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Gilad Atzmon parla de sionisme
22 des 2005
En llegir la entrevista m'ha vingut a la ment una notícia publicada recentment al país manipulant unes declaracions del president Irani (Ja sabeu, quan es parla d'Iran es fa anar qualificatius d'extremista, i de fabricant d'armes nuclears, quan es parla d'Israel o EEUU desapareixen els qualificatius anteriors. ¿Qui mata més gent en aquest món? ¿Qui te més armes nuclears?). El president Iraní parlava de l'Holacust con a mite, Gilad Atzmon ho torna a fer i explica per què.
Tres en uno: jazzman, escritor y activista (una conversación con Gilad Atzmon)
La belleza como arma política

Manuel Talens
Memoria

La autopista española AP7 en sentido norte suele ser fluida y fácil de transitar, pero el pasado 27 de agosto puso a prueba mi paciencia, porque tenía una cita en los Pirineos franceses con Gilad Atzmon y la avalancha de veraneantes europeos que regresaban a sus países multiplicó el tráfico de tal manera que en vez de llegar a las dos de la tarde le estreché la mano tras la puesta del sol. Por suerte, me había esperado.

Nacido en Israel, Gilad Atzmon se educó en el judaísmo laico. Hizo el servicio militar obligatorio durante la guerra del Líbano (1982), una experiencia que lo volvió muy escéptico sobre el sionismo y sobre la política israelí. Diez años después abandonó su país natal sin billete de regreso. En el Reino Unido estudió Filosofía, pero después de graduarse escogió la música en vez de una carrera académica. Vive en Londres y se considera un exiliado.

Hasta el momento de nuestro encuentro nos conocíamos únicamente a través de breves mensajes de correo electrónico, desde el día en que empecé a traducir al español algunos de los artículos que publica sin cesar en su sitio web (www.gilad.co.uk) contra los Aparatos Institucionales del Estado de Israel. Siempre me ha impresionado por la forma intelectualmente estructurada con que suele criticar lo que considera política racista del sionismo y ha puesto su arte al servicio de una causa: la liberación del pueblo palestino. Si he mencionado el arte es porque Atzmon es, por encima de cualquier otra cosa, un artista que utiliza sus muchos instrumentos (el saxofón, el clarinete, la flauta⦠y el ordenador portátil) para interpretar música, escribir libros y artículos activistas. Su anterior disco, EXILE, recibió en 2003 el Premio de la BBC al âMejor Ã?lbum de Jazz del Añoâ? y ahora acaba de sacar uno nuevo, musiK, ambos grabados con su propio grupo, una banda multiétnica denominada The Orient House Ensemble. También ha publicado dos novelas, traducidas a diecisiete lenguas (A Guide to the Perplexed [en castellano, Guía de perplejos, Editorial Planeta, 2003] y My One and Only Love). Lo que sigue es una parte de la larga conversación que mantuvimos hasta separarnos al amanecer, cuando él siguió camino de Roma y yo regresé en dirección al sur. Signo de los tiempos, nuestra charla continuó más tarde a través del chat.

MANUEL TALENS Y GILAD ATZMON (FOTOGRAFÃ?A: MPH)


Manuel Talens: ¿Quién es usted, señor Atzmon?

Gilad Atzmon: Buena pregunta, probablemente soy el último en saberlo. Asumo que soy un músico de jazz convencido de que debo reinventarme. Para ello he de hacerme preguntas sobre mí mismo. Una buena pregunta para empezar es quién puedo ser. La mayor parte de mis escritos y de mi crítica del sionismo y de la economía global se alimentan de mi tendencia a entender quién soy y a ponerme en tela de juicio.

MT: Juguemos al psicoanalista y al psicoanalizado: deduzco que si tiene que reinventarse es porque no se siente feliz con lo que es. Dígame, por favor, si le causa algún problema ser judío.

GA: Siempre digo que las entrevistas me ahorran el dinero que podría gastar en psiquiatras. Creo que la necesidad de reinventarse no es necesariamente una fuga. Es más bien la búsqueda de una esencia auténtica. De hecho, el proceso de reinvención adquiere su poder de un claro asalto contra el ego. Uno empieza a funcionar cuando deja de pensar. En lenguaje lacaniano podríamos decir que âuno es donde no piensaâ?. Puede que parezca curioso, pero hoy sé que fue mi amor por el jazz lo que me volvió cada vez más crítico de la identidad judía y del sionismo. A los dieciocho años, cuando lo lógico hubiera sido convertirme en un soldado supremacista judío, me enamoré de Coltrane y de Bird. Entonces comprendí que la cultura que me inspira (afroamericana) no tenía nada que ver con la cultura por la que estaba destinado a luchar.

MT: Pero eso no responde a mi pregunta, al menos no para el objetivo que tengo en cartera. Déjeme recordarle que esta conversación se dirigirá en principio a un público de lectores gentiles -es decir, no judíos- de habla hispana no necesariamente informados sobre la idiosincrasia del pueblo judío. Necesito saber si se siente confortable bajo su piel como judío -considerando el hecho de que nadie escoge sus orígenes-, y he de saberlo porque algunas de mis preguntas se ocuparán de cuestiones tan delicadas como el antisemitismo y el odio que algunos judíos supuestamente se profesan a sí mismos. Se lo repito: ¿Le causa algún problema ser judío?

