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Comentari :: globalització neoliberal
La lucha para sacar al Foro Social Mundial de la dinámica reformista
07 mar 2006
Desde distintos ámbitos de la izquierda radical no asimilada por el espacio social burgués, se está intentanto sin éxito generar dentro del FSM alguna dinámica diferente al adormecimiento reformista defendido por la cúpula dirigente de ATTAC FRANCE y LE MONDE DIPLOMATIQUE, S.A.
Reagrupamiento. Carta del SWP a la LCR

Los movimientos de masas no gravitan espontáneamente hacia posiciones revolucionarias. Períodos de radicalización como el presente abren a jóvenes y viejos activistas a nuevas perspectivas, pero no hay nada automático que haga que la mejor perspectiva prevalezca.

Alex Callinicos



A Daniel Bensaid, Léon Crémieux, Francois Duval y Francois Sabado.

Queridos compañeros:

Mucho ha acontecido desde que nos escribisteis vuestra carta en Diciembre de 2002. EEUU y Gran Bretaña, enfrentados al movimiento internacional de protesta más grande de la historia y con la oposición de la mayoría de las clases dominantes del mundo, encabezadas por Francia, Alemania y Rusia, han conseguido sus propósitos de conquistar Irak. Ahora someten a Irak a una ocupación colonial y amenazan con atacar Estados vecinos como Irán y Siria.

Las apuestas en materia de política global están siendo muy altas.

Por supuesto, la influencia que pequeñas organizaciones revolucionarias pueden tener en estos desarrollos es pequeña pero no es sin embargo completamente insignificante.

Por nuestra parte hemos jugado un papel clave en la Stop the War Coalition (StWC) en Gran Bretaña. Hemos estado también fuertemente involucrados en las redes de activistas anticapitalistas que desarrollaron la llamada para el 15 de Febrero como un día de protesta internacional contra la guerra de Irak, primero en Florencia a nivel europeo y luego en Porto Alegre a una escala global.

Por vuestra parte sabemos que habéis estado fuertemente involucrados en el movimiento antiguerra en Francia y en las luchas contra la ofensiva Chirac-Raffarin contra las pensiones. También apreciamos el significativo papel que vuestros compañeros de la Cuarta Internacional (CI) han jugado en otros países.

Por ejemplo, hemos trabajado muy bien con activistas de Bandiera Rossa, la sección italiana de la CI, en el proceso de preparación del FSE.

Luchando en la misma dirección

Con estos antecedentes, vuestra carta marca un punto de inflexión en la relación entre nuestras dos corrientes. En primer lugar, ofrecéis una valoración de la situación en conjunto que no difiere en lo fundamental de la nuestra. Ambos reconocemos que, con los movimientos contra la globalización capitalista y la guerra imperialista hemos entrado en una fase de radicalización política en la que, como señaláis âhay ahora nuevos horizontes abriéndose para la izquierda revolucionariaâ?. De todas maneras nuestras valoraciones no son idénticas. Es justo decir que vosotros tendéis a acentuar lo negativo más que nosotros. Así, tras la frase anteriormente citada añadís â...pero en un contexto donde la espiral de derrotas no ha sido roto..â?.

En segundo lugar recalcáis acertadamente que âla brecha entre las movilizaciones sociales y la recomposición política sigue siendo enormeâ?. Esto se demuestra claramente en la situación de crisis política en Gran Bretaña esta primavera.

El movimiento antiguerra movilizó a dos millones de personas en Londres el 15 de Febrero, ¿pero cual es su representación política a nivel nacional?. Los diputados laboristas que estaban contra la guerra se desmoronaron tras ganar Blair el voto por la guerra en el Parlamento el 18 de Marzo.

Para nosotros esta experiencia ha confirmado la importancia de formar una amplia coalición de diversas fuerzas que pueden proyectarse más allá de lo que hasta ahora ha conseguido la Alianza Socialista. Hay que formar una alternativa de izquierdas para millones de personas desilusionadas con el compromiso del Nuevo Laborismo con el neoliberalismo y la guerra.

También recalcáis las potencialidades para el realineamiento de la izquierda:

âEl final de un ciclo histórico-político del movimiento de los trabajadores (el colapso del estalinismo y la transformación de la socialdemocracia en social-liberal) pone en el orden del día una reorganización del movimiento de los trabajadores y da toda su relevancia a la construcción de una nueva fuerza política, de una fuerza que busque romper con el sistema capitalistaâ?. Decís que tal fuerza sería âun partido con incompletas delimitaciones estratégicasâ?: su programa dejaría abierta âlas formas y modalidades de la conquista política del poderâ?. Creéis, sin embargo, que en Francia en este momento âno han cristalizado corrientes o grupos de activistas dispuestos a formar parte de este procesoâ?. Por lo tanto, continuaréis construyendo la LCR mientras esperáis mejores condiciones para âla construcción de un nuevo partido, de un gran partido a desarrollarâ?.

Nosotros somos más optimistas sobre las posibilidades a corto plazo de lanzar una coalición de izquierdas amplia aquí en Gran Bretaña. Por supuesto, dado el potencial de fuerzas involucradas tal coalición evidentemente tendría âdelimitaciones estratégicas incompletasâ? en el sentido de dejar abierta la cuestión de reforma o revolución. Pero para nosotros la participación en tal coalición no sería un sustituto, sino más bien un medio hacia la construcción de un partido revolucionario de masas. Esta es una cuestión a la cual volveremos luego.

En 3º lugar, creéis que la CI y la International Socialist Tendency (IST) tienen una importante contribución que hacer al amplio proceso de realineamiento de la izquierda. Decís: âFrente a la nueva situación que se ha abierto en los últimos 10 años , ninguna de nuestras discrepancias justifica una existencia organizativa separada entre nuestras dos corrientes, sobre todo si queremos ofrecer un ejemplo y abrir el camino a otros realineamientos más amplios entre corrientes que proceden de distintas tradicionesâ?.

Esta es una afirmación muy importante. Aún con todas nuestras numerosas debilidades, la CI y la IST son las dos únicas corrientes marxistas revolucionarias con pretensiones serias de operar a una escala global.

