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Anàlisi :: amèrica llatina
La pesca política en Argentina
20 abr 2005
Una buena âcarnadaâ? siempre es conveniente para la pesca cuando ahí está disciplinado el âcardumenâ? ciudadano, elemento necesario de la democracia representativa.
La pesca política en Argentina

âLa falsa historia es origen de la falsa políticaâ?
Juan Bautista Alberdi

por Hugo Alberto de Pedro

    En Argentina mientras el âsistemaâ? sigue insistiendo en tapar la realidad, la que se nos impone diariamente en un país hambreado y sin ningún rumbo conocido o cierto, los políticos aumentan la velocidad de sus âembarcacionesâ? para llegar âcon los pocas reservas morales que poseenâ a las elecciones legislativas de octubre próximo.

    Cualquiera que recorra el âespinelâ? político encontrará que hay muy pocos cambios en los nombres y en los procederes de quienes ocupan los espacios de poder desde fines del año 2001. Días aquellos que las mayorías reclamábamos ¡Que se vayan todos!. Se quedaron todos y se ocultaron detrás de gobernaciones, senadurías, diputaciones y otros cargos públicos rentados.

    En los tres años y medio que transcurrieron desde el vuelo final del gobierno de la Alianza âo de lo que de ella quedabaâ ha sido el justicialismo quien tomó el centro de la cuestión política, y del Estado también, para manejar los destinos de la Patria a su gusto. Con un hegemonismo sobre la discusión de los temas nacionales que como âboyasâ? marcan el lugar asignado a la puja de las ideas y los ideales.

    Inventó, primero el partido de poder, un Gobierno de transición que tomó decisiones de fondo en materia económica y financiera. Inventó, segundo, un candidato a presidente de la Nación que se quedo con el poder con un escaso caudal electoral. Inventó, tercero, un halo progresista en él, que por ser meramente discursivo se choca con la realidad y los hechos. Todos âaparejosâ? imprescindibles para aumentar un poder que día a día vemos presentarse como más omnipotente.

    La muerte súbita del radicalismo junto a la incapacidad política del resto de los partidos y movimientos âdesde la izquierda a la derechaâ permitió que la acción parlamentaria se haya convertido en un apéndice de la ejecutiva quien tira de la âtanzaâ? hasta límites alarmantes.

    El Gobierno Nacional con excelentes rendimientos en sus constantes campañas proselitistas mediáticas ha logrado instalar la sensación de la eficiencia, y eficacia también, que los encuestadores abonados se preocupan de reafirmar todas las semanas. Asimismo persigue el fin de mostrarse como alejado de cualquier tipo de corrupción cuando sabemos que tiene la âcañaâ? siempre preparada y bien dispuesta para incurrir en ella.

    Sin embargo la realidad que todos vemos y padecemos es muy diferente a lo que indican los índices con que se vanaglorian los funcionarios, para los cuales los habitantes de este sur americano se han convertido en porcentajes, gráficos de barras o de tortas âéstas sólo algunos se las quedan y se las comenâ. Un âcordelâ? que utilizan al máximo para la proyección política kirchnerista sin mayor análisis de la realidad.

    Aprovechándose de un espectacular balance comercial exterior cuyas ganancias quedan en manos de una pequeña cantidad de transnacionales; de una recaudación impositiva ubicada en lo más alto en la historia nacional; de un sistema de retenciones a las exportaciones que provoca la lógica acumulación de reservas y de un proceso inflacionario que dejo maltrecho el poder adquisitivo popular, el Gobierno nos ha colocado frente a un autotitulado plebiscito de su gestión según los propios dichos presidenciales. Desde los cuales se excita el âfuncionariatoâ? y el âlegislariatoâ? que ya tienen sus âreelesâ? bien aceitados.

    Los discursos del poder, falsos y mendaces como siempre han sido, son elevados al rango de tratados doctrinarios sobre los cuales nos quieren hacer creer que se está diseñando y forjando una Argentina para las próximas décadas. La verdad es que siguen manejando la coyuntura que se les presenta favorable por lo antes mencionado. Todos advertimos que son meras decisiones cortoplacistas que no tienen otra finalidad de que âellosâ? lleguen a las elecciones con la tranquilidad de mostrarlos como exitosos e irreemplazables. Nadie duda de la idea de perpetuarse en el poder y con el poder.

    Cuando preguntamos cuáles han sido los cambios operados en la distribución del ingreso, en el reparto de las riquezas y la mejora en el nivel de vida de la población más castigada por el neoliberalismo aplicado âel de ayer, hoy y mañanaâ todos se hacen los distraídos y vuelven a sacar sus bastardas estadísticas. Acciones éstas histéricas propias de quienes esquivan la verdad y la realidad. O sea, acciones mentirosas e irreales.

    Las próximas elecciones para elegir senadores y diputados nacionales se han convertido en una puja pejotista que ocupa el centro de la escena hasta asfixiarnos con las rencillas simuladas entre quienes fueron y son lo mismo, y que además, tuvieron compromiso, identificación y pertenencia con el menemismo. Solamente se pueden esconder, o tratar de hacerlo, detrás de algunas griterías verborragicas siempre y cuando las cámaras y los micrófonos estén convenientemente registrándolos.

    La âlíneaâ? política debe ser revisada convenientemente por los ciudadanos antes de concurrir a votar obligatoriamente. Hay que revisar cada âanzueloâ?, cada âpalangreâ?, para comprobar que son los mismos que otrora. Provienen de la misma âcaja de pescaâ? y lo que es más alarmante es que algunas y algunos ni siquiera son sacados del agua representativa, de esta democracia que nos enrostran a cada momento. No les importa terminar sus mandatos para los cuales han sido elegidas y elegidos porque saben que son imprescindiblemente necesarias y necesarios como âseñuelosâ?.

    Es probable que al momento de armar las listas de candidatos las âcucharitasâ? sean convenientemente acondicionadas y que se vengan con los discursos de la unidad partidaria. Cooptarán los espacios ubicados en lo alto de las listas sábanas sin la más mínima participación de los afiliados para así saltar primero como las âmoscasâ? en el fango de la politiquería.

    En fin, nada nos hace pensar que los temas de fondo sean abordados por los candidatos de cara a la ciudadanía. Podrán con seguridad llenar estadios, contratar micros, dar asuetos en las administraciones públicas municipales, entregar prontamente ayudas económicas, comestibles y viviendas, llenar las pantallas de televisión con largas horas de actos y discursos, etcétera para la nueva incursión âpesquerilâ?.

    Una buena âcarnadaâ? siempre es conveniente para la pesca cuando ahí está disciplinado el âcardumenâ? ciudadano, elemento necesario de la democracia representativa.
   
20 de abril del 2005
Mira també:
http://usuarios.advance.com.ar/hugo-de-pedro/hdp.htm

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