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Anàlisi :: guerra
Comisión 11-M. ¿De quién se ríen, señorías?
10 mar 2005
¿Qué clase de izquierda es la que, enfangada en las cloacas del estado y del mercado, soporta estoicamente las acusaciones de estar detrás de la autoría de este atentado? ¿Qué teme el PSOE de sus violentos acusadores si se enfrenta a ellos? ¿Por qué el Partido Popular, comprometido en una operación parecida a un autogolpe de estado, en actos de piratería internacional, genocidio y manipulación de los medios de información públicos, pierde solamente el 6% de sus votos?
La táctica del gobierno del PP, desde el mediodía del mismo 11 de Marzo de 2004, estuvo totalmente dedicada a taponar la brecha por donde se le podían escapar la mayor parte de sus votos. Simultaneó la información de los progresos de la investigación policial, en la dirección islamista, con la interpretación, contraria al contenido de dicha información, en la dirección de ETA. Luchó por dar la vuelta a las emociones de la población, utilizándolas a su favor y en contra de la oposición que, a su vez, denunciaba la manipulación. Convocó, con la colaboración del Jefe del Estado y de los partidos y sindicatos mayoritarios, una manifestación con una consigna ajena a las causas del atentado: âSí a la Constituciónâ?. El objetivo de esta manifestación era apoderarse del dolor de la población para transformarlo en apoyo del gobierno. El PP trató de presentar las muestras de indignación y protesta ante esta sucesión de mentiras de Estado, como el resultado de una campaña antidemocrática destinada a hacerle perder las elecciones.

¿Cómo es posible que el gobierno de un estado moderno pueda llegar a tamaños atentados contra su propia población y sus propias leyes, sin que las instituciones políticas y sociales y la población reaccionen, sin que su crédito electoral se desplome a cotas extraparlamentarias y sin que sus responsables sean procesados judicialmente? El verdadero problema es la impunidad con la que estos hechos se han desarrollado. La mayor secuela del atentado terrorista del 11-M, después de las muertes y heridas de las víctimas y del dolor de sus allegad@s, es la impotencia de la sociedad para obtener unas conclusiones que establezcan las responsabilidades políticas y penales de presuntos delitos como: alta traición, crímenes de guerra en Iraq, responsabilidad política en el asesinato de 191 personas y las heridas de otras 1.500 el 11-M en Madrid, utilización de las instituciones del Estado y los medios de comunicación para perpetrar un engaño masivo a la población y para esparcir injurias y calumnias contra todos y contra todo. Las conclusiones, o mejor, la falta de conclusiones de la Comisión, facilitan la impunidad de los desmanes políticos y de los actos, presuntamente criminales, del gobierno del PP.
Al hablar de impotencia, no toda la sociedad está en el mismo nivel. Es necesario señalar a los grupos políticos de la oposición, cuyo desistimiento por esclarecer la verdad de los hechos en la Comisión del 11-M, les sitúa en el terreno de la complicidad. Una vez domesticada la oposición y descentrada la investigación, el PP ha tenido todas las oportunidades para convertir las sesiones en un escenario desde el que formular las más inverosímiles acusaciones sobre la autoría intelectual y la sincronización planificada de los atentados con los procesos electorales.

Aznar, Acebes, Zaplana, Rajoy y otros miembros de su âcenturiaâ?, han negado la evidencia, han obviado las preguntas que se les hacían, han atacado a quienes les preguntaban, han amenazado y humillado a los comisionados, al Parlamento, a la democracia, a los muertos de Madrid y a sus familiares, a los de Iraq y a tod@s nosotr@s. El Jefe del Estado, en sus mensajes del 24-XII-04 y de la Pascua Militar el 6-I-05, tal como hizo el año anterior, ha vuelto a omitir cualquier alusión a la guerra de Iraq como circunstancia relevante del atentado y ha cargado las tintas en el terrorismo, intentando aparecer como el mayor defensor de las víctimas cuando, en el caso del 11-M, forma parte, según se deduce de la instrucción de la Audiencia Nacional, de quienes, con sus acciones y omisiones, crearon, de manera antidemocrática e ilegal, las condiciones políticas para el atentado.

¿Qué clase de democracia es la que permite esta impunidad? ¿Qué clase de izquierda es la que, enfangada en las cloacas del estado y del mercado, soporta estoicamente las acusaciones de estar detrás de la autoría de este atentado? ¿Qué teme el PSOE de sus violentos acusadores si se enfrenta a ellos? ¿Por qué el Partido Popular, comprometido en una operación parecida a un autogolpe de estado, en actos de piratería internacional, genocidio y manipulación de los medios de información públicos, pierde solamente el 6% de sus votos?

Al igual que Bush amenaza a Irán y a Siria y acomete con legitimidad renovada, tras su reelección, el genocidio de Faluya, el PP acomete, con sus diez millones de votos la 2ª transición política española, ya anunciada en 1996, para acabar de una vez por todas con el problema de âlos nacionalismosâ?, identificados con la noción metafísica de TERRORISMO. Una segunda transición, conducida por los mismos que hicieron la primera, pero con la izquierda cautiva y autodesarmada ya que, ella misma canceló, tanto la movilización popular de la transición, como la del periodo 2001 - 2003.

La legitimidad de Bush para destruir Faluya y lo que venga, es democrática. Se la otorga un electorado cómplice y beneficiario de la Globalización y el imperialismo. Esta legitimidad es de la misma naturaleza que los 10 millones de votos del PP. Sólo que éste partido añora una mayor autonomía política para sus abusos y suspira por la legitimidad fundacional de nuestra monarquía, que radica en última instancia (Art. 8 de la Constitución Española) en la División Acorazada. Si el PP hubiese ganado las elecciones del 14-III-04 con mayoría absoluta, los problemas de los nacionalismos ya estarían en vías de resolución acordes con esta legitimidad. Cosa que aún está por ver.

El PSOE no puede, no quiere y no sabe enfrentarse a esta situación. La razón es que, PP y PSOE comparten más acuerdos que diferencias en el modelo político - social y en los medios para construirlo: crecimiento económico, consumismo, economía de mercado, globalización, competitividad, democracia delegada, contemplativa y reversible monarquía heredada de Franco, antiterrorismo, represión de los procesos de autodeterminación de los trabajadores, de las mujeres y de los pueblos. Las diferencias entre PSOE y PP son de la misma sustancia que las diferencias entre EEUU y la U.E. Ambos partidos defienden nominalmente la democracia y los derechos sociales. Ambos bloques capitalistas proclaman âla estricta observancia del derecho internacional y el respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidasâ?, pero desde esta defensa formal, ambos violan, diariamente, estos principios.

El crecimiento del conservadurismo y la implicación de la izquierda en las âpolíticas antiterroristasâ? que retroalimentan el terrorismo y en el desmontaje de la protección social, como condición para la competitividad en una economía globalizada, convierten las diferencias en mera retórica para distinguir dos marcas comerciales del mismo fabricante en el mercado electoral. La verdadera diferencia no está en los contenidos de las políticas, sino en la pugna por quien las aplica desde el poder.

Para reconstruir la izquierda hay que avanzar desde fuera de la izquierda porque la izquierda hoy es el PSOE, es decir, una derecha sobrevenida que comparte, por acción y omisión la identidad españolista, militarista, monárquica, ultracatólica y neoliberal.

Agustín Morán.
III/05.
Mira també:
http://www.nodo50.org/caes

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