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Notícies :: globalització neoliberal : immigració
Sobre los hechos de Francia
17 nov 2005
Un análisis de los hechos de Francia por un compañero residente en Paris
Compañeros :

Reacciono a lo que ha sido calificado desde algunas instancias de la República como situación insurreccional; no soy por tanto yo el que lo afirma, aunque más bien me gustaría insistir en los elementos paradójicos de la situación actual âen particular el uso de la violencia de parte y otra y la percepción asimétrica de estos usos-, y algunos de los desafíos que se están planteando, a mi modo de ver, al conjunto de la izquierda francesa, en particular al movimiento sindical y a grupos políticos como la LCR y el PC.

Os sitúo primero brevemente en lo coyuntural, que casi podría calificarse de anecdótico, en cuanto que común, de no ser por la muerte de dos chavales electrocutados en un generador de electricidad a priori blindado para evitar situaciones de este tipo. No me preguntéis sus nombres: nadie los ha nombrado en ningún momento, lo que no deja de ser sorprendente en la tendencia actual de lo mediático como espectáculo. No sabemos tampoco si el uno era batería de algún grupo de música como aquél, o si el otro jugaba a fútbol en alguno de esos equipitos de barrio donde los muchachitos emulan a sus ídolos. Sólo sabemos que uno era, según la prensa, originario âdel magrebâ?, y el otro âafricanoâ?: un âmoroâ? y un ânegroâ? para que vayamos entrando en materia.

También sabemos que la policía los persiguió y los dejó encerrados en el susodicho generador: se desconocen los motivos: en un primer momento Sarkozy argumentó que se trataba de pequeños delincuentes sorprendidos con las manos en la masa, a las pocas horas fuentes policiales desmentían que hubiera habido siquiera persecución: lo más probable, por común, es que los chavales simplemente osaran reunirse en algún parqueadero de su barrio, que como es un barrio pobre se le llama cité: una cité se la reconoce a primera vista: se trata de un conjunto residencial de arquitectura funcional (ni bella ni fea sino todo lo contrario, muy práctica para amontonar trabajadores) que empieza a construirse durante los años sesenta en las periferias industriales para albergar de manera barata toda la mano de obra barata que estuvo destinada a dejarse la vida en el milagro industrial francés.
Pues bien, desde hace unos diez años se viene imponiendo de facto el toque de queda por las noches en estos barrios, que agrupan entre 30 y 150.000 personas cada uno: los vecinos tienen prohibido, a partir de ciertas horas, entrar y salir del recinto, que obviamente está vallado y sus accesos controlados por gorilones y cámaras de seguridad âdisciplina soft la llaman-; también tienen prohibido sacar a pasear al perro, salir a por tabaco o sentarse en un banco con el novio, pongamos por caso, a las once de la noche;
No muy lejos acechan los antidisturbios para interpelar a cualquier bicho viviente con ganas de estirar las patas: por sospechoso: cuando uno vive en la cité, es siempre sospechoso de algo. Cuando léeis en la prensa todo el debate ése que hay acá en torno al hecho que la derecha en el gobierno suprimió la policía de proximidad en beneficio de los cuerpos de CRS, no es más que, en sus propios términos, el paso de una política securitaria de prevención, a una de represión; algo que ha sido defendido en tribuna pública por diferentes peces gordos del partido en el gobierno desde hace ya unos tres años. Yo sinceramente no entiendo muy bien la diferencia del matiz, aunque supongo que la policía sí que la entiende bastante bien: carta blanca.
La hipótesis más plausible es pues que los muchachos corrieran para evitar una interpelación o, peor aún, porque se sentían sospechosos y por tanto culpables de algo. Es bien sabido que la culpa en la asimetría genera miedo, y más si uno tiene catorce o quince años.

