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Anàlisi :: criminalització i repressió : dones
Hace años, demasiados años que no soy libre
16 oct 2005
Hace años, demasiados años que no soy libre, empecé a dejar de serlo el día que mi ex-marido me puso por primera vez la mano encima, el maltrato fue más psicológico que físico pese a las heridas que dejo en parte de mi cuerpo, sentía miedo, miedo a que en cualquier momento apareciera para agredirme de nuevo, si tardaba un mes en volver, cada minuto, cada segundo que transcurría durante ese mes era una angustia, a veces era tanto el temor que no salía de casa, otras veces era mayor y prefería salir y acabar con esa espera, cuando lo hacia quedaba exhausta por el cansancio y por la desazón de saber que habría otra agresión, otra espera.
Denuncié cada agresión y él fue declarado culpable cada vez, debía pagar 30.000ptas. de multa, yo, a la vez también era condenada a que si seguía agrediéndome separarían a mis hijos de mi lado, para que no estuvieran presentes en esos momentos, con lo cual al denunciar mi angustia aumentó a la hora de esperar su próxima agresión, sin saber que hacer, si denunciarla o esconder lo sucedido, el sabía lo que sucedía, así que se sintió más seguro a la hora de âir a por míâ?, sólo temía que los niños estuvieran presentes para asegurar mi silencio. Me quedé sola para que nadie supiese lo que ocurría, las vecinas lo único que hacían era cerrar los múltiples cerrojos que habían puesto en sus puertas y decirme al día siguiente lo que yo ya sabía âque un día me iba a matarâ?.

Poco importa como me agredía y donde.

En enero de 2003, vino a mi domicilio, entró como un ladrón y al ver su mirada desencajada el pánico me dejó paralizada, él gritaba y sin pensarlo si quiera cogí el cuchillo que estaba a mi lado y se lo clavé, una sola vez, tampoco miré donde lo hacia, pero fue al lado del corazón. La jueza de Vic, a la que tuve que acudir en múltiples ocasiones a denunciar y declarar llena de moratones, heridas y temblando, me acusó de lesiones, además mientras esperaba esposada en juzgados para declarar, una de las secretarias me reconoció y me entregó una sentencia por malos tratos donde era culpable de nuevo y condenado a pagar otras 30.000ptas. pese a tener una orden de alejamiento. Se me concedió la libertad provisional hasta el día del juicio. Hasta ese día todo fue un infierno.

Cuando vinieron los mossos dâ esquadra a mi domicilio el día 4 de enero, alertados por mi vecina a la que yo fui a avisar para que llamase a una ambulancia cuando me di cuenta de que le había clavado el cuchillo y eso fue minutos después, estos me preguntaron a quien debían de llamar para que viniera a recoger a los niños pues tenía que acompañarlos a comisaría, creí que la persona más idónea en esos momentos era su abuela paterna aunque yo con ella no mantenía ningún tipo de relación, primero porque es más joven que mis padres y segundo porque mis padres carecen de buena salud por lo que evitaba que mis peques estuvieran de un lado para otro cada vez que uno de ellos enfermara. Cuando volví a casa después de tres días en comisaría, el EAIA (Equip dâ Atenció a la Infancia i Adolescencia) se negó a devolverlos a mi domicilio, el motivo era que yo recuperase mi estabilidad psicológica, cosa que acepté pues después de lo ocurrido me sentí en una profunda apatía y necesitaba organizar mis ideas y tener fuerzas para ocuparme de ellos sin que notasen mi tristeza. Al cabo de cinco días después de lo ocurrido recibí una llamada de la jueza, me advertía que había ido a tomar declaración a mi exmarido y que estuviera alerta pues este vendría a verme y así lo hizo nada más salir del hospital, usó su capacidad para dar lástima, no podía estar en el domicilio de su madre si mis hijos estaban allí, accedí a que se quedase en mi domicilio hasta su recuperación la cual advertí ya que me dio otra paliza más, después algunas más, aunque a partir de la primera ya no estaba en mi domicilio. Como aunque la herida causada por el cuchillo era de cuatro puntos de sutura tuvieron que intervenirlo y tiene una cicatriz larga en el pecho debido a la sutura de la operación para poder darle des puntos en el corazón, tenía más armas, para hacer que no me dieran empleo o que la gente me temiera, pues les decía que la cicatriz larga se la había hecho yo con el cuchillo. Mientras tanto, cada vez que el EAIA comunicaba que los niños volvían conmigo me volvía a agredir y estos echaban su decisión atrás, diciéndome incluso delante de los mossos dâ esquadra que dieron testimonio, que me quitaría lo que más quiero y lloraría más, así que llego a un punto que cuando el EAIA me comunicaba algo bueno yo temía lo peor, lo advertía y así sucedía, pero seguían condenándonos a mis hijos y a mi. Quería morir y intenté acabar con mi vida, me sentía cansada e impotente y la mayor impotencia era ver en los ojos de mis hijos la necesidad de mis abrazos y no poder hacer nada para dárselos, sólo podía verlos unas horas, como si en esas horas no pudiese pasar lo mismo que estando siempre a mi lado y así lo hacía, venia donde yo tenia que recoger a los niños y me agredía, mis denuncias sólo servían para que el EAIA pusiera impedimentos hacia el retorno de mis hijos a mi lado y nadie solucionaba el que no volviese a agredirme y el riesgo de matarme, llegó un momento que pensé que era eso lo que querían que sucediese para evitar de tener de solucionar algo que no sabían como hacerlo, yo hice todo lo que la ley ofrece, denuncias, partes de lesiones y protegí a mis hijos dándole la tutela al EAIA pues yo sabía que tarde o temprano tenia que ingresar en prisión y quería que ellos supervisasen su bienestar y al tiempo ellos debían de hacer que mantuviéramos contacto con llamadas y visitas que debían de realizar bajo su tutela el tiempo que durase esta situación.

