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Notícies :: pobles i cultures vs poder i estats
Relats des de Palestina 1
02 des 2005
Primera entrega de les cròniques i relats que estem rebent des de Palestina, escrits per l'Ana, una Biscaína que esta col.laborant amb l'ISM (http://www.palsolidarity.org) als territoris ocupats per Israel (Cisjordània)
Palestina I

En fin, hoy me he levantado prontísimo, a las 8 estaba ya esperando a los tardones, y nos hemos venido a Ramallah, donde vivía Arafat, y donde está el centro de medios de ISM, y donde hacemos el training, las clases de como lidiar con los soldados, etc., que es un poco bastante igual a lo que hicimos en Londres, solo que aquí algo más inmediato porque mañana o pasado salimos ya al campo.

Por primera vez he visto el Muro y es realmente horrible. Por donde nos ha traído el taxi, que era como el del aeropuerto, de los que no salen si no están llenos, no era muy alto, probablemente 'solo' 5 o 6 metros. Lo peor
es la sensación de destrucción a su alrededor. Me explico: salimos de Jerusalén y en una media hora empezamos a ver este muro gris, y parece que la carretera bordea el muro, o viceversa, porque seguimos viendolo durante unos quince minutos. Al cabo de ese tiempo la carretera se separa del muro y a nuestra izquierda veo una especie de control policial donde se para a los coches un ratito y luego se les deja pasar. Dentro de un rato se me explicará que la gente con 'pase' israelí puede pasar el control sin problema, pero la gente sin ese pase (que nos incluye a nosotros) no
podemos pasar por este control en coche. Así que el taxi nos para, casi inmediatamente después de este control que veo en dirección contraria. Se nos dice que está es la última parada. Cogemos nuestros bártulos y vamos andando junto a unas verjas.

Hay soldados por todas partes chequeando a todo el mundo; observo a mi alrededor y mi vista se para en un soldado que está empujando a un chico que parece palestino, contra la verja. Le golpea varias veces y luego le
deja en paz. El chico no parece herido y sigo caminando; de hecho no parece que nadie se haya percatado del pequeño suceso.

Ya en Ramallha hacemos el training y no pasa mucho más. Mañana nos dirán donde somos necesarios. Yo quiero ir a recoger aceitunas, que me han dicho que es muy bonito entre otras cosas porque vivimos en casas con familias y
nos tratan como a reyes y reinas (hehehehe) y las palestinas cocinan super bien y les encanta ver a sus huéspedes comer. Así que imagino que iré a algún sitio rural, o a Belén.

Y esto es todo, ha sido todo el día de trabajo intelectual intenso, tomar notas... estoy bastante cansada pero estoy muy animada y esto va tomando forma.

Por cierto ya he visto el muro; fotos de mis viajes espero poner aquí, ana.aktivix.org, ordenados según días pero tengo que organizar algo mejor las fotos...

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Comentaris

Relasts des de Palestina 2
02 des 2005
Palestina II

Del taller de praparación de ayer, lo que realmente merece la pena destacar aquí es el sistema legal. Hay tres sistemas legales, completamente separados; el civil, el militar y el del Ministerio del Interior. El civil es para los israelíes, el militar es para los palestinos y el último para los internacionales, creado éste relativamente recientemente. No se creó pensando en nosotros, sino en los trabajadores ilegales que venían de países vecinos. Esta es otra historia también interesante. Cuando comenzó la ocupación a los
palestinos se les dieron unos documentos que acreditaban que tenían permiso para trabajar en Israel, es decir en territorios no ocupados sino legítimamente (de acuerdo a lo establecido por la comunidad internacional) tierras israelíes. O sea que según la nueva situación a
los palestinos se les concedía este permiso para seguir trabajando donde lo habían hecho siempre. En cierto momento, todos estos permisos se revocaron. Miles de palestinos sin trabajo. En el año 2008 se prevé que todos los permisos de los habitantes de Gaza se rescindan también.

