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Notícies :: immigració
La inmigración
19 feb 2006
La inmigración es un fenómeno relativamente reciente en España, que ha vivido en los últimos 20 años el progresivo cambio de estatus de âpaís de emigraciónâ? a âpaís de tránsitoâ? y luego a âpaís de asentamientoâ?. Sobre todo a partir de los noventa, tras su incorporación a la Unión Europea (UE), la situación ha cambiado: España se ha convertido en un país de inmigración. No obstante, aún hoy, el saldo migratorio sigue siendo favorable a España, con alrededor de 2 millones de emigrantes españoles en el extranjero, frente a poco más del millón y medio de inmigrantes contabilizados por el Ministerio del Interior español.

A grandes rasgos, la política migratoria del gobierno neofranquista de José María Aznar reconoce tres tipos de extranjeros en territorio español: los turistas (los âguirisâ?), preferentemente noreuropeos, estadunidenses y japoneses; los inmigrantes âregularesâ?; y los inmigrantes âilegalesâ? o âclandestinosâ?. El único denominador común entre ellos es que todos contribuyen con sus riquezas al producto interno bruto del Estado: los primeros gastando dinero; los otros dos, generándolo con su trabajo. Por lo tanto, vale una primera observación a tener en cuenta: todo inmigrante es concebido y tratado como extranjero, pero no todo extranjero es tratado como inmigrante.

Me referiré, entonces, a los inmigrantes extranjeros latinoamericanos, africanos y asiáticos; a las personas provenientes de diversos países del llamado Tercer Mundo que arriban a España, al continente europeo, en busca de trabajo para enviar dinero a sus familias, que migran con éstas, que van âa probar suerteâ? o âa ver qué pasaâ?. Distintos estudios muestran que, a diferencia de los migrantes españoles e italianos que arribaron al continente americano a principios del siglo pasado, estos nuevos migrantes no son los más pobres en sus sociedades de origen. Es decir, sólo emigran los que pueden.
(cap Burgues mal pàrit arratoia)
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La inmigración es un fenómeno relativamente reciente en España, que ha vivido en los últimos 20 años el progresivo cambio de estatus de âpaís de emigraciónâ? a âpaís de tránsitoâ? y luego a âpaís de asentamientoâ?. Sobre todo a partir de los noventa, tras su incorporación a la Unión Europea (UE), la situación ha cambiado: España se ha convertido en un país de inmigración. No obstante, aún hoy, el saldo migratorio sigue siendo favorable a España, con alrededor de 2 millones de emigrantes españoles en el extranjero, frente a poco más del millón y medio de inmigrantes contabilizados por el Ministerio del Interior español.

A grandes rasgos, la política migratoria del gobierno neofranquista de José María Aznar reconoce tres tipos de extranjeros en territorio español: los turistas (los âguirisâ?), preferentemente noreuropeos, estadunidenses y japoneses; los inmigrantes âregularesâ?; y los inmigrantes âilegalesâ? o âclandestinosâ?. El único denominador común entre ellos es que todos contribuyen con sus riquezas al producto interno bruto del Estado: los primeros gastando dinero; los otros dos, generándolo con su trabajo. Por lo tanto, vale una primera observación a tener en cuenta: todo inmigrante es concebido y tratado como extranjero, pero no todo extranjero es tratado como inmigrante.

Me referiré, entonces, a los inmigrantes extranjeros latinoamericanos, africanos y asiáticos; a las personas provenientes de diversos países del llamado Tercer Mundo que arriban a España, al continente europeo, en busca de trabajo para enviar dinero a sus familias, que migran con éstas, que van âa probar suerteâ? o âa ver qué pasaâ?. Distintos estudios muestran que, a diferencia de los migrantes españoles e italianos que arribaron al continente americano a principios del siglo pasado, estos nuevos migrantes no son los más pobres en sus sociedades de origen. Es decir, sólo emigran los que pueden.
(cap Burgues mal pàrit arratoia)

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Comentaris

Inmigrantes: Ni legales ni ilegales,todos fuera !!!!
20 feb 2006
LOS MITOS DE LA INMIGRACIÃN

Los españoles también hemos sido emigrantes
Dicen que las mentiras más grandes son las verdades a medias, y eso ocurre con esta afirmación. Es verdad que los españoles han emigrado, principalmente a Latinoamérica y, tras la Segunda Guerra Mundial, a otros países de Europa. Pero hay diferencias substanciales con los actuales flujos inmigratorios con destino a España:

