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Notícies :: globalització neoliberal : laboral
Menos trabajo y menos salario ...
19 mai 2005
Publicat a http://www.red-libertaria.net Salut
Menos trabajo y menos salario

Enviado el Miércoles, 18 mayo a las 11:41:46 por red-libertaria.net

Creo que fue Marx quien una vez dijo que la reivindicación fundamental de los trabajadores en su lucha contra los patronos era la de âmás salario y menos trabajoâ?. No le faltaba razón al exigir eso, sobre todo en el marco de unas relaciones sociales de producción en las que los niveles de explotación eran muy elevados. En la medida en que estamos volviendo a niveles duros de explotación, la exigencia expresada en esa frase cobra nueva actualidad. Pero quizá no sea una alternativa seria, entre otras cosas por los problemas que mencionaba en mi último artículo sobre el consumo.

No olvidemos que mucho después de la muerte de Marx, Henry Ford inventó un nuevo procedimiento de extracción de la plusvalía mucho más astuto que el anterior. Fue él en gran parte quien tuvo la genial idea de que no bastaba con la plusvalía extraída en el proceso de producción. Si nadie compraba los productos, el invento se acababa, por lo que era necesario incrementar el número de consumidores. Dicho y hecho: los trabajadores aportarán su plusvalía al construir el coche, pero recibirán un salario suficiente para poder subsistir y reproducirse y todavía les quedará parte del salario para poder comprar ese coche que ellos mismos han fabricado. Así el patrono sigue ganando dinero y el obrero no se ve atraído por veleidades perezosas y decide seguir trabajando de por vida para poder seguir consumiendo. Consumir es agradable y es prueba externa de estatus social. El trabajador que accede al consumo tiene la evidente sensación de ascender en la escala social. Y los medios que fabrican el consenso social se encargan de que no ponga en duda ese valor sagrado del consumo.

Desde esa fecha, el invento no ha perdido validez sino que más bien se ha radicalizado hasta convertirse en el eje del sistema productivo y en el referente principal de la vida cultural de las personas. No voy a insistir en las contradicciones del modelo pues de eso ya he hablado. Quiero explorar una alternativa siempre ha estado presente en las luchas sociales por acabar con el modelo capitalista de explotación y opresión, aunque sin la debida audiencia entre quienes deben llevar adelante la transformación social.

En su día fue célebre el panfleto de Lafargue exigiendo el derecho a la pereza, esto es, el derecho a romper con un modelo de trabajo y consumo que era nocivo para el libre desarrollo de los seres humanos. En la tradición libertaria y anarconsindicalista de España, son frecuentes las apelaciones a que lo importante no es tanto ganar más salario, cuanto conseguir una disminución de la jornada laboral gracias a la cual los obreros podrán emplear más tiempo en su propio crecimiento personal cultivando actividades que enriquecen a los seres humanos y reduciendo al máximo las penosas condiciones laborales de las fábricas y del campo. En una manifestación extrema de ese espíritu, destaca la declaración de los habitantes de Membrilla, pueblo manchego, tras proceder a la colectivización de la tierra en 1936: en Membrilla, decían llenos de orgullo, no se socializa la riqueza, sino la pobreza. De esta corriente es de donde debemos extraer algunas ideas para mejorar nuestra capacidad de transformar radicalmente, de revolucionar, el empobrecedor orden social existente.

La primera, sin duda, es la necesidad de reducir la jornada de trabajo e incrementar el tiempo libre. Ya sabemos que la medida se enfrenta a dificultades, pero derivadas más bien del modelo vigente que hace inviable cualquier reducción de la jornada laboral sin que se registren negativas consecuencias en la economía. El objetivo es claro: trabajar todos, trabajar menos. Me refiero claro está al trabajo asalariado pues es aquel en el que se generan unas relaciones sociales jerarquizadas que anulan el potencial creativo de las personas y es el ámbito en el que se practica el robo legal de parte de la riqueza producida. Ese tiempo libre incrementado ofrece mayores posibilidades para el trabajo verdaderamente productivo, el trabajo no asalariado ni alienado, aquél que nos permite expresarnos como seres humanos y dar rienda suelta a nuestra capacidad creativa, haciendo, creando y fabricando cosas en las que nos reconocemos como autores.

Con eso, sin embargo, no basta, pues el consumo es el segundo pilar en el que se basa el modelo de explotación y opresión vigente. En ese sentido es en el que va la segunda parte del título del artículo: menos salario. Efectivamente, una segunda idea plantea que debemos profundizar en la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades sin tolerar que entren en el proceso destructivo del fetichismo de la mercancía. Sacar el mundo del ocio del mundo del negocio es vital para avanzar hacia una sociedad más libre.

Se trata, por tanto, de romper el círculo vicioso en el que hemos sido introducidos. Aumenta el número de personas asalariadas, con lo que aumenta el producto interior bruto, pero eso no se traduce de inmediato en una mejora de la calidad de vida. Por un lado, porque muchos salarios son extremamente pequeños y obligan a la gente a vivir en situaciones difíciles, pasando incluso algunos al campo de la marginalidad o la exclusión social. Por otro lado, se sigue potenciando el consumo desenfrenado con lo que el endeudamiento de las personas se incrementa notablemente, siendo escandaloso el caso del aumento directamente vinculado a un bien básico como es la vivienda. Se amplia la oferta de ocio, pero con un ocio mercantilizado como modelo, que hace de los grandes parques temáticos y comerciales los buques insignia del consumo compulsivo y de la diversión convertida en mercancía generadora de plusvalías que van a parar a unos pocos.

La respuesta de quienes queremos darle la vuelta a este modelo de sociedad debe ir encaminada a invertir este proceso. Debemos dar prioridad a tres reivindicaciones: menos trabajo asalariado, desde luego, con más tiempo libre para nuestra vida personal; salarios dignos para atender las necesidades imprescindibles, pero sin entrar en una espiral que nos lleva a buscar más salario para poder pagar todos los gastos que nos imponen; potenciación de las actividades que no llevan consigo un gasto económico, pero que suponen un espacio sumamente enriquecedor para la vida de los seres humanos.

Desgraciadamente no es fácil romper con la situación. Los sindicatos no suelen plantear el tema y se obcecan con más frecuencia de la debida en incrementos salariales, objetivo que se pone muy por delante de otros, escaldados quizá de ver que cada vez que han estado dispuestos a renunciar al salario por otras mejoras, los empresarios han bajado sueldos y no han cumplido esas mejoras. Más sensibles parecen otras organizaciones sociales que sí consideran que este ocio mercantilizado no conduce a ningún sitio, pero no tienen suficiente incidencia social. No obstante y por difícil que sea, este es el camino.

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