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Notícies :: antifeixisme : corrupció i poder : criminalització i repressió
18/98: el tribunal se niega a tramitar su recusación
30 nov 2005
(Gara)
Los procesados se verán obligados a asistir a todas las sesiones de la vista oral

Tras una nueva jornada repleta de incidentes procesales y marcada, de nuevo, por la enconada actitud de la presidenta del tribunal, los procesados por el sumario 18/98 recibieron la noticia de que deberán asistir a todas las sesiones del juicio, con las cargas que ello conlleva tanto en el plano personal como en el económico. Los magistrados se negaron a tramitar el incidente de recusación presentado por las defensas argumentando su «parcialidad manifiesta», lo que podría dar lugar a la nulidad del juicio una vez que se dicte sentencia. Además, expulsaron de la sala a todos los procesados por aplaudir a José Luis Elkoro al término de su declaración. Trabajadores de "Egin" y Egin Irratia acudieron a Madrid para expresar su solidaridad con los encausados.
El tribunal que está juzgando a los procesados por el sumario 18/98 ha decidido que todos ellos deberán comparecer en la sala a lo largo de todo el juicio, de forma que tendrán que acudir al pabellón de la Audiencia Nacional en la Casa de Campo de Madrid incluso cuando se estén abordando piezas en las que no están incluidos. Y, al paso que han transcurrido las sesiones de esta semana, la vista se puede prolongar durante muchos meses.

Los jueces dieron a conocer esta decisión a los abogados de la defensa por la tarde, tras finalizar la sesión vespertina. Ello afectará de forma considerable a los encausados, que planteaban acudir únicamente cuando se aborde la pieza del sumario que les compete, toda vez que el juicio se ha estructurado también de esa manera.

El auto correspondiente se limita a señalar que la ley prevé que los acusados deben estar en la sala cuando sean juzgados, sin atender a las especificidades de este macroproceso, el mayor en la historia del Estado español según han recalcado numerosos medios.

Poco antes, durante la sesión vespertina, la presidenta del tribunal ordenó la expulsión de la sala de todos los procesados. Ocurrió después de que aplaudieran a José Luis Elkoro cuando finalizó su declaración. Fue una nueva consecuencia del afán de los jueces por censurar las explicaciones de los acusados si ven que éstas van a tener contenido político.

«No nos cuente su vida»

Al final de la declaración de Elkoro, el abogado Iñigo Iruin preguntó a su defendido si quería añadir algo más. El histórico militante abertzale, a quien el fiscal acusa de «integración en ETA», intentó explicar que sí ha tenido relación con la organización armada, pero mucho antes de los hechos juzgados.

Empezó a recordar, a este respecto, que participó en las reuniones celebradas en el campo de golf de Xiberta en 1977, en las que participaron partidos políticos y organizaciones armadas vascos para abordar una posición común para afrontar el futuro.

La juez Murillo tardó en enterarse de qué estaba hablando Elkoro pero, cuando otro magistrado se lo señaló, le cortó con un expresivo «no nos cuente su vida» y calificó su respuesta de «impertinente».

Tras una breve intervención del fiscal y la protesta de Iruin, la magistrada señaló a Elkoro que «su declaración ha terminado», y le ordenó sentarse. En ese momento, se oyó un murmullo y algún pitido en la sala. «Cállense o serán expulsados», saltó Murillo dirigiéndose a los procesados. Apenas unos segundos más tarde, cuando Elkoro se dirigió al banquillo sus compañeros le aplaudieron y fue entonces cuando la presidenta suspendió la sesión y ordenó la expulsión de todos.

Media hora más tarde, la vista se reanudaba con la amenaza a los acusados de que se les abrirán diligencias por «desórdenes públicos en un tribunal» si se repite lo ocurrido.

Previamente, por la mañana, los magistrados Angela Murillo, Luis Martínez de Salinas Alonso y Nicolás Poveda rechazaron la recusación que la defensa interpuso en su contra por haber actuado con «falta de imparcialidad objetiva» en la sesión del día anterior. En una extensa solicitud, los letrados sostenían que en la actuación del tribunal concurrió «contaminación y merma de imparcialidad en virtud del art. 219.11 de la Ley Orgánica del Poder Judicial», después de haber ordenado la lectura de un documento sin haberlo solicitado ninguna de las partes, y perjudicando los intereses de sus defendidos. Sin embargo, en un auto de apenas tres folios de extensión, los magistrados replicaron que «no cabe confundir las discrepancias sobre la forma de practicarse las pruebas con la falta de imparcialidad que se alega».

En ese auto, para cuya elaboración estuvieron deliberando durante toda la mañana, los jueces alegan incluso que «lo que hace el tribunal, en protección del derecho de defensa, es extremar la búsqueda del documento solicitado y dar cuenta de ello». Acusa a la defensa de buscar «la dilación del proceso». Y, por cierto, cita jurisprudencia de Estrasburgo, la misma que denostó la presidenta, Murillo, en la sesión celebrada el lunes.



La presidenta se altera incluso con su colega el juez Poveda
El afán de impedir discursos políticos por parte de la presidenta depara cada día una nueva situación con tintes estrambóticos. Ayer incluso se produjo un rifirrafe entre la presidenta, Angela Murillo, y el juez que trata de guiar su actuación, Nicolás Poveda. Cuando Elkoro comenzó a hablar de las conversaciones de Xiberta, Poveda tomó el brazo de la juez, probablemente para instarle a que cortara ya su declaración. Esta se volvió hacia el magistrado y le instó con una breve pero tajante expresión a que no la importunase. La actuación de Murillo evidencia más nervios a medida que avanzan las sesiones y se multiplican los conflictos. -

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