En todo caso, como digo todo muy común (a poco que uno sea aficionado a la crónica negra, donde hay verdaderas perlas de la narrativa contemporánea) hasta que los muchachos mueren abrasados: también es común que tras la represión policial, muy habitual como se podrá imaginar por estos lares, los otros muchachos del barrio se reúnan para protestar, aunque rara vez la protesta sobrepasa los límites de cada recinto barrial: como en este caso se trata de un asesinato, y no sólo de detención o tortura, que suelen ser más comunes aún, la protesta estaba llamada a durar un par o tres de días. Y en esas que se concatenan dos elementos que van a extender la protesta como un reguero de pólvora al resto de barrios de la periferia parisina y de otras veinte ciudades francesas:

En primer lugar, es la presencia del ministro del interior Sarkozy, un pequeño napoleón con todos los complejos de napoleón y sin ninguna de sus virtudes, en el lugar de los hechos (Clichy sous Bois, y luego sucesivamente en tres otras grandes cités de la periferia: Aubervilliers, Bobigny, Saint-Denis), rodeado de cámaras de televisión que lo acompañan a todas partes. Pues bien, al energúmeno éste no se le ocurre otra cosa que increpar a algunos jóvenes que se desplazan a ver el chow mediático que el tipo éste monta por donde pasa, con epítetos como âescoria de esta sociedadâ?, âmaleantesâ?, âperros callejerosâ? y otras menudencias, cuando los ánimos ya estaban bastante caldeados; ya habréis comprendido que, a causa de la presencia de todas esas cámaras de televisión, su jugosa verborrea se transforma en una verdadera declaración de intenciones nada amistosas para todo aquél que le apetezca sentirse identificado. Resumiendo: el tal Sarkozy se propone frontera en lo terrenal del frente de lucha que se anda preparando, y lo hace como mejor sabe, saltando a la yugular de su presa.
Más tarde justificará sus acometidas, y esto es más grave aún, subrayando que los hombres políticos deben hablar con el mismo lenguaje que usa el francés-medio: dando pues por supuesto que el francés-medio considera que los vecinos de estos barrios son efectivamente la âescoria de la sociedadâ?; buscando pues prefigurar la âcomplicidadâ? del francés medio: generar controversia en torno a su propia declaración de guerra.

En segundo lugar, y esto enlaza en parte con lo anterior, a los antidisturbios no se les ocurre otra cosa que lanzar una bomba lacrimógena contra una mezquita durante el momento de la oración: provocación consciente o error? No sabría bien que pensar: de una parte, parece ser que en esto de la represión se les está yendo bastante la mano, por lo que bien podría tratarse de algún tipo de daño colateral no premeditado. Pero por otro lado nadie se explica aún qué se les había perdido a esas horas y por esos lares; en todo caso, la bomba en cuestión contribuyó a que el sentimiento ése de injusticia generalizada se propagara por todos los barrios de la periferia parisina, y de ahí a muchas otras ciudades del hexágono.

Provocación o no (lo mismo vale para las manifestaciones de supersarko), lo que me parece bastante claro es que se anda prefigurando una acción política a gran escala fundamentada en la represión y en la segregación de clase y de raza, en el racismo y en el odio de clase, que complementa en lo social al liberalismo económico. La represión a gran escala como la que estamos viviendo estos días en esta espiral tremenda de acción-reacción tiene así una doble función profundamente pedagógica: de una parte, instruir a los vecinos de los barrios pobres en eso de la tolerancia cero: a partir de ahora ya saben lo que les espera, y aún habrá más, es decir menos tolerancia, con las reformas que se avecinan: ley antiterrorista y reforma de la ley judicial: legalizar la expulsión de ciudadanos aún cuando estos dispongan de permiso de residencia; de otra parte, invertir el sentido de toda forma de protesta a través del control estricto de la opinión y del vehiculamiento por parte de los voceros del poder (medias y otros) de una ideología de marcado carácter racista y clasista en la que víctimas y verdugos se confunden al otro lado de la pantalla.

Se trata de organizar la sospecha generalizada. Sospechosos en sus barrios, sospechosos también socialmente: la política, los políticos, acompañados por los media y por la intelectualidad de turno, están alimentando una política nada encubierta de odio de clase: de odio a lo que huela a pobre; y lo que huele a pobre es negro o es moro âaunque tampoco sea cierto, porque el nivel de mestizaje es sorprendentemente elevado en las cités-. Sospechosos de qué?: de no querer trabajar, sospechosos de antisociales, islamistas, antirrepublicanos, sospechosos de ser pobres. Divide y vencerás como decía aquel otro. Se está organizando el miedo y la división de la clase trabajadora a través del odio de clase: del odio a ser pobre, a lo pobre.

