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Comentari :: criminalització i repressió
Desde Roquetas a Louisiana
03 set 2005
Aquí, con lo que sucedió y sucede en Roquetas, como allá, con lo que ha sucedido y está sucediendo en Louisiana, podemos estos días abordar la cuestión de tanto espécimen armado que coopera celosamente a poner orden, y de paso o prioritariamente contribuye a hacer científica la âselección naturalâ?...
Viendo y oyendo ayer en un programa-trifulca de televisión al abogado de los imputados por la muerte del agricultor Galdeano en el cuartelillo de Roquetas -que lo es además con carácter permanente de una Asociación de la Guardia Civil-, no extraña que haya pésimos profesionales en Cuerpo tan poco civil y tan militar o más que el propio Ejército regular. Pero a fin de cuentas a los guardia civiles no se les exige una formación superior para practicar detenciones y poner multas, y hay actitudes y acciones suyas que se pueden disculpar por la rudez y primitivismo en los métodos de su reclutamiento. Sin embargo, el abogado que los defiende en causas judicializadas por intervenciones delictivas, irregulares o desafortunadas de miembros de la Guardia Civil, envilece su profesión con ese estilo ofensivamente âcontraprofesionalâ? que va paseando de plató en plató.

Anoche, en una especie de juicio paralelo de esos a que acostumbran actualmente los medios televisivos, el abogado en cuestión empleó un argumento tan extremadamente demagógico, que el Colegio de Abogados al que pertenece debiera de alguna manera corregir. Se le oyó decir y recalcar que si los medios y la opinion publica presionan sobre la causa de sus clientes, es decir si no consienten y no âtapanâ? las irresponsabilidades de sus clientes en el ejercicio de sus funciones, de ahora en adelante los guardia civiles, en presencia de un robo o de la violacion en un portal de las hijas de los que estaban en la mesa, podrían verse obligados a mirar a otra parte.

En otras palabras, que si medios, opinión pública e instituciones se manifiestan hostiles al presunto incumplimiento gravisimo del deber por exceso de sus patrocinados, luego los funcionarios âpodríanâ? incumplir ese mismo deber por defecto. ¿Demagogia? ¿Demagogia sólo, o también amenaza?

¿Cabe otra manera menos técnica y menos legalista de defender en un simulacro de juicio un abogado a su cliente; cliente al que, además y pese a su pésima catadura ya denunciada por algunos de los vecinos de la localidad, la juez no le ha desarmado?

En abogados como éste, que llevan su retórica más allá de lo que le exige y le permite la técnica de la defensa profesional, hay que ver a tanto "ilustrado" neofascista o neonazi, militante o no militante, que âayudaâ?, como decía antes, a que funcione en la sociedad la selección natural...

Y no otra cosa están ahora haciendo allí, en Louisina, los soldados que retornan de Irak habituados ya a disparar sobre todo lo que se mueva, con el patrocinio y aliento de sus dirigentes militares y políticos. Lousiana está siendo un campo de tiro para todos esos âprofesionalesâ? que, al igual que sucedió durante y después de la ocupación de Vietnam, ya no pueden hacer otra cosa en la vida que matar. Son gentes, aquéllas y éstas, que se âpasanâ? fácilmente para ajustarse a los manuales fascistas: ¡Viva la muerte!, âCuando oigo la palabra cultura cojo mi pistolaâ?, etc.

Pues, como dice L. Mumford, al que cita Eric Fromm en su obra âMiedo a la libertadâ?, la verdadera fuente del fascismo no está en la economía, sino en el alma humana. âEn el placer de ser cruel, en la desintegración neurótica es donde reside la explicación del fascismo, y no en el tratado de Versalles o en la poca capacidad de la República Alemanaâ?.

Si la sociedad se esforzara en ser un poco más justa en el reparto de la riqueza y en el remedio de las necesidades más perentorias y suprimiese los cuerpos policiales, tampoco pasaría nada. Seguiría habiendo delitos y delincuentes, pero podría aventurarse que el sufrimiento y la muerte gratuitos serían mucho menos frecuentes. Podemos decir sin temor a equivocarnos que las policías occidentales causan mayores males a la sociedad que los que deben evitar o remediar.

Los cuerpos de seguridad tienen dos funciones: una oficial, la de impedir la comisión del delito y la de perseguir al delincuente; otra antropológica: dar acogida a la población de violentos en potencia, que si no pertenecieran a ellas quizá serían grandes delincuentes. Y a esta clase de ´población pertenecen los miembros a que me refiero. Pues es indudable que en las fuerzas policiales hay de todo, y que âbuena genteâ? es la inmensa mayoría. Pero no cuenta. Porque luego son los energúmenos, los despiadados, los débiles de espíritu en definitiva que sobresalen por sus patologías en ellas los que hacen y deshacen, los que organizan y mandan en el mundo, en todas partes, pero concretamente ahora aquí, todavía en Roquetas, y de rabiosa actualidad, allá en Lousiana.

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Sindicat Terrassa