma de un gran hombre negro, con botas, espuelas, espada al costado y un caballo a la puerta; a quien dijo la madre: aquí tenéis a mi hija como os he prometido; y a la hija: aquí tenéis a vuestro amigo, que os hará muy dichosaâ¦". Confesiones redactadas por secretario inquisitorial, no por confesión judicial de la mujer, sino por dictado del relator-juez.

La credulidad inquisitorial, y por tanto de la Santa Madre Iglesia de la que eran hasta Cardenales, se acredita también por libros escritos por los propios Inquisidores: "las brujas provocan abortos con sólo soplar sobre las mujeres encintas, que para acudir al sabbat tienen costumbre de encabalgarse sobre una horca, palo o escoba, incluso sobre un toro, macho cabrío o perro, y poniendo los pies en el llar salen volando por la chimeneaâ¦" (Martín del Río, Inquisidor español antes citado: Les controverses et recherches magiques, traducción del latín al francés de André de Chesne; París, Régnaud Chaudière, 1611). Por lo que no es de extrañar que un sabio jesuita diga también que "en la época en que estuve en Mayence, Alemania, quemaron en Tréveris a una bruja muy famosa que había hincado una caña en la pared de su casa, de la que sacaba toda la leche de las vacas de sus vecinas". Otro ejemplo: una niña de ocho años de un pueblo de Borgoña, en junio de 1598, sufre una indigestión y declara que se siente poseída por cinco demonios. La hacen exorcizar⦠dice que se siente liberada, y revela que Françoise Secrétein le ha dado a comer un mendrugo. Los padres de la niña la denuncian por bruja⦠En el interrogatorio tiene en la mano un rosario y farfulla padrenuestros; pero se dan cuenta de que la cruz del rosario está algo estropeada. Indicio concluyente de su descreimiento: el juez manda rapar y dejar en camisa a Françoise Secrétein para mandarla al suplicio⦠Confesó, castañeando los dientes de miedo, que acudía al sabbat montada sobre un bastón blanco, que había hecho que muriesen varias vacas tocándolas con la mano, y que el Diablo la había conocido carnalmente cuatro o cinco veces, bien en forma de perro, bien en forma de gato, bien en forma de gallina. El juez no tuvo tiempo de pronunciar sentencia, porque se suicidó antes en su celda.

Henry Boguet, entendido en brujería: "es cosa extraña que Satanás la haya conocido en forma de gallina; sospecho que ha querido decir gansoâ¦"

Los jueces civiles eran incluso peor que los eclesiásticos. Jean Bodin, procurador del rey de León, considerando que la muerte por fuego apenas dura una hora, aconseja ponerles puntas entre las uñas de los pies y de las manos.

Son curiosas también las obligadas confesiones de algunas brujas sobre el tamaño del pene de sus demonios: "largo y grueso", "frío como el hielo, pero largo y grueso", "retorcido y sinuoso como una serpiente", "con escamas, semejante a un pez", "miembro de mulo", "largo y grueso como el brazo"⦠coincidiendo todas en que "hiere, por lo que regresan ensangrentadas del sabbat".

También preocupaban los filtros y hechizos para los excesos de amor, que consistían en manjares y brebajes con los que los brujos habían mezclado 1)menstruo femenino, si se administraban a hombres; 2)semen masculino, si a mujer. O cabellos, recortes de uñas de la persona a la que se quería hacer amar, raíces, yerbas, huesos de verderón o rana, sesos de gato, testículos de lobo⦠todo envuelto y atado, escondido en un vestido, o debajo de la cama de la persona a la que se pretendía hechizar.

Los brujos actuaban también por maleficio, con una figura de cera que bautizaban con el nombre de la persona a la que querían hechizar. Abrasaban después el corazón de la figura, o la ponían cerca del fuego hasta que se licuara.

Provocar abortos era otra especialidad de las brujas, muchas de las cuales eran comadronas o parteras. Y en estos casos se las acusaba incluso de haber asesinado a los neonatos antes del bautizo con un alfiler que les hundían en el cerebro; chupándoles la sangre hasta que muriesen, o incluso cociéndolos y comiéndoselos.

Las brujas enfermaban con la mirada, el soplo o la palabra; y no sólo a personas, sino al ganado, cereales, árboles, etc. Por eso se colgaba del cuello de los niños la figura del miembro a proteger, o se contrarrestaba la influencia brujeril con la higa, figura de mano cerrada de ámbar, marfil o plata, con el pulgar metido entre los dos primeros dedos.

El siglo XVI europeo fue una centuria en la que todos temían a todos: brujos y brujas a la Inquisición, incluso los jueces a los brujos. Eran más temidas las brujas, y mucho más numerosas, y se las creía insensibles. Por eso se restableció contra la brujería la prueba del agua fría: se desnudaba del todo al brujo o bruja; se les ataba el pie derecho con la mano izquierda, y el izquierdo con la derecha; y sujetado con una cuerda se les arrojaba al río; si se hundía era inocente, si no culpable. Pero esa era la teoría, pues consta que en Alemania y Francia fueron quemadas muchas brujas sin hundirse.