En una de las imágenes del día, una obrera de unos cuarenta años manipula unas piezas de plástico mientras desde el otro lado de la cámara el periodista le pregunta que cómo se siente (había ardido una parte de la fábrica en la que está empleada; la noticia venía encabezada por el titular que los obreros habían podido continuar su trabajo y que en principio no habría despidos): a lo que ella responde: estoy aquí por agencia, es decir, que soy precaria, y lo único que me faltaba era esto. Víctimas y verdugos se confunden al otro lado de la pantalla.

En la tele, representantes del sindicato de policía discuten con responsables políticos y con sociólogos establecidos, sobre cómo hacer frente al islamismo y a las bandas organizadas. Las promesas de âtolerancia ceroâ?, de âvuelta al orden republicanoâ? se combinan con una camapaña bien pensada de estigmatización: jóvenes con el rostro cubierto, cagándose en la madre del ministro y prometiendo más leña. Las imágenes no engañan y el teleespectador bienpensante, obligado a escoger por la fuerza de las circunstancias, acaba escogiendo el orden. No olvidemos las encuestas de opinión, que se hacen reflejo del miedo del francés común a la violencia descontrolada, al paro, al terrorismo, y que recuerdan que lo primordial es recuperar el orden y el respeto a las leyes de la república.

Pero el francés común no es tonto: en este país, se sabe cómo empiezan las cosas, pero no cómo acaban.

El balance que hasta ahora conocemos y que os recuerdo brevemente tras once días de conflicto es bastante impresionante: entre 1500 y 2000 detenidos, unos 15000 vehículos incenciados y ciudades enteras en estado de sitio. Se calcula que hasta 350 ciudades han vivido algún tipo de enfrentamiento. No se sabe cuantos heridos hay, aunque parece que hay muchísimos.
No sólo han ardido coches: también escuelas, guarderías, estaciones de autobús, gimnasios, fábricas: todo lo que huela a república francesa. No han tocado ni una sinagoga, por si las dudas.


Hace treinta años que se viene previendo el estallido de los barrios periféricos. De hecho un primer análisis de la situación, haciendo abstracción de lo coyuntural que os he expuesto hasta ahora, lleva al repaso de lo estructural, de las condiciones de vida de los jóvenes en los barrios pobres. No seré yo quien entre a juzgar la moralidad del uso de la violencia por parte de estos jóvenes: de todas maneras, la violencia la han mamado desde pequeñitos y de todas las formas posibles: violencia física, simbólica, económica, sexual. Ese es el orden republicano al que hay que volver ahora, pero de hecho no hemos salido de él.

Algunas cifras no engañan: en las cités las cifras de paro alcanzan el 40%, siendo los colectivos más golpeados por el desempleo y la precariedad, los jóvenes y las mujeres, que deben buscarse la vida como puedan en la economía sumergida, más o menos legal: en los barrios pobres se viene desarrollando el tráfico de drogas y la prostitución como pilares fundamentales de una economía local de subsistencia que contribuye a desestructurar las formas de producción de la vida en común y de la existencia.

Los datos relativos al fracaso escolar son también escandalosos: los maestros de las escuelas y los liceos vienen protestando contra la paulatina falta de medios materiales y humanos: fueron ellos los primeros que previeron los brotes de violencia hace algunos años. Algunos escolares llegan a la mayoría de edad sin saber apenas escribir. La solución que ahora ha encontrado el gobierno parece andar en contravía a estos datos: reducir el periodo de escolarización común a los catorce años: mano de obra buena y barata antes de la edad legal bajo la fórmula del contrato de aprendizaje. Más de lo mismo pues: la solución no es otra que valorizar ese componente de clase segregado como fuerza de trabajo descualificada y desamparada de los derechos más elementales (los aprendices no tendrán por ejemplo derecho a organización ni a huelga, por supuesto).
Y aún viene ahora Touraine (el mismo que decía de las movilizaciones de 1995 que eran los últimos coletazos corporatistas de una clase en descomposición) diciendo que la cuestión ya no es la explotación sino la exclusión: como si se pudieran entender por separado, como si la exclusión de algunos o el miedo a la exclusión de los otros no favoreciera la explotación de los más. Es abyecto el nivel de discusión en el ámbito académico: donde están los Foucault, Linhart, Sartre, Bourdieu...estamos perdiendo la lucha de clases en la academia.

