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El asesinato de JFK ¿Que papel tuvo un denominado George E. Joannides?
05 mar 2006
05-03-2006

OLIVER STONE, N. MAILER, A. SUMMERS, DON DELILLO, ENTRE OTROS, LANZARON UNA CAMPAÃA

EL ASESINATO DE JFK ¿QUE PAPEL TUVO UN DENOMINADO GEORGE E.JOANNIDES?

MICHEL PORCHERON


EL GRIEGO GEORGES E. JOANNIDES SE LLEVÃ SUS SECRETOS A SU TUMBA. MURIÃ AB INTESTAT EN SU CAMA DE HOUSTON, TEXAS EN 1990 A LA EDAD DE 68 AÃOS. NO DEJÃ TESTAMENTO OLÃGRAFO, NI UNA CARTA âA SER ABIERTA EL DÃ?A DE MI MUERTEâ?, NI EL MENOR MANUSCRITO QUE HUBIERA PERMITIDO, UNA VEZ PUBLICADO, A SUS DESCENDIENTES O BENEFICIARIOS, VIVIR EN EL LUJO -COMO OTROS AFORTUNADOS- DE UNA ISLA DEL CARIBE TIPO LAS BAHAMAS.
Agente de la CIA desde 1951, este ex funcionario de la embajada de Grecia en Estados Unidos, después de haber sido periodista en el Nacional Herald, abandonó en 1979 la Central Intelligence Agency y se convirtió en jurista especializado en asuntos de inmigración, llevando, así durante muchos años una vida tranquila de padre de familia. A juzgar por las apariencias, fue un agente discreto, eficaz, diligente, tranquilo y dotado de una suerte sagrada. Después de todo, así son a veces los hombres que trabajan entre las sombras.


Pero con Joannides no fue igual; no era un agente cualquiera. Su nombre aparece con todas las letras cuando uno se aventura en el laberinto que constituye, después de 42 años, el Dossier JFK. Ciertamente, otros como él bien disfrutan un apacible retiro de sexagenarios para los más jóvenes, bien pasaron a mejor vida, de muerte natural o âaccidentalâ? evidentemente ejecutados, o âsuicidadosâ? sin haber tenido tiempo, tampoco ellos, de dejar el más insignificante âtestamentoâ?. Entre 30 y 90 según las estadísticas.


Nuestro hombre tranquilo se vio dos veces envuelto dentro del ojo del huracán; antes y después del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el 22 de noviembre de 1963 en Dallas.

Y escapó a todas las encuestas, investigaciones, informes, oficiales o no, que por decenas y decenas de kilogramos han guiado y continúan guiando âel misterio Kennedyâ?. Joannides nunca se sintió acosado, perseguido. Consiguió pasar entre todos los filtros. Su caso parecía destinado al tiempo de las calendas griegas. Ad vitam æternam.


Pero en 1998, su nombre aparece por primera vez, por casualidad, en un documento hecho público. ¿Por quién? La CIA misma, que venía de desclasificar, en dosis homeopáticas, a cuenta gotas, como siempre, cierto número de sus archivos. Este âdescubrimientoâ? no viene a otorgarle la menor celebridad póstuma a G.E.J. Su caso todavía no ha sido del todo exhumado, aún cuando aquí o allá, en las redacciones de la prensa norteamericana, un reducido número de periodistas como Jefferson Morley, incluyen su nombre y apellido en sus agendas. Pero, infelizmente, según fuentes dignas de fe, lo esencial del documento sobre Joannides fue âsustraídoâ? y por tanto debe haber desaparecido. Lo que sería suficiente para llegar la conclusión que el griego era un pez gordo. Si ese no fuera el caso, entonces, ¿por qué 25 personalidades norteamericanas (1) no específicamente de menor jerarquía âsin tener el mismo punto de vista sobre el asesinato- habrían asumido la iniciativa pública de exigir que toda la luz se enfocara sobre el agente G.E. Joannides y sus actividades antes y después del 1963?

¿Llamábase âHowardâ? cuando Joannides regresó a Miami a comienzo de los años 60 donde se convirtió âen tanto que incondicional de su patrón Richard Helms- jefe de la guerra sicológica de la CIA, con 24 personas trabajando para él y con un presupuesto enorme? Tal vez. Lo que si es seguro es que estuvo encargado de organizar y controlar a partir de agosto de 1963 los contactos en Nueva Orleáns âuna comandancia en los preparativos del asesinato- entre Lee Harvey Oswald y el Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE) constituido por cubanos exiliados. El DRE fue uno de esos múltiples grupos de extrema derecha, anticomunistas, financiados y manipulados por la CIA, mas aquel era conocido por ser tan anticastrista como anti-Kennedy. Todo un programa. La CIA había designado a Guy Bannister y David Ferrie para entrenar a Oswald. Después de algunas brutalidades, Dios los llamó a su lado, en junio de 1964 y febrero de 1967, respectivamente.