GA: De ninguna manera, porque no me considero judío. Dicho lo cual, simpatizo con los judíos creyentes y con cualquier grupo espiritual o fe religiosa, pero mucho menos con la identidad laica judía. Sostengo que una vez que se despoja a la judeidad de su contenido espiritual, lo que queda es mero racismo. Ya lo ve, no soy ni judío religioso ni laico, por eso no puedo considerarme judío.

MT: Vaya, no esperaba una declaración tan directa. Para serle sincero, si aceptamos el concepto semiótico de que la lengua es el mundo interior en que vivimos, un mundo que no es nunca neutro y que estructura nuestro modo de pensar, después de haberlo visto y escuchado hablar hebreo con su mujer y sus hijos me figuraba que usted se sentiría cómodo -aunque crítico, desde luego- dentro del ambiente lingüístico en el que creció. No olvidemos que el hebreo no es una lingua franca más o menos desnacionalizada como el inglés o el español, sino la lengua resucitada de los judíos israelíes. De manera que si lo educaron como judío laico, pero niega serlo ahora ¿qué es usted, un hombre aculturado?

GA: De hecho, me considero un palestino de lengua hebrea. Mi lengua es el hebreo y mi patria es Palestina. A diferencia de Israel, que es un aparato político racista y nacionalista, Palestina es un trozo de geografía. Palestina es auténtico y genuino e Israel es artificial e impuesto. Sabe, cuando siento nostalgia voy a un restaurante libanés en vez de a uno israelí que sirva falafel. Sin embargo, no tengo inconveniente en confesar que he tratado de asimilarme a más de un grupo nacional o social y déjeme decirle que no me preocupa en absoluto. Mi inglés es malo y mi acento descubre mi origen a los pocos segundos. He aprendido a aceptarlo. Nací y crecí en un lugar determinado y no puedo hacer nada por evitar que así sea. Pero creo realmente que la compasión y la empatía son cualidades humanistas universales. Para mí, liberarme de lo judío es convertirme en un ser capaz de sentir empatía. Ãse es mi objetivo y disfruto del itinerario.

MT: Dígame por qué arguye que la judeidad laica es una forma de racismo. Hay tantos millones de personas honradas de origen judío que no son religiosas en absoluto y que, sin embargo, se sienten y se consideran judías que una afirmación como ésa me sorprende. ¿Puede explicarla? Y al mismo tiempo no olvide aclarar con palabras sencillas qué es el sionismo: tenga presente que está usted dialogando con gentiles occidentales, cuyos genes culturales -los denominados memes- son cristianos y que a menudo se sienten perdidos ante nociones como el sionismo, el semitismo o sus antónimos antisionismo y antisemitismo.

GA: Vale, lo aclararé. No es el origen judío lo que hace que uno sea racista; lo que puede hacerlo es más bien la aceptación de una identidad judía laica. Como dije antes, una vez que le sustraemos el contenido religioso a lo judío sólo nos queda el concepto de sangre judía. De hecho, el sionismo es una percepción nacionalista que equipara lo judío con la raza en vez de con una fe religiosa. Como tal, el sionismo es la creencia de que Sión (Palestina) es la patria nacional del pueblo judío. Esa extraña creencia se basa en una promesa bíblica. En otras palabras, los sionistas transforman el texto espiritual (la Biblia) en un acto notarial. Pero entonces hay que preguntarse quién es el pueblo judío. Desde una perspectiva sionista, los judíos son de raza judía. De hecho, el sionismo antecede al nazismo. Los primeros sionistas hablaban de sangre judía y de eugenesia racial cuando Hitler estaba aún en pañales. El problema es que mientras que el sionismo se inició como un movimiento político esotérico marginal y fue sumamente criticado por la mayor parte de la escuela de pensamientos ideológico y religioso judíos, ahora es la voz oficial del pueblo judío. Tiendo a argumentar que muchos judíos, y esto incluye incluso a los supuestos âjudíos antisionistasâ?, de hecho no son otra cosa que criptosionistas.

En uno de mis últimos textos (www.gilad.co.uk/html%20files/3rd.html) afirmo que quienes se denominan judíos pueden dividirse en tres categorías principales: 1. Los que practican el judaísmo; 2. Los que se consideran como seres humanos de origen judío y 3. Los que sitúan su judeidad por delante de todas sus otras características. Obviamente, no tengo ninguna dificultad con las dos primeras categorías, pero la tercera es bastante problemática. La tercera incluye, por ejemplo, a un judío que vive en Estados Unidos (en vez de a un estadounidense de origen judío), a un judío que toca el saxofón (en vez de a un saxofonista de padres judíos), a un judío antisionista (en vez de un antisionista de ascendencia judía). Para el judío de la tercera categoría, la pertenencia racial es una cualidad primaria y ésa es, de hecho, la propia esencia del sionismo. Por eso, nacer judío es algo inocente, pero ser judío no lo es necesariamente. Todo depende de la categoría en la que uno se incluya. A menos de pertenecer a las dos primeras categorías, no se es necesariamente inocente.

