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Principios políticos de la revolución
21 set 2005
El viejo e insostenible sistema de privilegios a favor de los explotadores que se apropian de la riqueza colectiva y de la voluntad de otros seres humanos, debe perecer.
Reconociendo la vigencia del principio materialista de la Historia puesto de manifiesto por Marx, el capitalismo es una dinámica de producción desarrollada en la fase primitiva de la civilización, cuando el desarrollo de las tecnologías productivas hace posible la explotación masiva de seres humanos para actividades que no son de mera subsistencia. Así, podemos entender que la construcción de las Pirámides de Egipto o los Templos Aztecas de México presentan claros ejemplos de explotación capitalista primigenia, puesto que en ambos casos se trata de construcciones que no son obviamente dedicadas a la subsistencia de quienes trabajaron en su construcción, sino que estaban destinadas a engrandecer o consolidar el poder de la clase política dominante explotadora. El principio capitalista de explotación del ser humano ya estaba inserto en el mundo de nuestros antepasados bárbaros, aunque todavía las condiciones materiales de producción no hubieran determinado ni el patriarcado ni la circulación monetaria: en los tiempos de la barbarie en los que por necesidad de subsistencia se daba una economía comunitaria, la guerra debía ser el estado natural entre las distintas tribus, y de hecho hay pruebas sobradas de que la ausencia de prisioneros que hubieran supuesto una carga insostenible de manutención pues no había minas ni campos ni por supuesto industria en la que emplearlos, significaba el asesinato habitual de los vencidos de otras tribus, cuando no la antropofagia. El capitalismo "monetario" propiamente dicho podemos afirmar que se desarrolla ya plenamente en la Antigua Grecia al menos 600 años antes de la Era llamada cristiana, dentro de un régimen de tipo esclavista que continuó con el Imperio Romano en el Hemisferio occidental, desembocando en la epoca agraria de la Edad Media en el feudalismo y la servidumbre, los cuales derivaron con el progreso de la técnica en el proletariado industrial y el capitalismo financiero de la burguesía en el que todavía estamos insertos. La antropofagia de nuestros antepasados bárbaros, el esclavismo, la servidumbre, el proletariado y el trabajador de la llamada "sociedad de consumo" no son sino manifestaciones del primario "instinto" capitalista de depredación o dominación del ser humano por parte de otros seres humanos.

El Estado, como formulación política de la civilización primitiva es una construcción de las clases dominantes, tanto más cuanto mayor ha sido el poder que han acumulado. Cuanto mayor ha sido la acumulación de riqueza de las clases dominantes a las cuales representa, el poder del Estado ha ido creciendo, hasta alcanzar el cénit en el s.XX cuando determinados Estados disponen por sí sólos de capacidad aniquiladora en su arsenal nuclear de guerra. A lo largo de todo el siglo XX, todos los Estados se han desarrollado en torno a las clases burguesas o burocráticas enriquecidas por el capitalismo en todas sus formas privadas o estatales, bien mediante las llamadas democracias representativas, bien mediante regímenes totalitarios como el stalinista o el maoista o con diversas clases de estados de tipo dictatorial. En todo caso, ha imperado a lo largo de todo el siglo XX e impera por supuesto en la actualidad un sistema capitalista de producción, basado en la explotación del trabajo ajeno por parte de corporaciones "privadas" o "estatales" que trabajan en un régimen de planificación centralizado por parte de Consejos de Administración ya sean privados, estatales o mixtos, estando en todo caso los aparatos estatales de la clase que sean al servicio de crear las condiciones idóneas para que este sistema de producción proporcione el máximo rendimiento financiero a sus propietarios, sean privados, estatales o mixtos. El sistema legal creado por los Estados capitalistas es por tanto una parte esencial en la defensa de los privilegios de la clase dominante, privada o burocrática, frente a la masa de empleados, ya sea en régimen laboral propiamente dicho o mediante deformaciones igualmente "legales" de tal régimen como los llamadas trabajadores "autónomos" subcontratados.

La clave de la dinámica capitalista no es por tanto, como erróneamente percibiera Marx, únicamente la plusvalía de la que se apropia el capitalista o el mero "afán de lucro": hay que llegar más lejos en el análisis como intentó aunque sin éxito el propio Engels al estudiar los trabajos de Morgan sobre las sociedades primitivas. La clave del principio capitalista de la civilización primitiva es lo que podemos llamar con propiedad, una dualidad basada en el "afán de apropiación y autoridad": cuando la técnica y las circunstancias lo permiten, este afán de apropiación y autoridad se traduce en el esclavismo, la servidumbre o la explotación del proletariado moderno, pero ese mismo afán de apropiación impulsaba al guerrero bárbaro a dirigirse al territorio de una tribu vecina para saquear sus provisiones, tomar sus mujeres o niños y literalmente, asar y comerse a los vencidos, si fuera el caso. Es más, el tránsito del matriarcado natural de la antigua gens al patriarcado "civilizado" no es más que el afán de apropiación por parte del hombre de la riqueza que empezaba a generarse con el desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como de la propia libertad de la mujer a la que se le impuso la monogamia y su réplica el adulterio o la prostitución. No en vano, en la Grecia Heroica donde según todos los indicios tuvo lugar este transcendental tránsito del matriarcado natural al patriarcado "civilizado", el incipiente "estado" organizaba una prostitución de mujeres cultivadas conocidas por las Hetarias, que no ha vuelto a repetirse. Sin duda, en aquéllos tiempos en los que estaba tan reciente el "recuerdo" de la libertad sexual de los antiguos bárbaros, las Hetarias son toda una evidencia de cómo la monogamia impuesta a la mujer por el hombre que recién había "conquistado" el patriarcado, supuso inmediatamente el nacimiento de la prostitución. El "empleo" capitalista más antiguo del mundo, que nace inmediatamente con el patriarcado y que inicia la etapa "civilizada" de la explotación sistemática del ser humano por el ser humano más allá de la mera subsistencia es ciertamente la prostitución femenina. Sin lugar a dudas, el "afán de apropiación", en este caso del cuerpo femenino por parte de los nuevos patriarcas, se encuentra también en el origen de la organización de las Hetarias griegas, y su dualidad autoritaria en el régimen de semi-esclavismo impuesto a la mujer casada con posterioridad, únicamente "desmontado" y sólo en parte y en algunos territorios, en nuestros días.

