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Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
04 nov 2005
Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques
Paul Mattick (1947)
Bolchevismo y Stalinismo

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El presunto propósito de la biografía de Stalin hecha por Trotsky[1] es mostrar "cómo fue formada una personalidad de este tipo, y cómo llegó al poder por la usurpación del derecho a un papel tan excepcional." El verdadero propósito del libro, sin embargo, es mostrar por qué Trotsky perdió la posición de poder que ocupó temporalmente y por qué su nombre debe seguir al de Lenin en vez del de Stalin. Antes de la muerte de Lenin siempre había sido "Lenin y Trotsky"; el nombre de Stalin siempre había estado cerca de o al final de cualquier lista de Bolcheviques ilustres. Incluso en una ocasión Lenin sugirió que se pusiera su propia firma segunda a la de Trotsky. En resumen, el libro ayuda explicar por qué Trotsky sostenía la opinión de "que él era el sucesor natural de Lenin" y de hecho resulta ser una biografía tanto de Stalin como de Trotsky.

Todos los orígenes son pequeños, sin duda, y el Bolchevismo de Lenin y Trotsky difiere del actual Stalinismo justo como el terror pardo de Hitler de 1933 difiere del Nazismo de la Segunda Guerra Mundial. Que no existe nada en el arsenal del Stalinismo que no pueda ser encontrado en el de Lenin y Trotsky es atestiguado por los escritos más tempranos del propio Trotsky[2]. Por ejemplo Trotsky, igual que Stalin, introdujo el trabajo forzado como un "principio socialista". Él, también, estaba convencido de que "ningún socialista serio negará al Estado Obrero el derecho de poner sus manos sobre el obrero que se niega a ejecutar su fuerza de trabajo." Fue Trotsky quien se apuró fustigar el "carácter socialista de la desigualdad", porque, según dijo, "aquellos obreros que hacen más por el interés general que otros reciben el derecho a una mayor cantidad del producto social que los flojos, los descuidados, y los desorganizadores." Era su opinión que todo debía ser hecho para "ayudar al desarrollo de la rivalidad en el círculo de la producción."

Por supuesto, todo esto fue concebido como el "principio socialista" del "período de transformación". Fue dictado por las dificultades objetivas en el camino a la socialización completa. No fue por deseo sino por necesidad que se reforzó la dictadura de partido hasta que resultó en la abolición de incluso aquellas libertades de actividad que, de una manera u otra, habían sido concedidas por el Estado burgués. Sin embargo, también Stalin puede ofrecer la excusa de la necesidad.

Para encontrar otros argumentos en contra el Stalinismo aparte de su aversión personal para con un competidor en la puja inter-partidaria, Trotsky debe descubrir y formular diferencias políticas entre sí mismo y Stalin, y entre Stalin y Lenin para respaldar su aseveración de que sin Stalin las cosas habrían sido diferentes en Rusia y en otros lugares.

No podría haber ninguna diferencia "teórica" entre Lenin y Stalin, cuando el único trabajo teórico que lleva el nombre del último fue motivado y supervisado por Lenin. Y si Stalin representa la "naturaleza ansiada" del aparato partidario centralizado, Lenin fue el que construyó el aparto perfecto para sí mismo, asi que en ese punto tampoco vemos ninguna diferencia. A decir verdad, mientras Lenin estaba en actividad, Stalin no le representaba ningún problema, a pesar de lo problemático que pudo haber sido para "el Bolchevique Número Dos".

Sin embargo, para que Trotsky pueda explicar el "Termidor Soviético", debe haber una diferencia entre el Leninismo y el Stalinismo, siempre que, por supuesto, existiera tal Termidor. En este punto, Trotsky ha presentado varias ideas respecto a cuándo tuvo lugar, pero en su biografía de Stalin hace caso omiso de la cuestión del tiempo a favor de la simple declaración de que tenía algo que ver con los "crecientes privilegios de la burocracia". Sin embargo, esto solamente nos lleva de vuelta al período temprano de la dictadura Bolchevique que encontraba a Lenin y Trotsky comprometidos en crear la burocracia estatal y en incrementar su eficiencia incrementando sus privilegios.


Competidores por el Poder

El hecho de que la lucha despiadada por las posiciones recién saliera a la luz con la muerte de Lenin indica otra cosa que el Termidor Soviético. Simplemente indica que a esa altura el Estado Bolchevique era lo suficientemente fuerte, o estaba en una posición tal, como para ignorar hasta cierto punto tanto a las masas rusas como a la burguesía internacional. La burocracia en desarrollo empezó a sentirse segura de su dominio sobre Rusia; la disputa por los frutos de la Revolución entró en su etapa más general y más seria.

Todos los adversarios en esta lucha hicieron hincapié en la necesidad de la dictadura en vista de las fricciones internas sin resolver entre "obreros" y "campesinos", el completo atraso económico y tecnológico del país, y el peligro constante de un ataque exterior. Pero dentro de este escenario de dictadura podían ser planteados todo tipo de argumentos. La lucha por el poder dentro de la clase dirigente en desarrollo se expresó en propuestas políticas tanto a favor o en contra de los intereses de los campesinos, tanto a favor o en contra de la limitación de los consejos de fábrica, tanto a favor o en contra de una política ofensiva en el frente internacional. Se expusieron teorías altisonantes con respecto a la estimación de la clase campesina, la relación entre la burocracia y la revolución, la cuestión de las generaciones en el partido, etcétera y llegaron a su clímax en la controversia entre Trotsky y Stalin sobre la "Revolución Permanente" y la teoría del "Socialismo en un solo país".

Es muy posible que los participantes del debate creyeran en sus propias frases; sin embargo, a pesar de sus diferencias teóricas, siempre que actuaron ante una situación real actuaron de igual manera: Para adaptarse a sus propias necesidades, naturalmente expresaron cosas idénticas en términos diferentes. Si Trotsky se precipita al frente - a todos los frentes a decir verdad - simplemente defiende la patria. Pero Stalin "es atraído por el frente, porque aquí por primera vez podría trabajar con el más acabado de todos los aparatos administrativos, el aparato militar" por el cual, a propósito, Trotsky se arroga todo el crédito. Si Trotsky pide por disciplina, muestra su "mano de hierro"; si Stalin hace lo mismo, procede con "mano dura".

Si la sangrienta supresión de la rebelión de Kronstadt por Trotsky fue una "necesidad trágica" la supresión del movimiento independentista georgiano por Stalin fue hecha en la manera de un "rusificador gran-ruso, ignorando completamente los derechos de su propio pueblo como nación". Y vice versa: las sugerencias hechas por Trotsky son llamadas falsas y contrarrevolucionarias por los secuaces de Stalin; pero cuando se llevan a cabo con los auspicios de Stalin se convierten en una prueba adicional de la sabiduría del gran líder.

Para comprender al Bolchevismo, y en un sentido menor el Stalinismo, no es suficiente con seguir las superficiales y a menudo tontas controversias entre Stalinistas y Trotskistas. Después de todo, la Revolución Rusa abarca más que sólo al Partido Bolchevique. Ni siquiera fue iniciada por grupos políticos organizados sino por las reacciones espontáneas de las masas ante la quiebra de un ya precario sistema económico en el alba de una derrota militar. Los levantamientos de Febrero "empezaron" con los disturbios por hambre en lugares de mercado, las huelgas de protesta en las fábricas, y la declaración espontánea de solidaridad con los manifestantes por parte de los soldados. Pero todos los movimientos espontáneos de la historia moderna han sido acompañados por fuerzas organizadas. Tan pronto como el colapso del Zarismo fue inminente, las organizaciones pasaron a primer plano con directivas y objetivos políticos definidos.

Si antes de la Revolución Lenin había hecho hincapié en la organización en vez de la espontaneidad, era debido a las retrasadas condiciones rusas, que daba a los movimientos espontáneos un carácter atrasado. Incluso los grupos políticamente avanzados solamente ofrecían programas limitados. Los obreros industriales deseaban reformas capitalistas similares a las que disfrutaban los obreros de países capitalistas más avanzados. La pequeñaburguesía e importantes capas de la clase capitalista querían una democracia burguesa Occidental. Los campesinos deseaban tierra en una agricultura capitalista. Aunque progresivas para la Rusia zarista, estas demandas eran la esencia de la revolución burguesa.

El nuevo gobierno liberalista de Febrero intentó continuar la guerra. Pero fueron las condiciones mismas de la guerra contra las que las masas se estaban rebelando. Todas las reformas prometidas dentro del escenario ruso de esos días y dentro de las existentes relaciones de poder imperialistas fueron condenadas a permanecer como frases vacías; no había ninguna manera de dirigir al movimiento espontáneo por los cauces deseados por el gobierno. En nuevos levantamientos los Bolcheviques llegaron al poder no por vía de una segunda revolución sino por un cambio forzoso de gobierno. Esta toma del poder fue fácil debido a la falta de interés que las masas en movimiento mostraban por el gobierno existente. El golpe de estado de Octubre, como dijo Lenin, "fue más fácil que levantar una pluma." La victoria final fue "conseguida prácticamente por inercia.... Ningún regimiento se alzó para defender a la democracia rusa.... La lucha por el poder supremo sobre un imperio que comprendía un sexto del globo terráqueo fue decidida entre fuerzas asombrosamente pequeñas en ambos lados tanto en las provincias como en los dos eslabones principales."

Los Bolcheviques no trataron de restaurar las viejas condiciones para reformarlas, sino que se declararon a favor de los resultados concretos de los movimientos espontáneos conceptualmente atrasados: el fin de la guerra, el control obrero de la industria, la expropiación de las clases gobernantes y la división de la tierra. Y de esta manera permanecieron en el poder.

Las demandas pre-revolucionarias de las masas rusas habían sido atrasadas por dos razones: ya habían sido realizadas hace mucho tiempo en las principales naciones capitalistas, y ya no podían ser llevadas a cabo en vista de las condiciones mundiales existentes. En un momento en que el proceso de concentración y centralización del capitalismo mundial había provocado la declinación en casi todas partes de la democracia burguesa, ya no era posible darle un nuevo inicio en Rusia. Si la democracia liberal era imposible, también lo eran todas las reformas en las relaciones capital-trabajo generalmente relacionadas con la legislación social y el sindicalismo. La agricultura capitalista, también, había ido más allá del quiebre de estados y producción feudales para un mercado capitalista a la industrialización de la agricultura y su consiguiente incorporación en el proceso de concentración del capital.


Los Bolcheviques y la Espontaneidad de las Masas

Los Bolcheviques no se adjudicaron a sí mismos la Revolución. Le dieron todo el crédito a los movimientos espontáneos. Por supuesto, subrayaron el hecho obvio de que la historia previa de Rusia, que incluía al Partido Bolchevique, había legado alguna clase de vaga conciencia revolucionaria a las masas desorganizadas y no se quedaron atrás en aseverar que sin su liderazgo el curso de la Revolución habría sido diferente y muy probablemente habría resultado en una contrarrevolución. "Si los Bolcheviques no hubieran tomado el poder", escribe Trotsky, "el mundo habría tenido un nombre ruso para el fascismo cinco años antes que el romano."

Pero los intentos de contrarrevolución por parte de los poderes tradicionales no fallaron debido a ninguna dirección conciente de los movimientos espontáneos, no debido a "la aguda visión [de Lenin], que captó la situación correctamente", sino debido al hecho de que estos movimientos no podían ser desviados de su propio curso. Si uno quiere usar el término, la "contrarrevolución" posible en la Rusia de 1917 era la inherente a la Revolución misma, es decir, en la oportunidad que brindó a los Bolcheviques para restituir un orden social dirigido centralizadamente para la perpetuación del divorcio capitalista de los obreros de los medios de la producción y la consiguiente restauración de Rusia como un poder imperialista en competencia.

Durante la revolución, los intereses de las masas en rebelión y los de los Bolcheviques se fundieron a un grado extraordinario. Más allá de la fusión temporal, también existía una profunda unidad entre los conceptos socializantes de los Bolcheviques y las consecuencias de los movimientos espontáneos. Demasiado "atrasada" para el socialismo pero también demasiado "avanzada" para el capitalismo liberal, la Revolución solamente podía terminar en aquella consistente forma de capitalismo que los Bolcheviques consideraron una condición previa para el socialismo, o sea, el capitalismo de Estado.

Identificándose a sí mismos con el movimiento espontáneo que no podían controlar, los Bolcheviques adquirieron el control sobre este movimiento tan pronto como se agotó en la realización de sus objetivos inmediatos. Existían demasiados de estos objetivos alcanzados de manera diferente en territorios diferentes. Diversas capas del campesinado satisfacieron, o no satisfacieron, divergentes necesidades y deseos. Sus intereses, sin embargo, no tenían ninguna conexión real con los del proletariado. La clase obrera misma fue dividida en diversos grupos con una variedad de necesidades específicas y planes generales. La pequeñaburguesía todavía tenía otros problemas que solucionar. En breve, había una unidad espontánea en contra de las condiciones del Zarismo y la guerra, pero no había ninguna unidad con respecto a los objetivos inmediatos y la futura política. No fue demasiado difícil para los Bolcheviques el utilizar esta división social para fortalecer su propio poder, que terminó siendo más fuerte que la sociedad en su conjunto porque nunca encaró a la sociedad como un todo.

De la misma manera que los otros grupos que se incluían dentro de la revolución, los Bolcheviques, también, pugnaron por lograr su objetivo particular: el control de gobierno. Este objetivo fue más importante que aquellos que eran aspirados por los otros. Involucró una lucha interminable, una ininterrumpida competencia por posiciones de poder. Las agrupaciones campesinas se establecieron después de dividir la tierra, los obreros regresaron a las fábricas como trabajadores asalariados, los soldados, que no podían vagar por el campo para siempre, regresaron a la vida de campesinos y obreros, pero para los Bolcheviques la lucha recién empezó con el éxito de la Revolución. Como todos los gobiernos, el régimen Bolchevique significa la sumisión de todas las capas sociales existentes a su autoridad. Centralizando lentamente todo el poder y el control en sus manos, los Bolcheviques pronto fueron capaces de dictar la política gubernamental. Una vez más Rusia fue concienzudamente organizada según los intereses de una clase especial - la clase de privilegio en el emergente sistema de capitalismo de Estado.


El "Aparato" del Partido

Todo esto no tiene nada que ver con el Stalinismo ni con el "Termidor" sino que representa a la política de Lenin y Trotsky desde el mismo día en que asumieron el poder. En su reporte al Sexto Congreso de los Soviets en 1918, Trotsky se quejó de que "No todos los obreros soviéticos han comprendido que nuestra administración ha sido centralizada y que todas las órdenes emitidas desde arriba deben ser finales.... Seremos despiadados con aquellos obreros soviéticos que todavía no lo han comprendido; los removeremos, los echaremos de nuestros rangos, los expulsaremos mediante la represión." Ahora Trotsky afirma que estas palabras fueron dirigidas hacia Stalin que no coordinó apropiadamente su actividad de guerra y estamos dispuestos a creerle. Pero cuánto más directamente deben haber sido dirigidas a todos aquellos que ni siquiera eran de "segunda línea" ni tenían rango alguno en la jerarquía soviética. Ya existía entonces, como relata Trotsky, "una división abismal entre las clases en movimiento y los intereses de los aparatos partidarios. Incluso los cuadros del Partido Bolchevique, que gozaban del beneficio de un entrenamiento revolucionario excepcional se inclinaron definitivamente a ignorar a las masas y a identificar sus propios intereses especiales con los intereses del aparato el mismo día después de que la monarquía fue derrocada."

Trotsky sostiene, por supuesto, que los peligros implícitos en esta situación fueron evitados por la vigilancia de Lenin y por las condiciones objetivas que hicieron a "las masas más revolucionarias que el Partido, y el Partido más revolucionario que su aparato." Pero el aparato estaba dirigido por Lenin. Incluso antes de la Revolución, señala Trotsky, el Comité Central del Partido "funcionó casi con regularidad y estaba completamente en manos de Lenin." Y aún más después de la Revolución. En la primavera de 1918 el "ideal del 'centralismo democrático' sufrió reveses adicionales, porque de hecho el poder tanto dentro del gobierno como del Partido se concentró en las manos de Lenin y en el séquitos de líderes Bolcheviques que no discrepaban con él abiertamente y llevaban a cabo sus deseos." Con la burocracia avanzando en poder, el emergente aparato Stalinista debió haber sido el resultado de un descuido por parte de Lenin.

Distinguir entre el gobernante del aparato y el aparato mismo por un lado, y entre el aparato y las masas por el otro, implica que solamente las masas y su más alto líder eran realmente revolucionarios, y que tanto Lenin como las masas revolucionarias fueron traicionados por el aparato de Stalin que, por así decirlo, se volvió independiente. Aunque Trotsky necesita tales distinciones para satisfacer sus propios intereses políticos, éstas no tienen ninguna base en los hechos. Hasta su muerte - sin tomar en cuenta los comentarios ocasionales contra los peligros de la burocratización, lo que para los Bolcheviques es el equivalente de las cruzadas ocasionales de los políticos burgueses por un presupuesto equilibrado - Lenin jamás se puso en contra del aparato del Partido Bolchevique y su liderazgo, es decir, en contra de sí mismo. Cualquier política decidida entonces recibía la bendición de Lenin mientras éste se encontrara al timón del aparato; y murió sosteniendo ese puesto.

Las nociones "democráticas" de Lenin son pura leyenda. Por supuesto que el capitalismo de Estado bajo Lenin era diferente del capitalismo de Estado bajo Stalin porque los poderes dictatoriales del último eran más grandes - gracias al intento de Lenin de construir el propio. Que el régimen de Lenin era menos terrorista que el de Stalin es discutible. De la misma manera que Stalin, Lenin catalogó a todas sus víctimas bajo el encabezamiento de "contrarrevolucionarios". Sin comparar las estadísticas de aquellos torturados y asesinados bajo ambos regímenes, admitiremos que el régimen Bolchevique bajo Lenin y Trotsky no era lo suficientemente fuerte para llevar a cabo medidas Stalinistas tales como la colectivización forzosa y los campos de trabajo esclavo como su principal política económica y gubernamental. No fue una intención premeditada sino la debilidad lo que forzó a Lenin y Trotsky a la llamada Nueva Política Económica, es decir, a concesiones a los intereses de propiedad privada y a una mejor -de la boca para afuera- "democracia".

La "tolerancia" Bolchevique de organizaciones no-Bolcheviques tales como los Social-revolucionarios en la fase temprana del régimen de Lenin no vino, como asevera Trotsky, de las inclinaciones "democráticas" de Lenin sino de la incapacidad de destruir inmediatamente a todas las organizaciones no-Bolcheviques. Las características totalitarias del Bolchevismo de Lenin se acumulaban al mismo ritmo que crecía su poder de control y policía. Que estas medidas fueran forzadas sobre los Bolcheviques por la actividad "contrarrevolucionaria" de todas las organizaciones obreras no-Bolcheviques, como mantiene Trotsky, no puede explicar de ninguna manera su aumento adicional después del aplastamiento de las diversas organizaciones inconformistas. Ni podía explicar la insistencia de Lenin en la ejecución del principio totalitario en las organizaciones extra-rusas de la Internacional Comunista.


Trotsky, apologista del Stalinismo

Sin ser capaz de culpar completamente a las organizaciones no-Bolcheviques por la dictadura de Lenin, Trotsky dice que "aquellos teóricos que intentan probar que el régimen totalitario actual de la U.R.S.S. es debido... a la naturaleza desagradable del mismo Bolchevismo" olvidan los años de la Guerra Civil, "que marcaron indeleblemente al Gobierno Soviético en virtud del hecho de que muchos de los administradores, una capa considerable de ellos, se habían acostumbrado a comandar y a exigir una sumisión incondicional a sus órdenes." Stalin, también, continúa Trotsky, "fue moldeado por el ambiente y las circunstancias de la Guerra Civil, junto con el grupo entero que después le ayudó a establecer su dictadura personal". La Guerra Civil, sin embargo, fue iniciada por la burguesía internacional. Y por lo tanto, los aspectos desagradables del Bolchevismo bajo Lenin, así como bajo Stalin, encuentran su causa principal y final en la enemistad del capitalismo para con el Bolchevismo que, si es un monstruo, lo es solamente de manera renuente, matando y torturando en mera defensa propia.

Y así, aunque sea solamente en una manera indirecta, el Bolchevismo de Trotsky, a pesar de estar saturado de odio hacia Stalin, finalmente resulta en una mera defensa del Stalinismo como la única defensa propia posible para Trotsky. Esto explica la superficialidad de las diferencias ideológicas entre el Stalinismo y el Trotskismo. La imposibilidad de atacar a Stalin sin atacar a Lenin ayuda a explicar, en adición, las grandes dificultades de Trotsky como opositor. El propio pasado y las teorías de Trotsky ponen obstáculos la conformación de un movimiento a la izquierda del Stalinismo de su parte y condenan al "Trotskismo" a permanecer como una simple agencia colectora de Bolcheviques fallidos. Como tal puede mantenerse fuera de Rusia debido a las incesantes luchas competitivas por el poder y las posiciones dentro del movimiento "comunista" mundial. Pero no puede conseguir trascendencia porque no tiene nada para ofrecer excepto la sustitución de un grupo de políticos por otro. La defensa trotskista de Rusia en la Segunda Guerra Mundial era compatible con todas las políticas previas de esta oposición a Stalin, la más mordaz, pero también la más leal.

