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Un recuerdo a nuestras mujeres
08 jul 2005
UN RECUERDO A SUS ESFUERZOS


Nosotros, no os olvidamos. Aunque la historia, apenas os recuerde o en los libros sean ignoradas o escasas vuestras referencias en unas cuestiones que, tanto nos pueden interesar y, que ocupan un espacio en la historia de las luchas por las libertades. Y, aunque la muerte de muchas, os halla hecho callar, vuestro eco lo podemos percibir siempre, al levantar junto con vuestros compañeros, esa apreciada bandera rojinegra llena de libertad.



A las mujeres. Mujeres, que tuvieron que luchar para hacer oír sus voces en una sociedad no siempre dispuesta a escuchar. Mujeres, que creyeron indispensable su incorporación a una guerra en la que estaban en juego las libertades de un pueblo y, se organizaron o se incorporaron a las milicias populares como respuesta inmediata a la agresión fascista o, por el mensaje inicial llamándolas a la lucha activa. Aunque, se tardo bien poco en recordarle a la mujer, cual era su papel fundamental en la Revolución. Con el paso del tiempo se ha podido demostrar que se utilizó la figura de la miliciana como una simple y vulgar propaganda militarista más del Gobierno para, incitar la movilización de los hombres hacia las filas populares y, para demostrar la valentía de la resistencia. Lo cierto, es que, la figura de la miliciana pasó de la noche al día de heroína a prostituta o ninfómana, una quintacolumnista más peligrosa que las balas del enemigo, que diezmaba las unidades al propagar enfermedades venéreas y, en el mejor de los casos, como un estorbo bien intencionado. A los tres meses del comienzo de la contienda, el Gabinete de Largo Caballero adoptó las primeras medidas para retirarlas de las primeras líneas de fuego. En Diciembre de 1936 se advirtió en las oficinas de enganche del extranjero que no se admitirían a mujeres y, finalmente en Mayo de 1937, el Gobierno de Negrín las expulsa definitivamente de los frentes.


Así, que la guerra volvió a ser cosa de hombres y las mujeres, con la normal decepción por la grave injusticia ocurrida, acabaron aceptando que el lugar idóneo para ellas estaba en la retaguardia participando en los trabajos voluntarios. Mujeres que contribuyeron y realizaron unas aportaciones decisivas al crear servicios de comedor, guarderías para los hijos de las trabajadoras, en la asistencia al refugiado o herido, en la administración de los diferentes organismos y, un largo etcétera más. Además, de ocupar los puestos vacíos al incorporarse los hombres a las milicias, en las fábricas o en los diferentes servicios que eran absolutamente necesarios para sostener el ritmo de la guerra y los que permitieron a la población civil sobrevivir o resistir.


Pero, vino la victoria franquista y, muchas tuvieron que exiliarse. Albergadas en campos de arena, sin techo llamados refugios, en la más completa miseria y abandono de los gobernantes franceses que, antes de pactar con Franco la devolución de muchas de ellas, se apropiaron de su fuerte ideología para vencer la brutalidad nazi que, ya llegaba a sus puertas. Las exiliadas, mujeres que intentaron exterminar, que las humillaron y explotaron, volvieron a participar haciendo libres a los pueblos de Europa y, con la ilusión que caído él segundo, caería él primero: Franco. Pero nadie se preocupó, al contrario, a medida que avanzaba el tiempo, el régimen iba recibiendo más apoyo externo y, estas mujeres, sumidas en el desespero de que nadie iba hacer nada para salvar las libertades de su país, aprendieron a vivir de forma distinta pero defendiendo su identidad y su ideología al dar su apoyo constante y diario a la lucha armada antifranquista.


Y, si difícil era la situación en el exilio tampoco, era fácil en España. Las condiciones de vida de las mujeres en el exilio interior, estaban marcadas por la escasez de alimentos, el mercado negro o el miedo a ser delatadas, por parte de una sociedad con un gran afán de venganza. La caza a la ârojaâ? o a la âmujer del presoâ?, se convirtió en una especie de status social por la propaganda oficial que denigraba su imagen. Mujeres que vivieron junto con él constante miedo a ser violadas, por el simple hecho que habían nacido mujer y, estaban destinadas a sufrir, a purgarse de sus âmalasâ? actividades o a sacrificarse por no haber sabido llevar por el camino del bien a sus compañeros. Bajo esta simple acusación muchas de ellas fueron, condenadas y encarceladas a una estancia en prisión que se podía alargar hasta los treinta años, sufriendo constantemente una violencia gratuita que las obligaba al mutismo de palabra y de pensamiento. Mujeres que vieron que, las únicas muestras que aplicaban los vencedores hacia una igualdad de sexos, era en los pelotones de ejecución, en las cunetas, o en los campos sembrados, de muertes.


Estas, nuestras mujeres, las compañeras de hombres, conocidos, populares o militantes. Las que trabajaban en las fabricas mientras ellos hacían huelgas, piquetes o estaban en la cárcel. Mujeres, que acudían a lo que hiciera falta para mejorar la situación de los condenados. Las mismas mujeres, que se encontraban cada día haciendo colas en las puertas de la prisión. Mujeres de fabrica, del textil o criadas, las cabezas visibles de la familia, él puntal del hogar moralmente irreprochables. Las que nunca se negaron a realizar unas actividades que podían suponer un sacrificio o situarlas en el peligro de ingresar en el mismo âhotelâ? que se aposentaban sus compañeros. En cambio, son las desconocidas, las olvidadas bajo la sombra de sus compañeros y, por una parte de la sociedad, que a perdido la memoria o aparenta haberla perdido y, que ha construido una realidad que nada tiene que ver con la verdadera.


Vivimos en una sociedad amnésica, que se va marchitando por falta de autenticidad al imponernos una apatía y a un silencio. Silencio hecho de ecos sordos y de confusión, para que nada se diga, para que no se contradiga el âorden verdaderoâ?. Pero, por lo que hoy somos y, para no quedarnos en el constante papel de víctimas, hay que hacer el ejercicio de recordar, porque del pasado se aprende.


Hay que seguir hablando en voz alta porque el desconocimiento evita preguntas acerca del transcurrir del pasado, de aquellas luchas y esfuerzos que, ya forman parte de nuestra historia. Por eso, hoy debemos detenernos y recordar, sin nombrar a ninguna porque así las nombraremos a todas.

C.N.T. de L´Hospitalet de Llobregat
Mira també:
http://www.cnt.es/hospitalet

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Comentaris

Re: Un recuerdo a nuestras mujeres
08 jul 2005
Olé!
De tant en tant ja la claveu ja...
Molt bo l'article.
Sindicat