Una convergencia entre nosotros tendría un impacto que iría más allá de nuestras bases. Nosotros también estamos comprometidos a explorar las posibilidades para trabajar junto a revolucionarios procedentes de otras tradiciones. Estamos en contra de hacer de los desacuerdos históricos, por ejemplo sobre la naturaleza de clase del estalinismo, un obstáculo a este proceso de exploración mutua. Y estamos abiertos a fusiones organizativas. Esto se demuestra con la decisión del SWP en Escocia de unirse al Scottish Socialist Party (SSP), por nuestra invitación al International Socialist Group ( ISG, sección en Gran Bretaña de la CI) a unirse al SWP, y por la solicitud de ingreso de nuestros compañeros franceses de Socialisme par en bas (SPEB) para unirse a la LCR.

Pero (desgraciadamente hay un pero), la ISG decidió declinar nuestra invitación y en vez de eso ayudó a formar un reagrupamiento, Socialist Resistance, que reúne fuerzas hostiles al SWP y en algunos casos al proyecto de un partido revolucionario. Mientras tanto, el Comité Central de la LCR ha retrasado la decisión sobre la integración de SPEB hasta Septiembre. Sería poco fructífero discutir los detalles de cada una de estas decisiones. Lo útil es considerar las cuestiones políticas de fondo que están influyendo en estas decisiones.

Decís que hay âobstáculos entre nosotrosâ? y que âse centran sobre todo en la cuestión de la relación entre la construcción del partido y las organizaciones de masasâ?.

En primer lugar reivindicáis que nuestra práctica fracasa al respecto de la autonomía de los movimientos de masas.

En segundo lugar tenemos âuna concepción de el partido que no integra la posibilidad de un pluralismo organizadoâ?.

En tercer lugar hay una contradicción entre nuestro compromiso con el socialismo desde abajo y lo que llamáis âel funcionamiento de un partido fuertemente vertical en relación con los movimientos unitariosâ?.

Estas críticas proporcionan un marco útil para la discusión a partir del cual tendremos la oportunidad de tratar cuestiones más concretas sobre el desarrollo de los amplios movimientos en los cuales nuestras dos organizaciones están involucradas.

Partido y movimiento

¿Exactamente, cuál es el problema con la actitud del SWP hacia los âmovimientos unitariosâ??. Decís que nosotros construimos âorganizaciones de masas claramente alineadas desde un primer momento con las ideas generales del SWPâ?. El único ejemplo concreto que dais es el discurso de Chris Nineham en la conferencia sobre partidos y movimientos en el Foro Social Europeo de Florencia: âÃl empezó su discurso en nombre de Globalise Resistance (GR) y acabó más o menos llamando a construir el partido revolucionario!â?. Recordemos el contexto: el papel jugado por los partidos políticos es uno de los temas más controvertidos dentro del movimiento contra la globalización capitalista. La Carta de Principios del Foro Social Mundial formalmente impide la participación de partidos. Entre quienes apoyan esta medida se encuentra el autonomismo y su rechazo a la âpolíticaâ? que tanto vosotros como nosotros evidentemente no compartimos. La prohibición no impidió que tanto el PT brasileño y la izquierda plural francesa utilizaran Porto Alegre para sus propios intereses.

Dentro del proceso previo al FSE nosotros hemos criticado esta hipocresía y argumentado por la participación en Foros Sociales de todos los partidos que de manera demostrable se oponen al neoliberalismo y la guerra, algo a lo que se opone el liderazgo de ATTAC Francia.

La sesión sobre partidos y movimientos en Florencia fue uno más de los intentos para llegar a un acuerdo. Entre los participantes estaban Fausto Bertinotti por el Partido Rifondazione Comunista de Italia (PRC), Olivier Besancenot de la LCR francesa, y Bernard Cassen por ATTAC. Chris Nineham habló en nombre de GR, pero también es un miembro destacado del SWP. En su discurso se concentró en el potencial para construir los movimientos y sólo en este contexto discutió la contribución que los partidos de la izquierda radical y revolucionaria pueden hacer a este proceso.

¿Qué se suponía que debía hacer: simplemente eludir este tema clave y no decir nada sobre la necesidad de que los partidos revolucionarios puedan estar dentro del movimiento? Esto habría sido simplemente estar participando de la hipocresía que ha envuelto este tema. También habría sido sorprendente para los activistas que no son del SWP y que han jugado un papel crucial en Globalise Resistance, ninguno de los cuales hizo queja alguna sobre el discurso de Chris. Ãl fue simplemente honesto diciendo lo que creía sobre este crucial debate.

Debemos añadir que las únicas reacciones negativas que hemos recibido de este discurso han venido de activistas de Francia.

La enorme audiencia, principalmente de jóvenes italianos, recibieron a los ponentes âpropartidoâ? muy bien. Esta sesión(el mitin más grande del FSE) fue uno de los eventos que marcaron Florencia como ârojaâ?. La fusión abierta del movimiento anticapitalista y la izquierda radical en Florencia representó un importante paso hacia adelante y es por eso (como vosotros bien sabéis) que el ala derecha del movimiento particularmente en Francia reaccionó con tanta furia.

Luego volveremos a la cuestión de la diferenciación política dentro del movimiento anticapitalista. Dejarnos decir primero que es un completo disparate acusar al SWP de intentar construir movimientos âclaramente alineados desde el principio con las concepciones generales del SWPâ?. GR es un frente único que une a miembros del SWP con activistas con otras perspectivas políticas (por ejemplo, musulmanes progresistas y compañeros influenciados por los Desobedientes). Estamos trabajando duro para involucrar a sindicatos y ONGs : la reciente conferencia de GR, que contó con la presencia de Billy Hayes, secretario general del sindicato de trabajadores de la comunicación, marcó un importante paso en esta dirección. Pero hay todavía un mejor ejemplo. Los miembros del SWP (entre ellos Chris Nineham, quien ha sido el coordinador-organizativo de las grandes manifestaciones contra la guerra) juegan un papel de liderazgo en la Stop the War Coalition (StWC), ¿es este un movimiento âclaramente alineado a priori con las concepciones generales del SWPâ?? Si es así, entonces somos más importantes de lo que creíamos. La StWC organizó la manifestación más grande en la historia en Gran Bretaña. Ha convocado dos grandes conferencias este año. ¿Es todo esto sólo un frente del SWP? Si es así deberíamos estar muy contentos.