MT: Perdone mi obstinación, pero quiero que sea usted sumamente preciso. Para mí, ese âno se es necesariamente inocenteâ? que acaba de mencionar sugiere que es posible pertenecer a la tercera categoría sin ser un racista. ¿Es eso lo que ha querido decir?

GA: Sólo porque estoy tratando de ser cortés.

MT: Insisto: ¿Está dispuesto a aceptar que esos judíos antisionistas que, según usted, son criptosionistas, es decir, sionistas ocultos, pueden ser seres humanos maravillosos, en absoluto racistas?

GA: Verá usted, todos somos âracialmente conscientesâ?, pero ser racista es algo muy distinto. Seré muy claro en este punto. Ser un judío laico y considerar que la propia judeidad constituye una cualidad primaria es una clara manifestación de una tendencia racista. Muchos de los judíos antisionistas simplemente no son conscientes de los problemas que conlleva su orientación racial. Ãsa es la razón por la que he intentado dialogar con ellos y hacerles comprender el error de su concepto racial. Les pido que olviden su orientación antisionista exclusivamente racial y se unan a un movimiento universal. De más está decir que muchos judíos lo comprenden por sí mismos. Mi argumento es que si el sionismo es algo categóricamente erróneo, la pertenencia racial o étnica de alguien es irrelevante.

MT: Si lo he entendido bien, sus flechas retóricas sólo van dirigidas contra algunos individuos judíos (más expresamente, contra algunos individuos judíos que pertenecen a la tercera categoría), no contra el pueblo judío como grupo.

GA: La respuesta es sí, yo no procedo a una crítica de grupo, porque los judíos no son ni un grupo ni un âpuebloâ?. Y, sin embargo, es muy importante mencionar que la tercera categoría no está solamente constituida por un puñado de individuos esporádicos. En términos prácticos, la tercera categoría forma una identidad muy sólida con un claro objetivo global. Asimismo afirmo que dentro de la tercera categoría es posible encontrar polaridades políticas e incluso oposiciones metafísicas. Hay en ella colonos sionistas radicales de Brooklyn así como marxistas revolucionarios judíos de Londres. No podemos criticar a los judíos como grupo porque no forman un pueblo, una continuidad racial ni tampoco una entidad étnica o cultural. Las diferencias culturales entre los judíos sefarditas y asquenazíes son manifiestas, pero la cosa llega aún más lejos. Los antropólogos nos dirán que los judíos no son una raza: de hecho, los estudios genéticos han demostrado recientemente que mientras que los judíos sefarditas y los palestinos comparten un origen canaanita común, los asquenazíes o al menos la gran mayoría de ellos no tienen nada que ver con Canaánâ¦

MT: Perdone, pero algunos lectores podrían perderse si no vuelve a los conceptos básicos y les explica la diferencia entre judíos sefarditas y judíos asquenazíes.

GA: Desde el punto de vista tradicional, los judíos sefarditas (Sefarad significa España en hebreo) son de origen oriental (Oriente Próximo, Balcanes, Arabia, etc.) Los judíos asquenazíes son en gran parte de origen europeo. Pero de nuevo la cosa se complica ligeramente, porque muchos de nosotros sabemos que los asquenazíes son de hecho kazarios. Sus antepasados se convirtieron al judaísmo en torno al siglo IX. Dicha realidad es bastante embarazosa para los sionistas, porque si esto es así, entonces para la mayor parte de los judíos asquenazíes su âpatriaâ? original es la tierra del antiguo reino de Kazar (situado en algún lugar entre el Mar Caspio y el Mar Negro). No tienen nada que ver con Palestina. De hecho, es una cuestión muy interesante. Yo tiendo a creer que todos los asquenazíes son kazarios . Hace tiempo Marcel Charbonnier me envió un ensayo académico que había traducido sobre el origen del yíddish, la lengua de los judíos centroeuropeos . Según aquel ensayo, la estructura gramatical del yíddish es similar a la del kazario . Pero la verdad es que no quiero insistir en eso, porque estoy lejos de ser a un experto.

MT: Sólo por curiosidad, es usted de origen asquenazí?

GA: Mi padre es sin duda un judío asquenazí, así que probablemente soy de origen kazario.

MT: Bueno, continúe, por favor.

GA: Pero a pesar de que los judíos no constituyen una raza, los de la tercera categoría están racialmente motivados. Yo estoy en contra de la motivación racial. Usted, que conoce bien mis escritos, sabe que soy el último en juzgar a la gente por su pertenencia racial, de hecho estoy totalmente contra dicha orientación. No hay ni una sola referencia racial en ninguno de mis escritos críticos. En la práctica, mi crítica de los judíos y de la judeidad se centra de la identidad de la tercera categoría. Como puede comprender, la mayoría del pueblo judío coquetea con la filosofía de la tercera categoría. Los sionistas obviamente se encuentran en el mismo centro de la percepción supremacista y los âjudíos antisionistasâ? sólo un poco más abajo.

