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Un artefacto explosivo destroza la sede de la policía local de O Gro.
25 jun 2005
Como en la mayor parte de Galicia, la noche de San Xoán invita en O Grove a salir a la calle y hacer alguna que otra gamberrada. El pasado año, el Concello creyó que este tipo de actos habían sobrepasado los límites -tuvieron cuantiosos destrozos en el mobiliario público-, por lo que en esta ocasión ampliaron la guardia de la policía local y sacaron al Grumir (grupos municipales de intervención rápida) a patrullar. Efectivamente, la noche fue movida y los agentes identificaron a cerca de una veintena de jóvenes que intentaban volcar un coche, mover de sitio otros vehículos o que pretendían destrozar contenedores. De regreso a su sede, y cuando pensaban que había surtido efecto lo de ampliar efectivos, se encontraron de bruces con la realidad: el local estaba sumergido en una gran humareda y el mobiliario lucía destrozado.

Al ver el humo, los dos agentes, que regresaban de la calle a las tres y cuarto de la mañana, pensaron que se trataba de un incendio. Accedieron al interior de las dependencias y enseguida se dieron cuenta de que el humo había sido propiciado por un explosivo que había entrado por una ventana (todavía había restos de papeles de un supuesto petardo en la habitación).

Su primera reacción, al ver que el artefacto había explotado minutos antes de que ellos entrasen, fue buscar a los culpables por los alrededores de las dependencias. No vieron a nadie, al igual que los vecinos, que aunque sí oyeron un gran «petardazo» nada pudieron decir sobre quién era el responsable de su colocación.

No oyeron nada

Ayer, los mismos policías que se toparon con los destrozos contaban cómo creían que se había producido la explosión. Según los agentes, alguien tiró el artefacto explosivo por una de las ventanas de la sede. El petardo hizo un boquete en el suelo, seguidamente rebotó contra la pared -reventando el rodapié de esa habitación- y a partir de ahí la onda expansiva logró llevarse por delante varias puertas que estaban cerradas, el techo de tres habitaciones y los cristales de las ventanas de la sede -como también sus persianas-. Además, las taquillas saltaron por los aires y las mesas aparecieron desplazadas varios metros.

Aunque el destrozo era calificado de «barbaridad», en la sede policial nadie hablaba ayer de si el mobiliario estaba más o menos dañado. Los agentes insistían en que habían salvado su vida «por cuestión duns minutos» y no dudaban en que, de haber estado dentro cuando tuvo lugar la explosión, hubiesen corrido un serio peligro.omo en la mayor parte de Galicia, la noche de San Xoán invita en O Grove a salir a la calle y hacer alguna que otra gamberrada. El pasado año, el Concello creyó que este tipo de actos habían sobrepasado los límites -tuvieron cuantiosos destrozos en el mobiliario público-, por lo que en esta ocasión ampliaron la guardia de la policía local y sacaron al Grumir (grupos municipales de intervención rápida) a patrullar. Efectivamente, la noche fue movida y los agentes identificaron a cerca de una veintena de jóvenes que intentaban volcar un coche, mover de sitio otros vehículos o que pretendían destrozar contenedores. De regreso a su sede, y cuando pensaban que había surtido efecto lo de ampliar efectivos, se encontraron de bruces con la realidad: el local estaba sumergido en una gran humareda y el mobiliario lucía destrozado.

Al ver el humo, los dos agentes, que regresaban de la calle a las tres y cuarto de la mañana, pensaron que se trataba de un incendio. Accedieron al interior de las dependencias y enseguida se dieron cuenta de que el humo había sido propiciado por un explosivo que había entrado por una ventana (todavía había restos de papeles de un supuesto petardo en la habitación).

Su primera reacción, al ver que el artefacto había explotado minutos antes de que ellos entrasen, fue buscar a los culpables por los alrededores de las dependencias. No vieron a nadie, al igual que los vecinos, que aunque sí oyeron un gran «petardazo» nada pudieron decir sobre quién era el responsable de su colocación.

No oyeron nada

Ayer, los mismos policías que se toparon con los destrozos contaban cómo creían que se había producido la explosión. Según los agentes, alguien tiró el artefacto explosivo por una de las ventanas de la sede. El petardo hizo un boquete en el suelo, seguidamente rebotó contra la pared -reventando el rodapié de esa habitación- y a partir de ahí la onda expansiva logró llevarse por delante varias puertas que estaban cerradas, el techo de tres habitaciones y los cristales de las ventanas de la sede -como también sus persianas-. Además, las taquillas saltaron por los aires y las mesas aparecieron desplazadas varios metros.

Aunque el destrozo era calificado de «barbaridad», en la sede policial nadie hablaba ayer de si el mobiliario estaba más o menos dañado. Los agentes insistían en que habían salvado su vida «por cuestión duns minutos» y no dudaban en que, de haber estado dentro cuando tuvo lugar la explosión, hubiesen corrido un serio peligro.

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