Cogí un abogado y el juez me restituyó la guarda de mis hijos, todo era perfecto, mi hijo se engordó un poco, sus miradas cambiaron y todo continuaba entre nosotros como si nada hubiese sucedido, como si jamás hubiera existido esa separación de diez meses.

Entre tanto se me juzgó y condenó a dos años y medio de prisión, apelé al supremo, aunque sabía que sólo servia para alargar la situación. Ãl me seguía agrediendo y yo denunciando y además me echaba por tierra todos los trabajos que encontraba, a lo que se añadía una gran dificultad económica, me sentí maltratada por el sistema que había condenado a mí en vez de a él y al hacerlo condenaba también a mis hijos, dudé entre si debí defenderme o dejarme matar, pues el sistema me estaba matando poco a poco quitándome las ganas de vivir, sin dejarme medios para sobrevivir por mucho que luchase. Cuando vi que mis recursos estaban agotados y sabiendo que el Supremo había denegado mi petición decidí ingresar voluntaria en prisión y acabar con este infierno.

En mayo del 2004 fui a la Audiencia grité lo maltratadores que eran todos e ingresé voluntaria, antes junté todas las denuncias de malos tratos, unas 20 aproximadamente y las mandé al Juzgado Penal de Manresa y así a parte de venir a prisión a cumplir la pena que me fue impuesta me protegía de las posibles represalias de mi exmarido, advirtiendo al EAIA que cuidasen de mis hijos más que nunca. Se le condeno a pagar x dinero x meses por quebrantar la orden de alejamiento y algo más a pagar.

En prisión he aprendido muchas cosas, he vuelto a valorarme y tener algo más de esa autoestima que perdí durante ocho largos años, me he sentido estimada como hacia tiempo que no me ocurría, tanto por internas como por funcionarias, ya no tengo ese sentido de culpabilidad con el que entré, de confusión por no saber si había actuado o no bien, me sigo sintiendo maltratada por el sistema, pues yo lo hice todo correctamente para que no sucediese nada dramático y ellos no pusieron medios legales necesarios.

Conocí a un hombre con el que aprendí no sólo a no rechazar caricias sino también a que me gustasen.
Sin embargo el sistema siguió maltratándonos, el EAIA no cumplía con su deber, el mantener el contacto entre mis hijos y yo, sin ningún motivo, sólo el que se me ofrecían terceros grados a los que yo renuncié, pues aunque estaba mejor psicológicamente todavía no me sentía preparada para afrontar una nueva agresión si la había, sin desmoronarme completamente, no me quedaban fuerzas, empezaba a poder dormir por las noches y quería salir de aquí siendo madre fuerte que expide felicidad y tranquilidad a mis hijos. Desde aquí escribí a muchos organismos explicando todo lo que me había sucedido y me sucedía, pues desde aquí no nos permitieron apenas tener ni comunicaciones telefónicas, aquí todas las madres hablaban o veían a sus hijos y yo temía salir y no poder verlos y yo se que me necesitan, así lo informaba, pero por más que insistía en que desde que nacieron hasta que ingresé en prisión era yo la que se ocupó siempre de ellos y en esta necesidad nada pude hacer, ni yo ni los organismos a los que informé, estos sólo podían pedir explicaciones y mostrar su desacuerdo.