MT: Me alegro de que haya clarificado esto, porque desde mi perpleja perspectiva de gentil no acabo de entender que a usted, Gilad Atzmon -un ser humano de origen judío según sus propias palabras, que confiesa su simpatía por los judíos religiosos y que aborrece el racismo- lo acusen agriamente los sionistas y algunos defensores a ultranza de Israel de ser un racista, un antisemita y un judío que se odia a sí mismo. ¿Qué sentido tiene eso? ¿No será que estamos ante una guerra de propaganda que usa la palabra racista deliberadamente amputada de su significado semántico original?

GA: Por supuesto, es algo deliberado que llevan a cabo con suma inteligencia. La identidad contemporánea judía se compone de tres elementos principales: religioso, nacionalista y racista. Los sionistas están interesados en que los tres elementos se mantengan lo más confundidos entre sí que sea posible, lo cual es un fraude intelectual. Si uno ataca su política nacionalista ellos lo acusan de ser un racista, si ataca sus tendencias racistas dicen que todo se debe a su inocente religión. Mi modelo de la tercera categoría establece una plataforma para atacar el sionismo y la judeidad como visión tribal del mundo, exclusiva y supremacista.

MT: Le haré ahora dos preguntas escuetas para cerrar este tema y situar definitivamente su posición. Por favor, conteste solamente sí o no. ¿Es usted un antisemita?

GA: No, desde luego que no. Mi tesis es que una vez que Israel se estableció explícitamente como el estado del pueblo judío a costa de los palestinos nativos, cualquier acción de guerra realizada contra los judíos puede entenderse en términos de âlucha políticaâ?. Esto no quiere decir que dicho acto sea legítimo.

MT: ¿Es usted un antisionista?

GA: Sí, claro. Pero tiendo a ampliar la definición de sionismo. Para mí, cada judío de la tercera categoría es un sionista o un criptosionista. Mi opción representa un serio desafío a la identidad judía. He leído muchas cosas escritas sobre mí, pero nunca me he encontrado con un argumento contrario que se tenga en pie. Empiezo a preguntarme si no será que no existen tales argumentos. Y si no los hay, que es lo más probable, no tendré mucho más que decir sobre el asunto. Puede que entonces me dedique a escribir sobre flores y pajaritos.

MT: Mientras investigaba sobre usted para esta entrevista me topé por casualidad con un increíble sitio web sionista que incluye lo que ellos denominan una lista de la mierda (shit list, acrónimo formado por las palabras inglesas âlista de auto-odio o amenaza contra Israelâ?, http://masada2000.org/list-A.html), que de hecho no es más que una lista negra pública de âenemigosâ?. Por supuesto, usted está incluido en ella con una larga diatriba. Muchas de las opiniones que se expresan allí son bastante ofensivas y probablemente punibles ante la ley, pero dejando de lado las implicaciones morales de estos inventarios malévolos o el peligro físico que imponen sobre las vidas de tantas personas, lo que quiero resaltar aquí es que se halla usted en compañía de varias personas a quienes los gentiles les profesamos un alto grado de respeto: Woody Allen, Noam Chomsky, Nadine Gordimer, Harold Pinter, Naomi Klein o incluso el extraordinario poeta y humanista Natan Zach. ¿Tiene algo que comentar sobre esto?

GA: Me siento muy feliz y honrado de estar en una lista como ésa. Además, pienso que la lista de la mierda es un maravilloso escaparate de las tácticas que utiliza la tercera categoría de judíos contemporáneos. Pero lo absurdo es que algunos activistas judíos de la izquierda que están incluidos en ella se dediquen a publicar listas similares de sus adversarios. Mi consejo es que se olviden de la filosofía kosher y se unan al movimiento de solidaridad palestina local y global.
Mira també:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=24333

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Comentaris

Re: Gilad Atzmon parla de sionisme
22 des 2005
MT: Me permito explicar para los lectores la palabra hebrea kosher. De hecho, kosher hace alusión a las leyes dietéticas judías y determina lo bueno y lo malo, lo que está dentro y lo que está fuera. Originalmente significa genuino, connota todo lo que se refiere a los requisitos de la ley judía para la preparación de los alimentos, pero también se utiliza como sinónimo de lo judío. Sigamos:

Louis Althusser acuñó el concepto de âAparatos Institucionales del Estadoâ?, según el cual cualquier estado, a diferencia de los pueblos en general, siempre impone y perpetúa intereses particulares de clase mediante instrumentos represivos expresamente creados a tal efecto, como son la policía, las leyes, el derecho de recurrir a la violencia o incluso matar, etc. Dígame en primer lugar si está usted de acuerdo con esta noción marxista y, si es así, aplíquela al Estado de Israel y haga algún comentario sobre dónde cree que se sitúa el centro de la política sionista.