Para sustituirlos, se permitía la entrada de trabajadores de países vecinos, a los que se les pagaba una miseria en comparación con lo que estaban recibiendo los trabajadores palestinos, con lo que les merecía la pena empezar a cobrar 'bajo cuerda' y convertirse así en trabajadores ilegales. Así que este sistema con el Ministerio del Interior, se creó para tramitar deportaciones, etc., y es el sistema que se nos aplica a los internacionales aunque se puede recurrir al sistema civil (tribunal supremo creo que es), aunque en realidad si lo que se ha decretado es una deportación no recurres la deportación en sí, sino solo los términos â tengo que comprobar esto. Los palestinos juzgados en el sistema militar también podrían recurrir en el sistema civil pero entendí que es solo un trámite formal, aparte de que a juez solo llegan judíos zionistas (que creen que todo judío tiene derecho a retornar a Israel y ser dueño y señor del lugar â los derechos de la población ya existente en Israel no son tomados en cuenta por el zionismo). En el sistema civil, para israelíes, se ha de demostrar que el acusado es culpable para encarcelarlo. El acusado solo puede estar detenido 24 horas máximo antes de ponerlo ante un juez, aunque se puede pedir al juez que lo extienda, hasta un máximo de 8 días, creo. En el sistema militar, es la defensa la que tiene que demostrar que el acusado es inocente para que no sea encarcelado, pero no tiene derecho a saber de qué se le acusa. Un palestino puede ser interrogado sin abogado presente y sin cargos unos 20 días, y una vez de pedir permiso al juez para extenderlo (los jueces son militares también y este permiso es muy raro que no se conceda) no hay límite de tiempo para interrogarlos.

También es interesante saber que en territorios ocupados hay una policía palestina, que no tiene ningún poder real, y en territorios no ocupados hay policía israelí, que no se la ve en los ocupados. Así que quien realmente tiene algún poder es el ejército. Este ejército tiene como misión defender al israelí que vive en territorio ocupado, a los que les llama colonos. Esto se traduce en lo siguiente: si un palestino tira piedras a colonos, el soldado tiene el deber de defender a los colonos, por lo que tiene potestad para detener al palestino. Si son los colonos los que tiran piedras, su deber es aún defender a los colonos, no tiene
potestad para detener a un colono aunque quiera (tampoco a un internacional). Como mucho, puede retenerle y llamar a la policía para que le detenga. Lo que suele pasar es que los colonos dirán que el palestino les atacó antes y que solo se defendían Por supuesto el juez les cree a los colonos.

Al acabar el 'training' nos dicen que hace falta gente en Beilin. En esa ciudad hay una manifestación todos los viernes en protesta contra el muro, que ha sido condenado por la âcomunidad internacionalâ?. Sin embargo las manifestaciones contra él, cuando se hacen desde dentro, se consideran ilegales, o al menos no aceptables. Estas manifestaciones suelen ser atacadas por los colonos, por lo que normalmente se requiere la presencia de internacionales para que los ataques no sean tan virulentos. Se nos dice que los colonos tienen la costumbre de rompernos las cámaras y que si nos quejamos dirán que les hemos atacado primero, así que el consejo es no acercarse a ellos, evitar que se acerquen a nuestras cámaras, tener cuidado al filmar. Lo que han estado haciendo los militares también ha sido detener a manifestantes, normalmente chicos muy jóvenes, algunos niños. Pero la presencia internacional hace que sea más fácil probar lo injusto de las detenciones y el sistema.

Ahora nos enteramos que han mandado cierta carta donde dicen que permitirán la manifestación siempre que no se tiren piedras (no recuerdo si hay alguna condición más). La respuesta al parecer ha sido que nunca se ha pedido permiso para hacer la manifestación Lo que ha estado
pasando últimamente al parecer, es que el ejército ha hecho incursiones por la noche, forzando su entrada en las casas y deteniendo sobre todo niños, sacándolos de sus camas. La función de los internacionales es salir, filmar y fotografiar estas acciones e intentar que las detenciones al menos no sean demasiado violentas.

