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Notícies :: corrupció i poder
Algunas reflexiones sobre el Huracán Katrina.
07 set 2005
Actualmente la evacuación forzosa de los pocos millares de personas que permanecen en la ciudad es un hecho de mano de los diferentes cuerpos represivos y militares del Estado Yanqui.
Sin embargo hay algunas cosa que dan que pensar
Actualmente la evacuación forzosa de los pocos millares de personas que permanecen en la ciudad es un hecho de mano de los diferentes cuerpos represivos y militares del Estado Yanqui.
Sin embargo hay algunas cosa que dan que pensar.

1. La gente de dinero, que poseía un medio de huída de la ciudad antes del Katrina pudo irse, sin embargo la mayor parte de la gente (Nueva Orleáns es âera- una ciudad muy pobre) por un condicionante económico debió de sufrir las consecuencias del Huracán. Una de las causas de la tragedia reside en las desigualdades sociales existentes.
2. La contaminación del planeta, el calentamiento global y el cambio climático acrecentado por la actividad contaminante humana ha influenciado para que la catástrofe se produjese. Los huracanes son normales en la época del año que las aguas son más cálidas. Al calentarse el planeta hace que ese periodo dure más, haciendo que se produzcan más huracanes.
3. Mucha gente superviviente del huracán decidió robar comida, medicinas y todo lo que consideró necesario para poder sobrevivir. Sin embargo el estado yanqui ordenó disparar a matar contra estas âbandas de delincuentes y saqueadoresâ?. La propiedad privada en el sistema Capitalista está por encima de la vida y la dignidad humana.
4. Los mass media están haciendo el papel que les corresponde: minimizar el conflicto creando confusión en la gente (manipulando la información) y desviar la atención al estéril terreno de la política. Como puede ser que se diga que Nueva Orleáns está en Anarquía si hay ejército y policía, guardianes armados en centros comerciales e intereses económicos... Hay poder, por lo tanto, y si eso existe, no puede existir el Caos o la Anarquía. Como puede ser que se diga que los saqueadores son traficantes de drogas y similares. Si fuese así, para qué se quedan en una ciudad sin âclientesâ? y por qué no huyeron si tenían buenos ingresos por la venta de droga. Dudas que aparentemente nadie en los medios capitalistas se ha cuestionado. Tampoco han buscado fuentes alternativas a las policiales o a testimonios de ciudadanxs demócratas poco menos que lobotomizadxs. De hecho unxs de lxs pocxs mexicanxs residentes en la ciudad que pudieron ser evacuadxs y entrevistadxs fue un matrimonio de médicxs. Parece que el âlumpenâ? mexicano no existe... Pero aún hay más y más dudas, tales como que en dos hospitales se produjeron saqueos con gente dentro. Puede que lxs asaltantes no tuviesen seguro médico y que al igual que el resto de lxs mortales necesiten medicinas, aunque eso no se dijo, se explicó el asalto como algo cosa de locxs... La manipulación es brutal y puede que nunca sepamos lo que verdaderamente ha ocurrido en las calles anegadas por el agua de Nueva Orleáns.
5. Hay gente que se merecería morir en el huracán. Hay gentes como George Bush que se merecería morir en esa tragedia, pero el otro día leyendo un diaro del estado español encontré una carta al director de un lector que decía que lo del Katrina era algo parecido a una vergüenza para la humanidad, ya que la gente no ârespetaba la propiedad privadaâ?, âiban con armas por las callesâ? y no ârespetaban a la autoridadâ?. Un histórico luchador anarquista, Ricardo Flores Magón, dijo que no âhay nada más desalentador que un esclavo satisfechoâ?. Efectivamente, junto a Bush podrían morir toda esa purriallla de esclavxs satisfecxs como el aguerrido lector de ese periódico estatal...
6. La gente se extraña de que el estado norteamericano no fuese rápido y efectivo en evitar la catástrofe humanitaria, especialmente porque el ejército no fue a rescatar a gente... ¿Desde cuando los ejércitos salvan vidas? Un ejército sólo sirve para liquidar a personas, preferiblemente si son civiles. Aún así gentes como Michael Moore pregunta irónicamente donde están los helicópteros (están en Irak y Afganistán), tiene razón, al igual hubiesen hecho mejor servicio en los USA, pero la verdad, tampoco creo que en Nueva Orleans hubiesen servido para mucho, al igual para disparar a esxs âterroristasâ? llamadxs saqueadorxs...
7. Poca gente parece ver que este tipo de desastres cada vez serán más habituales y que el culpable es este Sistema globalizado derrochador que prima el beneficio económico frente a cualquier otro beneficio social o natural.