La defensa del Stalinismo por Trotsky no se agota en mostrar cómo la Guerra Civil transformó a los Bolcheviques de sirvientes en amos de la clase obrera. Él apunta al hecho más importante que es "para la burocracia es una cuestión de vida o muerte proteger la nacionalización de los medios de la producción y de la tierra." Esto significa que "a pesar de las más monstruosas distorsiones burocráticas, el caracter de clase de la U.R.S.S. sigue siendo proletario." Durante un tiempo - notamos - Stalin tuvo a Trotsky preocupado. En 1921, Lenin había estado perturbado por la cuestión de si la Nueva Política Económica era simplemente una "táctica" o una "evolución". Porque como la NEP liberó las tendencias capitalistas privadas, Trotsky vio en la creciente burocracia Stalinista "nada menos que la primera etapa de la restauración burguesa." Pero sus preocupaciones eran infundadas; "la lucha contra la igualdad y el establecimiento de diferenciaciones sociales muy marcadas han sido hasta el momento incapaces de eliminar la conciencia socialista de las masas o la nacionalización de los medios de la producción y la tierra, que eran las conquistas sociales básicas de la revolución." Stalin, por supuesto, no tenía nada que ver con esto, ya que "el Termidor Ruso indudablemente hubiera abierto una nueva era de régimen burgués, si ese régimen no hubiera sido probado obsoleto en todo el mundo."


El resultado: Capitalismo de Estado

Con esta última declaración de Trotsky nos acercamos a la esencia del tema en discusión. Hemos dicho antes que los resultados concretos de la revolución de 1917 no eran ni socialistas ni burgueses sino capitalistas de Estado. Era la creencia de Trotsky que Stalin destruiría la naturaleza capitalista-estatal de la economía a favor de una economía burguesa. De esto iba a tratarse el Termidor. La decadencia de la economía burguesa en todas partes del mundo previno a Stalin de hacer esto. Todo lo que podía hacer era introducir las características desagradables de su dictadura personal en esa sociedad que había sido creada por Lenin y Trotsky. De este modo, y a pesar de que Stalin todavía ocupa el Kremlin, el Trotskismo ha triunfado sobre el Stalinismo.

Todo se centra en una ecuación de capitalismo de Estado con socialismo. Y aunque recientemente algunos de los discípulos de Trotsky han encontrado imposible continuar haciendo la ecuación, Trotsky fue obligado a mantenerla, pues significa el origen y el final del Leninismo y, en un sentido más amplio, de todo el movimiento social-democráta mundial del cual el Leninismo fue solamente la parte más realista. Realista, esto es, con respecto a Rusia. Lo que fue, y todavía es, entendido por este movimiento como Estado "obrero" es el régimen gubernamental del partido; lo que es entendido como "socialismo" es la nacionalización de los medios de la producción. Añadiendo el control sobre la economía al control político del gobierno, el régimen totalitario sobre toda la sociedad aparece en su forma completa. El gobierno asegura su régimen totalitario por vía del partido, que mantiene la jerarquía social y es en sí mismo una institución jerárquica.

Esta idea del "socialismo" se encuentra ahora en proceso de ser desacreditada, pero solamente debido a la experiencia de Rusia y a las experiencias similares si bien menos extensivas en otros países. Antes de 1914, lo que se quería decir con la toma del poder, pacíficamente o por la fuerza, era la toma de la maquinaria gubernamental, reemplazando un grupo particular de administradores y legisladores con otro. Económicamente, la "anarquía" del mercado capitalista debía ser reemplazada por una producción planificada bajo el control del Estado. Como el Estado socialista sería por definición un Estado "justo", siendo controlado por las masas mediante procesos democráticos, no había razón alguna para pensar que sus decisiones fueran contrarias a los ideales socialistas. Esta teoría era suficiente para organizar a partes de la clase obrera en partidos más o menos poderosos.

La teoría del socialismo se reducía a la demanda de la planificación económica centralizada a favor de todos. El proceso de centralización, inherente a la misma acumulación del capital, fue contemplado como una tendencia socialista. La influencia creciente del "trabajo" dentro de la maquinaria estatal fue aclamada como un paso en la dirección del socialismo. Pero en realidad el proceso de centralización del capital demostró ser otra cosa que su auto-transformación en propiedad social. Lo mismo pasaba con la destrucción de la economía liberal y con ella el final del tradicional ciclo de negocios como el regulador de la economía. Con el inicio del siglo veinte el carácter del capitalismo cambió. Desde ese momento en adelante se encontró bajo permanentes condiciones de crisis que no podían ser resueltas por el funcionamiento "automático" del mercado. Las regulaciones monopólicas, las interferencias estatales y las políticas nacionales trasladaron la carga de la crisis a los capitalistamente desfavorecidos de la economía mundial. Toda política "económica" se convirtió en política imperialista, culminando dos veces en conflagraciones mundiales.

En esta situación, reconstruir un sistema político y económico hecho pedazos significaba adaptarlo a estas nuevas condiciones. La teoría Bolchevique de la socialización satisfacía esta necesidad de una manera admirable. Para restituir el poder nacional de Rusia era necesario hacer en un modo radical lo que en las naciones Occidentales había sido meramente un proceso evolutivo. Incluso entonces tomaría un tiempo cerrar la brecha entre la economía rusa y la de las potencias Occidentales. Mientras tanto la ideología del movimiento socialista sirvió bien como protección. El origen socialista del Bolchevismo lo hizo particularmente apto para la reconstrucción capitalista-estatal de Rusia. Sus principios organizativos, que habían convertido al partido en una institución operativa, también restablecerían el orden en el país.

Los Bolcheviques por supuesto estaban convencidos de que lo que estaban construyendo en Rusia era, si no el socialismo, por lo menos lo segundo mejor que el socialismo, porque estaban completando el proceso que en las naciones occidentales todavía era sólo la tendencia principal del desarrollo. Habían abolido la economía de mercado y habían expropiado a la burguesía; también habían adquirido el control completo sobre el gobierno. Para los obreros rusos, sin embargo, nada había cambiado; simplemente se encontraban frente a otro grupo de jefes, políticos y adoctrinadores. Su posición era igual a la de los obreros de todos los países capitalistas en tiempos de guerra. El capitalismo de Estado es una economía de guerra, y todos los sistemas económicos extra-rusos se transformaron en economías de guerra, en sistemas capitalistas de Estado adaptados a las necesidades imperialistas del capitalismo moderno. Otras naciones no copiaron todas las innovaciones del capitalismo de Estado ruso sino sólo aquellas más adecuadas a sus necesidades específicas. La Segunda Guerra Mundial resultó en el desarrollo posterior del capitalismo de Estado a una escala mundial. Las peculiaridades de las diversas naciones y sus situaciones especiales dentro del marco de poder mundial dieron lugar a una gran variedad de procesos de desarrollo hacia el capitalismo de Estado.

El hecho de que el capitalismo de Estado y el fascismo no se desarrollaron ni se desarrollan en todos lados de una manera uniforme dio a Trotsky el argumento de la diferencia básica entre el Bolchevismo, el fascismo y el simple capitalismo. Este argumento necesariamente hace hincapié en superficialidades del desarrollo social. En todos los aspectos esenciales estos tres sistemas son idénticos y representan solamente diversas etapas del mismo desarrollo. Un desarrollo que tiene por objetivo manipular la masa de la población mediante gobiernos dictatoriales de un modo más o menos autoritario, para asegurar al gobierno y a las capas sociales privilegiadas que lo respaldan y para permitir a esos gobiernos que participaran en la economía internacional de hoy preparándose para la guerra, haciendo la guerra, y sacando provecho económico de la guerra.

Trotsky no podía permitirse reconocer en el Bolchevismo un aspecto de la tendencia mundial hacia una economía "fascista" mundial. Incluso en 1940 sostuvo la visión de que el Bolchevismo previno el ascenso del Fascismo en la Rusia de 1917. Debería haber estado claro hace mucho, sin embargo, que todo lo que Lenin y Trotsky previnieron en Rusia fue el uso de una ideología no-Marxiana para la reconstrucción "fascista" de Rusia. Porque como la ideología Marxiana del Bolchevismo simplemente sirvió a fines capitalistas de Estado, ésta, también, ha sido desacreditada. Desde cualquier punto de vista que vaya más allá del sistema capitalista de explotación, el Stalinismo y el Trotskismo son ambas reliquias del pasado.

Notas
1. Stalin. Una evaluación del hombre y su influencia. Editado y traducido del ruso por Charles Malamuth. Los primeros siete capítulos y el apéndice, es decir, la mayor parte del libro, fue escrito y revisado por el mismo Trotsky. Los últimos cuatro capítulos, consistentes en notas, pasajes, documentos y otros materiales crudos, han sido editados.

2. Ver por ejemplo, "Dictadura versus Democracia" por L. Trotsky, Nueva York, 1922; particularmente de la página 135 a la 150.

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Comentaris

Re: Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
05 nov 2005
heus aqui el resultat d'aplicar l'idealisme -finalista?- al coneixement de la societat
Que es que el feixisme es la consequencia de la part fosca del esser humà, del Mal intrinsec a l'essencia humana?
O dels mals actes de certs individuus en un mon d'Individualisme Posmodern extrem?

Classe social, relacions de produccio i lluita de classes. Despres podem dedicar-nos a fer elucubracions escolastisques de què diuen els textos sobre que va fer un o tal altre i de si intrinsecament eren bones o males persones. Amen.
Re: Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
05 nov 2005
clar, la solució es el materialime dialectic, oi senyor filósof de l'aleluya (vinga va). resulta que el materialisme dialectic/históric es un idealisme mes, pero encovert, mesianic de collons (finalista?), cientific nomes en la forma pero mai en el contingut (dogmes polítics que amparen l'autoritarisme estatista, el totalitarisme burocrático-militar, la sumisió de les "classes proletaries/camperoles" a la idea de revolució/estat revolucionari/líder,etc..) si això no és idealisme no nem bé. Per molt materialisme que digeu aquesta concepció només es pot definir com a idealisme marxista. Massa cops heu parlat, utilitzant MArx, de l'idealisme filosofic/polític, acusant els anarquistes, per exemple, d'idealistes ingenus, etc.. sense adonar-vos de la vostra propia ingenuitat mesianica-idealista ("condicions objectives per a la Revolució", "socilisme cientific", "conquerir el poder politic per a instaurar la dictadura del proletariat"...)

Company, només vull que t'adonis que "classe social, relacions de producció i lluita de classes" no son lleis de la materia sino idees que es correlacionen amb fets i realitats materials, idees apercebudes per la ment humana, idees útils, que serveixen per enfortir la conciencia revolucionaria pero, al cap i a la fi, idees.

"elocubracions escolastiques" son, tret potser dels analisi economics, la majoria de diatribes/directives politico-filosofiques de K.Marx i F.Engels, així com d'altres pensadors influents en aquests o bé interpretadors seus a posteriori.

Ho deixo aquí, tot esperant haber contribuit a la controversia política tan necesaria, sense cap inclinació a la disputa o el desprestigi, sino cap a la discusió fraternal i cooperativa entre diversos punts de vista.

PEr últim, vull recordar la valentía i l'honor veritable dels milions de soldats rasos de l'Exercit Roig que van aconseguir esclafar el nazisme i el feixisme a Europa, alliberant Alemanya i França amb el seu imparable avanç.

Gloria a vosaltres, soldats valents de l'Exercit Roig, en la memoria dels pobles lluires sereu per sempre saludats i reconeguts!
El Comunismo,un fenomeno tipicamente Judio
05 nov 2005
Saludos amigitos y amiguitas,aqui os pongo despues de esta chachara de parloteo una version mas fidedigna y absoluta de lo que fue el comunismo.Aqui no entra ni trotskismo ni estalinismo ni marxismo leninismo,esa ideologia criminal solo tiene un nombre.Esta es un texto que he encontrado,muy documentado y que cuenta las verdaderas raices de esa ideologia que ha derramado tanto odio en el mundo y ha sembrado tanto dolor.Los pobres ilusos que dicen conocerla y defenderla me alegrara saber que almenos uno solo haya descubierto el verdadero origen de esta ideologia criminal.El comunismo es un fenomeno y un movimiento creado por y para el Judaismo Internacional.Por eso uno llega a la conclusion de la inevitable pregunta,si los alemanes han pagado indemnizaciones durante tantos años por los supuestos crimenes hechos durante la pasada guerra por sus hijos,no deberia alguien pagar por 150 millones de muertos? Si el pueblo judio tiene una influencia tan desigual y una responsabilidad tan grande en el funcionamiento y en la historia del comunismo internacional,no seria justo tambien señalar quien esta detras de una ideologia tan diabolica?
Este texto de 1976 cuenta la historia de ese invento judio llamado comunismo que se fraguo en Asia en 1917,leed, descubrid,aprended y opinad.LUEGO HABLAD.
EL COMUNISMO «RUSO»

«Elementos judíos conducen, a la vez, el comunismo y el capitalismo.»

The World Significance of the Russian Revolution.

Dr. Oscar Levy



El comunismo, basado en el ateísmo, el materialismo histórico, la lucha de clases y la planificación a ultranza, se impuso en un país como la vieja Rusia, el carácter de cuya población eslava parecía totalmente opuesto al éxito de la utópica experiencia marxista en su territorio. Según el sociólogo y economista alemán Werner Sombart, el ruso es profundamente religioso, patriótico, soñador, perezoso y poco dado a innovaciones.



Por otra parte, no deja de sorprender al observador imparcial el hecho -en verdad mágico- de que el Ejército rojo, integrado, según el gastado cuché de la moderna propaganda, por «parias de la Tierra» y «esclavos sin pan» derrotase con tan singular facilidad al Ejército imperial. Al parecer, a nadie ha sorprendido -por lo menos a ningún historiador consagrado- que los hambrientos, desarrapados proletarios dispusieron, tanto o más que las tropas zaristas, de ametralladoras, cañones, tanques y aviones. Nadie parece haberse preguntado -y seguimos refiriéndonos a los insignes catedráticos de la enseñanza oficial en todo el Occidente- de dónde salió el dinero para financiar una tan colosalmente costosa empresa como fue la Revolución soviética en Rusia. Por qué no cabe duda alguna de que las cotizaciones de los escasos miembros del Partido -unos dos mil quinientos afiliados, teóricamente miserables parias-, no alcanzaban ni siquiera para pagar los desplazamientos de los conspiradores comunistas dentro y fuera de Rusia.



La respuesta a las dos interrogantes implícitamente planteadas en los dos párrafos precedentes es que, el por todos llamado «comunismo ruso» no es, propiamente hablando, «comunismo», ni tampoco es -excepto, quizá, en un sentido puramente geográfico- «ruso». No puede ser ruso un sistema politico económico que preconiza como fin último propio, la dictadura del proletariado y el internacionalismo; que ha sido creado y modelado por individuos no rusos y, sobre todo, que postula unos principios opuestos al alma rusa. El hecho de que, en determinadas circunstancias, los objetivos políticos del comunismo internacional hayan podido coincidir con los de la antigua «constante nacional» rusa -presión sobre los Dardanelos; intento de salida al Mediterráneo; e incluso expansión en Asia- no implica necesariamente que siempre haya sido ni siempre haya de ser así. ¿Eran patriotas rusos Lenin y Trotsky cuando organizaban huelgas en 1905 mientras las tropas nacionales se batían contra los japoneses...? ¿Lo eran desde 1914 basta 1917 cuando predicaban el derrotismo y saboteaban el esfuerzo bélico de Rusia, entonces enfrentada a los imperios centrales? ¿O cuando en Brest Litovsk aceptaban unas cláusulas de Armisticio que cualquier gobierno zarista hubiera rechazado?



Y, por otra parte, ¿es qué puede llamarse «comunista» a un sistema cuyo fundador, Marx, era hijo de un prestamista, cuyos propagadores, Lassalle, abogado de prestigio, Heine, poeta hijo de un mercader e íntimo de los Rothschild, Boerne, primogénito del emisario de los Rothschild en Viena, Engels, hijo de un fabricante de textiles, Moses Hess, rabino, hijo de un agente de Bolsa, provenían de la alta burguesía...?, ¿comunista un movimiento implantado en Rusia por Lenin, de origen pequeño burgués, y Trotsky, casado con la hija del banquero Givotovsky, y cuyos jefes auténticos eran y son personas detentoras de un capital y, paralelamente, de un poderío como nunca soñó el más tiránico autócrata? El comunismo real -tan diferente del teórico o propagandístico, destinado a cazar incautos- es la forma más brutal y más explotadora del capitalismo. Si en Occidente los estadistas de hoy no son, en la mayoría de casos, más que meros agentes de trusts y monopolios que transforman su poderío financiero en poder político, más o menos disimulado, en Oriente el gigantesco «gang» del Kremlin, sin trabas y sin necesidad de disimulo por haber liquidado físicamente a la élite nacional que podía oponérsele, ha podido montar el más feroz y desalmado de los capitalismos: el capitalismo de Estado soviético.



El exilado rumano Traian Romanescu, ex profesor de la Universidad de Bucarest escribe a este respecto:

«Después de la muerte de Stalin, y probablemente para fijar sus posiciones en el cuadro de la nueva sociedad burguesa capitalista que maneja el comunismo, los "socialistas" moscovitas completaron en 1954 una estadística de la situación material de los primeros 1.670 "hombres del trabajo" en la Unión Soviética. Como es natural, esa estadística no ha sido publicada, pero se ha conocido por la indiscreción de algunos miembros del Partido... En la Unión Soviética... 730 jerarcas son multimillonarios, otros 940 son millonarios, es decir, capitalistas» (1).

En otro lugar de esta obra se habla de las flagrantes concomitancias de los lideres soviéticos con la alta finanza y el capitalismo Occidental. Para seguir un orden cronológico, empezaremos con la exposición de documentos y testimonios, procedentes de los campos más dispares, que establecen, con irrefutable autoridad histórica, que el comunismo soviético no es, contrariamente a lo que creen los más, un sistema o una doctrina rusos sino que, al contrario, se trata de la manifestación visible de un fanático imperialismo que, ni por sus orígenes, su financiación, sus fines y sus caudillos reales puede, sin ultraje a la verdad, ser calificado de ruso.



UN TESTIMONIO INAUDITO



Rapport del Servicio Secreto americano, transmitido al Estado Mayor del Ejército francés. (Archivado con la referencia 7-618-6 np 912 S.R. 2, II. Transmis par L´Etat Major de líArmée. Deuxieme Bureau) (2).

· «Sección 1: En febrero de 1916, supone por vez primera, que una revolución estaba siendo fomentada en Rusia. Se descubrió que las personas y establecimientos bancarios que a continuación se mencionan estaban complicadas en esta obra de destrucción; Jacob Schiff, Max Breitung, Felix Warburg. Otto H. Kahn, Mortimer Schiff, Jerome H. Hanauer, Banco Kuhn, Loeb & Co. Todas estas personas son judías. La firma bancaria mencionada está dirigida por los señores Schiff, Kahn, Warburg Hanauer y Loeb.

· No puede haber, pues, duda ninguna de que la revolución que estalló un año más tarde, fue fomentada e iniciada por influencias claramente judaicas. En efecto, en abril de 1917, Jacob Schiff, en unas manifestaciones públicas, declaró que gracias a su ayuda financiera, la revolución rusa había podido triunfar.

· Sección II; En la primavera de 1917, Jacob Schiff empezó a comanditar a Trotsky con objeto de hacer estallar la revolución social en Rusia. El diario neoyorquino Forward, que es un órgano judeobolchevique, organizó una suscripción con el mismo objeto.

· Desde Estocolmo, el judío Max Warburg financiaba igualmente a Trotsky y los suyos. Ãstos recibían también fondos del sindicato Rhenano/Westfaliano, importante empresa judeoalemana. así como de otro judío, Olaf Aschberg, del Nya Banken de Estocolmo. Así se establecieron las relaciones entre multimillonarios judíos y proletarios de la misma raza.

· Sección III: En octubre de 1917, estalló la revolución social en Rusia y gracias a ella, ciertas organizaciones soviéticas asumieron la dirección del pueblo ruso. En estos soviets se destacaron especialmente los individuos que mencionamos a continuación:

Nombres adoptados



Lenin

Trotsky

Steklov

Martov

Zinoviev

Kamenev

Dan

Ganetzsky

Parvus

Lunacharsky

Uritzky

Larin

Bobrov (Bohrine)

Martinov

Sujanov

Sagersky

Riazanov

Soltantzev

Tschicherine

Pianitzky

Axelrod

Glazunov

Lapinsky

Zuriesan

Zhordania

Bogdanov

Kamkov

Tchemomorsky

Abramovich

Maklakovsky

Garin

Kamneff

Joffé

Meshkovsy
Nombres verdaderos



Ulianov

Bronstein

Nakhames

Zederbaum

Apfelbaum

Rosenfeld

Gourevitch

Fuerstenberg

Helphand

Lunacharsky

Radomilsky

Laurie

Nathansson

Zibar

Gimel

Krochmal

Goldenbach

Bleichmann J

Tschicherine

Ziwin

Ortbodox

Schultze

Loewensohn

Weinstein

Zhordania

Siiberstein

Katz

Tchernomordik

Bein

Rosenbloom

Garfeld

Goldberg

Joffé

Goldberg
Raza



Ruso(3)

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Ruso

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Ruso (4)

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío


Las secciones IV y V del documento tratan de las actividades procomunistas del banquero Paul Warburg y del rabino Judah L. Magnes.

