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Anàlisi :: corrupció i poder : criminalització i repressió : pobles i cultures vs poder i estats
De la dispersión de Múgica y Ardanza a la de Zapatero y Alonso
23 mai 2005
El domingo se cumplieron dieciséis años desde que un gobierno del PSOE oficializó la dispersión. Aquellos días mandaron a la otra punta de la Península a Arnaldo Otegi, Mitxel Sa- rasketa, Koro Egibar o Itziar Galardi. GARA ha hablado con ellos sobre una medida mantenida y recrudecida por el Ejecutivo Zapatero.
Corría mayo de 1989. El proceso de diálogo entre el Gobierno español y ETA en Argel había fracasado y el Estado había trazado una nueva estrategia apoyada en la implicación del PNV y resumida en el Pacto de Ajuria Enea. En apenas unos días llovieron noticias de traslados de presos vascos a cárceles lejanas. Y el 15 de mayo, justo hace una semana, el entonces ministro de Justicia, Enrique Múgica Herzog, confirmaba el nacimiento de una nueva política penitenciaria: la llamada dispersión.

La práctica no era nueva, pero a partir de aquel anuncio se generalizó. Sin embargo, nunca ha llegado al grado actual. Con otro gobierno del PSOE en La Moncloa, son apenas media docena los presos políticos vascos que están en Euskal Herria cuando el volumen total del colectivo (cerca de 720 personas) es el mayor del posfranquismo. Y el ministro del Interior, José Antonio Alonso, acaba de reafirmar esa práctica indicando en el Senado que no ataca los derechos de presos y allegados.

«Nos dispersaron por cárceles de todo el Estado. Algunos hacia el sur, otros al norte, solos o en grupos. Las condiciones de vida empeoraron mucho. Todo ello iba encaminado a lograr nuestra destrucción como colectivo y como personas. Y sólo teníamos dos opciones:resistir o rendirnos». Así resume la oiartzuarra Itziar Galerdi, que pasó 20 años en la cárcel hasta 2002, aquel inicio oficial de la política de dispersión.

Koro Egibar, encarcelada casi 19 años tras ser detenida en 1982, asegura que «el objetivo de la dispersión era que estuviéramos en las peores condiciones posibles. En 1988 me trasladaron a Badajoz y allí estuve 11 meses en aislamiento, cuatro de ellos sin salir de la celda porque nos negábamos a desnudarnos en los cacheos. Cuando un juez dictaminó a nuestro favor, a mí me llevaron a Almería y vuelta a empezar. Recuerdo que era agosto y que hacía mucho calor. Para presionarnos nos decían que si no aceptábamos el desnudo integral no nos dejaban ducharnos. Así estuvimos cuatro meses».

«‘duros’ y ‘blandos’»
Mitxel Sarasketa sitúa el inicio «real» de la dispersión en 1985, cuando «se llevaron a la prisión de Langraitz a quienes consideraban la cabeza de ETA político-militar en Herrera de la Mancha. Buscaban hacer creíble la existencia de presos ‘duros’ y ‘blandos’ y presionar a estos ultimos hacia la ‘reinserción’», aclara el vecino de Getxo. Sus veinte años de periplo carcelario son uno de los mejores testimonios de la dispersión:conoció dieciocho prisiones, entre ellas las de Tenerife, Ceuta, Almería, Puerto I o Puerto II, y sufrió nada menos que 33 traslados.

Las observaciones de Sarasketa dan en la diana ya que unos días antes del anuncio oficial de la dispersión, concretamente el 4 de mayo de 1989, Múgica Herzog aseguraró que uno de sus objetivos «es separar a los presos de ETA que quieren reinsertarse del sector más duro». Reconoció no obstante, ya entonces, que los resultados no eran los esperados.

Para Arnaldo Otegi, encarcelado en Herrera en aquellas fechas, resulta evidente que «el Estado diseñó su propia estrategia, en la que incluía un operación de castigo contra quienes estábamos secuestrados. Su apuesta por derrotar al colectivo de presos era evidente. Cuando ocurrió el fracaso del proceso de Argel eso se hizo más obvio, pero ya existía antes. Basta con recordar las condiciones de vida que sufríamos en Herrera», señala.