No se excluye que, en ese período, Joannides haya encontrado y hecho trabajar entre todos los anticastristas activistas de la época (2) algunos individuos -tampoco subalternos- que todavía viven gracias a mejores programas de protección oficiales. Los â25â? estarían convencidos de que sus nombres aparecerían, en blanco y negro, en el dossier Joannides, todavía clasificado por la CIA.

Joannides estuvo manifiestamente implicado en el complot, con una doble misión, no solamente de âcubrirâ? a sus âprotegidosâ? del DRE de Nueva Orleáns, sino de contribuir en la creación de la carnada âOswaldâ?. O sea âimplicarloâ?, haciéndolo pasar como comprometido con la Dirección de la Revolución cubana, utilizándolo bien desde antes del 22 de noviembre, para hacer creer lo que se llamaría âla conspiración castristaâ?, a penas lanzado el último tiro sobre el auto presidencial. Se trataba de acusar al âpro-castristaâ? Oswald para camuflar el papel real de los anticastristas.


Sobre el DRE en general, uno puede dirigirse con interés al libro â1963: el Complot, Objetivos: JFK y Fidelâ? del autor cubano Fabián Escalante (Ediciones Ocean Press, 2004, Melbourne), que está traducido en inglés, pero, desgraciadamente no en francés.

Hubo que esperar hasta el 2005, el verano del 2005, para saber que 25 personalidades norteamericanas habían publicado una Carta Abierta a la New York Review of Books, sobre el caso George Joannides, demandando a la CIA que hiciera pública la totalidad de los documentos que de él posee, en función del âJFK Actâ?, o Assassination Records Collection Act, aprobado en 1992 por el Congreso y que explícitamente ordena la apertura de los dossiers que se refieran a la tragedia de Dallas. Siguen su campaña.

Respuesta de la CIA: no hay discusión sobre el tema. Todavía confidencial, dice la CIA âpor razones concernientes a la seguridad nacionalâ?. No estamos lejos del âsecreto de Estadoâ? o de la ârazón de Estadoâ?.


Los 25 todavía exigen que alguien les responda. Es decir, que la CIA haga público el dossier de Joannides.

Se trata de que encabezando la lista de signatarios figura R. Blakey, actualmente jurista, pero mejor conocido como antiguo miembro del âHouse Select Commitee Assassinationsâ? (HSCA) de la Cámara de Representantes, encargado a fines de los años 70 de una reexaminación de las conclusiones de la muy oficial Comisión Warren.


También se trata de que a partir de 1978, o sea, quince años después del asesinato de JFK, Georges E. Joannides, quien había logrado todo ese tiempo vivir incógnito, era también, como quien dice, miembro del HSCA. Allí era bienvenido. Todos, incluido R. Blakey, ignoraba que él estaba allíâ¦como agente de enlace de la CIAâ¦


De ello, dijo un día Blakey, que veía a Joannides diariamente: âSi yo hubiera estado al corriente, un solo segundo, de sus actividades en 1963, lo hubiera hecho interrogar y testificar bajo juramentoâ?.

Demasiado tarde, Blakeyâ¦

Pero recientemente, el periodista norteamericano Jefferson Morley escribió: âGeorge E. Joannides es un nuevo e importante personaje en las historia del asesinato de JF Kennedyâ?.
El caso Joannides volverá a cobrar actualidad. Seguro.


(1) No es inútil publicar tal cual la lista de los 25 signatarios, cuya Carta debió marcar una época. Todos trabajaron y encuestaron sobre el asesinato de JFK, sin haber llegado todos obligatoriamente a las mismas hipótesis o conclusiones:

G. Robert Blakey, former general couse, âHouse Select Committee on Assassinationsâ?; Jefferson Morley, periodista; Scott Armstrong, fundador âNational Security Archiveâ?; Vincent Bugliosi, author and former prosecutor; Elias Demetracopoulos, periodista retirado; Stephen Dorril, University of Huddersfield; Don DeLillo, autor de Libra; Paul Hoch, investigador de JFK; David Kaiser, âNaval War Collegeâ?; Michel Kurtz, Southeastern Louisiana University, autor de Crimen del Siglo; George Lardner Jr., periodista; Jim Lessar, âAssassination Archives and Research Centerâ?; Norman Mailer, autor de Oswald Tale; John McAdams, moderador, alt.assassination.jfk; John Newman, autor de Oswald y la CIA; Gerald Posner, autor de Case Closea; Oliver Stone, director de JFK; Anthony Summers, autor de Not in Your Lifetime; Robbyn Swan, autor; David Talbot, founding editor, Salon.com; Cyril Wecht; coronel, Allegheny County, PA; Richard Whalen, autor de Founding Father; Gordon Winslow, former archivist of Dade County, Florida; David Wrone, University of Wisconsin; Steven Point, autor de The Zapruder Film.