La sección VI descubre que Magnes, criatura política de Warburg y Schiff, fue dirigente de la organización sionista «Poale», de tendencia marxista.

La sección VII afirma que la revolución marxista fomentada en Alemania en 1918 se desarrolló siguiendo las mismas directrices judías que la revolución social en Rusia, y revela que sus dos principales dirigentes, Rosa Luxembourg y Hans Haase, eran judíos.

La sección VIII y última, resume; «... Si tenemos en cuenta que la firma judía Kuhn, Loeb & Co. está íntimamente relacionada con el sindicato Renano-Westfaliano, entidad bancaria judeoalemana, con Lazard Fréres, banca judía de París y con la firma bancaria judía Gunzbourg, de San Petersburgo, París y Tokio, y si tenemos así mismo en cuenta que las mencionadas casas judías mantienen relaciones estrechas con la banca judía Speyer & Co., de Frankfurt, Londres y Nueva York y con la Nya Banken, Banco judío, declaradamente bolchevique, establecido en Estocolmo, comprobaremos que el movimiento bolchevique es la expresión de un movimiento general de los judíos y que ciertas casas de banca judías están interesadas en la organización de tal movimiento.»



LIBRO BLANCO DEL GOBIERNO BRITÃ?NICO



Mr. Oudendyke, embajador de los Países Bajos en San Petersburgo, y encargado de los intereses británicos en Rusia después de la liquidación de la Embajada de Su Majestad por los bolcheviques en 1917, envió un informe al Primer Ministro inglés, Lord Balfour, informándole sobre la gestación y desarrollo de la Revolución.



Este informe fue incluido en el Libro Blanco del Gobierno británico publicado en abril de 1919 con el subtítulo «Rusia nº 1». He aquí un extracto del testimonio del embajador Oudendyke:

"Considero que la inmediata supresión del bolchevismo es la tarea más urgente que tiene ahora el mundo civilizado, incluso si es preciso, para conseguirlo, desencadenar una nueva guerra. Y, a menos que el comunismo sea ahogado en su nido, ahora mismo, es inevitable que acabe abalanzándose, de una forma u otra, sobre Europa y el mundo entero... ya que (el comunismo) lo han organizado y lo dirigen judíos, gente sin patria cuyo único objetivo es destruir, en su beneficio, el actual orden existente.."





EL RAPPORT SISSON



Mr. Edgar Sisson, enviado especial del presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, envió un documentado informe a la Casa Blanca, en relación con los sucesos acaecidos en Rusia durante los cien primeros días de la Revolución. Mr. Sisson publicó su informe con la autorización del Gobierno de su país, en 1931, en un libro titulado "One Hundred Days". Por otra parte, el Comité de Información Pública de los Estados Unidos editó los rapports Sisson, que incluían numerosas fotocopias de documentos oficiales, como «información de guerra» (serie Nº 20, octubre de 1918), tras haber sido sometidos a estudio y aprobación de los investigadores de la Oficina Nacional del Servicio Histórico.



En los rapports se establece que «un sin fin de documentos e informaciones oficiales y de observadores privados, demuestran el carácter casi exclusivamente judaico de la Revolución de octubre-noviembre de 1917. Se mencionan los nombres de los banqueros Jacob Schiff y Max Warburg como principales financiadores de los revolucionarios; se cita la cifra con que contribuyó, personalmente, Schiff: doce millones de dólares. De hecho, se afirma que el citado Schiff comenzó su obra probolchevique con la financiación de la propaganda comunista en los campos de prisioneros rusos en Manchuria, durante la guerra rusojaponesa de 1905. Este extremo fue confirmado por el testimonio de George Kennan, autoridad en asuntos rusos y ex embajador norteamericano en Moscú. Kennan manifestó a un reportero del New York Times (5) que una "Sociedad de Amigos de la Libertad Rusa", financiada, dirigida y animada por Jacob H. Schiff envió a los campos de prisioneros rusos en Siberia Meridional y Manchuria, una tonelada y media de panfletos de propaganda roja».



EL TESTIMONIO DEL EMBAJADOR FRANCIS



David R. Francis, embajador de los Estados Unidos en Moscú, mantuvo a su Gobierno puntualmente informado sobre los acontecimientos. El Departamento de Estado publicó, más tarde, los documentos Francis, que han sido recogidos, entre otros autores, por Mrs. Elizabeth Dillings en su notable obra "The Plot Against Christianity".

Alude, Mr. Francis, a un curioso telegrama enviado por el comunista de Petrogrado Fuerstenberg (Ganetzky), a un correligionario suyo. (Obsérvense la fecha -unos días antes de la Revolución-, el banquero y los demás apellidos mencionados, igualmente judíos.)



Estocolmo, 21 septiembre 1917.



Sr. Raphael Schaumann (o Scholan):



Querido camarada: La casa bancaria del señor Max Warburg, a raíz de un telegrama del presidente del sindicato Renano-Westfaliano, abrió una cuenta corriente para la empresa del camarada Trotsky. Un abogado, tal vez el señor Kestroff, se hizo cargo de las municiones, cuyo transporte a Lulea y a Vardi organizó, juntamente con el dinero para el camarada Trotsky, según sus deseos.



Fraternales saludos, Fuerstenberg (6).

El documento nº 3, de la serie Francis dice, textualmente, así: "Circular del 2 de noviembre de 1914. Del Banco imperial a los representantes de la Nya Banken y a los agentes del Diskonto Gesellschaft y de la Deutsche Bank.

"Actualmente, tienen lugar conversaciones entre los agentes autorizados del Banco Imperial y los revolucionarios rusos, M. M. Zenzinov y Lunacharsky... - Estamos dispuestos a ayudar sus proyectos de agitación y de propaganda en Rusia a condición de que esa agitación y propaganda afecten, sobre todo, a los elementos combatientes en el frente. En ese caso, los agentes del Banco imperial tienen instrucciones de abrir a los revolucionarios los créditos necesarios al desempeño de su labor. Firmado, Risser".

Suplemento a ese documento;

"Z. y L. entraron en relación con el Banco imperial alemán actuando de mediadores los señores Rubenstein, Max Warburg y Parvus.»



Todas las personas mencionadas en ese documento a excepción del revolucionario ruso Lunacharsky, eran judías. Por otra parte, hay que contar con la influencia que en el Banco imperial alemán poseían los hebreos Rathenau y Von Ballin. Así mismo, como era público y notorio, los cinco Bancos «D» de Alemania -entre los que se mencionan al Diskonto y el Deutsche Bank- eran entidades judías.



El documento Nº 5 se refiere a una orden de pago cursada por el sindicato Renano-Westfaliano (calificado de entidad judeobolchevique por el Departamento de Estado americano) a un tal Svenson Baltzer y a Moses Kirch, representantes, respectivamente, de la Diskonto Gesellschaft en Estocolmo y de la Deutsche Bank, en Ginebra. A Baltzer y a Kirch se les encarga suministrar fondos a los señores Ulianov (Lenin) y Bronstein (Trotsky).



En el documento Nº 6, el banquero Svenssen, de la "Banque díaffaires Waldemar Hansen & Co.," comunica a la Diskonto Gesellschaft que la cantidad de 315.000 marcos ha sido transferida a la cuenta del señor Lenin, en Kronstadt, en fecha 18 de junio de 1917.



El 7º documento se refiere a una carta del banquero Svensen al revolucionario judío Herzen (o Farzen) en Kronstadt. El capitalista Svensen escribe al proletario Herzen:

"Entregue los pasaportes y la suma de 207.000 marcos que usted ha recibido del señor Lenin, a las personas mencionadas en esta Carta (adjunta).»



El 8º documento da cuenta de que, según la orden de un tal Mr. Jullias, el Deutsche Bank ha pagado 32.000 francos que se han utilizado en la edición de panfletos comunistas.

Los documentos Nº 9, 10 y 11 hacen referencia a entregas de dinero (marcos, francos y coronas suecas) hechas por el sindicato Renano-Westfaliano y la Nya Banken de Estocolmo a los revolucionados Fuerstenberg, Trotsky y Antonov (7).



Hay, todavía, un duodécimo documento, relativo a una comunicación del millonario comunista Parvus Helphand. a un tal señor M. de Estocolmo, anunciándole el envío de 180.000 marcos para la financiación de las actividades soviéticas en Finlandia. Parvus era íntimo de Trotsky y de Lenin.



Finalmente, en el tercer tomo de los documentos hechos públicos por el Departamento de Estado, y bajo la referencia n.0 861.00/228 - 1110, puede leerse un telegrama enviado por el embajador Francis a la Casa Blanca en el que, entre otras cosas, se dice:

«... Considerando que el Gobierno provisional (8) tenía urgente necesidad de fondos, Inglaterra ha ayudado a Rusia, y probablemente continuará haciéndolo hasta el reconocimiento del Gobierno por todos los países Aliados, una ayuda urgente sería oportuna y muy altamente apreciada. Es extremadamente importante para los judíos que esta revolución tenga éxito. Si bien los judíos prestan tan importante ayuda, una gran discreción deberá ser observada, ya que ella (la Revolución) está entrando en una fase en que podría despertar la oposición de los antisemitas que tan numerosos son aquí.»

Los mencionados rapports del embajador Francis fueron publicados por el Departamento de Estado bajo el titulo Papers relating to the Fo-reign Relations of the United States, en tres volúmenes.



EL RAPPORT SIMMONS



El reverendo George A. Simmons, superintendente de la Misión Metodista de Petrogrado hasta primeros de octubre de 1918 declaró, bajo juramento, ante el Senado de los Estados Unidos:

«... De entre los 388 miembros del soviets de Petrogrado sólo 16 eran rusos y todos los restantes judíos, exceptuando a un negro procedente de Nueva York, que se hacía llamar doctor Johnson...



De los 371 judíos pertenecientes al Soviet comunista septentrional, 265 -o sea más de las dos terceras partes- habían llegado a Rusia procedentes del Lower East Side de Nueva York.



"... Todas las iglesias de Petrogrado fueron profanadas. Sólo fueron respetadas las sinagogas. Cuando la revolución estalló, las calles de Petrogrado fueron inundadas de pasquines y folletos de propaganda, escritos casi todos en lengua yiddish" (9).

EL TESTIMONIO DE VICTOR MARSDEN

Víctor Marsden, uno de los periodistas de mayor renombre en Gran Bretaña y corresponsal del London Post en Moscú durante diez años, escribió una documentadisima obra (10) sobre la Revolución bolchevique. Mr. Marsden hizo notar el elevado porcentaje de judíos que integraron el «apparat» gubernamental soviético; así, por ejemplo, la participación judía en la alta burocracia bolchevique, en 1918:



PUESTO



Politbureau

Comisariado de Guerra

Comisariado del Interior

Comisariado de Asuntos Exteriores

Comisariado de Finanzas

Comisariado de Justicia

Comisariado de Higiene

Comisariado de Instrucción Pública

Comisión de Socorros Sociales

Comisión de Trabajos Públicos

Comisión de Reconstrucción

Delegación Soviética en la Cruz Roja

Comisarios Regionales

Comisión de periodistas (oficiales)

Comisión de Depuración

Supremo Consejo de Economía General

Bureau Consejo de Economía General

Comité Central del Congreso de los Soviets

Comité Ejecutivo del V Congreso del P.C.



Total
MIEMBROS



22

43

64

17

30

19

5

53

6

8

2

8

23

42

17

56

23

34

62



534
JUDIOS



17

34

45

13

26

18

4

44

6

7

2

8

21

41

12

45

19

33

34



429




La proporción de judíos en el aparato gubernativo soviético es ligeramente superior al ochenta por ciento. Pero hay que tener en cuenta que en la obra precipitada de Marsden se consideran rusos, georgianos, letones y de otras nacionalidades a una serie de personajes que, más tarde, serían identificados como judíos, como Sverdlov, Karakhan, Bukharin, Manuilsky, Rakovsky, etc.



LOS AMOS DE RUSIA, EN 1919



Henry Ford Sr., uno de los primeros en comprender qué se escondía realmente detrás del bolchevismo «ruso» nos facilita una prueba estadística del aplastante predominio judío en Rusia roja (año 1919).

Organismo
Miembros
Judíos
%

· Consejo de Comisarios Populares

· Comisariado de Guerra

· Comisariado de Asuntos Exteriores

· Comisariado de Justicia

· Comisariado de Hacienda

· Instrucción Pública

· Socorros Sociales

· Comisariado de Trabajo

· Delegados de la Cruz Roja rusa en Berlín, Copenhague, Viena, Varsovia y Bucarest

· Comisarios Provinciales
22

43

16

21

30

53

6

8

8

23
17

33

13

20

24

42

6

7

8

21
77%

77%

81%

95%

80%

79%

100%

88 %

100%

91%


O sea que, entre los 271 principales jefes soviéticos, según las investigaciones de Henry Ford, encontramos 232 judíos, lo que da el elevado porcentaje del 85,6%.



«Cuando Rusia se hundió» -dice Ford (11)- «inmediatamente surgió el hebreo Kerensky (Adler). Pero como los planes de Kerensky no eran lo suficientemente radicales, le sucedió el judío Trotsky. Hoy (1919) cada comisario es un judío. De sus escondrijos salen los judíos rusos como un bien organizado ejército... »



«Ni uno sólo de los banqueros judíos de Rusia fue molestado, mientras que los banqueros no judíos fueron fusilados sin excepción. EL COMUNISMO SÃLO ES ANTICAPITALISTA CONTRA LA PROPIEDAD NO JUDIA..»

Este párrafo de Ford es realmente revelador y cobra toda su vigencia cuando observamos como, desde 1917 hasta hoy, la familia Aschberg del Nya Banken de Estocolmo, controlando por la dinastía Rothschild, ha tenido a uno de sus miembros dirigiendo el Banco del Estado soviético. Víctor Aschberg, hijo de Olaf Aschberg que contribuyó a financiar la Revolución de 1917, ocupa una posición paralela en importancia a la que tuvo hasta hace poco Bernard Mannes Baruch, y tiene hoy Sidney Weinberg en los Estados Unidos.



EL TESTIMONIO DE DOUGLAS REED



Mr. Douglas Reed, antiguo subdirector del Times londinense publicó en dicho periódico una serie de artículos transmitiendo los resultados de sus observaciones e investigaciones sobre los primeros tiempos de la Revolución de octubre. Extractamos:

"Es bastante conocido el importante papel jugado por los judíos dentro del aparato directivo comunista. Lo que apenas se ha dicho, pero es igualmente cierto, es que los otros partidos revolucionarios de Rusia estaban también dominados por los hebreos, de manera que, fuera cual fuera la resolución final de la Revolución, lo único cierto e indudable era que los judíos colocarían a sus hombres en los lugares de honor. Los Comités centrales de los partidos revolucionarios -comunistas aparte -estaban integrados como sigue:



Mencheviques 11 judíos

Comunistas del Pueblo 5 judíos y un ruso

Socialistas del Ala Derecha 14 judíos y un ruso

Socialistas de Izquierda 10 judíos y dos rusos

Anarquistas 4 judíos y un mongol

Comunistas polacos 12judíos.»

Mr. Reed nos facilita igualmente la composición del primer Gobierno (Consejo de Comisarios) de la U.R.S.S. Hela aquí:



COMISARIADO



Presidencia

Asuntos Exteriores

Nacionalidades

Agricultura

Consejo Económico

Abastecimientos

Trabajo

Ejército y Marina

Control del Estado

Tierras del Estado

Seguros Sociales E.

Instrucción Pública

Religiones

Interior

Higiene

Finanzas

Prensa

Justicia

Elecciones

Refugiados

Refugiados (Ayudante)

Refugiados (Ayudante)
NOMBRE



Ulianov (Lenin)

Tchitcherine

Djugachvili (Stalin)

Protian

Laurie (Larin)

Schlichter

V. Schmidt

Bronstein (Trotsky)

Lander

Kauffmann

E. Lilina (Knigissen)

Lunacharsky

Spitzberg

Apfelbaum (Zinoviev)

Anvelt

Goukovsky

Volodarsky

I. Steinberg

Uritzky (Radomilsky)

Fenigstein

Savitch

Zaslovsky J
RAZA



Judío

Ruso

Georgiano

Armenio

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Ruso

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío (12)




Observamos que Douglas Reed considera a Lenin judío, cuando en realidad sólo era medio judío, lo mismo que Tchitcherine, considerado «ruso» por el publicista británico. En cuanto a Stalin, un «georgiano» para todos los especialistas, era también de origen judío, como más adelante veremos. Es curioso constatar que el único ruso auténtico es Lunacharsky, el famoso comisario que presidió la infame parodia del llamado «Proceso del Estado soviético contra Dios» (que fue declarado culpable y ejecutado por una salva dirigida hacia el cielo).



EL INFORME OVERMAN



El informe de la Comisión Overman, leído ante el Senado de los Estados Unidos el 12 de febrero de 1919, revela que entre los 556 más importantes funcionarios del Estado bolchevique entre 1918 y 1919 había 17 rusos, 2 ucranianos, 10 armenios, 35 letones, 14 alemanes, 1 húngaro, 9 georgianos, 2 polacos, 3 finlandeses, 1 checo y 462 judíos.



LAS REVELACIONES DE ROBERT WILTON



Un testigo ocular de excepcional calidad para calibrar el significado y la finalidad real de la Revolución soviética es, sin duda, Roben Wilson, corresponsal del Times londinense en Rusia durante diecisiete años. Mister Wilson publicó un libro: The Last Days of the Romanovs en el que reproduce documentos oficiales que confirman sus aserciones. En las pá-ginas 136 y 137 de su libro, Mr. Wilson publica la lista de los miembros del Comité Central del Partido comunista, de la Comisión Extraordinaria (Cheka) y del Consejo de Comisarios del Pueblo, en 1918. He aquí la composición de estos tres organismos capitales, atendiendo a la composición racial de sus miembros.

Comité Central del Partido Comunista de la URSS.

Judíos 42

Letones 6

Rusos 5

Georgianos 3

Ucranianos 1

Alemanes 2

Armenios 2

Checos 1

Comisión Extraordinaria de Moscú (Cheka)

Judíos 23

Letones 8

Rusos 2

Alemanes 1

Polacos 1

Armenios 1

Consejo de Comisarios del Pueblo

Judíos 17

Rusos 3

Armenios 2

Es preciso hacer constar que en la presente estadística se considera «rusos», «polacos», «letones», «alemanes», a determinados criptojudios cuyo origen racial sería aclarado más tarde. Con todo, de los datos precitados se desprende que, en el mejor de los casos, en estos tres poderosos organismos, la representación auténticamente rusa no llegaba al nueve por ciento.



LA ALTA FINANZA JUD�A Y «POALE»



El exilado ruso Boris Brassol, que vivió en su patria durante los primeros años de la Revolución, revela (13):

«La alta finanza judía y el movimiento sionista Poale jugaron un papel preponderante en la conquista de Ucrania por los bolcheviques.

El judío Rappoport, un abogado de Kiev, escribió a propósito del Movimiento Poale:

"... Después del hundimiento de las cooperativas nacionales, Ucrania perdió su base económica. Las instituciones bancarias, dirigidas por nuestros camaradas Nazert, Gloss, Fischer, Krauss y Spindler, prestaron una gran ayuda a Poale. A partir del nombramiento del camarada Margulies como director del Banco de Ucrania nuestro éxito ya no ofreció dudas... Como representante de Poale-Zion, considero es mi deber hacer constar el agradecimiento de nuestro Partido y del Bundí (14), verdaderos pastores del rebaño de borregos rusos".»

El periódico parisien LíIntransigeant (nº 14540, 27 de mayo de 1920) reprodujo in extenso las declaraciones de Rappoport.



UNA OPINIÃN DE SIR WINSTON CHURCHILL



Winston Churchill escribió a propósito de los judíos y de su intervención capital en la Revolución soviética lo siguiente;

«Es posible que esta raza sorprendente esté en el proceso de creación de un nuevo sistema filosófico y político, tan malévolo como benévola fue la Cristiandad, el cual, si no es contrarrestado, destruirá irremediablemente todo lo que el Cristianismo ha hecho posible... Esos movimientos (revolucionarios) entre los judíos no constituyen una novedad... Ellos han sido los inspiradores de todos los movimientos subversivos acaecidos en el siglo XIX; y ahora, esta banda de extraordinarias personalidades de los bajos fondos de las grandes urbes de Europa y América ha agarrado al pueblo ruso por el pelo y se ha convertido en la dueña indiscutible de ese enorme imperio.»



