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Notícies :: amèrica llatina
Las tardes de Vargas Llosa Júnior y el Che Guevara
04 ago 2005
Un hijo de un conocido escritor peruano, es decir, un portador de apellido, �lvaro Vargas Llosa (en adelante Júnior) acaba de publicar en el periódico norteamericano The New Republic un libelo contra el Che Guevara (1).
Circuló por todo el mundo. En Argentina lo levantó el diario La Nación, la derecha de la derecha más tradicional. En España lo mismo hizo el suplemento "Domingo" de El País (cara progresista de la derecha o derecha del progresismo, ya cuesta distinguirlos). En Internet numerosos sitios, principalmente de derecha, lo han reproducido y difundido.

Portando como muleta el apellido de su padre, el autor se hizo conocido por un pasquín digno de infradotados titulado, cual si fuera literatura autobiográfica, Manual del perfecto idiota latinoamericano. Superficial, desinformado, pretendidamente âprovocadorâ?, muy a tono con las â¿ideas?â de los grandes banqueros y promocionado mediáticamente hasta el hartazgo. En suma: Un típico producto de la ideología neoliberal.

El artículo sobre el Che repite el esquema como un calco sólo que, afortunadamente para el lector, en un tamaño menor. A pesar de su cinismo, el autor conserva algo de piedad, debemos reconocerlo.

¿Vale la pena responder estos pasquines, donde se mezclan tergiversaciones históricas, manipulación política, axiomas comunes de la extrema derecha y filosofía de sala de espera de peluquería o de dentista? Tengo mis serias dudas. Algunos amigos, a los que respeto y aprecio, me siguen insistiendo... pero yo conservo mis dudas.

Leer el articulo completo en:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18593
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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=18593

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La Máquina de Matar: El Che Guevara, de Agitador Comunista a Marca Capitalista
04 ago 2005
11/7/2005
The New Republic


El Che Guevara, quien hizo tanto (¿o tan poco?) por destruir al capitalismo, es en la actualidad la quintaesencia de una marca capitalista. Su semblante adorna jarros de café, caperuzas, encendedores, llaveros, billeteras, gorras de béisbol, tocados, bandadas, musculosas, camisetas deportivas, carteras finas, jeans de denim, té de hierbas, y por supuesto esas omnipresentes remeras con la fotografía, tomada por Alberto Korda, del galán socialista luciendo su boina durante los primeros años de la revolución, en el instante en que el Che de casualidad se introdujo en el visor del fotógrafoây en la imagen que, treinta y ocho años después de su muerte, constituye aún el logotipo del revolucionario (¿o del capitalista?) âchicâ?. Sean O''Hagan sostuvo en The Observer que existe incluso un jabón en polvo con el eslogan "El Che lava más blanco."

Los productos del Che son comercializados por grandes corporaciones y por pequeñas empresas, tales como la Burlington Coat Factory, la cual difundió un comercial televisivo presentando a un joven en pantalones de fajina luciendo una remera del Che, o la Flamingo''s Boutique en Union City, Nueva Jersey, cuyo propietario respondió a la furia de los exiliados cubanos locales con este argumento devastador: "Yo vendo lo que la gente desea comprar." Los revolucionarios también se unieron a este frenesí de productosâdesde "The Che Store", que vende provisiones, hasta el sitio que atiende "todas sus necesidades revolucionarias" en Internet, y el escritor italiano Gianni Minà, quien le vendió a Robert Redford los derechos cinematográficos del diario del Che sobre su juvenil viaje alrededor de América del Sur en el año 1952 a cambio de poder acceder al rodaje del film Diarios de Motocicleta y de que Minà pudiese producir su propio documental. Para no mencionar a Alberto Granado, quien acompañó al Che en su viaje de juventud y ahora asesora documentalistas, y que se quejaba hace poco en Madrid, según el diario El País, ante un Rioja y un magret de pato, de que el embargo estadounidense contra Cuba le dificulta el cobro de las regalías. Para llevar a la ironía más lejos: el edificio en el cual nació Guevara en la ciudad de Rosario, Argentina, un espléndido inmueble de comienzos del siglo veinte sito en la esquina de las calles Urquiza y Entre Ríos, se encontraba hasta hace poco ocupado por la administradora de fondos de jubilaciones y pensiones privada Máxima AFJP, una hija de la privatización de la seguridad social argentina en la década de 1990.

La metamorfosis del Che Guevara en una marca capitalista no es nueva, pero la marca viene experimentando un renacimientoâun renacimiento especialmente destacable, dado que el mismo tiene lugar años después del colapso político e ideológico de todo lo que Guevara representaba. Esta suerte inesperada se debe sustancialmente a Diarios de Motocicleta, la película producida por Robert Redford y dirigida por Walter Salles. (Es una de las tres películas más importantes sobre el Che ya realizadas o actualmente en rodaje en los últimos dos años; las otras dos han sido dirigidas por Josh Evans y Steven Soderbergh.) Hermosamente rodada en paisajes que claramente han eludido los efectos erosivos de la polución capitalista, el film exhibe al joven en un viaje de auto-descubrimiento a medida que su conciencia social en ciernes tropieza con la explotación social y económica, lo que va preparando el terreno para la reinvención del hombre a quien Sartre llamara alguna vez el ser humano más completo de nuestra era.

Pero para ser más preciso, el actual renacimiento del Che se inició en 1997, en el trigésimo aniversario de su muerte, cuando cinco biografías abrumaron las librerías y sus restos fueron descubiertos cerca de una pista de aterrizaje en el aeropuerto de Vallegrande, en Bolivia, después de que un general boliviano retirado, en una revelación espectacularmente oportuna, indicara la ubicación exacta. El aniversario volvió a centrar la atención en la famosa fotografía de Freddy Alborta del cadáver del Che tendido sobre una mesa, escorzado, muerto y romántico, luciendo como Cristo en un cuadro de Mantegna.

Es usual que los seguidores de un culto no conozcan la verdadera historia de su héroe. (Muchos rastafaris renunciarían a Haile Selassie si tuviesen alguna idea de quien fue en realidad.) No sorprende que los seguidores contemporáneos de Guevara, sus nuevos admiradores post-comunistas, también se engañen a sí mismos al aferrarse a un mitoâexcepto los jóvenes argentinos que corean una expresión de rima perfecta: "Tengo una remera del Che y no sé por qué."

Considérese a algunos de los individuos que recientemente han blandido o invocado el retrato de Guevara como un emblema de justicia y rebelión contra el abuso de poder. En el Líbano, unos manifestantes que protestaban en contra de Siria ante la tumba del ex primer ministro Rafiq Hariri portaban la imagen del Che. Thierry Henry, un jugador de fútbol francés que juega para el Arsenal, en Inglaterra, se apareció en una importante velada de gala organizada por la FIFA, el organismo del fútbol mundial, vistiendo una remera roja y negra del Che. En una reciente reseña publicada en The New York Times sobre Land of the Dead de George A. Romero, Manohla Dargis destacaba que "el mayor impacto aquí puede ser el de la transformación de un zombi negro en un virtuoso líder revolucionario," y agregó: "Creo que el Che en verdad vive, después de todo."