Al mismo tiempo que se desarrollaban en su plenitud (macabra) los Estados burgueses a lo largo del siglo XX, se produjeron imporantes reacciones de las clases explotadas obreras en un intento, finalmente frustrado, de cambiar ese estado de cosas. Así, la Revolución Rusa de 1917, inicialmente burguesa y posteriormente proletaria, fracasó incluso antes de la muerte de Lenin, el cual reconocía la dificultad de formar a los soviets en los principios revolucionarios. Posteriormente, el afán de apropiación de Stalin, derivó en un Estado totalitario e imperialista que impuso un capitalismo de estado autoritario al Bloque Soviético, cuyo fracaso culminó con la Caída del Muro de Berlín en 1989. La Revolución China, que nunca tuvo un intento de autogestión como los soviets y que estuvo siempre lastrada por el ancestral autoritarismo de la sociedad china, revistió el mismo fin totalitario que Mao perfeccionó con una sublimación autoritaria e iconoplasta en su propia persona del confucionismo, instituyéndose un sistema capitalista de Estado que tiene continuidad en nuestros días.

En el desarrollo del capitalismo, desde sus primeros orígenes, se han producido y se producen grandes luchas entre las distintas facciones que lo componen: terratenientes feudales contra burgueses urbanos, esclavistas contra industriales, terratenientes agrícolas contra ganaderos, financieros contra industriales....globalizadores contra proteccionistas. Tanto en el ámbito interestatal como dentro de los propios estados, en forma de guerras abiertas, guerras civiles, guerras comerciales, etc, etc. En todo momento, el aparato de poder de las distintas facciones capitalistas en lucha ha dispuesto de las condiciones suficientes para engañar a grandes masas populares para que tomaran partido por ellas, confundiendo sus intereses de clase con artificios ideológicos como la identidad nacional, el patriotismo, el "estilo de vida", la religión, o deformando sibilinamente términos como la "justicia", la "libertad" o la "democracia", o recurriendo a la "voluntad de dios" o a la "defensa de la identidad" "de los orígenes" "de la herencia", etc, etc. Ni que decir tiene que cuando estos enfrentamientos han sido entre Estados, las consecuencias han sido tan catastróficas e infamantes para el género humano como la I y II Guerras Mundiales o la Guerra Civil Española. En la actualidad, estos enfrentamientos "globales" entre distintas facciones capitalistas tienen además la forma de terrorismo, incluso con complejas y terribles implicaciones de corrupción de los servicios secretos de los propios Estados que lo "combaten".