8. Todo el planeta da lametazos en las nalgas del estado yanqui en forma de ayuda. De manera vergonzosa la principal ayuda que pide el estado es más petróleo por los efectos del desastre... No está mal, piden algo que ya tienen (sus reservas, las de sus compañías, la de los estados âamigosâ? y las de Irak, sin contar con el gas de Afganistán) y que ha sido una de las causas del desastre... Muy poca vergüenza la de Bush al aprovechar la catástrofe para pedir petróleo...

Aún hay más reflexiones, tales como que por la muerte de unas pocos miles de personas en las torres gemelas llevemos ya dos guerras (Afganistán e Irak) y que por la muerte de una cifra muy superior en Nueva Orleans el presidente Bush se siga rascando las nalgas y paseando a su perrito. Esperemos que en el próximo Katrina pueda extenderse la llama de la Revuelta, pero consciente y destructora de este Sistema basado en el dominio y la opresión.
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Comentaris

Re: Algunas reflexiones sobre el Huracán Katrina.
07 set 2005
Huracán Katrina:
El capitalismo conduce la humanidad al desastre.
Como ya sucediera en el terremoto de Bam que ocasionó la muerte de decenas de miles de personas en Irán hace un par de años; como en el Tsunami que el pasado Diciembre segó la vida de cientos de miles de seres humanos en la región del Océano Indico; hoy de nuevo, en Nueva Orleans, en Mississippi y en Alabama, el sistema capitalista ha hecho de un desastre natural un verdadero desastre social.
Las espeluznantes escenas que hemos visto en Estados Unidos lo han dejado más claro que nunca. Aquí ya no sirven las manidas y vagas âexplicacionesâ? del subdesarrollo y la pobreza debida a la âglobalizaciónâ?. Esta catástrofe, cuya magnitud en muertos y estragos ocasionados es aún incalculable, ha ocurrido en el país más rico y más poderoso de la Tierra. Se demuestra con ello que el orden social actual, pese a todos sus recursos materiales y tecnológicos, no lleva a la humanidad más que a la ruina.
Punto por punto, el desastre desencadenado por el huracán Katrina supone una imputación de culpabilidad del capitalismo y de la sociedad dividida en clases.
ï°Por los orígenes mismos del desastre. La catástrofe que prácticamente ha arrasado la ciudad de Nueva Orleáns - un exponente incomparable de lo mejor de la cultura americana -, estaba anunciada desde hace ya mucho tiempo. Un estudio medioambiental que se realizó sobre la destrucción de los pantanos que rodean a Nueva Orleans, y que podrían haberla protegido de las inundaciones que la han anegado, concluía que esta ciudad podría ser devastada por un huracán ânormalâ?, no digamos pues de uno de âfuerza cincoâ?. En el año 2003, el gobierno norteamericano dio marcha atrás en su política de âprotecciónâ? de los humedales, abriendo en cambio la puerta a un desarrollo masivo y frenético del negocio de la construcción. Se había alertado también del estado deplorable en que se encontraban los diques que protegían a la ciudad. También se hicieron estudios sobre esto pero, una vez más, el Estado tenía otras prioridades. Como informó un periódico de Nueva Orleáns, el Times Picayune, el 2 de Septiembre: «Este segundo estudio tardó cuatro años en completarse y costó 4 millones de dólares. Asimismo indicó que se propuso una inversión de 300 mil $ del presupuesto federal para el año fiscal 2005, y que el estado (Luisiana) se comprometió a aportar una cifra similar. Pero el coste de la guerra de Irak obligó a la administración Bush a ordenar a la oficina del distrito de Nueva Orleáns que no se pusiese en marcha ningún nuevo estudio, y el presupuesto de 2005 tampoco incluyó la asignación necesaria».
Y esto sin entrar en la cuestión del calentamiento global de la Tierra. Está más que demostrada la relación que existe entre la elevación de la temperatura de los océanos â resultante de la imperiosa necesidad capitalista de un desbocado âcrecimiento económicoâ? -, y la creciente alteración climática que sufre el conjunto del planeta. El gobierno norteamericano se niega incluso a reconocer que este problema siquiera existe, no digamos pues de tomar medidas para hacerle frente.
ï°Por el fiasco de la âevacuaciónâ? antes del huracán. Se ha puesto de manifiesto la completa falta de planificación y la ausencia de recursos con los que atender a los sectores más pobres y más vulnerables de la sociedad. Todo lo que, tanto las autoridades locales como las nacionales, hicieron frente al huracán que se avecinaba fue decirle a la gente que escapara como pudiera. No se ofreció solución alguna a los pobres de Nueva Orleáns y del resto de la zona, que no podían salir de la ciudad al carecer de suficientes vehículos o del dinero necesario para un billete de tren o de autobús. Más aún: los hospitales y los asilos de ancianos quedaron abandonados a su suerte. Las imágenes de pacientes ancianos muriendo a la intemperie, rodeados de gente que apenas podían socorrerlos, han sido de las más desgarradoras de la catástrofe. Este es el precio de ser viejo y pobre en el siglo XXI.
