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Chiapas: la guerra invisible
14 feb 2005
Chiapas: la guerra invisible
Lunes 14 de febrero de 2005

Carlos Fazio

El informe del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, que demuestra la responsabilidad del Ejército en la creación de grupos paramilitares en territorio chiapaneco y acusa de genocidio al ex presidente Ernesto Zedillo, plantea, a su vez, la persistencia del conflicto en el marco de una guerra contrainsurgente contenida en el Plan de Campaña Chiapas 94 de la Secretaría de la Defensa Nacional, que adopta en la etapa la forma irregular de una guerra de baja intensidad, como estrategia prolongada de desgaste contra un "enemigo interno", identificado en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

En un intento propagandístico por minimizar, invisibilizar y/o negar la vigencia del conflicto, el gobierno de Vicente Fox sostiene que en Chiapas no pasa nada y todo está solucionado. Pero si bien los enfrentamientos han sido menos, y de menor gravedad, el cerco de hostigamiento y aniquilamiento montado por el Ejército sigue vigente en los Altos, la selva y la zona norte del estado.

Las fuerzas federales actúan como un ejército de ocupación en todo el territorio indígena, combinando operaciones regulares con otras de carácter irregular (labores de inteligencia, guerra sicológica, control de población, hostigamiento y amenazas). Lo que explica, a la vez, la presencia organizada y la impunidad de bandas paramilitares, así como la rearticulación de los grupos de poder político y económico tradicionales, que en el pasado sirvieron de fuerzas de choque antizapatistas, entre ellos los auténticos coletos de San Cristóbal, la familia Kanter en Comitán y el grupo Paz y Justicia en la zona norte.

La ausencia de tiros no se muestra como lo que es: una tregua armada, a la que el Estado se vio forzado por razones coyunturales. No obstante, desde la ofensiva militar del 9 de febrero de 1995, el equipo de Seguridad Nacional encargado de planear y ejecutar las políticas para Chiapas ha venido aplicando las directrices básicas de la llamada guerra de baja intensidad (GBI). Esa doctrina cambia la naturaleza de la guerra, la hace irregular, la prolonga y la convierte en un embate político-ideológico. El manual de operaciones sicológicas de la Agencia Central de Inteligencia en Nicaragua (Omang, 1985) define que la guerra sicológica es un tipo de operación militar que, preferentemente, se utiliza para controlar grandes masas o territorios.

El ocultamiento sistemático de la realidad es una de las características de la guerra sicológica. Sin embargo, dado que la GBI se libra de manera no convencional, además del uso maniqueo de la propaganda (amigo-enemigo/blanco-negro) echa mano de otros recursos dirigidos a incidir en los comportamientos colectivos, en las conductas y opiniones. Las dos principales herramientas complementarias de la propaganda son la acción cívica y el control de poblaciones. La acción cívica tiene como objetivos mejorar la imagen de las fuerzas armadas, construir un apoyo popular al esfuerzo bélico y recolectar información de inteligencia. De manera facciosa, la "ayuda humanitaria" se utiliza como categoría políticamente neutra y, sobre todo, no militar. No obstante, es parte de una estrategia global y contribuye a la edificación de un consentimiento activo. Por su parte, el control de población, que opera sobre el desplazamiento de comunidades desarraigadas de sus lugares de origen, tiene básicamente un objetivo simple: desarticular la infraestructura de apoyo de la insurgencia.