Hemos señalado anteriormente que entre la élite capitalista mundial existe una facción "globalizadora", la cual debido a que controla los principales medios financieros, luego políticos dentro del juego de la democracia representativa a nivel mundial, está interesada en la máxima libertad de circulación de mercancías y capitales, y otra fracción que por disponer de menos medios y tener una influencia limitada a ciertos territorios, asume un papel de defensa de posiciones de tipo más arancelario o proteccionista. Ambas facciones tienen un elaborado programa para intentar suscitar la adhesión de las masas populares. En el caso de la facción capitalista proteccionista o soberanista, el elemento de "enganche" con el que se presentan a la sociedad se conoce como "movimiento antiglobalización", "altermundista" o "alterglobalización" al que por razones obvias de interés particular se han sumado instituciones capitalistas tradicionales como las Iglesias, así como sus formulaciones "modernas" las llamadas ONG, las cuales reciben el apoyo de algunos Estados capitalistas que aspiran a proteger sus industrias nacionales como (ilos socialistas en Francia), Alemania, India, Brasil, Venezuela, España y muchos otros estados capitalistas menores que no disponen de la capacidad de EEUU, Gran Bretaña, Rusia o China. En cuanto a la facción de los "globalizadores", éstos recogen toda la antigua tradición argumental "liberal", un tratado de cómo manipular en interés del capital conceptos como "libertad" o "justicia". Para citar figuras actualmente reconocibles, Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique se identifica claramente como representante de las facciones capitalistas arancelarias o soberanistas "antiglobalización" y el premio príncipe de Asturias de Economía, Xavier Sala Martín, con las facciones capitalistas globalizadoras o "liberales". La fracción capitalista "arancelaria" se ha ido apropiando paulatinamente del movimiento de protesta anticapitalista que se manifestó con mucha fuerza en Seattle en 1998, creando la trama de los Foros Sociales Mundiales para impedir en todo momento cualquier "veleidad" hacia posiciones revolucionarias. Los zapatistas del subcomandante Marcos en México y su "indigenismo" o el chavismo de la llamada "Revolución Bolivariana" en Venezuela serían con todos sus matices, expresiones políticas manifiestas de la facción capitalista soberanista, la cual llega incluso a apoyarse en las clases más empobrecidas para plantarle cara a sus hermanos capitalistas favorables a la globalización. En todo caso, estas luchas se presentan por parte del aparato mediático como luchas de clases, cuando en realidad no son sino enfrentamientos interesados entre facciones capitalistas diferentes, pero en todo caso, plenamente integradas en las dinámicas capitalistas en sus dos polos complementarios de la globalización y el proteccionismo, entre el liberal y el arancelario, entre el financiero internacional que domina el Gobierno de un Estado Poderoso y el gran industrial local que domina el Gobierno de un Estado Medio. Ni que decir tiene que los Estados pequeños, como los formados en Europa tras la caída del Muro de Berlín están todos ellos en manos del capital financiero mundial y que por tanto, presentan un frente común con las posiciones librecambistas, siendo los focos de "resistencia" del capitalismo proteccionista sólo en Estados más antiguos y consolidados como Francia, Alemania o España. En todas estas luchas, la clase trabajadora es enfrentada por las distintas facciones capitalistas a dilucidar y tomar partido por uno de ambos bandos mediante la formulación retórica de una "Lucha de clases" que no se plantea en ningún momento. El primer principio político de la revolución es tomar conciencia de las trampas que nos tienden los capitalistas para que nos posicionemos a favor o en contra de alguno de sus bandos, entendiendo que la "victoria" transitoria de uno cualquiera de ellos supone en todo caso, un agravamiento de las condiciones de vida de las clases populares, sentido y objetivo en el que siempre y en todo momento coinciden ambos bandos o sus diversas escisiones o grupos. El empeoramiento de las condiciones de vida de la clase trabajadora y popular es un fenómeno inherente al desarrollo del obsoleto (y luego veremos por qué) sistema capitalista de producción y su formulación política, el Estado capitalista moderno, con sus instituciones "trasnacionales" o "internacionales" de apoyo, de forma que ningún enfrentamiento entre facciones capitalistas puede mejorarlas, sino que no interrumpe de ningún modo tal proceso.

En la actual situación de la técnica y del conocimiento científico el sistema capitalista es inviable a largo plazo, pues conlleva un uso completamente ineficaz de energía, el cual ya se ha manifestado al provocar un desequilibrio de 0,8 wats por metro cuadrado de superfice terrestre en la radiación que la atmósfera ya no es capaz de retornar al espacio exterior, conviertiendo así al Planeta en una bomba térmica potencial.

La dinámica capitalista actual, mediante la cual y en función del afán de apropiación y autoridad, la élite capitalista mundial acumula la riqueza y la capacidad de decisión (tanto en el ámbito privado como en el ámbito público que domina a través de su formulación política del Estado y de las Leyes) impone modos de vida que requieren un altísimo e inutil gasto energético. Así, la vida en las grandes ciudades se organiza en función de un constante aumento de los precios inmobiliarios de acuerdo a las necesidades de las instituciones financieras, de modo que las clases populares son compelidas a abandonar las ciudades donde trabajan y desplazarse diariamente decenas y hasta centenares de kilómetros, forzadas a ser usuarios del automóvil y de combustibles fósiles, sin que ello trascienda en incremento alguno de la productividad, sino en detrimento de ella. Hemos señalado conscientemente que el precio de los inmuebles es forzado por la clase capitalista al alza para atender sus necesidades de apropiación de riqueza a través de las instituciones financieras, así como para sustentar su afán de dominación de las burocracias democráticas mediante el permanente soborno de los promotores y financieros a las autoridades locales principalmente que producen la legislación urbanística. Recordemos cómo toda la legislación de las democracias representativas es un instrumento al servicio de los capitalistas o a lo sumo, pura entelequia "a favor de los consumidores" para que éstos se mantengan completamente alienados sobre la naturaleza de la explotación de la que son objeto. Por otro lado, las dinámicas capitalistas implican una falta de formación de los trabajadores, lo cual redunda en una tendencia al estancamiento de la productividad a pesar del avance de la técnica, por estancamiento de las habilidades humanas empleadas, lo que implica nuevamente que para una misma tarea se utilice por el sistema capitalista una cantidad innecesaria e ineficaz de energía.

