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Notícies :: corrupció i poder : educació i societat
Iglesia:Una monarquía absoluta
18 feb 2005
Esta es una entrevista muy interesante hecha en Brasil a José Maria Vigil. Solo trascribimos lo publicado por considerar de interés en la reflexión de los católicos y de la sociedad europea. Gracias
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Europa rechaza a la Iglesia católica
«O Estado de São Paulo», 6 de febrero de 2005, página 14.

Marco LACERDA
Desde Madrid

El sucesor de Juan Pablo II heredará una Iglesia católica en una de las peores crisis de su historia. En Europa el rechazo a la institución llega al punto de que la Unión Europea, que pronto va a votar una Constitución para los 25 países que la forman, se niega a incluir en el texto cualquier referencia a sus orígenes cristianos. En España, que ha sido tradicionalmente un país de fuerte tradición católica, una investigación divulgada hace poco revela que la Iglesia (junto con la televisión) se ha vuelto la institución en la que menos confía la población. Para algunos teólogos, con la elección de Juan Pablo II se puso en cuestión la sobrevivencia de la institución humana más antigua.
La prensa europea, basándose en fuentes vaticanas, habla abiertamente de posibles candidatos a la sucesión del Papa, entre los cuales aparece con frecuencia el cardenal de São Paulo, Cláudio Hummes. Pero siempre que tocan el tema, los periodistas señalan el rechazo de los católicos progresistas al sistema mismo de elección. Juan Pablo II no sólo ha nombrado a dedo a todos los cardenales que escogerán a su sucesor, sino que ha establecido cada detalle del procedimiento electoral, desde el lugar en el que habrán de ser mantenidos los electores hasta el local en que votarán, la célebre Capilla Sixtina. Los mismos católicos rechazan el método de elección -a través de un cónclave-, como un sistema gerontocrático, basado en la cooptación, inaceptable en la cultura actual. «Es necesario que el cónclave se democratice y se amplíe y que elija al papa de forma representativa»Ê, dice el académico José Catalán Deus, autor del libro Quién será el próximo papa, publicado recientemente. «En definitiva, está en cuesión no la elección de un administrador, sino del representante en la tierra del Dios cristiano».
En España, las discrepancias entre Iglesia y Estado rozan la confrontación. Por una parte, sacerdotes y obispos atacan la plataforma con la que fue elegido el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, que incluye temas polémicos como las nuevas leyes sobre el aborto, el matrimonio homosexual y la enseñanza de la religión en las escuelas. Dispuesta a resistir al llamado «relativismo moral europeo», la Iglesia ha echado mano de sus voces más elocuentes, tratando de combatir la ola de laicismo que amenaza distruir valores básicos de la sociedad. El cardenal José Ratzinger, hombre fuerte del Vaticano en el crepúsculo del papado de Juan Pablo II, habla con frecuencia de la «agresividad ideológica del laicismo, que barre de la esfera pública los sentimientos religiosos». Por otra parte, el presidente Rodríguez Zapatero dice que su gobierno está simplemente cumpliendo un programa electoral apoyado por los españoles: «Los que se oponen, tal vez necesiten evolucionar un poco para ponerse a la altura del tiempo social en que vivimos. La fe no se impone por medio de leyes, es algo íntimo en la conciencia de cada ciudadano», afirma. En un gesto tomado como provocación por la Igleisa, Zapatero compareció recientemente en el extreno de «Mar adentro», sobre la eutanasia, film candidato al óscar de mejor película extranjera.
Del propio rebaño católico acaba de salir un documento solidario con el gobierno español y con reprimendas fuertes a la jerarquía de la Iglesia. Firmado por 35 teólogos de universidades católicas de Europa, el texto condena a la institución por su obsesión por imponer su propio código moral, como si detentase el monopolio de la ética. «El proceso de secularización de la sociedad es un fenómeno positivo que comporta enormes posibilidades para la vivencia de la fe, sin necesidad de ayuda del Estado (la Iglesia española recibe del gobierno subvenciones de 150 millones de euros anuales)», alerta la declaración. «Estos privilegios sólo contribuyen a distanciar las religiones, sobre todo la católica, del testimonio de pobreza y de la opción por los pobres».
Benjamín Forcano, sacerdote y teólogo, ve en las actuales disputas el deseo de una parte de la Iglesia europea de mantener la hegemonía que disfrutó a partir del siglo VI, cuando Constantino convirtió al catolicismo en la religión oficial del imperio romano. «Esa hegemonía se prolongó hasta el siglo XX con la aventura del Concilio Vaticano II, que optó por el retorno al Evangelio, colocó al Pueblo de Dios en primer plano y a la jerarquí de la Iglesia a su servicio», recuerda Forcano.
Para el teólogo español José María Vigil (vea abajo la entrevista) la crisis actual no es sólo la más grace, sino la más profunda:
- No es el cristianismo lo que está en crisis, sino la religión misma. Las grandes religiones no son eternas: se formaron en la edad agraria, que hoy está en extinción en Europa. El cristianismo tiene sus raíces en el sistema agrario de creencias, un sistema que no tiene cabida en la sociedad postindustrial. Si las religiones en general -todas ellas agrarias en sus orígenes y en su DNA- no se transforman genéticamente, tenderán a desaparecer a medida en que el mundo avanza y desaparece ese tipo de sociedad. Muchas homilías de los sacerdotes europeos son discursos agrarios dirigidos a campesinos que ya no lo son. Resultan ser un diálogo de sordos.
Vigil, que trabaja en América hace dos décadas, ve señales claras de que está llegando al Continente el mismo proceso de secularización que afecta a Europa. «Es el momento de que la Iglesia Latinoamericana preste atención a lo que está aconteciendo en el viejo mundo. No es necesario ser profeta para segurar que el cambio vendrá a toda velocidad, y temo que va a encontrar dormida a la Iglesia latinoamericana.