Los sabbats eran fiestas campestres en las que se bailaba al son del oboe y flauta, y se comía en abundancia, celebradas en lugares solitarios al anochecer. Los asistentes solían ir enmascarados, pero no fueron los campesinos los que llamaron así a estas fiestas, sino los inquisidores. Por eso se solía celebrar la noche del lunes al martes, ya que Abraham Aben Esra la había considerado la más saturniana. Pero la mayoría de las brujas quemadas por asistir a estas fiestas lo único que hicieron fue hacer el amor tras estar hartas de comer y bailar, ya que los sabbats no eran más que bailes populares clandestinos. Para cualquier clérigo de la época, sin embargo, "las brujas iban a estas fiestas tras frotarse todo el cuerpo con ungüento hecho con grasa de niño".

Los sabbats vascos o no existieron, o fueron fiestas estacionales sin nada de extraordinario. Sin embargo Pierre de Lancre los hizo famosos por hacerlos cotidianos, multitudinarios y obscenos, pues "hasta las niñas de 13 años saben más de sexo que las adultas". Por eso para este autor eran aquelarres que se celebraban en el Prado del Macho Cabrío, con centenares de brujas descendiendo de escobas, o montadas de dos a tres en un carnero. Bajas y deformes a la luz de las velas, mientras niños con vara blanca en mano hacen de pastores de rebaños de sapos. Grandes calderos en los que cuecen víboras, carne de ahorcado, corazones de recién nacidos no bautizados. Demonios sin velas encienden hogueras, que los asistentes atraviesan sin quemarse. Barrabam, príncipe de los demonios, preside sentado en trono llameante con la reina del sabbat a su lado. Barraban unas veces es macho cabrío barbudo, otras tronco de árbol, u "hombre negro y horrendo, con seis u ocho cuernos en la cabeza, gran cola, y rostro delante y detrás de la cabeza". Todos lo adoran, y él los hace renunciar a la religión, tras de lo cual les marca. Las brujas Galanta, Martissans y Oylarchahar tienen un sapo con cuernos en el hombro izquierdo, etc. Un sacerdote celebra misa de espaldas al altar, sosteniéndose sobre las manos, con los pies levantados hacia el cielo, y ofrece en la elevación una hostia negra triangular. Bailan después hasta los cojos y lisiados, y los viejos decrépitos son los que bailan con más ligereza. Tras un concurso de saltos comienza la fornicación, mientras Barraban se pasea entre los asistentes con el sexo fuera de los calzones, mirando a las muchachas, a las que a veces abraza. Y el sabbat terminaba con una procesión a los cementerios de San Juan de Luz y de Siboro, porque nos estamos refiriendo al territorio vasco francés.

Bruja, embrujada y posesa son los tres tipos femeninos del erotismo cristiano esotérico. La bruja se convencía, por presión de los inquisidores, de haber tenido relaciones amorosas con demonio íncubo. La embrujada tenía siempre sensación de ser obligada a entregarse a un hombre, por pacto demoníaco. La posesa se quejaba de sentirse invadida por demonios que la obligaban a actuar y hablar contra todo decoro, pues era la que cometía más actos obscenos, y profería más indecencias. A las brujas las mandaban al verdugo; a embrujadas y posesas al exorcista.

Henry Boguet enumera los 22 signos por los que se reconoce a un poseso: no soporta el olor de las rosas; un desasosiego lo agita continuamente; habla en lenguas no aprendidas, etc. Hubo más posesas que posesos, porque "la enamorada es poseída por el amante que la penetra, la madre por el feto, etc. Toda mística poseída por demonio cumple las exigencias del erotismo femenino, y los posesos son homosexuales o bisexuales afeminados.

El abate Louis Gaufridi, 1611 d. C. , vio a Lucifer "vestido de buen señor", y a partir de ese momento inflamaba de amor a todas las mujeres que deseaba, con sólo su aliento; la madre de Magdeleine no permitió poseerla, pero sopló a la madre, y poseyó inmediatamente a madre e hija; completó su embrujamiento dando a Magdeleine al demonio Emodes como guardián, con el que firmó pacto de sangre. Magdeleine después ingresó en las ursulinas, pero cuando reveló lo anterior a su amiga Louise Capeau, ésta se sintió embrujada por Gaufredi, y poseída por el demonio Verrine. Ningún inquisidor pudo exorcizarlas, y los íncubos siguieron cometiendo en ellas mil impurezas, mientras tres magos las obligaban a masturbarse. Por fin Gombert pudo liberarlas, y Gaufridi fue quemado con soga al cuello y antorcha en la mano, tras haber seducido también a su hospedera Victoire de Cobier.