La GBI busca generar consenso, pero, si no lo logra, recurre al terror. El dilema es ganar a la masa o destruirla mediante un esquema de guerra sicológica (guerra sucia) orientado en lo fundamental contra todos aquellos que constituyen la base social de apoyo, material o intelectual, real o potencial, de la insurgencia. A falta de una justificación legal o política para encomendar al Ejército la acometida contra la sociedad civil, la tarea es encargada a aparatos clandestinos conocidos como autodefensas o paramilitares, según consigna el Plan de Campaña Chiapas 94 de la Sedena. El paramilitarismo no es, como se pretende, una "tercera fuerza" que actúa con autonomía propia. Responde a una estrategia basada en la doctrina contrainsurgente clásica, que busca confundir, ocultar y encubrir las responsabilidades del Estado en las matanzas, delitos de lesa humanidad y asesinatos selectivos ejecutados por bandas armadas auspiciadas y controladas por el Ejército. Reconocer al paramilitarismo el carácter de "actor político independiente" implica dejar libre de responsabilidad al Estado y en la impunidad a quienes lo financian, apoyan, asesoran, justifican. También es dejar la puerta abierta para que sigan utilizando el terror.

La demostración de que la ausencia de tiros no es indicativa de que el conflicto armado ha sido superado es la existencia de 114 posiciones permanentes del ejército en la zona de conflicto. Persiste una tregua armada porque los dos adversarios son fuertes, cada uno a su manera: el ejército federal ha incrementado su poder territorial y ofensivo, pero el EZLN ha demostrado habilidad para seguir siendo fuerte a la defensiva.

En el marco de esa guerra irregular de desgaste, el poder de las armas federales no ha podido derrotar, hasta ahora, el poder de los cuerpos zapatistas con sus juntas de buen gobierno y sus caracoles. Pero no hay que perder de vista los tiempos electorales. Existen fuerzas que pueden estar interesadas en desatar una nueva escalada de violencia en México a fin de recrear un ambiente propicio para el "voto del miedo", en cuyo caso Chiapas y el EZLN aparecen como uno de los escenarios y objetivos posibles para montar una gran provocación.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2005/feb05/050214/021a2pol.php

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Nuevo Limar, comunidad maya que resiste a las amenazas de desalojo
14 feb 2005
Lunes 14 de febrero de 2005


HERMANN BELLINGHAUSEN ENVIADO

Puente que construye el gobierno en Nuevo Sabanilla, en Montes Azules, sobre el río Azul, como parte de la carretera turística entre Amatitlán y la laguna de Miramar FOTO Francisco Javier Charmer
Libertad de los Pueblos Mayas, Chis. 13 de febrero. Llegar a Nuevo Limar, en Montes Azules, toma días, ríos navegables, brechas para caballo, montañas para alpinistas y una cantidad inmensa de pasos. Aquí, 30 familias choleras se reagrupan en el mismo territorio que el pueblo chol y sus ancestros han ocupado intermitentemente la mayor parte de los últimos mil 500 años, desde la aurora del periodo clásico maya, si no es que antes. Pero hoy, como a la llegada de los conquistadores españoles, lo tienen prohibido.

En las tierras altas de dos de los pocos ríos que nacen del fondo de la selva Lacandona, el Azul y el Negro, el pueblo de Nuevo Limar desafía un buen número de leyes, incluidas las de la física. Fundado en 1999, es producto de la resistencia a una larga cadena de expulsiones económicas y políticas que se inició en las serranías de la zona norte de Chiapas en los años ochenta y se curtió en los orígenes de la rebelión zapatista y los 11 años de guerra y resistencia.

Tras su caminar de la zona norte a la selva hace dos décadas, llevan en Nuevo Limar el lustro que va del siglo xxi. Los relativamente jóvenes padres y madres de la comunidad han crecido y viven en la resistencia y la autonomía. Ya no digamos sus hijos, que en éstas nacieron.

Puente de gran tamaño y costo millonario

Así que Nuevo Limar, en el corazón de Montes Azules, es territorio en rebeldía. No muy lejos, también adentro de la oficialmente llamada reserva de la biosfera, el gobierno termina ahora de construir un puente, al parecer inútil pero de gran tamaño y costo millonario, en las afueras de Nuevo Sabanilla. Para meter selva adentro sus camiones, materiales y maquinaria, la constructora tapó con rocas el río Azul, lo volvió inavegable y destruyó irremisiblemente un área vasta de vegetación en ambos lados de la vía fluvial. Este puente se suma al de Amatitlán y a las carreteras que se construyen actualmente para acceder a la laguna de Miramar y otros puntos del sur de Montes Azules (al parecer provisionales, pues el proyecto turístico es ambicioso), tanto en "terrenos nacionales" como dentro de la denominada "comunidad lacandona".