Cuando creí que ya tenía gente alrededor informada y dispuesta a ayudarnos, Sindic de Greuges, Institut Cátala de la Dona, Tamaia y Asistencia Penitenciaria, acepté el tercer grado, en una âCasa de acogidaâ?, fue un desastre, peor mil veces que estar en prisión, la única libertad de la que disponía era la de caminar por Barcelona y era la cosa que yo menos ansiaba y esperaba de es Semilibertad, a mis hijos los veía una hora cada quince días para valorar que tal nos iban los reencuentros, no podía ir a mi domicilio porque mi ex-marido vive en la misma ciudad y si me agredía era responsabilidad del sistema penitenciario, ningún trabajo de los que encontraba les parecía bien a los responsables de esa casa de acogida, uno porque me tenia que levantar a las cuatro de la mañana, el otro porque era con niños, el otro porque eran muchas horas, etc..., si quería seguir allí y no volver a prisión debía pensar, hacer y decir lo que ellas querían y esas cosas eran las únicas que había podido mantener a flote durante todos esos largos años, ser yo misma y ellas intentaban anularme, al menos así yo lo sentí y viví, queriendo que tomase medicaciones que según ellas yo necesitaba, me hacían ir a hacer analíticas tres veces por semana a la otra punta de Barcelona, analíticas que salieron negativas, pero ellas querían que dijese que reconociese que tomaba algo cuando yo nunca he tenido ningún problema de ese tipo, sentí que en realidad lo que querían es que me sintiera menospreciada y me pedían que regresase a prisión, yo les decía que lo hicieran ellas, que yo un segundo antes de que mi exmarido viniese a agredirme y le clavase el cuchillo, yo era una mujer como ellas, con mi vida con mis hijos, mi trabajo, mi familia, una vida normal y en un segundo estaba donde estaba, les preguntaba que si les gustaría que las tratasen como ellas me trataban a mí, que su trabajo consiste en ayudar a la gente, mantener unos horarios y cumplir con unas tareas en la casa era mi obligación, su trabajo no era meterse en mi vida privada, obligándome a explicar lo que hablaba con mi abogado o con la asistenta, mantener conversaciones telefónicas con el EAIA, o decidir con quien debo mantener relaciones sexuales y alargar el tiempo para que yo pudiese dispones de una noche libre por no accedes a ello. Todo esto añadido al no poder ver ni a mis hijos hizo que mis ánimos y el agotamiento hiciera que todo se me vino abajo, nada tenía sentido, era como una muerte lenta y dolorosa y así lo comunicaba por miedo a acabar haciendo una locura. Me sentía cansada, además me hacían cocinar entre semana hasta más de medianoche y me levantaba a las cuatro de la mañana, por la tarde iba a la otra punta de Barcelona a hacer analíticas o solucionar mis temas personales. Una noche llamé para decirles que dormiría fuera y volvería al día siguiente, aun sin su consentimiento, y así lo hice, tres días después al ir a un entrevista que tenia concertada con la asistenta social, la cual también se sorprendió, supe que estaba en busca y captura por fuga, ya que ellas llamaron para decir que me había ido, pero no para decir que había vuelto, estuve dos días en el calabozo, en condiciones lamentables, cuando declaré delante del Juez, este me dio la libertad por el quebrantamiento, volví a la casa y cual no fue su sorpresa pues me creían en prisión, en un principio no querían que me quedase, pero cuando les mostré mi indiferencia y la intención de ir a señalarlo a comisaría accedieron. Al día siguiente los mossos dâ esqudra vinieron a buscarme por orden de la asistenta penitenciaria a la casa y me trajeron a prisión. No se me trajo ni como regresión ni como quebrantamiento sino como castigo por faltar de la casa aquella noche sin su permiso, así que mantengo el tercer grado, llevo tres meses castigada, el Fiscal pide ocho meses más por quebrantamiento de condena, del cual no sucederá nada pues no quebranté y está probado y ahora escribo desde el especial donde cumplo dos días de sanción, incomunicada por esa noche, burocracia y errores me dicen la Junta de Tratamiento, pero lo cierto es que yo sigo siendo la condenada de nuevo, tengo claustrofobia y otro día más aquí y me volveré loca.

