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Anàlisi :: immigració
Crisis migratoria en Ceuta y Melilla. Fuera fronteras, naciones, clases y miseria
07 oct 2005
No es posible un capitalismo humano. Los intereses de la humanidad son hoy
incompatibles con las necesidades de este sistema. Lo que el género humano
necesita es abolir todas las fronteras, las naciones, las clases, la
explotación del hombre por el hombre, la miseria y la guerra.
Ante la crisis migratoria de Ceuta y Melilla:
No sobra población. Lo que le sobra a la humanidad es el sistema capitalista.
Los recientes asaltos multitudinarios de emigrantes subsaharianos a las vallas
que separan Ceuta y Melilla de Marruecos; la brutalidad policial con la que las
policías respectivas han tratado de frenarlos - pateándoles en el suelo,
disparándoles a quemarropa pelotas de goma y gases lacrimógenos, o incluso a
tiro limpio como sucedió la madrugada del jueves 29 de Septiembre o el 5 de
octubre â plantea con un dramatismo más cercano el fenómeno de una emigración
masiva e incontrolada que, a pesar de los cientos de muertos que ocasiona todos
los años resulta un fenómeno absolutamente imparable para el capitalismo en su
etapa histórica actual. Ante ello las diferentes voces de quienes defienden que
este sistema de explotación es la única sociedad posible, ofrecen todo un
catálogo de âremediosâ? (que si âreforzar la cooperación con el Tercer Mundoâ? ,
que si âluchar contra las mafiasâ?, que si âpedir una mayor implicación de
Marruecosâ?,â¦) que en definitiva quieren decir: que los emigrantes se pudran en
su âpatriaâ?, y que cuando se acerquen a las fronteras pues palo y tente tieso.
Hay, también, quienes hablan de âacogidaâ?, de la âriqueza culturalâ? que aporta
la emigración, como si hacinarse en pisos inhabitables, trabajar con salarios y
jornadas inaguantables en la más absoluta precariedad laboral y vital, y además
tener que renunciar a una parte de sus ya magros ingresos para enviarlos a
socorrer a sus familias, fuera algo así como un festival folklórico. Muchos de
los que se llenan la boca de âmulticulturalidadâ?, plantean que los trabajadores
deben solidarizarse con los emigrantes, pero se trata de una falsa solidaridad
porque o bien se basa en una culpabilización de los obreros de los países más
adelantados (a los que se acusa de ser culpables por los privilegios que
supuestamente disfrutarían de los males de los emigrantes), o bien postulan un
mero reparto de la miseria entre todos los trabajadores.
La solidaridad que debe desarrollar el proletariado no puede partir ni de la
culpa ni de la resignación ante la barbarie creciente del capitalismo, sino que
debe ir a la raíz del problema: ante la agravación de los males que golpean a la
humanidad (guerras, despidos, hambre, desastre medioambiental, etc.), el
proletariado debe tomar conciencia de que la única solución es echar el
capitalismo al basurero de la historia y establecer un nuevo modo de vida para
la humanidad.
El proletariado es una clase hecha de emigrantes.
La emigración no es algo extraño al proletariado, sino que forma parte de su
existencia desde sus orígenes mismos. Cuando Marx decía «Los obreros no tienen
patria», no sólo establecía que la clase obrera será internacionalista o no
será, sino que estaba describiendo la realidad misma del proletariado desde sus
orígenes en los que el propio Marx llamó la âacumulación primitivaâ?: «Desde sus
primeros orígenes el capitalismo obtuvo su primera fuente de mano de obra de
cientos de miles de personas que fueron arrancadas a la fuerza de sus lugares
de origen o de sus anteriores medios de subsistencia (bien por una represión
despiadada contra quién se resistía, o bien por la fuerza del hambre). El tan
âcivilizadoâ? capitalismo británico consiguió despegar gracias, sobre todo, a una