El héroe del fútbol Maradona ostentó el emblemático tatuaje del Che en su brazo derecho durante un viaje en el que se reunió con Hugo Chávez en Venezuela. En Stavropol, al sur de Rusia, unos manifestantes que reclamaban los pagos en efectivo de los beneficios del bienestar social tomaron la plaza central con banderas del Che. En San Francisco, City Lights Books, el legendario hogar de la literatura beat, invita a los visitantes a una sección dedicada a América Latina en la cual la mitad de los estantes se encuentra ocupada por libros del Che. José Luis Montoya, un oficial de policía mexicano que combate el crimen relacionado con las drogas en Mexicali luce una vincha del Che porque ella lo hace sentirse más fuerte. En el campo de refugiados de Dheisheh, en la margen occidental del río Jordán, los afiches del Che adornan un muro que le rinde tributo a la Intifada. Una revista dominical dedicada a la vida social en Sydney, Australia, enumera a los tres invitados ideales en una cena: Alvar Aalto, Richard Branson, y el Che Guevara. Leung Kwok-hung, el rebelde elegido a la junta legislativa de Hong Kong, desafía a Beijing al vestir una remera del Che. En Brasil, Frei Betto, consejero del Presidente Lula da Silva y encargado del programa de alto perfil "Hambre Cero," afirma que "deberíamos prestarle menos atención a Trotsky y mucha más al Che Guevara." Y lo más estupendo de todo, en la ceremonia de este año de los Premios de la Academia, Carlos Santana y Antonio Banderas interpretaron la canción principal del film Diarios de Motocicleta: Santana se presentó luciendo una remera del Che y un crucifijo. Las manifestaciones del nuevo culto del Che están por todas partes. Una vez más el mito está apasionando a individuos cuyas causas en su mayor parte representan exactamente lo opuesto de lo que era Guevara.

Ningún hombre carece de algunas cualidades atenuantes. En el caso del Che Guevara, esas cualidades pueden ayudarnos a medir el abismo que separa a la realidad del mito. Su honestidad (quiero decir: honestidad parcial) significa que dejó testimonio escrito de sus crueldades, incluido lo muy malo, aunque no lo peor. Su corajeâque Castro describió como "su manera, en los momentos difíciles y peligrosos, de hacer las cosas más difíciles y peligrosas"âsignifica que no vivió para asumir la plena responsabilidad por el infierno de Cuba. El mito puede decir tanto acerca de una época como la verdad. Y es así que gracias a los propios testimonios que el Che brinda de sus pensamientos y de sus actos, y gracias también a su prematura desaparición, podemos saber exactamente cuan engañados están muchos de nuestros contemporáneos respecto de muchas cosas.

Guevara puede haberse enamorado de su propia muerte, pero estaba mucho más enamorado de la muerte ajena. En abril de 1967, hablando por experiencia, resumió su idea homicida de la justicia en su "Mensaje a la Tricontinental": âEl odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matarâ?. Sus primeros escritos se encuentran también sazonados con esta violencia retórica e ideológica. A pesar de que su ex novia Chichina Ferreyra duda de que la versión original de los diarios de su viaje en motocicleta contenga la observación de "siento que mis orificios nasales se dilatan al saborear el amargo olor de la pólvora y de la sangre del enemigo," Guevara compartió con Granado en esa temprana edad esta exclamación: "¿Revolución sin disparar un tiro? Estás loco." En otras ocasiones el joven bohemio parecía incapaz de distinguir entre la frivolidad de la muerte como un espectáculo y la tragedia de las victimas de una revolución. En una carta a su madre en 1954, escrita en Guatemala, donde fue testigo del derrocamiento del gobierno revolucionario de Jacobo Arbenz, escribió: âAquí estuvo muy divertido con tiros, bombardeos, discursos y otros matices que cortaron la monotonía en que vivíaâ?.

La disposición de Guevara cuando viajaba con Castro desde México a Cuba a bordo del Granma es capturada en una frase de una carta a su esposa que redactó el 28 de enero de 1957, no mucho después de desembarcar, publicada en su libro Ernesto: Una Biografía del Che Guevara en Sierra Maestra: âEstoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangreâ?. Esta mentalidad había sido reforzada por su convicción de que Arbenz había perdido el poder debido a que había fallado en ejecutar a sus potenciales enemigos. En una carta anterior a su ex novia Tita Infante había observado que âSi se hubieran producido esos fusilamientos, el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpesâ?. No sorprende que durante la lucha armada contra Batista, y luego tras el ingreso triunfal en La Habana, Guevara asesinara o supervisara las ejecuciones en juicios sumarios de muchísimas personasâenemigos probados, meros sospechados y aquellos que se encontraban en el lugar equivocado en el momento equivocado.

En enero de 1957, tal como lo indica su diario desde la Sierra Maestra, Guevara le disparó a Eutimio Guerra porque sospechaba que aquel se encontraba pasando información: âAcabé con el problema dándole un tiro con una pistola del calibre 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho...sus pertenencias pasaron a mi poderâ?. Más tarde mató a tiros a Aristidio, un campesino que expresó el deseo de irse cuando los rebeldes siguieran su camino. Mientras se preguntaba si esta victima en particular "era en verdad lo suficientemente culpable como para merecer la muerte," no vaciló en ordenar la muerte de Echevarría, el hermano de uno de sus camaradas, en razón de crímenes no especificados: "Tenía que pagar el precio." En otros momentos simularía ejecuciones sin llevarlas a cabo, como un método de tortura psicológica.

Luis Guardia y Pedro Corzo, dos investigadores que se encuentran trabajando en Florida en un documental sobre Guevara, han obtenido el testimonio de Jaime Costa Vázquez, un ex comandante del ejército revolucionario conocido como "El Catalán," quien sostiene que muchas de las ejecuciones atribuidas a Ramiro Valdés (futuro ministro del interior de Cuba) fueron responsabilidad directa de Guevara, debido a que Valdés se encontraba bajo sus ordenes en las montañas. âAnte la duda, mátaloâ? fueron las instrucciones del Che. En vísperas de la victoria, según Costa, el Che ordenó la ejecución de un par de docenas de personas en Santa Clara, en Cuba central, hacia donde había marchado su columna como parte de un asalto final contra la isla. Algunos de ellos fueron muertos en un hotel, como ha escrito Marcelo Fernándes-Zayas, otro ex revolucionario que después se convertiría en periodista (agregando que entre los ejecutados había campesinos conocidos como casquitos que se habían unido al ejército simplemente para escapar del desempleo).