Así que allí nos vamos, los cuatro que hemos recibido este training, a pasar la noche y unirnos a activistas israelíes que también entienden la locura de la ocupación como tal. Nos cuentan lo que está pasando, decidimos quién haría qué en caso de tener que salir (unos filman, otros se encargan del tema legal...) y nos vamos a dormir, esperando no ser necesarios después de todo. Efectivamente, no lo somos. Muy probablemente, creo yo, se habrá corrido el rumor de que esta noche también habrá internacionales y lo habrán dejado para otro día.

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Relats des de Palestina 3
02 des 2005
Palestina III - Nablus

Nos levantamos pronto y, después de hacer el macuto rápidamente, vamos a una ciudad donde se necesita ayuda para recoger aceitunas. Hacer el macuto a prisa es muy, muy mala idea. Se olvidan cosas importantes.

No es que se necesite mano de obra barata para cosechar; es que aquellos que tienen tierras cerca de asentamientos colonos israelíes reciben un serio acoso por parte de los colonos. Varios campesinos han sido apaleados y también se les han robado cosechas una vez recogidas, hasta
los burros que usan para transportar las aceitunas al final de un día de trabajo.

Nos reunimos con algunos internacionales más allí y nos llevan por un 'tour' al campo de refugiados donde vamos a hospedarnos, cerca de la ciudad. Los niños nos paran diciendo âholaâ? en inglés, o âcomo te llamas?â? probablemente sin saber exactamente lo que están diciendo; los hombres viejos sonríen o simplemente nos miran y algunos niños más mayores nos gritan âbienvenidos!â?. Veremos estas reacciones, especialmente de los niños, cada vez que salgamos a la calle en este sitio.

De hecho hay varios, puede que diez, campos de refugiados alrededor de esta ciudad. Alojan a algunos de los desplazados de los años 40 y 70, gente palestina que habían estado viviendo aquí durante un buen puñado de generaciones y que fueron desalojados masivamente de todo Israel para hacer sitio para los judíos que volvían de la diáspora. Empezaron teniendo que vivir en grandes tiendas de campaña y ahora viven en casas demasiado pequeñas para estas grandes familias. Es alucinante cómo en estas terribles circunstancias la gente ha seguido teniendo hijos, y además tantos por familia. Las escuelas y los hospitales los lleva una agencia de las Naciones Unidas pero hasta ahí es donde llega la intervención de las Naciones Unidas.

El campo entero, que se parece a cualquier pueblito pequeño, está lleno de pinturas y fotos de 'mártires', hombres y niños que han sido matados por soldados o muertos en cárceles. Rara es la familia que no tiene un
miembro en la cárcel o bien matado por el ejército.

En la mitad del 'tour', el 'guía' recibe una llamada de teléfono diciendo que hay movimientos militares en las montañas del norte. Parece que hay dos hombres heridos y uno desaparecido. Necesitan que sean internacionales quienes busquen a estos hombres en las montañas porque si van palestinos solos a las montañas a buscar, los soldados simplemente les dispararán. Saben esto por experiencia y la excusa que la armada ha dado en el pasado es que pensaban que eran terroristas, porque por supuesto solo podrían ser terroristas cualquiera que subiese por una montaña después de ponerse el sol.

Cogemos todos taxis para ir a la zona montañosa donde se han producido los movimientos. Los taxis no pueden avanzar demasiado deprisa porque las calles están bastante abarrotadas, sobre todo con hombres jóvenes. Algunos de estos miran dentro de los taxis y ven que hay extranjeros
dentro. Los que saben inglés nos dicen âbienvenidosâ?, y otros simplemente nos saludan. Da la impresión de que saben para qué estamos aquí, y el agradecimiento se siente en el aire. Una vez allí, se nos comunica que los dos hombres heridos están ya en el hospital y que el desaparecido podría estar herido.

Nos bajamos de los taxis y encontramos el lugar en silencio, sin movimientos, sin vehículos, no parece que hubiese nadie por la zona. Continuamos subiendo por un atajo, siempre subiendo, subiendo, y continuamente llamamos el nombre del hombre, âMohamed!â? y âInternacionales!â? o âMédicos internacionales!â?. Decidimos que no es buena idea usar luces que podrían atraer la atención de soldados, porque no estamos seguros de que no vaya a haber soldados aún escondidos por la zona. Ya es de noche pero la luna nos ilumina el camino y no necesitamos linternas.