GA: De nuevo, las cosas son ligeramente más complicadas cuando se trata de Israel y la judeidad. Estoy de acuerdo con Althusser. En la práctica, Israel es un instrumento político que está ahí para servir y apoyar la hegemonía de la elite asquenazí. Esto puede cambiar en un futuro próximo. Una vez que los judíos sefarditas comprendan que la filosofía expansionista asquenazí rompió sus lazos históricos con sus vecinos árabes, Israel podrá convertirse en Palestina.

Veamos ahora la otra parte de su pregunta. Ignoro dónde se encuentra el centro de la política sionista. ¿Está en el gabinete de Sharon? ¿Está en Wall Street? ¿Es todo el entramado neoconservador otra práctica pragmática sionista global? Pero creo que eso no es lo importante. Prefiero imaginar el sionismo como una âred de operacionesâ? en la que cada miembro, y sólo él, es totalmente consciente de su función. Si esto es así, entonces habría que considerar que Israel y el sionismo son un aparato colonialista particular dentro de un movimiento global mucho mayor.

MT: Ahora que ha mencionado la globalización, dígame qué opina sobre los estrechos lazos, casi conyugales, del Estado de Israel con el programa imperial de Estados Unidos y no se olvide de analizar desde su propia perspectiva el papel que juega en tales lazos la izquierda institucional israelí.

GA: Al principio Israel debía servir los intereses globalizados estadounidenses e ingleses. Obviamente, esto ya no es así. Estados Unidos ahora lucha (con poco éxito) contra los últimos bastiones de resistencia árabe (al colonialismo sionista). En cuanto al papel de la izquierda israelí dentro de este canallesco asunto global sugiero que seamos bastante cuidadosos. Tradicionalmente, la izquierda israelí se asoció con el Partido Demócrata estadounidense. En los años ochenta el Likud creó un lazo muy fuerte con los republicanos radicales de derecha. Esta asociación es ahora tan sólida que los soldados yanquis están dispuestos a morir por intereses estratégicos israelíes (por ejemplo, la invasión de Irak). Pero si insiste usted en hablar de izquierda institucional israelí tendré que asegurarle que, de hecho, la izquierda israelí no es más que una entidad verbal. No hay nada debajo. La razón es muy sencilla. Si Israel es el Estado del pueblo judío, entonces cualquier pensamiento de izquierda dentro de un entorno político nacionalista de ese pelaje debe entenderse como ânacionalsocialismo judíoâ? (estoy seguro de que le suena a algo). Dicho lo cual, hay unos pocos izquierdistas en Palestina de origen judío. Todo el mundo sabe que nunca se definirían a sí mismos como israelíes o sionistas de izquierda, sino más bien como âpalestinos de lengua hebreaâ?, âpalestinos judíosâ? o algo por el estilo.

MT: A usted lo han acusado de muchas cosas en la red, pero quizás los dos cargos más serios son la negación del Holocausto y la incitación a la quema de sinagogas, ambas cosas punibles por la ley. ¿Tiene algo que replicar?

GA: Creo que usted mismo lo ha dicho. A pesar de que esas acusaciones son punibles por la ley, nunca he pasado por una comisaría... Obviamente, se trata de acusaciones hueras que están allí para servir una causa política específica, principalmente dentro de la comunidad de la tercera categoría. En caso de que le interese, le daré una dirección de internet en la que hay una lista parcial de las mentiras que se han dicho sobre mí, seguida de mis respuestas: www.gilad.co.uk/html%20files/1001lies.html.

Pero está usted en su derecho de exigirme que sea más específico. Mientras que la acusación de incitaciones a la quema de sinagogas es una mentira indignante, mi posición sobre el Holocausto es más complicada. Yo no niego el Holocausto o el judeocidio nazi. Ãnicamente insisto en que tanto el Holocausto como la Segunda Guerra Mundial deberían tratarse como un acontecimiento histórico más que como un mito religioso. La historia de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto está llena de discrepancias y contradicciones. Hay preguntas importantes que todavía están por contestar. ¿Por qué los estadounidenses no bombardearon Auschwitz? ¿Por qué esperaron hasta junio de 1944 antes de desembarcar en las playas de Normandía? ¿No fue sólo porque Stalin avanzaba en la Europa central? ¿Por qué los aliados bombardearon ciudades alemanas en vez de instalaciones logísticas y objetivos militares? ¿No sería porque no deseaban impedir que el ejército de Hitler se enfrentara a Stalin? ¿Por qué los estadounidenses lanzaron bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki? ¿No fue porque los rojos acababan de declarar la guerra contra Japón y hubieran podido interferir con la política que tenían prevista en el Pacífico? Está claro que un escrutinio histórico de la Segunda Guerra Mundial revelaría el hecho de que desde la perspectiva angloestadounidense, Stalin era el auténtico enemigo en vez de Hitler. El discurso del Holocausto está ahí para ocultar esta interpretación bastante convincente.

La pregunta fundamental que hay que plantearse es por qué a nadie se le permite tratar ese capítulo histórico aplicando métodos académicos. La respuesta es muy sencilla. Hoy en día la mayor parte de los judíos, los estadounidenses y los ingleses consideran el Holocausto como la nueva religión occidental.

MT: ¿Quiere decir como un dogma, un principio considerado indiscutible?

