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Madres coraje
30 ago 2005
A propósito de Cindy Sheenan, la ya famosa madre coraje estadounidense, y de la energía empleada por una madre destrozada por la pena de la muerte de un hijo en una guerra moral, injusta, ilegal y sólo útil para unos cuantos, yo me pregunto en una pregunta válida para tantísimas ocasiones en que eso es así:
¿por qué el ser humano de hoy, que se apresura a presumir, apropiándose moralmente de ella, de la inteligencia global de la especie a que pertenece pero que en realidad sólo gracias a unos pocos se desarrolla y ejercita ha de esperar, en la mayoría de los casos a sufrir en sus propias carnes, en su propio ánimo, en su propio espíritu, en todo su ser, la desgracia, para resentirse de la sufrida por otro u otros y para elevarla a causa general contra la injusticia, contra el abuso y contra la mentira? Pues no otra cosa sucede constantemente...

Mientras a nosotros nos va todo bien, mientras no sufrimos el peso de los abusos, de los desafueros y del canallismo en nuestra propia epidermis de elefante, pocos se dan cuenta de la injusticia que sufren los demás, y menos los que, como esta madre corajuda, se movilizan contra la injusticia y contra los abusos que sufren otros.

Parece ser que esa generosidad, ese ver a "el otro" al lado de uno, es propio de las edades jóvenes, pero luego esa tensión que demanda el desprendimiento personal se va desvaneciendo. Y cuando las gentes son ya mayores y viven en un sistema que como ningun otro potencia el egoísmo hasta cotas patológicas, en la mayoría de los casos su egoísmo llega a unos extremos tan exagerados, que la mayoría de la población occidental sólo por esta causa es despreciable. ONGs, movimientos de caridad pura, médicos, curas, románticos, idealistas... que se sacrifican por otros que quizá incluso ni lo merecen, empiezan poco a poco a tirar la toalla, hartos de no poder coger el agua con las manos. Porque es que además, sin darse cuenta ni poder evitarlo, sirven a la causa depredadora que tratan de corregir y contrarrestar del sistema depredador capitalista y salvaje. Sirven, para que el sistema y los que le sirven y se sirven de él a su vez presuman de ellos y de tanta gente que dentro del nauseabundo modelo piensa en otros y lucha pacíficamente por otros, para reafirmarse en la nefasta idea de que âeste es el menos malo de los sistemas posiblesâ?.

No habría necesidad de tanta madre coraje a posteriori, si emergieran las madres coraje cuando los gobernantes y el poder en general está preparando la desgracia de sus hijos. Ya no son tiempos de excusarse nadie en la ignorancia. Ya todo el mundo se da cuenta y sabe de las imposturas inagotables, infinitas, de los gobernantes, y más de los gobernantes de los Estados Unidos antes de que se pongan en marcha sus efectos. Otra cosa es lo que da pie a estas reflexiones: que cuando los abusos, las mentiras y las atrocidades se están preparando contra otros, la inmensa mayoría de legiones de egoístas miren a otro lado porque piensa que no les van a alcanzar a ellos...

Otro ejemplo de miopía desastrosa es esta despreocupación de los gobiernos sucesivos españoles a lo largo de estos últimos años, sobre el cataclismo climático que sobre nosotros se avecina o ya está aquí. Siempre pensando que las sequías son catástrofes sólo propias del Tercer Mundo... Y ya la tenemos encima, y para mayor consternación de los conscientes, posiblemente irreversible.

Por mucho que progrese científica y tecnológicamente el ser humano, el ser humano, sobre todo el occidental, está estancado en su miserable condición moral. Siempre piensa, absurdamente, estúpidamente, que el mal no va con él. Si, antes de que se cebase la desgracia sobre ellas y sobre sus hijos, respondiesen todas las madres con tan inusitado denuedo como el de la madre coraje Cindy Sheenan con motivo de la muerte de su hijo, otro rumbo tomarían las cosas de este mundo miserable habitado por tantos seres mezquinos y dirigido âcasiâ? exclusivamente por gobernantes miserables.

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