1º) Los españoles, en su mayoría, emigraban de acuerdo a la ley, tanto española como del país de destino, y pasando controles sanitarios. No cruzaban clandestinamente las fronteras, burlando a las autoridades. La Embajada en colaboración con el Ministerio de Trabajo cooperaban con el país de acogida con vistas a regular el trabajo de los españoles, y éstos, también en su gran mayoría, no pasaban a engrosar las filas de la economía sumergida, sino que desempeñaban trabajos debidamente dados de alta en la seguridad social, cotizando y pagando los correspondientes impuestos. Sin embargo, la inmigración masiva que padece España está compuesta en buena parte por inmigrantes sin papeles, que burlan los controles fronterizos, incrementan las filas de la economía sumergida, que no paga impuestos, al tiempo que los gobiernos de sus países de origen se desentienden de ellos y apenas cooperan con las autoridades españolas, ya sea para regular el trabajo de sus ciudadanos, para impedir la actuación en su territorio de las mal llamadas âmafias de la inmigraciónâ? que atentan contra los legítimos derechos de España, o para la repatriación de los indocumentados.

2º) Los países a los que se dirigían los españoles necesitaban mano de obra, ya fuera en América, continente con múltiples posibilidades, o en la Europa de la posguerra, que había visto reducida su población masculina e iniciaba las políticas de reconstrucción. Sin embargo, España es el país de la UE con mayor índice de paro, y resulta absurdo pretender traer mano de obra extranjera mientras un 11% de la población activa se encuentra en situación de desempleo.

3º) Las diferencias culturales y sociológicas de los emigrantes españoles y de la población de acogida no tienen comparación con los de buena parte de la población inmigrante que llega a España, y por tanto los problemas de asimilación eran bastante menores. Los españoles que emigraban a Francia, Suiza o Alemania compartían con la población de dichos países unos mismos valores socioculturales procedentes de su historia común y de su identidad religiosa cristiana. Nada de esto sucede con la inmigración procedente de China, del Magreb, del área subsahariana ...

4º) Los inmigrantes españoles no se dedicaban a robar ni a trapichear, ni vendían productos falsos en plena calle, porque la inmensa mayoría iban con un trabajo asegurado; tampoco aparecían día si y día no en la prensa con motivos de reyertas, ajustes de cuentas o trafico de drogas. Tampoco realizaban concentraciones masivas en lugares públicos, tales como parques, dejando todo lleno de basura, y no les tenían un especial "aprecio" en ciertos barrios por su afición a montar escándalos o a poner música a todo volumen de madrugada.
Los inmigrantes desempeñan trabajos que los españoles no quieren realizar
Quien esto afirma viene a decir que los españoles somos muy finos y se nos caen los anillos trabajando como peones agrícolas o de la construcción, empleadas del hogar, personal de limpieza, ayudantes de bar y de cocina, y en general, trabajos de baja remuneración. Lo cierto es que todo trabajo, mientras sea honrado, es digno, lo cual se olvida fácilmente en una sociedad eminentemente capitalista que alienta lo material y lo superficial. La realidad es que los españoles quieren trabajar de acuerdo a las conquistas sociales de los últimos decenios, es decir, llevando a cabo una jornada laboral adecuada, en unas condiciones laborales adecuadas y por un salario adecuado. En el caso de una empleada del hogar, deseará la jornada laboral, las condiciones y el salario que marca el convenio. Pero siempre habrá una inmigrante que esté dispuesta a hacer más horas, por menos dinero y sin alta en seguridad social, de ahí que pocas españolas estarán dispuestas a renunciar a los derechos laborales que tanto tiempo y esfuerzo han costado al pueblo español y adaptarse a las pretensiones más humildes de la población inmigrante. En el campo no faltan españoles dispuestos a realizar las tareas agrícolas, sino basta ver las familias Españolas que van a Francia a la vendimia, donde dan salarios más aceptables, pero siempre habrá inmigrantes que aceptarán jornadas de diez horas, seis días a la semana, por menos dinero, sin seguro agrario y en invernaderos insalubres y desprotegidos frente a los pesticidas. Y aún cuando se cumpla a rajatabla la normativa laboral, siempre habrá inmigrantes de sobra para cubrir esos puestos, de forma que al sobrar la mano de obra los empresarios no necesitan incentivar a los trabajadores aumentando los salarios y por consiguiente elevando su poder adquisitivo. Los salarios bajos permiten que los de siempre tengan más beneficios que nunca. Los perjudicados son, una vez más, los españoles que componen la clase trabajadora, es decir, la mayoría de la población.