Es evidente pues que ante la revolución se presentan dos tareas políticas básicas. Enfrentar el afán de apropiación y el afán de autoridad del capitalismo. No hay pues un objetivo único que enfrentar, sino que tenemos dos objetivos duales y complementarios. La revolución no puede sostenerse, aunque la técnica no disponga en contrario, si no se atienden y cuida el trabajo de demolición política de ambos frentes. El afán de apropiación, que tiene un contenido claramente económico ha de superarse supera mediante la evolución de principios ya formulados en su base, como son los principios de la economía comunista no centralizada. El sistema de producción capitalista, obsoleto e ineficaz como hemos señalado de forma sucinta, debe ser transformado por la revolución en un sistema superior, más eficaz y adaptado a las condiciones materiales de la tecnología actual, que no es otro que el sistema autogestionado de producción comunista mediante el cual no son los consejos de administración los que dirigen la producción, sino los propios trabajadores y la colectividad en su conjunto. Es evidente que con el avanve tecnológico en telecomunicaciones, esto puede ser una realidad en cuanto se produzcan las condiciones políticas necesarias.

Aquí llegamos, al referirnos a las condiciones políticas necesarias, al punto crucial de la cuestión en el cual el propio Lenin reconoció antes de morir que la Revolución Rusa había fracasado. La revolución rusa pereció sin proporcionar al mundo las aspiraciones que la habían engendrado porque no supo o no pudo vencer, más bien nos inclinamos a que no pudo, decimos, vencer ni derrotar el afán de autoridad inherente al sistema capitalista, reproduciendo ese afán de autoridad en un sistema totalitario que degeneró con Stalin en el asesinato y la represión más salvajes. Si bien el principio de economía comunista es más fácil de asumir colectivamente , pues al fin y al cabo, el ser humano actual todavía debe guardar alguna memoria "genética" de su ancestral economía comunitaria, el principio de política libertaria que invocamos aquí como inseparabe de la revolución no tiene "antecedente" antropológico ni histórico. Así, la superación del principio capitalista del afán de autoridad, que es el fundamento complementario y dual del afán de apropiación, requiere un desarrollo evolutivo muy superior, tanto en el terreno personal como colectivo. Ya hemos visto mediante constataciones históricas que la mera superación del afán de apropiación de una clase capitalista sin revolucionar el principio de autoridad, conduce irremisiblemente a la creación de una nueva clase burocrática que enseguida empieza a desarrollar un nuevo afán de apropiación en las nuevas circunstancias, lo que en todo caso conduce a la subversión del proceso revolucionario.

La revolución no puede hacerse "tomando el poder", porque entonces, está expuesta a ser sometida por el afán de autoridad de los que lo tomen, sean barbudos, comandantes o subcomandantes, lo cual conduce, como hemos visto, a reproducir las dinámicas capitalistas en un entorno político distinto pero esencialmente equivalente en sus efectos, en tanto que genera condiciones sociales inaceptables para las clases populares, en tanto que reproducen como queremos repetir, la dualidad apropiación-autoridad propiciatoria del capitalismo.

Sin embargo, la revolución sí aspira como paso necesario a disolver todo poder autoritario o representativo en una red de decisiones autogestionadas en todo aquéllo que atañe a los asuntos colectivos, ante la cual no se opone consideración técnica alguna ni requiere dosis elevadas de energía que la hicieran inviable, como en realidad estamos viendo que el capitalismo alcanza su inviabilidad por una incongruencia energética esencial. La revolución aspira a disolver el poder a manos de la autogestión y del principio libertario de organización autónoma. Pero no puede, so pena de perecer, entregar el poder a ninguna élite de barbudos, burócratas, comandantes, subcomandantes, comandancias o encapuchados de ningún tipo, sino que lo que hace es superar por la autonomía de voluntades resonantes de una masa crítica suficiente de seres humanos conscientes, el principio de autoridad para derrotar mediante una economía comunista avanzada las tendencias destructoras del capitalismo en su última fase de desarrollo. Cuando la Revolución de la Burguesía Francesa estableció en el siglo XVIII de la llamada era cristiana o era capitalista el "imperio del Derecho" utilizó un subterfugio para ocultar que el Derecho era producto de la actividad de un Estado dominado por la nueva clase capitalista emergente. La autoridad tampoco puede subsistir mediante formulaciones implícitas ya conocidas y reconocidas, como son las de toda clase de religiones o ritos de sumisión, encarcelando el principio libertario de autonomía en libros de visionarios, profetas o directa y supuestamente manuscritos por dios o el espíritu santo. En tanto que ejemplos históricos, la Rusia de Stalin y la China de Mao, muestras claramente cómo el "culto a la personalidad" conduce al fracaso todo proceso revolucionario. En la actualidad, el chavismo de la llamada "revolución bolivariana" y el culto a la personalidad de su líder, o el zapatismo del subcomandante Marcos son otros tantos ejemplos de procesos políticos derivativos de nuevas formulaciones dentro del ámbito del principio capitalista de autoridad.

La superación del principio de autoridad, del cual deriva el afán de autoridad que define junto al afán de apropiación al sistema capitalista, es pues una cuestión de desarrollo evolutivo superior de la colectividad humana, la cual no puede porque no lo permite el estado actual de la tecnología, volver a una época de barbarie, ni los que aspiramos a la revolución queremos que ésta superación se plantee desde el nihilismo de los que abogan por la "destrucción" como fin en sí mismo.