Llegamos a la carretera y algo más allá nos encontramos con la carretera cortada por una barrera hecha de rocas; el ejército corta carreteras de esta forma para âhacer el movimiento más difícil para los terroristasâ?. En realidad el movimiento es hecho más difícil para el resto de la gente, desde quienes van a sus trabajos (quienes tienen la suerte de mantener uno) hasta los servicios de emergencias, como ambulancias.

Decidimos separarnos en dos grupos; uno seguirá subiendo por el camino y el otro bajará por la ladera, por donde hay vegetación donde podría estar el hombre escondido. Yo me voy con el grupo que sigue hacia arriba y al cabo de unos minutos, se nos une un hombre. Es el tío del hombre â en realidad el hombre es un chico de 14 años. Se une a la búsqueda y después de doblar un recodo y subir unos cien metros más, uno del grupo ve a alguien, tumbado sobre unas piedras. Algunos hombres, incluido el
tío, identifican al chico y gritan y lloran. Alguien dice âmiradle el pulsoâ? pero alguien replica âestá bien muertoâ?. Al levantarle, su cabeza cuelga y sangra en abundancia. Uno le lleva a hombros y otro llama al otro grupo; las ambulancias están ya esperando abajo en el punto donde
no pueden avanzar más por culpa de la barrera formada con piedras.

Los médicos se llevan el cuerpo del chico y a nosotros nos dicen que nos quedemos en esta parte de la barrera de piedras. Una mujer occidental que ahora vive en Palestina nos dice que, si vamos con el tío â ahora está con más miembros de la familia â y nos ven ligeramente afectadas,
se olvidarán de su propio duelo, y nos servirán hasta que nos vean satisfechas, con té y comida, tan grande es su sentido de la hospitalidad, y sin importar lo afectadas que estén ellas. Así que nos quedamos en la otra parte de la pared de rocas hasta que la familia se mete en una de las ambulancias y se va al hospital.

Algunos de nosotros entonces volvemos a la montaña porque se nos dice que podría haber otro hombre escondido en la zona, puede que herido. Después de unos quince minutos se nos dice que efectivamente, está
herido y ya en el hospital. Damos la búsqueda por finalizada y volvemos a casa.

No sé cuántas más noches voy a dormir habiendo repasado todas estas imágenes como los últimos pensamientos del día. La secuencia de acontecimientos se repite en mi cerebro. Las imágenes que tengo son muy claras, considerando que era de noche; podría incluso recordar las caras de la gente. Pero luego, desde el momento en que vi el cuerpo, estas imágenes son en blanco y negro en mi cerebro. Y entonces recuerdo a un palestino diciendo algo así como âbien, lo que ha pasado es terrible, pero así es nuestro día a día, él está ahora en paz, y está bien,
desafortunadamente no es el primero, es el ... ciento y pico...â? y otro corrigiéndole âmucho más que esoâ?.

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Relats des de Palestina 4
02 des 2005
Palestina IV - Nablus

Hoy volvemos al mismo sitio de ayer. Esta familia vive del producto de sus árboles solamente, no tienen otra fuente de ingresos. Les preguntamos por el precio del aceite. El año pasado el precio pagado al campesino fue de 10 NIS (Nuevo Shekel Israelí) el kilo, unos 2.2⬠o 2.22 dólares estadounidenses. Imagino que, como todos los productores de materias primas, especialmente alimenticias, están a merced de lo que fluctúen los mercados internacionales. A Israel pueden vender bastante poco, nos dirá otra persona local a la tarde, porque Israel está bloqueando la entrada de productos palestinos en Israel; es otra forma también de ahogarles. Y además está la situación política. Algunos
internacionales piensan que Arafat no hizo una buena política en esta materia; por ejemplo se importó aceite de Jordania cuando los campesinos aquí estaban pasando por esta mala situación. Este año el precio es de más de 20 shekels el kilo, al menos merece la pena producirlo.