Es decir, el "paraíso virgen" que las autoridades dicen proteger en nombre "de la humanidad". Presuntamente para ello, los gobiernos federal y el estatal han intensificado una campaña de manipulación televisiva y despoblamiento forzoso del área, que a la vez acribillan con proyectos turísticos y vías de acceso a zonas deshabitadas o escasamente pobladas, sin justificación aparente.

Al margen de esta esquizofrenia gubernamental (proteger-arrasar), acá en las riberas del Jataté, el Azul y el Lacantún, la sierra de San Felipe y las cañadas profundas de la selva transcurren varias comunidades, todo un mundo indígena que no depende del voluntarismo oficial, sino de los ríos profundos de la resistencia y de la historia (dicho sea sin forzar mayormente la metáfora de José María Arguedas). En Nuevo Limar, dos comunidades rebeldes construyen un pueblo con el ánimo de quienes son los colonizadores más extremos de la selva Lacandona.

Apenas hace dos semanas los sobrevolaron a muy baja altura dos helicópteros (al menos uno militar), amagando con aterrizar. Reciben recurrentes "advertencias" y amenazas de sus vecinos de Villaflores, investidos como "guardabosques" por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y armados para tal fin por la propia dependencia oficial, según comentan los pobladores de Nuevo Limar. "Se coordinan con el gobierno, allí bajan los helicópteros. Pensamos que si les dan la orden, los pobladores de Villaflores van a tratar de expulsarnos."

Cargar las láminas y los costales de cemento que envían la junta de buen gobierno Hacia la esperanza y el concejo autónomo de Libertad de los Pueblos Mayas para la renovada comunidad cholera está costando, como ellos mismos dicen, "mucho sufrimiento". A cada jefe de familia le toca cargar cinco costales de 50 kilos, de a uno por viaje, y cada indígena soporta sólo tres o cuatro láminas. Lo tupido del esfuerzo no es lo lejos, sino lo alto que hay que llegar.

Estos indígenas no son los primeros en habitar aquí, sembrar maíz y construir un templo y una escuela, pero lo hacen con la conciencia, muy moderna, de que la naturaleza se debe proteger por el bien de todos, para lo cual han empezado por prescindir de la quema al preparar sus siembras. Deficientes como son, los mapas accesibles al público señalan varias zonas arqueológicas sin explorar, algunas de gran tamaño, en estas mismas montañas y cañadas.

Los indígenas procedentes de Doce de Diciembre ya iniciaron la construcción de sus nuevas casas; algunas están casi terminadas. Aquí se concentrarán casi todos los zapatistas que viven en el sur de Montes Azules, dentro del municipio autónomo Libertad de los Pueblos Mayas.

Estampas de un pueblo despierto

Los rostros de mujeres y niños, monolingües la mayoría, pintan los signos de la hospitalidad y la curiosidad. Por la tarde, todos los miembros de la comunidad se habían reunido con representantes del Comité de Solidaridad con los Pueblos de Chiapas en Lucha (de París, Francia) y La Jornada para escuchar los motivos y preguntas de los visitantes. Luego, tras ofrecernos "un taco", o sea pollo entomatado con yuca, y té de limón, los pobladores de Nuevo Limar deliberaron durante una hora para resolver nuestras preguntas. Ya era de noche cuando vinieron a la cabaña donde nos hospedaron; tomaron asiento unos y los demás rodearon la puerta, y dieron el testimonio de su historia.