LLegados a este punto, y habiendo expuesto la tarea fundamental de la revolución ¿qué podemos decir de los medios? Sin elipsis de ningún tipo, quisiéramos empezar exponiendo una clara y rotunda negativa. La revolución a la que aspiramos no puede realizarse de ningún modo con recurso alguno que implique violencia de algún tipo. La violencia es la expresión más primitiva del afán de autoridad, porque supone la presensión de imponer a otros una voluntad ajena mediante el miedo, la amenaza, la agresión. El hecho de que los estados capitalistas hayan reformulado este recurso primitivo con revestimientos "legales" - ya sabemos que el aparato legal es una formulación al servicio de la clase explotadora - e instituído sus polícias y sus ejércitos y sus sistemas represivos violentos no hace sino reforzar el planteamiento que aquí hacemos contra toda forma implítica o explícita de violencia. Luego, la violencia lleva la revolución al más completo y denigrante de los fracasos, en tanto que instaura el principio de autoridad más abyecto y despreciable, pues es aquél que se ejerce directa y exclusivamente contra el ser humano para torcer su voluntad e imponerle la voluntad ajena.

Por otro lado, en el subsuelo más secreto de las agencias de información de los Estados capitalistas, se gestan permanentemente toda clase de estrategias para promover e incitar a la violencia a los grupos activistas que plantean algún objetivo que pudiera conllevar alguna dinámica revolucionaria: el Estado capitalista sabe y conoce perfectamente que la violencia es la trampa más sencilla de tender a una reivindicación revolucionaria para que ésta quede atrapada en la contradicción de su inconsistencia. Hay que rechazar por tanto, tenaz y firmemente, toda clase de violencia. No es éste el camino de la revolución. El camino de la revolución es ser coherente y fiel consigo misma.

La revolución no puede elevarse como avance evolutivo histórico para impedir que el capitalismo nos conduzca a un nuevo y denigrante salvajismo o barbarie de alta tecnología sin el concurso de una masa crítica suficiente de seres humanos conscientes y resonantes en su voluntad autónoma, decididos a disolver toda autoridad por medio de redes de autogestión que resuelvan decididas la sustitución del obsoleto sistema capitalista de producción mediante las oportunas actuaciones colectivas. No tenemos instrumentos que nos den la medida de cuándo alcanzaremos esta masa crítica que disuelva el poder, y que por tanto, no caiga en el error de tener que "entregarlo" a ningún grupo de comandantes, pero sí podemos saber que estamos ante un reto de carácter ideológico. La ideología es el terreno de juego apropiado para la revolución. Sin desarrollo ideológico abierto y compartido es imposible, materialmente alcanzar la masa crítica que haga posible la revolución. No sabemos cuál será el cauce por el cual esta masa crítica podrá abrir el camino a una nueva era en la Historia de la Humanidad. Si pretendiéramos formular ese camino, nosotros mismos traicionaríamos desde la primera palabra a una revolución que ha de vencer al principio de autoridad para poder derrotar al afán de apropiación que nos conduce a la barbarie más ignominiosa de la mano del capitalismo y sus instituciones y su cultura.

Si somos capaces de crear una nueva cultura ideológica que confronte el afán de autoridad, seremos capaces de confrontar con éxito el afán de apropiación. Sólo un nuevo ser humano más digno, más capaz, más consciente y reflexivo, puede doblegar el afán de lucro y apropiación en cuya ciénaga se ha desarrollado y pervive el viejo y agresivo capitalismo. Más allá de la civilización primitiva, y por encima de una especie de salvajismo tecnológico a la que nos invitan los nihilistas y otros sirvientes conscientes o inconscientes del capitalismo, sin caer en la trampa emocional y primitiva de la violencia ni creer en las falsas promesas que los capitalistas nos hacen llegar a través de sus distintas facciones, todos nosotros tenemos la posiblidad si queremos, de ocuparnos por que como una ola de nueva civilización, crezca imparable la conciencia eficaz de la masa crítica de revolucionarios despojados de todo afán de apropiación y autoridad, pero dispuestos a construir un nuevo futuro para todos. Esta tarea ideológica no puede ni debe renunciar en ningún momento a que seres humanos que actualmente están degenerados por su afán de apropiación o autoridad, alcancen un nivel superior de conciencia y se sumen a la masa crítica revolucionaria. Debemos trasladarles un mensaje muy claro a todo el escalafón capitalista: si en algo tienen que tener alguna "esperanza" es en la revolución, no en sus beneficios ni en un poder ya caduco. El viejo sistema de privilegios a favor de los explotadores que se apropian de la riqueza colectiva y de la voluntad de otros seres humanos debe perecer.