Me quieren volver a enviar a esa casa donde ya han venido a verme las responsables para hacerme firmar un contrato en el que dice entre otras cosas:

-Que me llevaré bien con ellas, es decir pensaré, haré y diré lo que ellas quieran oír.
-Iré al Psiquiatra que ellas me deriven
-Haré analíticas tres veces por semana y pediré al Doctor que me dé una medicación no competentes con el alcohol, ni el perfume, ni el vinagre ni yo sé que más cosas.

Si no volveré a prisión.

Y ahora no sé si prefiero quedarme, ir a esa casa, fugarme con mis hijos para al menos así cometer verdaderamente un delito o morir y ser libre al fin.

Por fin acabo la sanción, esta noche bajaré al módulo, menos mal, porque ya no me quedan uñas ni lágrimas, me ha costado controlar el no sentir odio por las mujeres de esa casa por hacerme estar más presa que presa estoy por decisión de un Juez, primero en comisaría y ahora en el especial, estoy cansada de no poder moverme de un cuadro, no hablar con nadie, sólo pensar y llorar de impotencia y por estar en desacuerdo con el sistema que cuatro incompetentes han creado midiéndolo todo con la misma regla y haciendo las excepciones para quien se las pueda pagar o tenga padrino, incompetentes a los que yo me eché a los brazos en busca de protección contra un maltratador y que a su vez maltratan igual o más que él, aunque legalmente, con sus reglas, reglas en las que abundan el âSí, pero...,dice el artículo tal que sí, pero, etc.â?

[...]

Como era de suponer, pues lo mío era una cónica anunciada, vuelvo a estar en Brians. El centro me ha puesto un Segundo Grado, yo desde aquí he formulado una queja al Juzgado de Vigilancia Nº2 de Barcelona y al Sindic de Greuges, he cursado una denuncia al Juzgado de Guardia de Martorell y el mismo escrito lo he dirigido a Dirección General, esperando que se investigue que es lo que realmente pasa.

Esta vez, como sabía donde iba, quienes eran y algunos consejos que recibí de educadoras, funcionarias e internas, buenas amigas también, la compañía de un buen amigo y el ir con mucho cuidado, pues yo creo que si esto me hubiera pasado hace cien años me hubieran cortado la cabeza para que no explicase lo sucedido ni reclamase mis derechos y menos aun que la gente supiera que estos se pueden reclamar de manera legal, pero como estamos en el siglo XXI, me pueden encerrar para que no me oiga demasiada gente.

Esta vez no lo sufrí en silencio, sino que intente que siempre hubiera un testigo o una prueba para no quedarme en el Exilio injustamente. Los consejos sabios que recibí fueron diversos, algunos que no me fuera y acabara mi condena que es corta, pues me queda un año, que si me iba a volvería a venir como la otra vez, que tuve que estar unos días en enfermería para recuperarme y descansar ya que llegué al limite del agotamiento físico y psíquico, otros que me limitara a contestar a las educadoras de esa casa lo justo, es decir âSi, No, Vale, etc...â? y así lo hice, pedí a la única educadora de allí que es humana que fuera mi tutora y aceptó, con ella era la única que conversaba, pero más que como tutora como amiga, como si ella pudiera protegerme del resto, la otra vez lo intentó, pero no pudo y lloro como una niña cuando vinieron a buscarme los mossos dâ esquadra para traerme a Brians, abrazándose a mi como si ella fuera culpable, esto extrañó a los mossos dâ esquadra, que preguntaban que era lo que había hecho.

En mi estancia allí me sentía bien dentro de lo que cabe, pude solucionar muchos temas personales, el tema más importante âMIS HIJOSâ?, otros quedaron en un hilo, a punto de solucionarlos. Se habían producido algún cambio respecto al trato que me daba la vez anterior, supongo que escucharon mis quejas fundadas, así que no me encerraban en el despacho durante horas, solo entraba con mi tutora y voluntariamente, yo hacía mis tareas como las demás, ya no me ponían las que más tiempo requerían, podía ir a Vic, pude ir a mi domicilio, pasé varias horas en él, limpie el polvo de un año, puse incienso, velas, esencias, las plantas donde siempre habían estado, esas pequeñas cosas que hacía que pareciera que jamás me había ido de allí, los peluches de mis hijos sobre la cama, en la misma posición de siempre y sus juguetes ordenados como siempre han estado, me pareció incluso ver la habitaciones más iluminadas que cuando llegué, vi a mis padres aunque fue poco rato.