El mahaikide no ha olvidado su primer traslado. «Recuerdo que faltaban unos quince días para Navidad porque hice un apuesta con los compañeros en Herrera. Estábamos en huelga de hambre y, mientras andábamos por el patio, hablábamos sobre cuándo nos dispersarían. Yo afirmaba que sería en Navidad para golpearnos sicológicamente, y así fue. Nos kundaron a unos veinte presos. A mi me llevaron a Huelva. Al resto, a Almería, Ceuta, Melilla y Granada», relata.

«Una estrategia de guerra del PSOE y del PNV». Así define Otegi la dispersión que sigue vigente dieciséis años después. «Buscaban debilitar la posición política de ETA y de la izquierda abertzale a través de los presos. Romper la cadena por el que creyeron su eslabón más débil. Pero éramos conscientes de que estábamos siendo utilizados y le hicimos frente. Al final, se ha conseguido mantener el nivel de cohesión», remarca.

La responsabilidad del PNV también está clara para Sarasketa: «En las elecciones euro- peas de 1987 en Hego Euskal Herria la candidatura más votada fue HB, y eso le abrió los ojos al PNV. Necesitaba debilitar a la izquierda abertzale».

LA RESPUESTA
Desde el comienzo de la dispersión hasta hoy los presos políticos vascos han protagonizado numerosas protestas y huelgas de hambre para denunciar la propia dispersión y la constante vulneración de sus derechos. Hoy esta demanda, ligada a la del reconocimiento del estatus político, sigue siendo prioritaria para EPPK.

Sarasketa apunta que desde el principio hubo una respuesta coordinada por parte del colectivo. «Nuestra respuesta era de desobediencia activa. Golpeábamos las puertas y los carceleros nos echaban un gas irritante dentro de la celda unas cuatro veces al día. Nos escocía la piel, los ojos; no podíamos respirar. Así estuvimos durante quince días. No salíamos de las celdas y comenzaron a darnos palizas. A Félix Abarte, de Elorrio, le dejaron sin conocimiento y al donostiarra Koldo Domínguez le rompieron algún hueso y tuvieron que llevarle al hospital. Al preso Josu Retolaza le diagnosticaron cáncer y le dijeron que, si quería tratamiento, tenía que arrepentirse. Sin olvidar que la Guardia Civil tenía orden de pegarnos durante los traslados...», puntualiza.

Para Koro Egibar, sólo hay un modo de hacer frente a la apuesta represiva de los estados: «La que elegimos. La dispersión se supera cada minuto en la cárcel, con una resistencia activa, con dignidad. Pero también con un coste muy alto. Ahí están los compañeros que se han quedado en el camino, y los familiares», recuerda. De hecho, Sarasketa cree que EPPK «ha superado la guerra en la cárcel» pero admite a la vez que «el coste ha sido grande, superior al de los GAL;la dispersión ha generado más muertos».

«Negar el conflicto»
Hoy día, Sarasketa remarca que «la dispersión está muy unida con el conflicto político de Euskal Herria» y afirma que el actual objetivo de esta política penitenciaria es «difuminar al colectivo, porque cuando niegan la existencia de éste están negando que en Euskal Herria existe un conflicto político».

Otegi considera que en el momento actual se debe actuar de otra manera: «Dentro de una lógica de guerra se pueden entender todas las estrategias crueles del enemigo. Pero en este sentido mantener la dispersión es sólo una crueldad. No tienen sentido político, porque el colectivo ha demostrado que no va a vender su posición. Tiene que reconocerse su estatus político y su interlocución. La dispersión debe desactivarse. Yel proceso finalizará cuando los presos estén en casa», añade.

En ese camino, Egibar cree necesarias «acciones de verdadero compromiso contra la dispersión; el momento de los gestos ya ha quedado atras».