La StWC es un frente único de masas que tiene en su núcleo socialistas revolucionarios, diputados laboristas, líderes sindicales de izquierdas y musulmanes progresistas. Su base política es simple: oposición a la âguerra contra el terrorismoâ? y a los sistemáticos ataques sobre los derechos civiles. Lejos de imponer nuestras âconcepciones generalesâ?, el SWP ha luchado contra los esfuerzos de los grupos sectarios de la izquierda radical que querían que la StWC asumiera un claro programa antiimperialista (que no sería asumido por un buen número de grupos) y excluyese a las organizaciones musulmanas. Es a causa de esta política de mínimos y abierta que nos ha sido posible movilizar tan a gran escala.

La apertura de la StWC a los musulmanes( incluyendo organizaciones de liderazgo burgués como la Asociación Musulmana de Gran Bretaña) posibilitó construir un movimiento contra la guerra muy amplio que ha atraído a un buen número de gente árabe y asiática bajo el liderazgo de la izquierda radical laica. Si no os sirve nuestra palabra como prueba de todo esto, considerar la valoración de vuestro compañero Terry Conway , de la StWC y el ISG, el cual explicó que âen general el papel del SWP ha sido enormemente positivoâ? y señala como âla izquierda revolucionaria en general y el SWP en particular han estado en el núcleo de la más exitosa campaña contra un proyecto del imperialismoâ?.

La StWC es simplemente el último (aunque el más importante) ejemplo de la práctica del SWP de construir frentes únicos de masas. Históricamente, quizás el ejemplo previo más importante es la Liga Anti-Nazi, que trabajando conjuntamente con diputados laboristas y otros activistas construyó una marcha unitaria de 60.000 personas contra los líderes del BNP en Octubre de 1993. Dada la importancia de tales frentes únicos en la historia del SWP, ¿cuál es la fuente real de nuestros desacuerdos en esta cuestión con la LCR? Contestaremos aludiendo a la famosa cuestión de la autonomía de los movimientos sociales.

Correctamente decís: âhay que preservar los principios de independencia de los sindicatos y organizaciones sociales el relación con los partidos, hay que respetar su pluralidad y su democracia internaâ?. Estamos de acuerdo: es más, suscribimos al 100% estos principios. Esta no es sólo un apuesta formal. Como sabéis, la tradición de la IST toma como principal referencia la idea del socialismo desde abajo, o, como Marx señaló, de la autoemancipación de la clase trabajadora. La revolución es para nosotros un proceso radicalmente democrático conducido por la propia actividad y la autoorganización desde abajo. El libro de Rosa Luxemburgo âLa huelga de masasâ? ha sido siempre una de nuestras referencias clave.

No tenemos intención de resucitar los viejos fantasmas y discordias, pero es evidente que desde la IST siempre hemos resistido a la idea de que el capitalismo puede ser derribado por otras fuerzas que no sean la clase trabajadora democráticamente organizada, ya sea el Ejército Rojo en el Este de Europa o las guerrillas rurales en China, Cuba y Vietnam. Esta concepción del socialismo ha marcado nuestra práctica especialmente en los sindicatos. Más que depender de la elección de burócratas de izquierdas (aunque por supuesto los apoyamos frente a los burócratas de derechas), impulsamos la organización dentro de las bases de los sindicatos que permitan a los trabajadores luchar independientemente de la burocracia del sindicato. Cuando las luchas tienen lugar argumentamos a favor de la elección de comités de huelga democráticamente elegidos más que confiamos en los dirigentes sindicales.

Por tanto estamos fuertemente comprometidos a la autoorganización democrática de los sindicatos y otros movimientos sociales. ¿Significa eso que estamos por la autonomía de los movimientos? Sí y no. Sí, en el sentido de que estamos a favor de lo que se podría llamar la autonomía organizativa de los movimientos, es decir, que tomen sus propias decisiones en base a procedimientos democráticos que maximicen la participación de la afiliación, delegados, comités,...etc..que deben ser elegidos democráticamente y controlados por los afiliados. No, en el sentido de que no creemos que los sindicatos y movimientos sociales puedan ser política e ideológicamente autónomos. Si lo fueran significaría que los movimientos podrían formular sus perspectivas alejados de amplios sectores de la sociedad. Esta es la aspiración de quienes se refieren a los nuevos movimientos contra la globalización capitalista como âno ideológicosâ?. Pero esto es una ilusión: no hay en realidad nada más ideológico que la creencia de que uno está âmás alláâ? de la ideología. La sociedad capitalista es un campo de fuerzas antagonistas cuyo conflicto genera distintas perspectivas -lo que Gramsci llamó âconcepciones del mundoâ?-. Cualquier movimiento limitado en sus aspiraciones implícitamente se define con respecto a esas fuerzas y perspectivas. La idea de que un movimiento puede efectivamente ser autónomo de la lucha entre clases sociales, fuerzas políticas e ideologías es simplemente un sueño utópico.

Si este planteamiento es correcto (y creemos que como marxistas revolucionarios estáis de acuerdo) entonces tiene implicaciones políticas concretas. Significa que los movimientos contemporáneos contra la globalización capitalista no son simplemente redes a través de las cuales la resistencia puede ser discutida y organizada. Son también campos de lucha entre ideologías y estrategias rivales. Y esto es precisamente lo que está sucediendo alrededor de nosotros. Hay un número de diferentes polos políticos-ideológicos dentro del movimiento. Uno está representado por Desobbedienti y teóricamente expresado por los escritos de Negri, Hardt y Holloway: es verbalmente muy radical pero dado que no reconoce el papel central de la clase trabajadora como el sujeto de transformación social se acaba deslizando desde los gestos de políticas ultraizquierdistas a prácticas reformistas, posiciones ambas que dejan el campo abierto a la socialdemocracia para dominar el movimiento de los trabajadores (o peor que la socialdemocracia, la experiencia de Argentina es un ejemplo significativo).

Pero también hay un ala reformista dentro del movimiento anticapitalista. Es el liderazgo de ATTAC Francia. De ATTAC decís que âcoexisten corrientes moderadas y reformistas a la vez que corrientes revolucionarias y radicalesâ?.