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Comentaris

Re: Principios políticos de la revolución
21 set 2005
¿Y si no reconoces la vigencia del principio materialista de la Historia?
¿Has leído a K Popper?
Re: Principios políticos de la revolución
21 set 2005
Te puedes saltar la primera definición, que ocupa dos frases y pasar al resto del texto. Una cosa no implica la otra. Verás que luego se discuten aseveraciones de Marx y se hacen enfoques nuevos. El reconocimiento se hace para escribir una primera definición, ahí se queda.
Re: Principios políticos de la revolución
21 set 2005
Te puedes saltar la primera definición, que ocupa dos frases y pasar al resto del texto. Una cosa no implica la otra. Verás que luego se discuten aseveraciones de Marx y se hacen enfoques nuevos. El reconocimiento se hace para escribir una primera definición, ahí se queda.
Re: Principios políticos de la revolución
21 set 2005
La importancia de Marx radica en que es el primer pensador social que proyecta su actividad en un terreno práctico: la lucha por mejorar el nivel de vida de la clase trabajadora. El platonismo y el aristotelismo y otros sofismos, es decir, la razón pura sin interés en ser contrastada ni aplicada en la realidad, carecen de interés desde el punto de vista revolucionario.
Re: Principios políticos de la revolución
22 set 2005
En cuanto a pensamiento a ser contrastado y aplicado a la realidad... hay una cosa (o varias) que se llaman ciencias.
Otra cosa es una guia que dice lo que debe pasar y porque es bueno que pase, como el marxismo... Y para llegar a la conclusión de lo que es bueno que pase Marx razona y se basa en lo que ya existe. Marx leyó mucho Hegel, mucho a Kant y a muchos pensadores judios. Hace tiempo que se vio que el marxismo no puede contrastarse, porque es una tautología (la parte más coherente) o una profecía (en otros casos). Lo único que tiene valor hoy en dia fue la interpretación que hizo de la economía.
Re: Principios políticos de la revolución
22 set 2005
Encuentro contradictorio que escribas que el marxismo es una gúia y luego escribas que se trata de una "interpretación" de la economía. Desde posiciones revolucionarias liberatarias, las "guías" no son aceptables, los escritos de Marx son una referencia para el pensamiento orientado social a la acción política contra la explotación capitalista, pero tienen partes mejores y otras peores. La teoría de la plusvalía, aunque incompleta es tal vez desde nuestro punto de vista la más valiosa. La más floja es la que atañe a la "dictadura del proletariado" y la narración política de la fase "transitoria" hacia el comunismo. Desde un punto de vista libertario, esa transición no puede hacerse mediante "dictadura" de ningún tipo. Pero sobre esto hay que tratar de forma clara, sin prejuicios de quienes en realidad, puedan estar defendiendo posiciones conservadoras o contrarevolucionarias. La convergencia del comunismo y el anarquismo es cuestión de tiempo y oportunidad, pero ha de llegar como condición necesaria para que la revolución contra el capitalismo pueda desarrollarse.

Finalmente, tampoco se entiende muy bien la importancia que pareces darle a que según tú, Marx leyera "mucho" a "pensadores judíos".
Re: Principios políticos de la revolución
22 set 2005
La presente narración no se detiene en los principios enunciados por Marx, sino que partiendo de una definición del capitalismo como una dinámica dual apropiación-dominación, desarolla de forma sucinta los objetivos y medios aceptables para la transformación social hacia una dinámica que confront la capitalista mediante el principio de distribución-cooperación-autogestión.
Re: Principios políticos de la revolución
22 set 2005
Isaiah Berlín tiene un ensayo genial sobre Marx: analiza todo su pensamiento desde el punto de vista judío. Cómo miembro de una familia que acababa de salir de la marginación de las leyes a las que se les sometía en su país, y siendo su padre rabino, Marx (según Isaiah) sustituye su concepción del pueblo judío (internacional y oprimido), por la de obrero socialista (supuestamente internacional y efectivamente orpimido).
Marx partió de la interpretación de la economía, la parte más valida de su pensamiento, para desarrollar una guía hacia un fin utópico, basado en el avance de la historia del pensamiento de Hegel.
El problema es que la interpretación de partida, aunque muy interesante y revolucionaria no se somete en ningún momento al rigor de la refutación científica. Es de base.

Si a eso añadimos lo que Popper dice de que no podemos predecir el futuro ya que no podemos predecir lo que conoceremos mañana, y que la ciencia sólo puede hacerlo repitiendo fenomenos ya conocidos en condiciones reproducibles, el marxismo tiene el valor de una profecía o doctrina sagrada (algo así como un budismo materialista) o el de una tautología, si se valoran los razonamientos lógicos, que parecen implicar unos a otros, pero que en el fondo son la expresión del mismo principio repetido una y otra vez, al no haber manera de referenciarlo a la realidad.

Me parecen simpáticas las intenciones, se basen en el marxismo o no, que pretendan cambiar la supuesta manera en que el capitalismo es o se comporta por otras formas más solidarias, pero están condenadas al fracaso si se plantean de forma global y a priori. "Porque no podemos saber hoy lo que conoceremos mañana...", y menos una sola mente iluminada añadiría yo.