La verdad es que en todo el día hablamos muy poco con ellos, por la barrera del idioma. Aprendemos una o dos palabras durante las comidas pero el gran bulto de la conversación se hace en inglés entre los internacionales. Algunos hombres saben algo de inglés; por lo general las mujeres no parece que sepan, pero sospecho que saben pero no hablan con nosotros. Al parecer lo correcto cuando se habla con una pareja es hablar con el hombre solo. En cualquier caso, es bastante frustrante intentar hablar con las mujeres o los niños y no poder. Por otra parte, empiezo a notar algo de cansancio y seguir una conversación en inglés supone un esfuerzo adicional, así que durante esta parte del día me sumerjo en mis pensamientos e intento pasarla sentada echando aceitunas al cubo.

No tenemos ningún problema con soldados o colonos en todo el día y hacia las cuatro nos volvemos a 'la base'. Coincidimos todos en que esto de recoger aceitunas es como un oasis de paz en el desierto de la guerra, al menos a nuestros ojos, porque allá en el monte se siente un ambiente muy pacífico, mucha paz, mientras que la realidad de la situación es opresión y guerra contra el oprimido, que siendo casi callada y de baja intensidad, creo que es más cruel.

Al volver al campo de refugiados donde nos hospedamos, que en realidad más parece un barrio pobre de cualquier ciudad, la gente ya empieza a reconocernos y nosotros empezamos a reconocer a algunos de los niños que nos gritan y nos siguen, diciendo âhello!â?, y âwhat's your name!â?. A veces nos dicen âshalomâ?, que es el saludo en hebreo, porque el judío es el único extranjero que han visto nunca estos niños, o que reconocen, y por tanto asumen que todo extranjero es judío.

En el internet café de donde mando estos relatillos, los ordenadores están en árabe. Intento seguir los menús que sé dónde están de memoria pero hasta para decir 'ok' en cualquier opción tengo que pedir ayuda al que lo atiende. Además como en árabe se escribe de derecha a izquierda,
las teclas de dirección están como cambiadas, es decir, si le das a la flecha de la derecha el cursor se va hacia la izquierda, y viceversa.

Otros internacionales me dicen además que los teclados no les funcionan: en uno es la barra espaciadora, en otro la n, la l, la a y la u, total que esto es un desastre y nos vamos bastante frustrados. Al salir el encargado nos pregunta lo que hacemos aquí y al explicárselo, nos hace un precio especial, en solidaridad.

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Relats des de Palestina 5
02 des 2005
Modificat: 02:44:03
Palestina V - Nablus

Hoy vamos a otro sitio a recoger aceitunas. Se nos unen en el taxi unos periodistas. Dos de ellos resulta que son médicos, y uno de estos últimos habla árabe. Al llegar a una aldea se sube un palestino al taxi y le da instrucciones al taxista. El taxi arranca, da una vuelta a la aldea, y luego para y nos pide que nos bajemos. Nos bajamos todos y
seguimos al palestino, pensando que nos llevará directamente al campo donde tenemos que recoger aceitunas, pero más bien que estamos vagando por el monte sin rumbo. Para empeorar las cosas, tenemos que esperar continuamente a los periodistas, que están más interesados en sacar fotos que en caminar. El palestino hace varias llamadas con el móvil y recibe otras tantas. Comento con mis compañeros lo curioso que es que
haya tan buena cobertura en el monte y me responden que no es de extrañar porque se hace todo lo posible para que los colonos tenga la vida agradable â buena cobertura es una de las cosas.

Cuando el fotógrafo â médico nos alcanza, le pedimos que traduzca lo que dice el palestino. Resulta que está hablando con un activista israelí que, desde Jerusalén, está intentando conseguir permiso para que él y su familia puedan ir a recoger aceitunas. Mientras él habla, llega el otro fotógrafo, que se había quedado rezagado, diciendo que hay otra familia que nos necesita para recoger aceitunas, y ue vayamos rápidamente, porque con este tío lo único que estamos haciendo es perder el tiempo. Hacemos una parada allí mismo para decidir qué hacer. Decidimos dar al activista israelí una hora para que consiga el permiso e ir con la familia que en principio veníamos a ayudar.