GA: Sí, pero el Holocausto es más que sólo un simple dogma religioso. Lo que convierte a cualquier religión en artículo de fe es la aceptación de un relato no realista. La fe es el resultado de una aceptación ciega de lo sobrenatural. La fuerza de la religión del Holocausto se debe a su carácter no realista. El discurso del Holocausto está estructurado como una pesadilla: es la metamorfosis de un hombre que se convierte en una máquina de matar. Dicho lo cual, si aceptamos que el Holocausto es la nueva religión liberal angloestadounidense también deberíamos permitir que la gente no creyese en ella. Pero de algún modo somos mucho menos comprensivos con los que no creen en la religión del Holocausto. Esa falta de fe ha entrado incluso en el Código Penal de algunos países, lo cual es un hecho que refuerza la profunda intención política de este dogma artificialmente sacralizado desde arriba: el hecho de no creer en el Holocausto es hoy un delito punible por la ley.

MT: Sabe, la criminalización de la ausencia de fe me resulta familiar. La Iglesia católica está llena de dogmas curiosos, como el de la Santísima Trinidad o el de la virginidad de María a pesar de su maternidad y hace unos pocos siglos a uno lo podían quemar en la hoguera por no creer en ellos.

GA: Sí. Cuanto más fantástico es el relato más profunda es la fe. El valor de verdad del acontecimiento pierde su relevancia, ya que a nadie le importa en absoluto si María era virgen o si el episodio bíblico de Moisés y el arbusto ardiente son hechos históricos reales. Creer es aceptar ciegamente. Y, sin embargo, la religión siempre tiene un propósito: la religión del Holocausto está ahí como núcleo del discurso democrático liberal. Su función es mantener el vínculo entre el colonialismo sionista y el expansionismo occidental. En otras palabras, la validez del Holocausto como acontecimiento histórico pierde su importancia. Aquí es exactamente donde yo interfiero. No soy historiador y no voy a discutir la cuestión histórica de si hubo 6 millones o 2,5 millones de víctimas judías. Para mí esa cuestión aritmética es poco pertinente, por no decir estúpida, porque el asesinato es siempre asesinato, tanto si se mata a una persona como a muchas. En cambio yo mantendría que incluso si se hubieran asesinado âsóloâ? unos miles de judíos o gitanos debido a su origen étnico o a su sangre impura, el hecho es lo bastante trágico como para establecer un capítulo histórico traumático principal. La cuestión sigue en pie: ¿qué es lo que transforma un discurso histórico en una religión?

Se me ocurre una respuesta: los palestinos, por ejemplo, son las últimas víctimas de Hitler. El hecho de que estén viviendo en campamentos de refugiados desde hace casi seis décadas es el resultado directo del judeocidio nazi, porque el sionismo estableció el Estado de Israel en su territorio como consecuencia del Holocausto. Por eso, yo diría que la historia de la Segunda Guerra Mundial les pertenece a los palestinos tanto como a los judíos o a los demás. Pero aquí es exactamente donde empieza el problema. Una vez que el Holocausto se convierte en una religión deja de ser un capítulo histórico. Los judíos son las víctimas supremas y los palestinos son sólo víctimas de segunda categoría, es decir, âvíctimas de las víctimasâ?. Una vez que el Holocausto se convierte en una religión, a nadie se le permite hurgar en lo que hay debajo. Tiendo a creer que el discurso oficial del Holocausto es en realidad una creación de los angloestadounidenses victoriosos. Y está ahí para servir a su auténtico propósito. Estoy de acuerdo con muchos historiadores en que la industria ritual de las víctimas judías empezó a partir de 1967 y que los amos decidieron que el Holocausto debe estar al servicio del colonialismo occidental.

MT: ¿Y qué me dice de Hitler?

GA: En ningún caso significa esto que Hitler era inocente. Hitler era sin duda un asesino despiadado, pero no fue el único. Yo atribuyo una parte importante de la culpa a los estadounidenses. Los mismos que arrasaron Dresde y Hamburgo liquidaron a los habitantes de Hiroshima y Nagasaki. No sorprende en absoluto que sean los mismos que dejaron dos millones de muertos en Vietnam y que devastan América Latina desde hace seis décadas. Y tampoco que quienes ayudaron a los israelíes a encerrar a 1,3 millones de palestinos en la franja de Gaza sean los mismos que ahora destruyen Bagdad, Faluya, Mosul y Tikrit. Y, por si fuera poco, han sido los mismos que hace sólo unas semanas no se precipitaron para ayudar a los negros pobres de Nueva Orleans. Estados Unidos es sin duda una mala noticia. Francamente, ya ni siquiera es noticia. Por decirlo en pocas palabras, si aspiramos a un mundo mejor tendremos que reescribir la historia del siglo XX. Más vale que exijamos que se detenga esta matanza en nombre de la âlibertadâ? y la âdemocraciaâ?. Es nuestro deber examinar nuestra propia historia y ponernos a la tarea de revisarla. Es nuestro deber asegurarnos de que el replanteamiento histórico (revisionismo) encuentre su camino en el centro de nuestro discurso de izquierda. Yo afirmo que la historia oficial de la Segunda Guerra Mundial está ahí para ocultar algunos crímenes capitales a una escala asombrosa. Hitler fue derrotado hace sesenta años. Estados Unidos ganó aquella guerra sangrienta, pero desde entonces no ha dejado de lanzar bombas sobre civiles inocentes. Para liberarnos debemos reorganizar el siglo XX y cuanto más pronto lo hagamos, mejor. Y si el Holocausto es ahora oficialmente un acontecimiento ex histórico, si es una mera religión, entonces insisto en que se permita tratarlo teológicamente. De hecho, eso es lo que yo hago.