ï°Por la pantomima de ârescateâ? tras el huracán. Quienes quedaron abandonados en la ciudad han sufrido, día tras día, condiciones verdaderamente infernales en las calles, entre los escombros, en el Superdome donde se les dijo que encontrarían refugio; sin alimentos, sin agua, sin poder protegerse de un calor asfixiante, careciendo de asistencia sanitaria y medicamentos básicos. Mientras tanto las âsuperpoderosas autoridadesâ? norteamericanas decían que eran incapaces de llegar a ellos ni por tierra, ni por mar,... La propia administración ha calificado de âinaceptableâ? este retraso pero sin dar más explicaciones. Una vez más se ha visto que la pertenencia a una u otra clase social es determinante para la supervivencia. Comparemos si no, las condiciones que sufrían los refugiados hacinados en el Superdome, y las del grupo de privilegiados hospedado en el Hotel Hyatt: «Gordon Russell, del Times Picayune, ha subrayado que estas infernales condiciones (se refiere a las del Superdome), âcontrastan mucho con las de quienes estaban en zona de acceso restringido en Nueva Orleans Centre y en el Hotel Hyatt, donde los que podían acceder a ella disfrutaban de un relativo confortâ?. Un destacamento de la policía del estado, armada con fusiles de asalto, ahuyentaba de la entrada de estas instalaciones a muchedumbres de refugiados carentes de alojamiento». Y cuando se empezó la evacuación, estos mismos policías se encargaron de que tales VIPâs tuvieran preferencia sobre el resto de supervivientes. Resulta, además, que muchos de ellos eran altos cargos del Ayuntamiento presidido por Ray Nagin.
No se vio en cambio esa misma generosidad cuando llegó la hora de evacuar el Superdome. Según la web World Socialist: «Mientras Bush hacía su âtournéeâ?, el numero de fallecidos en Nueva Orleáns continuaba aumentando. La evacuación en masa del Superdome de Luisiana, el mayor refugio de emergencia de los desplazados, empezó tras la llegada de un gran convoy de la Guardia Nacional que escoltaba camiones con alimentos, agua y cientos de autobuses. Pero esos autobuses dejaban a los refugiados sólo unas pocas millas más lejos, en un nudo de pasos elevados de la autopista interestatal 10, donde se hacinaban miles de personas sin techo y bajo un sol abrasador. Se ha informado de la muerte de al menos seis refugiados en ese nudo de la autopista» (03.09.2005).
ï°Por las futuras consecuencias económicas y ecológicas de este desastre. Ahora se habla mucho de la âreconstrucciónâ? de esta región (con una superficie equivalente a la mitad de España, y una de las zonas más pobres de Estados Unidos), pero los USA se adentraban, ya antes incluso del huracán, en una crisis económica abierta, y esta catástrofe anuncia un mayor empeoramiento de esa perspectiva. Basta ver el alza de los precios del petróleo resultante del impacto del huracán sobre el suministro de crudo, y los estragos causados tanto en las infraestructuras de producción (destrucción de 30 plataformas petrolíferas, desamarre de 20 más de ellas), como sobre la red de refinerías. Esta situación ha reportado sin embargo fulgurantes ganancias a las compañías petrolíferas cuya cotización se disparó desde el día siguiente al huracán. Pero los efectos a más largo plazo de esta alza de los precios del petróleo sobre el conjunto de la economía mundial, son algo que preocupa ya a los propios expertos económicos de la burguesía.
El huracán Katrina conlleva también futuras amenazas a la ecología. Toda esa zona costera ya era conocida antes incluso del ciclón como âla aliada del cáncerâ?, debido a la elevada concentración de industrias químicas y de refinerías. A esto hay que añadir ahora los efectos del huracán que puede hacer que zonas enteras de Nueva Orleáns y alrededores queden inhabitables. Los analistas comentan la presencia de un âbrebaje infectoâ? de residuos tóxicos arrastrados por la inundación, que incrementa notablemente el riesgo de enfermedades para los supervivientes atrapados en la región.
ï°Por desviar recursos sociales hacia la guerra. Las víctimas se preguntan una y otra vez: si Estados Unidos pueden enviar tropas a miles de millas de allí ¿por qué no pueden enviarlas para socorrer a otros norteamericanos? La prioridad que se otorga a la guerra por encima de la protección de la vida de las personas, se pone de manifiesto en el hecho de que los fondos destinados a la aventura en Irak se detrajeron del presupuesto necesario para mejorar la protección de Nueva Orleáns, y que muchos recursos humanos y de equipamiento de la Guardia Nacional también fueron desviados hacia Irak, lo que explica, en parte, la lentitud de las operaciones de rescate.