Diari Gara, 23 de maig de 2005
www.euskalherria.com

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Comentaris

¿Con apoyo externo del PNV o algo mas?
23 mai 2005
Hoy día el PNV marca distancias respecto a la dispersión, pero la hemeroteca guarda numerosas frases de respaldo implícito como las pronunciadas por Xabier Arzalluz el 16 de agosto de 1989, cuando manifestó que esta política «no viola los derechos humanos del preso, ni siquiera a la luz del derecho comparado».

Sin embargo, la revelación más significativa sobre el grado de implicación del PNV es la expuesta por el entonces lehendakari, José Antonio Ardanza, en una entrevista publicada por «Berria» el pasado mes de febrero. «En las cárceles había muchos problemas entre los miembros de ETA:no hablaban entre ellos, se amenazaban... A nosotros nos llegó una petición de separarlos por parte de presos, porque estando todos juntos algunos imponían sus opiniones. Entonces hicimos esa petición al Gobierno de España y él dijo que le suponía un gran problema, porque en caso de dispersarlos era más difícil aplicar el control y las medidas de seguridad. Madrid no tenía demasiadas ganas de dispersarlos. No fue una decisión cómoda, y la tomaron porque se pidió desde dentro», aseguró Ardanza.

Maquillando el fracaso de la «reinserción»
El banderín de enganche de la dispersión era la llamada «reinserción» de los presos, una política que ya había sido ensayada con anterioridad con escasos resultados. De hecho, Múgica Herzog lo reconocía ya de forma puntual en 1989, aunque de forma simultánea se filtraran oficialmente datos que nunca eran constatables con la realidad. Alguno de estos informes debió quedarse en el archivo de Antonio Asunción, director de Instituciones Penitenciarias de la época, ya que en unas jornadas sobre política carcelaria celebradas en Barcelona el pasado mes de diciembre (ante expertos vascos e irlandeses) defendió que «los resultados fueron importantísimos». Llegó a asegurar que «el colectivo de presos se rompió y dos tercios de ellos asumieron otras posiciones, aunque un tercio siguió siendo refractario. Yo mismo pude contactar con muchísimos de ellos y hubo muchos a favor de dejar las armas».


Diari Gara, 23 de maig de 2005
www.euskalherria.com
Hay que poner fin a la dispersión
23 mai 2005
La estrategia de dispersión de los presos y presas vascas se puso en marcha en mayo de 1989 con el objetivo de quebrar un colectivo que en la unidad encontraba fortaleza para resistir las duras condiciones carcelarias que se le imponían. Dieciséis años después, esa política aplicada sistemáticamente a todas las personas de este país encarceladas en relación con el conflicto político que puso en marcha el anterior Gobierno del PSOE ha causado mucho dolor, pero no ha terminado con el colectivo, no ha roto la voluntad de sus miembros y no ha acabado con la solidaridad. Sin embargo, hoy se aplica igual que entonces y se ha extendido su práctica también a las prisiones situadas en el Estado francés. Cerca de 720 ciudadanos y ciudadanas vascas están siendo sometidas a una dinámica de presión que, como dice uno de los protagonistas de los primeros movimientos de la dispersión emprendida por el entonces ministro de Justicia, Enrique Múgica Herzog, se entiende sólo desde una lógica de guerra. Por eso, a medida que los augurios y esperanzas que las declaraciones y gestos que se están produciendo en torno a la posibilidad de una superación del conflicto se concretan en acciones, esa estrategia de guerra contra los presos pierde sentido y se impone la necesidad de cerrar ese capítulo.