Quizás esto fuera un argumento válido hasta el pasado Diciembre, pero no es sostenible hoy. Por supuesto ATTAC es un movimiento políticamente heterogéneo. Sin embargo, las fuerzas dominantes dentro de ATTAC son un eje de derechas que reúne a Bernard Cassen y sus aliados con elementos asociados con el Partido Comunista Francés (PCF) y el sindicato Confederación General del Trabajo (CGT, fuertemente influenciado por el PCF) , más el presidente de ATTAC Jacques Nikonoff. Estas fuerzas han hecho todo lo posible para controlar burocráticamente los preparativos del próximo FSE en París en Noviembre. Enlazados con el frente intelectual del PCF âEspaces Marxâ? y la red europea âTransformâ? que une a los viejos partidos comunistas, la derecha del movimiento se quiere asegurar de que el próximo FSE no se parecerá a Florencia y que la izquierda radical es marginada en París. La política de este eje está claramente expresada en las recientes declaraciones de Cassen donde se pregunta âcómo hacer para apoyar a Chirac en el extranjero, mientras luchamos contra Raffarin en casaâ?. Continúa preguntándose si deben apoyar o no las propuestas de defensa europea presentadas por Francia, Alemania y Bélgica. âConfrontados con una estrategia americana basada en el discrecional uso de la fuerzaâ?, Cassen argumenta, âel movimiento por otro mundo no puede practicar una política de avestruz con respecto a la defensa europeaâ?. En otras palabras, el movimiento anticapitalista debe apoyar al imperialismo europeo como un contrapeso al imperialismo americano.

En esta situación en que el movimiento está polarizándose políticamente, la izquierda radical y revolucionaria debe organizarse también. Decir esto no significa estar por dividir el movimiento o intentar convertirlo simplemente en un frente de la izquierda radical (que sería lo mismo). Nuestra práctica en los frentes únicos en que estamos trabajando aquí en Gran Bretaña muestra lo alejados que estamos de estas políticas. Pero lo que organizaciones como la LCR y el SWP deben hacer es abiertamente y de manera decidida desafiar a la derecha del movimiento y proponer su propia estrategia alternativa.

Si no hacemos esto entonces sucederán dos cosas. Primero, el ala derecha empezará a hacer la agenda del movimiento de manera que no sólo el FSE de París sino el futuro del movimiento en nada se parecerá a lo acontecido en Florencia. Cuando el año pasado la amenaza de guerra sobre Irak era cada vez mayor, activistas de Italia y Gran Bretaña empujaron por hacer de la guerra el tema central en Florencia con la oposición de ATTAC Francia. Los frutos de esta alianza fueron la manifestación de un millón de personas del 9 de Noviembre y el día más grande de protesta global del 15 de Febrero. Pero tales éxitos del pasado no se repetirán automáticamente en el futuro sin la intervención y determinación de la izquierda radical. La experiencia de los pasados dos años (desde Génova a Florencia y Evian) muestra que esta intervención tiene lugar en el terreno favorable proporcionado por la continua radicalización del movimiento desde la base, el cual ha forzado a la derecha del movimiento a la defensiva. En segundo lugar y precisamente a causa de esta radicalización, el vacío político que dejaría el ala derecha del movimiento haría que decenas de miles de jóvenes de Europa se arrojaran a los brazos de los Dessobedienti. De esta manera todas las críticas teóricas que Daniel Bensaid (LCR) hace a Hardt-Negri y Holloway (intelectuales del autonomismo) no servirán para nada. Los marxistas revolucionarios hemos de mostrar en la práctica que ofrecemos una alternativa radical a Cassen-Nikonoff y los autónomos.

El partido revolucionario hoy

De alguna manera, todo este análisis acerca de la diferenciación política que se está desarrollando dentro del movimiento anticapitalista reafirma una vieja verdad por mucho tiempo defendida por Lenin: los movimientos de masas no gravitan espontáneamente en la dirección de las políticas de los socialistas revolucionarios. Períodos de radicalización tales como el presente abren a jóvenes y viejos activistas del mismo modo a nuevas perspectivas, pero no hay nada automático que haga que la mejor perspectiva prevalezca. Al contrario: mirar como las destructivas formas del maoísmo fueron las principales (aunque efímeras) beneficiarias de la última gran ola de politización en los Estados Unidos a finales de los años 60.

Para ganar a las nueva generaciones al socialismo revolucionario tenemos que formar parte del movimiento y demostrar con la práctica la conveniencia de nuestras ideas. Esto es precisamente lo que estamos argumentando desde Seattle. Sobre cómo se dedican a esta tarea juzgamos a las diferentes corrientes. Entre otras cosas ha sido la fuerte implantación de los compañeros de la LCR en ATTAC y en el FSM lo que nos ha atraído hacia vosotros.

Pero, por supuesto, esta implantación no es suficiente. Vosotros mismos subrayáis la brecha entre las movilizaciones y sus expresiones políticas. La organización política es necesaria. Para el partido revolucionario se trata de generalizar la experiencia de luchas particulares y en base a esta generalización formular un programa y estrategia que empuje el movimiento hacia delante. El partido interviene de una manera organizada trasladando sus concepciones generales a la realidad. Cuando las cosas van bien (y han ido muy bien para nosotros en el movimiento antiguerra) tiene lugar un proceso de mutuo enriquecimiento en el que los revolucionarios aprenden del movimiento pero también ayudan a fortalecerlo y darle una dirección.

¿Cuales son vuestras objeciones a la actitud del SWP acerca de la construcción del partido? Explicáis que âdebemos distinguir (lo cual no siempre es fácil) lo importante de lo secundario, cuestiones estratégicas de cuestiones tácticas, ya que corremos riesgo de quedar atrapados en una lógica sectaria de fragmentación hasta el infinito en base a divergencias que , con unos pocos años de reflexión (incluso unos pocos meses) aparecen de una importancia muy relativaâ?. Dais como ejemplos la escisión de 1971 en la LCR que llevó a la formación de OCT-Révolution y el más recientemente rompimiento entre la ISO americana (International Socialist Organisation) y la IST. Esta lógica es, argumentáis, una consecuencia de la âidentificación de la construcción de una tendencia o una facción con todo el partidoâ?. La alternativa a esta actitud destructiva es una concepción pluralista del partido que institucionaliza el derecho a constituir tendencias, y, si es necesario (aunque enfatizáis que no es la situación más deseable), âun régimen de tendencias permanentesâ?.