«Importantísimo es el papel jugado en la creación del bolchevismo y en el actual desarrollo de la Revolución rusa por esos internacionalistas y en su mayoría ateos judíos... El predominio de los judíos en las instituciones soviéticas es sorprendente... el sistema terrorista aplicado por la comisión extraordinaria (Cheka) para combatir a los contrarrevolucionarios ha sido ideado y llevado a cabo por hebreos y, en ciertos casos notables, por hebreas. El mismo fenómeno pudo observarse durante el periodo de terrorismo rojo instaurado por Bela Kuhn (Cohen) en Hungría. Igualmente ha ocurrido en Alemania (especialmente en Baviera); si bien en todos esos países muchos no judíos participaron en esa sangrienta locura, el papel jugado por los revolucionarios judíos es asombroso» (15).



Cuando Sir Winston Churchill escribió esto, era, aún, un hombre político libre. Más adelante, sus opiniones, sus conveniencias -o lo que él tenía por tales- variarían radicalmente; en otro lugar de esta obra analizamos el asombroso caso Churchill



EL TESTIMONIO HOMER



A. Homer, hombre de ciencia y publicista británico, escribió un articulo publicado por el The Catholic Herald, en tres series, los días 21 y 28 de octubre y 4 de noviembre de 1933. Ese articulo fue reimpreso más tarde en forma de panfleto. En el mismo se lee:

"El movimiento soviético es una concepción judía, no rusa. Fue impuesto a Rusia desde el exterior, cuando, en 1917, para satisfacer determinados intereses judeoamericanos y judeoalemanes, Lenin, Trotsky y sus asociados fueron enviados a Rusia con objeto de derrocar el zarismo e implantar el comunismo...

El bolchevismo nunca ha sido controlado por rusos.

a) De los 224 revolucionarios que, en 1917, fueron enviados a Rusia con Lenin, Trotsky, Kamenev y Zinoviev con objeto de fomentar la Revolución bolchevique, 170, como mínimo, eran judíos.

b) Según The Times, de 29 de marzo de 1919, al menos las tres cuartas partes de los funcionarios que controlan el aparato central bolchevique, son judíos..., entre los cargos de menor relieve, los judíos son legión.

La población de la Unión Soviética es de ciento sesenta millones de habitantes, de los que unos seis millones son judíos, de manera que el porcentaje de hebreos en Rusia es del 3,75 %. No obstante, según reconoce el Jewish Chronicle, órgano oficial de la judería británica, en su edición de 6 de enero de 1933, más de la tercera parte de los judíos rusos son funcionarios del Estado soviético.»



Mr. Homer cita abundantes referencias de la financiación de los soviets por la alta finanza apátrida. Por ejemplo, menciona que muchos créditos hechos aparentemente por el Gobierno de los Estados Unidos a Alemania, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, llegaron en realidad a Rusia. Leonid Krassin un judeobolchevique, millonario como la mayoría de sus colegas, sirvió de hombre enlace entre Wall Street y el Kremlin. Este hecho fue repetidamente denunciado ante el Congreso de los Estados Unidos. El Primer Plan Quinquenal fue financiado con dinero americano, o, más exactamente, procedente de Norteamérica (16)



UN INFORME DE SCOTLAND YARD



«El comunismo es un movimiento mundial controlado por judíos.» (Fragmento de un informe de Scotland Yard al Gobierno británico, en 1918. Mencionado en el documento 86100, 5067, archivos del Senado de los Estados Unidos. Comunicación del embajador Francis al secretario de Estado Lansing.)



UN DATO DE LA ENCICLOPEDIA BRITÃ?NICA



En el epígrafe «Ucrania», la Enciclopedia británica (edición 1966) menciona que en el primer soviets de Ucrania había 18 ucranianos, 38 rusos y 136 judíos.



EL TESTIMONIO DEL CÃNSUL CALDWELL



El cónsul norteamericano John Caldwell, representante de su país en Kiev, mandó un telegrama a su secretario de Estado mencionando el pri-mordial papel jugado por los judíos en la preparación y desarrollo de la Revolución rusa. Caldwell insistió en la importancia de la acción de la judería rusa y ucraniana. no sólo en las grandes ciudades, sino también en los pueblos. (Grupo documental nº 59. Documento n. 86100, 2205. Departamento de Estado.)



EL CÃLEBRE VAGÃN PRECINTADO



El historiador británico W. Russell Batsell describe, en su libro Soviet Rule in Russia (Londres, 1925) cómo fueron enviados a Rusia los agitadores comunistas que debían hacer estallar la revolución de octubre.

«En abril, el Gobierno alemán había permitido el paso, hacia Rusia, en un vagón de ferrocarril precintado, de un grupo de bolcheviques que se encontraban en Suiza. Formaban parte de este grupo, entre otros destacados revolucionarios, Lenin, Martov y Sokolnikov. La Entente replicó autorizando a Trotsky y Kamenev, con sus respectivos séquitos, a trasladarse a Rusia (17).

Recordemos que Alemania se hallaba en guerra contra los países de la Entente, uno de cuyos miembros principales era, precisamente la Rusia zarista. Es un hecho históricamente admitido hoy en día, que fueron tres prohombres judíos. el banquero hamburgués Warburg, el naviero Von Baum y el omnipotente Walter Rathenau, del trust A. E. O. quienes, apoyándose en el canciller Von Bethmann-Hollweg -medio judío- forzaron la mano al Káiser, que se resistía a provocar el incendio en la casa del vecino. El talmúdico cuarteto, haciendo gala de un patriotismo alemán del que ya no se acordaría en Versalles, convenció al no excesivamente inteligente Guillermo II de que "los enemigos del zar eran -si no sus amigosó al menos sus aliados." Y la troika judía de Ginebra atravesaría Alemania con su séquito de terroristas y guardaespaldas encerrados, como apestados, en un vagón precintado, hasta llegar a las primeras líneas del frente, en donde un destacamento especial se encargaría de situarlos detrás de las líneas rusas.



Sin excusar ni atenuar este hecho, puede, al menos, comprenderse la actitud alemana; al fin y al cabo. Alemania y Rusia estaban en guerra, y en una guerra, lo que cada contendiente busca es dañar a su enemigo, sin preocuparse gran cosa de la ética de los procedimientos... Ahora bien, lo que ya no puede comprenderse, lo que resulta extraordinariamente paradójico es que «la Entente replicara autorizando a Trotsky y Kamenev y sus respectivos séquitos a trasladarse a Rusia. El aventurero Leiba Davidovich Bronstein, alias Trotsky, que Francia e Inglaterra habían expulsado de sus respectivos territorios por terrorista, fue «autorizado» por los Estados Unidos para ser enviado, precisamente en calidad de derrotista a la «aliada» Rusia. En este caso, el participio autorizado no deja de ser un hipócrita subterfugio. Trotsky no fue «autorizado» a dirigirse a Rusia: fue enviado allí a instancias del Gobierno de los Estados Unidos.



Bernard Marines Baruch, el bien conocido «Buda» de la democracia americana, ordenó la liberación de Trotsky, que se hallaba cumpliendo condena en el penal de Saint Louis. Acompañado de numerosos correligionarios, partió en un buque americano hacia Rusia, pero, interceptado por una unidad de la flota británica, fue nuevamente encarcelado en el penal de Nova Scotia (Canadá). Pero de allí volvió a liberarle la mano todopoderosa de Baruch, a pesar de formar parte el Canadá de la corona británica. Y, en un buque americano fue llevado hasta Rusia. Curiosa manera de comportarse con un aliado que, como Nicolás II, estaba llevando sobre sus hombros la más pesada carga de la guerra... (18).



Ãste es un hecho histórico e irrefutable. El mismo Baruch admitió, respondiendo a las preguntas de una Comisión del Senado que, bajo su responsabilidad. había sido liberado Trotsky en dos ocasiones, una de ellas en territorio extranjero, aún a sabiendas de que se proponía dirigirse a un país amigo y aliado, con el propósito deliberado de sabotear el esfuerzo de guerra de ese país y hacerle salir, si era posible, de la misma.



EL TESTIMONIO COTY



Mr. François Coty, conocido reportero del entonces, más importante periódico francés, Le Figaro, escribió el 20 de febrero de 1932 que «la ayuda financiera prestada a los nihilistas durante ese periodo (1905-1917) por Jacob Schiff, del poderoso Banco neoyorquino Kuhn, Loeb & Co. no fue un acto de aislada generosidad. Una verdadera organización terrorista fue creada con dinero venido de América. Esa red terrorista bien pronto cubrió toda Rusia con sus emisarios y agentes».

Fue el propio Jacob Schiff, ayudado por correligionarios suyos, quien financió al Japón en la guerra contra Rusia, en 1904-05, según reconoce la propia Enciclopedia Judía.»



EL GOBIERNO BRITÃ?NICO, VICKERS & MAXIM, Y EL ASESINATO DE LA FAMILIA IMPERIAL



La actitud del Gobierno británico hacia su aliado ruso fue, por lo menos, equívoca, durante el periodo revolucionario. Y dejó de ser equívoca una vez el bolchevismo firmemente establecido en el poder cuando Lloyd George, todo un Primer Ministro de Su Majestad, declaró, ante una atónita Cámara de los Comunes:

«Con el derrumbamiento del imperio de los Romanoff, uno de los principales objetivos de esta guerra se ha cumplido.»

Lo cierto es que el Gobierno británico se había comprometido a ayudar a Rusia en la guerra contra los imperios centrales. La firma inglesa Vickers & Maxim fue comisionada para el suministro de armamento. Una referencia al papel jugado por Vickers & Maxim en el desarrollo de los acontecimientos que produjeron el colapso de Rusia es hecha por el propio Lloyd George: El profesor Sir Bernard Pares, un distinguido académico que conoció bien Rusia y los rusos... visitó Rusia en 1915, en su calidad de corresponsal oficial con el Ejército ruso, y a su regreso presentó un rapport muy notable». En dicho rapport, citado por Lloyd George, el profesor Pares dijo: «... Es mi deber informar que el desafortunado y extraño fracaso de Messrs, Vickers & Maxim & Co. en el suministro de armamento a Rusia está poniendo en grave peligro las relaciones entre nuestros dos países (19).

Un inciso. Parece, en efecto, desafortunado y extraño que unos tan acreditados «mercaderes de cañones» como Vickers & Maxim fracasaran en su suministro de armamento al Ejército imperial ruso. Esos mercaderes de la muerte habían demostrado su sin par eficiencia en docenas de conflictos bélicos, pero he aquí que, súbitamente, fracasaban... Y fracasaban de una manera rarísima, extraña... Sí, por que, durante seis largos meses, los rusos, no reciben ni un solo fusil. Cuando, a finales de 1915, llegan los primeros fusiles, ametralladoras y cañones, las autoridades rusas se aperciben de que tales armas son de calibres diferentes a los usados por el Ejército imperial. A Rusia se le exige que pague por adelantado por unas armas que, de momento, no le sirven para nada... Entre tanto, otros rusos, o individuos con apellidos oportunamente rusificados, reciben clandestinamente armas en los países vecinos y en la misma Rusia. Las armas que los monopolios mundiales del armamento niegan al zar, son para Lenin y Trotsky.

Vickers & Maxim, firma mastodóntica cuyo «presupuesto» era superior al de muchos países del Viejo Continente, estaba controlada por Sir Ernest Cassel y Sir Basil Zaharoff, dos ciudadanos británicos. Según el editor hebreo Sir Sidney Lee (20), Sir Ernest Cassel era un judío nacido en Colonia (Alemania), íntimo de Jacob Schiff y director de la banca Bischofs-cheim & Goldsmidt, de Londres. En 1897 fue artífice de la compra de la «Barrow Naval and Shipbuilding Construction Company» y de Vickers & Sons Company y, más tarde, de la unión con las compañías de municiones y armamentos Maxim Gun y Nordenfeldt. Por su parte, la «combine» Maxim-Nordenfeldt había sido efectuada por otro judío, Sir Basil Zaharoff, procedente de una acomodada familia de Odessa (Ucrania) (21). Como vemos, una vez más, aparece en acción el triángulo comunismo -alta finanza -judaísmo, trabajando en común.



Otro sí, el trust francés de armamentos, Schneider-Creusot, contribuyó, aunque en menor escala que la Vickers & Maxim, a organizar la derrota del régimen zarista. Según el autor inglés Sidney Dark (22) «La familia Schneider es de origen judeo-alsaciano».



Si nula fue la ayuda de los gobiernos de los países de la Entente -y especialmente Inglaterra- a su desgraciado aliado Nicolás II en la guerra contra los imperios centrales, más lo fue aún en la que debió sostener el Ejército imperial contra el tan bien pertrechado Ejército rojo. Londres mandó un Cuerpo expedicionario de 1.200 hombres, que operó, con rara pasividad, en la zona portuaria de Arkangelsk, y Washington, en 1919, una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, un par de divisiones que hicieron acto de presencia en Siberia Meridional (23). La intervención de los Aliados se produjo en una escala completamente inadecuada a la magnitud del conflicto, y no pudo ayudar en nada a las tropas «blancas» del almirante Kolchak y de los generales Wrangel y Denikin. Para una sola cosa sirvió la intervención de la Entente: para hacer inclinar hacia el bando bolchevique las simpatías de una parte del populacho ruso, cuyos sentimientos «chauvinistas» se sintieron heridos por la intervención extranjera en favor del viejo régimen.



Tras su abdicación, el zar y su familia recibieron una oferta de asilo hecha por el Gobierno británico. Una polémica se desató sobre el hecho de haber o no haber sido posteriormente retirada tal oferta. Según Lloyd George, en sus aludidas «Memorias», tal oferta fue mantenida. Según Kerensky, en cambio, no lo fue. Pero Sir George Buchanan, embajador inglés en Rusia, afirmó en un libro de Memorias publicado por su hermana Miss Meriel Buchanan después de su muerte, que el Gobierno británico telegrafió al ruso, retirando la oferta de asilo (24). Esto equivalía a condenar a muerte al zar, máxime si se tiene en cuenta que los esfuerzos hechos por el conde Mirbach, embajador de Alemania -interesado en salvar a la zarina, princesa de sangre germana- resultaron vanos por la traición de un «agent provocateur», llamado Yakolev, un judío de origen transilvano.



El 16 de julio de 1917, en la mansión Ipatiev de Ekaterinburg, el zar, la zarina, el zarevitch enfermo, las princesas Olga, Tatiana, María y Anastasia y cinco sirvientes fueron fusilados, sus cadáveres asaeteados con las bayonetas y horriblemente mutilados. Los cadáveres fueron conducidos a un bosque cercano e incinerados o quemados con ácido sulfúrico. Esa horrible masacre fue personalmente ordenada por el comisario Sverdlovd, descrito por el agente británico Bruce Lockhart como «un judío tan moreno que diríase casi negro» (25). El pelotón de ejecución, mandado por Jakob Jurowsky, se componía de doce hombres, de los que sólo dos eran rusos, uno letón, y los otros judíos.

En la pared de la habitación donde el zar y su familia fueron ejecutados fueron hallados tres signos cabalísticos, inscritos de arriba abajo y de derecha a izquierda. Los símbolos consisten en la letra "L" repetida tres veces en escritura hebrea, samaritana y griega. Según la escritora norteamericana O'Grady, esa inscripción simbolizaba pasividad, significando que los asesinatos no provenían de la voluntad del ejecutor o ejecutores, sino que él o ellos actuaron en obediencia de una orden superior (26).

Cuatro días antes, el gran duque Miguel y su secretaria inglesa fueron fusilados en Perm, a trescientos kilómetros al Noroeste de Ekaterinburg. Los duques Sergio Mihailovitch, Igor, Constantino e Iván Constantinovitch. parientes cercanos del zar, fueron también fusilados en Ekaterinburg. El príncipe Pablo y la gran duquesa Isabel, con su séquito de diecisiete personas, fueron rociados con ácido sulfúrico y arrojados a un pozo seco, donde murieron al cabo de tres días de indecibles sufrimientos (27). La supervisión de esa serie de asesinatos estuvo a cargo de los bolcheviques Golschekin, Voikov y Sarafov. Golschekin, alias Philip, era un judío que estuvo relacionado con Lenin desde 1911. Voikov era igualmente judío; la procedencia racial de Sarafov es desconocida (28).

Que el Gobierno británico, por acción y por omisión favoreció objetivamente el triunfo bolchevique está fuera de toda duda razonable. Más insidioso fue aún el caso de la «contrarrevolución» organizada en Moscú por el capitán O'Reilly, agente del Intelligence Service. O'Reilly, un aventurero que se llamaba en realidad Rosenblum y procedía de un ghetto lituano, estuvo asociado con el banquero Alexander Weinstein, un judío de Kiev, y se sabe que trabajó como agente especial para los japoneses durante la guerra de 1904-05 entre el Mikado y Rusia. En 1917, aparece como agente secreto británico (29) y es enviado a Rusia. Su misión oficial: organizar la contrarrevolución, devolviendo a Rusia al lado de la Entente, pues los comunistas se disponen a concluir una paz separada con Alemania y Austria-Hungría. Su misión real: se ignora. La misión que cumplió: provocar prematuramente el alzamiento de los rusos anticomunistas, que fueron aplastados. Luego, O'Reilly huyó (igual que su correligionario Adler Kerensky, el introductor y solapador de la Revolución) sin que haya podido demostrarse que la omnipotente G. P. U. hiciera nada por impedirle la huida.

Ese aventurero escribió sus Memorias, que fueron publicadas por su esposa, la ex actriz sudamericana Pepita Bobadilla, que las prologó y epilogó (30). Según Mrs. O'Reilly, todos los complots organizados por su marido fracasaron; siempre los rusos blancos que se fiaron de él fueron, finalmente, traicionados por alguien. Según el cónsul general de los Estados Unidos, Mr. Poole, O'Reilly, Rosenblum era un «agent provocateur». Esto lo confirman Bruce Luckhart y el mismo «capitán» Hill, durante muchos años colaborador de O'Reilly. Este provocador que tan eficientemente trabajó por los bolcheviques no era, tampoco, unaparia de la Tierra, ni un esclavo sin pan. Antes de la Revolución, trabajó en San Petersburgo como agente de cambio y Bolsa (31).



LAS REVELACIONES DE MRS. WILLIAMS Y H. GWYNNE



Mrs. Ariadna Williams, viuda del Dr. Harold Williams, durante muchos años corresponsal del Manchester Guardian en Rusia, publicó las Memorias de su marido, bajo el titulo From Liberty to Brest-Litovsk, en 1919. Un año más tarde, el editor del Morning Post londinense. H. A. Gwynne recopiló los artículos del periódico, relacionados con la cuestión rusa (32). Según Mrs. Williams:

«La nueva clase que rápidamente cristalizó en derredor de los bolcheviques, se componía especialmente de individuos perfectamente ajenos al pueblo ruso... Abundaban los lituanos y letones, y también los caucasianos y asiáticos, pero la vasta mayoría se componía de judíos procedentes de los más diversos países. Esa gente hablaba muy mal el ruso. La nación cuyo sorprendente control acababan de obtener era extraña para ellos, y se comportaban, en consecuencia, como extranjeros en país conquistado».

Mr. Gwynne facilita diversas estadísticas e innumerables detalles reveladores. Por ejemplo, cita los nombres, reales y adoptados, de los 48 primeros personajes en el escalafón jerárquico soviético, 42 de ellos son judíos. Otros 2 son rusos casados con judías, Vorochilov y Kollontai. Dos más son medio judíos, Lenin y Tchitcherine. Completan la lista Goukovsky y el letón Peters.

La lista en cuestión coincide con la inscrita en la sección HL del rapport del Servicio Secreto americano, ya mencionada al comienzo del presente capítulo. Aparte de los nombres citados en dicho rapport, Mr. Gwynne añade los de Goussiev (Drapkin), Gorev (Goldman), Volodarsky (Cohen). Zervditch (Fonstein), Radek (Sobelssohn), Litvinoff (Meyer, Wallach, etc.) Kamensky (Hoffmann), Naout (Ginzburg), Igoev (Goldman), Vladimirov (Feldnian), Bounskov (Foundamentsky), Manuilsky y la Lebedteva (Simson), todos judíos, más Vorochilov, Kollontai y Goukovsky, rusos, y el chekista letón Peters. A propósito de Lenin, Mr. Gwynne reproduce una noticia publicada por el Jewish Chronicle, órgano del judaísmo británico, en la que, a parte de mencionarse la ascendencia del «Papa» soviético - judía por parte materna - y su matrimonio con la Kruppskaya, de bien acomodada familia judeoalemana, se dice que Lenin formó parte de círculos de estudios judíos cuando residió en Suiza, en 1897, y que su profesor era un rabino (33).



TESTIMONIOS DE PARTE CONTRARIA



Ninguno de los testimonios más arriba aludidos puede, ni aún con la mayor fantasía ni la más flagrante mala fe, ser tachado de «nazi», «fascista» o «antisemita» (palabra deliberadamente equívoca, escogida para denigrar sistemáticamente a los que exponen las actividades subversivas y revolucionarias del judaísmo político).