Magdeleine Bavent, huérfana de Ruán, ursulina también a los 16 años, acusó a su director espiritual, Pierre David, de adamita, por lo que todas las religiosas bailaban, asistían al coro o salían al jardín desnudas, tocándose mutuamente con impudicia, y cometiendo "los más horribles e infames pecados contra la naturaleza". Comulgaban desnudas hasta la cintura, etc. Marthurin Picard, que sucedió a David, fue también lascivo, y abusó de cuanta madre e hijas iban a su presbiterio; conversaba con el Diablo; embrujó también a Magdeleine Bavent, por lo que hacía cuanto le pedía con sólo tocarla con un dedo. Por supuesto la tocaba para poseerla sexualmente, fabricando sortilegios con su sangre menstrual, que ponía en el cáliz de la consagración, etc. El sacristán fue testigo de todo, y Magdeleine siguió unida a Picard con "ligaduras infernales", de forma que hasta veía penes en gatos negros, que fornicaban con ella y sodomizaban a Picard. Muerto Picard, las religiosas fueron sucesivamente poseídas por los demonios Encitif, Leviatán, Behemond, Accarón, Dagón y otros varios. Cada religiosa tenía su demonio, con el que hablaba, blasfemaba, saltaba paredes y se contorsionaba en lengua desconocida. Todos los demonios acusaron a Magdeleine de haberlos atraído al convento, por lo que interrogada confesó que fue al sabbat con Picard, quedó embarazada varias veces, provocándose abortos ella misma, y comiéndose los fetos. Había sido conducida a la impudicia vistiendo una camisa sucia de un hombre, etc. Fue condenada a cadena perpetua en junio de 1645, inhumándose el cadáver de Picard, para ser arrastrado por toda la ciudad de Louviers, y arrojado a su fosa común.

Pero la posesa más extraordinaria fue Jeanne de Belciel, sor Jeanne des Anges, superiora de las ursulinas de Loudun. Hermosa pero con joroba, se acusó de "gran libertinaje" y orgullo, pues quiso nombrar prior del convento a Urbain Grandier, cura de Saint-Pierre-du-Marché, amante de la mayoría de las mujeres de Loudun, y autor de un tratado contra el celibato eclesiástico. Grandier rehusó, y sor Jeanne cayó entonces en grave depresión, sufriendo alucinaciones en las que la acariciaba Grandier, sintiéndose poseída por siete demonios: Leviatán la incitaba al orgullo, Balaam la hacía reír constantemente, Isacarón la empujaba a la impudicia, y Asmodeo era el más activo. La exorcizaron, pero no fueron capaces de expulsar sus demonios ni con lavativas de agua bendita. Todas las religiosas se contagiaron de la superiora, se sintieron perseguidas por Grandier, y atormentadas por los diablos. El comisario real Laubardemont acusó a Grandier de ser contrario al cardenal Richelieu, y el 14. 4. 1634 fue careado con las religiosas, que reconocieron en él al hombre que se aparecía por las noches en sus celdas, aunque jamás había entrado en el convento. Los seis exorcistas creyeron a las religiosas, pues la superiora dijo que tenía las marcas del Diablo en el ano y los testículos. Desnudaron y afeitaron a Grandier, y aunque gimió tras los pinchazos que le propinó el cirujano Mannoury, el atestado concluyó que no sentía nada. Se hicieron públicos los exorcismos, y Lactante hizo salir tres demonios del cuerpo de sor Jeanne des Anges: Asmodeo, Grésil y Aman, que le infligieron tres heridas en el pecho. El 23 de junio Grandier fue careado otra vez con sor Jeanne y otras ocho posesas, y como negó de nuevo los pactos demoníacos de que era acusado, las nueve religiosas, presas de furia, se desgarraron los vestidos, mostraron sus pechos, adoptaron posturas obscenas, le arrojaron los zapatos a la cabeza, y quisieron despedazarlo. Grandier fue condenado a muerte el 18. 8. 1634, y ejecutado el mismo día. No confesó ni cuando le rompieron las piernas. Laubardemont pidió que le arrancasen también las uñas, y murió perdonando a las ursulinas. Fueron los exorcistas quienes encendieron la hoguera en la que fue quemado vivo, y un mes después Lactance, uno de los seis exorcistas, murió preso de una crisis de locura, en la que gritaba no ser responsable de la suerte de Grandier. Al año siguiente se volvió loco también el padre Tranquille, otro exorcista. Igual suerte corrió el cirujano Mannouri, que agonizó delirando a causa de congestión cerebral. A los cinco meses de muerto Grandier sor Jeanne se declaró embarazada, un médico constató el embarazo por ausencia de la regla, náusesas, hinchazón del vientre, e incluso secreción mamaria de leche. Este embarazo desapareció con vómito de sangre tras el oportuno exorcismo, pues al parecer fue timpanitis abdominal (parálisis de las fibras musculares del intestino). Los recoletos y capuchinos que la exorcizaron perdieron la razón. El 20. 12. 1934 se encargó de exorcizarla el padre Jean-Joseph Surin, de 34 años, endeble, angustiado y propenso a jaquecas. Sor Jeanne sentía "tentaciones infames" cuando se le acercaba el exorcista, que intentó expulsar primero a Isacarón, el demonio que la imbuía obsesiones sexuales, atándola a una mesa. Las sesiones de exorcismo duraban hasta tres horas, durante las que la superiora aullaba como "bestia infernal". Pero Isararón, en vez de irse de la posesa, atacó al padre Surin, que la noche del 19 de enero sintió retorcerse alrededor de su cuerpo una serpiente invisible que lo cubrió de mordeduras. Desde entonces pasó más de un año luchando contra sus propias obsesiones sexuales, con náuseas, opresiones y reacciones psicosomáticas. En cuanto se ponía a exorcizar a sor Jeanne caía al suelo revolcándose y gritando, o se quedaba paralizado, incapaz de pronunciar una sola palabra, mientras ella seguía recibiendo visitas en su celda, siendo apareada sin cesar. Por fin Iscarón salió del cuerpo de sor Jeanne durante exorcismo público ante el duque de Orleans, hermano del rey. Se apaciguó la religiosa, pero el demonio entró en el padre Surin, que cayó a tierra con convulsiones; los otros exorcistas le conjuraron, y el demonio volvió al cuerpo de la superiora. El padre Surin confesó que poseía dos almas, ambas obsesionadas, que le producían alegría y furor. Desesperado por no poder exorcizar a sor Jeanne hizo que la abofetearan unos pobres, que la azotara la cocinera, y que se colorara desnuda ante él para disciplinarse ella misma. Los superiores de Surin intentaron apartarle entonces del caso, pero sor Jeanne, para retenerlo, dijo que Balaam abandonaría su cuerpo el 5. 11. 1635. Luego fue Leviatán el que la marcaba y borraba cruces sangrientas en la frente. Isacarón la abandonó en enero de 1636, barbotando blasfemias, y dejando impresa la palabra María en la mano izquierda de la religiosa, que es por donde salió.