Pero la "fría máquina de matar" no dio muestra de todo su rigor hasta que, inmediatamente después del colapso del régimen de Batista, Castro lo pusiera a cargo de la prisión de La Cabaña. (Castro tenía un buen ojo clínico para escoger a la persona perfecta para proteger a la revolución contra la infección.) San Carlos de La Cabaña es una fortaleza de piedra que fue utilizada para defender a La Habana contra los piratas ingleses en el siglo dieciocho; más tarde se convirtió en un cuartel militar. De una manera que evoca al escalofriante Lavrenti Beria, Guevara presidió durante la primera mitad de 1959 uno de los periodos más oscuros de la revolución. José Vilasuso, abogado y profesor en la Universidad Interamericana de Bayamón en Puerto Rico, quien pertenecía al grupo encargado del proceso judicial sumario en La Cabaña, me dijo recientemente que

âEl Che dirigió la Comisión Depuradora. El proceso se regía por la ley de la sierra: tribunal militar de hecho y no jurídico, y el Che nos recomendaba guiarnos por la convicción. Esto es: âSabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionarioâ?. Miguel Duque Estrada era mi jefe inmediato. Mi función era de instructor. Es decir legalizar profesionalmente la causa y pasarla al ministerio fiscal, sin juicio propio alguno. Se fusilaba de lunes a viernes. Las ejecuciones se llevaban a cabo de madrugada, poco después de dictar sentencia y declarar sin lugar (de oficio) la apelación. La noche más siniestra que recuerdo se ejecutaron siete hombresâ?.
Javier Arzuaga, el capellán vasco que les brindaba consuelo a aquellos condenados a morir y que presenció personalmente docenas de ejecuciones, habló conmigo recientemente desde su casa en Puerto Rico. Ex sacerdote católico de setenta y cinco años de edad, quien se describe como "más cercano a Leonardo Boff y a la Teología de la Liberación que al ex cardenal Cardinal Ratzinger," Arzuaga recuerda que

âLa cárcel de La Cabaña se mantuvo llena a rebosar. Sobre 800 hombres hacinados en un espacio pensado para no más de 300: militares batistianos o miembros de algunos de los cuerpos de la policía, algunos âchivatosâ?, periodistas, empresarios o comerciantes. El juez no tenía por qué ser hombre de leyes; sí, en cambio, pertenecer al ejército rebelde, al igual que los compañeros que ocupaban con él la mesa del tribunal. Casi todas las vistas de apelación estuvieron presididas por el Che Guevara. No recuerdo ningún caso cuya sentencia fuera revocada en esas vistas. Todos los días yo visitaba la âgalera de la muerteâ?, donde permanecían los prisioneros desde que eran sentenciados a muerte. Corrió la voz de que yo hipnotizaba a los condenados antes de salir para el paredón y que por eso se daban tan fáciles las cosas, sin escenas desagradables, y el Che Guevara dio orden de que nadie fuera conducido al paredón sin que yo estuviera presente. Yo asistí a 55 fusilamientos hasta el mes de mayo, cuando me fui. Eso no quiere decir que no se siguiera fusilando. Herman Marks era un americano, se decía que era prófugo de la justicia. Lo llamábamos âel carniceroâ? porque gozaba gritando âpelotón, atención, preparen, apunten, fuegoâ?. Conversé varias veces con el Che con el fin de interceder por determinadas personas. Recuerdo muy bien el caso de Ariel Lima que era menor de edad, pero fue inflexible. Lo mismo puedo decir de Fidel Castro, a quien acudí también en dos ocasiones con igual propósito. Sufrí un trauma. A finales de mayo me sentía mal y se me recomendó abandonar la parroquia de Casa Blanca, dentro de cuyos límites se encontraba La Cabaña y que yo había atendido en los últimos tres años. Me fui a México para un tratamiento. Cuando nos despedíamos, el Che Guevara me dijo que nos habíamos llevado bien, tratando los dos de sacar el otro de su campo para atraerlo al de uno. âHemos fracasado los dos. Cuando nos quitemos las caretas que hemos llevado puestas, seremos enemigos frente a frenteâ?.
¿Cuánta gente fue asesinada en La Cabaña? Pedro Corzo ofrece una cifra de unos doscientos, similar a la proporcionada por Armando Lago, un profesor de economía retirado que ha compilado una lista de 179 nombres como parte de un estudio de ocho años sobre las ejecuciones en Cuba. Vilasuso me dijo que cuatrocientas personas fueron ejecutadas entre el mes de enero y fines de junio de 1959 (fecha en el que el Che dejó de estar a cargo de La Cabaña). Los cables secretos enviados por la Embajada de los Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado en Washington hablan de "más de 500." Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Félix Rodríguez, un agente de la CIA quien fue parte del equipo a cargo de la captura de Guevara en Bolivia, me dijo que él encaró al Che después de su captura respecto de "las dos mil y pico" ejecuciones por las que fue responsable durante su vida. "Dijo que todos eran agentes de la CIA y no se refirió a la cifra," recuerda Rodríguez. Las cifras más altas pueden incluir ejecuciones que tuvieron lugar en los meses posteriores a la fecha en que el Che dejó de estar a cargo de la prisión.

Lo cual nos trae de regreso a Carlos Santana y a su elegante indumentaria del Che. En una carta abierta publicada en El Nuevo Herald el 31 de marzo de este año, el gran músico de jazz Paquito D''Rivera reprochó a Santana su vestuario en la ceremonia de los Premios Oscar, y agregó: âUno de esos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. El me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de mucho que morían gritando â¡Viva Cristo Rey!â?.

El ansia de poder del Che tenía otras maneras de expresarse además del asesinato. La contradicción entre su pasión por viajarâuna especie de protesta contra las limitaciones del estado-naciónây su impulso por convertirse en un estado esclavizante en relación a otras personas es patético. Al escribir acerca de Pedro Valdivia, el conquistador de Chile, Guevara reflexionaba: "Pertenecía a esa clase especial de hombres a los que la especie produce de vez en cuando, en quienes un anhelo por el poder ilimitado es tan extremo que cualquier sufrimiento para lograrlo parece natural." Podría haber estado describiéndose así mismo. En cada etapa de su vida adulta, sus megalomanía se manifestaba en el impulso depredador por apoderarse de las vidas y de la propiedad de otras personas, y de abolir su libre voluntad.

En 1958, después de tomar la ciudad de Sancti Spiritus, Guevara intento sin éxito imponer una especie de sharia, regulando las relaciones entre los hombres y las mujeres, el uso del alcohol, y el juego informalâun puritanismo que no caracterizaba precisamente su propia forma de vida. Les ordenó también a sus hombres que asaltaran bancos, una decisión que justificó en una carta a Enrique Oltuski, un subordinado, en noviembre de ese año: "Las masas que luchan están de acuerdo con asaltar a los bancos porque ninguno de ellos tiene un centavo en los mismos." Esta idea de la revolución como una licencia para reasignar la propiedad según le conviniese condujo al puritano marxista a apoderarse de la mansión de un emigrante tras el triunfo de la revolución.