La dispersión, unida al alejamiento de los lugares de origen y el aislamiento son medidas de castigo político que responden a un objetivo de acoso y derribo de un enemigo a batir. Miles de personas en Euskal Herria han vivido y viven hoy si cabe con mayor crudeza las consecuencias de esa política. Y esa situación, como todas las expresiones del conflicto que generan sufrimiento, debiera estar en un lugar primordial en la agenda de todo aquel que pretenda acercarse a la realidad de este país con el objetivo de avanzar hacia la normalización de la vida política. Y para que ese camino pueda recorrerse con éxito es primordial que esté abierto al conjunto de agentes y ciudadanos, incluido ese colectivo de personas que reclama un estatus político propio y cauces para participar en un proceso de resolución. Al igual que el PNV, que tras haber sido pieza clave en la puesta en marcha de la dispersión ahora dice rechazarla, el PSOE, que se ha encontrado al retomar el Gobierno del Estado español con un colectivo mucho mayor de presos vascos que el que dejó, debe poner fin a una estrategia que ha sido y es costosa para todos, además de un escollo y una rémora para cualquier objetivo de democracia y de paz.


Editorial del diari Gara, 23 de maig de 2005
www.euskalherria.com
Etxerat convoca concentraciones en toda Euskal Herria el viernes
23 mai 2005
En rueda de prensa Etxerat ha dado cuenta de "la gran cantidad de graves accidentes que produce la política de dispersión" y ha querido "hacer una llamada a la reflexión a los distintos agentes y a los Estados" español y francés. Por ello, ha convocado concentraciones silenciosas el próximo viernes "en los barrios, pueblos y ciudades de Euskal Herria exigiendo la repatriación de nuestros familiares y allegados presos".

DONOSTIA-. La asociación de familiares de represaliados políticos vascos, Etxerat, ha recordado hoy en rueda de prensa que "en lo que va de año, son ya 14 los accidentes graves ocasionados por la política de dispersión, siendo 39 familiares y allegados los que han padecido tales desgracias. Coches volcados, coches que se han dado de frente con la cuneta, familiares y allegados heridos y un largo etcétera , accidentes ocasionados por la política de dispersión que, semana tras semana, se han convertido en algo habitual. Desde que se puso en marcha esta medida política, han sido 16 los familiares y allegados los que han fallecido, siendo algo a resaltar el que desde el febrero del 2003 hasta la fecha han sido 5 los familiares y allegados a los que han matado".

En este sentido, Etxerat ha expresado que "en estos momentos en los que se habla de solucionar el conflicto político que vive Euskal Herria, si no se pone fin a la política de dispersión, tendremos más familiares y allegados muertos. Este es el precio que se nos hace pagar por ser el cordón umbilical entre la sociedad vasca y las presas y presos políticos vascos: Un enorme y sangrante coste económico, heridos y muerte. Hemos de terminar, pues, de una vez, con esta condena a muerte que nos imponen el Estado francés y el Estado español. Se hace realmente incomprensible decir que los Estados tienen voluntad para encontrar una solución al conflicto y, a su vez, seguir buscando nuestra muerte. Son los estados los que han de dar ese paso, pero también es responsabilidad de los distintos partidos políticos, sindicatos y agentes de Euskal Herria terminar con la política de dispersión, con esa medida que mata y que aun hoy perdura en aras a alargar el conflicto y causar sufrimiento".

Etxerat se ha preguntado "cómo pretenden solucionar el conflicto político que padece Euskal Herria si mantienen en marcha esa política de dispersión que busca destrozar a las presas y presos, así como la muerte de familiares y allegados. Ya es hora de que a nuestros familiares y allegados se les reconozcan y se les respeten sus derechos, ya es hora de que se les garantice esos mismos derechos que confluyen en su estatus político. Terminar con esa política de dispersión que ocasiona sufrimiento y vulneración de derechos de las presas y presos y sus familias es dar un paso para garantizar los derechos que corresponden al colectivo de represaliados políticos vascos, es un paso hacia la resolución del conflicto político que vive este país", ha agregado la asociación.

Finalmente, ha concluido la rueda de prensa señalando que "seguiremos trabajando en ese sentido. El próximo viernes realizaremos concentraciones silenciosas en los barrios, pueblos y ciudades de Euskal Herria exigiendo la repatriación de nuestros familiares y allegados presos, con lo que hacemos un llamamiento a toda la ciudadanía y a todos los distintos agentes para que tomen parte en dichas concentraciones".


Diari Gara, 23 de maig de 2005
www.euskalherria.com
Sindicat Terrassa