Ni el Estado Mayor del Ejército americano, ni la C.I.A., ni el «Deuxiéme Bureau» francés, ni Mr. Winston Churchill, ni el Departamento de Estado norteamericano pueden, seriamente, ser tildados de antisemitas. Por otra parte, las personalidades e instituciones aludidas presentan las mayores garantías en cuanto a la seriedad de sus informaciones; tales personas y tales organismos no podían no estar bien informadas, y lo mismo cabe decir de Mr. Oudendyke, representante oficial del Gobierno británico en Petrogrado, del embajador americano Francis, de los miembros de las comisiones Simmons, Sisson y Overman, de periodistas de renombre como Monsieur Coty, Mr. Marsden, Reed, Wilson... No podía estar mal informado Lloyd George, todo un Premier británico filosemita y antiguo abogado de los sionistas de Inglaterra...



De todos los testimonios citados hasta ahora se deduce claramente que la Revolución soviética no fue obra de rusos explotados por la autocracia zarista, sino de judíos internacionalistas por mediación de sus hombres de mano, correligionarios suyos en abrumadora proporción. Pero esto no lo han dicho solamente los gentiles; los propios judíos lo han reconocido en muchas ocasiones. Así por ejemplo, el más importante de los semanarios judeoamericanos, The American Hebrew publicó, el 10 de septiembre de 1920, está auténtica confesión de parte:

«La Revolución bolchevique en Rusia fue obra de cerebros judíos, de la insatisfacción judía, de la planificación judía, cuyo objetivo es crear un orden nuevo en el mundo. Lo que de tan excelente manera fue realizado en Rusia, gracias a cerebros judíos y a causa de la insatisfacción judía y mediante la planificación judía será también, a través de las mismas fuerzas mentales y físicas judías, una realidad en todo el mundo».

Por su parte, el Jewish Chronicle londinense escribió el 4 de abril de 1919:

«Hay mucho de bueno en el bolchevismo, no sólo porque muchos judíos son bolcheviques, sino porque los ideales del comunismo y los del judaísmo son consonantes en lo esencial.»



Alfred Nossig, uno de los más celebrados líderes espirituales del judaísmo declaró, en 1925:

«El socialismo y el código mosaico no están en oposición... nosotros tenemos un interés vital en la victoria final del socialismo en el mundo, no solamente por motivos tácticos y ocasionales, sino sobre todo porque el marxismo y la doctrina mosaica son prácticamente idénticos... » (34).

El Dr. Oscar Levy, judío americano, en una carta que fue reproducida en el prefacio del libro The World Significance of the Russian Revolution, de G. Pitt-Rivers, reconoció (1920):

«Al frente del comunismo y del capitalismo hay elementos judíos, que buscan la ruina espiritual y material de este mundo... para satisfacción del intenso idealismo judío.»



Un documento judío, citado por el Sunday Times, de Londres del 4 de abril de 1920, se jactaba, entusiásticamente, de que el comunismo no era más que una conspiración israelita para conseguir el imperio mundial de Sión. El despacho en cuestión decía exactamente: «La Prensa polaca reproduce un documento hallado en la cartera del comandante bolchevique Sunder, jefe de un batallón. Sunder fue muerto en acción. Ese documento, escrito en yiddisch, proyecta la luz sobre la organización clandestina judía en Rusia. He aquí su contenido:

"Secreto. Al presidente de la sección de la Alianza israelita universal. La hora de nuestro completo triunfo se acerca. Estamos en la alborada de la conquista del mundo. Nuestros viejos sueños se están cumpliendo. A pesar de que, hace relativamente poco tiempo no teníamos ningún poder, ahora podemos alcanzar la victoria. Ya hemos obtenido el poder en Rusia. Nuestros primeros planes han sido coronados por el éxito, pero no debemos olvidar que los rusos, aunque estén ahora bajo nuestro dominio, nunca dejarán de ser nuestros mortales enemigos... Firmado. El Comité Central de la sección de Petrogrado de la alianza israelita universal.»



Dos historiadores judíos que gozan de gran prestigio entre sus correligionarios corroboraron la evidencia del fondo judaico del movimiento bolchevique. William Zuckerman escribió:

«Nosotros estuvimos en vanguardia del movimiento revolucionario ruso antes del derrumbamiento del zarismo, y nuestros servicios desde los primeros días de la heroica lucha proletaria son reconocidos por todos los historiadores» (35).

En cuanto a Rappoport -uno de los más acreditados historiadores de la Revolución de 1917- estableció que:

«... los judíos de Rusia fueron globalmente responsables de la Revolución y de la victoria final del proletariado» (36).

Norman Bentwich, historiador judío de nacionalidad británica escribió (marzo de 1933):

«Es evidente que los cambios producidos por la Revolución soviética han sido especialmente favorables a los judíos... Cuando llegamos a Leningrado, los intérpretes y los guías de la organización turística del Estado eran, generalmente, judíos o judías. La misión del pueblo judío es ser el intérprete de la Rusia soviética ante el mundo, y del mundo ante la Rusia soviética, ya que él forma el núcleo esencial de la nueva sociedad proletaria...» (37).



En la revista Le Nouveau Mercure (París, marzo de 1927) el periodista hebreo René Gross, decía:

«Las dos internacionales de la finanza y del bolchevismo trabajan con ardor. Ambas representan los dos frentes de la internacional judía... Se trata de una conspiración contra todas las naciones gentiles».



Bernard Lazare, historiador judío y sionista prominente, reconoce, por su parte, que

«... en cuanto a la gestación del socialismo (comunismo) los judíos contribuyeron más que nadie. Marx y Lassalle en Alemania, Aaron Liberman y Adler en Austria, Dobrojonan Gherea en Rumania, Gompers, Kahn y De Lion en los Estados Unidos de América, fueron o son todavía los directores o los iniciadores. Los judíos rusos merecen lugar a parte en esta breve exposición. Los jóvenes estudiantes, evadidos de los ghettos, participaron activamente en la agitación nihilista: muchos de ellos -incluyendo a bravas judías- sacrificaron heroicamente sus vidas a la causa emancipadora, y al lado de esos médicos y esos abogados israelitas hay que colocar a la masa considerable de los refugiados artesanos que fundaron en Londres y en Nueva York, importantes organizaciones obreristas, centros de propaganda socialista, comunista e incluso anarquista (38).



El publicista judío Hermalin dijo, en un discurso pronunciado en Nueva York, en 1917, que

«... la Revolución rusa fue realizada por judíos. Nosotros formamos las sociedades secretas.. Nosotros inspiramos el reinado del terror... Nosotros por medio de nuestra convincente propaganda y de nuestras represiones masivas.. (39).

Uno de los fundadores del Partido laborista de Inglaterra, el profesor judío Harold Y. Laski, reconoció que

«... en 1897 se fundó el Bund, la unión de los trabajadores judíos en Polonia y Lituania... que se dedicó a las actividades revolucionarias en gran escala, y su energía les convirtió en el núcleo del Partido comunista en todas las Rusias» (40).



EL TERRORISMO PRERREVOLUCIONARIO



Si el terrorismo oficial - sucesivamente la Tcheka, la G.P.U. y la N.K.W.D. - ha sido, desde 1917, dirigido por hebreos, el predominio de individuos de esa raza en el terrorismo prerrevolucionario en Rusia es anonadante, como reconoce el propio Lazare en la obra antes citada.



En 1880, tres judíos -Deutsch, Axelrod y Vera Zasulich- y un ruso, Plekhanov, fundaron el "Partido socialdemocrático ruso", embrión del futuro Partido comunista (41). Lenin se afiliaría más tarde a esa organización. Uno de los miembros de la misma, Grigori Davidovich Goldemberg, que había asesinado al príncipe Kropotkine, planeó el atentado contra el Zar Alejandro II, que fue efectivamente asesinado el 1º de marzo de 1881, por un comando de terroristas dirigidos por la hebrea Fignez Jesse Helfmann y Nikolai Sablin. Alejandro III, que sucedió en el trono a su asesinado progenitor, adoptó duras medidas de represión contra los revolucionarios. Un judío Mloditsky, atentó contra la vida del Primer Ministro, Loris-Melikov, en 1901. Hirsh disparó contra el gobernador de Vilna en 1902. Grigori Gershuni asesinó al ministro del Interior, Spyagin, a Bognanovich, gobernador de Ufa y dirigió el complot contra el príncipe Obolensky, gobernador de Kharkov. Su correligionario Karpovich asesinó al ministro de Educación, Bogolepov. En 1904, Sazonov asesinó al sucesor de Spyagin, Von Plehve (42).



"El Bund" de Odessa organizó la revuelta de 1904, Durante varios días la Commune fue instalada en la ciudad. La represión de los cosacos contra los judíos fue particularmente sangrienta. Pero al año siguiente el jefe de la policía de Odessa fue asesinado por el judío Stillman. El gran duque Sergio, gobernador general de Moscú fue apuñalado por Kayalev el 4 de febrero de 1905.

Nicolás II, de tendencias moderadas dictó disposiciones para suavizar el trato que se daba a los hebreos. Fue entonces cuando, además del «Bund», surgieron partidos mixtos sionista-marxistas, tales como Poale-Sión y los socialistas-sionistas. La agitación social llegó a su punto álgido con la emancipación de los judíos. El Primer Ministro Stolypine fue asesinado en Kiev por el judío Bogrov en 1911. Estallaron motines y huelgas en todo el país.



Coincidiendo con esta agitación interior, una fuerte campaña antirrusa se organizaba desde el exterior, y especialmente desde Norteamérica. Henry Ford nos dice (43) que «el 15 de febrero de 1911, estando Taft en el poder, los judíos Jacob Schiff, Jacob Furth, Louis Marshall, Adolph Krauss y Henry Goldfogle le pidieron que, como represalia contra Rusia, cuyas medidas "antisemitas" exasperaban a la judería americana, fuera denunciado el Tratado de Comercio rusoamericano, que llevaba ochenta años en vigor, y a plena satisfacción de las dos partes». El presidente Taft se negó al principio a aceptar una tal petición, pero bien pronto empezó una bombástica campaña de Prensa criticando todas las decisiones presidenciales; el Partido republicano temiendo el estado de opinión artificialmente creado por la Gran Prensa, que podía significar la derrota en las siguientes elecciones, presionó a Mr. Taft en el sentido de que aceptara las exigencias de los prohombres judíos. En diciembre de aquel mismo año, el tratado era denunciado, significando otro rudo golpe, económico y moral, para un régimen que ya empezaba a derrumbarse.



Jacob Schiff y Samuel Gompers obtuvieron también de Taft que el Gobierno de los Estados Unidos rehusara la extradición de los revolucionarios Pouren y Rudovitz, pedida por el Gobierno ruso, amparándose en un convenio de extradición mutua existente entre ambos países desde cincuenta años. Nuevamente encontramos al infatigable Schiff y a su "protegé", el rabino Magnes, en la dirección y cofinanciación del periódico Novy Mir (Nuevo Mundo), editado por Trotsky cuando vivía en Nueva York. La Fundación Garland contribuía también a la financiación de esa hoja revolucionaria que era enviada a Rusia con la cuidadosa y benévola ignorancia de las autoridades americanas.



Los Rothschild de Londres no quisieron ser menos que Schiff. El hebreo Rappoport narra un episodio más de la contribución de la alta finanza en la lucha contra el zar; «Alexander Herzen se vio forzado a abandonar Rusia, trasladándose a Londres, donde empezó a publicar el panfleto revolucionario "The Bell". Pero antes de marchar, convirtió su propiedades en obligaciones del Estado. El Gobierno imperial identificó los números de las obligaciones de Herzen y, cuando fueron presentadas para su pago, después de llegar Herzen a Londres, el zar, en la esperanza de aniquilar a su enemigo, dio órdenes al Banco de Estado de San Petersburgo de no pagar. El Banco obedeció, pero el zar se encontró con un enemigo que no esperaba: el primogénito de los Rothschild, quien le hizo saber que, como las obligaciones de Herzen eran tan válidas como las de cualquier otro ruso, estaba obligado a decidir sobre la insolvencia del Gobierno imperial. Si las obligaciones no eran pagadas en el acto, él (Rothschild) declararía la bancarrota al zar, sobre todo la de su moneda en las Bolsas europeas. Nicolás II, anonadado, se metió su orgullo en el bolsillo y pagó.» (44). Los mismos judíos dieron aparatosa publicidad a este hecho, que representó un fortísimo golpe moral para el zarismo.



EL EMBAJADOR MORRIS



Ira Nelson Morris, embajador de los Estados Unidos en Estocolmo, fue una de las personas que más contribuyeron a ayudar a los bolcheviques en sus actividades prerrevolucionarias. Durante su gestión en Suecia, armas americanas llegaron a Rusia y Finlandia a través de Suecia. Morris era judío: antiguo conservero en carnes de Chicago, había formado el Gabinete electoral de Woodrow Wilson, junto a Bernard Mannes Baruch, el rabino Stephen Wise y el "coronel" Edward Mandell House. Morris había contribuido, junto a Schiff y el rabino Magnes a la fundación de la demasiado conocida «Sociedad de amigos de la libertad rusa», que aportaba fondos - americanos - para las «víctimas» del zarismo (45).



LA CONSOLIDACIÃN DEL RÃGIMEN SOVIÃTICO



Si bien desde 1917 hasta hoy ha habido un predominio judío en prácticamente todos los departamentos estatales soviéticos, hay dos -las finanzas y la policía- donde no ha habido predominio, sino poder absoluto. Más adelante tratamos de las finanzas soviéticas; en cuanto al terrorismo oficial en Rusia, desde la Cheka hasta la N.K.W.D., pasando por la O.G.P.U., siempre ha estado, empezando por Zinoviev en 1917 y continuando por And
Re: Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
05 nov 2005
Andropov en 1971, presidido por judíos.



Se han escrito centenares de libros sobre las insuperables salvajadas cometidas no sólo durante la Revolución sino después, de manera que consideramos ocioso volver a ello. El propio Gobierno soviético reconoció en 1935 que la cifra oficial de muertos causados por la Revolución era de unos 28 millones. (Marie Kerhuel: Le colosse aux pieds díargile, página 156). Más tarde -1940- Molotoff daba una cifra más modesta: 12 millones, si bien no tenía en cuenta naturalmente a los muertos en los campos de trabajo de Siberia y de la Vorkuta, en el Círculo Polar. (Se trataba, al parecer, de «decesos por causas naturales»), ni a las comunidades que habían sido objeto de la «ingeniería social», tales como los alemanes del Volga y los fineses de Carelia Meridional, que desaparecieron sin dejar rastro.



Un comunicado de la Agencia Reuter (Rostov 31 de julio de 1919) reproducido por diversos periódicos occidentales (entre otros Vieille France, nº 137), relató las atrocidades de la Cheresvichaika, «Comisión de la Cheka judeobolchevique» de Kharkov: «A la llegada de las tropas zaristas de Denikine, se desenterraron los cadáveres de centenares de víctimas de los chekistas, en presencia de numerosos corresponsales de Prensa extranjera. Los cadáveres estaban mutilados. Las matanzas eran presididas por los propios comisarios. Era corriente que los verdugos practicaran una incisión en derredor del antebrazo, revolviendo luego la piel como si se tratara de un guante. La visita de Braunstein-Trotsky a Kharkov originó un incremento del sadismo. La primera pregunta que hacían los chekistas a los rusos que iban a torturar era: ¿Has insultado a Trotsky por ser judío?»



En Kiev se batieron, al parecer, todos los récords de brutalidad y de infamia. «Todos los burgueses bolcheviques eran judíos. Los dos máximos responsables de la Cheka local eran Rakovsky, judío, de Bulgaria naturalizado rumano, y Latsis, judío de Letonia, presidente de la Comisión Extraordinaria para la supresión de la contrarrevolución. Éstos individuos utilizaban, sobre todo, a chinos y mongoles.» (Le Passé, les Temps Présents et la Question Juive, pág. 297).



Fue la Rusia soviética el primer país del mundo en considerar el "antisemitismo" un delito, sancionado con penas que podían llegar a la muerte. El trotskista Simon Blumenthal calificó a la Revolución rusa de «progrom al revés».



Resulta, pues, evidente que con objeto de guardar al menos las apariencias, los llamados gobiernos democráticos de Occidente debieron practicar una política de oposición formal contra la U.RS.S. Es cierto -ya lo hemos visto- que en 1918 y 1919 Inglaterra envió armamento a los voluntarios bálticos que luchaban contra los invasores rojos mandados por Trotsky y Gamarnik, e incluso envió un pequeño destacamento que operó en la zona de Arkangelsk, pero no es menos cierto que, entre tanto, el Ejército rojo estaba siendo, simultáneamente, armado desde Occidente. El reverendo Denis Fahey nos habla de la enorme responsabilidad de Inglaterra en la definitiva consolidación del régimen soviético en Rusia en su obra "The Rulers of Russia". Ayuda económica, militar y financiera, que anteriormente había sido negada al zar. El escritor alemán Ernst von Salomon, que fue miembro de la legión de voluntarios «Baltikum» que luchó contra los rojos en las marcas orientales de Alemania y en Lituania nos dice (46) que, cuando las tropas alemanas iban a entrar en Riga, en el invierno de 1919, la flota británica intervino en favor de los comunistas estonianos y rusos, impidiendo la liberación de la ciudad (47).



Mas no fueron sólo los ingleses, sino también los americanos, los franceses y el Gobierno alemán de Weimar, nacido de la derrota y tan impopular como incapaz, quienes contribuyeron a sostener a los bolcheviques impidiendo que el caos que éstos habían provocado les devorara a ellos mismos.



En 1923, Walter Rathenau, el hombre fuerte de la República alemana, firmaba el Tratado de Rapallo con los representantes de la Unión Soviética. Por el mismo, Alemania venía a reconocer de jure, al régimen bolchevique, e iniciaba con él una larga etapa de colaboración económica. Fueron signatarios de esa auténtica traición a Europa, representando a Alemania, además de Rathenau, sus correligionarios Mendelssohn y Von Ballin, y por parte soviética, Trotsky, Litvinoff, Rakovsky, Joffé, Sobelssohn Radek y Tchitcherine.



Entretanto, el «consejero privado» del presidente Wilson, el bien conocido «coronel» Mandell House conseguía que se reconociese el derecho de los comerciantes y financieros norteamericanos a tratar libremente con la U.R.S.S. El escritor y publicista inglés Wickham Steed, por su parte, cuenta que «en el mes de febrero regresaron de Moscú los señores MandeIl House, William C. Bullitt y Lincoln Steffens, que habían ido a Rusia a estudiar las posibilidades de una apertura de negociaciones con la U.R.S.S. Lloyd George y Poincaré estaban al corriente de esas negociaciones y las aprobaban... Poderosos intereses financieros internacionales actuaban en favor de un reconocimiento inmediato de los bolcheviques... El banquero Jacob Schiff presionaba constantemente al presidente Wilson para que reconociera el régimen soviético que padecía, entonces, una intensa crisis interior, tanto política como económica... En el Daily Mail yo protestaba enérgicamente, el 27 de marzo, contra toda intención de reconocer a los energúmenos cuya finalidad confesada es subvertir el orden de Occidente y someterlo a la más repugnante tiranía... El coronel House me rogó que fuera a verlo...; él (House) me increpó duramente por mi oposición periodística al reconocimiento del régimen soviético... Después me enteré de que Lloyd George y Wilson aceptarían, al día siguiente, las sugerencias de los señores Bullitt y House. Y así sucedió en efecto» (48).



House, que ostentaba indebidamente el título de «coronel», ocupaba junto a Wilson una posición par a la de un visir de sultanato árabe. En tan caracterizada «democracia» como Norteamérica, sin haber recibido los votos de sus conciudadanos, un Bernard Baruch aconsejaba a los presidentes votados por el pueblo «soberano», y un «coronel» House velaba por el exacto cumplimiento de tales consejos. Ese coronel que abogaba insistentemente por el reconocimiento de los bolcheviques, procedía, naturalmente, de una familia acomodada. En cuanto a William C. Bullitt - que tan importante papel desempeñaría durante la crisis germanopolaca de 1939, de la que surgiría la Segunda Guerra Mundial - era hijo de una rica judía de Filadelfia, y se casó con la viuda de John Reed, el llamado «primer comunista americano».