Marx hablaba poco de la capacidad autorreguladora de las sociedades y mercados, diría yo. En ese sentido me interesa más otros autores más recientes, como Noam... Que dice que el liberalismo capitalista es cojonudo, pero que lo que pasa es que en el fondo no existe de verdad...
Re: Principios políticos de la revolución
23 set 2005
Ah...el liberalismo capitalista, es por ahí de dónde llega eso de los mercados "autorregulados"...pero dejemos eso tan trillado. En efecto como no podemos saber hoy lo que conoceremos mañana, la revolución no puede tener guías -si las tiene no es revolución sino transición política intracapitalista- , aunque sí principios de actuación política. Por mucho que a los enamorados y defensores del liberalismo capitalista como ese señor Noam, el cual no hay que olvidarlo trabaja para las multinacionals que financian el MIT, les infunda desasosiego, la autogestión de los trabajadores y en política la democracia abierta no representativa de base libertaria son los principios políticos sobre los que necesariamente cabe avanzar hacia el comunismo. No tenemos idea de cómo se hará efectivamente ese tránsito, pero sabemos que será imnposible sin la presión de una masa crítica que tampoco sabemos cuándo se producirá: sólo podemos intentar que se produzca lo más pronto posible. Si decimos que el principio libertario es la base política de la revolución, esto implica que no hay guías ni doctrinas ni pensamiento iluminado alguno que prevea lo que pasará. La organización del "des-orden capitalista" se hará no sabemos por qué mecanismos concretos, pero si se produce necesariamente ha de hacerlo respetando el principio libertario. De otro modo, sólo se llega efectivamente a la dictadura y a reproducir las contradicciones nefastas del liberalismo (o su otra cara el proteccionismo) capitalista que tan calurosa y sibilinamente defiente el señor Noam desde su todopoderoso MIT capitalista.

Así que con Popper el principio libertario no entra en absoluto en contradicción ni con ningún otro desarrollo científico sobre la incertidumbre o la indeterminación.
Re: Principios políticos de la revolución
23 set 2005
Sobre Marx, habría que decir que para la revolución libertaria hacia el comunismo a la que aspiramos, se trata de un pensador social valioso por su formulación de las contradicciones "económicas" del capitalismo, pero cuyo desarrollo de la llamada "dictadura del proletariado" no es válido porque se mantiene dentro del principio de autoridad o afán de dominación que reproduce la dualidad capitalista. La revolución es sinónimo de libertad, luego la vía política hacia el comunismo como sistema económica más avanzado, eficaz y evolutivo que el librecambismo-proteccionismo económico no es ninguna "dictadura" de nadie, sino la autodeterminación colectiva de los asuntos públicos y colectivos, claro está incluída la producción, la distribución y el reparto de tareas. Como tal autodeterminación, no cabe definirla a priori; pues su curso no está pre-determinado sino que se construye de forma permanente. El principio activo, indeterminado, de la revolución es la masa crítica autoconsciente y dispuesta a ejercer la autogestión de todos los asuntos públicos, principio activo que disuelve de forma no-violenta el poder, el cual desaparece porque desaparece toda clase de "delegación" de la autoridad, pues la autoridad se convierte en algo intangible que no puede estar ya en manos de nadie. En todos los demás casos, cuando no desaparece el principio de autoridad porque ésta se "entrega" a priori a una constitución prefijada, a un dictador", al "mercado" es decir a los capitalistas o "al proletariado" es decir al partido obrero, o a figuras sutiles como "la divinidad", es decir, se le entrega a la iglesia correspondiente o al Estado, es decir a los burócratas digo, en todos estos casos cuando persiste la autoridad, inmediatamente se reproduce la dualidad capitalista, en tanto que la autoridad persiste, su "representante" sean los capitalistas, un dictador, los burócratas o los clérigos o una alianza compuesta por las proporciones que se quieran de éstos con sus ejércitos, estos decimos, reproducen el afán de apropiación conformando una nueva dinámica capitalista bajo el régimen dual de apropiación-dominación.

Para romper este "circuito retroalimentado" las tesis de Marx son erradas, pues Marx quien sabe si por sus lecturas o su formación, o por una tragedia del destino, era persona claramente contraria a las posiciones libertarias y no supo integrar en su discurso la validez política de las investigaciones de Kropotkin y Bakunin, cuando son éstas y no ninguna dictadura de ninguna clase las únicas que nos pueden permitir avanzar hacia el comunismo. El comunismo no puede "imponerse", pues cualquier imposición como hemos señalado reproduce finalmente las contradicciones capitalistas, sino que el comunismo - que no el marxismo - en tanto que sistema productivo MAS EFICAZ que el obsoleto capitalismo, es el resultado económico evolutivo de la revolución libertaria. Por supuesto no sabemos exactamente en qué términos hubiera de funcionar ese comunismo, pero sí sabemos que superará en productividad al vetusto capitalismo, puesto que liberará al sistema productivo de la esclavitud del beneficio mercantil y de los mercados financieros y a los trabajadores de la explotación y alienación a los que les someten los capitalistas. Por otro lado, esta revolución permitirá una reducción enorme del consumo energético, cuyo imparable crecimiento es el insensato y suicida fundamento mediante el cual el obsoleto capitalismo pretende evitar su inevitable destrucción. La revolución a la que aspiramos quiere hacer frente al neo-salvajismo que nos proponen como "solución" los capitalistas: es decir, profundizar en la ignominia y la infamia de la apropiación-dominación y en el anunciado "sálvese quien pueda". Nosotros rechazamos esta denigrante propuesta de las fieras capitalistas y aspiramos a elevar nuestra dignidad como seres humanos mediante la aplicación del principio de distribución-cooperación-autogestión. Esto es para nosotros el comunismo.
Re: Principios políticos de la revolución
24 set 2005
ni estat espanyol, ni estat francès, ni estat català! Visca la lliure federació!
Visquin els pobles contra els imperis!
Re: Principios políticos de la revolución
26 set 2005
Puedo estar de acuerdo en que el problema ahora mismo es hablar de mercados autorregulados cuando la mitad de la población del mundo se muere de hambre...