Dejarnos decir primero que si estáis afirmando que la âlógica sectaria de fragmentación al infinitoâ? es una consecuencia del método del SWP de construcción del partido, entonces debéis proporcionar evidencias para apoyar esta proposición. La última y más seria escisión en la historia del SWP tuvo lugar en el año 1975. La exclusión de la americana ISO de la IST fue de lejos la escisión más significativa que nuestra corriente internacional ha experimentado. Decís que las diferencias sobre Seattle y el movimiento anticapitalista âno fueron suficientes para justificar tal brutal y precipitado rompimientoâ?. Estamos completamente de acuerdo: por favor comunicar vuestras opiniones al liderazgo de la ISO de Estados Unidos y a sus aliados griegos en la DEA (Izqueirda Internacional de los Trabajadores). Fue el Comité Central de la ISO quien a principios de 2001 trasladó los desacuerdos internacionales sobre perspectivas políticas a un rompimiento organizativo, primero expulsando a los compañeros de la ISO que estaban de acuerdo con el resto de la IST, y luego públicamente apoyando la escisión de DEA de nuestra organización hermana en Grecia, el SEK. El último episodio fue cuando los aliados griegos de la ISO dimitieron en masa del SEK sin discutir sus diferencias en la conferencia del partido. La decisión siguiente de la IST de excluir a la ISO de Estados Unidos fue una medida defensiva para prevenir que la âlógica sectaria de fragmentaciónâ? se extendiese en la IST, algo que afortunadamente hemos conseguido.

A pesar de esto, nos acusáis de confundir âpartidoâ? y âfacciónâ? (una facción es una corriente ideológica interna en un partido). Entendemos que queréis decir que, como una cuestión de principio, cualquier partido en la izquierda, sea revolucionario o reformista, debe facilitar contener dentro de él distintas corrientes ideológicas permanentes. Para nosotros, sin embargo, la naturaleza política de lo que es el partido es distinta. En un partido amplio con un programa no revolucionario (como el PT -Partido de los Trabajadores de Brasil- es y el SSP -Scottish Socialist Party- aspira ser) es esencial insistir en la capacidad del partido para acomodar corrientes diferentes y por lo tanto defender los derechos de las tendencias. Para un partido que busca reflejar el movimiento obrero en toda su diversidad lo más importante es que permita a diferentes grupos socialistas organizarse y expresar sus puntos de vista dentro de él.

Pero un partido revolucionario no busca representar a la clase trabajadora entera. Busca organizar a aquellas personas comprometidas con un programa socialista revolucionario para intervenir en las luchas del momento y atraer amplios sectores de la clase trabajadora y otras secciones oprimidas de la sociedad hacia su programa. Su función no es representativa sino intervencionista. Daniel Bensaid señala de manera acertada que, para Lenin, el partido âse convierte en un operador estratégico, una especie de caja de velocidades y de operario que dirige las agujas del tren de la lucha de clasesâ?, trabajando a lo largo de la historia, pasando por â momentos de grandes cambios, llenos de nudos, de dificultadesâ?. Para cumplir esta función se requiere un grado relativamente alto de coherencia ideológica. Sin la cohesión proporcionada por un entendimiento del mundo, una organización revolucionaria puede hacer lo que Lenin llamó âgiros bruscos y desafortunados a lo largo de la historiaâ?, encontrándose a sí misma paralizada por desacuerdos internos y maniobras de facciones.

Es importante entender que, para ser efectivos, la cohesión ideológica no puede ser administrativamente impuesta. Para un partido revolucionario que hunde sus raíces en la tradición marxista, como continuar esa tradición es siempre una cuestión de toma de decisiones sobre varias posibilidades. La historia aparece en ocasiones ambigua, la decisión correcta a tomar no aparece clara , no hay una sola interpretación. Utilizar el marxismo sobre circunstancias corrientes significa tanto hacer una selección de los vastos recursos de esta tradición comodesarrollar dicha tradición, es decir, ir más allá de una manera que puede ser siempre rebatida. El debate y la discusión son inherentes a este proceso, el cual es inseparable de la valoración de las experiencias concretas al intervenir en luchas que la organización ha sufrido. Es por lo tanto muy posible ( particularmente cuando el partido se enfrenta a un cambio en la situación política) que el debate sea desarrollado en una polarización entre facciones. La historia del SWP ha estado marcada por estas crisis, como por supuesto lo estuvo la historia de los bolcheviques.

Daniel Bensaid usa una concepción muy similar de la interacción entre partido y la situación política para apoyar el caso que argumentáis: âSi la política es una cuestión de elección y decisión, eso implica una pluralidad organizada. Sabemos como Zinoviev y Kamenev fueron acusados de indisciplina por públicamente oponerse a la insurrección, pero ellos no fueron apartados permanentemente de sus responsabilidadesâ?. Daniel está en lo cierto al decir que cualquier partido revolucionario que ejerce como tal contendrá en cada momento una pluralidad de diferentes puntos de vista. La homogeneidad es un concepto muy relativo. Una organización revolucionaria puede tener un alto grado de cohesión ideológica respecto a otras corrientes de la izquierda, pero (en parte por las razones dadas arriba, en parte como un resultado de las formas en las cuales las amplias presiones del contexto social son filtradas dentro de la organización, y en parte porque los individuos tienen diferentes posiciones de clase, caracteres, historias y perspectivas) hay siempre diferentes opiniones sobre como actuar sobre problemas específicos. Como ya hemos dicho, particularmente en âpuntos de inflexión en la historiaâ?, lo que antes eran diferencias microscópicas de énfasis pueden acabar en confrontaciones polarizadas. Cuando eso ocurre, no hay nada que hacer más que argumentar y discutir los desacuerdos abiertamente dentro del partido, si es necesario a través del vehículo de grupos fraccionales formales e informales. Reconocer que las organizaciones revolucionarias son, en este punto, plurales, hace sin embargo no requerir institucionalizar permanentemente esas diferencias que inevitablemente se desarrollan dentro de ellas.