En enero de 1925, el Gobierno británico reconocía de jure al soviético. Francia, seguiría pocos meses después. En 1926, se firmaba el acuerdo Rockefeller Stalin, que aseguraba a la U.R.S.S. la financiación y el desarrollo de sus recursos petrolíferos. En 1933, el presidente Roosevelt reconocía a la Unión Soviética. El inevitable William C. Bullitt, primer embajador americano en el Kremlin, era pomposamente recibido por Stalin. Una oleada de millones de dólares, libras, francos y marcos cayó sobre la Rusia bolchevizada. Centenares de técnicos de los países capitalistas contribuyeron al desarrollo y renovación de la industria rusa; Averell Harriman dirigía una concesión de manganeso en el Cáucaso (49); Roben BIum, hijo del futuro Primer Ministro de Francia Léon Blum Karfulkenstein, era «manager» de una filial de la poderosa industria Weiler, que fabricaba los motores de aviación «Júpiter» para el Gobierno soviético; Walter Rathenau y su correligionario Heinemann hacían empréstito tras empréstito a la U.R.S.S., mientras en «su» patria Alemania, seis millones de obreros permanecían en paro forzoso y las empresas privadas quebraban a millares. En París los banqueros Aschberg y Kagan, alias Kaganovich, asociado gerente de la poderosa Banca Seligman et Cíe, facilitaban, a través de sus numerosas relaciones e influencias, la colocación de los empréstitos soviéticos en Francia. En 1935, un grupo de magnates de la industria y de la finanza francesas se desplazaba a Moscú para ampliar las relaciones comerciales con la U.R.S.S.; los judíos René Mayer, Pierre Schweissguth, de la Banque Mirabaud et Cíe., y el «rey de la electricidad» Ernest Mercier formaban parte del séquito, mientras, en el Senado, el barón Maurice de Rothschild abogaba por la ratificación del Pacto francosoviético (50). El trust Vickers & Maxim, continuaba sirviendo pedidos de armas y aviones para el Kremlin.



Todo lo hasta ahora dicho de la estrecha relación entre el comunismo y la alta finanza apátrida no es, en realidad, más que unas pinceladas en el cuadro de la cínica alianza entre el capitalismo y el comunismo, dos sistemas falsamente opuestos, en realidad complementarios, y obedientes a un mando común. Y así, mientras Stalin recibía fastuosamente en Moscú a Felix Warburg, Buda de Wall Street, factótum de la poderosa Kuhn, Loeb & Co. y del Federal Reserve Bank, y miembro prominentísimo del Kahal de Nueva York, una insidiosa campaña mundial de Prensa, hecha de relatos «objetivos realistas» preparaba psicológicamente al mundo civilizado para que, al ejemplo de sus corruptos gobernantes, aceptara la persistencia del régimen asesino de la U.R.S.S. como algo perfectamente normal y conforme a la naturaleza de las cosas.



EL MITO DEL ANTISEMITISMO SOVIÉTICO Y EL VERDADERO ORIGEN RACIAL DE STALIN



Sabido es que a la muerte de Lenin, Joseph Vissarionovitch Djugaschvili, alias Stalin (Acero) le sucedió en el cargo de secretario general del Partido comunista. Stalin fue el «dictador» (51) de Rusia desde 1924 hasta 1953. Casado, sucesivamente, con tres judías, Ekaterina Swanidtze, Nadia Allelujevna y Rosa Kaganovich, hermana ésta última del jerarca Lazar Kaganovich, los expertos occidentales en cuestiones soviéticas consideraron a Stalin, durante largo tiempo, como georgiano. Ciertos estrategas de salón incluso llegaron a pretender que Stalin era el continuador de la vieja constante nacional rusa, una especie de Pedro el Grande, un gran patriota paneslavo... Y cuando en 1926 expulsó a Trotsky de Rusia y persiguió a determinados jerarcas judíos, ciertos periódicos y agencias de noticias internacionales denunciaron un supuesto «antisemitismo» estaliniano.



Lo que no dijeron, empero, es que la caída en desgracia de Trotsky y su camarilla, y más tarde de Kamenev, Zinoviev, Bukharin, etc., significó la elevación a cargos de altísimo rango político de hombres como Heinrich Jagoda (Herschel), Vishinsky, Jacob Malik, Wallach-Litvinoff, Yadanoff, Yézoff y otros muchos, todos ellos judíos. La «Gran Prensa» de Occidente, presentó como «medidas antisemitas» de Stalin lo que no eran más que consecuencias de la lucha por el poder. Es posible que, también, las diferencias que, desde un punto de vista táctico -no ideológico-, separaban al antiguo atracador de Bancos Djugaschvili (partidario de una revolución gradual) del marido de la multimillonaria Sedova Givotovsky (apóstol de la revolución mundial inmediata) influyeran en el odio fanático que sentían el uno por el otro. Pero lo que es materialmente imposible es que la rivalidad Stalin-Trotsky fuera el reflejo de una verdadera oposición entre los intereses del viejo bolchevismo judío y los del neopatriotismo comunista ruso.



Fue un verdadero milagro de prestidigitación pseudoinformativa el hacer creer a la desorientada opinión pública de Occidente que un «georgiano», Stalin, había puesto freno a la monopolización del poder político judío en la U.R.S.S., y que otro ruso, el mariscal Vorochilov, ocupaba el cargo de presidente de la Unión Soviética. Se silenciaba, arteramente, que dicho cargo era - y es- puramente honorífico, y que su única razón de ser radicaba en la necesidad de poder presentar un ruso auténtico, un eslavo, como primer personaje oficial del régimen (52) y, sobre todo, se eludía mencionar, en las ditirámbicas biografías oficiales del zar rojo, su origen familiar. Solamente se sabia de cierto que había nacido en Georgia, en el seno de una familia burguesa de clase media acomodada, y que un tío suyo le pagó los primeros estudios en un seminario ortodoxo.



Pero ciertos indicios posteriores abrieron resquicios a la duda razonable sobre el verdadero origen racial de Stalin. En efecto, su nombre completo es Joseph (o Iosif) David Vissarionovich Djugaschvili. El primer nombre, Iosif, no es nada corriente entre la población georgiana ni entre la rusa ortodoxa; en cambio, es frecuente entre los judíos orientales. Lo mismo puede decirse de su segundo nombre, David. Vissarionovich, significa, en ruso, hijo de Vissarion; según Traian Romanescu (53) Vissarion es un nombre corriente entre las comunidades hebreas de Caucasia. Finalmente, el apellido paterno de Stalin, esto es, Djugaschvili, significa, textualmente, en lengua georgiana, «hijo de un judío».

El ex funcionario soviético Iván Krylov afirma que «el apellido de Stalin, Djugaschvili, significa, en georgiano, hijo de israelita; "chvili", hijo, y "Djuga", israelita. La familia Djugaschvili, de religión cristiana ortodoxa, desciende de leñadores judíos de las montañas del Cáucaso, convertidos, al menos oficialmente, a la religión del Estado, a comienzos del siglo XIX. (54).

Otro ruso, Imán Ramuza, escribió a propósito de los padres de Stalin, Vissarion y Cato Djugaschvili:



«Vissarion poseía una zapatería... era un judío nacido en Tskinvali (ahora llamado Stalinessere). El padre de Cato (la madre de Stalin) era un vendedor ambulante hebreo y vivía en Koutaisi. También poseía un pequeño almacén» (56).



Traian Romanescu señala, por otra parte, que el nombre «Kochba», o «Koba», que fue el que primeramente utilizó en los comienzos de su vida política el futuro amo del Kremlin cuando aún asaltaba Bancos en Caucasia, lo adoptó en honor de otro revolucionario judío, el llamado Bar-Koba que, en el año 165 de nuestra era acaudilló una sublevación de los hebreos contra Roma y fue declarado «el verdadero Mesías» por el Sanhedrín (56).



Se sabe también que el iniciador de Stalin en la doctrina marxista fue el hebreo georgiano Noah Zhordania, mientras que su «hombre de confianza» y encargado de organizar su protección personal era otro correligionario, Jakob Lazarevitch Menkhlis.

Ya hemos mencionado las tres esposas judías de Stalin y su parentesco con el factótum Kaganovich, imprescindible en todos los gobiernos soviéticos hasta 1961, en que, probablemente a causa de la edad, fue retirado a un cargo inferior. Con la Swanidze Stalin tuvo un hijo que llegó a general de aviación y fue capturado por los alemanes en 1942: Jacob Davidovich Djugachvili (¡extraño nombre para un ruso!) En cuanto a la hija que Stalin tuvo con Nadia Allelujevna, llamada Svetlana, se casó con Mikhail Kaganovich, uno de los jerarcas soviéticos de hoy, e hijo de Lazar Kaganovich. Stalin fue miembro del «Bund», organización marxista prerrevolucionaria exclusivamente reservada a judíos. Su primer panfleto revolucionario, titulado: «El problema nacional y la socialdemocracia», trataba del problema de los judíos en Rusia; Stalin proponía organizar a los judíos rusos en un Estado, que sería el núcleo de la U.R.S.S.



El llamado «antisemitismo» de Stalin -como el posterior «antisemitismo» de Krutschev, casado con una judía, rodeado de judíos y posiblemente judío él mismo- no son más que hábiles escenificaciones propagandísticas, destinadas a hacer creer a la opinión pública occidental que judaísmo y comunismo son diferentes y hasta antagónicos...



Si Stalin hubiera sido un «antisemita», hubiera liquidado la influencia judía en la U.R.S.S., o al menos la hubiera limitado seriamente. No obstante, según Charles Sarolea (57):

«Estoy dispuesto a admitir que la población judía en Rusia es pequeña en relación a la población total del país, pero también los ingleses representan una fracción infinitesimal de la población de la India. Pero no es menos cierto que unos cuantos centenares de jerarcas, asistidos por unos cuantos millares de funcionarios judíos controlan tan perfectamente a Rusia como los quinientos funcionarios angloindios controlan la India. Para cualquier persona que haya viajado en Rusia negar una tal verdad equivale a regar la evidencia de sus sentidos... Cuando se comprueba que una importante cantidad de funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores que uno ha conocido son todos judíos con dos únicas excepciones, puede decirse con toda justicia que los judíos predominan en el Ministerio.

Mr. Sarolea, catedrático de la Universidad de Edimburgo, escribió su obra en 1924.

En 1931, apareció otro libro (58) de D. Petrovsky, en el que se muestra que entre el 75 y el 85% del funcionariado soviético continuaba siendo judío.



En el XV Congreso del Partido comunista de la U.R.S.S., por ejemplo, formaron parte, como miembros del Comité Central, además de Stalin, Rykov (judío), Vorochilov (ruso), Kuibychev (judío), Kalinin (judío), Molotov (ruso), Tomski (judío), Bukharin (judío), Uglanov (?), Petrovsky (ruso), Kaganovich (judío), Andreiev (judío), Kirov (ruso), Mikoyan (judío), Kossior (judío), Tchubar (judío). Es decir que, a parte el zar rojo, de entre los quince jerarcas detentando el poder en Rusia, diez por lo menos eran judíos, cuatro rusos, y uno más, Uglanov, de procedencia desconocida (59).



Se ha dicho que Stalin colocó a «criaturas» suyas, en el Comité Central, aumentando los efectivos del mismo, que llegó a componerse de 59 personas en 1935. Al mismo tiempo fue liquidando, primero políticamente, después físicamente, a la «vieja guardia bolchevique», Kamenev, Zinoviev, Sokolnikoff, Rykov, Joffé, etc. Todas esas personas eran judías pero las que les sustituyeron lo eran también... Así, por ejemplo, el citado Comité Central en 1935, tenía la siguiente composición:

V. V. Balitsky

K. J. Baumann

I. M. Vareikis

Jakob Gamarnik

I. Egoff

Isidor Zelensky

I. D. Kabakoff

Lazar Kaganovich

V. G. Knorin

M. Litvinoff Wallach

Jakob Liobimoff

Dimitri Manuilsky

Jakob P. Nossow

J. L. Piatakov

I. O. Pianitzky

Mikhail O. Aazumov

M. L. Ruchimovich

K. V. Rindin

Mikhail M. Houtaevitch

M.S. Tchoudov

Abraham Schwernik

R. I. Eiche

Heinrich Yagoda

Jakob E. Iakir

Isidor A. Iakovlev

F. P. Griadinsky

G. K. Kaminsky

I. S. Unschlicht

A. S. Boulin

Mikhail Kalmanowitz

D. S. Beika

Moses Zifrinovitch

Abraham Trachter

Bitner

G. Kaner

Leo Krichman.

A. K. Lepa

Salomon Lozovsky

H. P. Pozern

T. D. Deribass

K. Striewsky

N. N. Popov

S. Schwartz

E. I. Veger

Jakob Menkhlis

A. I. Ugarov

G. Blagonravow

Abraham Rosengolz

A. P. Serebrowsky

A. M. Steingart

I. Pavlounowsky

G. Sokolnikoff

C. I. Broido

V. I. Polonsky

G. D. Weinberg

Mikhail Kaganovich

S. S. Labow

V. V. Ossinsky

STALIN

De esas cincuenta y nueve personas, cincuenta y seis son judías. En aquella época, se consideraba «georgiano» a Stalin. Ossinsky y Lavov estaban casados con judías (60).



LIBRO BLANCO DEL GOBIERNO POLACO



En 1936, el Gobierno polaco publicó un Libro Blanco sobre las actividades soviéticas en Europa Oriental y la labor de la Komitern en general. La siguiente lista de embajadores y ministros plenipotenciarios bolcheviques en diversos países fue incluida en tal documento:

Pais



Gran Bretaña

Alemania

Francia

Italia

Estados Unidos

Japón

Suecia

Turquía

Bélgica

Noruega

Suiza

Finlandia

Rumania

Grecia

Letonia

Lituania

Uruguay
Embajador



Maisky (Steinman)

Sunitz

Potemkine

Stein

Troyanowsky

Yureneff (Goffmann)

Sra. Kollontai

Kanakhan

Rubinin

Yakoubowitz

Dr. Bagozky

Ashmou s

Ostrowsky

Kobetzky

Brodowsky

Karski (Bejman)

Minkine
Raza



Judío

Judío

Ruso

Judío

Ruso

Judía

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judío

Judio

Ruso

Judío

Judío

Judío


Aunque no lo mencione el Libro Blanco polaco, hagamos constar que, por aquellas fechas, también en España había un «embajador» soviético, el judío Marcel Rossenberg, el cual «trataba a Largo Caballero y nuestros demás gobernantes como un «virrey», según el socialista Luis Araquistain (61).



Según el mismo documento, la delegación soviética en la Sociedad de Naciones estaba compuesta por: Maxim Wallach (Litvinoff), presidente; Stein, Markus, Bernners, Hirchsfeld, Halphand y Swanidze. Exceptuando a este último, que era georgiano, todos los demás eran judíos.



LAS PURGAS DE 1937-1938



A principios de 1937, el Gobierno soviético, incluyendo a los gobiernos provinciales, se componía de 503 altos funcionarios, de los cuales 406 eran judíos, lo que arroja un promedio del 81%. Diecinueve de los veintitrés miembros del Soviets local de Moscú eran judíos. Y cuarenta y uno de los cuarenta y tres editores y directores de la Prensa oficial también lo eran (62).



Estos datos corresponden a la época inmediatamente anterior a las grandes «purgas» supuestamente antisemitas ordenadas por Stalin. Después de ellas, los secretarios del Partido -auténticos «gobernadores»- de las diversas repúblicas soviéticas y sus primeros adjuntos, en total cincuenta altos jerarcas se clasificaban, atendiendo a su raza, así: cuatro rusos, dos armenios, un mongol y cuarenta y dos judíos (63).



El cambio más importante sobrevenido después de las terribles depuraciones stalinianas fue la sustitución de Maxim Wallach Meyer Litvinoff, por Skyriabine Molotoff, un bielorruso emparentado con la pequeña nobleza, de origen, pues, bien burgués, y casado con la hebrea Karpovskaja, hermana de un tal Sam Karpov Karp, fabricante de armamentos en Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos (64). Litvinoff fue nombrado presidente de la delegación soviética en la Sociedad de Naciones. Por su parte, Molotoff llevó tal cantidad de hebreos al comisariado de Asuntos Exteriores que en el Kremlin, humorísticamente, llamaban a tal dependencia «la Sinagoga» (65). La mano derecha del proletario de sangre azul, Molotoff fue, durante muchos años, el judío Salomon Abraham Lozovsky.



Contrariamente, pues, a lo que se ha pretendido generalmente, las «purgas» antisemitas de Stalin no sirvieron más que para afirmar el poderío judaico en Rusia. El grupo Kaganovich - Stalin se había impuesto a la oposición trotskista; una mera disputa de gángsters recubierta con oropeles ideológicos: un anzuelo que se tragaron muchos anticomunistas de buena fe... En el infierno comunista, si no hubiera rivalidades habría que inventarlas. Una vez liquidada la élite nacional, los marxistas debían, lógicamente, pelearse entre ellos por la exclusiva posesión de los despojos de la vieja Rusia; el mal es malvado hasta para los malvados, y la solidaridad de los delincuentes no existe más que frente a la policía. Por otra parte, quien quiera que haya estudiado a fondo la realidad del comunismo comprenderá que un tal régimen de perversión sólo puede existir y subsistir dentro de unas leyes de dinámica de violencia constante; el bolchevismo no es más que neodarwinismo aplicado a la política... es zoología. Las purgas del «georgiano» Stalin eliminaron a todos -o casi todos- los trotskystas. y, basándose en que tales individuos eran, en su mayoría, judíos, se concluyó apresuradamente, en un antijudaismo del Kremlin, es decir, en un antisemitismo de Stalin-Kaganovich, en un antisemitismo... ¡Judío!... Si el «racket» soviético se compone, como hemos, visto, de hebreos, y de unos cuantos auxiliares dóciles más o menos eslavos, y si tal «racket» sólo puede mantenerse merced a sangrientas «purgas», osamos preguntarles a los creyentes en esa entelequia del antisemitismo soviético quienes debían, a su juicio, ser las víctimas. ¿Pieles rojas, acaso?



Los antirracistas profesionales, inventores del stalinismo judeofobo, olvidaron que, inmediatamente después de las depuraciones de trotskystas, el ex seminarista «georgiano» creó la Guardia de Seguridad del Kremlin, a cuyo frente puso al coronel judío Jacob Rappaport. Olvidaron que el ruso Potemkine, embajador soviético en Paris, fue sustituido por el judío Louritz; que otro hermano de Lazar Kaganovich, Moisés, fue nombrado comisario (ministro) de Transportes; que tres judíos, Mendel Kerman, Lazarus Kagan y Semen-Firkin fueron promovidos a la misión - de ocuparse de la población penitenciaria de la U.R.S.S., que se elevaba, entonces, a siete millones de personas. E ignoraron, deliberadamente o no, que los hebreos Blucher y Egonoff, depurados por trotskystas, habían sido sustituidos por Aronchatam y Rawinobich, correligionarios suyos, en los cargos de comisarios políticos del Ejército del Este y de la flota del Báltico, respectivamente.



LAS DECLARACIONES DE THEODOR BUTENKO



Un diplomático soviético, de raza eslava, Theodor Butenko, que huyó a Italia en 1938, después de las depuraciones de trotskystas, hizo unas declaraciones que fueron publicadas por el Giornal di talia, el 17 de febrero de 1938; entre otras cosas, dijo:

«Jamás la clase trabajadora sufrió tantas privaciones en Rusia, como ahora, en la época de la sedicente socialización. En el lugar de los antiguos capitalistas, una nueva burguesía se ha formado, compuesta, casi totalmente, por judíos. Todos los judíos residentes en Rusia parecen gozar de la protección especial de Stalin y Kaganovich. Todas las grandes industrias y factorías, ferrocarriles, el comercio en pequeña y gran escala están, virtual y efectivamente, en manos de judíos, mientras que la clase trabajadora rusa no figura más que bajo la denominación abstracta de "Patrona de la Economía". Las esposas y familias de los judíos poseen lujosos coches y casas de campo, veranean en Crimea y el Cáucaso, lucen joyas y encargan a París sus joyas y artículos de lujo. Entretanto, el trabajador ruso, estafado por la Revolución, se arrastra miserablemente.»



He aquí el sistema de poderío y privilegio judío, que algunos expertos pretendieron presentarnos como antisemitas. Los mismos expertos que nos describieron al «georgiano» Stalin persiguiendo a los judíos por la sola razón de serlo, «olvidarían» curiosamente que el primer judeobolchevique que caería liquidado por sus antiguos compañeros, Uritzky Radornilski, lo fue bien por orden del «clan» Trotsky, bien por orden del «clan» Martov (no ha podido aclararse quién fue el responsable), y tanto Trotsky como Martov eran, como sabemos, judíos. También se pasaría por alto que Lenin fue víctima de un atentado, que estuvo a punto de costarle la vida, y que la autora de tal atentado era la judía Blumkin. El mismo asesinato de Trotsky, perpetrado por un sujeto que se hacía llamar Jacques Mornard y cuyo verdadero nombre era Mercader del Rio, fue organizado por un sangriento hebreo que llegaría a tocar con los dedos la cima del poder soviético, Lavrenti Paulovitch Beria. Mercader del Río pudo llegar a ganarse la confianza de Trotsky merced a la traición de una empleada de éste, Sara Weill, israelita.



La lucha de Stalin contra el «trotskysmo» no fue una lucha de rusos eslavos contra judíos por motivos patrióticos, ideológicos o racistas. Fue una lucha entre judíos, por la obtención del poder. El conflicto que más tarde opondría a Krutschev con los llamados «cosmopolitas» tendría idéntica significación... Hay que tener bien presente que el fiscal del Estado, acusador de los «trotskystas» en 1937-38 no fue otro que Andrei Yanurevitch Vishinsky, judío. Y que judíos eran también el ministro del Interior que organizó los procesos, Yézoff, y el médico que obtuvo las «confesiones», Lev Grigorievitch Levin.