La gente se dispersa luego y va a dormir. Fidel invita una taza de café en su casa. La noche estrellada es muy oscura; la cocina de Fidel y Sonia, todavía más. Ofrecen café, tortillas (deliciosas, sin el menor rastro del sabor Maseca) y pacaya asada. En torno al fogón duerme sobre una frazada en el piso un número invisible de niños; tal vez cuatro, uno de los cuales repartirá a la mañana siguiente unos pequeños y dulces chicozapotes silvestres de un racimo que recogió en los alrededores.

"Estamos por nuestro propio derecho. Aquí como en otros casos la ley del gobierno no es de justicia", dice Fidel en la penumbra, mientras hace dormir a un niñito entre sus brazos y lo regresa a la frazada con suavidad. "Y vivimos aquí para no mendigar trabajo en otros países."

Tiene modo alegre para hablar. Muy animoso. Cuenta de los monos araña y faisanes que se ven en esta selva, de los tigres de monte que no son agresivos y los jabalíes que sí y hay que defenderse de ellos, sobre todo si vienen en piara.

El siguiente día, cuando hace de guía en el camino de regreso al río Jataté, Fidel se detiene a orillas de una milpa y arranca un jilotillo. Señala el segundo jilote en la misma caña de maíz y dice: "este va a crecer ahora más grande y jugoso", mientras pela el primer jilote, lo muerde con gusto y sigue andando.

Realiza con nosotros este mismo trayecto un niño de once años que va reconociendo muchas plantas de uso medicinal, y las corta para mostrarlas. Una, morada y grande, contra la picadura de nauyaca. Otras para el dolor de cabeza, el cólico, las fiebres o la debilidad ("vitaminas", dice). Con cierto orgullo, explica que está aprendiendo con el promotor de salud de la comunidad, "que conoce muchas más" y quien a su vez aprendió de los instructores en la clínica autónoma del municipio al que pertenecen.

Temprano esa mañana, durante un recorrido por los alredores de Nuevo Limar con Rogelio y una bola de chavitos, encontramos numerosas hojas de xate, palma silvestre de la selva Lacandona que en otras comunidades es vendida a razón de 10 pesos las 60 hojas; cada hoja, en Estados Unidos, vale un dólar. Se trata de una fibra vegetal que, según ciertas versiones, sirve de base para el peculiar y exclusivo verde de los dólares en billete. El coyote que recorre esta zona, un tal Alfonso, de Tenosique (Tabasco), paga 10 pesos por un ramo de xate, que mutatis mutandis y con la finalidad que sea, llegará al mercado negro estadunidense siete veces más caro. Es sólo un ejemplo, entre centenares, de los recursos naturales cuya comercialización potencial hace salivar a las compañías trasnacionales que rondan, no muy discretamente y sí confiadas, la selva profunda de Chiapas.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2005/feb05/050214/014n1pol.php
"Los gobiernos tienen vendida la selva a los ricos, por eso quieren desalojarnos". Chiapas
14 feb 2005
Lunes 14 de febrero de 2005


GLORIA MUÑOZ RAMIREZ ESPECIAL

Libertad de los Pueblos Mayas, Chis. 13 de febrero. La reconcentración de los pueblos zapatistas fuera y dentro de la reserva de la biosfera de Montes Azules está en la parte final de su primera fase; los pequeños núcleos de población rebelde se empezaron a mover a las comunidades, en las que permanecerán con el fin de ser atendidas por la junta de buen gobierno, para defenderse mejor de las constantes amenazas de desalojo, y para cuidar los recursos naturales de la selva lacandona.

En octubre de 2004 el EZLN anunció la reconcentración de los poblados Primero de Enero, Nuevo San Isidro, Doce de Diciembre, Ocho de Octubre, Santa Cruz, Nuevo Limar y Agua Dulce, todos ubicados en la región de Montes Azules y amenazados por los gobiernos federal y estatal de ser desalojados mediante la fuerza. Cuatro meses después la situación es la siguiente: Primero de Enero, Santa Cruz y Ocho de Octubre fueron reubicados fuera de la reserva de la biosfera, en el poblado Aguamaría, cerca de San Quintín.