Recuerden que este padre Surin fue el más grande teórico de la posesión en Francia, pues después de liberar a sor Jeanne des Anges de Behemoth, último demonio que la poseía, regresó a Burdeos el 15. 10. 1637, siempre obsesionado con Iscarón, y teniendo veleidades de suicidio durante ocho años. Relegado a Saint-Macaire, se arrojó un día por la ventana de un tercer piso, y se partió el cuello del fémur. Tuvo visiones, como ver las palabras Amor puro escritas en el cielo. Sufrió ataques de afasia, parálisis histérica, y estuvo varios años postrado en cama sin moverse, ni comer siquiera. Recogido en Saintes por su colega Claude Bastide dictó, a partir del 1651, su Catéchisme spirituel, los Dialogues spirituels y el relato de sus sufrimientos.

Sor Jeanne murió en olor de santidad, tras una enfermedad en la que la administraron la extremaunción, por considerarla moribunda, pero de la que se curó al día siguiente; y su camisón pasó por hacer milagros en todas las embarazadas. Ana de Austria, al noveno mes de embarazo, pidió que se lo prestasen, se vistió con él en Saint-Germain, y unas horas después dio a luz a Luis XIV. Como bajo su reinado, el de Luis XIV, se inventaron las misas negras, dicen que no es de extrañar que naciera de quien vistió el camisón de una posesa que envió a un inocente a la hoguera, y volvió loco a varios exorcistas. Sor Jeanne des Anges murió en 1665, y su cabeza fue guardada en un relicario por las ursulinas de Loudun, para poder ser expuesta a veneración pública.

La misa negra fue el principio un episodio del sabbat, su final como hemos visto, pero después se separó para convertirse en ceremonia muy diferente.

El sabbat fue fiesta campesina, mítica, más soñada que vivida; la misa negra real, aristocrática, a puerta cerrada. Cuantos Grandes querían conseguir algo del Diablo creyeron propiciarse su favor ofreciéndole este espectáculo: una parodia blasfema de la Misa, agravada con un sacrificio humano, y un uso ritual de la desnudez femenina.

Si las misa negra hubiera existido en el 1310, cuando tuvo lugar el proceso contra los Templarios, habrían acusado también de este crimen a su último Gran Maestre, Jacques de Molay, ya que lo acusaron de renegar de Jesús y escupir en la cruz, aunque en los 132 artículos presentados contra los Templarios no figura que fuesen brujos o asistiesen al sabbat. Y sin embargo fueron declarados culpables de idolatría, de adorar una cabeza llamada Bafomet, y ceñirse con una agujeta que habían consagrado atándola a este ídolo, de practicar sodomía para poder ser nombrados caballeros, celebrar recepciones secretas y nocturnas, obligar al recipendario a dar besos impuros al superior, debajo del vientre y desnudo.

Tampoco se mencionan las misas negras en el proceso de Gilles de Rais, en Nantes, 1440. En el que fue acusado de herético, relapso, brujo, sodomita, invocador de demonios, infanticida, practicante de magia, apóstata, idólatra, apartado y mal pensante de la fe católica. Como este Gilles, compañero de Juana de Arco, fue nada menos que Mariscal de Francia, insisto en que fue acusado de homosexual, alquimista, y practicar la goecia, "recitando fórmulas dentro del círculo mágico, tras sacrificar tórtolas o gallos"; y atrayendo demonios a base de ofrecerles "la mano, el corazón, los ojos y la sangre de un niño que había matado". Pero el fiscal añadía que así murieron, durante ocho años, más de doscientos niños en sus castillos de Tiffauges y Machecoul, con los que se había divertido en su cámara en orgías sádicas. Distribuía limosnas en nombre del Diablo, hacía cantar oficios los días de Todos los Santos "para honrar espíritus malditos y condenados", etc.