El impulso de desposeer a los demás de su propiedad y de reclamar la propiedad del territorio de otros fue central a la política opresiva de Guevara. En sus memorias, el líder egipcio Gamal Abdel Nasser cuenta que Guevara le preguntó cuántas personas habían abandonado su país debido a la reforma agraria. Cuando Nasser replicó que ninguna, el Che contestó enojado que la manera de medir la profundidad del cambio es a través del número de individuos "que sienten que no hay lugar para ellos en la nueva sociedad." Este instinto depredador alcanzó un apoteosis en 1965, cuando empezó a hablar, como Dios, acerca del "Hombre Nuevo" que él y su revolución crearían.

La obsesión del Che con el control colectivista lo llevó a colaborar en la formación del aparato de seguridad que fue establecido para subyugar a seis millones y medio de cubanos. A comienzos de 1959, una serie de reuniones secretas tuvo lugar en Tarará, cerca de La Habana, en la mansión a la cual el Che temporalmente se retiró para recuperarse de una enfermedad. Allí fue donde los líderes principales, incluido Castro, diseñaron al estado policíaco cubano. Ramiro Valdés, subordinado del Che durante la guerra de guerrillas, fue puesto al mando del G-2, un cuerpo inspirado en la Cheka. Angel Ciutah, un veterano de la Guerra Civil española enviado por los soviéticos que había estado muy cerca de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, y que más tarde entablaría amistad con el Che, desempeñó un papel fundamental en la organización del sistema, junto con Luis Alberto Lavandeira, quien había servido al jefe en La Cabaña. El propio Guevara se hizo cargo del G-6, el grupo al que se le encomendó el adoctrinamiento ideológico de las fuerzas armadas. La invasión respaldada por los EE.UU. de Bahía de Cochinos en abril de 1961 se convirtió en la ocasión perfecta para consolidar al nuevo estado policíaco, con el acorralamiento de decenas de miles de cubanos y una nueva serie de ejecuciones. Como el mismo Guevara le expresó al embajador soviético Sergei Kudriavtsev, los contrarrevolucionarios nunca "volverían a levantar su cabeza."

"Contrarrevolucionario" es el término que se le aplicaba a cualquiera que se apartara del dogma. Era el equivalente comunista de "hereje." Los campos de concentración eran una forma en la cual el poder dogmático era empleado para suprimir el disenso. La historia le atribuye al general español Valeriano Weyler, el capitán general de Cuba a finales del siglo diecinueve, haber empleado por vez primera a la palabra "concentración" para describir la política de cercar a las masas de potenciales opositoresâen su caso a los simpatizantes del movimiento independentista cubanoâcon alambre de púas y empalizadas. Qué irónico (y apropiado) que los revolucionarios de Cuba más de medio siglo después continuasen con esta tradición local. Al principio, la revolución movilizó a voluntarios para construir escuelas y para trabajar en los puertos, plantaciones, y fábricasâtodas ellas exquisitas oportunidades fotográficas para el Che el estibador, el Che el cortador de caña, el Che el fabricante de telas. No pasó mucho tiempo antes de que el trabajo voluntario se volviese un poco menos voluntario: el primer campamento de trabajos forzados, Guanahacabibes, fue establecido en Cuba occidental hacia el final de 1960. Así es como el Che explicaba la función desempeñada por este método de confinamiento: âA Guanahacabibes se manda a la gente que no debe ir a la cárcel , la gente que ha cometido faltas a la moral revolucionaria de mayor o menor grado...es trabajo duro, no trabajo bestialâ?.

Este campamento fue el precursor del confinamiento sistemático, a partir de 1965 en la provincia de Camagüey, de disidentes, homosexuales, victimas del SIDA, católicos, Testigos de Jehová, sacerdotes afro-cubanos, y otras escorias por el estilo, bajo la bandera de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP). Hacinados en autobuses y camiones, los "desadaptados" serían transportados a punta de pistola a los campos de concentración organizados sobre la base del modelo de Guanahacabibes. Algunos nunca regresarían; otros serían violados, golpeados, o mutilados; y la mayoría quedarían traumatizados de por vida, como el sobrecogedor documental de Néstor Almendros Conducta Impropia se lo mostrara al mundo un par de décadas atrás.

De esta manera, la revista Time parece haber errado en agosto de 1960 cuando describió a la división del trabajo de la revolución con una nota de tapa presentando al Che Guevara como el "cerebro," a Fidel Castro como el "corazón" y a Raúl Castro como el "puño." Pero la percepción revelaba el papel crucial de Guevara en hacer de Cuba un bastión del totalitarismo. El Che era de alguna manera un candidato improbable para la pureza ideológica, dado su espíritu bohemio, pero durante los años de entrenamiento en México y en el periodo resultante de la lucha armada en Cuba emergió como el ideólogo comunista locamente enamorado de la Unión Soviética, en gran medida para molestia de Castro y de otros que eran esencialmente oportunistas dispuestos a utilizar cualquier medio necesario para ganar poder. Cuando los aspirantes a revolucionarios fueron arrestados en México en 1956, Guevara fue el único que admitió que era un comunista y que estaba estudiando ruso. (Habló abiertamente de su relación con Nikolai Leonov de la Embajada Soviética.) Durante la lucha armada en Cuba, forjó una férrea alianza con el Partido Socialista Popular (el partido comunista de la isla) y con Carlos Rafael Rodríguez, un jugador importante en la conversión del régimen de Castro al comunismo.

Esta fanática disposición convirtió al Che en una parte esencial de la "sovietización" de la revolución que se había jactado reiteradamente de su carácter independiente. Muy poco después de que los barbudos llegaran al poder, Guevara participó de negociaciones con Anastas Mikoyan, el vice primer ministro soviético, quien visitó Cuba. Le fue confiada la misión de promover las negociaciones soviético-cubanas durante una visita a Moscú a finales de 1960. (La misma fue parte de un largo viaje en el cual la Corea del Norte de Kim Il Sung fue el país que âmásâ? le impresionó.) El segundo viaje a Rusia de Guevara, en agosto de 1962, fue aún más significativo, en razón de que el mismo selló el acuerdo para convertir a Cuba en una cabeza de playa nuclear soviética. Se reunió con Khrushchev en Yalta para finalizar los detalles sobre una operación que ya se había iniciado y que involucraba la introducción en la isla de cuarenta y dos misiles soviéticos, la mitad de los cuales estaban armados con ojivas nucleares, así como también lanzadores y unos cuarenta y dos mil soldados. Tras presionar a sus aliados soviéticos sobre el peligro de que los Estados Unidos pudiesen descubrir lo que estaba aconteciendo, Guevara obtuvo garantías de que la marina soviética intervendríaâen otras palabras, de que Moscú estaba preparada para ir a la guerra.