feroz explotación de masas ingentes de emigrantes provenientes de las regiones
agrícolas del país, sobre todo de campesinos irlandeses condenados a terribles
hambrunas en su país. Otro tanto cabe decir de USA, que si consiguió alcanzar
los primeros puestos del ranking capitalista mundial, fue gracias a una enorme
masa de emigrantes (50 millones de europeos entre 1848 y 1914)» (: âCualquier
Ley de Extranjería es un chantaje contra la clase obreraâ? Acción Proletaria nº
153. Septiembre de 2000).
Esta emigración venía sin embargo condicionada por un momento histórico de
expansión del capitalismo a todo el planeta, de manera que cuando éste empieza
a agotarse, aparecen también las primeras medidas restrictivas a la emigración
(en EE.UU. en 1898). En cambio las oleadas migratorias de la etapa del
capitalismo decadente ya no obedece a la expansión del sistema, sino que cómo
época caracterizada por la guerra imperialista tiene a éstas como principal
causa de emigración, bien para huir de las confrontaciones bélicas, bien para
sustituir la mano de obra que se ha enviado a las trincheras (por ejemplo la
emigración proveniente de Indochina hacia Francia en la Primera Guerra
Mundial), o para paliar en la posguerra la penuria de mano de obra ocasionada
por los millones de muertos de la conflagración imperialista. Esto último es lo
que sucede con las emigraciones masivas de trabajadores españoles, portugueses,
turcos, norteafricanos, hacia Francia, Alemania, Suiza, el Benelux, etc. en la
década de los 50 y 60 del siglo pasado. Es cierto que las condiciones de esa
emigración fueron sumamente duras: hacinados en barracones en suburbios
insalubres, con jornadas de trabajo extenuantes, pero aún así, y a cambio de
abaratar los costes laborales de la reconstrucción, estos emigrantes se
integraron en el proletariado y consiguieron un medio estable de supervivencia.
Esa etapa de la emigración se terminó con la entrada del capitalismo en una
nueva fase de crisis económica a mediados de los años 60 (de hecho desde 1963,
los países destinatarios de esa emigración empiezan a poner en práctica medidas
restrictivas primero en Suiza, luego en Gran Bretaña, Francia,â¦).
El significado de la emigración en la etapa actual del capitalismo
¿Qué sucede hoy? Esa crisis económica que se inició en los años 60, no sólo no
ha sido superada, sino que se ha ido agravando y profundizando cada día más.
Frente a esa crisis insuperable para el capitalismo, las principales potencias
han ido repeliendo sus peores efectos hacia la periferia del sistema, hasta el
extremo que regiones enteras del planeta viven en la descomposición más atroz.
Y esas regiones son cada vez más. Desde los años 70 en �frica , desde los 80
regiones enteras de América Latina (no sólo de los países del istmo donde
también se da un masiva emigración incontrolada hacia EE.UU.; sino también en
Ecuador, Bolivia, e incluso regiones del norte argentino, etc.); y desde los
90, los países del Este. Hoy asistimos por ejemplo en la âportentosaâ? China a
una despoblación masiva de partes enteras de aquel inmenso territorio, cuyos
habitantes se hacinan en las grandes urbes esperando a que el âmilagro
económico chinoâ? se acuerde de ellos.
Y junto a la miseria, la guerra en todas partes. Es cierto que como resultado de
la no derrota del proletariado mundial, el capitalismo no ha encontrado abierta
la vía de una Tercera Guerra Imperialista generalizada, pero eso no impide la
proliferación de guerras locales o regionales. Precisamente, el período actual
que hemos llamado de descomposición capitalista â cuyo origen es que ni la
burguesía consigue imponer su âsalidaâ? histórica a la crisis, ni el
proletariado consigue levantar su alternativa a este sistema moribundo â se
caracteriza por una multiplicación desmesurada de los conflictos bélicos, no
sólo entre los ejércitos oficiales de los Estados, sino también entre todo tipo
de bandas armadas, mafias, etc. que, toman a la población como rehenes de sus
disputas.
La acentuación de la crisis, la proliferación de las guerras lleva en esos
países al desmoronamiento progresivo de funciones vitales como la sanidad: el
SIDA llega a afectar hasta a la cuarta parte de la población, así como otros
virus como el Ebola o enfermedades que en otras circunstancias serían
fácilmente controlables (la malaria, la tuberculosis, el dengue,â¦). Todo ello
ha arrojado a millones de seres humanos a un auténtico agujero negro del que
escapar no se convierte ya en una posibilidad de âmejoraâ?, sino en la única vía
para la supervivencia. De ahí que cientos de miles de personas se encuentren en
estos momentos viajando sin comida y sin agua, asaltados por todo tipo de
bandas de forajidos entre las que se incluyen las policías de los países que
atraviesan, estafados o sacrificados por todo tipo de mafias, tratando de
escapar de la muerte segura que les espera en sus países de origen,â¦
Pero, a diferencia de lo que sucedía en los momentos en que las emigraciones
masivas obedecían a cierta âracionalidadâ? económica, el destino de esos
emigrantes, si consiguen llegar, ya no es incorporarse al proletariado de esos
países avanzados ni conseguir un medio digno y estable de supervivencia, sino,
en el mejor de los casos, integrarse en un subempleo precario perpetuo, donde
siguen sufriendo el chantaje de otras mafias , que aprovechan su desesperación
para hacerles trabajar en peores condiciones, con salarios más bajos, durante
más horas . Y esto que narramos es el mejor de los casos. En el peor, incapaces
de integrarse en el proletariado, una parte muy importante de estos emigrantes
engrosa las filas del lumpen (a través del tráfico de drogas, integrándose como
peones de las propias mafias, organizándose en bandas juveniles como las
âmarasâ?,â¦) acrecentando con ello el impacto de la descomposición social en los
propios barrios y ambientes obreros.
