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Notícies :: guerra
Juicio muerte A. Berrueta
16 jun 2005
(GARA)
Los autores de la muerte culpan al «síndrome del Norte» y a la «ira» provocada por el 11-M
«ERA Proetarra» | EL POLICIA VALERIANO DE LA PEÑA AFIRMO A PREGUNTAS DEL FISCAL MUÑOZ QUE BAJO A LA TIENDA ARMADO CON SU PISTOLA «PORQUE YA SABIA A QUE SE DEDICABA BERRUETA. ERA PROETARRA»

El policía Valeriano de la Peña y su mujer María Pilar Rubio se escudaron en el «síndrome del Norte» para justificar la muerte de Angel Berrueta, al que llamaron «proetarra» en más de una ocasión durante su declaración en el juicio iniciado ayer. Rubio llegó a decir que el panadero miembro de Gura- soak muerto a tiros y machetazos les tenía sometidos a una constante «vigilancia desde hacía ocho años». «Cada vez que mi marido y ello salíamos del portal, él trataba de amedrentarnos», manifestó Rubio. El policía se declaró además ofuscado por la situación creada tras el 11-M.

IRUÑEA

El juicio por la muerte de Angel Berrueta comenzó ayer con las declaraciones del policía Valeriano de la Peña, que disparó al vecino de Donibane; desu hijo, Miguel José, que previamente le había asestado una puñalada en el hígado; y de María Pi- lar Rubio, esposa del primero. Los tres se negaron a contestar a las preguntas de las dos acusaciones y, como estaba previsto, se escudaron en supuestos problemas mentales a los que añadieron un factor:el llamado «síndrome del Norte».

Con esta estrategia como norma general, aludieron pocas veces al contexto que envolvió a los hechos (en la resaca que siguió a la masacre del 11 de marzo en Madrid, en la que Rubio trató de colocar un cartel que acusaba a ETA), si bien el policía admitió que «sentía ira» por los atentados.

En todo momento, los acusados se centraron en alegar el «acoso» que sufrían por la condición de policía del cabeza de familia, aunque llegaron a retrotraerse incluso hasta momentos de su infancia.

A preguntas del Ministerio Fiscal, De la Peña, que en el momento de la muerte de Berrueta estaba en activo y ejercía labores de «protección de seguridad» para parlamentarios, manifestó que una vez que su esposa subió a casa diciendo que «la habían insultado y amenazado» bajó con la pistola a la panadería. El fiscal quiso saber por qué había ido con el arma, a lo que De la Peña contestó que «ya sabía quién era esta persona y a lo que se dedicaba. Era proetarra». Este calificativo lo repitió en varias ocasiones.

Tratando de justificar los disparos que efectuó contra Berrueta, sostuvo que al llegar al establecimiento «vi sangre y un cuchillo (...) Me volví loco; pensé que habían agredido a mi hijo». Reconoció que realizó los disparos a una distancia «muy corta», a unos «50 centímetros». Y añadió que se subió rápidamente a casa porque «no estaba para atenderle».

Aunqueno quiso contestar a las preguntas de la acusación particular y de la popular, éstas quisieron dejar constancia de las mismas leyéndolas en alto, lo que también hicieron con las relativas a Miguel José de la Peñay María Pilar Rubio.

En cuanto a las relaciones que mantenían con la familia de Berrueta, Rubio señaló que el vecino de Donibane«nos vigilaba constantemente durante los últimos ocho años». «Cada vez que salíamos del portal de casa, él salía con la intención de amedrentarnos. Mi hijo estaba totalmente acosado en el colegio, en la calle, le llamaban ‘txaku- rra’. Teníamos a una persona vigilándonos durante ocho años».

Afirmó, no obstante, que «nos ignorábamos totalmente». «Ese día ­13 de marzo de 2004­ pensé que poniendo el cartel de ‘ETA no’ a lo mejor se les ablandaría el corazón. No busqué ninguna situación. Me insultó y le respondí», declaró. Acto seguido, según recordó, tocó el interfono de su vivienda pidiéndo que le abrieranla puerta «porque me están insultando». «Berrueta llamó insistentemente preguntando por mi maridoy yo le dije que no estaba. Entonces dijo que era ‘un cobarde y una gallina’. Mi marido bajó corriendo y yo fui detrás. No entré en la tienda. Vi sangrecita en el suelo y a mi hijo chillando. Mi marido no se dio cuenta de lo que había hecho», dijo.