Según la biografía de Guevara de Philippe Gavi, el revolucionario había alardeado que "su país se encuentra deseoso de arriesgarlo todo en una guerra atómica de inimaginable capacidad destructiva para defender un principio." Apenas después de finalizada la crisis de los misiles cubanosâcuando Khrushchev renegó de la promesa hecha en Yalta y negoció un acuerdo con los Estados Unidos a espaldas de Castro que incluía la remoción de los misiles estadounidenses de TurquíaâGuevara dijo a un periódico comunista británico: "Si los cohetes hubiesen permanecido, los hubiésemos utilizado a todos y dirigido contra el mismo corazón de los Estados Unidos, incluida Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión." Y un par de años más tarde, en las Naciones Unidas, fue leal a las formas: "Como marxistas hemos sostenido que la coexistencia pacífica entre las naciones no incluye a la coexistencia entre los explotadores y el explotado."

Guevara se distanció de la Unión Soviética en los últimos años de su vida. Lo hizo por las razones equivocadas, culpando a Moscú por ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente, y hacer demasiadas concesionesâa diferencia de la China maoísta, a la cual llegó a ver como un refugio de la ortodoxia. En octubre de 1964, un memo escrito por Oleg Daroussenkov, un funcionario soviético cercano a él, cita a Guevara diciendo: "Les pedimos armas a los checoslovacos; y nos rechazaron. Luego se las pedimos a los chinos; dijeron que sí en pocos días, y ni siquiera nos cobraron, declarando que uno no le vende armas a un amigo." En realidad, Guevara se resintió por el hecho de que Moscú le estaba solicitando a otros miembros del bloque comunista, incluida Cuba, algo a cambio de su colosal ayuda y de su apoyo político. Su ataque final contra Moscú llegó en Argelia, en febrero de 1965, en una conferencia internacional en la que acusó a los soviéticos de adoptar la "ley del valor," es decir, el capitalismo. Su ruptura con los soviéticos, en síntesis, no fue un grito en favor de la independencia. Fue un alarido al estilo de Enver Hoxha en aras de la total subordinación de la realidad a la ciega ortodoxia ideológica.

El gran revolucionario tuvo una oportunidad de poner en práctica su visión económicaâsu idea de la justicia socialâcomo director del Banco Nacional de Cuba y del Departamento de Industria del Instituto Nacional de la Reforma Agraria a fines de 1959, y, desde principios de 1961, como ministro de industria. El periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana atestiguó el cuasi colapso de la producción de azúcar, el fracaso de la industrialización y la introducción del racionamientoâtodo esto en el que había sido uno de los cuatros países económicamente más exitosos de América Latina desde antes de la dictadura de Batista.

Su tarea como director del Banco Nacional, durante la cual imprimió billetes que llevaban la firma "Che," ha sido sintetizada por su asistente, Ernesto Betancourt: âEncontré en el Che una ignorancia absoluta de los principios más elementales de la economíaâ?. Los poderes de percepción de Guevara respecto de la economía mundial fueron muy bien expresados en 1961, durante una conferencia hemisférica celebrada en Uruguay, donde predijo una tasa de crecimiento para Cuba del 10 por ciento "sin el menor temor," y, para 1980, un ingreso per capita mayor que el de "los EE.UU. en la actualidad." En verdad, hacia 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos se encontraban bajo una dieta consistente en una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soja por semana; y cuatro huevos por mes.

La reforma agraria le quitó tierra al rico, pero se la dio a los burócratas, no a los campesinos. (El decreto fue redactado en la casa del Che.) En el nombre de la diversificación, el área cultivada fue reducida y la mano de obra disponible distraída hacia otras actividades. El resultado fue que entre 1961 y 1963, la cosecha se redujo a la mitad: apenas unos 3,8 millones de toneladas métricas. ¿Se justificaba este sacrificio por el fomento de la industrialización cubana? Desdichadamente, Cuba carecía de materias primas para la industria pesada, y, como una consecuencia de la redistribución revolucionaria, no contaba con una moneda sólida con la cual adquirirlasâo incluso adquirir los productos básicos. Para 1961, Guevara estaba teniendo que dar explicaciones embarazosas a los trabajadores en la oficina: "Nuestros camaradas técnicos en las compañías han producido una pasta dental... tan buena como la anterior; limpia exactamente lo mismo, a pesar de que después de un tiempo se vuelve una piedra." Para 1963, todas las esperanzas de industrializar a Cuba fueron abandonadas, y la revolución aceptó su rol de proveedora colonial de azúcar al bloque soviético a cambio de petróleo para cubrir sus necesidades y para revenderlo a otros países. Durante las tres décadas siguientes, Cuba sobreviviría en base a un subsidio soviético de más o menos entre $65 mil millones y $100 mil millones.

Habiendo fracasado como héroe de la justicia social, ¿merece Guevara un lugar en los libros de historia como un genio de la guerra de guerrillas? Su mayor logro militar en la lucha contra Batistaâla toma de la ciudad de Santa Clara después de emboscar un tren con pesados refuerzosâes seriamente cuestionado. Numerosos testimonios indican que el conductor del tren se rindió de antemano, acaso tras aceptar sobornos. (Gutiérrez Menoyo, quien dirigía un grupo guerrillero diferente en esa área, está entre aquellos que han criticado la historia oficial de Cuba sobre la victoria de Guevara.) Inmediatamente después del triunfo de la revolución, Guevara organizó ejércitos guerrilleros en Nicaragua, la República Dominicana, Panamá, y Haitíâtodos los cuales fueron aplastados. En 1964, envió al revolucionario argentino Jorge Ricardo Masetti a su muerte al persuadirlo de que montase un ataque contra su país natal desde Bolivia, justo después de que la democracia representativa había sido restablecida en la Argentina.

Particularmente desastrosa fue la expedición al Congo en 1965. Guevara se alió con dos rebeldesâPierre Mulele en el oeste y Laurent Kabila en el esteâcontra el desagradable gobierno congoleño, el cual era sostenido por los Estados Unido, por mercenarios sudafricanos y exiliados cubanos. Mulele había tomado posesión de Stanleyville antes de ser repelido. Durante su reinado de terror, tal como lo ha escrito V.S. Naipaul, asesinó a todos aquellos que podían leer y a todos los que vestían una corbata. Respecto del otro aliado de Guevara, Laurent Kabila, se trataba meramente de un perezoso y un corrupto por aquel entonces; pero el mundo descubriría en los años 90 que también él era una máquina de matar. En cualquier caso, Guevara se pasó gran parte de 1965 ayudando a los rebeldes en el este antes de abandonar el país de manera ignominiosa. Poco tiempo después, Mobutu llegó al poder e instaló una tiranía de décadas. (En los países latinoamericanos, de Argentina al Perú, las revoluciones inspiradas en el Che tuvieron el mismo resultado practico de reforzar el militarismo brutal durante muchos años.)

