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Anàlisi :: sexualitats
Una ley dichosamente revolucionaria
02 jul 2005
Es un acontecimiento para todos, homosexuales y heterosexuales de bien, que todos compartamos los mismos derechos morales y materiales relacionados con el matrimonio;
una institución milenaria dirigida a ahormar la familia y la estabilidad en todos los órdenes: material, emocional, anímica y moral de una célula considerada casi desde âsiempreâ? fundamental para la vertebración de la sociedad.

Pero no deja de resulta paradójico que se apruebe y celebre como un hito la ley que permite el matrimonio entre homosexuales, precisamente cuando el instituto matrimonial, tanto el religioso como el civil, está entrando en franca decadencia o cuando menos en una evidente crisis por diversas razones, entre las que destaca las motivaciones económicas y la falta de la mínima estabilidad material que la prole necesita.

Ya sabemos que lo importante en esta conquista legislativa es el nacimiento de la potencialidad de un acto a que va unida todo derecho renunciable, y que aquí nace el gesto político de verdadero progreso social. Pero aunque nunca es tarde si la dicha es buena, y buena es la dicha de que dos homosexuales puedan contraer matrimonio, no deja de ser casi un sarcasmo que se instituya cuando la tendencia cada vez más marcada en la sociedad es precisamente el evitar el matrimonio y proceder casi masivamente a su ruptura.

Vivir en pareja de hecho tiene algunos inconvenientes, pero no tantos al final como los que comporta el matrimonio. La pareja de hecho, sea del sexo que sea, siempre tiene a su alcance previsiones y soluciones contractuales para todo entre dos personas. Es más, la situación de hecho sigue siendo un factor irremplazable de libertad interindividual en todos los aspectos, mientras el matrimonio es fuente de trabas morales que al final son también materiales, que no se dan con tanta intensidad en el otro emparejamiento.

Ni qué decir tiene que, personalmente, aunque llevo 42 años casado y no me ha ido mal, estoy contra el matrimonio experimental. Creo que, al igual que las drogas, sólo son aconsejables cuando se tiene un completo dominio de la voluntad y del raciocinio para hacer uso de ellos de una manera absolutamente responsable y placentera sin pérdida de un ápice de libertad de ninguna de las dos partes. La prole, en estas condiciones de libertad, no debe sufrir las consecuencias cuando el sentido común y el instinto noble, a menudo estragado por las instituciones sociales, reemplaza las afiligradas y rocambolescas medidas adoptadas por personas ajenas a la vida de la pareja y de su descendencia: jueces, procuradores y abogados.

Yo me quedaría con la idea de que la pareja y los hijos, como la salud propia, son cosas demasiado importantes como para dejarlos en manos de los especialistas. En tiempos, además, en la que los especialistas, por definición en una sociedad metalizada como nunca estuvo, están a menudo más atentos a obtener beneficio de todo que de ninguna otra consideración.

Yo instituiría en una sociedad nueva el contrato previo civil entre dos personas que han de convivir, estableciendo minuciosamente derechos y obligaciones. Como una sociedad mercantil. Vencería cuando los hijos alcanzasen la mayoría de edad, y entonces ambos, como en cualquier contrato, estudiarían su posible prórroga, las modificaciones que cupieran, o en su caso la rescisión del mismo.

De todos modos quién sabe si precisamente en la medida que el matrimonio entre heterosexuales ha entrado en decadencia, la institución no se verá revitalizada por la unión legal entre homosexuales. La vida es un constante foco de contradicciones y de paradojas. Un dicho castellano expresivo lo resume muy bien:¡Vivir para ver!

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Comentaris

Re: Una ley dichosamente revolucionaria
02 jul 2005
PUTO MATRIMONIO. SI CASARSE ES AHORA REVOLUCIONARIO, MAL VAMOS.
Re: Una ley dichosamente revolucionaria
02 jul 2005
zapatero ho ven com a una conquesta enorme quan li ha surtit "gratis". ens vol "igualar" amb els heteros en un tema tan caduc i burges com el matrimoni, immpedint el dret a la nostra diferencia el qual si seria una aposta de valentia: crear una figura propia (m'agrada la de: "homomoni", nostra, especifica, real, de ple reconeixement de l'homosexualitat.
aixi, tot i que mediaticament ho exprimeixin, no es un acte de justicia complert. una conquesta? un cop mes hem perdut el dret al reconeixement de la nostra diferencia...
llastima.
Re: Una ley dichosamente revolucionaria
03 jul 2005
no ho entenc, voleu la igualtat de drets o la marginació social que pel que veig es el que et fa sentir particular i pareix ser que especial, aleshores afirmes la teva com una conducta diferent i que mereix un tractament especial, bé doncs més bars i discotques per a gays més barris gays i més sectorització, pense que això no es voler normalitzar res! igualment en que no hi ha cap orgull en el fet de ser gay ho eres i ja està però si tu mateix et sents com un ser especial com esperes ser tractat?
Re: Una ley dichosamente revolucionaria
03 jul 2005
doncs espero esser tractada com una persona única membre (entre d'altres) del col.lectiu hhomosexual lèsbic de barcelona. simplement demano el dret (tan car d'haber-ho aconseguit) a la diferència. ni guethos ni privilegis, reconeixement de l'especificitat de les orientacions sexuals i no l'igualitarisme social electoralista! bars gays com bars heavies o discos salsa o house, VARIETAT!!!! pensa també que ja ens podíem "casar" abans d'aquesta parodia de conquesta de drets i a més en teníem cobertes TOTES les espectatives del matrimoni a catalunya i un parell d'autonomíes només, d'acord peró aquí ho teniem (l'adopció ja és diferent, és cert) qué coi hem guanyat????
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