Mientras tanto iremos a ayudar a otras familias, pero no en 'zona de peligro' porque quizás en una hora tendremos que abandonarlas a su suerte y no sería justo, tendrían que arreglar tener internacionales un día entero con ellos. Así que nos dividimos y vamos cada grupo a un campo cercano a ayudar con lo que sea que estén haciendo. El grupito en el que me quedo yo para con una familia numerosa que parece bastante organizada. Los hombres se suben a los árboles, las mujeres se quedan de pie en el suelo cogiendo las aceitunas que quedan más abajo y moviendo las mantas cuando se termina con cada árbol, llevando las aceitunas al
centro del campo, donde hay dos mujeres sentadas separando aceitunas y hojas. Nos dicen por señas dónde podemos ayudar y al cabo de un rato nos llaman para comer con ellos. Nos sentamos todos en corro pero los
platos, en vez de quedar en el centro del círculo, quedan todos cerca de nosotros los extranjeros, y según avanza la comida los van acercando aún más, animándonos a que comamos. Me fijo en que, como resultado, las mujeres que quedan enfrente de nosotros apenas están comiendo, pero me dicen los compañeros que es mejor no pensar en eso porque son así, tienen el sentido de la hospitalidad así de desarrollado y si no lo aceptamos se van a sentir ofendidos.

Al poco de acabar de comer nos llama el palestino del principio y nos reunimos con él de nuevo. Nos dice que el israelí ha conseguido el permiso para hoy y nos lleva subiendo el monte hacia sus tierras. Mientras subimos nos vamos encontrando con hombres de su familia que se van uniendo; a las mujeres no las dejan venir porque están arriesgando sus vidas viniendo a esta parte de sus tierras y no quieren arriesgar las de sus mujeres, aunque en una hora se nos unen tres mujeres â parece que las llaman cuando ven que no hay soldados ni colonos disparando.
Subimos más y nos encontramos con un río fétido de agua marronácea, casi negra. Señalando a unos barracones que habíamos creído militares, nos explican que hace unos años construyeron esa fábrica que desprende estas aguas que les están dañando las tierras. De hecho prefieren no recoger las aceitunas de los olivos que quedan demasiado cerca del agua.

La situación más precaria que la de la gente a la que hemos estado ayudando hasta ahora hace que apenas tengan mantas y no tengan escaleras ni burro. Tenemos que meter las aceitunas directamente en los sacos, como estén, con ramas y todo, y se les nota a todos muy nerviosos y con
prisas por acabar. Al cabo de un buen rato recogiendo aceitunas en condiciones bastante precarias (yo me las pongo en la camiseta como si fuera un delantal, otra se las mete en los bolsillos de la camisa, el más afortunado tiene una bolsa de plástico...) vemos al abuelo, de 65 años, que viene a darnos apoyo moral e incluso alguna entrevista a quien se la pide. Se deja fotografiar con paciencia y nos cuenta su historia: Este terreno lo compró su abuelo durante el tiempo del Imperio Otomano. Cuando él tenía 5 años heredó el terreno y ahora son sus hijos quienes tienen la responsabilidad sobre él, aunque cada vez lo tienen más
difícil. Nadie de la familia ha podido entrar en este terreno en los últimos cinco años. El resultado es maleza por todas partes, incluso en los árboles, que tienen parásitos y ramas casi secas que impiden el paso para subirnos, casi parecen arbustos más que árboles. También notamos que alguien ha venido a robar aceitunas â los únicos que pueden entrar
en esta tierra con toda libertad son los colonos, desde lo alto de la colina â porque muchos árboles no tienen apenas aceitunas en la parte alcanzable desde el suelo, y sin embargo están llenos en las partes más altas. También hay muchos árboles quemados. El anciano nos cuenta que el
agua podrida ya había matado algunos árboles, y ahora está secando otros. También nos cuenta que en el año 2000 los colonos les robaron todo lo que habían cosechado, la cosecha entera, después de lo que cuesta recogerla.

