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Ma$$ kk
07 oct 2005
MANIPULACIÓN.
Un selecto número de periodistas es el encargado en las redacciones de periódicos, televisiones y emisoras de radio de ocuparse de la âinformación de Interiorâ?, eufemismo utilizado para referirse a las noticias procedentes de las fuentes policiales o militares.

Todos ellos tuvieron como referencia al policía periodista Alfredo Semprún un redactor del diario âABCâ? que se hizo célebre durante los diez últimos años de la dictadura franquista por demonizar a militantes comunistas o independentistas vascos.

La escuela de Semprún ha tenido alumnos aventajados que, sin apartarse apenas de los esquemas del maestro, se dedican a criminalizar a âetarrasâ? , okupas, nacionalistas, obreros o filólogos no castellanos.

La escuela de Semprún se fue transmitiendo de generación en generación periodística y sus discípulos siempre tuvieron un lugar preferencial en las redacciones de los medios de comunicación. Pero nunca tanto como ahora alcanzaron su apogeo. Así, tras las célebres parejas Cerdán-Rubio, Lázaro-Garea o Zuloaga-Pagola, una pléyade de redactores aventajados han ocupado su lugar.

No es que Zuloaga o Pagola se hayan retirado, sino que las nuevas olas vienen empujando con fuerza. Aún así, Zuloaga es capaz de escribir en âLa Razónâ? (Pagola sigue en âABCâ?) el día 8 de este mes una perla como la que sigue: âUna organización del entorno proetarra agita a los presos comunes para provocar motinesâ?. âZuluâ?, como era conocido en la Escuela de Periodismo, no tiene inconvenientes en ocultar sus fuentes âpenitenciariasâ? y reproducir sin ningún tipo de problema ético âvarios documentos, uno de los cuales se atribuye a una asociación del País Vasco que se ocupa de los presos y que expertos antiterroristas sitúan en el entorno del llamado MLNV, al que pertenece la banda criminal ETAâ?. Zuloaga no cita en ningún momento a la citada asociación, a la cual tampoco consulta.

Listado amplio

Pero informaciones como las de Jasús María Zuloaga, Raúl Alvárez y José Clemente son una constante en los medios de comunicación. En un estado centralista como el Español, los medios de Madrid se llevan la palma en cuanto a redactores conectados a las terminales de Interior o del Cesid. Los Agustín Valladolid, Alberto Pozas y Alberto Gallo, todos ellos del Grupo Zeta, son la punta de lanza de una ofensiva mediática que, dependiendo de las épocas, tuvo a Javier García, Carlos González, José Yoldi y Carlos Yárnoz, entre otros, en âEl Paísâ?. Pero la relación, con cerca de treinta redacciones de periódicos, emisoras de radio y televisión, además de revistas de información general y agencias de noticias conforman una nómina de cerca de cien personas que exceden la posibilidades de este trabajo. Pero todos ellos cuentan, como condición inexcusable para desarrollar su trabajo, con el placet de Interior. Y todos aceptan unánimemente el âlibro de estiloâ? de dicho ministerio, lleno de calificativos -o âdescalificativosâ?, según se tercie-, tópicos e imputaciones contra el enemigo común.

Escuela

Los medios de Madrid exigen a sus corresponsales en las distintas autonomías o comunidades autónomas en el Estado (âprovinciasâ?) una sumisión estricta al citado libro de estilo de Interior, reproduciendo los esquemas a través de las delegaciones del Gobierno, jefes de Guardia Civil o responsables del Cesid.

A esta tarea se aplican con entusiasmo en Barcelona Frances Pascual, de âEl Paísâ?, Enrique Figueredo de âEl Mundoâ? y Antonio Clemente de âLa Razónâ?. Junto a ellos compiten en beligerancia contra independentistas, antifascistas u okupas Mayka Navarro, de âEl Periódicoâ?, Mireia Roureda y Cristina Palomar de âAvuiâ? y Domingo Marchena, de âLa Vanguardiaâ?.

En Valencia, la palma de la agresividad contra estos movimientos la ostentan, una por periódico, Concha Raba, en el ultraderechista âLas Provinciasâ?, y José Parrilla, en âLevanteâ?.

La información más beligerante de Interior la escriben en Andalucía Oscar Sánchez Lobato, de âEl Diario de Cádizâ?, Rafael Guerrero Moreno, en âEl Correo de Andalucíaâ?, mientras que en âEl Mundoâ? brilla con luz propia Antonio Burgos.