Los inmigrantes aportan riqueza al conjunto del Estado
Esta es una visión muy simplista que se basa únicamente en las cotizaciones a la seguridad social y el gasto sanitario y en pensiones que ocasionan los inmigrantes.

1º) La población inmigrante es todavía eminentemente joven y por tanto razonablemente sana. Habrá que esperar dentro de unos años un fuerte incremento en sus necesidades sanitarias y en materia de pensiones. Sus cotizaciones representan para el pueblo español pan para hoy y hambre para mañana. Para muestra un botón âEl consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela, puntualizó al respecto que el 55% de los inmigrantes de la Comunidad de Madrid no contribuye al sistema y, sin embargo, tiene tarjeta sanitaria por carecer de recursosâ?(ABC 24-9-04) . Pero ya que hablamos del gasto sanitario, digamos toda la verdad, puesto que también es necesario mencionar la tristemente conocida alta tasa de portadores del virus VIH en Ã?frica, así como el hecho de que una parte de las mujeres inmigrantes se dedica a la prostitución, con el correspondiente riesgo para la salud pública.

2º) Los inmigrantes no sólo ocasionan gastos con cargo a la seguridad social, también hay que incrementar la dotación del ministerio de Trabajo y de Interior para atender a sus necesidades y regular su estancia. Dada la fuerte natalidad de los inmigrantes y ya que se escolarización de sus hijos, es necesario resaltar que muchos de éstos precisan, ya sea por dificultades idiomáticas o de integración, de planes pedagógicos especiales que requieren de una parte no despreciable del presupuesto educativo, como son por ejemplo las Aulas de Integración en la Comunidad de Madrid. Muchos de los inmigrantes, documentados o no, tienen problemas de adaptación o viven en bolsas de marginalidad, por lo que consumen buena parte de los recursos del ministerio de Asuntos Sociales y de los departamentos asistenciales de comunidades y ayuntamientos, así como de ONGs de subvención estatal. Los extranjeros, con o sin papeles, protagonizan el 30% de los crímenes cometidos en España [El País, 6 de Agosto de 2000], y aunque el porcentaje que suponen de la población es del 5% aproximadamente, los inmigrantes representan el 27,5% de la población reclusa española, lo que indica una desproporción. Asimismo la lucha contra la inmigración ilegal supone un coste colosal (crecientes dotaciones policiales, costosísimas vallas fronterizas en Ceuta y Melilla, helicópteros, patrulleras, gastos de expulsión...).

3º) Buena parte del dinero que obtienen los inmigrantes es enviado a sus países de origen para el mantenimiento de sus familias. Nadie se ha molestado en evaluar seriamente el dinero que por este motivo sale de España

4º) No cabe hablar sólo de la riqueza que aportan, también es menester dar a conocer aquélla que impiden crear. Su masiva incorporación a la fuerza laboral posibilita el crecimiento cero de los salarios; al no crecer el poder adquisitivo de los trabajadores, tampoco crece el consumo interior, lo que perjudica a todas las empresas que no se dedican a la exportación (es decir, la mayoría de las empresas, en especial el pequeño comercio).

Los inmigrantes son necesarios dada la baja natalidad española
Como quiera que a los españoles se nos ha inculcado en el último cuarto de siglo que ya no están los tiempos para tener muchos hijos (como si durante la época de nuestros padres y abuelos los panes venían llovidos del cielo), y que eso es síntoma de un atraso cultural alentado por la Iglesia para perpetuar a la mujer en su rol de madre y mantenerla aprisionada en el hogar, ahora resulta difícil dar un giro de 180 grados, por lo que afortunadamente y para "salvación" nuestra ahí tenemos a los inmigrantes, que carentes de complejos mantienen una alta tasa de natalidad. En definitiva, parece que de lo que se trata es de que nazcan pocos niños de españoles y muchos niños de inmigrantes, de forma que España pierda algún día su razón de ser y pueda fusionarse dócilmente a otras âex-nacionesâ?.