Seguimos recogiendo aceitunas y empiezo a sentirme la mano de obra barata de esta gente, porque hasta ahora lo único que estamos haciendo es recoger aceitunas para ellos, y aún no hemos hecho nada de lo que se supone que venimos a hacer â defenderles de los colonos, negociar con
ellos... pero nunca están, incluso en esta ocasión hemos esperado a que alguien consiga el permiso para que no haya situaciones tensas. Se me responde que, de no haber sido por nuestra presencia aquí hoy, ese permiso nunca habría llegado.

Hacia las dos de la tarde los dos fotógrafos se empiezan a despedir y los campesinos palestinos entienden que nos vamos todos. Se miran unos a otros y nos ruegan, nos suplican que no nos vayamos aún, que nos quedemos solo una hora, media hora más. Les explicamos como podemos que solo son dos los que se van pero nos quedamos otros cuatro y se tranquilizan, y seguimos recogiendo aceitunas frenéticamente, entre matojos, doblando las ramas para poder llegar a las más altas, pinchándonos con las ramas secas que ni siquiera hay tiempo para podar, sorteando zarzas y cardos y árboles arrancados y quemados.

Efectivamente al cabo de una hora se da la tarea por terminada y bajamos rápidamente hacia el camino. Alguien ha traído un burro y le cargan con las aceitunas, apenas serán cincuenta kilos. El abuelo se monta también en el burro y con nosotros se queda hablando un muchacho de veinte años que habla bien inglés porque está estudiando literatura inglesa. Nos cuenta que es el cuarto de seis hijos, dos de ellas chicas, una de ellas también en la universidad, estudiando empresariales. Cuando pasamos por delante de su casa nos insiste para que entremos a comer algo y charlar, rehusamos pero insisten más así que hay que aceptar. Entramos en una casa sencillita pero cómoda. Las mujeres nos traen jabón para que nos lavemos las manos, nos sentamos en la sala con tres chicos y desde mi sofá veo a las dos hermanas, que se han quitado los pañuelos de la
cabeza y dejan al descubierto un pelo precioso. Una de ellas se sienta un momento con nosotros, luego se va y entra una señora mayor que es la madre; nos trae pan recién hecho con mezcla de harina integral y blanca. Nos traen té, luego un refresco, luego un zumo, comida... mientras tanto llamamos al taxista que nos trajo aquí esta mañana y resulta que él y uno de los hermanos con los que estamos son muy amigos. Al final nos despedimos y nos montamos en el taxi, que ha llegado justo a la puerta de esta casa.

Al llegar a nuestra calle oímos tiros a lo lejos pero no hay gritos, así que puede ser alguna especie de celebración. Nos vamos a casa pero según nos alejamos de la calle principal, escuchamos música y por último vemos una banda. Nos volvemos rápidamente y es una especie de pasacalles. Primero la banda de música, luego más hombres y después una especie de soldados, todos con armas, algunos con un pañuelo a la cabeza anudado, en plan Rambo. Pero no son tan musculosos, en realidad casi todos son unos niños. Supongo que pasa lo mismo que con los soldados israelíes, son niños de 18, 19 años.

A los soldados les sigue una pequeña procesión. Decidimos si les seguimos o no y para cuando decidimos que el hecho de ser algo interesante de ver es una razón para seguirles, ya se han alejado demasiado. En vez de correr tras ellos, intentamos adelantarles por entre las calles. Siguiendo el sonido de la música, llegamos a una especie de plaza rodeada por una valla. Nos quedamos fuera de la valla en plan espectadores e intentamos seguir lo que sucede. La procesión ya se ha asentado en sillas blancas de plástico, habrá unas seiscientas o setecientas personas. Casi todos son hombres, excepto unas cincuenta o sesenta mujeres de pie en unas gradas laterales. Acaba la música y varios hombres hablan, más bien gritan, desde un podio con micrófonos. De vez en cuando los tíos con metralletas las disparan al aire.