El ritual de las misas negras se inventó pues durante el reinado de Luis XIV, con la Voisin. Catherine Montvoisin, quiromántica y astróloga, esposa de un sombrerero, apodada la Voisin, se especializó en magia sexual, y las mujeres la consultaban para abortar, librarse del marido, o conquistar amantes. Se dice que el verdugo de París la proporcionaba grasa de ahorcados, y utilizaba toda clase de embrujamientos para deshacer matrimonios. Una de sus especialidades era "quemar la gavilla"oner incienso y alumbre en una gavilla, prenderle fuego en hora impar, y rociarla tres veces con vino y sal, mientras formulaba promesas. Y que también utilizaba figuras de cera, o corazones de animales que enterraba por donde debían pasar sus víctimas. Para que la presidenta Leféron se enamorara de Prade "hizo una figura de cera, escribió en sus brazos, muslos, corazón y frente, la metió en una caja, e hizo que la presidenta Leféron pasara por encima". Cuando la Philibert, esposa de un músico del rey, acudió a ella porque quería asesinar a Brunet, su primer marido, "la Voisin le pidió huevos de los que hubiera comido Brunet, y orina suya, que metería en topo desollado, y enterraría en el jardín: Brunet sentiría los mismos efectos que el topo, según se fuese pudriendo". Cuando su amante Hérault se casó sin su consentimiento, echó "algo rojo en el umbral de la puerta, lo que hizo que Hérault se sintiera mal". Provocaba abortos dando a las embarazadas infusiones de sabina (especie de enebro), y los embarazos avanzados los confiaba a Lesage, "que sabía hacer abortar mediante perfumes", o a Lepère, que "poseía jeringa especial". Los fetos eran incinerados en un horno secreto, y un día que estaba bebida confesó haber quemado más de 2. 500 fetos. Preparaba también venenos con sapos, a los que atiborraba con cardenillo o arsénico; la espuma que les salía por la boca le servía para envenenar camisas, pañuelos, guantes y lavativas que vendía.

La Voisin y sus compañeras son las brujas más auténticas del reinado de Luis XIV, y lo más curioso es que dicen que sacaban sus métodos de De occulta philosophia, el erudito libro de E. C. Agrippa que he comentado en la primera parte.

Debemos subrayar que todas estas "diablesas" tenían sacerdotes como cómplices, pues el abate Dubousquet era quien enseñaba a la Voisin a hacer hechizos a base "corazones de oro"; y la Joly elaboraba los suyos asistida por el abate Lempérier. El capuchino Gérard poseía "pequeños secretos azules, como los del juego, amor y armas"; el padre Morel, barnabita, fabricaba polvos afrodisíacos con entrañas, testículos y barbillas de gallos, etc.

Su principal acólito fue el abate Antoine Guibourg, apodado el señor Prior, quien practicaba la magia negra para cuantos querían ganar en juegos (mediante la pistola volante, moneda que regresaba al bolsillo de su dueño o dueña tras haberla gastado en compras). Un jugador le encargó tres misas sobre un trozo de soga de ahorcado; y consagró una hostia cubierta de palabras escritas con la sangre de una dama, a la que se la entregó para que la diera a comer al hombre con el que quería casarse. También decía misas poniendo sobre el altar las placentas de una parturienta, sabía fabricar la ránula (veneno que producía muerte riendo), etc.

Se ha dicho que este abate Guibourg fue uno de sus amantes, pues tuvo más de ocho; pero lo cierto es que el tal abate fue amante de la concubina Jeanne Chanfrain, con la que tuvo varios hijos desde la edad de 16 años, a algunos de los que mató.

La misa negra se celebraba sobre una mujer desnuda, cuyos brazos extendidos sostenían un cirio encendido, y sobre la que el abate Guibourg colocaba los objetos del culto, y debía ayudarle otra segunda mujer. El oficio comenzaba con el canon, en el Te igitur; entre dos consagraciones hacía conjuros a Asmodeo y Astaroh; tras la oblación leía una invocación que expresaba el deseo de la persona a favor de la que se celebraba el rito. Inició sus primeras misas negras en 1660, en el sótano de la casa de un orfebre, cerca de la puerta de Saint Bernard; pero a partir de 1673 las celebró ya en el gabinete de la Voisin, en un colchón colocado sobre dos taburetes, flanqueado por candeleros: "la dama se tendía desnuda sobre el colchón, con la cabeza colgando, apoyada en una almohada sobre una silla vuelta al revés, con las piernas colgando, un lienzo sobre el vientre, y encima del lienzo, en el sitio del estómago, una cruz; el cáliz en el del vientre". Entre las mujeres que se prestaron desnudas para las misas negras está la duquesa de Vivonne (que esperaba conseguir así que muriera Colbert y regresara Foucquet), la comedianta Dupin (que pretendía que nombraran a su compañía teatral compañía del rey), la condesa de Argenton, o madame de Saint Pont; poco después el abate Guibourg se vio tan desbordado, que tuvieron que decir misas negras también otros muchos colegas.