Rubio se extendió en hablar de «presiones» que, según ella, sufría en todos los ámbitos, incluso en las reuniones de vecinos. «Me podían echar cócteles molotov a la ventana. En el portal número 13 hay ‘etarras’ (...) Todo el mundo me humillaba, todos estaban contra mí. En el trabajo, las compañeras de LAB dejaron de hablarme. Estamos totalmente rodeados, al lado de la tienda de Berrueta está la herriko. Hay gente que te vigila desde la ventana o en coche», enumeró.

En el turno de preguntas que puede realizar el jurado popular, éste quiso saber por qué no habían denunciando tal «acoso» y si habían recibido «amenazas» de Gurasoak. «Sufríamos tanto acoso que hubiera sido peor denunciar. No lo hicimos por miedo a represalias», argumentó Rubio.

Destacó que «yo no diferencio el colectivo ‘Gura...’ o como se llame de la gente de la kale borroka. Ahora, con el juicio, tratan de guardarse las espaldas». Sugirió, además, que «los sonidos raros» que tienen en sus teléfonos, fijo o móvil, pudieran ser responsabilidad del organismo de familiares.

Su hijo, por su parte, se escudó en «en un ataque de locura» y en alteraciones mentales. La defensa, de hecho, demandó ayer la incorporación de una prueba documental basada en una carta que el acusado escribió a su madre con motivo del Día de la Madre de este año y solicitó que el médico forense de la Audiencia lo reconociese con el fin de probar que «su edad mental es la de un niño de once años». Dijo no recordar nada de lo ocurrido y, ante algunas contradicciones, incidió en que «soy muy contradictorio, me lío solo».



La defensa pide que sea a puerta cerrada
Los abogados de la defensa solicitaron que el juicio se celebrara a puerta cerrada y, por tanto, no se permitiera el acceso. Para ello argumentaron, según indicaron a este medio, que «estaban ante terroristas». Después de la deliberación del jurado, el magistrado decidió que fuera audiencia pública.



Un Cristo frente a «los fanáticos»
Al inicio de esta primera sesión, María Pilar Rubio colocó en el suelo una fotografía con la imagen de un Cristo a la que en una ocasión besó. Ante el estupor de la acusación, la mujer del policía argumentó que «nosotros somos creyentes. Ellos son fanáticos y preparan la muertes».



Lloros y constantes interrupciones
Ante la actitud que adoptaron los acusados, que en un momento comenzaron a llorar, y las constantes interrupciones de Rubio y sus gestos, la acusación particular expresó su protesta por «el lamentable espectáculo que se está dando» y expresó dudas de lo que está pasando en esta sala».



La familia, arropada dentro y fuera
Las muestras de apoyo a los familiares de Berrueta quedaron patentes tanto en la concentración que se realizó por la mañana como en el interior de la sala, que estuvo repleta. Sus hijos no pudieron contener la emoción en algunos momentos y sus rostros reflejaron indignación y perplejidad.



ELA y LAB expresan su solidaridad
No fueron muchos los agentes que acudieron a este juicio. Los sindicatos ELA y LAB sí enviaron representantes. El primero reclamó «justicia» y recordó que el caso «sigue sin ser denunciado por las instituciones navarras». LAB aludió a la «caza de brujas» que enmarcó esta muerte.



«Creí que era ETA»
A.L.

IRUÑEA

A preguntas del fiscal-jefe de Iruñea, Javier Muñoz, que quiso saber por qué Pilar Rubio insistió tanto en poner el cartel de «ETA no» en el establecimiento de Angel Berrueta pese a su negativa a aceptarlo, Rubio afirmó que «yo, como la mayoría de los ciudadanos, pensaba que era ETA la autora de los atentados de Madrid, cuyas imágenes y la de los muertos habíamos visto en la televisión». Subrayó que le indignó que Berrueta «rompiera y tirara al suelo el cartel». Su marido, mientras tanto, aseguró que además de la pistola reglamentario tenía otra y que «cuando había atentados solía llevarla durante dos o tres días hasta que me calmaba».

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