Los CV remitidos a las distintas empresas desde cualquiera de estos barrios pobres, son sistemáticamente rechazados. Algunos pícaros (tengo datos que lo demuestran) probaron enviar los mismos CV con un nombre y una dirección falsos, y fueron aceptados a cualquier entrevista de trabajo: ¿por qué no se pone en marcha una policía que luche contra las discriminaciones por razones de raza?

No se puede olvidar tampoco que la disciplina y la segregación se apoyan igualmente en la erotización por parte de los grupos dominantes de las mujeres negras y árabes paralelamente a la estigmatización de los âmorosâ? y los ânegrosâ?: en la división del grupo más oprimido. Las muchachas que participan en movimientos tipo Ni putas ni sumisas, aplaudidos por los media y los poderes públicos que llegaron a organizar manifestaciones en el centro burgués de las ciudades, y que denuncian, con razón, las violencias sexistas en los barrios pobres, son presentadas por los mismos media como el símbolo de la integración conseguida. Estas muchachas encarnan la figura de la âmoritaâ? o la ânegritaâ? emancipadas que rechazan la sumisión que sus padres y hermanos parecen imponerles sistemáticamente: resumiendo: que para emanciparse deben oponerse a la cultura de sus padres y hermanos âpor violentos, machistas, maleantes y además poco sensuales-; y si además follan con un blanco, mejor aún: más integradas. Eso no impide que las tasas de paro y de fracaso educativo sean similares para los hombres como para las mujeres jóvenes âemancipadasâ? de los barrios pobres.

En los últimos días, se han organizado algunas manifestaciones organizadas por estos grupos montados por el PS (como SOS Racisme en los 80), y se han prohibido, obviamente las otras (por ejemplo una organizada por el Mouvement InterBanlieues MIB), una gente muy interesante que lleva varios años trabajando en el terreno (muchos vienen del movimiento anticolonial y de la guerra de Argelia; son ellos los más activos también en las movilizaciones contra la ocupación sionista, aunque su espacio de trabajo se centra más en lo cotidiano de los barrios).

Por último, debería insistir también en la progresiva desparación del estado y de los servicios sociales y públicos de proximidad. Cuando desde el gobierno se privatiza Correos, o EDF, o GDF, o el transporte público, de donde desaparecen estos servicios que ocupan un papel fundamental en la vertebración del territorio, es, en primer lugar, de los barrios pobres. También desparecen del mapa los servicios de ordenación del territorio urbano: en las cités hay una falta abusiva de espacios de socialización: los muchachos se reúnen en los parqueaderos, en verano; y en las cajas de las escaleras, en invierno. Los incendios del pasado verano sacaron a la luz mediática la progresiva degradación de las habitaciones y los espacios públicos. Habitualmente caen ascensores; los servicios de recogida de basura funcionan de modo irregular.
No se puede pensar en una articulación posible entre los que defienden el servicio público (los trabajadores se entiende) y la desaparición de estos servicios de proximidad de los barrios? Este trabajo corresponde a las organizaciones sindicales de clase, aunque ya no quedan muchas.

Fue siempre asi? No. Los barrios de trabajadores fueron lugares de cohesión social, de solidaridad, de lucha de clases, de compromiso social y político, no hace tanto tiempo: era cuando los obreros, modelizados por las estrategias patronales tendentes a fijar en el tiempo su mano de obra, creyeron en eso del progreso social: en la dialéctica conflicto-innovación. Los asociaciones mantuvieron un papel importantísimo en la articulación de la cohesión social y en la organización de la vida colectiva: dejaron de recibir subvenciones con la llegada al gobierno de la derecha. Los sindicatos organizaron políticamente a esos trabajadores; el PC tenía casas del pueblo en cada barrio. Ya nada de eso queda.

Los muchachos de estos barrios se sienten franceses de segunda, o ni siquiera franceses. Viven en un presente dilatado, sin posibilidad de proyección ni de autopropulsión, entre un pasado imposible y un futuro improbable. Un barrio como la cité es para un joven un espacio de reclusión y a la vez un estado de ánimo: la cité representa la eterna espera. Cuando llega el fin de semana abandonan sus barrios y se van a vagar por los centros de las ciudades, bien acompañados por dotaciones de policías.

