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Comentari :: globalització neoliberal
Attac o la coartada social de la burguesía francesa
28 feb 2006
Attac, buque insignia de la burguesía francesa proteccionista, disfrazado de movimiento "altermundialista", ofrece una coartada social al Gobierno de Chirac.
EL DESAFÃ?O DE LA GLOBALIZACIÃN
Francia se sumerge en la depresión
La crisis económica, política y social sume a los franceses en el temor y el desánimo
La mundialización suscita reacciones proteccionistas

Francia no digiere bien la mundialización. Pasadas las épocas de las vacas gordas y los días de gloria, los franceses han empezado a descubrirse frágiles ante los retos del nuevo mundoglobal. El miedo al futuro y la desconfianza en una clase política incapaz de transmitir esperanza han sumido al país en un espeso pesimismo.

Si en el 2004, un 60% de los ciudadanos se manifestaba optimista cara al futuro, hoy sólo lo hace un 34%

LLUÃ?S URÃ?A - 26/02/2006
Corresponsal. PARÃ?S

Nueve meses después del cataclismo del referéndum europeo del 29 de mayo del 2005, Francia sigue sin levantar cabeza. Sumido en una triple crisis económica, política y - sobre todo- moral, el país permanece envuelto en una bruma de pesimismo y desánimo colectivo que puede ser el preludio de un nuevo seísmo político en las elecciones presidenciales del 2007.

Hasta ese momento, y pese a los denodados esfuerzos del primer ministro, Dominique de Villepin, por darle la vuelta a la situación, todo parece suspendido en un tenso compás de espera en el que medran los profetas del declive francés, los declinólogos,como ya han sido bautizados. ¿Se ha convertido Francia, el país de Molière, en un enfermo imaginario, como dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, a los diputados de la Asamblea francesa el 24 de enero? Bien puede ser. Pero a estas alturas, y al margen de las razones objetivas, la depresión se ha adueñado ya del cuerpo social.

La declinología, inaugurada formalmente en el 2003 por Nicolas Baverez, con la publicación de su libro La Francia que cae,se ha acabado convirtiendo en una especialidad que inunda las librerías. El propio Baverez ha repetido con otro libro - Nuevo mundo, vieja Francia-, que se suma a otros con títulos tan evocadores como Francia en quiebra (de Rémi Godeau), El crepúsculo de los pequeños dioses (Alain Minc), La sociedad contra ella misma(Roger Sue), Ilusiones galas (Pierre Lellouche), La sociedad del miedo (Christophe Lambert), La desdicha francesa (Jacques Julliard)... La lista es inagotable. Reflejo de un malestar social evidente, el debate persistente sobre el declive de Francia acaba pesando en los espíritus.

El no de los franceses al proyecto de Constitución europea fue, ante todo, la expresión de un rechazo a una clase política enquistada y cada vez más alejada de los ciudadanos. Y el reflejo, también, de un miedo difuso a una Europa omnipotente y al nuevo mundo que está dibujando la globalización. Ni uno ni otro sentimiento se han suavizado desde entonces, antes al contrario. El paro y la precariedad laboral han acabado atrapando a unas clases medias que atribuyen al exterior gran parte de sus problemas. Los estudios demoscópicos demuestran que fue precisamente esta franja del electorado la que decantó el no el 29 de mayo.

Ciertamente, la economía no pasa por un buen momento. El crecimiento económico lleva tiempo anclado en niveles muy modestos (sólo un 1,4% en el 2005) y el déficit comercial alcanzó el año pasado un récord (26.459 millones de euros, tres veces más que en el 2004). Mientras, el paro es uno de los más elevados de la OCDE (9,5%), especialmente el de los jóvenes (22,8%), y el crecimiento de la deuda pública (1,1 billones de euros) ha llevado al ministro de Economía, Thierry Breton, a afirmar que "Francia vive por encima de sus posibilidades". Eso sí, merced a las 35 horas, es uno de los países desarrollados que menos trabaja al año (1.561 horas).