(2) Según el autor cubano Fabian Escalante, son más de 150 los nombres de cubanos exiliados que fueron sospechosos de haber sido cómplices, en diferentes grados, en el asesinato del presidente norteamericano. Todos han sido objeto de interrogatorios y encuestas.

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Comentaris

Re: El asesinato de JFK ¿Que papel tuvo un denominado George E. Joannides?
06 mar 2006
JFK = culebrón
Re: El asesinato de JFK ¿Que papel tuvo un denominado George E. Joannides?
06 mar 2006
EL ASESINATO DE KENNEDY, LA CUESTION RACIAL Y LA MALA FE DE LA DESINFORMACION



Conexo con la actual situación política y racial en el Sur de los Estados Unidos, aparece el extrañísimo asesinato del Presidente John Fitzgerald Kennedy. Aunque no en la forma en que pretendieron presentarlo al público los grandes medios desinformativos internacionales.

Nada más conocerse la noticia. del asesinato de Dallas, la TV. Francesa, la BBC. Británica, la RAI Italiana y en general, los más importantes periódicos de los Estados Unidos, se apresuraron a notificar, sin la sombra de una duda, que el acto había sido cometido por los "fascistas-racistas" del Sur, que odiaban a Kennedy por su política ultra-integracionista. En seguida se acusó formalmente a la "John Birch Society", al "Ku-Klux-Klan", a los nazis de Lincoln Rockwell, a la propia policía del Estado de Texas.

Pero, de pronto, se hace público que el asesino es un tal Lee Harvey Oswald, comunista notorio, que había pasado tres años en la URSS. y casado con una rusa. Incluso había intentado renunciar, en 1961, a su nacionalidad americana. Oswald, admirador de Castro y de Mao-Tsé-Tung, marxista de tendencia trotzkysta, no podía ser un "nazi". Pero, he aquí que, cuando iba a ser trasladado a la cárcel y en plena Comisaria de Dallas, Oswald es asesinado por un tal Jack Ruby.

Inmediatamente, vuelven a la carga, con su cínica mala fe habitual, la Gran Desinformación Internacional. "Oswald -se dice ahora- no es, en realidad, el auténtico asesino, sino un testaferro o, tal vez, un cabeza de turco"... Los fascistas del Sur le han asesinado, aprovechándose de la rara lenidad de la Policía de Texas, para impedirle que hablara.

Ruby, el asesino de Oswald, no es ningún idealista que -para vengar a Jacqueline Kennedy- ha anticipado el castigo merecido por Oswald... Ruby no puede ser un patriota. Ruby es el propietario de un salón de strip-tease y un miembro conocido de los bajos fondos... Es decir, Ruby es un racista-fascista.

Esto lo dicen y lo repiten centenares de veces todas las radios y todas las prensas del mundo... Lo dicen hasta que se hace público que el tal "Jack Ruby" se llama, en realidad, Jacob Rubinstein. He aquí lo que faltaba por ver: ¡un fascista judío!.

Mas la tenacidad en la mala fe de los grandes desinformadores es inagotable... Diabolicum perseverare... Olvidando cuidadosamente a Rubinstein, -al que continúan llamando, cuando le mencionan, "Jack Ruby"- se descubre que Oswald, a quién el propio FBI considera el asesino de Kennedy, no era un comunista sino un excomunista. Oswald había evolucionado, convirtiéndose en un racista-fascista.

Habíase, por fin, encontrado la solución satisfactoria, que permitiría cargar el odioso crimen sobre las espaldas de los odiados segregacionista del Sur. Pero, por tercera vez, el globo difamatorio de los demócratas de toda laya se deshincha...

La bien informada "National Zeitung" de Munich (77) revela que, unas semanas antes del magnicidio de Dallas, Oswald había intentado asesinar al General Edwin Walker (78) regularmente acusado de "fascista" por los progresistas norteamericanos. El disparo de Oswald pasó justo por encima de la cabeza de su presunta víctima. Extraño fascista este Oswald, que intentaba asesinar nada menos que al muy fascista General Walker. Y más extraño, todavía, que el raro "neofascista" Oswald fuera salvado del mal paso en que se hallaba después de su fallido asesinato, por el Ministro de Justicia de los Estados Unidos. Robert Kennedy, hermano de la futura víctima de Oswald...

Desde luego, todo es rarísimo en el doble asesinato de Dallas... si se mira desde el ángulo por el que nos lo muestra la Desinformación organizada. Pero es clarisimo si se analizan los elementos que se conocen y que hacen desvanecer, como pompas de jabón, las pérfidas insinuaciones que pretenden cargar esta tragedia sobre los hombres de las "derechas" norteamericanas (79).