LA KOMINTERN



«La Unión Soviética es la Revolución victoriosa, la Komitern, la Revolución en marcha... La Komitern, en su calidad de agencia mundial de espionaje, de propaganda y de acción bolchevique, en tanto que instrumento de la guerra civil, es indispensable a la Unión Soviética» (66).



Hemos demostrado que el llamado «comunismo ruso», ni es comunismo ni, sobre todo, es ruso. Vamos ahora a demostrar que, al igual que en Rusia, los movimientos comunistas desatados con la colaboración de la Komitern (no existe un comunismo «nacional») no son, tampoco, comunistas -el comunismo auténtico, el de Marx, es irrealizable en este planeta- pero sí son verdaderamente, radical e irremediablemente judíos.

* * *

En Hungría:

El 30 de octubre de 1918, en pleno desorden y anarquía provocados por la derrota de las armas de los imperios centrales, la chusma de Budapest se echaba a la calle, ocupaba los lugares vitales de la ciudad y capturaba al comandante de la plaza. El general Lukasics, que mandaba la guarnición, se dispuso a reprimir la sublevación. El Consejo Nacional, presidido por el conde Karolyi, traidor a su sangre, a su patria y a su rey, decidió jugar la carta de los revolucionarios.

«El Consejo Nacional de Karolyi decidió, en reunión secreta, deshacerse de los dos hombres capaces de oponerse a los designios revolucionarios: el ex presidente Tisza y el general Lukasics. Tres miembros del consejo, los periodistas judíos - Kéri y Fenyés y el capitán Cserniak, oficial desertor que se daba a sí mismo el titulo de "presidente del Soviets de los soldados", recibieron el encargo de reclutar ejecutores cuya misión era encuadrar debidamente a la soliviantada chusma. Por 100.000 coronas encontraron a un periodista hebreo llamado Joseph Pogany, Dobo, soldado desertor; Harvat Sanovics, marino desertor; Huttner, teniente de Ejército; un comerciante judío llamado Gartner y algunos comparsas más» (67). El día siguiente, Tisza era asesinado, y con él, la casi totalidad de la élite nacional. El 16 de noviembre, se proclamaba la República de Hungría.

Karolyi hizo en Hungría el mismo papel que Kerensky en Rusia: propiciar la Revolución. El 20 de marzo, Karolyi entregaba el poder en manos del judío Bela Kuhn (Cohn) y la dictadura bolchevique era implantada en Hungría.

He aquí un extracto del rapport Lusk, presentado al Senado de los Estados Unidos por una comisión del mismo:

« No existe una oposición organizada contra Bela Kuhn. Al igual que Lenin, se rodea de comisarios que poseen una autoridad absoluta. De los treinta y dos comisarios principales, veinticinco eran judíos. Los principales de entre ellos formaron un directorio de cinco: Bela Kuhn, Simon Kunfi (Kunstatter), Bela Vago (Weiss), Joseph Pogany (Swartz) y Tibor Szamuelly, todos judíos.»



La Cheka de Budapest dependía del Instituto de Investigaciones Políticas, dirigido por el hebreo Klein Corvin.



El bolchevismo húngaro duró cuatro meses. El 20 de julio, el Ejército rumano cruza la frontera y llega a las puertas de Budapest; el pueblo de la capital magiar se subleva. Bela Kuhn huye a Rusia (en 1936 aparecerá en España, en misión especial, y poco después será liquidado por orden de Stalin, que sospechaba era trotskista). Una oleada de antisemitismo se desata en Hungría, y el clamor popular hace culpables a los judíos, especialmente a los inmigrantes de Galitzia, de la implantación del bolchevismo durante cuatro meses de terror.

En Alemania:



La siguiente revuelta comunista en Europa estalló en Baviera, donde la antigua monarquía de los Wittelsbasch había sido derrocada y reemplazada por una «República socialista», independiente del Reich. Como presidente de tal República surgió el judío Kurt Eisner, que fue ejecutado por los contrarrevolucionarios mandados por el conde Arco. Pero el 6 de abril de 1919 es proclamada la «República de los Consejos soviéticos» bajo la dirección de un triunvirato integrado por Toller, Muhsson y Landauer, judíos los dos primeros y medio judío el tercero. Detrás de ellos, como emisarios de Moscú, la troika hebrea Levien, Levine y Axelrod. Todos los miembros del llamado Gobierno de Baviera son judíos, a excepción del comisado de Asuntos Exteriores, doctor Lipp, que había estado en observación en un asilo de alienados (68). En medio del desorden que imperaba en el Reich, el presidente Noske pudo enviar tropas que sofocaron la rebelión el 30 de abril.



Pero no fue sólo en Baviera, sino en toda Alemania donde estallaron revueltas y algaradas marxistas. Ya en 1918, aprovechando el clima de malestar creado por la derrota en la Primera Guerra Mundial, los revolucionarios se sublevaron en Kiel, Hamburgo, Colonia, Frankfurt, Stuttgart, Magdeburgo y Berlín. La hebrea Rosa Luxembourg publicó en el periódico Rohte Fahne (Bandera Roja) el programa de la famosa Liga de Espartaco, totalmente bolchevizante. Junto a Rosa Luxembourg, Karl Liebknecht, hijo de una judía y de un alemán de raza aria que murió alcoholizado, dirigía los grupos de acción que llegaron a controlar Berlín en enero de 1919. Noske, hombre providencial para Alemania y Europa, dirigiendo personalmente el Ejército, logra sofocar la rebelión y Liebknecht y la Luxembourg son sumariamente ejecutados. Otra intentona comunista se produce en Brunswick, acaudillada por Kurt Eisner, Ernst Toller y Karl Radek Sobelssohn -todos judíos- pero la Wehrmacht ahoga la revuelta duramente (69).

Después de un corto período de relativa tranquilidad, estalló en Hamburgo otra Revolución bolchevique (octubre de 1923) dirigida por los judíos Heinz Neumann Neuberg, Burmeister Walter Zeutschel y Hans Kippenberger (Alfred Langer). Otra sublevación se produjo en Turingia, acaudillada por el célebre agente soviético Karl Radek y por su correligionario Otto Marquardt, empleado en la delegación comercial soviética. Un comité secreto, evidentemente bajo las órdenes del Kremlin, dirigía estos movimientos y algaradas que mantenían a Alemania en una perpetua agitación e impedían o retrasaban su recuperación nacional. De ese comité formaban parte el comunista -de origen burgués- Hugo Urbahns, judío, y el «gentil» Max Hoeltz.



En 1925, el Partido cambia de táctica y se decide a combatir por los medios «legales» es decir, democráticos, amparándose, generalmente, detrás del aleatorio nombre de «socialismo». Las experiencias de Baviera, Berlín y Brunswick habían mostrado que era prácticamente imposible apoderarse del control de Alemania por un golpe de fuerza; los sectores sanos de la población eran demasiado fuertes para ello, y las elites no estaban lo suficientemente corrompidas por el veneno democrático premarxista. Una intensa campaña de propaganda legal se desata entonces, en parte financiada con fondos soviéticos, y en parte alemanes. Demos la palabra al autor alemán Jamnrowski (70).

«Joffé, representante en Berlín del Gobierno soviético, recordó abiertamente a Hugo Haase (judío, jefe del Partido socialista independiente) que su partido había recibido de la URSS una importante ayuda financiera para la impresión de su costosa propaganda. El contacto entre Rusia y el Partido socialista independiente se hacía a través de otro judío, el doctor Oscar Kohn, miembro del Reichstag, que había llegado a entre-gar a Haase sumas por un total de diez millones de rublos... Puede afirmarse, con una exactitud casi matemática que, en todas partes de Alemania donde ocurrieron alzamientos sovietistas, los judíos tomaron la dirección de tales movimientos y echaron aceite sobre el fuego. Si esos elementos hubieran triunfado, Alemania hubiera seguido el ejemplo de Rusia y Europa hubiera caído en manos del bolchevismo...»



«... El gran ponte de la propaganda comunista en Alemania era un judío, Willi Muenzenberg, y era miembro del Reichstag. Poseía el diario comunista Die Welt am Abend y los periódicos Illustrierte Arbeiterzeitung y Magazin fur Alle. Muenzenberg era poco conocido del gran público, pero puede asegurarse que él era el verdadero organizador intelectual del Partido...»

Este «proletario», propietario de tres periódicos, era hijo de un banquero. Según diversos autores judíos, Muenzenberg no era israelita de raza; damos, pues, la versión de Herr Jamnrowski con reservas.



Añadamos que otro judío, Hans Kippenberger, que se había destacado en el alzamiento comunista de Hamburgo, era el frío organizador de la sección terrorista del Partido, pues éste no reculaba ante el asesinato cuando era preciso. «Esta actividad terrorista era favorecida por el apoyo tácito de los dos jefes principales de la policía berlinesa: el judío Bernhardt Weiss, vicepresidente, y el presidente Grzesinski, hijo de una judía y un polaco... Conviene tambien mencionar que casi todas las veces que los comunistas debían rendir cuentas a la justicia, su defensa era asegurada por abogados judíos, entre los que destacaba Hans Litten, que se había hecho, con ello, una fortuna de primer orden» (71).



En Austria:

En Austria, la socialdemocracia marxista ocupó, legalmente el poder desde 1918 hasta 1934. Según G. Batault (72) el papel jugado por los judíos en el marxismo austríaco es preponderante; baste citar los nombres de Victor Adler, Ellenbogen, Austerlitz, Mar Adler, Teressa Schlessinger, Hertz, Eckstein, doctor Diamant, Braun, etc. (73). Dos judíos ocuparon el poder en el período mencionado. Victor Adler y Otto Bauer, originario de una familia de ricos industriales israelitas de Brunn, en Moravia (74).



La administración socialista resultó un verdadero fiasco, y el movimiento «Heimwehr», dirigido por el príncipe Starhemberg, ganó el favor del electorado y Dollfuss fue nombrado canciller. No resignándose a perder el control del Estado, los marxistas organizaron una sublevación. La huelga general fue decretada en febrero de 1934, pero en tres días, el Gobierno, apoyado por la Heimwehr se hizo dueño de la situación y el marxismo austríaco fue aplastado. Otto Bauer y Julius Deutsch huyeron al extranjero, dejando a sus partidarios que se las compusieran como pudieran. Así terminó la socialdemocracia en Austria (75).

En Inglaterra:

En Inglaterra, el Partido comunista, numéricamente poco importante, ejerce, no obstante, una influencia notable que sería peligroso subestimar. Es imposible no observarla detrás de los agitadores del «Movimiento de la Paz», de las numerosas «ligas antifascistas» de los años veinte y treinta, y, sobre todo, de la constante inclinación del «Labour Party» hacia la izquierda. El Partido comunista inglés, desde hace muchos años, está dirigido por una troika compuesta por Harry Pollitt, Pat Kerrigan y GalIagher, este último judío. Pero infinitamente más importante que los gentiles Pollitt y Kerrigan y el judío Gallagher son los gentlemen que financian su labor y, por ende -¡quien paga, manda!- dictan su política. Según C. Jordan (76) el verdadero dirigente del Partido en Inglaterra, el auténtico «ojo de Moscú», es el honorable Ivor Montagu, hijo del multimillonario hebreo Samuel Montagu, que, a su vez, fue uno de los primeros en financiar las actividades del Partido en las Islas inmediatamente después del fin de la Primera Guerra Mundial. El banquero Montagu dirige, desde hace muchos años, el «Movimiento de la Paz» en Inglaterra y escribe los editoriales del Daily Worker, el decano de los diarios bolcheviques en Europa.



Al frente de las diversas entidades criptocomunistas de Inglaterra se encuentran nombres tan judaicos como Hannen Swaffei, Morris Isaacs, Lord Marley, Gerald Barry, el profesor Harold Lasky, oriundo de Hungría y «Buda» del laborismo, Zilliacus, Nathan Birch, Jack Gaster, presidente de la «Asociación internacional de abogados democráticos», John Bernal, vicepresidente del Congreso Mundial de la Paz, etc., etc. En 1935, por primera vez, un comunista gana un acta en el Parlamento se trata de un judío, Philip Paratin.

En Francia:

Echemos, ahora, una ojeada a Francia. El Partido comunista francés fue fundado en 1920 cuando, en el Congreso de Tours, el Partido socialista unificado decidió adoptar la denominación de «comunista» y dio su adhesión a la III Internacional (Komintern). Según la escritora inglesa Nesta H. Webster (77) el paso decisivo de Tours fue posibilitado por dos emisarios judíos enviados desde Moscú por Lenin y Trotsky. Sus nombres: Clara Zetkin y Abralmovitch, alias Zalewsky, alias AIbrecht. Como secretario general del Partido muy pronto emergería la personalidad de Henri Thorez, uno de cuyos abuelos se apellidaba Torres y era un hebreo oriundo de Portugal. Thorez estaba casado con Jeannette Veermeersch, judía y miembro del Comité Central del Partido.

Recordemos que, tras el asesinato de Jaurés, es un judío oriundo de Transilvania, Leon Blum Karfulkenstein, quien toma la dirección del Partido socialista. Blum, un intelectual millonario, era el polo opuesto de la imagen que las gentes se forman, generalmente, del marxista "duro y puro". En 1936 presidiria el Gobierno del frente popular que, siguiendo las directrices de Moscú, tanto haría por envenenar las relaciones entre Francia y Alemania.



En Holanda:

En la pequeña Holanda, el Partido, de escasa importancia numérica, fue dirigido desde el principio, por Saul De Groot un judío ferozmente partidario del georgiano Stalin. En Bélgica, el secretario general del Partido era otro israelita, Charles Balthasar.

Según el periódico alemán Der Weltbolshevism, el financiador de las actividades del Partido comunista en Suecia, detrás de un "frente de gentiles", fue uno de los mayores millonarios del siglo Ivar Krueger.



En Grecia:

El creador del Partido comunista griego fue, según Traían Romanescu (78) un tal Abraham Benaroggias (Abraham ben Aaron), que vivía en Salónica, donde se publicaban dos periódicos marxistas Avanti y El Tsoweno, siendo este último, al mismo tiempo, el órgano oficial de la comunidad judía de la ciudad. El profesor Romanescu reproduce una información del periódico ateniense Etnos (79) según la cual, en las reuniones de los bolcheviques locales, más del 75 % de los participantes eran israelitas.

En Bulgaria:

En Bulgaria, excepcionalmente el Partido estaba bajo la dirección y el control de un «gentil», el famoso comisario Dimitroff, uno de los principales factótums de la Komitern. Secundaban a Dimitroff los hebreos Jack y Prima Friedmann, organizadores del complot contra Sveta Nedelia.



En Polonia:



Otros dos judíos internacionales, uno de origen ruso, Ilya Ehrenbourg, y otro alemán, Sobelssohn Radek, fueron los organizadores de la agitación bolchevique en Polonia hasta que el mariscal Pilssudski, ayudado por tropas de voluntarios rumanos, franceses, alemanes y los húngaros, rechazó a las tropas de Trotsky hasta más allá de la línea Curzon.

En la Checoslovaquia creada ex nihilo en Versalles, la liberaldemocracia autoriza (¡cómo no!) la actuación legal del Partido comunista checo, a cuyo frente vemos a otro hebreo, Salzmann Slansky.



En Rumania:



Las actividades comunistas en Rumania empezaron, prácticamente, en 1919. Un año después, Max Goldstein asesinaba a Greceanu, presidente del Senado. Goldstein fue ejecutado pero su cómplice, Ana Rabinson Rawinowich, hija de un rabino polaco, logró escapar a Suiza, donde se casó con el comunista Marcel Pauker, y emigró a Rusia. Tras el destierro de Trotsky, la Pauker denunció a su propio marido como trotskista, y éste fue fusilado por orden de Beria. Dejamos la palabra al rumano Traian Romanescu:

«Ana Pauker fue secretamente enviada a Rumania para organizar un movimiento comunista subterráneo en 1932... En 1936 fue descubierta por la policía y encarcelada, pero cuando los soviéticos ocuparon Besarabia y Bukovina propusieron el canje de la Pauker por una personalidad rumana, a lo que el mariscal Antonescu accedió...» (80).



El periódico alemán Weltbolshevism (noviembre de 1937) concluía uno de sus artículos haciendo notar que la participación de los judíos en el movimiento comunista rumano era muy notable.

En Suiza y Dinamarca:



Incluso en Suiza y Dinamarca aparecieron partidos criptocomunistas. Así, en 1930, se fundó en Berna un «Partido socialista de la izquierda suiza», afiliado a la Komitern. El secretario general era un italiano, León Nicolé, pero a su lado, como «ojo de Moscú», tenía al judío ruso Dicker, instigador de la revuelta del 9 de noviembre de 1932. En Dinamarca, las actividades marxistas eran patrocinadas por dos profesores israelitas de la Universidad de Copenhague: Jacob Davidssohn y Georg Brandeis. La asociación sionista I.K.O.R., cuyo principal dirigente era el comunista Aid Larsen, estaba en la punta del combate de la llamada «Revolución social».

En España:



En España, en cambio, el comunismo indígena estaba -al menos aparentemente- dirigido por españoles, si bien totalmente sometidos a las directivas de la Komitern, Pero cuando la República reconoce a la Unión Soviética, a España vienen dos judíos de altísimo rango revolucionario: Rossenberg y Antonow-Owssenko. Dolores Ibárruri "La Pasionaria" adquiere gran relieve, pero el primer comunista aunque, oficialmente, luzca etiqueta «socialista» que llega a la más alta magistratura del Estado republicano, es el judío Juan Negrin Diaz.



En América

En el Nuevo Mundo el judaísmo es, como en Europa, la base principal del movimiento bolchevique.

Argentina:

En la Argentina fueron dos israelitas, Salomon y Julia Hasselmann los primeros organizadores del comunismo local, como agentes de la Komitern. En 1930 estalló una revuelta comunista cuyos líderes fueron Pedro Wald Naleskowskij y Macario Ziazin.



Tras el aplastamiento de la Revolución por el Ejército, el marxismo argentino inició su acción legal, a la democrática. En la acción propagandística destacó un tal Siskin Eisenberg, oriundo de un ghetto centroeuropeo.



El periódico América, de Buenos Aires (8 de septiembre de 1934) mencionó que, según datos oficiales del Ministerio del Interior existían, en el país, no menos de 225 publicaciones comunistas de ambas tendencias (stalinista y trotskista), de las cuales 40 se publicaban en ruso, 35 en yiddish y 27 en ucraniano. El periódico londinense The Patriot comentando estos hechos, hacía señalar que "a pesar de que, teóricamente, el peligro revolucionario judeocomunista sea disminuido por la proclamación abierta de sus finalidades subversivas, esa ventaja es largamente compensada por el hecho de que nadie presta atención a su actividad, cuyo potencial es subestimado".

En Chile y Uruguay:

En Chile y Uruguay se produjeron, igualmente, alzamientos bolcheviques, en 1931 y 1932. En Montevideo pudo establecerse la participación directa del embajador soviético Minkine en la organización de la revuelta, y el representante soviético fue expulsado del país.



En Brasil:

Numerosos fueron los israelitas que, en los años treinta, estuvieron detrás de los trastornos sociales y las huelgas revolucionarias brasileñas, de inspiración comunista: Rubens Goldberg, Nicolao Martinoff, José Weiss, Moysés Kava, Waldemar Rotherburg, Baruch Zell, etc., bajo la dirección del «gentil» Luis Carlos Prestes (81).



En México:



En México, la Revolución comunista de 1931, la más sangrienta de todas las habidas en la América de habla hispana, fue dirigida por un curioso personaje: Plutarco Elías Calles. La Gran Prensa mundial guardó un significativo silencio sobre las matanzas de católicos y anticomunistas en México (82), pero la verdad llegó a conocerse. El presidente Calles era francmasón, mestizo ilegitimo de india yaqui y, probablemente de judío sirio (83). El lugarteniente de Calles era el hebreo Aarón Sáez, Ambos revolucionarios eran millonarios (84).

En Estados Unidos:

El movimiento marxista americano, en este periodo de la entreguerra fue el más característico de todos. Oficialmente, el Partido indígena fue fundado en septiembre de 1919, siendo su primer secretario general William Z. Poster, un «gentil», que fue pronto sustituido en tal cargo por el judío Carl E. Ruthenberg, si bien Foster continuó siendo el «hombre de confianza» del Kremlin. Olivia María OíGrady (85) facilita la composición del primer Comité Central del Partido:

Secretado general: William Z. Foster

Secretado nacional: Carl E. Ruthenberg, judío.

Subsecretario: Louis C. Fraina

Delegados: Nicholas I. Hourwich, judío. Alexander Stoklitsky, judío. Isaac E. Ferguson, raza desconocida. Elbaum, judío. A. Bittelrnann, judío. Dennis E. Batt, raza desconocida. Max Cohen, judío. Jay Lovestone, ario. H. M. Wicks, ario.

Comité ejecutivo: Oscar Tywerowsky, judío. Schwartz, judío. Petras, raza desconocida. Karosses, judío. Max Cohen, judío. Dirba, judío. Wicks, ario.