En Bolivia, el Che fue nuevamente derrotado, y por última vez. Malinterpretó la situación local. Una reforma agraria había tenido lugar unos años antes; el gobierno había respetado muchas de las instituciones de las comunidades campesinas; y el ejército era cercano a los Estados Unidos a pesar de su nacionalismo. "Las masas campesinas no nos ayudan en absoluto" fue la melancólica conclusión de Guevara en su diario boliviano. Aún peor, Mario Monje, el líder comunista local, quien no tenía estómago para una guerra de guerrillas tras haber sido humillado en los comicios, condujo a Guevara hacia una ubicación vulnerable en el sudeste del país. Las circunstancias de la captura del Che en la quebrada del Yuro, poco después de reunirse con el intelectual francés Régis Debray y el pintor argentino Ciro Bustos, ambos arrestados cuando abandonaban el campamento, fueron, como gran parte de la expedición boliviana, cosa de aficionados.

Guevara fue ciertamente audaz y corajudo, y rápido para organizar la vida en base a principios militares en los territorios bajo su control, pero no era un General Giap. Su libro La Guerra de Guerrillas enseña que las fuerzas populares pueden vencer a un ejército, que no es necesario aguardar a que se den las condiciones necesarias ya que un foco insurreccional puede provocarlos, y que el combate debe tener lugar principalmente en el campo. (En su receta para la guerra de guerrillas, reserva también para las mujeres el rol de cocineras y enfermeras.) Sin embargo, el ejército de Batista no era un ejército sino un corrupto manojo de matones carente de motivación y sin mucha organización; los focos guerrilleros, con la excepción de Nicaragua, terminaron todos en cenizas para los foquistas, y América Latina se ha vuelto urbana en un 70 por ciento en estas últimas cuatro décadas. Al respecto, también, el Che Guevara fue un cruel alucinado.

En las últimas décadas del siglo diecinueve, Argentina tenía la segunda tasa de crecimiento más grande del mundo. Hacia la década de 1890, el ingreso real de los trabajadores argentinos era superior al de los trabajadores suizos, alemanes, y franceses. Para 1928, ese país ocupaba el duodécimo lugar en el mundo en cuanto a su PBI per capita. Ese logro, que las siguientes generaciones arruinarían, se debió en gran medida a Juan Bautista Alberdi.

Al igual que Guevara, a Alberdi le gustaba viajar: caminó a través de las pampas y de los desiertos de norte a sur a los catorce años de edad, rumbo a Buenos Aires. Como Guevara, Alberdi se oponía a un tirano, Juan Manuel Rosas. Igual que Guevara, Alberdi tuvo la oportunidad de influir sobre un líder revolucionario en el poderâJusto José de Urquiza, quien derrocó a Rosas en 1852. Como Guevara, Alberdi representó al nuevo gobierno en giras mundiales, y murió en el exterior. Pero a diferencia del viejo y nuevo predilecto de la izquierda, Alberdi nunca mató una mosca. Su libro, Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina, fue la base de la Constitución de 1853 que limitó el Estado, abrió el comercio, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad, inaugurando de ese modo un periodo de setenta años de asombrosa prosperidad. No se entremetió en los asuntos de otras naciones, oponiéndose a la guerra de su país contra Paraguay. Su semblante no adorna el abdomen de Mike Tyson.


Este trabajo fue originalmente publicado en inglés por la revista The New Republic bajo el titulo de The Killing Machine: Che Guevara, from Communist Firebrand to Capitalist Brand, en sus ediciones del 11 y 18 de julio de 2005. Traducido por Gabriel Gasave

El Instituto Independiente
www.elindependent.org
Las máquinas de matar
04 ago 2005
Hace poco en un periódico de tirada estatal leí un texto de Alvaro Vargas Llosa, a su vez publicado en la revista âThe republicâ?, sobre la vida de Ernesto Che Guevara al que se denominaba La máquina de matar.

Sin pretender ser tan inteligente y mordaz como semejante escritor creo que sí puedo, sin embargo, discrepar de quienes como él, siempre ven criminales y asesinos en gente de izquierdas y sin embargo no buscan similares en sus propias filas tan proclives a producirlos continuamente y que tanto mandaron; hablo de Hitler, Franco, Mussolini, Pinochet, Batista, Marco, como conocidos, pero los hay quienes gobiernan, quienes han dejado hace poco de gobernar, o quienes han fallecido recientemente y por los que se guarda luto oficial sin ninguna vergüenza. Sin ir mas lejos podríamos citar a los criminales que aplauden o autorizaron hace 60 años el asesinato de 135.000 y 70.000 personas en Hiroshima y Nagasaki. ¿Qué nos obliga a mirar a otro lado y olvidar?

En el citado texto autocomplaciente, poco menos que le achaca al Che de todos los males y fallos de la Revolución cubana e incluso de la situación cubana actual, por supuesto sin nombrar el embargo y bloqueo, que dura ya la friolera de decenas de años y es realizada ante la mirada pasiva de los demás gobiernos democráticos.

Y si cita el hambre en tal país, que por cierto no ha tenido aún ningún fallecido pese a la situación tan angustiosa que sufren, habría que recordar la situación ya eterna de otros miles de personas, mejor miles de millones de personas que lo sufren bajo el manto de protección del tan aclamado y loado sistema capitalista, el mismo sistema clasista que nos oculta que mata miles de niños de hambre diariamente, enferma a millones por males fácilmente controlables y no evitados, y que en el futuro habrá miles de millones de víctimas.

Y puesto que de belicismo y crueldad se habla, no les vendría mal a los Vargas Llosas de turno, intelectuales e ideólogos del sistema del capital recordar lo que ellos mismos defienden, guerras multimillonarias e inteligentes en otros países, apoyo a dictadores y déspotas y una política de guerras de baja y alta intensidad para la venta de su producción mas mimada, las armas. ¿Será eso paz? ¿Justicia? Por cierto, omito hablar la cantidad de jueces «ciegos» mentales que no ven más que lo que el poder les exige.

Llevan años de defensa de un sistema cruel de derechas, con análisis vacíos e interesados de las políticas de izquierda que casi nunca han podido desarrollarse o han sido eliminadas de golpe, y a esta derecha y a sus intelectuales, tan audaces en catalogar y analizar los males ajenos, le es también difícil asumir los propios, como lo que les lleva a unos pocos a acumular la riqueza interminable robando o usurpándolo al resto y que genera cada vez mayores desigualdades. La misma clase social que vive en edificios magníficos y aislados del resto de ciudadanos, dueños de numerosos terrenos fértiles y productivos, que consumen tanto o más que el resto de los mortales y que se reparten el mundo y sus bienes naturales y energéticos como propios.

Me refiero al club de los G-8 y otros que llaman sarcásticamente al resto como los del tercer mundo como si fueran de otro planeta; a ellos habría que recordar que todos estos países del supuesto tercer mundo en su mayoría están dirigidos y gobernados por gobiernos defensores de su mismo sistema, que dejan que los primeros exploten de manera totalmente abusiva lo que tanto necesitan.