Kennedy no fue asesinado por los llamados fascistas americanos ni por los racistas del Sur. Esto está archidemostrado. Todas las perversas insinuaciones de los grandes rotativos desinfomadores no han podido aportar prueba alguna en favor de esa tesis. Kennedy fue asesinado por un comunista público y notorio. El mismo FBI ha reconocido que Oswald fue el autor del asesinato. Ahora bien: lo que es absurdo, lo que nunca podrá creer un observador imparcial de los hechos es:

a) Que la Policía de Texas, informada por el FBI de que existía un plan para asesinar a Oswald -por una información confidencial recibida dos horas antes (80)- fuera incapaz de protegerle adecuadamente.

b) Que el FBI y la Policía Federal, de reputada severidad, sean incapaces de hacer hablar aun "falso duro" y crápula de los bajos fondos como Rubinstein (a) Ruby.

c) Que un obrero parado, sin un dólar en los bolsillos, como Oswald, pudiera emprender viaje a Rusia, permanecer allí unos años, casarse con una rusa, declarar que estaba harto del Comunismo Ruso, manifestar sus deseos de regresar a los Estados Unidos y que las severísimas autoridades soviéticas no pusieran ninguna dificultad a su marcha.

d) Que el mismo Oswald, a pesar de continuar en la miseria pudiera efectuar su viaje a Mexico, del que tanto se habló entonces, permaneciendo allí en un hotel de lujo. ¿Quién pagó sus gastos?... Y ¿por qué?... Y sobre todo, por qué la muy estricta Comisión de Inmigración de los Estados Unidos concedió el pasaporte a Oswald a las veinticuatro horas de haberlo solicitado, cuando normalmente tardan una semana y a pesar de tratarse el tal Oswald de un comunista notorio y fichado por el FBI?

Lenin hablo mucho, en sus obras, del asesinato provocación. Se asesina a un político liberal, progresista o "compañero de viaje" y luego se cargan las culpas a la extrema derecha. Esto provoca disturbios, de los que los comunistas -los únicos bien organizados y que, por haber realizado la acción provocadora, están preparados- se aprovechan cumplidamente.

Kennedy fue asesinado para que su muerte sirviera al Comunismo Internacional, aunque es probable que en el Kremlin no se supiera todo lo que se tramaba a este fin. No fue asesinado por anticomunista, ya que la actuación de Kennedy y su Administración fue tan objetivamente comunista como la de Roosevelt. Kennedy fue asesinado para que su muerte provocara una guerra civil en América, pues la Desinformación Organizada no dejaría de acusar al Sur, a los "racistas", a las derechas... a los "fascistas",en suma.

Y esta auténtica guerra civil, aparte de dejar las manos libres a la URSS y a la China Roja en todo el mundo, debilitaría el poderío material y moral norteamericano y, al mismo tiempo, impondría la integración racial forzosa, es decir, el mestizaje.

Acudamos al viejo aforismo romano "cui prodest?": ¿Qué beneficio podían obtener los llamados fascistas americanos liquidando a Kennedy?... Ninguno. Pues no podían ignorar que el automático sucesor de éste era Lyndon B. Johnson, situado aún más a la izquierda que su predecesor, por difícil que esto pueda parecer. Y tampoco podían ignorar que la mala fe habitual de la Gran Prensa echaría definitivamente a la Opinión Pública encima de ellos. Además, quienquiera esté familiarizado con el credo político de la "extrema derecha" norteamericana sabe que ésta considera a los gobernantes oficiales de su país, incluyendo a los "presidentes", como meros ejecutores, con muy relativo poder personal y obedientes a las consignas de los que en ellos mandan.
(77) 29 de Noviembre 1963.

(78) El General Edwin A. Walker fue relevado del mando de su unidad, en Alemania Occidental, por haber pronunciado unas conferencias anticomunistas ante sus tropas. La Administración Kennedy consideró que esto podía perjudicar su política de "Coexistencia pacífica" y pretendió destinar a Walker a un cargo sin importancia en América. Walker abandonó el Ejército, rehusando incluso su pensión de retiro, y se dedicó a la política. Actualmente es una de las figuras máximas de lo que se suele denominar "extrema derecha" norteamericana Un psiquiatra, trató de "probar" que Walker estaba loco. Este loquero se hacía llamar Charles E. Smith, pero su auténtico nombre era Kantor, hijo de un judío ruso (N. del A).

(79) Utilizamos esa expresión de "derechas" como concesión a la inercia mental de los más. En realidad, los términos "derecha" e "izquierda" pertenecen, ya, al diccionario político del siglo XIX, por haber sido superados. (N. del A.).

(80) "La Vanguardia Española", Barcelona, 27-Xl-1963.

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