MT: ¿Cuál es su plan ideal para una justa resolución de ese al parecer interminable conflicto israelopalestino?

GA: Sólo es posible una salida, a saber, âun estado únicoâ?. Como usted probablemente sepa ya, no creo en una solución pacífica, es decir, la paz entre Israel y los palestinos. Esa salida no resuelve la causa palestina, es decir, âel derecho a regresar a su tierraâ?, pero en realidad es mucho más profunda. La noción de paz es totalmente extraña a la psique hebraica. Sharon ha dicho últimamente que Israel quiere la paz (shalom), pero insiste en âdeterminar sus términos y condicionesâ?. Está claro que para Sharon la paz es una decisión pragmática, producto de una reflexión más que de una conformidad con el concepto de compasión y reconciliación. La declaración de Sharon revela un importante choque cultural judeocristiano. Básicamente, la diferencia entre los judíos y los cristianos podría resumirse en una frase: los cristianos son judíos que aman a su prójimo. La pregunta que hay que hacerse es si eso es cierto. Pero una cosa está clara, el pensamiento occidental valora la compasión y el amor al Otro, y ésta es la razón por la que los judíos no han podido nunca integrarse de manera masiva en el ambiente cultural occidental. La judeidad es una celebración de la negación. Los judíos (sobre todo los asquenazíes) siempre se han encerrado a sí mismos entre los muros de un gueto. Por eso no sorprende que ahora apliquen la misma táctica del muro en Israel. Esta clase de identidad aislacionista nunca puede apoyar la auténtica paz.

Incluso dentro de los círculos políticos de la clase obrera, los judíos organizaron células separatistas (como el Bund en el interior de los soviets y otras organizaciones izquierdistas exclusivamente judías). Eso hace que una solución pacífica sea inconcebible. Por lo tanto, para alcanzar cualquier forma de reconciliación entre los dos pueblos, primero hay que derrotar a la identidad hebrea y esa derrota se logrará principalmente desde el interior de ésta. Tenemos que ayudar a los israelíes a des-sionizarse. Eventualmente, una vez logrado esto deberemos asegurarnos de no olvidar des-sionizarnos nosotros mismos... y me refiero aquí principalmente a la Gran Bretaña de Blair y a Estados Unidos. Yo diría que la des-sionización de Palestina es un elemento clave en el proceso de nuestra liberación global.

MT: La identidad aislacionista que acaba de describir me ha recordado el muro que han construido, pero la excusa oficial para éste que es que deben defenderse del terrorismo.

GA: El hecho de llamar terrorismo a un acto de âlucha por la libertadâ? es sintomático del nuevo discurso occidental sionificado. Obviamente esto se aplica a Israel, pero también a los estadounidenses y a los británicos. Está claro que los iraquíes tienen derecho a enfrentarse a las fuerzas extranjeras invasoras, de la misma forma que los palestinos tienen el deber moral de luchar por la liberación de su territorio.

MT: Ahora que ha mencionado la lucha por la liberación ¿qué opina de la ética que subyace a la creación de Israel en 1948 por parte de las Naciones Unidas en un territorio ya habitado por los palestinos? ¿Y de la posterior expulsión de aproximadamente 750 000 de éstos?

GA: La creación de Israel y la expulsión de los palestinos de su territorio suscitan una nueva pregunta. ¿Cómo pudieron los judíos cometer una atrocidad de tal calibre sólo tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial? Se trata de una pregunta muy pertinente y siento decir que nadie hasta ahora la ha respondido con claridad. Se me ocurren dos posibilidades para la respuesta: 1) Los hombres o las mujeres hebraicos están lejos de ser seres humanos capaces de sentir empatía. Para ellos el dolor de los demás carece de significado. Esto podría ser el resultado del código supremacista judaico. También podría explicar el hecho de que tras sesenta años de opresión israelí no haya habido ni una sola voz sionista que se haya alzado para expresar cualquier forma de arrepentimiento por ese pecado original mencionado antes. 2) Los hombres y las mujeres hebraicos de 1948 estaban lejos de ser judíos traumatizados. En otras palabras, para ellos el Holocausto no era todavía un acontecimiento principal. Tal como en la actualidad nos enseñan Segev y Finkelstein, se necesitaron muchos años para que los judíos interiorizaran y le dieran forma al discurso colectivo del Holocausto, por no mencionar el trauma. Al parecer, el sabra de 1948 (es decir, el israelí que había nacido allí) despreciaba al judío de la diáspora. Los palestinos ayudaron al sabra a redimirse de la humillación que le había impuesto la imagen débil y desesperada del judío indefenso de la diáspora. Este modelo psicológico es fundamental para entender la política israelí. El hecho de matar árabes siempre une a los israelíes en torno a sus líderes.