Secretario del Comité para Nueva York: Harry Winitsky. judío. Editores del Communíst World, órgano oficial del Partido: Max Cohen y Tywe-rowsky, judíos. Bertram D. Wolfe, editor asociado, y George Ashkenouzi, director (86).

El programa del Partido fue redactado por siete judíos y un americano de origen italiano, Louis Fraina.



* * *En casi todas partes, como hemos visto, el movimiento bolchevique era controlado por judíos, con el auxilio de tropas de choque locales y en general, de individuos pertenecientes a la odiada clase capitalista. En última instancia, la Komitern, dirigida por Manuilski, Lozovsky y Dimitroff, dirigía las operaciones acomodándose, según las circunstancias, a las características y peculiaridades de cada país. Al lado de la Komitern y dependiendo directamente de ella, numerosas entidades cripto y paracomunistas contribuían a la subversión mundial bolchevique: la Organización Internacional de Estudiantes, el Congreso de los Intelectuales Antifascistas, que presidía el judío Victor Basch, la Asociación Internacional de Mujeres Democráticas, el Socorro Rojo Internacional, y otras muchas.



Por razones tácticas, la Komitern cambió de nombre y adoptó la denominación de Kominform (Información comunista), si bien esa metamorfosis no engañó a nadie... Komitern o Kominform, el caso es que sus objetivos, su política, sus mandos auténticos dependían del judaísmo internacional, igual que el Estado soviético, instalado en Rusia merced a la ayuda masiva de la alta finanza internacional.



LOS VERDADEROS OBJETIVOS DE KARL MARX



Todo es judaico en el comunismo, desde su dirección hasta su organización y trasfondo. Judíos fueron prácticamente todos los teorizantes y fundadores de esa utópica aberración contra natura: Karl Marx = Haim Mordekai Kissel, Friedrich Engels, Ferdinand Lassalle, Boerne, Cohen, Karl Kautsky, Heinrich Heine, Edouard Bernstein, Lastrow, Loening, Max Hirsch, Wirschauer, Longuet, Lafargue... Judíos fueron los estadistas que más o menos discretamente les protegieron y solaparon sus actividades, desde Disraelí (87) hasta Kerensky y desde Rathenau hasta Roosevelt. Judíos, como ya hemos visto, los banqueros internacionales que financiaron las actividades revolucionarias primero en Rusia y después en el mundo entero. Judíos o de origen judío son la mayor parte de las instituciones y símbolos bolcheviques: la estrella roja comunista es un símbolo hebreo; la organización y el funcionamiento de los soviets es idéntico al de los kahales; los «koljoces» de la Rusia bolchevizada funcionan de manera bien similar a los famosos "kibutz" de Palestina; el Estado soviético es el primero del mundo en considerar el antisemitismo un crimen, la primera pregunta del cuestionario a que se somete un aspirante a miembro del Partido comunista americano es: «¿habla usted yiddish?»



El movimiento comunista mundial parece sometido a una constante según la cual, tanto mayores y más rápidos son sus éxitos en un determinado país, cuanto más importante es, cuantitativa o cualitativamente hablando, la comunidad judía que alberga. Una excepción parece ser Norteamérica. En realidad, es la mayor confirmación de esa regla. En efecto, objetivamente hablando -sólo lo objetivo cuenta en política- camuflando sus decisiones bajo la capa de los errores o del oportunismo histórico del momento, desde 1917 hasta hoy, los sucesivos Gobiernos de Washington han sido la palanca que ha posibilitado la instalación, en medio mundo, de regímenes marionetas del Kremlin. De ello hablamos en los capítulos que siguen. Los políticos de la Casa Blanca, que tan inteligentes fueron en el transcurso de su Guerra de Secesión, de sus guerras de expansión imperialista contra México y contra España, de sus guerras de genocidio contra los aborígenes de su propio país, en la Primera Guerra Mundial y en la gran cruzada de las democracias contra Alemania, no se han vuelto, súbitamente, unos deficientes mentales, cada vez que han enfocado un problema relacionado con el comunismo. No es posible el error continuo... Lo que ocurre es que todos los formidables recursos del Occidente «capitalista» son necesarios para hacer triunfar al Oriente «comunista». ¿Paradoja? No. Sencilla lógica para los que son capaces de seguir el hilo rojo de una conspiración multisecular contra Europa y el Mundo Blanco.



¿Contradicciones inherentes al malvado sistema capitalista... como diría el heredero de un prestamista, Marx? En absoluto, no. Capitalismo y comunismo son tan exactos en sus consecuencias y en sus métodos, que nada de extraño tiene que las personas que los crearon y que, actualmente, los controlan, sean de la misma extracción racial.



Los verdaderos objetivos del comunismo son revelados por su «padre espiritual», Marx, en una carta que escribió a su correligionario Baruch Levi (88);

«En esta nueva organización de la Humanidad, los hijos de Israel, esparcidos por todos los rincones de la Tierra... se convertirán, en todas partes, sin oposición alguna, en la clase dirigente, sobre todo si consiguen colocar a las masas obreras bajo su control exclusivo. Los Gobiernos de las naciones integrantes de la futura República universal caerán, sin esfuerzo, en las manos de los israelitas, gracias a la victoria del proletariado. La propiedad privada podrá, entonces, ser suprimida por los gobernantes de raza judía que administrarán, en todas partes, los fondos públicos.



"Así se realizará la promesa del Talmud según la cual, cuando llegue el tiempo del Mesías, los judíos poseerán los bienes de todos los pueblos de la Tierra".

Esa confesión de Marx es de enorme importancia. Los obreros, para él, no son más que los instrumentos que deben utilizar los judíos para convertirse en los amos del mundo y, como dice cínicamente el autor de El Capital, administrar sus riquezas. Marx, hijo de un prestamista usurero, nieto y heredero de un rico rabino, y casado con una burguesa alemana, no era un «paría de la Tierra, esclavo sin pan». Pero si era, en cambio, un patriota judío.

En otro espacio de la carta a Baruch Levi, antes citada, Marx escribía:

«El pueblo judío, considerado colectivamente, será su propio Mesías. Su reino sobre el Universo se obtendrá por la unificación de las otras razas humanas, la supresión de las fronteras y de las monarquías, que son el baluarte del particularismo, y el establecimiento de una República universal que reconozca los derechos de los ciudadanos judíos.»



El burgués adinerado Haim Kissel Mordekai Marx, no era un anticapitalista en el recto sentido de esa expresión. De haber sido un verdadero anticapitalista hubiera fustigado, en sus obras demagógicas, a los auténticos capitalistas, es decir, aquellos que viven del capital, del llamado dinero escriptural, del «Book-Money», creado por los banqueros por una simple anotación en sus libros... del dinero-crédito, llamado por el propio Trotsky, yerno de un poderoso banquero, «moneda falsa de curso legal». Mas, ¡oh, paradoja!, cuando habla del dinero-crédito, de la finanza usurera, Marx se expresa de manera tan cauta como temerosa. Hablando de la finanza, internacional y apátrida, Marx es un auténtico reaccionario retrógrado, para utilizar una expresión cara a los camaradas del Partido Comunista.



De haber sido un anticapitalista auténtico, Marx hubiera mencionado, en sus obras comunistas, a los numerosos capitalistas judíos que, ya en su época, infestaban Europa. Ejemplos no le faltaban: los Pereyre, los Camondo, los Peixotto, los Mayer, los Reinech, los Mendelssohn, los Schneider, y, sobre todo, aquella «estrella de cinco puntas» constituida por el Imperio Rothschild en Frankfurt, Londres, París, Viena y Nápoles. Una acumulación de riqueza, conseguida sin trabajo ni beneficio alguno para la comunidad - antes bien, en detrimento suyo-, como jamás los siglos vieron. He aquí un bello ejemplo de capitalismo a destruir. Pero Marx guarda discreto silencio. Para él, los únicos «capitalistas» son los dirigentes de empresa, los industriales, los terratenientes, y hasta los obreros expertos y peritos que rehusan ser rebajados al nivel de los jornaleros sin oficio ni beneficio.

Para Marx, evidentemente, el capitalismo de Estado soviético, bautizado «comunismo» para las masas ignorantes, no es más que un medio, una herramienta para llegar al verdadero fin: el imperialismo mundial de Sión.





(1) Traian Romanescu: Amos y Esclavos del Siglo XX. Editorial JHS, México, página 70.



(2) Según el periódico La Vieille France, el contenido del rapport era conocido de todos los gobiernos de la Entente. La documentation Catholique de París lo publicó in extenso en su número del 6-III-1920. Más tarde lo reproducirían publicaciones de tanto relieve como The Times, Londres, 9-II-1918, y The New York Times, Nueva York. I-V-1922 y 31-XII-1923.



(3) Investigaciones posteriores demostrarían que Lenin era hijo de un ruso a su vez de origen mongol, y de una judía, María Alexandrowfla Blank. Su esposa, Nadezhda Krupskaya, era asimismo judía. En la casa de Lenin se hablaba yiddish, según el agente británico Herbert Fish, que vivió dos años junto al caudillo soviético. (Louis Marschals-ko: World Conquerors, pág. 52.)



(4) Tschicherine, que llegó a ser comisario de Asuntos Exteriores, era, como Lenin, hijo de una hebrea. (Arnold S. Leese: The Jewish War of Survival, pág. 97.)



(5) El 24 de marzo de 1917.



(6) Publicado por la «Comisión de información Publica», Washington. 1918.



(7) Nombre auténtico, Antonov-Owsenko, judío, que sería nombrado cónsul soviético en Barcelona durante el período 1937-38.



(8) Mr. Francis se refiere al Gobierno prerrevolucionario de Kerensky (a) Kirbis Adler, correligionario de sus sucesores Ulianov-Lenin y Bronstein-Trotsky.



(9) Documentación del Senado de los Estados Unidos. Vol. III; núms. 62-65. Pri-mera Sesión.



(10) Víctor Matsden: Jews in Russia.



(11) Henry Ford: The International Jew.



(12) Douglas Reed: Insanity Fair



(13) Boris Brassol: The World at the Cross-Roads.



(14) El Bund era el Partido Socialista judío, que jugó un papel muy importante en la Revolución, especialmente en Petrogrado y Ucrania.



(15)«Zionism y Bolshevism», articulo aparecido en el Illustraled Sunday Herald, 8 febrero 1920.



(16) A. Homer: Judaism and Bolshevism.



(17) Nesta H. Webster publicó la lista de los 165 comunistas que viajaban en el his-tórico vagón: la señora Webster pretende que había 23 rusos, 3 georgianos, 4 armenios, 1 alemán y 134 judíos. (The Surrender of an Empire, pág. 77.)



(18)Confirmado por Henry Ford (The Internacional Jew); Robert H. Williams (Know Your Enemy); Douglas Reed (Insanity Fair), y otros autores.



(19) David Lloyd George: War Memoirs (vol. III. 1934).



(20)Sir Sidney Loe: Dictionary of National Biography.



(21) Guiles Davenport: Zaharoff, High Priest of War. Según este autor, el nombre auténtico de Zaharoff era Zacharias.



(22) Sidney Dark: The Jew Today. Confirmado por el boletín del «World Service.( I-V-1934); A. N. Field: AII These Things, etc.



(23) El general M. Schuyler. uno de los jefes del Cuerpo Expedicionario Americano declaró: «El bolchevismo es totalmente judío. Las tropas que se nos enfrentaron estaban encuadradas por judíos». (Citado por A. S. Leese: Bolshevism is Jewish. 1919.)



(24) Morid Buchanan: The Dissolution of an Empire.



(25) Bruce Lockhart: Memoirs of a British Agent, Putnams, Londres, 1932.



(26) Olivia María OíGrady: Beasts of the Apocalyse. pág. 110. Según L. Fry (Water flowing Eastward, la inscripción cabalística significaba: "Aquí fue ejecutado el zar en castigo de sus crímenes". A. N. Field (op. cit., pág. 71), abunda en la misma opinión. Una cosa es cierta: se trataba de una inscripción cabalística judía.



(27) A. N. Field: Op. cit., pág. 70.



(28) Alfred Rosenberg: The Grave-diggets of Rusia. Confirmado por el testimonio del capitán Bulygin, de la Comisión investigadora nombrada por el almirante Kolchak, y por el propio bolchevique V. Burtsev.



(29) La auténtica historia de este rocambolesco aventurero ha sido narrada, entre otros autores, por Mr. Bruce Lockhart, el capitán Hill y el teniente coronel Thwaites en Behind the Secenes in Spionage (Harrap, 1929).



(30) Sidney OíReilly: The Adventures of Sidney (O´ReiIly, Britainís Moster Spy.



(31) Capitán George A. Hill: Go Spy the Land, Londres, 1932.



(32) Ariadna Williams: From Liberty to Brest-Litovsk, Macmillan, Londres, 1919. H. A. Gwynne: The Cause of World Unrest. Grant-Richards, Londres, 1920.



(33) The .Jewish Chronicle, 16-XII-1932.



(34) Citado por Léon de Poncins en Les Forces Secrètes de la Revolution, págs. 158-160, edición inglesa.



(35) Williams Zuckerman: The Jews in Revolt.



(36) Angelo S. Rappoport: The Pioneers of the Russian Revolution, Londres, 1918, págs. 249-250.



(37) Norman Bontwich, artículo titulado «ls Judaism doomed it, Russia?, boletín del B´nai Bírith, Londres, marzo 1933.



(38) Bernard Lazare: Le Antisernítisme, pág. 435.



(39) Citado por Nationalist News. Dublin, mayo 1965.



(40) Articulo sobre "Comunismo" por Harold Y. Laski. Enciclopedia Británica, vo-lumen III, págs. 824-827.



(41) Deutsch, hijo de un rico mercader de Kiev; Axelrod, abogado; Vera Zasulich, estudiante, hija de familia acomodada; Plekhanov, de procedencia burguesa, abogado. ¡Los parias de la tierra! (N. del A.)



(42) Von Plehve dijo que «el movimiento nihilista es oxtraño al pueblo ruso... obra de manos judías». (N. del A.)



(43)Henry Ford The International Jew.



(44) Angelo S. Rappoport: Pioneers of the Russian Revolution.



(45) Elizabeth Dillings: The Plot Against Christianity. (46)Ernst Von Salomon: Die Geachteten.



(47) Esa medida recibió el beneplácito de los altos círculos ultraconservadores británicos que, con su clásica miopía «patriótica», aprobaban ese nuevo bofetón dado a Alemania. ¡El viejo «two power standard»! (N. del A.)



(48) Henry Wickham Steed, editor del Times, de Londres, 1919-1922: Through Thir-ty Years, págs. 301o304.



(49) Según confesión del propio Harriman en su libro ¿Paz con Rusia?



(50) Henry Coston: Les Financien qui ménent te monde, pág. 117.



(51) Damos a Stalin ese apelativo como concesión a la inercia mental de los más. En Rusia no hay, ni puede haber, más «dictador» que el Comité Central del Partido (Nota del Autor.)



(52) La esposa del viejo Vorochilov era no solamente judía, sino de origen neta-mente burgués, como la inmensa mayoría de revolucionarios «rusos». (N. del A.)



(53) Traian Romanescu: La Gran Conspiración Judía. págs. 138-139, México, 1961. (54) lvan Krylov: «My Carcer in the Soviets Central Staff», parcialmente reproducido por la revista Le Nouveau Prométhée, Paris, mayo 1951.



(55) lman Raguza: The Life of Stalin, pág. 14.



(56) Traian Romanescu: Op. cit., pág. 139.



(57) Charles Sarolea: Impressions of Soviets Russia.



(58) D. Petrovsky: La Russie sous les Juifs. ed. La Baudiniére, Paris, 1931.



(59) EL Partido Comunista Ruso en el Poder (1917-1960), por Nicolás Rutych, Ed.JUS, México, 1961.



(60) Rvdo. Denis Fahey: The Rulers of Russia, pág. 35. A. N. Field: All These Things. L. Marschalsko: World Conquerors. Confirmado por The Defender, Wichita, febrero 1935.



(61) Luis Araquistain: El Comunismo en la Guerra Civil Española.



(62) Según el rapport de la Comisión J. Hamilton Fish. Senador. Publicado por el Congreso de los Estados Unidos.



(63) Louis Marschalsko: World Conquerors. pág. 93.



(64) Ibid. Opus cit., pág. 100.



(65) Rvdo. Denis Fahey: The Rulers of Russia.



(66) Leon de Poncins: La Mystérieuse Internatíonale Juive, pág. 129.



(67) J. J. Tharaud: Ouand Israel est roi,
Re: Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
05 nov 2005
(67) J. J. Tharaud: Ouand Israel est roi, pág. 84.



(68) E. O. Volkman: Die Deutsche Staatsumwatzung.



(69) Léon de Poncins: La Mystérieuse Internationale Juive. pág. 159.



(70) O. Jamnrowski: Germanys Fight for Western Civilization, Berlín, 1934.



(71) O. Jamnrowski: Op. cit.



(72) G. Batault: Le Probléme Juif.



(73) Un hijo de Victor Adler asesinó al conde Sturkh, presidente del Consejo de Ministros, y fue indultado en 1918. Cuando tomó el poder, su padre no solía indultar a nadie. (N. del A.)



(74) En realidad, Bauer presidía un triunvirato junto a sus correligionarios Julius Deutsch (organización militar del Partido) y Breitner (finanzas). (N. del A.)



(75) J. J. Tharaud: Vienne-la-rouge, pág. 124.



(76) Colin Jordan: Fraudulent Conversion, pág. 116-117



(77) Nesta H. Webster: The Socialist Network, pág. 49.



(78) Traian Romanescu: Le Gran Conspiración Judía.



(79) Ethnos, 22-I-1925.



(80) lbíd. Id. Opus cit.



(81) Louis Marschalsko: World Conquerors, pág. 54.



(82) Red Mexico, de E. Mac Cullongh, autor ingles, es la obra más documentada so-bre esta cuestión. (N. del A).



(83) Leon de Poncins: La Mystérieuse Internationale Juive, pág. 241



(84) Louis Marschalsko: Op. cit., pág. 54.



(85) Olivia M. OíGrady: Beasts of de Apocalypse, pág. 333-334.



(86) Aparte del Comunist World, otros tres importantes periódicos comunistas se publicaban en Nueva York: el Forward, fundado por el banquero Schiff y dirigido entonces por Abraham Cohen; el New Masses, propiedad de John L. Spivak y dirigido por Michael Gold y el DaiIy Worker de Philip Bart. Todos estos individuos son judíos. (Nota del Autor.)



(87) En efecto, Marx desarrolla sus actividades en la Old England victoriana de Disraelí, con plena impunidad. Los rayos de la Justicia inglesa se reservan para los irlan-deses. (N. del A.)



(88) Documento citado por la Révue de París, de 1º de junio de 1928, pág. 574. Reproducido, entre otros, por H. de Vries de Heekelingen: Israel; son Passé, son Avenir..., París, 1937, pág. 104, y por el publicista sueco Einar Aberg en numerosos panfletos. (Nota del Autor.)
Menudo patán
06 nov 2005
Siento decirte que tus "protocolos de los sabios de sión" son una patraña de la época de la rusia zarista.
Así que efectivamente has desperdiciado buena parte de tuvida prestándoles atención. Mala suete, filo-nazi, has fracasado.
Aún está a tiempo de superar tu fobia social, portarte como unapersona y reconstruir tu vida. ¡ánimo! No eres el único tonto del culo, no tienes de qué avergonzarte
Re: Bolchevismo y Stalinismo - Paul Mattick
06 nov 2005
Pequeño y miserable amigo tu comentario de mierda roza lo grotesco,que triste es vivir engañado por los que dominan el mundo y creer aun que luchas contra ellos,pero los hay peores que tu los hay que a sabiendas que o el judio o el sionista(ya sea marxista o capitalista)es su enemigo pero colaboran con ellos pero dando a la imagen publico de valiente-che guevara-antisistema-progre-revolucionario-classpride-pijo estupido.Cuanto os falta por descubrir pero ya os vale,que satisfactorio es luchar con un enemigo tan inferior en todo,con el espiritu lleno de vomito,la cabeza llena de sarna,piojos y serrin y con una miseria moral que se refleja en vuestras caras de estupidos anormales.Que victoria tan facil seria solo luchar contra los esbirros del sistema(cosa que de momento se esta logrando,siendo tan poquitos como os estamos destrozando ,pregunta por roger,por guillem,por ramon y por 400 mas que han probado lo que es jugar de antisistemas contra unos que de verdad van en serio y a muerte), pero que dura es la guerra contra este sistema que nos esta asfixiando,pero fijate en la grandeza de unas ideas y de un ideal tan legitimo como el nuestro que no pueden derrotarnos y es que amiguito mio,NO TIENE FIN LO QUE ES ETERNO.
Esto es todo,espero por tu bien y por el de tus descendientes,a buen recaudo seran unos pobres infelices desgraciados y bastardos por tenerte como padre basurilla,que empieces a descubrir y a comprender la historia y no te dejes guiar por las patrañas pseudo libertadoras y salvapatrias de los tiranos comunistas.O sino, como te he dicho,sigue asi,nos allanas el camino con tu innata estupidez...
Sindicat