Como la mujer sobre la que se decía la misa negra estaba boca arriba, es natural que algunos celebrantes no pudieran resistir tentaciones sexuales. Y así el abete Gilles Davot confiesa que besaba sus "partes pudendas", y Gérard decía misa sobre la hija de un comerciante a la que había pervertido. Las damas aficionadas a misas negras que temían condenarse si se decían sobre ellas buscaban quienes las substituyeran. Pero estas misas originaron también simples orgías, en las que se recurría incluso al infanticidio para aumentar su eficacia. Antes de la invocación se sacrificaba a un niño, se recogía su sangre en el cáliz, y se reservaban sus vísceras. Guibourg solía utilizar a recién nacidos, que eran ofrecidos al diablo por sus propias madres. La duquesa de Vivonne, embarazada de tres meses y medio, abortó en casa de la Voisin, y entregó el feto al Diablo, para obtener la muerte de Colbert. Todo París se alarmó en 1776 ante la desaparición inexplicable de niños, y en el sótano de un tabernero se dijeron misas negras durante nueve días sobre el vientre de dos mujeres desnudas: la Ridelle, esposa de un ayuda de cámara del rey, y la Napolitaine; la tabernera reconoció que habían sacrificado niños, e incluso que habían llevado el cadáver de un ahorcado.

La duquesa de Montespan, para convertirse en favorita de Luis XIV, fue clienta de la Voisin durante seis años, vendiéndole los polvos de amor que había de beber el rey. Y unos conjurados que querían asesinar al rey lograron que Guibourg les fabricara y santificara un hechizo con sangre de niño degollado, polvo de sangre de murciélago y harina. Cuando el rey se interesó por Mme. de Fontanges la Montaspan presionó a la Voisin para que eliminara a su rival mediante cinco misas negras; las dos primeras se celebraron sobre mujer que contrató la Montaspan, degollándose a un niño comprado a una mendiga por un escudo, pero la tercera misa fue ya celebrada sobre la Montaspan, degollándose a otro niño; las dos misas siguientes fueron celebradas sobre el vientre de la Voisin.

Cuando la justicia, constituida en Cámara ardiente, se hizo cargo de estos ritos fueron detenidas 319 personas, de las que 180 fueron sometidas a juicio: La Voisin fue quemada en la plaza de Grève el 22. 2. 1680, y condenados a muerte varios clérigos, entre ellos Joseph Cotton, Barthélemy Lameignan y Tournet, este último acusado de decir misa sobre jóvenes de 14 años, que encima "conocía carnalmente" durante el rito diabólico. Por supuesto los infanticidios se justificaban con el Antiguo Testamento, y la práctica de los judíos. Las misas negras del siglo XVIII se celebraron ya sin crímenes.

La creencia en íncubos y súcubos fue culta, pues fue Santo Tomás de Aquino quien dijo que los demonios extraen semen a los hombres adoptando forma de súcubos, y se servían de las mujeres en forma de íncubos. El mismo diablo gozaba a los dos sexos, aunque cambiando de apariencia. Se dice que Pablo III perdonó a Magdalena de la Cruz, abadesa en Córdoba, porque la poseyó un demonio, en forma de moro negro, desde sus 12 a 45 años; pero el sacerdote Benedetto Berna tuvo menos suerte, pues fue quemado por copular desde hacía cuarenta años con el súcubo Hermoine. Como íncubos y súcubos podían adoptar formas de animales, fueron quemadas en Toulouse y París dos mujeres a las que "había cubierto un perro".

Las discusiones sobre si estos demonios podían tener descendencia humana fueron incluso imperiales (Segismundo de Austria, por ejemplo), y se llegó a la conclusión de que "de íncubo y mujer podía existir descendencia, pero el padre no era el demonio, sino el hombre al que el íncubo había extraido el semen". De ahí que, si una mujer daba a luz un hijo que se parecía al vecino, podía haber sido inseminada con su semen, por obra del íncubo; que podían embarazar también a vírgenes. Se cuestionó también si los súcubos podían quedar embarazados de hombres, y del Río sostiene que sí, pues son los padres de los niños llamados cambrones: los que secan a tres o cuatro nodrizas, pesan mucho, y desaparecen a los pocos años. Lutero, en Coloquios, precisa que el hijo de un súcubo no vive más de siete años.

El abate Nicolas Montfaucon de Villars, en su Le Comte de Gabilis, narra estas revelaciones de un rosacruz: "hay que renunciar al comercio carnal con mujeres, no por castidad, sino para reservarse para amantes invisibles que pertenecen a los pueblos del fuego, del agua, del aire y la tierraâ¦".

Las uniones amorosas con la docta Sofía, más venerada por la escuela de Böhme que la Vírgen María, fueron también muy numerosas. Se hablaba con ella "sin palabras ni vibraciones de aire". Raadt se enamoró de ella, por lo que se impuso "circuncisión espiritual" con su esposa, a fin de merecerla. En torno a Gichtel se formó la Sociedad de los Treinta, todos enamorados de Sofía y beneficiarios de sus favores. Sofía, esposa inmaterial, era polígama, a condición de que fueran iniciados.