La comunidad San Isidro, conformada por seis familias zapatistas tzotziles de la región de Los Altos, fue trasladada a tierras recuperadas ubicadas en Nueva Virginia, en la frontera entre Las Margaritas y Altamirano, también fuera de la reserva ecológica.

Las nueve familias del poblado Nuevo Limar, localizado dentro de Montes Azules, permanecerán por decisión propia en el mismo lugar, y recibirán a 22 familias más provenientes de la comunidad Doce de Diciembre, quienes actualmente viven en la proximidad de Marqués de Comillas (región sureste fronteriza). Nuevo Limar es la comunidad en la que se está efectuando la mayor concentración de familias zapatistas. En total permanecerán 31 núcleos familiares concentrados en un apartado lugar de esta región codiciada por las multinacionales.

Todas las comunidades zapatistas o, mejor dicho, los núcleos poblacionales, algunos integrados por una sola familia, como Primero de Enero, decidieron de manera autónoma el lugar en el que querían permanecer. La junta de buen gobierno Hacia la Esperanza, con sede en La Realidad, señala que avaló cada decisión y se comprometió, en la medida de sus posibilidades, a atender las necesidades de los nuevos poblados.

A Nuevo Limar, donde habitará el mayor número de familias, ya llegaron las láminas para los techos de las casas que se están construyendo. La historia de este poblado es similar a la de muchos otros que, huyendo de la violencia paramilitar y de la falta de tierras, se asentaron montaña adentro, en lugares que por su lejanía cualquiera pensaría inaccesibles.

Reunidos en la pequeña iglesia de madera ubicada en medio del poblado, los habitantes choles de Nuevo Limar relatan la historia de un poblado zapatista que ha vivido las diferentes etapas de este movimiento: "Nosotros venimos del municipio Sabanilla, del pueblo Unión Hidalgo, allá no hay tierras y trabajábamos como peones en los ranchos para comprar maíz. Así, buscando qué comer para la familia, llegamos a Nueva Esperanza (muy adentro de Montes Azules) allá por 1982. Allí estuvimos muchos años solicitando tierras, pero nunca nos dieron respuesta. En ese mismo tiempo empezamos también a ser zapatistas clandestinamente".

Estas familias tienen entre 18 y 19 años de ser bases de apoyo del EZLN. Conocieron a los fundadores de la organización y casi dos décadas después se mantienen firmes, "porque del gobierno no esperamos nada, por eso seguimos en la organización".

Continúa el relato el más viejo del pueblo: "En Esperanza éramos puros zapatistas, pero en 1996 un grupo se vendió con el gobierno y se hicieron priístas. En esos momentos -cuenta- empezaron las agresiones fuertes, al grado de que quemaron nuestras casas y, evitando el enfrentamiento, salimos del lugar rumbo a la comunidad La Pimienta, donde estuvimos otros dos años".

Posteriormente, debido a diferencias con el grupo de tzeltales de La Pimienta (choles), también se fueron de esa comunidad y decidieron fundar Nuevo Limar, lugar de Montes Azules al que llegaron el 23 de mayo de 2000. Eran únicamente ocho familias y después de unió otra, 46 personas en total.

"Desde que llegamos -prosiguen- empezó la amenaza. Siempre había muchas patrullas militares por aire, los helicópteros sobrevolaban bien bajito y también querían entrar a pie. Los soldados nos mandaban decir con los priístas que iban a entrar a quemar nuestras casitas. Siempre nos dijeron que nos iban a sacar."

Llega la noche a Nuevo Limar y con ella el sobrevuelo diario de los helicópteros. Todas las familias permanecen en la iglesia presenciando la entrevista, uno a otro se pasan la palabra para responder a cada pregunta.