Si el problema es que nacen pocos niños, lo lógico es que el Estado fomente e incentive las familias numerosas, pero lo cierto es que esa política es prácticamente inexistente. Los partidos políticos en el poder, fieles a los intereses de las multinacionales, lejos de apostar por una política de natalidad preconizan una política inmigratoria, y para ello meten miedo a la población afirmando que hacen falta más cotizantes para poder garantizar el mantenimiento de las pensiones. Si hacen falta más cotizantes, podrían empezar por buscar empleo al 11% de la población activa en paro, pero en cualquier caso, si las cotizaciones no bastan para pagar las pensiones, no hay ninguna ley que prohíba destinar alguna partida presupuestaria para reforzar las prestaciones sociales de nuestros mayores. Parece que existe un principio universal por el cual es imprescindible que la S.S. se sostenga por sí misma, pero lo cierto es que este principio no se aplica prácticamente a ninguna otra rama del Estado (no hay nadie que sufrague la pretensión de que la educación se autofinancie, o la seguridad ciudadana, o la política de defensa, sin embargo, por algún motivo esotérico incomprensible para el común de los mortales, resulta imprescindible que la seguridad social no sea deficitaria). Pero es que además se omite el hecho de que la alta tasa de nacimientos entre los inmigrantes sólo se produce durante la primera generación, tal como sucede en los países que nos âaventajanâ? en materia de experiencia inmigratoria (Francia, Reino Unido, Holanda ...), sus hijos, una vez adoptan nuestras âcostumbresâ?, pasan a tener un bajo índice de natalidad, lo cual les va de maravilla a los políticos mundialistas, puesto que les permite mantener la política inmigratoria de forma indefinida.

El rechazo a la inmigración alienta el racismo y la xenofobia
Este es el último recurso de los grupos de presión que pretenden imponernos su política inmigratoria. Si alguien no queda convencido con los tópicos habituales en materia de extranjería que previamente hemos comentado debe guardarse para sí su opinión puesto que cualquier duda sobre las bondades de la inmigración puede alentar sentimientos de rechazo, y eso está muy feo. En definitiva, si no estás de acuerdo, te callas. El sistema democrático español nos permite discutir o discrepar las decisiones políticas, y al igual que podemos alabar o criticar las medidas fiscales o educativas, nada nos impide hacer lo mismo con las relativas a inmigración. No permitamos que se nos imponga una visión monolítica que por otra parte no responde a los legítimos intereses del pueblo español. Defender las leyes, en especial las emanadas del parlamento, no puede convertirse en motivo de vergüenza. Exijamos por tanto que se cumpla la ley, en especial, que se destinen los fondos necesarios para la protección de nuestras fronteras y para financiar la expulsión de los extranjeros que pretenden burlar nuestra soberanía. La libertad que ampara a los defensores de abrir las fronteras es la misma que permite a los ciudadanos afirmar la necesidad de protegerlas.

No consintamos que nos dobleguen con el falso debate de que los inmigrantes también son personas, que sufren penalidades y que muchos de ellos son buenas personas. Nadie lo pone en duda, y es por ello que el pueblo español destina a través de los presupuestos generales del Estado ayudas al desarrollo de sus países de procedencia. Es ahí donde cabe encontrar la solución y los españoles hace muchos años que contribuimos a ella. Pero al igual que si llegamos un día a nuestra casa y nos encontramos una habitación ocupada por un extraño, procederemos a llamar a la policía sin importarnos si el intruso es una buena persona que pasa un mal momento y sin preocuparnos de que nadie por ello se atreva a acusarnos de âexcluyentesâ?, con la misma determinación hemos de proteger nuestra casa común que es España y Europa.

Tengamos siempre presente que si hoy los españoles gozamos de prestaciones sociales no es por casualidad, sino por el esfuerzo de todos aquellos españoles que nos precedieron y que posibilitaron mediante su trabajo, y en ocasiones dando su vida por ello, que sus descendientes tuvieran una vida más llevadera. Defender el logro de nuestros antepasados es una necesidad y una obligación. Claudicar, callar, agachar la cabeza para que no nos acusen falsamente de insolidarios es una cobardía indigna de las esperanzas de nuestros padres y abuelos. Frente a la visión totalitaria de las bondades de la inmigración, hemos de alzar nuestra voz inconformista y proclamar nuestro derecho a la discrepancia.

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