Ahora que deciden quemar sus barrios, arrasar con ellos, recuerdo el esperpento magistral de Valle Inclán: Max Estrella, poeta ciego, se tropieza en la cárcel con un obrero catalán de ninguna parte: un paria: deberíamos destruir la Barcelona industrial para que renaciera pura de sus cenizas, insiste el paria autoproclamado, desde el amor: sólo los obreros catalanes aguijonean su revuelta con tan denigrante epíteto, le recuerda Max antes de ejecutar una admonición implacable: pronto llegará vuestra hora.

En su revuelta los jóvenes no han dejado de mostrar a cuanta cámara se pusiera de por medio, algo que ha estructurado su protesta, que ha delimitado la frontera de su acción : su carné de identidad. Y quién quiera entender, que entienda.

Son la imagen paradigmática de la miseria del mundo y de sus circunstancias: representan la lucha de los barrios por recobrar una identidad común (ante la estigmatización, la segregación y la pobreza) y por reconstruir un proyecto común (un nuevo motor), sin olvidos. Y lo hacen devolviendo al mundo un poco de la violencia con la que el mundo los curte: tampoco son tontos en eso: ahora hablarán de nosotros, decían en la tele.

Ante esta situación, es clamoroso el silencio de las organizaciones y partidos de izquierda. Que salga el partido socialista o los concejales y alcaldes, burócratas, del partido comunista a reclamar el retorno a la senda del diálogo y de la paz social no es sorprendente: sí debería de serlo el silencio orquestado por las organizaciones de clase: los sindicatos no han habierto la boca: y sin embargo hace una semana apenas, el 4 de noviembre, habían llamado a manifestar contra la política del gobierno en materia de empleo: es ahora cuando toca hacer hablar a los obreros de las empresas privatizadas, a los de transportes, a los que amenazan diariamente de cierre (de volverse aún más pobres), a los trabajadores precarizados de los servicios. Hace diez días hubo una manifestación por las calles de París contra los contratos de aprendizaje y el abuso de las pasantías. Estamos ante una oportunidad inédita para intervenir políticamente desde la diversidad de las situaciones sociales, para tratar de construir un discurso común desde esta propia diversidad. Dónde están las organizaciones de extrema izquierda y los movimientos sociales, ésas que recogen un 13% de votos?

La respuesta de los jóvenes de los barrios degradados (quién los creía insolidarios?) debe llevar al centro de la discusión la cuestión de la articulación de los diferentes espacios sociales, la articulación de las nuevas formas de lucha con las formas más tradicionales. Votamos no a la constitución: no podemos vivir eternamente de ello: ya va siendo hora de pasar a la ofensiva.

Parece ser que este sábado hay manifestación organizada por los sindicatos...en defensa de los salarios! Veremos si se mantiene la marcha, con esto del toque de queda, y si se mantiene, qué sucede.


Después no nos pongamos paños calientes.


P.D.
Al día siguiente de escribir esto, descubro que el gobierno a impuesto el toque de queda en varios departamentos (las provincias) del país; es una medida que no se aplica desde la guerra de Argelia.
Más cosas: el estado de urgencia se amplia por tres meses. Sencillamente escandaloso. Ahora mismo podría colarse un madero en mi casa sin orden judicial.
Están encarcelando a gente con penas de hasta cuatro años. Han chingado también a algunos que se comunicaban por blogs, por incitación a la violencia. La represión está siendo durísima. Ya han iniciado trámites de expulsión a diez jóvenes âa sus países de origenâ?.

Otra propuesta del gobierno: organizar un servicio civil (como la PSS) de carácter voluntario para los jóvenes de la cité. El PS va más lejos y lo pide obligatorio y universal (por cierto este finde hay congreso donde se decide la línea política: estamos todos pendientes de una posible fractura, aunque va a ser que no). Durará entre seis meses y un año, y será remunerado de manera simbólica! Parece ser que serán cuadros del ejército los que organicen el tinglado, ya que tienen experiencia en eso.

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Comentaris

Re: Sobre los hechos de Francia
17 nov 2005
Plas plas plas!
Sindicat Terrassa