Por tanto las organizaciones revolucionarias necesariamente han de asumir y saber trabajar con la pluralidad. El debate democrático es el mecanismo indispensable a través del cual las perspectivas y circunstancias son calibradas y las crisis son superadas. Desde nuestro punto de vista, sin embargo, el tipo de distinción de principios que tú planteas entre partido y facción y el derecho de los miembros a formar tendencias permanentes que tú sacas de conclusión son un obstáculo para que la discusión interna juegue este papel. Si los compañeros se identifican como miembros de facciones que tienen una identidad permanente es probable que afronten distintos temas y debates a través del prisma de la perspectiva general de su facción. Es improbable que los temas sean discutidos en función de sus méritos sino tratados desde el punto de vista de su impacto sobre el balance interno de fuerzas entre facciones. La âpluralidad organizadaâ? de Daniel por tanto presenta el riesgo de degenerar en una competición entre grupos de interés. Por supuesto un cínico podría decir que la metafísica del partido y la facción fue desarrollada por la CI en los años 70 para legitimar la coexistencia de las diferentes corrientes de la IV Internacional: la mayoría europea , el SWP americano, los morenistas, los lambertistas...

Pensáis que al rechazar tendencias permanentes estamos practicando una cohesión burocráticamente impuesta que necesariamente lleva a escisiones. â...si las divergencias expresan un malestar o una crisis, la separación organizativa no es siempre la mejor manera de superarlas reestableciendo la âhomogeneidadâ? del partidoâ?.

En nuestra experiencia, la mejor manera de tratar las divergencias es a través del debate político. Hemos podido hacerlo y el resultado son muy pocas escisiones en nuestra historia. Aunque nos acuséis de tener un método âverticalâ? de organización, el número de personas expulsadas del SWP en los últimos 25 años a causa de desacuerdos políticos de mala conducta ha sido muy bajo.

Lo que llamáis el âverticalismo del SWPâ? se describe mejor como nuestra capacidad para intervenir de una manera disciplinada, antes discutida. Pero la base de esta disciplina no es la homogeneidad impuesta burocráticamente sino la mutua confianza que viene de compartir una manera de razonar que hunde sus raíces en la tradición marxista, de debate abierto, por la experiencia de trabajar conjuntamente dentro del marco de la misma organización.

Las diferencias en nuestras concepciones de organización de partido son, por supuesto, no simplemente cuestiones académicas. Tienen consecuencias prácticas. Una gran ventaja del desarrollo de un movimiento anticapitalista es que ahora operamos en parte sobre un terreno común donde podemos (y lo hacemos) cooperar y también observar la práctica del otro. Este es un gran paso adelante, pero salen a la luz divergencias significativas. De esta manera, habéis criticado cómo hemos intervenido en Florencia. Igualmente, hemos tenido problemas en cómo vosotros operáis en el movimiento. Nuestras críticas están basadas en cómo los compañeros de la LCR operan en el proceso previo del FSE. Esto puede no ser representativo de vuestra práctica dentro de los sindicatos, por ejemplo, sobre lo cual sabemos mucho menos.

Nos ha chocado la ausencia de una intervención coherente de la LCR en el proceso previo al FSE. En una serie de confrontaciones entre la izquierda y derecha del movimiento dentro de las redes europeas anticapitalistas, un destacado miembro de la LCR ha sido uno de los principales individuos que se ha enfrentado a las posiciones de ATTAC Francia ( como hemos dicho, el liderazgo de la derecha dentro del movimiento antiglobalización en Europa). Otros conocidos compañeros de la LCR han seguido sus proyectos individuales o, cuando han intervenido en los debates entre derecha e izquierda lo han hecho de una manera equívoca. Nos preguntamos si estos desajustes eran solo un accidente, un producto de desorganización.

Además, nos vimos sorprendidos por el hecho de que el Comité Central de la LCR, cuando decidió aplazar la decisión de la integración de SPEB , reafirmó, como âuna posición de principioâ?, que âla posibilidad de que la LCR rechace imponer disciplina de partido sobre sus militantes dentro de organizaciones de masas (sindicatos, asociaciones) debe ser claramente entendida como un deseo de respetar la autonomía de los movimientos sociales, de acuerdo a sus propios marcos y sus propios ritmos de elaboración y decisiónâ?. Esto nos parece una posición grotesca, extraña. Por supuesto, si por âdisciplina de partidoâ? queréis decir someter a los miembros al deseo de la organización por instrucciones y la amenaza de expulsión, entonces recurrir a tales procedimientos mecánicos es la admisión de un fracaso. Para nosotros es mucho más importante la discusión política entre el liderazgo y los compañeros directamente implicados hasta llegar a una decisión que vincula a todos. La alternativa es una dispersión de fuerzas y, peor aún, una situación en la cual los miembros del mismo partido están abiertamente presionando en posiciones divergentes.

El problema con situaciones de este tipo no es sólo que hace a los marxistas revolucionarios parecer tontos y disminuye nuestra eficacia. Mucho más serio es el peligro de que una conducta ineficaz de los revolucionarios puede debilitar a la izquierda y fortalecer a la derecha del movimiento. La derecha está muy feliz con la idea de âla autonomía de los movimientos socialesâ? mientras luchan por sus propias posiciones. Esto es muy claro al ver lo que está haciendo el ala derecha dentro de ATTAC en este momento. La tragedia es que la izquierda, al respetar la âunidadâ? del movimiento que la derecha cínicamente reivindica en beneficio de sus propios propósitos, acaba cayendo en la trampa de la derecha. Hay un claro peligro de que esto les suceda a algunos compañeros, entre ellos miembros de la LCR en ATTAC. Como ya hemos dicho, para contrarrestar a la derecha del movimiento los marxistas revolucionarios deben organizarse para intervenir de manera eficaz.

Reforma o revolución

Una de las diferencias entre izquierda y derecha dentro del movimiento anticapitalista es la cuestión primera de reforma y revolución. Es característico del liderazgo de ATTAC Francia , por ejemplo, negar la pertinencia de esta cuestión. Por ejemplo Pierre Khalfa (ATTAC) argumenta que el movimiento ha podido mantener su unidad porque:

âA diferencia de otros movimientos en el pasado que luchaban por la emancipación, el movimiento por otra globalización no busca el poder, sino que se sitúa en la esfera del contra-poder. Por lo tanto ha sido posible evitar un número de debates estratégicos, tales como el de reforma o revoluciónâ?, que tan profundamente han dividido movimientos por la emancipación en el pasado. De aquí en adelante el problema planteado por la presencia de los partidos (incluso dejando de lado las orientaciones que ellos puedan tener, y la dificultad de cómo relacionarse con ellos) parte de una posición de desconfianza. Esta desconfianza se incrementa desde el momento en que el movimiento por otro mundo está obligado a tratar con partidos políticos con los cuales no se está de acuerdoâ?.