A partir del Renacimiento se inició un movimiento purificador que rechazaba identificar el sexo con el mal, y la mujer no fue ya para esta escuela criatura de perdición, sino portadora de luz incomparable. Nuestro amigo E. C. Agrippa difundió esta corriente en su De nobilitate et praecellentia foemini sexus (Sobre la nobleza y preeminencia del sexo femenino, 1529), demostrando que la mujer es superior al hombre, por descender "de Eva", que traduce por vida. Guillaume Postel vino a crear el feminismo moderno, en su Très merveilleuses victoires des femmes du Nouveau monde, con su célebre frase: "el hombre es el espíritu de la mujer, y la mujer es el alma del hombre". Se santificó ya el placer sexual sin fines de procreación, con base en la Kabbala y Swedenborg, que admitió que el soltero tuviera amantes, siempre que no fueran vírgenes ni esposas de otro; desaconsejando el celibato y la poligamia. Si un hombre se ha casado varias veces vuelve a encontrar a todas sus esposas tras la muerte, igual que la mujer que haya tenido varios maridos.

En el siglo XIX este afán por justificar el sexo provocó erotomanías religiosas, con San José anunciando el "reino del Amor", o la Obra de la Misericordia preparando el reino del Espíritu Santo. Las mecenas de esta Obra se unían con sus miembros místicamente, para regenerar al mundo. Como algunos de estos miembros estaban casados, sus místicas mecenas se acostaban en cama adjunta, hasta formar a veces "septenas" que simbolizaban los siete dones del Espíritu Santo. Lo malo es que muchos de estos miembros fueron condenados por cobrar a quienes querían saber el nombre de su ángel custodio, aunque eran substituidos por abates que se masturbaban en público, o en parejas, sin que tampoco desdeñaran sexo con prostitutas. El abate Meréchal, uno de éstos, escribió El evangelio eterno, instituyó en Lyon el Carmelo de Elías, y fue considerado un santo incomprendido. Desde luego vestía túnica púrpura.

En la misma época el abate Joseph Boullan conoció a la hermana Adèle Chevalier, religiosa curada milagrosamente, en comunicación constante con la Santísima Virgen. Fundaron la Obra de la separación de las almas, para redimir pecados y curar "enfermedades diabólicas", pero atraían posesos dándoles a beber la orina de ambos. Este Joseph Boullan instituyó también el Marisíaco del Carmelo, cuya primera "sacerdotisa de María" fue la vidente Julie Thibault. La unión sexual con espíritus superiores era "unión de sabiduiría", y con inferiores "de caridad". Dos seres iguales en contacto sexual era "dúo de vida". Julie Thibault era atormentada aún por íncubos hasta tener embarazos nerviosos, pero Stanislas de Guaita descubrió que era porque el abate Boullan "metía el 1 en el 0: el falo en el cteis".

Desde mediados del siglo XIX la filosofía oculta ha recibido influencias del yoga tántrico y del taoísmo, revalorizándose la hiorogamia, unión sagrada en la que el hombre y la mujer se consideran sacerdote y sacerdotisa, y buscan en el apareamiento el más grande placer. El yoga tántrico se basa en el maithuma, acto sexual que es a la vez meditación, respiración rítmica y fusión con el universo; identificación con Krishna y Radha. El yogui, al copular, pretende alcanzar "el estado de lo innato" o "la alegría de la anihilación del yo", para lo que debe separarse de la mujer sin haber eyaculado. En Chima los taoístas pensaban también que el coito perjudica a la salud ("un solo coito acorta la vida un año"), aunque se jactaban de utilizarlo para fortalecerse, pues la continencia es contranatural. El cuerpo humano está dividido en tres campos de cinabrio (droga de la inmortalidad), siendo el inferior el vientre, donde se encuentra la Esencia, el semen (tsing). Cuando el coito se efectúa con 81 movimientos, número del yang, es perfecto. Algunos prescriben penetrar a la mujer nueve veces superficialmente, y una vez profundamente. Hay que retener también la eyaculación, y el que sea capaz de practicar varias docenas de coitos en un solo día, sin emitir semen, curará todas las enfermedades y tendrá larga vida. La eyaculación se halla regulada en el Su-niu-king: "a los 20 años, una emisión cada cuatro días; a los 30, cada ocho; a los 40, cada dieciséis; a los 50, cada veinte; a los 60 ya no se debe emitir semen".

Los monjes taoístas practican por eso sexo "para que el semen restablezca el cerebro"y adquirir así la inmortalidad, que consiste en coger el pene, apretarlo entre dos dedos de la mano izquierda, exhalar largamente el aliento por la boca, y rechinar después los dientes varias docenas de veces. Suen-Ngen mandaba celebrar orgías tras tres días de ayuno.

Sin embargo las técnicas sexuales hindúes y chinas no establecen igualdad en la pareja, pues la mujer es instrumento del hombre. Para el yoga tántrico la mejor compañera es la de casta inferior, y cuanto más viciosa y fea sea más se transformará en diosa. En el tantrismo la feminidad es indispensable para la perfección, pero la mujer no. Pero los monjes taoístas eligen mujeres menores de 30 años, que cambian después de cada excitación. Lieuking dice: "cuando se cambia varias veces de mujer, la ventaja aumenta: cambiar varias veces de mujer en una noche es la suprema excelencia".