MT: Durante los últimos años los medios convencionales de comunicación de España han publicitado la experiencia de Barenboim-Said, a la que califican de instrumento musical para la paz: la West Eastern Divan Orchestra, integrada por jóvenes músicos israelíes y palestinos, cuya sede está en Sevilla. A pesar de que no me opongo de ninguna manera a lo que pueda traer armonía social en cualquier lugar, no deja de sorprenderme que mientras Barenboim dirige a sus pupilos en auditorios europeos ante públicos extasiados, en la franja de Gaza o en Tel Aviv las bombas siguen explotando. De algún modo esta impotencia me recuerda la vieja pertinacia de la Iglesia católica, que envía misioneros a hacer caridad (lo cual es hoy digno de elogio, pues éstos llevan a cabo un magnífico trabajo humanitario que de otro modo nadie haría), pero no se enfrenta al auténtico problema, la injusticia política y económica del mundo y, mucho menos, a los causantes de dicha injusticia. ¿No le parece que tales actitudes dirigen ingenuamente la atención hacia lo anecdótico y mantienen el statu quo? ¿Qué opina del trabajo de Barenboim como âmisioneroâ? de la paz desde dentro del sionismo?

GA: Estoy de acuerdo con usted hasta cierto punto y, por si fuera poco, con frecuencia critico a Barenboim por ser sionista y por propagar el mensaje del sionismo. Y, sin embargo, creo que Barenboim está haciendo un gran trabajo. En primer lugar, cruza la línea divisoria. En segundo, les da a los músicos jóvenes de la región la oportunidad de trabajar con un genio absoluto de la música (el propio Barenboim). Pero lo más importante es que se las arregla para irritar a los israelíes y pone al descubierto su actitud reaccionaria. Sólo tiene que pensar en Barenboim convertido en persona non grata por haber interpretado a Wagner en Jerusalén. ¿No es maravilloso? Creo que Barenboim ilumina los rincones más patéticos de la psique judía. Por eso mantengo que si tenemos en cuenta los diferentes aspectos de la actividad de Barenboim, su contribución al movimiento de solidaridad con Palestina es más que positiva.

Pero si he de responder a su pregunta, está claro que Barenboim no puede evitar que los israelíes lancen bombas. Ser israelí es adentrarse en una negación homicida, pues para los israelíes y, en cierto modo, para el judío postalmúdico, ser es odiar. El día que los israelíes dejen de lanzar bombas y de odiar al mundo dejarán de ser israelíes para convertirse en âpalestinos de lengua hebreaâ?. Le aseguro que eso pasará, es un cambio demográfico inevitable. Quienes apoyamos a Palestina sólo tenemos un deber, que es ayudar a los palestinos a sobrevivir durante los próximos veinte años. Debemos detener la limpieza étnica que está ampliamente en marcha. Debemos llevar la esperanza a las calles palestinas. Nuestro deber es desenmascarar a los israelíes y sus planes sionistas. También podemos presionar a los políticos y a la sociedad de Israel. Eso es lo que está haciendo Barenboim. Ese hombre ofrece esperanza a través de la belleza, porque la belleza es su arma y creo que la utiliza a la perfección.

No es fácil ser judío y ayudar a los palestinos, porque uno cae de inmediato en la trampa sionista, se convierte en un buen judío. Cuando uno es judío está siempre atrapado en una doble moral, siempre sale ganador. Sabe usted, ser judío es muy complejo: si uno se pone a favor de los derechos de los palestinos lo que hace es probar que los judíos son âgrandes humanistasâ?. Si se pone en contra de los palestinos no es por maldad, sino porque uno es una âvíctima desesperada de dos mil años de persecución sin fin y lo único que quiere es vivir en paz de una (jodida) vez en su (jodida) patriaâ?. Como ve, si uno acepta el estandarte judío lo que hace es permitir que gane el sionismo. Haga uno lo que haga es siempre a favor del sionismo, como ángel o como víctima. No le quepa la menor duda de que recibo gran cantidad de metralla por poner al descubierto esa complejidad. Ãsa es la razón por la que he abandonado por completo la identidad judía. Soy un ex judío. Mi bondad o mi maldad no tienen nada que ver con ningún grupo, sino conmigo mismo (yo, mí, mío). Pero no puedo exigirle a nadie que haga como yo. Sólo puedo sugerir, a Barenboim y a otros, que esta vía puede ser interesante.
Re: Gilad Atzmon parla de sionisme
22 des 2005
.....Continua al link
Re: Gilad Atzmon parla de sionisme
22 des 2005
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=24333
Re: Gilad Atzmon parla de sionisme
23 des 2005
Recomane la seua pagina web i la seua música.
Enhorabona per una entrevista tan bona !
Sindicat