Este pasaje es un ejemplo interesante de cómo la retórica autonomista llega a validar las políticas reformistas. El movimiento anticapitalista âpertenece a la esfera de contra poderesâ? y se refiere a la política con desdén. La consecuencia práctica es que, mientras los partidos políticos (particularmente esos de la izquierda plural) son formalmente excluidos de los Foros Sociales, no tenemos alternativa sino confiar en ellos cuando ofrecen reformas a través del Parlamento. Esta es una fórmula para transformar el movimiento en un tipo de leal oposición, de grupo de presión sobre los partidos del social-liberalismo.

Resistir esta lógica reformista requiere claridad sobre que significa adoptar una perspectiva revolucionaria. Por lo tanto, planteáis esta cuestión: ¿Qué significa ser un revolucionario a principios del siglo XXI?â?

Vuestra respuesta incluye âtres corrientes que le dan significado a la palabra revoluciónâ?. Primero, es una âmuy antigua esperanza por la liberaciónâ?. En segundo lugar es la noción de una âoposición entre dos lógicas sociales antagonistasâ?. Tercero, hay revolución en el âsentido estratégicoâ?, al expresar âuna serie de experiencias y temas: estrategia y tácticas, guerra de posición y guerra de movimiento, huelga general, insurrección, poder dual, etc...â?. Estos temas jugaron un papel clave en la historia de las luchas de los trabajadores en los años que van de 1914-1991, pero fueron âoscurecidasâ? desde el final de los años 70 en adelante.

Estas clarificaciones son útiles pero nos parecen incompletas. La dificultad más grande atañe a la conexión entre el segundo y tercer significado de ârevoluciónâ?. Estamos de acuerdo que la noción de una transformación sistémica, es decir, el cambio de una lógica social por otra, de una economía conducida a través de la acumulación competitiva por otra basada en la determinación democrática de las necesidades humanas permanece de importancia política fundamental hoy. Pero esta concepción de revolución deja bastante sin especificar las formas políticas que se podrían tomar. Kautsky y los socialdemócratas argumentaban que la expropiación económica de la burguesía vendría dentro del marco de la democracia parlamentaria. La especificación estratégica decisiva que Lenin dio a el concepto de revolución reside en la proposición de que para derrotar al capital se requiere el desmantelamiento de los aparatos represivos del poder del Estado por los trabajadores y los oprimidos autoorganizados a través de alguna versión de democracia obrera, es decir, desde consejos de trabajadores. Decís que âel contenido del concepto estratégico es oscurecido, por supuesto a causa de los fracasos que hemos sufrido, pero también gracias a modificaciones en la coordinación estratégica de la cual, al comienzo de un nuevo ciclo de experiencias, hemos apenas empezado a tomar la medidaâ?.

Es verdad que, participando en la construcción de un nuevo movimiento, hay una enorme cantidad de cuestiones que permanecen abiertas y que pueden sólo ser determinadas en el curso de futuras luchas. Con todo esto, algunas âcoordinaciones estratégicasâ? nos parece que no han cambiado. La proposición de Lenin nos parece una de ellas. Por tanto, la integración global de capital más grande en los últimos 25 años seguramente incremente la probabilidad de movimientos de protesta anticapitalistas. Ese movimiento se enfrentará a la más intensa resistencia de por parte de la burguesía. Tal resistencia sólo puede ser vencida por medio de movilizaciones de masas organizadas que , entre otras cosas, busque romper el monopolio del Estado sobre los medios de coerción. Reconocer esta verdad es esencial para cualquier respuesta efectiva a los autónomos, que buscan legitimar su propia no-estrategia precisamente evadiendo la cuestión del poder político. Por supuesto, resulta de gran alcance la discusión sobre las formas en las cuales tal confrontación con el Estado capitalista podría desarrollarse- la clase trabajadora de hoy es muy diferente de la que había en la última subida de luchas a finales de los años 60 y principios de los 70, y también del proletariado de las grandes experiencias revolucionarias de principios del siglo XX- aunque, como tú dices, más que nada necesitamos experiencias para dar a nuestras especulaciones formas concretas. Sin embargo, lo que tú llamas, la âidea regulativaâ? de revolución puede sólo resultar coherente si incorpora las lecciones estratégicas clave para las cuales nosotros permanecemos en deuda con Lenin y Trotsky.

Dices que âla perspectiva revolucionariaâ? sirve como âel hilo que nos hará de guía, que nos permite separar necesarios y aceptables compromisos de otras inaceptables traiciones, para distinguir cual de ellos está más cercano al objetivo final y cual nos aleja de ese objetivoâ?. En otras palabras, el socialismo revolucionario no sólo nos compromete a un ideal a largo plazo sino que tiene implicaciones políticas concretas en el presente. Dos ejemplos. Primero, hay una conexión entre el reformismo de Cassen y su apoyo por el militarismo europeo. Si tú crees que la transformación del sistema es imposible y que lo mejor que podemos esperar es una versión del capitalismo más regulada, entonces tú probablemente serás escéptico sobre las movilizaciones de masas como una respuesta al militarismo del imperialismo americano. Dada esta perspectiva, es completamente natural buscar un contrapeso a los EEUU dentro del sistema existente, y el candidato obvio para este papel es la Unión Europea. Sólo una perspectiva revolucionaria que tiene como objetivo el sistema imperialista al completo, y no solamente el actor más poderoso en ese sistema, proporciona un principio básico para resistir esta lógica.

