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Comentari :: globalització neoliberal
España en Europa
22 mai 2005
El asunto de Europa vuelve a estar sobre el tapete. Pero en esta ocasión no hay nada sobre lo que polemizar aquí. El referendo ya fue. Sólo hablamos de impresiones y de pareceres.
La suerte, más o menos y a expensas de lo que decida Francia, está echada. Si acaso lo que podemos hacer es, unos maldecir, y otros celebrar la integración, si es que al final ésta se produce. Francia está ahora en plena efervescencia, Negri hace propaganda a favor de la integración. Yo no la hago, pero la deseo también. ¿Tendré derecho? ¿Se me reconocerá el derecho y los motivos entre la izquierda, siendo así que pienso en clave de izquierdista como el que más? ¿O se me arrojará al Aqueronte? Ya veo que alguno se erige en dogmático civil ocupando el espacio que hasta hace poco ocupaban los teólogos...

Porque, por lo que concierne a España, tiene bemoles que se nos acuse poco menos que de deslealtad o de traición a quienes, en la izquierda, estamos a favor del Tratado. Y tiene hasta gracia, por cuanto echando un vistazo al pasado remoto o próximo de este país en su conjunto, siempre fueron los sempiternos y aldeanos reaccionarios españoles quienes, mandando en ânosotrosâ? y fingiendo que pensaban en ânosotros", nunca quisieron saber nada de Europa ni de lo que se cocinaba por Europa. Ningún país, si no España, podía acuñar un eslógan tan sugestivo como fiel a su idiosincrasia como el de "Spain is diferent". Y además, para mayor inri y deshonra de la lengua mayoritaria y oficial que ellos mismos tanto defienden frente a otras periféricas de "casa", un eslógan en el idioma del país que años después de muy odiado(por el contencioso de Gibraltar principalmente aunque no el único motivo) iba a ser punto de enlace con el amado o temido imperio... ¡Quién iba a decir que se registrara el eslógan en inglés cuando vivía Franco! Pero también, ¡quién me iba a decir a mí que la izquierda con la que más sintonizo en todo, iba a ser la que ofreciese más resistencia al anschluss del siglo XXI?

El caso es que, llámese Europa Francia, Alemania, Italia o Gran Bretaña por estar más próximas, todas eran, por unas causas más o menos prefabricadas, despreciadas, y el resto, claro está, sencillamente ignorado. Incluída la encantadora y pacífica Portugal. Europa, para las generaciones del pasado, y salvo las consabidas excepciones, era casi una entelequia. Fuera en la dictadura, en las dos Repúblicas o en las monarquías anteriores Europa era el espacio exterior o el piélago antes del Descubrimiento. Como para los griegos era inexistente lo que estaba fuera de Atenas, como para los Romanos bárbaros los que no pertenecieran a Roma, y hoy nuevamente inexistente, perseguible de oficio o "condenado a desaparecer" todo lo que está más allá de Nueva York y Washinton...

De nuestra actitud respecto a Europa, ahora confirmada (legítimamente desde luego, una vez más) por esa aversión a la idea integradora, quedan vestigios fósiles todavía en el diferente ancho de vía ferroviaria que durante tanto tiempo complicó más de la cuenta nuestra comunicación con Europa. Pero esa visión de Europa sigue latente e inconsciente, por más que adopte ahora la forma estilística y novedosa que conocemos, y tan minuciosamente argumentada. Pero téngase presente que por falta de argumentos nunca estuvimos alejados de Europa. Argumentar es lo nuestro, y que por principios y convicciones que no sea. Que se lo pregunten a los aznares y bushes, a zaplanas y condoleezas. Para muchos, pese a que no lo digan por motivos de imagen, por no pasar por insolidarios o por lo que sea, esa actitud la seguimos arrastrando y esa actitud lo explica casi todo. Y lo digo porque sobre todo se localiza en el estilo crispado y crispante que se imprime al No frente al Sí entre gentes de izquierda. Quizá por eso mismo resulta que a menudo, en política, los extremos se tocan. Véase si no, qué dice al respecto en Francia la ultraderecha de Le Pen.

Desde luego lo que no se comprende es que, estando emporquecidos hasta el cuello de capitalismo (¿queda algún socialismo real ahora en Europa?), se aproveche para clamar de manera tan furibunda contra la âEuropa del capitalâ? y para oponerse a la integración. Sobre todo por un argumento bien simple: una vez consumada la unión, ¿quién nos negará nuestros derechos a exigir?

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Sindicat Terrassa