Detrás de nosotros hay un muro y sobre ese muro hay unos chiquillos haciendo chiquilladas. Empiezan tirando piedras, luego escupen a todo el que pueden, y siguen luego con más piedras. Cuando nos cansamos de escuchar algo que no entendemos y de recibir pedradas nos vamos y preguntamos a un conocido lo que estaban diciendo. Nos responde que cosas como que deberían ir a los asentamientos colonos y echarles a todos, cosas así.

No se muy bien qué conclusión sacar de lo que acabo de ver y oír. Por una parte es un espectáculo de machotes, con sus pañuelos a la cabeza, sus metralletas... Por otra parte, toda esta gente ha crecido en un campo de refugiados, probablemente cuando aún era un campamento de carpas, sin agua, sin comida... y saben que no están en la situación en la que están por casualidad, saben que hay una causa concreta, que antes de la ocupación sus familias tenían vidas dignas y desde que empezaron a llegar soldados sus familias fueron perdiendo sus tierras para que el estado israelí construyera asentamientos judíos, y sus familias perdían más tierras para construir carreteras que sólo los colonos que se habían asentado en sus tierras tenían permiso de usar... Estos chavales y sus familias viven bastante hacinados en casas que no dejan de ser provisionales, sin agua caliente, sin calefacción en casas heladoras, con desagües que dejan mucho que desear (vivimos en una de estas casas así que sabemos de lo que estamos hablando) y calles sin aceras ni asfalto, solo tierra que se embarra con agua que sale de cualquier parte. Al menos nosotros nos vamos, incluso podemos ir a Jerusalén a tomar un descanso y una buena ducha y volver otra vez, pero a esta gente hasta se le niega el permiso para ir a aquella ciudad, aunque tuvieran el dinero del billete de autobús. Se quedan aquí día tras día, algunos yendo al colegio o la universidad, sabiendo que no hay ningún puesto de trabajo aquí para ellos, otros trabajando con sus familias en lo que puedan... todos, incluso los niños de ocho o diez años que nos preguntan âwhat's your name!â?, todos quieren ser âfightersâ?, señalando las fotos de los luchadores muertos que cuelgan ahí en lo alto, en medio de la calle.

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Re: Relats des de Palestina 5
02 des 2005
En basc, si us plau.
Re: Relats des de Palestina 5
02 des 2005
Será de la eta, para estar en el ISM (International Sadistic Mob), una organización fundada por el grupo islamofascista hamas al comienzo de la segunda intifada. Líderes del ISM han declarado que apoyan que los terroristas exploten en autobuses escolares, pizzerías, etc. para matar civiles y que apoyan la destrucción de Israel, tal como se recoge en los estatutos de hamas.
Re: Relats des de Palestina 5
02 des 2005
antifa ets un gilipollas acavat, millor que callis ke no pintes res, si bols ajuda a la gent si no calla.

solidaritat internacional
Re: Relats des de Palestina 5
02 des 2005
¿Eres tú también del International Sadistic Mob ese? Serás porque, si no, no se entiende que te moleste tanto la verdad.
Re: Relats des de Palestina 5
02 des 2005
els que tant defenseu Palestina podrieu fer el mateix però a casa vostra..

PALESTINA I PAÃ?SOS CATALANS ENDAVANT!
Re: Relats des de Palestina 1
02 des 2005
Una poema de Palesatina:

Come to me wherever you are,
Whatever you have become,
And return colour to my cheeks,
And meaning to my being,
Return and take me into your eyes,
Take an olive branch,
Take a verse of my tragedy,
A toy,
Take a stone from our house,
So that our descendants
Will remember their way home.
Mahmoud Darwish.
Re: Relats des de Palestina 1
03 des 2005
Ei, els que tan defensem Palestina, tranquil que no per això oblidem els Països Catalans. La solidaritat és la tendresa dels pobles, és la vara amb que es mesura la grandaria de cor d'un poble.
İ per a tu antifa, l'İSM no te res a veure amb Hamas i si te a veure amb Hamas (cosa que fa riure) doncs obertament em declaro de Hamas, perquè si els islamofeixistes que tu dius son l'İSM, jo dec ser, sense saber-ho, islamofeixista per comptes de socialista com em creia.
Sindicat