La respuesta de la burguesía de los países avanzados: represión y mentiras.
Que patronos individuales saquen tajada de la emigración que se está produciendo
en nuestros días, no significa que el capital nacional pueda rentabilizarla, de
ahí que trate de âregularizarlaâ? y limitar el contingente de emigrantes al cupo
de los que puede explotar . Y ni uno más. Sin embargo esa voluntad tropieza con
la marea humana que en el caso europeo procede de Ã?frica y en el caso
norteamericano viene de la mayoría de países de América Central y del Sur.
Sus respuestas son el muro y la represión. Hay que quitarle el velo pudoroso del
âtalanteâ? y del âinterés humano en no hacer daño a los emigrantesâ? con el que se
rodea el Gobierno Zapatero y comprender que la realidad pura y dura es que está
haciendo lo mismo que Ulbricht y Honecker, los estalinistas que levantaron el
muro de la vergüenza en Berlín en 1961, o el tan denostado Sharon y su muro en
torno a las poblaciones palestinas,⦠Ceuta y Melilla son puestas en pie de
guerra con vallas, alambradas, sensores y pobladas de legionarios, guardias
civiles, militaresâ¦, con la consigna de impedir âcon talanteâ? y de manera
âhumanistaâ? cualquier invasión.
Una de esas formas âhumanasâ? y âdialogantesâ? de cerrar el paso a los emigrantes
es intentar subcontratar la faena sucia al gobierno marroquí como está
intentando por todos los medios el gabinete Zapatero. Las últimas noticias
muestran que, probablemente de forma temporal, Marruecos se aviene a esa
âcooperaciónâ?: 6 emigrantes murieron el 5 de octubre en un ametrallamiento en
territorio marroquí y el 7 salta la noticia que cientos de ellos son
abandonados en pleno desierto⦠No debemos olvidar sin embargo que el gobierno
español está a su vez haciendo la faena sucia a los Estados âmás desarrolladosâ?
de la Unión Europea, destinatarios últimos de esa marea migratoria. Los más
poderosos tratan de aparecer ante el mundo como âlos más humanos y solidariosâ?
mientras que en la trastienda obligan a los menos pudientes de sus colegas a
realizar las tareas sórdidas. Es una cadena: Alemania y Francia obligan a
España a proteger la frontera sur mientras que está última trata de
subcontratarla a Marruecos.
Es una sucia y cruel guerra de farsantes y timadores donde cada cual trata de
sacar partido a costa del socio-rival. Pero todo esto se realiza sobre las
vidas de cientos de miles de seres humanos condenados a una trágica odisea.
Esta muestra que hoy el capitalismo ha convertido el planeta en un mundo
imposible de vivir. Cada vez más, la idea de una parte del mundo que sea un
ârefugioâ?, un âremanso de paz y prosperidadâ?, se convierte en una utopía. Los
emigrantes huyen de países donde no pueden vivir, son maltratados y saqueados
en los países que atraviesan y, finalmente, son masacrados a los pies de las
alambradas del supuesto âEldoradoâ? o, sí consiguen atravesar la muralla, sufren
una existencia infernal en el âparaísoâ?.
No es posible un capitalismo humano. Los intereses de la humanidad son hoy
incompatibles con las necesidades de este sistema. Lo que el género humano
necesita es abolir todas las fronteras, las naciones, las clases, la
explotación del hombre por el hombre, la miseria y la guerra.
Etsoem. 7 de Octubre de 2005.

This work is in the public domain

Comentaris

Re: Crisis migratoria en Ceuta y Melilla. Fuera fronteras, naciones, clases y miseria
07 oct 2005
El que està passant es una autèntica vergonya. No s'hauria de permetre que passessin coses com aquestes. I les forces repressives espanyoles i marroquis no fan més que cometre més i més assassinats.Vergonya, senyors, vergonya!
Re: Crisis migratoria en Ceuta y Melilla. Fuera fronteras, naciones, clases y miseria
07 oct 2005
La denuncia de la massacre tambe l'ha de fer la gent que creu i respecta que les i els humans s'hagin relacionat al llarg del temps a partir de cultures, pobles, nacions, etnies, identitats i diferents formes de viure i entendre la vida.

LLIURE CIRCULACIO EN UN MON SENSE ESTATS NI FRONTERES NI MISERIA
Re: Crisis migratoria en Ceuta y Melilla. Fuera fronteras, naciones, clases y miseria
25 oct 2005
aki
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