Hace poco, cuenta el promotor de educación, "nos llamaron del gobierno para presentarnos en la comunidad Paraíso. Eran los de la Reforma Agraria que están viendo lo de la reubicación. No fuimos porque son gobierno y no queremos nada de ellos. Nunca hemos ido a reuniones de la reubicación, sólo estamos en nuestra lucha zapatista y participamos en la autonomía de nuestro municipio. No queremos sus migajas del gobierno. La intención que tenemos es no rajarnos y seguir en la resistencia. Sólo eso pensamos".

Dentro de una semana esta recóndita y pequeña comunidad, humilde entre las humildes, albergará a 22 familias más. Las necesidades aumentarán considerablemente, pero también la organización para atenderlas. La junta de buen gobierno explica que sólo están esperando que terminen de moverse todas las familias, para completar la atención en salud y educación como primeras necesidades. Ya empezaron a llegar los bultos de cemento para el piso de la escuela comunitaria.

"Cuando estemos juntos con los de Doce de Diciembre -explican- nos vamos a proteger mejor de las amenazas, vamos a estar más cerca de nuestro municipio autónomo y más cerca de la fuerza de nuestros compañeros zapatistas. Si el gobierno quiere hacer su desalojo vamos a estar más unidos para defendernos", explican.

La construcción de las casas ha estado acompañada en todo momento del sobrevuelo de helicópteros militares: "Mero el día que empezamos a construir, el helicóptero parecía que bajaba aquí nomás en la mata de caoba", cuenta otro poblador.

El pretexto gubernamental para el desalojo es la protección de la biosfera (aunque se ha comprobado que no son los zapatistas los que se están talando árboles, tampoco los que están negociando la biodiversidad ni introduciendo puentes en los ríos para recibir al turismo). Los zapatistas, aclaran las autoridades autónomas, "tenemos reglamento para cuidar la naturaleza. Estamos viendo de ya no quemar para hacer la milpa, o sólo quemar acahuales (monte bajo), de no talar los árboles para comercio y de no permitir que otros lo hagan. Nosotros -señalan en Nuevo Limar- no destruimos los cerros, cuidamos los árboles y los animales, como el saraguato, el mono, el loro, el venado, el jaguar, el jabalí... No matamos a la danta (tapir). Sólo cazamos tejón para comer. Cuidamos los nacimientos de los arroyos y los ríos. No es cierto lo que el gobierno dice que estamos destruyendo. De hecho, ahora que lleguen los de Doce de Diciembre vamos a hacer un plan general para el cuidado de la selva".

Los gobiernos, acusan, "son los que quieren sacar ganancia de la selva y nosotros no estamos de acuerdo. La selva ya la tienen vendida a los ricos, por eso quieren desalojarnos de nuestras comunidades, pero nosotros ya dijimos que vamos a defendernos", insisten.

En total, luego del anuncio de la reconcentración de las familias zapatistas, se formaron tres poblados: Nuevo Limar, que agrupa, dentro de la reserva, a los habitantes de esta comunidad y a las 22 familias de Doce de Diciembre; Agua María, fuera de la reserva, en la que se encuentran los núcleos poblacionales de Primero de Enero (una familia), Santa Cruz (tres familias) y Ocho de Octubre (dos familias); y Nueva Virginia, comunidad lejana a Montes Azules a la que llegaron las seis familias de San Isidro. Cabe señalar que las 10 familias de la comunidad Agua Dulce también decidieron permanecer dentro de la reserva y fueron apoyadas por las autoridades autónomas.

Todas estas comunidades han sido atendidas con los recursos provenientes de la cuenta bancaria a nombre de doña Rosario Ibarra de Piedra. Hasta ahora sólo se han comprado láminas para los techos y cemento, pero falta construir las casas de salud, escuelas y otras necesidades de cada población, además de cubrir los gastos de los traslados (camiones, lanchas, apoyo de utensilios, etcétera).

"La sociedad civil siempre nos ha respondido y de ahí está saliendo para apoyar a los compas. Falta, pero pensamos que sí vamos a poder", asegura la junta de buen gobierno Hacia la esperanza.
Mira també:
http://www.jornada.unam.mx/2005/feb05/050214/016n1pol.php
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