El iniciador moderno de la magia roja (magia sexual inspirada en el tantrismo) fue el médico americano Pascal Beverley Randolph (1825-1875), creador de la "Eulis Brotherwood", que pretendía la "explotación práctica de la fuerza mágica sexual"; el coito es una oración entre dos que sólo puede hacerse bien si la mujer es moralmente superior, si los cuerpos están muy limpios, si se conserva el misterio de la intimidad de la pareja, etc. Antes es necesario adquirir dominio de sí mediante ejercicios de volancia (fuerza pasiva y fría que obedece al intelecto y está exenta de pasión), de decretismo (capacidad de impartir órdenes), y de posismo (estudio ante el espejo, cinco minutos al día, de una postura especial del cuerpo, correspondiente a un estado mental determinado: cólera, bondad, etc. ). Con colores, perfumes astrológicos y melodías se aumenta también la intensidad del psiquismo.

Las operaciones de magia sexual se realizan mediante cambio de talismanes y estatuillas para hechizar; producciones de influjo magnético; realización de proyectos concretos; determinación del sexo del feto; refinamiento de los sentidos; regeneración de la energía vital, o provocación de visiones. Debe tenerse en cuenta la posición de la luna, pues 1)en su fase creciente favorece a la mujer, 2)cuando decrece el favorecido es el hombre. Según Randolph, no más de dos coitos por semana. Una pareja que utilice su sexualidad para tener éxito en un proyecto se obligará en él durante 48 días. Durante los 7 primeros la mujer no entrará en la habitación del hombre; después practicarán coito cada tres días. Es necesario que coincidan el espasmo masculino y el orgasmo femenino. En el hombre el sexo es positivo y la cabeza negativa; en la mujer lo contrario. Por eso el hombre fecunda físicamente a la mujer, y la mujer espiritualmente al hombre. María de Naglowska fundó en 1932 la Hermandad de la flecha de oro en París, para preparar el Reino de la Madre, que sucedería al del Padre y del Hijo establecido por la era cristiana. Formaba "sacerdotisas del amor", aptas para la fecundación moral de los hombres. Pretendía neutralizar el mal oponiéndole actos sexuales religiosos, ejecutados bajo la dirección de prostitutas sagradas, comparables a las hieródulas de Biblos.

A comienzos del siglo XX Aleister Crowley se propuso combinar las magias negra y roja, mediante Gnosis, yoga tántrico y sufismo. Se identificó con un "santo de Satanás", y se autodenominó the Great Wild Beast (la Gran Bestia Salvaje), en alusión al 666 del Apocalipsis. Convertido en Frater Perdurabo se enteró de que había sido sacerdote tebano, Ankh-n-Khonsu, durante la XXVI dinastía; el caballero báltico Heinrich von Dorne en el siglo XII; el papa Alejandro VI; el padre Iván, monje de los Balcanes, etc. Más tarde utilizó dos habitaciones para orgías, pero las llamó templos blanco y negro. Tras entrar en contacto con Aïfas, se proclamó jefe del Astrum Argentinum, movimiento esotérico que cree que cada hombre es una estrella. En 1909, buscando revelaciones del Espíritu del mal en el desierto argelino en compañía de Víctor Neuburg, fueron encontrados medio muertos en el oasis de El-Golea. Casado con su "segunda Mujer escarlata", Leila Waddel, que tenía visiones bajo efectos del anhalonium, derivado del peyote, fundó The Equinox, en la que publicó su diario mágico. Por esta época se afeitó el cráneo, conservando en la parte delantera un "mechón fálico", el falo de Osiris. En Nueva York daba a sus visitantes "el beso de la serpiente", en Sicilia dijo "misas gnósticas", pero en realidad se entregaba a todo exceso de drogas, mística inversa y sexo.

Georges Gurdjieff (1877-1949), mago ruso, invocó también el sexo como liberación, y en su Instituto parisino al faquir, monje y yogui añadió el hombre astuto, con trabajos para sí, para el prójimo y para la escuela. La máquina humana, movida por siete centros, funciona con doce hidrógenos diversos. La sexualidad es el más poderoso, pero no hay que abusar.

Sus discípulos hicieron una demostración de danzas sagradas en 1923, y en sus Récits de Belzébuth à son petit-fils (1956) el universo, compuesto de vibraciones, está sometido a la Ley de Triamazikamno (ley de tres), y a la de Heptaparaparshinockli (ley de siete). El ser humano está inacabado, tiene varios yoes que le dominan por turnos. Conserva las huellas del "órgano Kundabuffeer", que suscita el "espectro de impulsos naunolosnianos". El genio malo Lentrohamsanine perturba al mundo (universo), pero es combatido por el santísimo Ashyata Sheyimash, al que deben encomendarse los iniciados; la cofradía Hishyvori, que permitirá a los "seres tricerebrales del Tetratocosmos" salir del "círculo de confusión de las lenguas", y evitar las fantasías de los ángeles imprevisores Alguemarthant y Helkguematuis. La iniciación se hará por "legamonismo", transmisión directa de la verdad.

Julius Evola (1898-1974), último gran teórico de la magia sexual, se inspira también en el gnosticismo y tantrismo. Para él el ser humano se encuentra enteramente definido por su sexo, y combatió el feminismo vulgar, que defiende que la mujer sea varón antes que hembra.

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