Los políticos, intelectuales e ideólogos del sistema podrían plantearse cómo la excesiva producción de alimentos, como por ejemplo, carne, leche, cítricos es eliminada tan costosamente mientras millones de sus siervos siguen hambrientos y desnutridos, o en qué consiste la «bolsa» que sube y baja como si fuera una atracción más de feria y que en ello radica el futuro laboral de los que aún tenemos la «suerte» de trabajar, omito claro está las condiciones laborales de los que aún somos catalogados como productivos y no estamos marginados como inservibles para el sistema.

Por cierto, dedicamos un tercio de nuestra vida a servir, hasta que el sistema nos considera inservibles por edad, enfermedad, sexo, color... No quieren personas que piensen o que puedan denunciar a los cientos de asesinatos por condiciones laborales extremas que son asumidas como normales y previsibles en el mundo laboral.

Podrían filosofar los intelectuales porque parece ser que la inteligencia no nos pertenece a los pobres y a los rojos, porque es malo que nos organicemos y discrepemos y digamos de vez en cuando no, o optemos por plantear otras soluciones a sus continuos abusos desde el poder, por ejemplo en el campo de las energías. ¿Por qué es inaceptable la voluntad popular expresada en consultas populares y dan por bueno que sigan gobernando con el apoyo de un porcentaje menor de sus fieles ciudadanos y siervos cada cuatro años?

La derecha tan cuca y buena, dadivosa y que busca sumisos, con control de los medios y con una visión de futuro donde nosotros sólo somos cifras útiles o inútiles, nos quieren embobar con vidas rosas de reyes y reinas que follan con quien sea, de hijos e hijas propios que desearíamos para nosotros, dicen, o por la vida ajena de supuestos famosos que nos arrancan lágrimas y risas, alcahuetas y escritores de causas lejanas, mientras hoy por ejemplo, señor Vargas, en Níger, Malí, Nigeria, Perú o en su propio país e incluso en EEUU, o ¿no lo ha visto?, hay gente muriéndose de hambre o por maltratos, y la esclavitud existe.

Y en su propio sistema el olor a podrido es tan grande que nos han hecho personas incapaces de sentirlo por lo habitual y el consumo al que nos empujan de manera irracional nos obliga a ser cada vez más dependientes de sus limosnas y los servicios que quieren les prestemos de manera obediente, para buscarnos la vida.

Y esto y más no le podemos achacar al Che, los rojos o los radicales de este mundo; le es propio a este sistema tan cruel como injusto. Los muertos por hambre y desigualdades, las guerras con armas multimillonarias e inteligentes que ellos mismos venden y producen, los mutilados, los enfermos sin solución por no tener medios económicos mientras que las multinacionales farmacéuticas se convierten en otro poder más del sistema, son parte del mismo cuerpo corrupto y decirlo no es radical, es simplemente pensar y decir lo que se piensa, para que no nos den lecciones de criminales y crímenes.

Al señor Vargas Llosa, como a la mayoría de los agradecidos por los aplausos del sistema, le hace falta un hueco en el mercado de la opinión del sistema del capital. No me cabe duda de que lo buscará porque controlan este sector como nadie, la pena que los que lean sus barbaridades no sean capaces de darse cuenta de que ellos/as son considerados de otro mundo y nunca pertenecerán a esa clase que admiran tanto. -

Josu Imanol Unanue Astoreka - Activista social


Diari Gara, 4 d'agost de 2005
www.euskalherria.com
Re: Las tardes de Vargas Llosa Júnior y el Che Guevara
05 ago 2005
No hay nada más idiota que un pijo-latinoamericano, éste niñato querrá hacer daño a la memoria del Che ¡qué risa !
Millones de jóvenes y no tan jóvenes llevamos a Ernesto Guevara en el corazón , no en la camiseta.
¿Cuántos se acordarán de tí cuando mueras,?...ni tu padre que no te puede ni ver.
La envidia,¡que triste es!
Con el Che ¡Hasta la Victoria Siempre!
Re: Las tardes de Vargas Llosa Júnior y el Che Guevara
07 ago 2005
Con mucho menos talento pero el mismo rabioso derechismo que su padre Mario, el crítico del idiota latinoamericano, �lvaro, nos ofrece una vez más una muestra de floja literatura periodística al servicio de los intereses dominantes, una muestra mediocre y superficial de análisis histórico-político en donde los corolarios ya están emitidos antes de las reflexiones, en donde las conclusiones son las premisas de un trabajo que no aporta más que inquina neoliberal sobre unos años claves para entender el devenir de la Revolución cubana.
Con tantos interrogantes que se puede uno plantear alrededor de la figura del Che, sus relaciones con Fidel, su distanciamiento de los soviéticos, sus temerarias campañas en el Congo primero y luego en Bolivia, su actuación como ministro y presidente del Banco de Cuba...., no podemos dejar de criticar con dureza el artículo del hijo de Vargas Llosa, carente de rigor, de profundidad y elaborado, como los de su padre, con el objetivo manifiesto de dañar y ofender al admirable- aunque imperfecto- proceso revolucionario cubano.
Re: Las tardes de Vargas Llosa Júnior y el Che Guevara
25 ago 2005
Vargas Llosa, el peor
Por: Rafael Hernández Bolívar

En mi pueblo había dos hermanos cuya impronta familiar era la maldad y su relajo moral y total ausencia de principios de bondad o solidaridad hacían imposible distinguirlos. La necesidad de diferenciarlos de alguna manera llevó a la gente a referirse a ellos como âPérez, el maloâ? y âPérez, el peorâ?. Una distinción así vale para los Vargas Llosa, padre e hijo, correspondiéndole al hijo el de âVargas Llosa, el peorâ? porque sin tener el talento del primero tiene toda la inquina, la frustración política, el rastacuerismo y atraso de pensamiento que caracterizan al padre.

Alvaro, el auténtico idiota latinoamericano, ha escrito un artículo deleznable contra el Ché Guevara, símbolo de la moral revolucionaria y de la entrega sin restricciones a la causa de los pueblos. Acudiendo a una banda heterogénea conformada por desertores de las filas de la revolución y por agentes de la CIA, a quienes sin ningún prurito califica âsus amigosâ?, teje una maraña de mentiras, citas fuera de contextos y medias verdades con la pretensión de destruir la imagen del glorioso revolucionario. No alcanza, por supuesto, tal cometido âla infamia nada puede contra la verdad-; pero, sí logra despertar indignación en quienes hemos apreciado en la vida y en la acción histórica del Ché la identidad ética del constructor de una sociedad nueva y la posibilidad de que el hombre alcance niveles superiores de realización y de solidaridad.