En Galicia, las fidelidades se reparten entre Madrid y Santiago a partes iguales, sin que ello les suponga a los afectados ninguna contradicción. Ellos son Diego Bernal, delegado de la agencia Efe; Carlos Luís Rodríguez y Guillermo Campos, de âEl Correo Gallegoâ?; Pastor Alonso, vinculado a la Universidad compostelana; Bieitio Rubido, de âLa Voz de Galiciaâ? y, con un más amplio historial a sus espaldas; Juan Ramón Díaz García, director de âEl Ideal Gallegoâ?.

En Asturias, además del citado Raúl Ã?lvarez, se distinguen por su belicosidad Chema Fernández, de âEl Comercioâ?; Alejandro Ortea, de la TLG; Javier Neira de âLa Nueva Españaâ? y Juan Vega, de la televisión de Oviedo.

El listado tiene un complemento indispensable en Euskal Herria, donde se han cimentado su fama los Calleja, Etxauz, Landaburu, amén de la inefable Gurruchaga. Pero esa ya es otra guerra.
Listado amplio

Pero informaciones como las de Jasús María Zuloaga, Raúl Alvárez y José Clemente son una constante en los medios de comunicación. En un estado centralista como el Español, los medios de Madrid se llevan la palma en cuanto a redactores conectados a las terminales de Interior o del Cesid. Los Agustín Valladolid, Alberto Pozas y Alberto Gallo, todos ellos del Grupo Zeta, son la punta de lanza de una ofensiva mediática que, dependiendo de las épocas, tuvo a Javier García, Carlos González, José Yoldi y Carlos Yárnoz, entre otros, en âEl Paísâ?. Pero la relación, con cerca de treinta redacciones de periódicos, emisoras de radio y televisión, además de revistas de información general y agencias de noticias conforman una nómina de cerca de cien personas que exceden la posibilidades de este trabajo. Pero todos ellos cuentan, como condición inexcusable para desarrollar su trabajo, con el placet de Interior. Y todos aceptan unánimemente el âlibro de estiloâ? de dicho ministerio, lleno de calificativos -o âdescalificativosâ?, según se tercie-, tópicos e imputaciones contra el enemigo común.

Escuela

Los medios de Madrid exigen a sus corresponsales en las distintas autonomías o comunidades autónomas en el Estado (âprovinciasâ?) una sumisión estricta al citado libro de estilo de Interior, reproduciendo los esquemas a través de las delegaciones del Gobierno, jefes de Guardia Civil o responsables del Cesid.

A esta tarea se aplican con entusiasmo en Barcelona Frances Pascual, de âEl Paísâ?, Enrique Figueredo de âEl Mundoâ? y Antonio Clemente de âLa Razónâ?. Junto a ellos compiten en beligerancia contra independentistas, antifascistas u okupas Mayka Navarro, de âEl Periódicoâ?, Mireia Roureda y Cristina Palomar de âAvuiâ? y Domingo Marchena, de âLa Vanguardiaâ?.

En Valencia, la palma de la agresividad contra estos movimientos la ostentan, una por periódico, Concha Raba, en el ultraderechista âLas Provinciasâ?, y José Parrilla, en âLevanteâ?.

La información más beligerante de Interior la escriben en Andalucía Oscar Sánchez Lobato, de âEl Diario de Cádizâ?, Rafael Guerrero Moreno, en âEl Correo de Andalucíaâ?, mientras que en âEl Mundoâ? brilla con luz propia Antonio Burgos.

En Galicia, las fidelidades se reparten entre Madrid y Santiago a partes iguales, sin que ello les suponga a los afectados ninguna contradicción. Ellos son Diego Bernal, delegado de la agencia Efe; Carlos Luís Rodríguez y Guillermo Campos, de âEl Correo Gallegoâ?; Pastor Alonso, vinculado a la Universidad compostelana; Bieitio Rubido, de âLa Voz de Galiciaâ? y, con un más amplio historial a sus espaldas; Juan Ramón Díaz García, director de âEl Ideal Gallegoâ?.

En Asturias, además del citado Raúl Ã?lvarez, se distinguen por su belicosidad Chema Fernández, de âEl Comercioâ?; Alejandro Ortea, de la TLG; Javier Neira de âLa Nueva Españaâ? y Juan Vega, de la televisión de Oviedo.

El listado tiene un complemento indispensable en Euskal Herria, donde se han cimentado su fama los Calleja, Etxauz, Landaburu, amén de la inefable Gurruchaga. Pero esa ya es otra guerra.

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(Nota-La Info es antigua,solo los nombres varian-(alguno(S)), que no -la estrategia-.Esta sigue siendo la misma con acento,es decir acentuada)

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