ï°Por anteponer la propiedad privada a la vida. Y ¿cuántas de las tropas disponibles fueron enviadas para restaurar âla ley y el ordenâ? en lugar de proporcionar ayuda a los que la necesitaban? Las fuerzas de represión llegaron desde luego mucho antes que las de socorro. Llegaron además acompañadas de una enorme campaña propagandística sobre los saqueos, los tiroteos y las violaciones. Es cierto que bandas criminales trataron de aprovecharse de la situación. Tampoco puede negarse que la desesperación ha podido empujar a algunos a cometer actos irracionales y destructivos. Pero el cinismo de la clase dominante se ha superado a sí mismo con esta terrible campaña mediática que busca desviar las miradas del absoluto fracaso del Estado, centrando en cambio la atención en los desesperados intentos por sobrevivir en las ruinas de Nueva Orleáns. Ahora resulta que son las víctimas quienes tienen la culpa de sus propios sufrimientos. Así la clase dominante encuentra la coartada adecuada para dedicarse a âcercarâ? Nueva Orleáns y posponer las operaciones de rescate; para enviar fusiles, vehículos artillados y tropas, en vez de alimentos y agua.
La verdad es que la mayoría de los âsaqueadoresâ? eran en realidad personas normales y corrientes, que trataban de evitar morir de hambre y de absoluta miseria cogiendo lo que podían de almacenes abandonados, y que, en muchos casos, compartían desinteresadamente lo que conseguían. Páginas web que han recogido testimonios de gentes en el lugar de la tragedia relatan innumerables actos de una elemental solidaridad humana, por parte de quienes habiéndolo perdido todo, ayudaron sin embargo a aquellos ancianos, enfermos, o heridos, que estaban aún peor que ellos. Y si el impacto de la catástrofe hacía cundir el caos, hemos visto también auténticos esfuerzos de la gente intentando organizar improvisadamente la ayuda en el escenario mismo de desastre. En la TV se han visto imágenes de âsaqueadoresâ? repartiendo comida. Un grupo de médicos que asistían a una conferencia sobre SIDA organizó una clínica en una de las áreas afectadas. En los hospitales los trabajadores sanitarios han tratado de mantener la asistencia en unas condiciones verdaderamente terribles. Se ha podido comprobar, una vez más, que mientras la clase dominante sólo âofreceâ? represión y vulgares patrañas; los trabajadores y los desposeídos han sido quienes han antepuesto la solidaridad con quienes sufrían, a su propia seguridad.
El problema no es sólo Bush
Tanto dentro como fuera de Norteamérica se han cargado las tintas sobre la responsabilidad de Bush y sus compinches, por sus discursos rezumantes de ineptitud, sus gestos vacuos, su lenta y tardía respuesta ante el desastre. La nueva crisis supone, desde luego, un contratiempo más para una Administración que ya se encontraba en sus cotas más bajas de popularidad. Pero quedarse en una especie de âanti-Bushismoâ? supone una visión totalmente superficial y puede ser recuperada tanto por otros partidos políticos en Estados Unidos, como por los rivales imperialistas de éstos. Los desmanes de los actuales gerifaltes de la Casa Blanca â su incompetencia y su corrupción, su irracionalidad y su crueldad â son sólo un pálido reflejo de la realidad de fondo del capitalismo norteamericano en su conjunto: una superpotencia en declive que preside un âorden mundialâ? que se enfanga cada vez más en el caos. Y esta situación expresa, a su vez, la fase terminal de la decadencia del capitalismo como sistema social imperante en el planeta. Vivimos bajo un modo de producción cuya continuidad amenaza la supervivencia del género humano. Por mucho que se critique a Bush, lo cierto es que el resto de la clase dominante tampoco tiene ninguna alternativa al ciego curso a la destrucción plagado de guerras, hambrunas y desastres ecológicos. La humanidad no puede depositar sus esperanzas en ninguna fracción de la clase explotadora, sino en la clase explotada, el proletariado, que constituye siempre la primera víctima de las guerras y los desastres ocasionados por este sistema. Nuestra solidaridad, nuestra indignación, nuestra resistencia colectiva, nuestros esfuerzos por tomar conciencia de la verdadera naturaleza de este sistema, representan las semillas de una sociedad en la que el trabajo, la ciencia y la creatividad humana ya no estén al servicio de la guerra y los beneficios, sino de la vida y el pleno disfrute de ella.
World Revolution, sección de la Corriente Comunista Internacional en Gran Bretaña (03.09.2005).
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Re: Algunas reflexiones sobre el Huracán Katrina.
11 set 2005
soy peruana pero lamento todo esto los apoyamos
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