En este artículo, -cuatro en realidad, ensamblados por los medios de la reacción en uno solo-, Vargas Llosa, el peor, despliega una terminología de marketing que revela su verdadera estrategia y a la cual aspiro que no le hagan el menor caso los jóvenes que asisten al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes que se realiza actualmente en Caracas. La verdadera intención es, aprovechando que el Ché Guevara es un símbolo sensible para la juventud, agredir su figura para por esta escabrosa vía incitar la indignación y el rechazo de los jóvenes y conviertan a Vargas Llosa en el centro de la polémica y, quien quita, de acuerdo a sus deseos, hasta se apruebe una resolución de condena que lo proyecte ante sus amos como el más audaz combatiente contrarrevolucionario. Para decirlo con sus palabras, el tiene âun espectacular sentido de la oportunidadâ?.

¿Qué dice sobre el Ché Guevara? Dice que es un símbolo del consumismo y de la violencia. Lo acusa de ser un asesino y un megalómano con ansias insaciables de poder. Señala que Bahía de Cochinos no fue una invasión gringa sino un pretexto del gobierno cubano para ejercer la represión contra sus opositores políticos y que las dificultades económicas de Cuba no tienen nada que ver con el brutal bloqueo al cual ha sido sometida durante todos los años de Revolución sino que se deben a la ignorancia de los revolucionarios, quienes -Che, el primero-, no saben economía. ¿Qué tal?

El consumismo y el uso que hace el capitalismo de la figura del Ché tienen tanto que ver con Ernesto Guevara de la Serna como tiene que ver Jesucristo con la Santa Inquisición. Con lo que si tiene que ver es con la pretensión imperialista de banalizar su figura, de quitarle carga revolucionaria, de hacerla inofensiva y no la fuerza de rebelión que encarna en el alma de los pueblos. Es, por cierto, la misma pretensión de Vargas Llosa, el peor. La exhaustiva enumeración del uso que hacen del Che personas de diferente factura moral y humana âreseñadas hasta la nimiedad en sus artículos- deja por fuera, sin embargo, la figura del Che encabezando las marchas por la paz, por la justicia, por la igualdad, por la defensa del planeta de los ecocidios imperialistas, por el derecho a un mundo mejor, por los sueños de la juventud y la aspiración de redención de los pueblos oprimidos. En fin, la representación del coraje y de la rebeldía ante un mundo decadente y una sociedad putrefacta.

Son numerosas las agresiones de los Estados Unidos hacia la Revolución Cubana. Han recurrido a todas las formas imaginables de la conspiración y del terrorismo. La invasión a Bahía de Cochinos pretendía establecer una cabeza de playa imperialista sobre los cadáveres de miles de combatientes cubanos. El pueblo sepultó esas pretensiones momentáneamente; pero, no estaba ni está hoy exento de una agresión continuada y tenaz. Cuba ha luchado a lo largo de su historia revolucionaria para ponerle freno a grupos de agresores financiados desde los Estados Unidos. Vargas Llosa, el peor, hubiese preferido que los cubanos dejasen asesinar a Fidel, que se instalaran en el poder los lacayos del imperio y transformaran a Cuba en otra colonia gringa.

Las crueldades de la guerra son hechos verificables a lo largo de la historia. No hay historia de país alguno en el cual pueda constatarse su ausencia o que sus líderes más preclaros no se hayan visto en la necesidad de acciones terribles. En Venezuela, Bolívar se vio obligado a firmar el célebre Decreto de Guerra a Muerte. Pero de no haberlo hecho la independencia latinoamericana hubiese sido más cruenta y alcanzarla hubiese demorado mucho más. Los líderes hubiesen preferido que España hubiese aceptado el nuevo estatus declarado en el Acta de Independencia. Pero no fue así y no quedó otro camino que empuñar las armas y luchar. No me cabe duda que los líderes cubanos hubiesen preferido que Fulgencio Batista abandonara su régimen de terror ante el rechazo abrumadoramente mayoritario del pueblo. No hubo más remedio que desalojarlo a plomo. El Ché decía que el verdadero revolucionario estaba guiado por profundos lazos de amor. Igual agregaba: âEl verdadero revolucionario debe ser capaz de tomar decisiones dolorosas sin que se contraiga un músculoâ?. Tal capacidad de entrega, tal capacidad para superar el estrecho egoísmo que impide ver en las acciones de hoy el futuro de toda la humanidad, está fuera del alcance y de la comprensión de los Vargas Llosa.

Por supuesto que el Ché ni los cubanos manejan la economía que domina con maestría Vagas Llosa, el peor. Esto es, la economía de la explotación, del sacrificio de los pueblos para ajustarse a las directivas del Fondo Monetario Internacional, de la indiferencia del Estado para que los imperialistas devoren a placer los recursos del país y los capitalistas criollos ejerzan su derecho de abusar sin restricciones de los oprimidos. De lo que si saben los cubanos es del desarrollo social y humano por encima de la voracidad capitalista, de la conservación de la naturaleza, de la integración y la solidaridad de los pueblos, del desarrollo pleno del hombre. El cooperativismo que hermana los hombres en el trabajo y en el usufructo de sus productos. La conciencia de que el esfuerzo individual contribuye al bienestar de todos y no a la satisfacción de los caprichos de los explotadores.


Vargas Llosa, el peor, está ubicado en las antípodas del Che. El mundo al que pertenece es el de la deshonestidad, del egoísmo, de la inconsecuencia, de la sinuosidad moral, de la superficialidad y del culto al capital. En su país ha sido perseguido por la justicia no por combatiente de la libertad sino por difamador, acusado de plagiar un trabajo de investigación de la historiadora María Rostorowski, de prohijar candidaturas presidenciales teñidas de corrupción y luego abandonar el barco deshaciéndose de responsabilidades, de confesar sin vergüenza los dólares recibidos de millonarios norteamericanos para intervenir en la política interna del Perú. Tal mundo no admite comparación con la dignidad, el heroísmo y la ética que representa el escenario vital y humano de Ernesto Ché Guevara.

Vargas Llosa, el peor, ha venido haciendo esfuerzos en estos últimos años para desacreditar el proyecto revolucionario en América Latina. Agotados sus argumentos a favor del neoliberalismo ramplón, la arremete contra un ejemplo de dignidad y de heroísmo. Su misión es asesinar los sueños y condenar a los pueblos a la resignación. Su método es el escándalo y su recurso la mentira. Pero este pueblo empeñado en hacerse dueño de su destino aprendió a reconocer las imposturas, a desenmascarar a los farsantes y a identificar sus enemigos. Los Vargas Llosa, malo y peor, se agotan proclamando la muerte de la revolución y pronosticando un pretendido final de la izquierda latinoamericana. No logran percibir la extraordinaria fuerza de transformación que se despierta como un volcán desde México a Argentina. En Venezuela, esta incapacidad para percibir la realidad la llamamos disociación psicótica.

Caracas, 05 de agosto de 2005.
Sindicat Terrassa