Pude entrevistarme con el Juez de Vic, el Fiscal de menores en Barcelona en dos ocasiones y hablar con la abogada que ahora dispongo para el tema de mis hijos, quedó colgado la entrega de documentación necesaria para tramitar un régimen de visitas muy adecuado para nuestra situación, régimen aceptado por Fiscalia y Juzgados a pesar del EAIA. También tenía preparada la documentación necesaria para pedir que me cambiasen mi domicilio que es de Protección Familiar de Vic a los alrededores de Barcelona, a fin de alejarme del maltratador de mi ex-marido y asegurar la protección de mis hijos y la mía propia, al menos intentarlo. También me quedó colgado entregar unos documentos a la INEM para poder cobrar 90 días que me quedan de desempleo y poder pagar el alquiler hasta que trabajase de nuevo, encontré varios trabajos entre ellos uno muy interesante de administrativa, con conocimientos de francés y ofimática, más de 900 euros mensuales y otro que me comunicó mi ángel de la guarda, mi compañero y gran amigo Miguel en una empresa farmacéutica, por supuesto las educadoras de la casa me amenazaron con retornarme a Brians si aceptaba cualquier de esos trabajos, pues había firmado un contrato en el que me prohibía buscar trabajo por mi cuenta, su gran preocupación eran los horarios, si yo encontraba un trabajo como la última vez que tenía que levantarme a las cuatro de la mañana, ellas se debían de levantar a abrirme la puerta para desayunar e irme y claro era un problema para ellas cumplir con su obligación.

Me quedó un gran tema pendiente, mis hijos, debía ir a verlos el día 31 de agosto, en más de un año sólo nos hemos podido ver dos horas y pataleando como un aniña en todos los organismos que tenía conciencia que existían, en realidad los debía de haber visito el día 17 de agosto, pero por error mío no nos vimos, creí que se mantenía el mismo horario que la vez anterior y el lugar seguía siendo también el EAIA, pese a tener un documento que me facilitó la asistenta penitenciaria de Vic del cual desconocía hasta su existencia, así que me sentí mala madre por no haber mirado ese documento y culpé también al EAIA por no haberme comunicado verbalmente este cambio importante el día que me entrevisté con ellos y en vez de hablar sobre mis hijos por más que insistía no cesó de hablar sobre mi y la necesidad de que asumiera lo que nunca asumiré, que es mejor para mis hijos que no me vean, denuncié a la abuela por no facilitar ese encuentro y esperar un tiempo prudencial por si había ocurrido algo que me impidiese llegar a la hora, sufría pensando que mis hijos pensasen que de nuevo nos impedían vernos y yo no podía solucionarlo, la asistenta que había en esos momentos comprendió sin que yo se lo dijera cual era mi preocupación y me prometió llamarlos y asegurarles que nada de eso había ocurrido y que simplemente llegué tarde... Durante quince días estuvieron de vacaciones con mis padres, pese a la negativa de la asistenta que lleva actualmente mis hijos, que se niega a que nos veamos y se niega a hacer un escrito en que esto conste para que yo pueda reclamar al juez una explicación sobre de su decisión, también se niega a darme cualquier informe psicológico, médico o del colegio que me pueda informar sobre mis hijos y seguramente tranquilizar mis dudas o simplemente pedir que se hagan cargo de sus necesidades en mi ausencia. Esos quince días fueron Maravillosos, les llamaba mañana, mediodía y noche, cogían el teléfono cada vez que sonaba esperando que fuera yo, mis padres los llevaron a nuestra casa, después de más de un año volvieron a encontrarse en su entorno, yo radiaba de felicidad de oírlos tan felices y de ver que hablaban conmigo con completa naturalidad, como si jamás nos hubiéramos separado, ellos me preguntaban y yo respondí a sus preguntas.

Lo que siguió después está en la denuncia interpuesta contra la casa de acogida y una de sus educadoras que la agredió en una discusión. Hechos que han sido denunciado y testimoniados ante organismos oficiales por otras mujeres maltratadas en y de la casa de acogida.

Tengo la gran suerte de que esta vez no estoy sola tengo a mi ángel de la guarda que está detrás mío por si tiro la toalla recogerla.

Rosa
Actualmente secuestrada en la cárcel de Brians (Martorell-BCN)

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Comentaris

Re: Hace años, demasiados años que no soy libre
26 des 2005
Quina casa és... barcelonès o barcelona?
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