ENTREVISTA a José María VIGIL

Una monarquía absoluta

Graduado en teología y psicología en Salamanca, Roma y Managua, José María Vigil tiene un largo currículo de actividades ligadas a América Latina. Actualmente trabaja en Panamá, donde dirige la publicación de la «Agenda Latinoamericana», y escribe con freuencia en el periódico «El País» de Madrid. A continuación, una síntesis de la entrevista concedida al Estado de São Paulo.

¿Por qué Europa rechaza la Iglesia con tanta vehemencia?
En primer lugar porque la Iglesia continúa siendo enemiga de la modernidad. Ésta es una realidad que ya dura siglos, pero que se evidenció en estos 26 años de pontificado de juan Pablo II. Con Juan XXIII y el concilio Vaticano II se llegó a un momento de diálogo que fue interrumpido y revertido.

¿El compromiso primordial de la Iglesia todavía es con los más pobres?
No lo veo así. La obsesión anticomunista de Karol Vojtila hizo a la Iglesia incapaz de reconocer las aspiraciones de los movimientos populares, principalmente los latinoamericanos. Los militantes siente que la Iglesia los abandonó y se alineó con la derecha internacional. En términos globales, el cristianismo occidental se consolida como una religión burguesa, connivente con el capitalismo y el neoliberalismo. Para ella el capitalismo es bueno en su esencia, al contrario que el socialismo, que es intrínsecamente malo.

¿Cuál es el papel de la mujer europea en la Iglesia?
En la doctrina oficial, la mujer es endiosada con alabanzas poéticas, pero continúa siendo discriminada. Una mujer moderna, con dignidad y con conciencia de género, no puede ser miembro de la Iglesia católica sin alguna forma de esquizofrenia interior. En Europa, las madres modernas ya no educan a los hijos en la fe cristiana: se quebró la principal línea de transmisión social de la fe.

¿Podrá la Iglesia sobrevivir sin una mayor inclusión de la mujer?
La deserción de la mujer va a costar a la Iglesia la pérdida de la próxima generación. La prohibición del acceso de la mujer (y de los casados) al sacerdocio hace disminuir y envejecer los efectivos pastorales. En Brasil, el 80% de las celebraciones dominicales se realizan sin la presencia de sacerdotes. Mientras un solo sacerdote trata de atender masas de fieles en los barrios periféricos de las grandes ciudades latinoamericanas -la mitad de los católicos del mundo-, decenas de pastores evangélicos las conquistan con su proselitismo agresivo.

En sus artículos y conferencias usted habla de la falta de democracia en la estructura de la Igleisa...
Juan Pablo II considera que es un designio divino el haber sido elegido como el primer papa eslavo de la historia. Eso le lleva a pensar que tiene una misión especial que cumplir. Como líder del grupo derrotado en el Concílio Vaticano II, era lógico que una vez elegido quisiese reconducir a la Iglesia a «la gran disciplina», de la que habla en sus libros el jesuita brasileño João Batista Libânio. Centralizó los poderes; subestimó la colegialidad episcopal recuperada por el Vaticano II; proclamó un código de derecho canónico sin consenso conciliar o sinodal; tomó decisiones contrarias al «sentir» de los obispos, como la elevación del Opus Dei a la categoría de diócesis universal... Un papa no puede imponer una teología particular. El pensamiento teológico en la Iglesia es plural. Son más de 500 los teólogos y teólogas silenciados, sancionados o perseguidos. Por lo demás, como es sabido, la Iglesia es la última monarquía absolutista de Occidente.

Pero éste es un papa peregrino, acogido por las multitudes allá donde vaya...
Que esas multitudes no lleven a nadie a engañarse... Millones de personas han dejado la Iglesia en los últimos 25 años. Se ha deteriorado el ambiente en el interior de la Iglesia. Es públicamente reconocido el clima de miedo, de sospecha, de falta de libertad, de delación y de exclusión de los que no acatan la ideología dominante. Sólo se da participación en la dirección a quien renuncia a pensar libremente. Para las personas cultas y con criterio, catolicismo se ha vuelto sinónimo de oscurantismo. En las sociedades europeas avanzadas la animosidad de la opinión pública de los medios de comunicación en relación a la Iglesia es alarmante.

¿Se puede esperar alguna sorpresa en la elección del próximo papa?
No mientras esté en vigor el actual mecanismo de elección. Como hace 26 años, estamos de nuevo a punto de jugarnos el destino de la iglesia al azar, sin la participación del Pueblo de Dios. Puede ocurrir lo peor: otros 26 años de gobierno autoritario y excluyente. Un nuevo periodo en el que presenciaremos la indiferencia de la juventud y veremos cómo más y más fieles continúan abandonando la Iglesia. A pesar de todo, podemos mantener la esperanza. Porque la esperanza no tiene como objeto la figura de «esa Iglesia que pasa», sino la misteriosa voluntad de Dios

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Comentaris

Re: Iglesia:Una monarquía absoluta
18 feb 2005
EL reformismo de la Iglesia es como el reformiso capitalista: un proceso que busca nuevos y mejores métodos para sus procesos de explotación y autoritarismo.

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