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Notícies :: globalització neoliberal
La autodeterminación popular exige un proceso poli(é)tico
28 jul 2005
En estas condiciones el poder individual ya no depende de la cooptación desde el poder constituido, sino que, recuperado el protagonismo desde abajo y limitada la delegación, vuelve a su lugar originario, el pueblo en sus múltiples procesos de autodeterminación, generosos y conscientes.
La articulación política del poder constituyente exige algo más que la suma neocorporativa de la actividad de colectivos y organizaciones que expresan, agregada, la suma de intereses individuales, una identidad secular o la reivindicación de una cultura oprimida.

El poder constituyente sólo puede proceder de una segunda integración, ahora de colectivos organizados, más allá de la cooperación de los individuos. Los colectivos de personas que, al movilizarse, expresan de forma local o sectorial daños, reivindicaciones o aspiraciones, necesitan, a su vez, una mirada sobre la totalidad. Esta mirada es la condición para la equivalencia, la comprensión mutua y la búsqueda de sinergias entre colectivos en lucha contra un enemigo común. A su vez, esta mirada es condición necesaria para la conciencia de sí mismos como un fragmento del poder popular.

La experiencia dialogante y cooperativa entre diferentes subjetividades, (trabajadores, mujeres, consumidores, inmigrantes, ciudadanos, etc) muestra, como un arco iris, las diferentes identidades de la autodeterminación de un sujeto político. En ese proceso de salud pública, pero también privada, se reconstruyen e integran, en la práctica y en la subjetividad, las dimensiones de la identidad que han sido escindidas y reprimidas por el poder constituido. La cooperación en la autodeterminación aporta un crecimiento geométrico de la potencia constituyente.

En estas condiciones el poder individual ya no depende de la cooptación desde el poder constituido, sino que, recuperado el protagonismo desde abajo y limitada la delegación, vuelve a su lugar originario, el pueblo en sus múltiples procesos de autodeterminación, generosos y conscientes. La experiencia colectiva de este proceso constituyente depende de la mirada de cada parte sobre la totalidad y no sólo sobre sí misma.

Esta experiencia desmonta los mecanismos del poder constituido que anidan dentro de los individuos y los colectivos sociales, activa un proceso de reapropiación de dicho poder y genera una racionalidad alternativa a la racionalidad mercantil, competitiva e individualista, que nos convierte en funcionarios del capital y del estado.

A pesar de que cada colectivo en lucha contiene, integradas dentro de sí, todas las determinaciones sociales (clase, género, edad, especie, etnia, raza, ideología, etc), la forma fragmentaria o corporativa en la que expresa su voluntad de autodeterminación, le impide comprender su propia universalidad y es la causa de su impotencia constituyente. Dicha conciencia solo puede completarse en una experiencia común de (re)conocimiento, diálogo y apoyo mutuo en la confrontación con el poder constituido.

La conciencia de universalidad, desde la propia singularidad, es premisa y resultado de un recorrido práctico que constituye en sí un acontecimiento revolucionario, sin el cual, OTRO MUNDO ES IMPOSIBLE. Esta conciencia es un factor ineludible para la crítica [1] del poder constituido, del mercado y del estado que, siendo las instituciones garantes de la desigualdad y el dominio de unos sobre otros, aparecen como depositarios de la igualdad y el bien común.

El vacío de conciencia universal en los militantes de los movimientos sociales, es la condición para la impotencia y la deslegitimación de estos y para que dicho vacío sea ocupado por el mercado, el estado y los que, desde dentro de dichos movimientos, les sirven.

El apoyo mutuo en un ecosistema de colectivos singulares, es la base para una ruptura estratégica con la razón instrumental que rige las relaciones sociales. Esta razón instrumental consiste en que cada uno, autoconsiderado como el único sujeto, ve a los otros como una ortopedia de su propia debilidad y como un objeto cuya importancia depende de la utilidad que reporte.

La cooperación unilateral e incondicional y el hecho de dar como condición previa para recibir, desplaza el individualismo y la competitividad que presiden las relaciones entre los sujetos. El mercantilismo y el âinterésâ? son paradigmas de la derecha, pero también de la izquierda que, a su vez, los reproduce en la mayoría de los colectivos sociales, abortando el poder constituyente popular.

El individuo no puede incluirse en un proceso constituyente si no está previamente territorializado en la sociedad. La representación política de los movimientos sociales, el Movimiento Antiglobalización, no puede ser una superestructura social, una burocracia especializada en organizar jornadas, viajes o campañas. En estos espacios, individuos aislados o representantes de una sigla, pugnan por el control, para beneficio de su sigla o de su propio ego.

Un colectivo es un grupo real donde la tarea común es la expresión de necesidades sociales concretas y territorializadas. Dicha tarea común determina las normas de la cooperación, cuya fuerza es la fuente de la fuerza de cada uno. Una coordinadora debe ser producto de la actividad asociativa de base y no su condición.

Solo en un grupo real se puede romper el virus del individualismo, el aislamiento y la impotencia que nos hace dependientes del poder constituido. Desde la participación en un grupo real, como mediación entre una sola persona y la sociedad, el individuo puede incluirse en un proceso constituyente. Un proceso constituyente general no es posible sin infinidad de procesos de autodeterminación de colectivos particulares. A su vez, los procesos constituyentes particulares no pueden prosperar sin el calor de un proceso social constituyente.

El espacio para el avance de un proceso constituyente amplio, plural y poderoso, no es un producto espontáneo de la âmano invisibleâ? del deseo, de una fuerza providencial, trascendente o de unas burocracias asamblearias que aupadas por la periferia socialdemócrata se constituyen en una oposición consentida y asistida. Un movimiento popular, con hegemonía anticapitalista es, está siendo un duro terreno de batalla. Ese espacio, en los últimos años se llama âMovimiento contra la Globalización, la Europa del Capital y la Guerraâ? (M.A.G.)

[1] En su doble sentido de fuerza de la crítica y crítica de la fuerza.
Mira també:
http://www.nodo50.org/caes/b2edit.php?action=edit&post=411

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Comentaris

Re: La autodeterminación popular exige un proceso poli(é)tico
28 jul 2005
LA AUTODETERMINACIÓ ÉS UN DRET HUMÀ.

España és un circ de mediocritats, que te "La Constitusión" en contra dels drets humans com a bíblia
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