Pero el problema de todo lo que expones es lo que decía del "budismo materialista". En el fondo, interpretas el mundo y creas una interpretación coherente del mismo mediante unos conceptos, que aunque son criticables y desarrollables razonablemante no pueden considerarse en ningún momento como ciertos. K. Popper, desde el momento en que analiza el avance de la ciencia desde el punto de vista filosófico consigue descubrir una cosa: El criterio para dar por cierta una hipótesis. Para hacerlo no se buscan ejemplos para probarla, sino estamentos que la echen abajo. Y cuanto más global es la teoría, más fácilmente destruíble (refutable) es.
Para refutarla, se utilizan los instrumentos de medida más apropiados en cada momento, y cuando estos se desarrollan, todos los estamentos que permitian refutar la hipótesis, se revisan.

Me gustaría preguntarte si no has observado nunca que la gente no funciona como tu teoría sobre el marxismo defiende, porque yo si. Y con eso basta. Eso es otro principio, la hipótesis tiene que ser refutable por todo el mundo, o si no, aparecen los iluminados y los profetas.

Otra cosa es que estemos hablando de ideas... De cuales consideramos buenas o deseables. Pero estas se pueden discutir y consensuar. Yo tengo dos que igual no aceptas tu. Que la gente en realidad no debería trabajar sino a desarrollar su libre capacidad creativa en un mundo donde la producción está automatizada (Marcuse) y que no se puede quitar a nadie lo que ya tiene tras cambiar bruscamente las reglas del juego.

EL COMUNISMO ES PURA METAF�SICA. El hambre en el mundo no, crear una conjunto de conceptos deducidos lógicamente de unas ideas no consensuadas NO GARANTIZA ABSOLUTAMENTE NADA.
Y no creo que Noam Chomsky sea liberal, simplemente decía que no sabemos si eso funciona hoy en dia, porque ciertos grupos de poder no permiten la verdadera libertad de mercado: proteccionismo...
Re: Principios políticos de la revolución
27 set 2005
El comunismo según mi punto de vista, no tiene nada de metafísico. Es tan sólo un sistema económico en el cual los trabajadores y no los accionistas o los Consejos de Administración o el Estado, toman las decisiones de producción. La colectivización libertaria de las empresas es un paso necesario hacia el comunismo económico. Así que no es correcto decir si "la gente funciona" según la teoría marxista, porque según nuestra visión revolucionaria, la teoría "marxista", no es tal, puesto que no la tomamos en su sentido sociológico o psicológico, sino en el puramente económico. Creo que el propio Marx no era exactamente comunista, sino un estudioso del sistema capitalista que describió de forma muy exacta sus contradicciones "económicas" y las expuso de forma dialéctica. Desde luego, Marx no parece que se ocupara demasiado de la psicología humana, lo cual se hace patente en el poco espacio que le dedica en sus estudios al fenómeno de la dominación, que es el principio dual complementario bajo el cual funciona el sistema capitalista, que no es sólo, como muchos creen un sistema económico únicamente. En esta breve exposición de los principios políticos revolucionarios he formulado de forma inicial algunas cuestiones, como la dualidad apropiación-dominación. Hay que decir que si el "motor" principal de la apropiación es (aunque no sólo) el afán de dinero, el motor fundamental del afán de dominación es algo más profundo y tiene claro fuertes implicaciones psicológicas relacionadas con las pulsiones sexuales, entre otras. Obviamente, Marx no pudo conocer los trabajos de Freud, que sin duda le hubieran podido aportar mayor riqueza a su punto de vista estrictamente económico y "materialista" de la historia, puesto que Freud publicó su primer trabajo en 1900, unos años después de la muerte de Marx acaecida creo que en 1883. Así, el principio materialista de la Historia que formula y describe con maestría Marx resulta válido pero incompleto, pues no desarrolla en absoluto el tema central del afán de dominación como motor de los cambios sociales. Ni siquiera Engels en sus estudios sobre la familia primitiva acierta a encontrar el enfoque completo. El tránsito de lo que se llama "matriarcado primitivo" al "patriarcado civilizado" no es sólo una cuestión material de cesión hereditaria a los hijos, sino la expresión del afán de dominación doméstica sexual del hombre sobre la mujer. Para el capitalismo o para todo sistema de explotación, resulta "capital" esta dominación sexual doméstica del sexo directamente "explotado" en el trabajo, pues actúa de "compensador" de las pulsiones reprimidas en el trabajo. En la actualidad, cuando la mujer también es directamente explotada por el capitalista en el lugar de trabajo, en el terreno doméstico se producen pulsiones en sentido contrario, las cuales debido a la falta de aprendizaje y a un "choque cultural" desencadenan graves conflictos, muchos de ellos relacionados con la violencia que los lacayos de la burguesía naturalmente achacan a otras consideraciones más degradantes, cuando no es sino el resultado directo de la explotación. Por ello resulta evidente que no puede haber libertad doméstica real mientras en el lugar de trabajo siga vigente el sistema de explotación capitalista que produce pulsiones muy negativas a los trabajadores, impedidos de toda participación y capacidad decisión en el sistema de producción. Pero eso es tema de un Ensayo sobre la Dominación que estamos preparando...
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