La segunda ilustración es proporcionada por la presidencia de Lula en Brasil. Este es un tema importante que requiere análisis detallado y discusión. Lo que está sucediendo en Brasil es una experiencia enormemente importante para el movimiento de los trabajadores y la izquierda del mundo entero. Un partido que es el producto de uno de los más importantes movimientos sociales de la pasada generación está ahora en el Gobierno en uno de los Estados más poderosos del Sur. Y sin embargo, bajo la preventiva presión de los mercados financieros, mucho antes de las elecciones presidenciales, el equipo de Lula desechó el programa original del PT y abrazó la agenda neoliberal. El Financial Times informó al final de los primeros cien días de Lula en la presidencia: âSólo hace seis meses se temía que Brasil fuera inexorablemente hacia el no pago de la deuda externa y el colapso financiero. Ha ocurrido casi todo lo contrario: Brasil está de moda en Wall Street. Comerciantes e inversores que estaban con miedo el año pasado están ahora deseando comprar bonos brasileños ......¿Por qué ha ocurrido esto? El rápido cambio en las políticas del Gobierno del PT es una de las principales razones. Habiendo votado en Diciembre 2001 por una ârupturaâ? con el modelo económico neoliberal introducido por el anterior presidente Fernando Enrique Cardoso, el partido ha girado hacia el centro político con asombrosa rapidez...En algunas cuestiones el Gobierno ha sido incluso más austero que su predecesor, superando el objetivo de superávit fiscal primario del 3.75 al 4.25% del PIB. Lula ha continuado con muchas de las reformas de Cardoso y está ahora acelerando las reformas planeadas de los impuestos y el sistema de pensionesâ?.

A la luz de esta evolución, no tenemos duda que es un error que un miembro de Democracia Socialista (DS), la sección brasileña de la CI, Miguel Rosseto, acepte la cartera de Desarrollo Agrario en el Gobierno de Lula. Tenemos un gran respeto por los compañeros de DS que nos encontramos en Porto Alegre: indudablemente DS es una seria organización de militantes revolucionarios. No estamos interesados en una política de denuncia sectaria o sobre argumentos metafísicos sobre si sí o no el Gobierno brasileño es un frente popular. Entendemos que no es una tarea fácil relacionarse con el cambio de conciencia que la victoria de Lula tuvo sobre las masas mientras se resisten sus políticas. Por todo ello, para un revolucionario acceder a un Gobierno comprometido con un programa neoliberal es algo que nos aleja del objetivo final. Esto se da particularmente con los ataques del Gobierno sobre las pensiones y las acciones disciplinarias y amenazas contra parlamentarios que pertenecen a tendencias de izquierda radical dentro del PT que están luchando por el programa original del partido ,por ejemplo Luciana Genro del Movimiento de la Izquierda Socialista (MES) y Heloísa Helena de DS. Estamos consternados al saber que los diputados de DS votaron por la suspensión de Luciana del grupo parlamentario del PT. La tarea de los revolucionarios en Brasil y cualquier otro sitio debe ser defender la izquierda del PT de los ataques del liderazgo y ayudarles, juntos con movimientos tales como el MST, para construir apoyo por un rompimiento real con el neoliberalismo.

Estos ejemplos ilustran como ser un marxista revolucionario hoy no es una cuestión de compromiso a algún dogma abstracto, sino una implicación real con los movimientos que se están desarrollando alrededor nuestro. Como hemos dicho antes, no nos reclamamos la propiedad exclusiva de la tradición marxista clásica. Buscamos diálogo y cooperación con revolucionarios de otras corrientes que están buscando también continuar esta tradición mientras participan en el movimiento de los movimientos (es decir, el movimiento antiglobalización). Debemos quizás enfatizar que no consideramos este proceso como uno de los âreagrupamientos trotskistasâ? algo que ha sido a menudo intentado en el pasado pero que usualmente lleva a rápidos divorcios más que fusiones reales.

No nos cerramos a la posibilidad de atraer y acercarnos a algunos de los que vienen del pasado estalinista. Hemos trabajado bien con compañeros del Partido Comunista de Gran Bretaña en el movimiento antiguerra. A un nivel internacional, hemos tenido contactos muy productivos con el liderazgo del PRC en Italia. Perseguir el diálogo con tal amplio abanico de fuerzas no implica una falta de principios o de argumentos. Es triste que incluso entre dos organizaciones con tanto en común como la LCR y el SWP haya importantes puntos de divergencia. Pero nuestros debates deben desarrollarse en el contexto de una exploración abierta en base a una colaboración más estrecha.

Aquí nuestras dos organizaciones tienen una especial responsabilidad. Para lo que esto tenga de valor, somos las dos organizaciones marxistas revolucionarias más grandes de Europa. También tenemos un perfil internacional relativamente alto, en parte a causa de el papel que jugamos en nuestras respectivas corrientes. Estamos geográficamente cerca y tenemos una creciente experiencia- con todas las tensiones y desacuerdos que esto puede generar- de trabajar de manera conjunta en la práctica. Estamos completamente de acuerdo con Olivier Besancenot cuando dijo en el reciente Congreso de la CI, âla unidad de los revolucionarios es sólo útil cuando gira hacia las tareas de movilización y reorganización política del movimiento socialâ?. Hemos ya sugerido que la LCR y el SWP deben iniciar una conferencia internacional de la izquierda radical, posiblemente dentro del marco de uno de los dos Foros Sociales Mundiales- en Bombay en Enero de 2004 o de vuelta en Porto Alegre en 2005. A corto plazo, es obligado que trabajemos juntos para asegurar que haya una presencia tan fuerte como sea posible de la izquierda radical en el Foro Social Europeo en Paris en Noviembre. Esperamos que responderéis positivamente a estas sugerencias. Seremos duramente juzgados si fracasamos en cumplir al menos algunas de las esperanzas que nuestro diálogo ya ha despertado.

Con los mejores deseos.

Alex Callinicos

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Notas

Alex Callinicos integra el comité central del SWP británico, grupo hermano del nuestro en aquel país, en representación del cual escribe esta carta. El artículo fue publicado en Julio de 2003 en la segunda edición del IST Bulletin, revista semestral de nuestra tendencia socialista internacional.
Mira també:
http://www.elmundoalreves.org

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Comentaris

Re: La lucha para sacar al Foro Social Mundial de la dinámica reformista
07 mar 2006
sectarios plomazo anticuados

fuera la extrema izquierda paliza de la historia!
Re: La lucha para sacar al Foro Social Mundial de la dinámica reformista
07 mar 2006
Per fuera.

Fuera estúpidos, con respecto al correo anterior.
Re: La lucha para sacar al Foro Social Mundial de la dinámica reformista
07 mar 2006
no es nou.........

troskisme.... i més ultraesquerranisme..

COM VA DIR LENIN : L'INFANTILISME DE L'ESQUERRE.

marxisme-leninisme !
Sindicat Terrassa