Las grandes multinacionales francesas han obtenido beneficios igualmente récord el año pasado - como Total (12.000 millones) o France Télécom (5.700 millones)-, pero no es tan fácil recibir inversiones del exterior, a causa de los costes salariales y las elevadas cargas sociales, también de las más altas del mundo desarrollado (un 39% del salario).

Paro, deslocalizaciones, precariedad laboral, pérdida de poder adquisitivo..., el panorama tiene sumidos en un profundo desánimo a los franceses, cuyo orgullo recibe además periódicamente severos correctivos desde el exterior, como la derrota de la candidatura de París para organizar los Juegos Olimpicos del 2012 ante Londres. Si en el 2004, un 60% de los ciudadanos se manifestaba optimista cara al futuro, hoy sólo lo hace un 34%. Hay una frase, del periodista de Le Nouvel Observateur Jean-Claude Guillebaud, que ha hecho fortuna: "Los franceses han perdido el gusto por el porvenir".

El problema del día a día que más temen los franceses es que el dinero no llegue a fin de mes (92%), mientras de cara al futuro les preocupa tener garantizada una buena protección de salud, poder pagar la educación de los hijos, la jubilación, disponer de ahorros, la vivienda...

La vivienda, con un aumento de precios del 96% en los últimos diez años, se ha convertido en un lujo, sobre todo en las grandes ciudades (especialmente en París, a una media de 5.599 euros el metro cuadrado). Los alquileres también son estratosféricos y no basta ganar un buen salario para hallar un piso decente: si uno no tiene un contrato fijo y no gana cuatro veces el montante del alquiler - lo que exigen numerosos propietarios- no hay nada que hacer. Si uno es joven, puede seguir en casa de los padres, lo que cada vez es más frecuente. Si no, puede uno acabar engrosando la lista de SDF (eufemísticas siglas que significan sin domicilio fijo) o marcharse a una periferia cada vez más lejana.

Hasta ahora, papá Estado se había cuidado de hacerlo todo más fácil. Pero su papel, entre las estrecheces económicas y los condicionantes internacionales, va mermando. Y ahora los franceses ven con estupefacción cómo el mismísimo presidente de la República, Jacques Chirac, un hombre en cuyas manos está el botón nuclear, es incapaz de conseguir de sus socios de la UE la reducción del IVA a los restaurantes.

Frente a las recetas liberalizadoras de Bruselas y los organismos internacionales, la reivindicación del modelo social francés se ha convertido en una divisa nacional, evocada de entrada por Chirac y Villepin. Los discursos nacionalistas y proteccionistas tienen el campo abonado, como se demostró en la campaña del referéndum europeo con la triste alusión al fontanero polaco.

"En cierto modo, la alianza entre Jacques Chirac y Attac [ la organización altermundialista] ha producido una regresión increíble de la percepción del mundo por los franceses", opina Alain Minc, economista y ensayista, consejero de numerosos políticos y empresarios. Una idea que exponía también el director de Le Monde,Jean-Marie Colombani, en un reciente artículo: "El nuevo mundo suscita, por toda respuesta, una única consigna: la defensa del modelo nacional (...). Falta una visión de futuro, falta pedagogía de lo nuevo, que impone adaptar el modelo francés, y por tanto el Estado (...). Pero Francia es el paraíso de los pretextos semánticos: basta que una medida sea calificada de liberal para ser descalificada".

A los franceses les está costando adaptarse a la nueva realidad del mundo global. Hay una resistencia colectiva, dictada por el miedo y un inconfesado conservadurismo. Una de los que así lo ven es la ministra de Defensa, Michelle Alliot-Marie: "Tenemos una sociedad que rechaza el riesgo, incapaz de aceptar el azar, que quiere seguridad ante todo", apuntaba en un reciente almuerzo con corresponsales extranjeros.

El tan defendido sistema de protección social francés, sin embargo, no llega a todo el mundo. Los funcionarios - uno de cada cuatro franceses que trabajan- y los empleados de grandes empresas están en una situación que poco tiene que ver con los trabajadores, fundamentalmente jóvenes, que están subempleados y con contratos a precario, como subraya el profesor canadiense Timothy B. Smith en su libro La Francia injusta.Si en los años sesenta, un 70% de los titulados de bachillerato podía encontrar trabajo como cuadros o cargos intermedios, hoy sólo es un 25%. Muchos encuentran empleos por debajo de su categoría, con contratos temporales (del 70% al 80%) y salarios cada vez más alejados de los de sus padres. El ascensor social no funciona, y muchos jóvenes - si pueden- van a buscarse la vida a Londres, Madrid o Nueva York, donde encuentran más oportunidades. Se calcula que un millón de ellos han abandonado el país, en lo que Nicolas Baverez ve una preocupante "pérdida de polos de excelencia, de cerebros y talentos".

Si el ascensor social no funciona entre generaciones, tampoco lo hace entre clases sociales. La violenta crisis de las banlieues,que el pasado noviembre conmocionó a todo el país, puso dramáticamente en evidencia el grave problema de exclusión social en las periferias urbanas, del que son víctimas los hijos de la inmigración, tratados en la práctica como franceses de segunda.

En este contexto, caracterizado por una profunda desconfianza de los ciudadanos hacia las elites políticas tradicionales, dos figuras emergen con inusual fuerza en los sondeos de opinión cara a las presidenciales del 2007: el ministro del Interior y líder de la UMP, Nicolas Sarkozy, que propugna una ruptura y reformas liberalizadoras radicales - las reformas se han llevado a cabo hasta ahora a "dosis homeopáticas", dice-, y la diputada socialista y presidenta de la región de Poitou-Charentes, Ségolène Royal, que si por algo se caracteriza es por desmarcarse del discurso oficial del PS, en un cóctel de ideas de izquierda con notas de cierto conservadurismo que no le impide defender el balance de Tony Blair en el Reino Unido. Ambos parecen encarnar en este momento las ansias de cambio de la deprimida sociedad francesa.

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Comentaris

Re: Attac o la coartada social de la burguesía francesa
28 feb 2006
Pocas veces he visto un título de artículo tan alejado al contenido (excelente análisis).

Dentro del artículo la única referencia a Attac es la opinión de un periodista que señala la coincidencia (más bien, apunta) del conservadurismo antiliberal francés y la línea crítica antiliberal de los altermundistas (del que pone como ejemplo a Attac)
Re: Attac o la coartada social de la burguesía francesa
28 feb 2006
Más Marx y menos Attac.
Re: Attac o la coartada social de la burguesía francesa
28 feb 2006
lo siento pero no he comprendido lo de la alianza entre attac y chirac...vamos que no me lo creo...
yo estuve una temporada en attac y conservadores lo que se dice conservadores no lo eran mucho...si acaso algunos eran reformistas socialdemocratas y otros(los que nos fuimos) progresistas sin una adscripcion clara...eso si el discurso de attac era y es muy bueno y muy util en la critica de la globalizacion capitalista...
por todo ello y sobre todo porque se que hicieron campña por el no en el referendum de la constitucion europea no entiendo a que viene decir que estan de acuerdo con chirac, que pidio el si y ademas es un pedazo de inmobilista de la leche...o no?
Re: Attac o la coartada social de la burguesía francesa
01 mar 2006
Todo el mundo reconoce que Le Monde Diplomatique, S.A. es un periódico revolucionario y anticapilista como el que más, vaya que son los herederos ideológicos de los que fueron masacrados en La Comuna de París. ¡ Cómo iban pues a aliarse con un burgués nacionalista como Chirac ! ¡ Nooooooo !

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